Work Text:
—Así no va la receta —la voz aburrida de Jirou lo asusta y deja caer al piso el tazón con harina y huevos que tenía en las manos. Era la 1 de la mañana y aunque no tenía clase el día siguiente sí tenían ese estúpido evento de hacer galletas con Eri. La niña estaba emocionada de hacer galletas con todos y Shinso siendo el menos talentoso en la cocina, (ignorando las nulas habilidades de Canary), quería hacerlo bien, por eso quiso practicar, Siren sería su sujeto de pruebas en la mañana, la pequeña canaria tenía una fascinación por las galletas de jengibre, lo que Hitoshi no esperaba era que Jirou lo abordara de madrugada en la cocina con, literalmente, las manos en la masa.
—¿Qué haces despierta? —se negaba a admitir, más a ella, que lo había asustado. Ella sonrío malévolamente, como siempre que atrapaba a Hitoshi haciendo algo que no haría normalmente, se alejó para conseguir los utensilios de limpieza y ayudarlo.
Ambos lo hicieron en silencio hasta que Hitoshi se disponía a empezar de nuevo.
Ella tomó lugar en la barra frente a él por un momento y lo observó con ojos atentos a cada movimiento.
—¿Estás aquí para calificar mis galletas? —agregó la harina, la azúcar y la leche. Ella continuó sonriendo.
—Sabía que tenías sentimientos, Raven— ella bajó de su banquillo y avanzó hacia él vertiendo dos huevos, no sabía si la mantequilla debía ser derretida primero o si debía llevarla del todo, pero la agrega a la mezcla de Hitoshi de todas maneras sin preguntar. Él se encoge de hombros y enciende la batidora, dejando que sea el único sonido entre ellos.
Jirou era posiblemente la segunda persona con la que Hitoshi podría sentirse siempre a gusto y contento, sin la guardia en alto, ella parecía pensar lo mismo cuando se relaja apoyándose sobre la barra a su lado mientras él sigue batiendo la mezcla. Ella lo observa un momento y después parece tener una idea, la expresión en su rostro la delata y se va por un momento dejando a Hitoshi en su lucha por conseguir una masa para galletas. Siente que algo se le ha olvidado.
Jirou regresa unos minutos después con una pequeña bocina y la coloca en el lugar más alejado de la zona de trabajo.
Luego conecta su teléfono y pone una canción que no distingue, en inglés por supuesto, la aria siempre tiene alguna canción por culpa de Midoriya, no es que Shinso se queje realmente. Encuentra su mirada con Jirou por un momento y eleva una ceja mientras ella canta la canción a la par. Shinso parece alcanzar la consistencia deseada y apaga la batidora. La canción se escucha más fuerte ahora. Let it snow es lo que escogió para esta ocasión y Hitoshi bufa divertido.
—¿En serio? —ella se encoge de hombros y mueve la cabeza al ritmo de Michael Bubblé y el procede a armar sus galletas lo mejor que recuerda, ni siquiera sabe qué está haciendo.
Confía en el proceso, se dice. Sabe que será un desastre.
Intenta darle forma de hombrecitos de jengibre mientras Jirou ríe de sus abominaciones de jengibre.
—Si tan experta eres, ven a hacerlo —Jirou toma una pequeña mora que Hitoshi tenía para su decoración, ni siquiera sabía si iba a ocuparlas, y se la arroja en la cara, pero de todas maneras se acerca a intentar. Él te entrega el cuenco donde tiene el resto de la masa e intenta darle una forma no mucho mejor que la de Hitoshi y ambos terminan riendo por sus intentos.
—¿Cómo rayos Satou logra hacerlo ver tan fácil? — seguía en sus fútiles intentos de lograr un decente hombre de jengibre mientras Hitoshi se doblaba de risa.
Ambos continúan haciendo las galletas hasta que no queda masa. Cuando las galletas están en el horno y Hitoshi se disponía a limpiar, ve los moldes de corazones, estrellas, árboles de navidad y pequeños malditos hombres de jengibre. es que algo le viene a la mente.
—Siento que así no era como debíamos darles forma —Jirou lo ve con una expresión de "¿Hasta ahora me lo dices?".
—Diré que me dejaron contigo y sin supervisión —la chica lo golpea en la cabeza con una espátula y él le lanza un puño de harina. La guerra no duró demasiado porque la harina se acabó y ambos contemplaron el desastre que quedó. Se miraron entre sí y soltaron a reír.
En un acuerdo silencioso ambos se dividieron para limpiar la evidencia de su pequeña guerra improvisada hasta que de la bocina comienza a sonar una canción en específico que hace que Jirou se detenga. Él la observa un momento con curiosidad y ella avanza hacia él dejando la escoba a un lado. Lo toma de la muñeca y lo jala a bailar con ella. No es como las demás veces, la canción es lenta como un vals.
"Don't cry, snowman, don't leave me this way
A puddle of water can't hold me close, baby"
Ella está cantando a la par y Hitoshi contiene la respiración por un instante. Son amigos, no tiene por qué ser raro, ¿verdad? Pero Hitoshi lo sabe, sabe que esta extraña situación con Jirou no es un momento aislado, ha pasado mucho, momentos donde pueden estar sentados uno junto al otro en paz, ella recostada en su hombro, o abrazándolo más de la cuenta. Incluso él comenzando los abrazos, porque a veces las ganas de abrazarla son inmensas y ella encaja tan perfectamente en su abrazo. Momentos donde sus miradas chocan y Hitoshi no puede apartar sus ojos de los de ella. Él sabe lo que es, pero darle nombre lo haría real y tiene miedo.
Ella sigue cantando, ajena a la espiral de emociones que consume su mente hasta que ella lo hace girar. Jirou sonríe divertida.
—Toc, toc —él rueda los ojos ante su intento y como venganza la hace girar también, pero ella parecía haberlo estado esperando y lo hace grácilmente y no con tropezones y un chillido, como Hitoshi.
Ambos se siguen balanceando de un lado a otro mientras Jirou sigue la canción. La sonrisa parece permanente en sus labios. Sus manos están unidad, ella está demasiado cerca. Para Hitoshi no existe nada más ahora hasta que escucha el temporizador del horno. Ambos se sobresaltan y voltean a ver las supuestas galletas.
Jirou se separa de él y sigue limpiando, la canción ha acabado y con ella el momento. Ambos se lanzan miradas de vez en cuando mientras continúan la limpieza.
Es momento de sacar las galletas, o el intento de ellas.
Ambos no saben si el resultado de esa masa amorfa y demasiado clara se puede llamar realmente galleta.
Jirou desprende lo que supone que es la cabeza de una de las galletas y cuando la prueba comienza a reía como por milésima vez en la noche.
—Están crudas y definitivamente no saben a galletas —comenta entre risas y devolviendo el resto de la galleta.
Hitoshi toma una por su parte para luego escupirla en el fregadero.
—Supongo que hasta aquí llega mi carrera como pâtissière —la chica lo ve con burla.
—Nunca tuviste futuro en ello —hay un silencio en lo que terminan de limpiar y Hitoshi tira su intento fallido.
—Puedes irte a acostar, termino con esto y me despido de mi futuro como pastelero — ella guarda la escoba y lo demás antes de volver sobre sus pasos. Hitoshi la ve con curiosidad hasta que ella se eleva sobre las puntas de sus pies y siente sus labios sobre los suyos. Es solo un roce leve, pero es suficiente para dejarlo aturdido. Ella se despide apresuradamente y le desea buenas noches con las mejillas sonrojadas.
No sabe cuánto tiempo pasa, pero cuando regresa en sí, su cara arde y maldice en voz baja.
Ahora sí lo había atrapado y con el corazón acelerado dudaba poder dormir lo que quedaba de la noche.
Solo quería que amaneciera y verla de nuevo. Mientras tanto se permitiría colapsar y pensar en lo qué le diría.
