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You and me under the starry sky

Summary:

En Isla Ballena las estrellas brillan en el cielo cómo si fueran destellos de magia esparcidos sobre el manto oscuro de la noche. No hay ni una pizca de contaminación lumínica, cuando el sol se va y el espectáculo del atardecer acaba, no hay nada que impida que el cielo estrellado se luzca de una manera que haga que todos levanten sus cabezas embobados.

La primera vez que miró las estrellas con Gon fue en Isla Ballena, cuando ambos tenían doce años. En aquel entonces, Gon quería encontrar a su padre y Killua quería encontrarse a sí mismo; conseguir su propio anhelo. En el fondo, Killua quería estar junto a Gon, pero eso no era suficiente por sí solo para encasillarlo cómo una meta personal, ¿Verdad?

O…

 

La travesía (y vidas) de Gon y Killua, mirando las estrellas a través de los años.

Aquella primera vez en Isla Ballena, aquella "última vez" antes de separarse, y todas las demás veces que le siguen.

Notes:

Holaaaaaa:33 que tal? Cómo andan? Yo god, tarde mil años editando está mamada ayuda por favor no siento mis dedos. Espero que lo disfruten btw 🥹

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

En Isla Ballena las estrellas brillan en el cielo cómo si fueran destellos de magia esparcidos sobre el manto oscuro de la noche. No hay ni una pizca de contaminación lumínica, cuando el sol se va y el espectáculo del atardecer acaba, no hay nada que impida que el cielo estrellado se luzca de una manera que haga que todos levanten sus cabezas embobados.

Killua no fue la excepción a la regla. 

 

La primera vez que miró las estrellas con Gon fue en Isla Ballena, ambos tenían doce años. Inocentes a su manera, con la piel tersa reluciendo juventud, desbordando de una energía típica de la edad, anhelando cosas. En aquel entonces, Gon quería encontrar a su padre y Killua quería encontrarse a sí mismo; conseguir su propio anhelo. En el fondo, Killua quería estar junto a Gon, pero eso no era suficiente por sí solo para encasillarlo cómo una meta personal, ¿Verdad? 

 

Habían estado recorriendo la isla durante todo el día. Contemplando la biodiversidad y toda la fauna única que cubría la curiosa isla, cada árbol y cada riachuelo parecía haber sido arrancado de alguna pintura hecha con acrílicos. Había algo acogedor en Isla Ballena, algo cálido en el aire que lo envolvía, a parte de aquel olor a salitre que estaba por doquier. Killua concluyó que tal vez era el hecho de que de aquí, de este lugar tan agraciado y amigable, venía Gon. Y ese logro ya era lo suficientemente grande cómo para transformar Isla Ballena en un sitio mágico.

 

Sus zapatos terminaron sucios, sus frentes terminaron brillando por el sudor, sus manos y rodillas terminaron con sutiles rasguños. Cuando el sol se escondió en el horizonte, Gon propuso ir a uno de sus lugares favoritos. Uno en donde podrían ver las estrellas.

 

Aquel acantilado estaba alfombrado naturalmente con una capa no muy gruesa de grama, picaba en la piel y se mecía con la brisa serena de la noche. Gon los guío a través de ese cercado de arbustos que resguarda el lugar, y con un gesto simple invitó a Killua para que se sentara a su lado. El niño moreno se desplomó al lado de su amigo, se tiró sobre su espalda y cruzó sus brazos por detrás de su cabeza.

 

Killua estaba un poco inseguro, así que se sentó con sus rodillas flexionadas cerca de su pecho. Su rostro se elevó de manera inconsciente, y casi perdió el aliento al ver la vista tan clara de todas las estrellas sobre su cabeza. La luna se veía tan grande que podría creer que en realidad era cercana a él, a pesar de estar —obviamente— muy, muy lejos. Killua pensó con ironía cómo en la montaña Kukuroo, a pesar de estar miles de metros elevada sobre el suelo, las estrellas y la luna no se veían con tanta claridad. Mientras tanto, en esta pequeña isla, podía hundirse en el pensamiento infantil que le insistía estirar su brazo en un intento de tocar la luna, y sonaba estúpido, pero se sentía muy, muy, muy real. 

Gon miró con familiaridad el cielo, sin verse boquiabierto ni muy asombrado. De todas formas, no hacía mucho veía este paisaje cada noche antes de regresar a casa.

A Killua le fue complicado apartar la vista, el cielo estrellado se quedó reflejado en sus orbes. Casi cómo si fuera su primera vez viendo las estrellas, Gon quiso burlarse un poco, pero permitió que el silencio se asentara entre ellos en vez de interrumpirlo con una de sus bromas. Además, era la primera vez que veía a Killua tan maravillado. Era lindo. 

 

 

Aquella noche se prometieron permanecer juntos. Dijeron en voz alta lo que querían conseguir con esta travesía, usaron la palabra "por siempre" con mucha firmeza. Querían estar por siempre juntos, y lo prometieron, y creyeron en sus propias palabras con esa inocencia infantil que aún poseían.

 

La promesa fue sellada por una estrella fugaz, que se rio al pasar y ver a esos dos niños tan esperanzados. Pero un deseo es un deseo, después de todo, y ellos lo deseaban con todo su ser.

 

Encontrar a Ging. Encontrar qué quería hacer.

Estar juntos por siempre.

 

 


 

 

Pasan dos años de aventuras. Tienen catorce, y al contrario de aquella primera vez, cuando vuelven a tener una noche mirando las estrellas es justo un día antes de la inminente despedida. No hay una promesa, no hay un plan donde los dos coexisten en un mismo plano, sólo están el cielo nocturno y la incertidumbre de no saber qué pasará.

 

Están en un hotel. Gon había despertado de su "coma" esa misma mañana, y él había logrado hablar con su padre después de ir a la conferencia de cazadores. Alcanzó su objetivo, una meta que muchos pensaron que sería imposible, finalmente lo había logrado. Mañana Gon iría a la cima del Árbol del Mundo para tener una verdadera charla con Ging, y así, dar todo por terminado… porque ¿Qué más podía hacer?

 

Al mismo tiempo, Killua había recuperado a Alluka. Killua quería cuidarla, mantenerla a salvo de Illumi. Había conseguido una meta personal, un propósito que no pensaba dejar ir, su viaje también había finalizado. Mañana partiría con sus hermanas, mientras que Gon se iría con Ging. ¿Y después qué? Él viajaría con ellas, mantendrían un bajo perfil y serían precavidos, no se quedarían en un mismo lugar por mucho tiempo, Killua volvería a viajar. Pero Gon no estaría está vez.

 

Desde que Gon había vuelto a la vida, una tensión extraña se había instalado entre el par de amigos. Se sabía porqué. Pero Gon no estaba seguro de cómo proceder, lo único de lo que estaba seguro es que no quería que Killua se fuera, pero también estaba seguro de que no podía ir con él.

 

Había una carga de tristeza en los hombros de ambos. Desde que Gon despertó y se reunió con Killua, no hubo un abrazo, no hubo alguna sonrisa o muestra de emoción. Sólo hubo normalidad. Una sensación que hizo que Gon se estremeciera.

Cuando despertó en aquel hospital, Killua ni siquiera estaba allí, lo vio horas después. Y él estaba actuando cómo si Gon hubiera tomado una siesta en vez de haber prácticamente muerto. Lo regañó un poco, al menos. Pero seguía siendo un regaño normal, un sermón que le daría de forma casual después de que Gon cometiera algún error de novato. Pero este no era cualquier error, Gon había intentado suicidarse, Gon no había permitido que Killua se suicidara con él.

 

En el hotel, el silencio era una manta gruesa que los abrigaba. La energía curiosa de Alluka y sus constantes bromas ayudaban a compensarlo, pero era tan obvio que dolía. Cómo una picadura que arde pero que no puedes rascar, ¿Cómo ignorarlo?

Gon y Killua compartían miradas entre sí, pero no hablaban. Sus ojos se encontraban, azul y ámbar, eso decía mucho por sí solo; discursos contenidos, disculpas reprimidas, súplicas calladas. Cómo si hubieran vuelto a ser desconocidos, extraños que conocieran todo uno del otro. 

Dolía tanto que Gon no podía manejarlo. 

 

Cuando Alluka se fue a dormir, en la cama que estaba destinada a compartir con su hermano, la hora de la cena ya había pasado y el par de muchachos se encontraron sobreviviendo a episodios de insomnio que les afectó individualmente de la misma manera. Ninguno podía dormir. Sabían lo que venía mañana, un " adiós" que no quería ser pronunciado pero que no podía sostenerse más, era inevitable y eso lo hacía aterrador.

El pequeño cuarto de hotel contaba con un baño y dos camas medianas, un closet vacío, y un balcón que permitía ver la figura imponente del Árbol Mundial desde la distancia. Killua se removía en su cama, tratando de no despertar a Alluka pero incapaz de mantenerse quieto, estaba acostado de lado, con la mitad de su rostro hundida en la almohada. Le daba la espalda a su hermana y, a unos metros de distancia, a la cama donde Gon se suponía que dormía.

El albino se levantó cuando la sensación de ansiedad se tornó insoportable, necesitaba aire fresco, pensar. No quería hundirse en la ola de pensamientos intrusivos que lo atacaban, no al lado de Alluka, porque temía no poder silenciar su propio llanto. Así que, dudoso, salió de la cama y apartó el edredón de su cuerpo, dándole una última mirada a su hermanita antes de alejarse. Ella se veía apacible, babeando sobre la almohada, con todo el pelo desparramado sobre la cama.

Su respiración se cortó cuando vio que la cama de Gon estaba vacía. Las sabanas estaban desordenadas, y parecía haber una sombra casi imperceptible hundida en el colchón. Los ojos azules se movieron hasta ver la puerta de cristal del balcón, su corazón se sacudió al ver a alguien ahí. 

Killua había visto esa espalda muchas veces, en especial cuando caminaban juntos y Killua siempre terminaba varios pasos atrás. Había perseguido y se había esforzado en alcanzarlo. Claramente podría reconocerlo en cualquier sitio, a cualquier hora, sin importar que la oscuridad tratara de consumir su silueta. 

 

—Ey…

 

La puerta corrediza soltó un suave chirrido cuando Killua la deslizó a un lado. Gon estaba con sus brazos apoyados en el barandal del balcón, él giró su rostro para encontrarse con Killua, quien sentía sus hombros tensos y su boca muy seca. Hubo un momento incómodo de contacto visual. Killua amaba los ojos de Gon, pero ahora cada vez que los veía pensaba sin querer en esos ojos negros muertos que tanto lo atormentaron durante su tiempo en la NGL, o peor aún, en los ojos ámbar decorados con destellos rojos que pertenecían a una versión distorsionada, errónea, de lo que debía ser su mejor amigo; un niño obligado a luchar, obligado a crecer.

Killua odiaba esos recuerdos, le dolían. Pero eran más recurrentes que nunca, no había parado de pensar en todo lo que ocurrió allí desde que llevó a Gon al hospital, desde que lo vio morir y ser internado sin ninguna esperanza de ser salvado. No quería que los ojos de Gon, tan puros y brillantes, fueran manchados permanentemente por el recuerdo de ellos oscurecidos y enojados. Killua no podría soportarlo.

—Ey —Gon es el primero en apartar la mirada, él regresó su mirada hacia el horizonte. Killua caminó y se recostó en el barandal, sus codos y espalda se apoyaron en el pero no miró aquel árbol. Miró el interior de la habitación donde su hermana seguía durmiendo plácidamente. Trató de ignorar a dónde irían mañana, el último destino al que llegarían juntos.

—No puedes dormir tampoco, eh —Killua concluyó con facilidad. Su voz se deslizó fuera de su boca cómo un aliento frío, Gon se limitó a asentir en respuesta—, ¿O tuviste una pesadilla?

—Ambas. Dormí por unos minutos pero… desperté, y no pude volver dormirme de nuevo. —Gon explicó vago. Killua captó su expresión a través del rabillo de su ojo, su semblante sereno, su mirada desenfocada.

Killua pensó en preguntar sobre qué era la pesadilla, pero en el fondo lo sabía, su refinada intuición sabía que sólo había una cosa que le quitaba el sueño al Freecss ahora.

—Yo no pude dormir… en ningún momento —Killua suspiró. Era un caso perdido intentar hablar de las razones detrás de este momento, el porqué no dormían a pesar de ser horas altas de la madrugada, así que se atrevió a cambiar del tema rotundamente—. Tú… ¿Estás feliz por haber visto a Ging?

—Me cuesta estar feliz en estos momentos, pero sí. —Gon dijo, fue extraño oír en voz alta a Gon confesando las matices grisáceas de su estado de ánimo. 

Gon era alguien que hablaba de sus sentimientos, que se expresaba y era transparente, pero Killua había aprendido a las malas que la comunicación de Gon sólo era fluida cuando se trataba de cosas buenas.

La tristeza, la frustración, el enojo, la culpa. Gon Freecss no hablaba mucho de eso. Él sólo tenía discursos sobre el amor, el agradecimiento, la bondad.

—Te cuesta estar feliz —Killua repitió, "a mí también", Killua no hablaba de nada de eso. No hablaba en lo absoluto sobre sentimientos, menos cuando esos sentimientos estaban relacionados al moreno, la intensidad de estos mismos era tan abrumadora que era imposible ponerlo en palabras.

 

—No quiero separarme de ti.

 

La noche es acompañada por el canto de los grillos, por los susurros inaudibles de la brisa fría. La noche es silenciosa. Killua complementó ese silencio con el suyo propio, volteó su rostro para ver a Gon, quien seguía mirando hacia al frente… cómo siempre. 

Era fácil recordar lo harto que estaba de eso al verlo. Gon siempre miraba adelante, con su frente en alto, decidido. Nunca volteaba, nunca cuestionaba sus propios pasos, no se preocupaba por lo que dejaba atrás; incluso si ese algo era un alguien, y si ese alguien era Killua. 

Killua sabía que no era cierto, él lo sabía. Su mente lo sabía, su cerebro había llegado a esa conclusión desde la racionalidad. Pero su corazón sólo concluía cosas en base a su inmenso sentimentalismo reprimido y, no sabía cómo evitar hundirse en esa fosa depresiva de pensamientos fatalistas. Estaba harto de eso también. Estaba harto de todo esto. 

 

—Yo tampoco quiero separarme de ti.

 

Killua se dio vuelta por completo, copiando la posición de Gon. Sus codos estaban cerca, tal vez lo suficiente cómo para tocarse, pero ninguno se atrevió a intentarlo. ¿Era un hipócrita? Killua se cuestionaba así mismo, pensaba una cosa y decía otra; quería algo y ansiaba lo otro. Harto, harto, hartazgo. La única constante en su mente. 

Killua se relamió los labios, aún con la boca demasiado seca, su corazón y su cabeza estaban revueltos. 

Todo lo que decía y lo que pensaba era cierto. No quería separarse de Gon. Pero tenía qué, ¿No? Ya no era sano… incluso si era todo lo que quería. La travesía de ambos había acabado, este capitulo de sus vidas había llegado a los párrafos finales, el tiempo se les había acabado. Pero no era un adiós que duraría por siempre, ¿No…?

 

—Las estrellas… —Gon le dedicó una mirada a Killua—, se ven hermosas está noche, ¿No es así?

 

En los ojos de Gon hay lágrimas, el ámbar reluce cómo oro derretido con el brillo extra que agrega la humedad. A Killua le provocó una punzada de dolor agudo al corazón, odiaba verlo así, quisiera abrazarlo… pero habia demasiado espacio entre ellos ahora, y si Killua tratara de acercarse, todos sus huesos iban a derrumbarse.

Entonces, mira las estrellas. Y ve con sorpresa cómo el cielo está totalmente despejado, la luna está más solitaria que nunca, suspendida sobre la tierra haciendo su ruta usual sin ninguna de sus fieles acompañantes. El cielo es negro puro, una oscuridad que podría comerte y no dejar nada de ti, no hay estrellas.

 

—Sí… supongo que sí.

 

 

 

La segunda vez que miran las estrellas, nada es igual. Están a punto de separarse, la promesa que se hicieron está hecha añicos —ellos también lo están.

No les queda nada de la inocencia que alguna vez tuvieron, no hay felicidad ni calidez por ningún lado, solo hay incertidumbre y una tristeza tan profunda que es inexplicable. No hay estrellas, sólo hay oscuridad, no miran el cielo… miran el horizonte y piensan en lo que se supone que deberían hacer ahora que son obligados a tomar rumbos diferentes.

 

 


 

 

La vida en Isla Ballena, después de volver de una rutina ajetreada y rebosante de aventuras, es aburrida y solitaria. Sin su nen, sin un propósito, sin Killua, Gon Freecss siente que su persona ha sido reducida a una sombra tenue de lo que alguna vez fue; un cazador que cazaba algo, un luchador que entrenaba para seguir peleando, un niño afortunado que tenía un amigo.

No le queda mucho después de separarse de Killua, y en consecuencia, separarse a todo lo que se había acostumbrado. Le toca vivir día a día, una vida mundana que él considera sosa, no logra saciar su codicia ni satisfacer su hiperactividad. Hace lo que hizo toda la vida, pero ahora no es suficiente, no para esta versión de él que crece una pulgada cada semana, que ya conoció todas las maravillas que el mundo tiene para ofrecer, y sobre todo, que ya conoció a alguien importante. Esa clase de importancia que hace que sienta un vacío en el pecho al saber que Killua está muy lejos, continuando con su vida, siendo feliz con su hermana y manteniendo a Gon en el segundo lugar.

Gon sabe que se lo merece. Pero duele. Y no hay nada lo suficientemente interesante en esta isla, en su hogar, para distraerlo. Puede regar las plantas de Mito-san, puede ayudar a la abuela Abe a ir al pueblo, puede pescar, puede ir a la playa, puede encontrar algo de dinero ayudando a los pescadores de la orilla, puede ir a cenar con alguna de las pocas familias de la isla, pero nada es suficiente. Todos los días acaban igual, los comienzos también son repetitivos. Las semanas se van agotando junto al espacio en cada mes del calendario. Gon sigue creciendo, ambos amigos se siguen mandando mensajes y hacen llamadas de vez en cuando, pero tampoco es suficiente para compensar la distancia.

El tiempo pasa y la distancia parece aumentar. Gon quisiera disculparse, pero necesita tener a Killua aquí cuando vaya a hacerlo. Una llamada, un correo electrónico, nada de eso podrá hacer que a Killua le llegue el mensaje… que entienda el arrepentimiento con el cual Gon carga. Y Gon necesita que lo entienda, así que espera, aunque eso signifique dejar que los silencios incómodos se incrementen.

 

—¿Desde dónde estas puedes mirar las estrellas? —la siguiente vez donde miran las estrellas, están más lejos que nunca, pero aún conectados de alguna forma. En aquel caso, a través de una llamada que se oía distorsionada por la gran estática que la mala señal traía consigo—. Yo puedo, estoy sentado en el borde de la ventana…

 

—Sí, yo también puedo —Killua habla desde el otro lado de la línea, suena distante y mucho mayor. Dieciséis años, ya llevaban dos años separados, la misma cantidad de tiempo que estuvieron juntos. Gon se mentía a sí mismo diciéndose que ese hecho no le dolía—. Estamos en un hotel… mañana partiremos.

—¿Puedo preguntar a dónde?

—A una gran ciudad, sólo eso. —Killua siempre temió que su línea telefónica fuera interceptada por Milluki o por el mismo Illumi, así que manteniendo la seguridad de sus hermanas como prioridad, nunca le reveló demasiada información al moreno—. Creo que allá las estrellas no se verán tan claras como aquí.

—¿Se ven tan claras cómo aquí en la isla? —Gon indaga curioso. Oye un resoplido.

—¡Jamás! Son bastante lindas, pero no tanto cómo en Isla Ballena. No he visto ningún lugar que se asemeje —la risa de Killua siempre era una bendición. Aliviaba cualquier pesar en Gon, le recordaba a los viejos tiempos, una melodía nostálgica.

Gon alza su mirada al cielo, mira las estrellas y piensa en que desde hace muchos años esta vista no es sorprendente. A veces extraña los cielos vacíos de las grandes ciudades como YorkNew, o del paisaje extrañamente artificial y perfecto de Greed Island. A veces extraña la incomodidad que vivió en la Isla Zebile mientras trataba de cazar a Hisoka. Extraña muchas cosas de su vieja vida, pero sobre todas las cosas, extraña poder tener a Killua a su lado mientras se movían debajo de cualquier cielo. Nublado, soleado, estrellado, oscuro, despejado. A Gon no le importa, sólo quiere volver a estar con Killua.

—Killua, te extraño —Gon se acostumbró hace ya mucho a verbalizarlo. Durante los primeros meses en su separación, nunca se animó a hablar de la falta que le hacía Killua, sentía que no merecía decirlo después de haber sido él la principal causa de dicha separación.

Ahora, ya con tanto tiempo de por medio, Gon no puede evitarlo. Hizo las paces con esa parte de sí mismo. No era sólo desahogarse, también era una forma de que Killua se enterara que esto no era fácil para él… fue un idiota, causó esto, y ahora lo sufre. Es casi como un "me arrepiento, lo siento", en otras palabras, pero tal vez Killua lo entiende.

 

Hay segundos de silencio—. Yo también te extraño, Gon —Las primeras veces Killua evadió el tema, lo llamó tonto y habló de otras cosas. Pero en algún momento cambio, ahora Killua siempre corresponde el sentimiento—. Yo te extraño bastante también…

 

Era consolador oírlo de su parte. Gon parpadea en cada ocasión, alejando la posibilidad de soltar lágrimas. Sigue mirando el cielo y piensa que, si Killua estuviera aquí, él podría ver todas las estrellas reflejadas en la capa cristalina y húmeda que cubre sus ojos.

¿Killua también está aguantando las ganas de lagrimear? ¿Si estuviera allí también podría ver un cielo estrellado en los ojos de Killua?

 

—Al menos tenemos esto. Podemos oír la voz del otro y, estamos viendo el mismo cielo… seguimos juntos de alguna manera. ¿No crees? —Gon murmura, se aferra al teléfono escarabajo, su mirada no se separa nunca del cielo. Miran a la misma dirección, oyen lo que dice el otro a tiempo real, no es mucho pero al menos es algo… no se ven ni se tocan, pero siguen estando juntos. Aún queda conexión allí.

 

Gon oye una risa por parte de Killua, pero también podría haber sido un sollozo. La estática hace que sea difícil entender del todo el sonido, hay silencio, se oyen otros ruidos.

 

—Sí. Seguimos juntos… no creo que sea posible realmente alejarnos, de todas formas.

—Tienes razón, no es posible.

 

Gon sonríe. No pasa ninguna estrella fugaz, pero de todas formas cierra sus ojos por un momento y desea con todas sus fuerzas que esta espera no sea eterna, porque necesita ver a Killua pronto. Tiene el consuelo de que él no es el único que desea eso.

 

 


 

 

La espera no es eterna, pero es larga. Tienen dieciocho años cuando se reúnen, ya siendo prácticamente adultos, crecidos en todos los aspectos. Gon había emprendido un nuevo viaje en un intento de recuperar su nen, volviendo a sus inicios en el Coliseo del cielo para volver a ser entrenado con Wing, usando aquel otro método más lento y factible para volver a abrir sus nodos nen. Sus meses en el Coliseo habían sido agradables, aunque tenía que admitir que aprender sin tener a Killua como su compañero convertía cualquier tarea en algo tedioso. La compañía serena de Zushi no se comparaba con la presencia electrizante de Killua.

 

Le había comentado a Killua a través de varios correos electrónicos su plan para recuperar su nen. Le había dicho los lugares que tenía planeado ir y por cuánto tiempo. Ya le faltaba una semana para abandonar el Coliseo, con sus nodos ya abiertos después de meses de meditación y entrenamiento constante, cuando ocurrió algo impensable. Killua y Alluka se aparecieron por sorpresa por aquellos lares, bendiciendo a Gon con la sorpresa más grande de —posiblemente— toda su vida. No había esperado nunca toparse con el albino, no así, siempre había pensando que se volverían a reunir en Isla Ballena, por alguna razón.

Caminando entre la muchedumbre de la ciudad, una noche friolenta dónde las estrellas sobre su cabeza no se llegaban a ver por culpa de todos los faros y luces de los negocios, Gon lo vio entre la multitud. Por supuesto que lo vio, la imagen de Killua estaba tatuada en la mente de Gon, una silueta decorada con características únicas que jamás podría olvidar. 

 

—¿Killua? ¡KILLUA! —Gon sólo tarda unos segundos en juntar los puntos. Esa cabellera albina, ahora mucho más larga de lo que recordaba…

 

Corre entre las personas, quienes lo miran con cierta preocupación. Gon siente que sus ojos se llenan de lágrimas, ve cada vez con más claridad la nueva versión de Killua que esta enfrente de sus ojos, acompañado por una Alluka igual de grande y bonita. La expresión del albino también se distorsiona, primero sorpresa y después emoción al notar a Gon correr hacia él.

 

—¿Gon? —oir su voz, tan clara y gruesa, era casi como un sueño. Se había familiarizado demasiado con la estática que entrecortaba sus palabras, con la mala señal que ahogaba el tono de su voz, las llamadas no lo habían preparado para oír a Killua llamar su nombre después de tanto—. ¡Gon!

 

Gon se aferra a Killua cuando se le lanza encima. Killua lo toma en brazos, su agarre es firme, los pies del albino se tambalean hacia atrás al recibir todo el peso del moreno sobre su propio cuerpo. Killua está cerca de perder el equilibrio, Gon se tiró con mucho impulso, pero no le importa… aunque signifique caerse no soltará a Gon. El mundo se apaga por un momento, no hay espacio para pensar en la gente que los mira raro ni en la sonrisa juguetona que adorna el rostro de Alluka.

Por un segundo, el azabache sólo puede concentrarse en Killua. Es cómo si una parte importante de su alma volviera a su cuerpo, abrazar a Killua y sentirlo tan cerca es una curita para una herida profunda en su ser. Inhala su olor, que no ha cambiado mucho a pesar del tiempo; huele a hogar, un soplo de aire fresco mezclado con la lavanda de su ropa. Gon abraza la dureza atlética del cuerpo de Killua, hunde su rostro en el hueco de su cuello y sus labios casi rozan la superficie palida de la piel. Gon ríe cuando entiende la situación, ¡Killua está aquí! ¡Justo en sus brazos!, rápidamente el rostro del moreno termina cubierto en una mezcla de lágrimas saladas y mocos.

 

—¡Íbamos a sorprenderte! —Killua es el primero en separarse, con una sonrisa brillante en sus labios. Su expresión cambia a una de vergüenza al ver a Gon llorar—, ¿Estás llorando…?

 

A Gon le cuesta alejarse, pero lo hace. Se limpia los ojos llorosos con la manga de su chaqueta, y se sorbe los mocos. Las manos del albino se mantienen sobre los hombros anchos del moreno, cuando esté despeja un poco las lágrimas, se atreve a tomar delicadamente las muñecas del contrario.

 

—Sólo sudando un poco por los ojos —Gon no trata en esforzarse en su mentira, no le importa que Killua lo vea llorar. Su rostro se recuesta en el toque gentil de su mejor amigo, los ojos azules se abren en una señal de compresión silenciosa, el albino acuna la cara de Gon con una de sus manos.

 

Hay otro momento, corto como un parpadeo, dónde se miran en silencio. Gon quiere quedarse así para siempre, mirando a Killua y tratando de descubrir en el menor —o mayor— tiempo posible todo lo que sus rasgos han madurado con el pasar del tiempo, quiere compensar los cuatro años perdidos quedándose con él frente a frente. Las manos de Killua siempre se sintieron frías, pero ahora su tacto es muy cálido contra su piel.

El hechizo se rompe cuando Alluka protesta desde un costado.

—¡No pensábamos toparnos contigo tan pronto, Gon! ¡Aún no hemos comprado el regalo! —ella está sonriendo. Allí Gon se fija en ella, en lo grande que está y en el lindo atuendo rosado que se ciñe a sus curvas delgadas.

Killua parece despertar del ensueño también, aparta las manos del rostro de Gon y las esconde en sus bolsillos, sus hombros se encorvan. Gon lamenta la pérdida, pero necesita concentrarse en lo que está pasando enfrente de sus ojos, no puede seguir distraído por mucho que quisiera.

—¡Alluka! —Killua se queja de inmediato, un sonrojo brilla en sus mejillas. Gon intercambia su mirada entre el par de hermanos, sus manos tiemblan, sus ojos aún no enfocan bien la imagen de Killua; se ve tan diferente. En el buen sentido, por supuesto, su cabello largo enmarca sus rasgos filosos. Es mucho más alto de lo que recuerda, se ha mantenido en forma, pero no es tan musculoso ni robusto cómo lo es Gon. Está vestido con un atuendo negro, muchos accesorios por todos lados, ¿Perforaciones en las orejas? Aretes largos cuelgan de ellas, y Gon podría fácilmente perder el aliento por la vista—, se supone que era secreto-

—¡Oh! ¡Lo lamento, hermano! ¡Estoy un poco nerviosa, hehe! —Alluka se tapa la boca. Killua rueda los ojos—, ¡Estoy tan feliz de que ustedes estén reunidos ahora!, ¡No tienes idea de lo mucho que mi hermano mayor te extrañó, Gon!

 

Gon siente que una ráfaga de calor florece por su pecho al oírlo, sonríe con ciertos nervios, mira la reacción explosiva de Killua.

 

—¡¡Alluka!! ¡Hablamos de esto! —él chilla. El rojo le queda bien, piensa Gon. Sus ojos se ven más azules que nunca, y Gon no sabe porqué, pero sabe que con ese sonrojo tan escandaloso en sus mejillas el azul de sus orbes resalta.

—Upsi —Killua mira enfurecido a su hermana menor, pero de todas formas hay cariño en sus ojos.

—Yo también extrañe mucho a tu hermano mayor, Alluka. —Gon le dice, pero se asegura de mirar a Killua al pronunciar sus palabras. Su entonación es suave, su tono parece el de un susurro. El ceño fruncido de Killua se relaja, y una sonrisa amplia hace que las comisuras de sus labios se eleven.

 

……

 

Esa noche van a un restaurante. Se sientan al aire libre, Gon junto a Killua y Alluka al frente de su hermano, comparten una amplia mesa rectangular que termina rebosante de toda clase de platillos. Alluka se llena con unas malteadas de distintos sabores mientras que el par de mejores amigos apenas están haciendo estómago al devorar salvajemente mas de una docena de aperitivos. Han crecido, y eso conlleva a que sus apetitos voraces también han aumentado de tamaño.

Sus rodillas rozan debajo de la mesa. Gon no aparta sus ojos de los de Killua. Si Killua antes era bonito, pues ahora es guapo y absolutamente divino. Tal vez es el furor del momento, pero Gon no puede desviar la vista de Killua y sus ojos, de las ondas plateadas de su cabello, de su piel de porcelana. Gon bebe de su bebida, saborea el sabor dulce de su refresco, pero más aún saborea la imagen de Killua a su lado. Totalmente real. Él realmente está aquí. 

Las estrellas en el cielo no se aprecian, pero de todas formas Alluka las menciona y halaga a la luna menguante. Cuando traen sus platos de comida mantienen una conversación amena entre los tres, el par de hermanos habla sobre sus aventuras y Gon habla sobre su proceso con su nen.

Se ríe hasta que le duele la mandíbula, come carne hasta que se siente a punto de reventar, intercambia más miradas con Killua de las que se podrían contar, y de repente, todo parece estar en su lugar. Alluka es tan animada cómo siempre, sonriendo y hablando a través de sus grandes ojos. Killua es más reservado, pero la felicidad es notoria en él y en el tono elevado de sus carcajadas ante cada chiste que Gon le cuenta.

La cuarta vez que miran las estrellas, no son ellos dos, son tres. El cielo estrellado de la ciudad no es tan espectacular como el de Isla Ballena, las estrellas difícilmente se distinguen entre la oscuridad eterna del cielo, pero Gon piensa en esa noche cómo una de las más hermosas de toda su vida.

 


 

Veinticinco años. Son adultos en toda la expresión de la palabra, son grandes cazadores y usuarios nen, la inocencia ha abandonado todos sus rasgos y ya no hay espacio para juegos infantiles. Lograron forjar una buena vida, con mucho esfuerzo de por medio, en sus manos hay anillos que confirman el matrimonio que conciliaron un par de años atrás.

Siempre fueron un equipo, siempre fueron mejores amigos. Aunque, en realidad, ambos concuerda que es más divertido ser esto… esposos, pareja, amantes. Comparten tiempo juntos, sus cuerpos, sus almas, sus aventuras. Es extraño pensar en los años donde no eran así de cercanos. Killua cree que la vida no era tan brillante sin conocer el sabor de los labios de Gon.

Vuelven a Isla Ballena, cómo ya es costumbre. Se la pasaban viajando gran parte del año, persiguiendo el trabajo y el dinero, sin molestarse en rentar algo, hospedados en hoteles y posadas durante meses enteros. Sin embargo, siempre había tiempo para volver a casa. Generalmente en navidad o en fechas importantes, la pareja Freecss volvía a la isla para visitar a Mito-san y a Alluka, quien vivía con la mujer pelirroja desde hacía algunos años.

La isla nunca cambia. La salitre en el aire es igual, la arena ligera molestando en los zapatos se mantiene, el canto lejano de las gaviotas, el sol ardiente quemando la piel, los isleños amables saludando al niño de la isla —ya no un niño—. Es nostálgico, es agradable, los hace sonreír. Son recibidos a inicios de diciembre por una Mito de aspecto cálido, quien sostiene una canasta llena de frutas y dulces caseros en señal de bienvenida, Alluka se lanza a los brazos de su hermano mayor apenas Killua se baja del barco. Los abrazos y saludos no se hacen esperar. Los cuatro caminan hasta llegar a la colina, donde la casita se mantiene intacta a pesar del tiempo, Gon sólo necesita poner un pie dentro del vestíbulo de la vivienda para ser atacado amorosamente por el perro de Alluka; ahora mascota de la familia Freecss.

Su nombre es Maxwell, tiene un año y medio y es una bestia. Gon no tiene tiempo de dejar el equipaje a un lado del perchero cuando el gran canino se le lanza encima, empujándolo con sus dos patas delanteras. Alluka suelta un chirrido de ternura al ver al moreno ser atacado por la bestia peluda, Killua logra pasar desapercibido con sus pasos inaudibles y Mito murmura algo con respecto a la cantidad exagerada de pelo que Maxwell suelta por doquier. La mujer pelirroja desaparece para ir a la cocina, dónde sobre la encimera descansa un pastel de chocolate que preparó con mucho esmero para sus hijos.

Alluka y Gon se distraen con el canino, como ya es tradición. Gon le habla con ese tono agudo de voz como si fuera un bebé o algo así, y Maxwell responde moviendo la cola cómo si en realidad entendiera alguno de las cursilerías de Gon. Killua sólo puede reírse disimuladamente.

—¡Deberíamos conseguir uno, Killua! —Gon hace un puchero, arrodillado para quedar a la altura de la mascota. Killua rueda los ojos con cariño.

—Es mucha responsabilidad, Gon.

—¡Sí! Es mucha responsabilidad. Mejor consigan un niño, he oído que son más fáciles de cuidar —Alluka bromea, o eso Killua quiere creer. Ella junta sus manos mientras muestra sus mejores ojos de cachorro.

—¿Sigues con el tema, Alluka? No vamos a conseguir un niño —Killua resopla, decidido a irse con Mito-san, dónde posiblemente no será acosado.

—¡Vamos, hermano! ¡Me muero de ganas de ser tía!

Alluka persigue a Killua, quien acelera el paso a la cocina. La muchacha había estado bastante tiempo promoviendo la idea de la adopción entre la joven pareja, ellos se habían mostrado indiferentes en todo momento, si no tenían tiempo para atender a un perro mucho menos tendrían espacio en sus itinerarios para cuidar a un mocoso. Gon se queda con Maxwell, dándole unas últimas palmadas en la cabeza antes de levantarse y disponerse a subir el equipaje al cuarto de su infancia, el cual ahora él y Killua usaban cada vez que venían a quedarse. Oye a los hermanos hablar en voz alta desde la cocina al subir los escalones de la escalera. Esos dos son todo un caso, piensa entretenido.

En las paredes del pasillo que dan con los múltiples cuartos, hay toda clase de fotos enmarcadas. Es un museo de memorias preciadas. Gon no puede evitar quedarse viendo atontado las fotos de su boda, expuestas en varios lugares del pasillo, imágenes un poco borrosas y con exceso de flash donde Killua se ve más radiante que nunca; vistiendo un carísimo traje blanco, un velo disimulado sobre su cabeza, y presumiendo su anillo de plata a la cámara en cada oportunidad. Él también aparece, por supuesto, de las pocas veces que usó un traje en su vida, con un ramo de girasoles cerca y el oro de su anillo reluciendo al igual que el ámbar en sus ojos. Hay otras fotos, Alluka vistiendo su vestido rosa como dama de honor junto con Bisky y Palm. Leorio y Kurapika posando junto los novios, el doctor llorando en la cúspide de su borrachera.

Gon se distrae bastante con el recuerdo. Su mano se desliza sobre una de las fotos, y trata la sonrisa tan hermosa de Killua, su corazón se acelera como si aún siguiera siendo un adolescente.

 

Entra a su cuarto y deja el equipaje a un lado de la puerta. Huele un poco a guardado, pero tal vez sólo sea una impresión suya, sería imposible que algún cuarto de la casa tuviera alguna molécula de polvo en su interior. Mito era demasiado metódica con su limpieza cómo para permitir eso. Todo sigue en su sitio, la mayor diferencia es que su cama individual fue heredada por Alluka para ser posteriormente intercambiada por una cama matrimonial donde, en efecto, él y Killua caben a la perfección.

 

—Tan acogedor como siempre —Killua murmura al entrar al cuarto. Gon gira su rostro un segundo antes de que hable, ya familiarizado con el peso de sus pasos, incluso si son imposibles de percibir a través de la audición.

Gon le extiende un brazo a Killua—. ¿Estás cansado? Yo lo estoy —el albino toma la mano de su marido, se acerca a él con un pequeño sonrojo—, me muero por una siesta.

—Eso es raro viniendo de ti.

—La nostalgia me da sueño, ¿No te pasa? —Killua se ríe, dejándose llevar por el moreno. Gon toma su cintura entre sus manos y lo lleva a la cama, Gon hace que Killua recueste todo su peso sobre él, haciendo que la cabeza del albino repose sobre el pecho del azabache—. Necesito un par de horas de sueño, contigo cómo almohada.

—Qué ofertón, supongo —Killua se rinde con facilidad. Los cuerpos se hunden en el colchón—, ¿Al menos me dejarás quitarme los zapatos?

—¿Te quitarás el resto de la ropa? —Gon bromea. La forma en la que Killua se sonroja hace que valga la pena, incluso cuando recibe un pellizco en la costilla.

—Idiota —Killua se aparta avergonzado, dispuesto a ponerse cómodo. No le gustaban las siestas, pero Gon tenía razón, la nostalgia los ponía perezosos a ambos… volver a Isla Ballena siempre era merecedor de una buena sesión de mimos mezclados con un buen descanso.

 

Killua se quita los zapatos y ayuda a Gon a desatar sus botas, antes de acomodarse al costado de su marido, con su rostro apoyado en su hombro. Gon toma a Killua en brazos, plantando un beso en su frente.

 

—¿Iremos a ver al atardecer en la playa?

—Me gustaría eso.

 

……

 

El sol es tan glamuroso que roza lo pretencioso. Se ve gigante, su color anaranjado lo hace resaltar en el cielo claro, se hunde con cada segundo un poco más en la profundidad del mar. Gon y Killua se mantienen sentados en la orilla, en un apacible silencio, dejando que el día siga su curso natural.

Recorren la isla con una velocidad inhumana. Con el pasar del tiempo ya no es tan divertido, pero sí que es terapéutico. Ver los árboles, sentir la brisa fresca, oír a los animales moverse en su hábitat natural, apreciar las maravillas que la isla tiene para ofrecer, incluso si las conocen todas al pie de la letra. No lo cambiarían por nada en el mundo, este es su hogar. Cuando la noche cae las lámparas del pueblo se encienden, pero la luz cálida no es rival para la luz de la luna y las estrellas, que cubre toda la isla con una delicadeza extrema. La pareja se escabulle hasta llegar a aquel acantilado, la grama ha crecido bastante, y los arbustos del alrededor se enredan en sus zapatos.

Killua se tira al suelo junto a Gon, quien parece no importarle la grama que le pica en la espalda y en la nuca. A Killua tampoco le importa demasiado, sentir un poco de picazón es más tolerable que sentir la insolación que el sol de la isla suele producirle. Killua se acurruca contra Gon, acostumbrados ya a estar sin un centímetro de por medio, piel con piel.

—Es casi como aquella noche. ¿Te acuerdas? —Gon susurra contra la sien de Killua.

—Sí. Las estrellas se ven casi igual. Me alegro que no hayan cambiado.

 

Gon sonríe, y gira su rostro para mirar el cielo. Mientras tanto, Killua mira a Gon, a través de sus ojos el cielo estrellado es reflejado. Constelaciones enteras se enredan con sus pupilas dilatas, que simulan ser galaxias por sí solas, Killua se pierde en el espacio dorado.

Gon mira las estrellas, Killua mira a Gon.

 


 

 

Pasa mucho tiempo. Hay demasiadas ocasiones donde miran las estrellas cómo para contarlas todas, los números no bastan y las memorias se vuelven difusas con el paso del tiempo, pero ellos saben que se volvió una costumbre. Al igual que muchas otras cosas. Se volvió costumbre caminar tomados de la mano, llamarse por apodos cursis, preparar el desayuno juntos, acompañar al otro a sus misiones de cazador a pesar de no ser necesario, decirse "te amo" sin vergüenza alguna, mirar las estrellas; y siempre pedir el mismo deseo ante la aparición de una estrella fugaz.

Permanecer juntos, por siempre. Al inicio de todo era un deseo infantil, aquella promesa fue sellada por el destello de luz que iluminó el cielo, al principio… ¿Entendían el peso de sus palabras? Sentían mucho, sabían poco. Y ahora, con el paso de todos los años, sentían mucho y sabían mucho también. Todo se había equilibrado, el amor que se tenían no desapareció con el tiempo, se fue reforzando.

Al norte del continente Yorbian, en la espesura de un amplio bosque, aislada por cientos de árboles y separada por varios kilómetros del pueblo más cercano, una casa de gran tamaño se encuentra al nombre de la familia Freecss. Gon y Killua pasan su vejez allí. A la edad de ochenta años siguen viéndose bien, tal vez aparentan tener cincuenta o máximo sesenta, el nen hace que el envejecimiento sea más lento de lo que debería. Pero entre ellos mismos, reconocen como los años se les han marcado en la piel, pueden notar como el poder abismal que tuvieron en su mejor época se ha ido reduciendo y perdiendo fuerza.

Aún les queda mucho de vida, ninguno piensa morir pronto. Los usuarios nen pueden vivir cientos de años, pero, aceptan la perdida de su juventud. Por esa misma razón se alejaron de los trabajos cómo cazadores, sólo aceptando esos que eran solicitados por la misma asociación de cazadores, pues eran bastante cotizados. Trabajos así, eran peligrosos, pero también tenían pagas exuberantes que agrandaban ya de por sí la cantidad insólita de dinero que tenían en el banco.

Se dedican a seguir viajando, pasando gran parte del año en la susodicha casa. Desarrollaron cierto gusto a la comodidad del hogar con el paso del tiempo, descuidando un poquito el amor que le tenían a viajar, pero la verdad es que ya lo habían visto todo, ¿Así que por qué no descansar? La energía exuberante de Gon fue bajando, entrenar de forma constante y mantener contacto con sus amigos era suficiente para mantenerlo entretenido. Y Killua, por otro lado, había estado prefiriendo mantener un ritmo más calmado en su vida ya desde los cuarenta. 

Son ellos dos en su mundo. No hay nadie en el planeta que los conozca mejor, Gon sabe todo de Killua y Killua sabe todo de Gon, se han visto en cada etapa de sus vidas. Sesenta y ocho años estando juntos, la promesa que alguna vez se creyó rota, ahora se exhibe cómo la realidad más firme que tienen.

 

—Hoy hay una lluvia de estrellas, cariño. Hay que ir a verla —Gon le dice a Killua un día. El moreno está podando el jardín que estaba enfrente del porche de la gran casa, él usaba guantes desgastados y tenía una pañoleta amarrada en la frente.

—¿Es visible desde acá? ¿O quieres llevarme al otro extremo del mundo? —Killua se ríe desde su asiento, cómodo en los pequeños escalones del porche, viendo a su esposo trabajar.

Gon pasaba parte de su tiempo libre arreglando el amplio jardín. Vivían en medio de un bosque, ¡Había mucho que limpiar! Conseguir leña, regar y plantar flores, sacar la maleza. Killua no era el mayor fanático de las plantas, pero le gustaba ver a Gon, el hombre azabache siempre se veía relajado en momentos como este.

—No, no. Es visible desde aquí, empieza a las nueve —cuando Gon sonríe, las patas de gallos en las comisuras de sus ojos se remarcan más.

Los rayos de sol caen sobre su rostro, hace que las canas en su cabellera azabache sean notorias y que el tono irregular de su piel también; hay una que otra mancha, las pecas se han ido duplicando por la exposición al sol, la piel bronceada de su rostro ya no es tersa.

A Killua le gusta esta versión de Gon, de todas formas, incluso si se ve "márchito" en comparación a su yo más joven. Killua sigue siendo débil a los encantos de su esposo, más aún a la luz a su alrededor.

Killua le sonríe—. Entonces tómalo como hecho.

 

……

 

No tienen problema alguno en subirse al techo de la casa. A través del balcón que está en el cuarto principal, dan un brinco para llegar al tejado, preparados para mirar el gran espectáculo. Gon ayuda a Killua a subir, a pesar de ser totalmente innecesario, le ofrece una mano amistosa a su esposo… Killua la toma, y no suelta la mano de Gon en ningún momento a partir de allí. Se acomodan sobre las tejas que cubren todo el techo, no son asientos muy cómodos, pero no les importa demasiado.

Killua mira las arrugas en su mano, y en la de Gon. La piel de allí ahora es flácida, sus venas resaltan y en su piel pálida hay uno que otro lunar. Hasta el día de hoy le sigue pareciendo extraño esto, nunca había pensado en envejecer, y si lo había hecho… nunca le había gustado la idea. Gon ni siquiera parece fijarse en eso, sus labios acarician los nudillos huesudos de Killua, dejando rastros de amor con facilidad.

—Te ves muy hermoso hoy. La luz de la luna te queda genial —Gon susurra, tan coqueto como siempre. Killua rueda los ojos avergonzado, trata de restarle importancia al sutil sonrojo que se posa en sus mejillas. Una reacción involuntaria que nunca supo reprimir.

La luz pálida acentúa los rasgos de Killua, siguen siendo filosos, aunque ahora los bordes se hayan suavizado un poco. Combina con su cabello blanco, se posa sobre su piel pálida; hay arrugas alrededor de sus ojos y en sus mejillas, a veces se marcan otras en su frente, la piel de sus mejillas se ha vuelto blanda. Killua no termina de acostumbrarse a su nueva imagen, pero Gon cree que en todas sus versiones es igual a una obra de arte.

—Nunca cambias, ¿No es así? —Killua ladea su cabeza, la recuesta sobre el hombro del azabache—. Adoras avergonzarme.

—Te adoro —Gon corrige, apoyando su cabeza sobre la de Killua. Las manos siguen entrelazadas, los dedos se juntan unos con otros, cubren los espacios y Killua aprecia el silencio la sensación callosa en la palma de Gon. Sus anillos reflejan la luz de la luna, se han desgastado por el uso y los años, el azabache trató de proponerle a Killua conseguir anillos nuevos… pero el albino se rehúsa a dejar estos ir.

—Yo también te adoro.

 

El cielo empieza a iluminarse de forma repentina. Hace que los dos hombres alcen la mirada, curiosos. No hay preámbulo alguno, una estrella empieza a caer, como un trazo de pintura blanca bajando por un lienzo negro, y después de esa muchas otras la siguen. En pocos minutos, todo el cielo está iluminado con miles de meteoritos que llueven desde el espacio, cómo si el cielo estrellado llorara. No es la primera que ven juntos, generalmente son eventos que nunca se pierden. Pero sigue siendo sorprendente cada vez.

Ahora, podrían pedir miles de deseos, respaldados por todas esas estrellas fugaces que caen a velocidades alarmantes. Pero no es necesario, pedirle al cielo una vez más permanecer juntos por siempre sería una pérdida, ellos no necesitan que ninguna estrella los respalde. Gon y Killua decidían permanecer juntos, sin importar qué, desafiando al tiempo y al destino, porque así lo querían; un deseo que habían arrastrado durante toda sus vidas, y que seguiría así hasta el final de estas.

Notes:

Okok, tengo que hablar de algo MUY importante aquí. Entre la última y penúltima escena notarán que hay una inmensa brecha en la edad, y esto tiene una explicación, en la primera versión del oneshot existía una escena allí que posteriormente decidí quitar. En esa escena estaban Gon y Killua ya en sus cuarenta, enseñándole a su hija menor a cómo usar un telescopio para mirar las estrellas juntos🥹 nunca termine de escribir ese fragmento porque pensé que no quedaría bien, pero ahora dudo abiertamente akajakaj. No sé si lo he mencionado antes pero tengo cuatro ocs que son Fanchilds Gonkillu, provienen de mi primer fanfic realizado en Wattpad en el 2021, podría hablar HORAS sobre ellos por lo mucho que los he desarrollado. Pero nunca me he animado a publicar algo de mis niños en los oneshots que hago actualmente 🫣

Así que no sé, díganme si están interesados, si quieren leer esa escena perdida idk estoy un poco tentada a publicar algo de ellos pero AAA quién sabe. En fin, me he desviado del tema, háganme saber sus opiniones en los comentarios y espero profundamente que lo hayan disfrutado este oneshot<33

Puede que suba otro en unos días, sólo les daré un pequeño adelanto: se trata de Gon proponiéndole matrimonio a Killua jsjsj 🤫💞

Ahora sí, Hiako fuera. Baibai hasta la próxima<3

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