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El suave aroma a canela y ámbar de su hogar la abrazaron en una sensación reconfortante. Era una de esas noches decembrinas en la que la lluvia se conviertía en suaves copos de nieve que teñían las calles y los arbustos.
Se aferró a su abrigo, temiendo que todo pudiera desvanecerse en cuestión de un segundo y solo se tratara de una dulce mentira.
Leon sujetaba a su pequeño hijo mientras ambos se entretenían con los brillantes adornos del pino navideño. Esferas, luces y listones que el bebé pellizcaba con curiosidad. Hace menos de un año que su pequeño Scott se había convertido en la segunda luz de su vida, otro propósito para despertar cada día. Una vida que las sombras de su pasado se encargaban de decirle que no merecía. No una persona como ella.
Entonces, Leon se acerca, abrazando a su hijo, quien balbucea y extiende sus brazos hacía ella. Lo recibe con una sonrisa, depositando un suave beso en su frente bajo sus mechones dorados, que probablemente se volverían oscuros cuando creciera.
"Está emocionado por su primera navidad" menciona Leon. Scott rió y se estiró hacía abajo, una señal para bajarlo y colocarlo sobre la manta en la alfombra, donde su oso de peluche favorito reposaba.
Leon rápidamente la envuelve en un cálido abrazo. El tiempo se detuvo y la nieve dejó de caer. Por un momento, solo existían ellos dos
"Gracias" Ada susurra, escuchando los suaves latidos de Leon. Un recordatorio de que estaba vivo, justo ahí, junto a ella y su pequeño.
Él sonrió. "¿Por qué?"
"Por todo"
Ada trata de apartarse, pero él no la libera de sus brazos. Siente como Leon busca algo entre sus bolsillos. "¿Qué sucede?" ella se ríe "Te tengo un regalo" la deja ir de sus brazos, ocultando su mano derecha detrás de sí mismo.
Ada sonrió de lado. "Aún no es la hora de abrir regalos" Sus burlas fueron reemplazadas por el silencio al verlo colocar una pequeña caja aterciopelada frente a ella. Por unos segundos, su corazón también se detuvo.
"Yo también quiero agradecerte... por todo" Leon tomó su mano, el brillo del anillo no tenía comparación "Después de todo, es navidad y, no hay mejor momento para pedirte que nos casemos"
Su pulso se aceleró y el calor subió a su rostro. Sin poder contener las lágrimas que escapaban de sus ojos y se deslizaban por sus rosadas mejillas. Cuando la sorpresa inicial pasa, una hermosa sonrisa se forma en sus labios, Ada acepta.
"Debe ser un sueño"
Leon coloca el anillo en su dedo anular, contemplando su rostro. El sonrojo en sus mejillas aumenta, solo un efecto que él tiene sobre ella.
"Entonces, jamás despertemos de nuestro sueño".
