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Jayce Talis siempre se había caracterizado por ser alguien impulsivo, optimista y, sobre todo, con una mente brillante, siempre dispuesto a ayudar a quienes lo rodeaban, especialmente a los que amaba.
Nada de eso cambió cuando supo que su bebé venía en camino. Al contrario, vio en ello una oportunidad única de innovar dentro de la empresa, creando herramientas que no solo les beneficiarían a él y a Viktor, sino también a muchas otras familias en Piltóver que estuvieran en la misma etapa: futuros padres adentrándose por primera vez en el mundo de la paternidad.
Por su parte, Viktor tomó la noticia con amor y responsabilidad desde el principio. De inmediato comenzó a investigar todo lo que un bebé podría necesitar, creando una lista meticulosamente organizada por colores y prioridades. En esa lista incluyó desde carriolas y monitores funcionales para el recién nacido, hasta artículos recomendados por la madre de Jayce para mejorar la comodidad de Viktor durante el embarazo, ya que no tardó en advertir: “Gestar a un Talis no es tarea fácil.”
Aunque Viktor no era alguien que expresara abiertamente sus emociones, estaba profundamente enamorado de la pequeña vida que crecía en su interior. Desde el momento en que escucharon juntos el fuerte latido del corazón del bebé, supo que enfrentaría cualquier desafío del embarazo con la mayor responsabilidad posible. A pesar de los malestares que implicaba, y más tomando en cuenta los padecimientos que poseía, se aferró a la experiencia con entusiasmo. Cosas pequeñas y banales como el simple hecho de buscar cosas para el bebé lo emocionaba inmensamente; no podía evitar imaginarse a su pequeño usando cada artículo que elegía con tanto cuidado y cariño.
Cada día llegaba al laboratorio o a su hogar compartido con Jayce con folletos o paginas abiertas en su tableta, explicándole por qué necesitaban cosas esenciales como una cuna para colocar junto a su cama durante los primeros meses, o incluso una lámpara diseñada para mejorar el desarrollo circadiano del bebé. Su entusiasmo era tan contagioso que incluso Jayce, con todo lo optimista que era, quedaba impresionado por la meticulosidad y amor de Viktor.
Por otro lado, Jayce veía la llegada de su bebé como una oportunidad perfecta para combinar su pasión por la ciencia con su nueva vida como padre. Amaba la idea de ser padre, pero más aún la posibilidad de que esa emoción y amor le llevaran a considerar la creación de herramientas que facilitaran su experiencia y la de otros padres.
Aunque, cuando lo comentó a Viktor, a éste no le pareció una buena idea.
“Jayce, no podemos convertir esto en un espécimen en quien hacer pruebas. Es nuestro hijo, no parte de algún experimento con Hextech.”
Lo cual terminó en que Jayce hiciera todos aquellos planos e invenciones por su cuenta y prácticamente a escondidas de Viktor. Y no era con malas intenciones ni nada de por medio, sino que lo realizaba con el simple hecho y deseo de sorprenderlo más adelante con algo que fuera útil y les facilitara esa faceta nueva de su vida.
Un buen día, Jayce se encontraba en el laboratorio trabajando y sumido en sus pensamientos como era costumbre, mientras que Viktor se encontraba en una reunión con algunos colegas de la empresa para la presentación de un nuevo producto que habían inventado meses atrás, al cual finalmente le habían dado luz verde y para el cual simplemente ocupaban mostrarlo al público para hacer oficial su distribución lo más pronto posible. Amaban todo lo lejos que habían llegado en el sueño de sus vidas al grado de que dichas cosas las hacían con una enorme gratificación en sus adentros, cabe aclarar.
—Hola ¿Qué tal va todo? ¿Interrumpo algo?—Pregunta Viktor con una sonrisa tranquila y recargándose en el umbral de la puerta del laboratorio, mirando a Jayce bastante decidido en lo que sea que estuviera haciendo, ajustando delicadamente una pequeña pieza. Y ante la presencia de Viktor, Jayce no pudo hacer otra cosa más que mirarlo y sonreír ampliamente antes de ir corriendo hacia él.
—¡Ah! Todo perfecto. —Responde Jayce antes de abrazar con cuidado a su pareja, acariciando su nuca y jugueteando con los pequeños rizos de éste mientras hablaba. —¿Y cómo están ustedes dos hoy? ¿Estuvo tediosa la reunión?
Viktor sonrió con suavidad dejándose disfrutar aquel ligero toque por parte de su marido. No lo admitía abiertamente, pero adoraba cuando lo escuchaba incluyendo a su bebé en la conversación, dando a entender que ya era una parte tangible de sus vidas desde aquel instante.
—¿Tediosa? ¡Para nada!—Ríe separándose del abrazo por unos segundos antes de caminar con cuidado hacia el escritorio de su marido, recargándose en éste mismo y mirando con detenimiento las piezas que estaba realizando, en un intento de adivinar la función de éstas. —Todo fue perfecto, Mel va a apoyarme en la presentación del producto cuando tengamos con nosotros a los patrocinadores y listo…El único problema fue que estuve lidiando un poco con malestares del embarazo, pero nada del otro mundo.—Tomó las notas de Jayce por un segundo al estar aún sin despegar la mirada de lo que sea que estuviera haciendo, quizás al tenerlas podría adivinar con mayor facilidad lo que sea que fueran. Claramente no se equivocó, por lo que ahora fruncía el ceño por unos segundos antes de mirarlo con una mezcla de incredulidad y quizás diversión.
—¿P-Pasa algo malo?—Preguntó obviamente nervioso, dándose cuenta de que había sido descubierto. Debía pensar en mejores estrategias para ocultar sus más recientes invenciones de Viktor.
—Jayce…¿Quieres explicarme por qué quieres hacer un biberón que se caliente solo con ajuste de temperatura con láser? Ya venden calentador para biberones, amor. —Ríe incrédulo.
—¡Lo sé! —Dice en un intento de defenderse mientras se acerca animado hacia su esposo. Aunque, debía admitir que sabía que sus intentos eran en vano, debido a que Viktor le había dicho en más de una ocasión que no necesitaban de más experimentos personales en casa, y mucho menos si estos eran relacionados al bebé y su seguridad. —Pasé todo el fin de semana trabajando en él. ¡Te juro que funciona, lo probé varias veces! Déjame mostrártelo.
Sin recibir ningún tipo de respuesta aún, Jayce va por una de las sillas que yacían en el laboratorio, corriendo con ella hasta acercarla a Viktor para que este pudiera estar sentado y cómodo al momento de hacer la demostración de lo que él veía como su próxima mina de oro y gran éxito no solo para la empresa, sino también como para ellos mismos en su nueva etapa de vida.
Viktor atina a mirarlo con escepticismo mientras se acomoda en el asiento, soltando una pequeña risa y esperando no ver una próxima explosión o algún tipo de desastre con la nueva idea de su esposo. —Jayce…Estamos por tener un bebe, no un cyborg.
–¡Juro que puede funcionar! —Insiste de vuelta casi con la energía de un niño y los ojos grandes y brillantes como si de un cachorro se tratase.
Como respuesta, Viktor solamente soltó un suspiro mientras se recargaba en el respaldo de la silla, cruzando los brazos antes de mirarlo fijamente con una tranquila sonrisa. —Está bien..Si puedes probarlo, te dejaré usarlo para el bebé.
—¡Hecho!—Responde de vuelta con una sonrisa ensanchada mientras apretaba un pequeño control, el cual le había estado ayudando con el desarrollo de dicho artefacto.
Todo en el desarrollo de éste mismo iba perfecto, Viktor lo miraba atentamente mientras trataba de detectar la presencia de alguna anomalía que pudiera ponerlos en peligro. Nada iba fuera de lo normal dado lo extraño que se viera todo lo que Jayce creaba, su entusiasmo era palpable en todo momento mientras explicaba a detalle el curioso funcionamiento y las distintas partes que conformaban dicho biberón mientras lo activaba, pero aunque Jayce fuese un talentoso inventor y científico, era obvio que Viktor también era experto en otras cosas, tal y como lo era detectar los cambios de actitud de su esposo cuando algo salía mal por más sutiles que éstos fueran, tal y como estaba ocurriendo en ese preciso instante.
La confianza con la que había estado hablando anteriormente había desaparecido,dejando un tono ligeramente más nervioso en su voz mientras apretaba constantemente el botón de acción sin obtener ningún tipo de resultado.
—¿Jayce? —Pregunta Viktor con cautela, inclinándose un poco hacia él para tratar de predecir su siguiente movimiento. —¿Necesitas ayuda?
—Está todo bajo control, sólo son pequeñas fallas en el circuito y-
Antes de que pudiera continuar, un repentino zumbido junto a un destello azulado que salió disparado del artefacto llenaron el ambiente. El láser había atravesado su más reciente invento sin previo aviso, rebotando en el fregadero metálico y terminando en una de las paredes del laboratorio, dejando un muy evidente agujero en ese espacio.
Jayce quedó inmóvil mirando el mediocre resultado de lo que había creado, no estaba realmente insatisfecho con ello dado a que de alguna forma podía probar su eficiencia en productos ligeramente más cotidianos con ayuda de la tecnología Hextech, pero ahora sabía que no podría contradecir a su esposo con lo que anteriormente le había dicho y advertido.
—Me demostrarías que iba a funcionar, ¿Cierto? —Dice Viktor acercándose a su esposo, sacándolo de sus pensamientos al colocar una mano sobre su hombro.
—¡Esto no estaba en mis planes, te prometo que en todas las pruebas funcionó correctamente!—Respondió con una clara frustración en su voz, mirando a Viktor antes de relajarse un poco. —Solo…Creo que no calibré bien la potencia, dando como resultado que el láser atravesara el biberón, rebotara en el fregadero y-
—Jayce…—Viktor lo interrumpe con un tono relajado mientras acariciaba su nuca con cariño, tratando de decirle a su manera que no estaba molesto con él ni mucho menos.
Como resultado, Jayce ahora suspiraba. —Todo lo que hago es por ustedes dos. Quiero facilitarte el embarazo lo más que pueda, y que esta facilidad continúe cuando nazca el bebé pero…Creo que necesito un descanso, me excedí un poco.
Antes de poder emitir una respuesta verbal, Viktor jadeó al momento en que sintió el repentino pero familiar peso de los brazos de su marido envolviéndolo por detrás, donde Jayce apoyó la barbilla sobre el hombro ajeno lo abrazaba con fuerza, tal como si fuera un oso gigante buscando algún tipo de refugio.
—Jayce…Lo sé, pero hay un hoyo en la pared. —Dijo suspirando pesadamente sin separarse del agarre que su esposo le brindaba, quien en vez de sentirse avergonzado, apretó el abrazo y escondió su rostro en el cuello de Viktor, como si de esa forma pudiera estar exento de cualquier responsabilidad causada por el desastre.
Viktor suspira nuevamente con una pequeña risa escapando de sus labios después de ello, si bien había sido semanas caóticas y extrañas debido a la reciente noticia de que su familia crecía y que querían darle a su hijo en camino lo mejor de sí mismos tanto como padres como científicos, el instinto y la calidez humana eran algo inevitable en esos momentos, lo que resultaba en que era imposible para él el estar molesto con Jayce, especialmente en momentos como aquel, donde sentía la calidez y ternura de su esposo cerca.
—¿Pasa algo? —Pregunta Jayce con su tono lleno de suavidad, levantando la mirada rápidamente para encontrarse con los ojos de su esposo, esperando que éste no estuviera en verdad molesto.
—Solo…—Vikor dejó que la frase colgase del aire un par de segundos antes de continuar, manteniendo una ligera sonrisa que reflejaba más cansancio que cualquier otro sentimiento distinto. —No intentes reemplazar el instinto humano con Hextech. No creo que eso pueda mejorarse.
Jayce ríe entre dientes, una de esas risas suaves y cálidas que son imposibles de contener. Con cautela, vuelve al cuello de su esposo antes de dejar un beso allí. —Lo que no puede mejorarse ya está aquí. —Dice bajando su mano hasta el apenas perceptible bulto en el abdomen de Viktor, acariciando la zona con cariño y delicadeza segundos antes de plantar un beso en su frente, a modo de recordatorio de cuánto lo amaba y adoraba.
—¿Estás molesto? —Pregunta Jayce tras un momento de silencio, que aunque cómodo, aún guardaba un poco de duda sobre los sentimientos de Viktor después de lo ocurrido.
Viktor niega con la cabeza a modo de respuesta, pero en su sonrisa no podía esconder todo el amor que tenía por su esposo y su creciente familia. —No, pero a veces me cuestiono cómo fue que me casé contigo.
Jayce levanta la cabeza con rapidez, fingiendo estar herido, pero el brillo travieso perteneciente a su mirada lo delataba. —Oh…¿Estás diciendo que yo no era el amor de tu vida?
—Lo eres. —Dice Viktor entre risas, girándose ligeramente para mirarlo directamente a los ojos, posando ambas manos sobre las mejillas ajenas y plantando un cariñoso beso en sus labios. —Pero debo admitir que a veces el amor de mi vida parece tener las mismas ideas de un adolescente cuya vida parece no importarle dado que le encanta ponerse en riesgo con maquinaria y herramientas peligrosas.
—Bueno…—Jayce baja la mirada, con las mejillas visiblemente sonrojadas y sonriendo ampliamente con la descripción. —Suena a alguien con quien vale la pena casarse.
Viktor deja escapar nuevamente una risa mientras niega con la cabeza repetidas veces, dándose por vencido antes de inclinarse hacia él para continuar riendo. —¡Dios mío, eres imposible!
—Imposible de reemplazar, diría yo. —Dice Jayce volviendo a abrazarlo con fuerza y besándolo repetidas veces por todo el rostro ante las inevitables risas de su esposo, asegurándose de que pudiera transmitir todo el amor que sentía por él sin necesidad de usar más palabras.
