Work Text:
Tengo tres manías... Y una es...
La cleptomanía, una maldita manía que me hace tomar lo ajeno...
Eso me ha metido tanto en problemas, cada intento de robo ya sea exitoso o no, termine detenido un par de veces, pero no podía detenerme, algo en mi simplemente exigía robar lo que tuviera a mi alcance, la sensación de adrenalina y excitación eran la gloria en el momento que tomaba aquella baratija y la escondía huyendo de la escena antes de que me atraparan, pero cuando el acto era terminado, terminaba llorando en mi departamento por las acciones que hacía.
No podía parar, cada vez más la necesidad de robar crecía. Lo odiaba, trataba de tener siempre una vida normal, trate de buscar ayuda, pero se me era imposible, era demasiado caro, aunque había días buenos cuando esa necesidad no existía. Por lo que relativamente podía tener una vida algo tranquila, trabajaba en mi pequeño negocio de postres.
Era diciembre cuando Missa como de costumbre abría su negocio, miro como la nieve cubría gran parte del lugar, sonrió e ingreso a su local, el día inicio tranquilo la necesidad de robar no se había presentado aun por lo que era una buena señal.
El día trascurrió, no hubo ningún incidente salvo que uno que otro cliente que se ponían un poco groseros, pero nada que él no pudiera resolver, la nieve comenzaba a cubrir cada vez más las calles por lo que fue luz verde para Missa en cerrar por esa ocasión más temprano su negocio, dispuesto a retirarse a su hogar y disfrutar aquella noche con una docena de pastelitos que fue lo que sobro de las ventas de hoy, se quitó su delantal y comenzó a recoger todas las charolas.
Llevo cada charola a la parte de atrás mientras comenzaba a cantar en voz baja como ya era costumbre, sus movimientos se comenzaron a ser cada vez más agiles como si se encontrara ahora en una pista de baile.
— Mmh... Vas a sufrir, vas a llorar cuanto te acuerde — cantaba mientras barría el piso, dio un par de vueltas y continúo moviendo su cadera al ritmo imaginario de la canción— Paloma ajena te creí buena, ahora te marchas y me dejas con mi pena...
La voz de Missa cada vez era más elevara al disfrutar de su canción que no escucho como la campana de su puerta le indicaba que un nuevo cliente había llegado, fue hasta que dio una segunda vuelta que lo vio.
Y su mundo se detuvo por segundos, nunca lo había visto en aquellos lugares, ni debería, se veía que era familia privilegiada, y no solo al ver su aspecto elegante, o aquellos ojos azules como el cielo, o el cabello rubio o esas... Joyas que se encontraban en las manos del hombre.
Mierda, eran tan coloridas, sus manos comenzaron a temblar de solo tener una de esas joyas entre sus dedos, suspiro algo nervioso al ver como el sujeto le miraba fijamente, está actuando como tonto.
—¡BUENAS NOCHES! —grita Missa tratando de calmar sus nervios, camina rápidamente a la caja para atender y toma uno de sus juguetes para tratar de controlar la sensación que comenzaba a atormentarlo. —Bienvenido a la pastelería "Nacho Loko" Soy Missa, ¿Desea realizar algún pedido? o si es el caso tenemos disponibles aun algunos pastelillos que serían de su agrado.
Hablo rápido Missa, el sujeto le miro extrañado unos segundos antes de reír y asentir rápidamente.
—Buenas noches para usted también joven Missa —La voz del cliente se escuchó calmada, con un toque elegante como de aquellos príncipes de cuentos de hadas— me gustaría hacer un pedido para la próxima semana es para el cumpleaños de uno de mis hijos y me dijeron que sus pasteles son los mejores de la región.
Missa asintió a lo dicho y con rapidez fue por su catálogo de pasteles, comenzó mostrando las opciones más populares hasta las más clásicas, en un momento dejo que la cliente admirada el catálogo mientras el miraba con algo de disimulo una de las joyas que portaba en la mano izquierda el contrario, podía sentir su cómo su corazón comenzaba a palpitar con más velocidad y la adrenalina entrar a su torrente sanguíneo al imaginar diferentes maneras de tomar la joya, podía sentir el sudor bajar por su espalda haciendo que su ropa se pegada, le mostro una sonrisa al cliente al verlo elegir una opción, su mirada nuevamente se desvió a la joya y luego a su libreta donde apunto todas las características para el pastel.
—Me parece perfecto, ¿Algún nombre para que el pedido sea apartado?
—Si, Philza Craft. — Dijo tranquilo Philza dándole una sonrisa.
Missa asintió, indico la cantidad a pagar y el abono que tendría que dar, Philza asintió tranquilamente y le extendió la mano con el dinero listo, la oportunidad perfecta, Missa tomo con ambas manos la mano del cliente, este le miro extrañado, pero Missa hablo antes de que preguntara algo.
—¡Es... ¡Espero que su pastel sea de las expectativas! —Grito alegre Missa para después retirar sus manos y rápidamente hacer la nota.
Philza le miro con algo de confusión, pero se retiró al momento de recibir su nota agradeciendo por el servicio. Al ver que el cliente se retira se acerca a su puerta de manera veloz y la cierra con seguro para también bajar la cortina, luego se encargaría de ordenar. Y ahí es cuando lo aprecia con detenimiento, a simple vista es un pequeño cachivache, pero para Missa eso le ocasiono tanta excitación que aún no lograba salir completamente de ese estado.
Pero pronto aquella sensación de adrenalina abandona su cuerpo, la culpa comienza a apoderarse de su ser y pequeñas lagrimas invaden su rostro, llora al caer nuevamente en su manía, no quiere seguir así, pero no hay opción.
(. . .)
Una semana paso tras aquella, como era de costumbre atendía su negocio, pero claro, siempre terminaba igual, lloraba pues nuevas cosas terminaban en su colección personal.
Era la mañana del jueves, el día que Philza vendría por su pedido, suspiro nervioso dándole los últimos detalles al pastel, no sabía que diría Philza al momento de entregar su pedido, no se preocupaba en la reacción de ver al pastel, sino de que no sabe que le dirá respecto a la joya que el posee, tal vez pueda mentir y decir que la dejo olvidada, tal vez sea lo mejor, lo ha hecho ya muchas veces y le ha servido de escudo.
Coloco un gran listón amarillo a la caja del pastel, suspiro un poco menos nervioso y llevo el pastel a la caja, como si se tratara de alguna clase se mal chiste Philza ingresa, tan elegante como siempre, ahora mostrando la falta de una de sus joyas, Missa trata de controlar su corazón pensando que todo saldría bien.
—Buenas tardes joven Missa, ¿Ese es mi pedido? —Pregunta tranquilo a la vez que señala el pastel.
—S.... sí señor Phi... Philza... —Le dedica una sonrisa nerviosa que es detectada por Philza pero no menciona nada.
Philza solo le dedica una leve sonrisa y se acerca a la caja, deja el pago esta vez en la mesa mientras observa cómo es recogido, por el contrario, Missa solo trataba de buscar el momento exacto de decir su mentira para entregar la joya. o bueno, pensaba, Philza dio un par de toque a la mesa llamando la atención del otro que al levantar la mirada quedo congelado al ver la mirada severa de Philza.
—¿S...Si señor Philza?
—Joven Missa, sabe, hace una semana uno de mis anillos se perdió, creo que lo deje olvidado aquí... ¿Usted lo tendrá de casualidad?
Aunque la voz de Philza fuera tranquila Missa se sentía como una pequeña presa a punto de ser devorada, algo en el hombre le estaba causando un temor gigante, asintió lentamente y saco el pequeño anillo de su bolsillo dejándolo en la mesa.
—Si... Cre... creo que se le resbalo al momento de salir, me... me di cuenta cuando terminé de barrer y lo vi... Yo...
—Sabe. — Philza interrumpió, tomo el anillo que fue examinado mientras volvía a hablar, —Los rumores no solo indican que sus pasteles son deliciosos, también dicen que muchas cosas, se... extravían...
Philza miro a Missa con una mirada neutra, no podía identificar el sentimiento que trasmitía, Misa paso saliva y sonrió algo nerviosos.
—Yo... Eeeh... Ya sabe, la gente luego suele ser algo olvidadiza... —Se excuso.
—Claro... ¿Pero es normal que pase casi a diario en esta tienda...? — pregunto, y eso fue suficiente para el pobre corazón de Missa.
Comenzó a llorar mientras pedía disculpas, diciendo que no era su intención hacer aquello.
—Se... señor Philza, se lo jur... juro... —Missa habla con voz entrecortada mientras se limpia con sus mangas algunos mocos. —No es mi...in... intención, es esta mal... maldita manía, no puedo parar, tomo cualquier cosa, perdón...
Philza solo escucho atento, al contrario. Suspiro y tomo las manos del contrario dedicándole una pequeña sonrisa.
—Tranquilo Missa, sé que no es algo que controles, pero, no te gustaría explotar esta pequeña manía?
Una propuesta extraña para nuestro joven pastelero, pero tal vez esta sea la oportunidad que tanto desea.
