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La vida nunca fue justa con Max, jamás.
Perdió a su padre a una corta edad, por culpa de un drogadicto que solo quería algo de dinero para drogas.
Su madre fue la encargada de criarlo, e hizo al mejor de todos.
Pero como digo, la vida no es justa, su pobre madre tuvo la desgracia de tener un accidente automovilístico, cuando él aún era un adolescente.
Así que a la edad de 18 años quedó huérfano y sin ningún familiar cercano.
Afortunadamente pudo salir adelante, sus padres habían dejado un buen fideicomiso y no se excedió pero nunca le faltó nada y no se tuvo que preocupar por el dinero.
Su pasión era hacer cumplir las reglas.
No importaba cómo, pero quería que todos recibieran lo que lo tocaba.
Esa pasión lo hizo convertirse en agente especial antidrogas, era obvio que tenía sus razones.
Ese trabajo lo hizo viajar a muchos lugares, pues al no tener ataduras, se convirtió en un agente encubierto.
Y recibió daños en su formación, claro, pero nada que dejara su voluntad de eliminar a este tipo de personas.
Actualmente estaban en una de las misiones más grandes de su vida, llevaba 2 años encubierto.
Pensó que esta misión sería la joya de su carrera, ya que no era atrapar a una persona, era una organización completa.
Y solo le faltaba descubrir al líder y lograrían su cometido, tardaría otro poco tal vez, pero no les importó, la idea de eliminar una organización dentro de México le parecía jugosa.
Actualmente residía en Guadalajara, junto a su pareja, si, él era la luz de su vida, gracias a él podía decir que las desgracias de la vida le recompensaron.
Su adorado Sergio, era su omega.
Hacia 5 meses se habían animado y después de hablarlo Max por fin pudo marcar ese delicado cuello.
Aunque sabía que cuando acabara la misión debería contarle todo y cómo debían regresar a su país.
Sabía que el omega no tendría problemas con ello, al fin y al cabo era como él, un omega independiente, no tenía como tal un trabajo y eso lo agradecía porque de esa manera no podrían atraparlo.
Él prefería estar en casa y pintar, que era su gran pasión.
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"Amor, llegué" Max tenía la fachada de ser director en una empresa de tecnología que no existía, realmente lo que hacía era procesar los datos y asistir en búsquedas y desmantelajes.
Su omega, tierno como siempre se acercó, usaba una de los cardigán del alfa, y le quedaba grande.
Tarareaba mientras servía la comida que le hizo.
Amaba eso de su pareja, que siempre era atento y amable con todos.
"Bienvenido bebé, preparé lasaña y elegí un buen vino"
"¿Algo que celebrar?"
"Puede ser" le dijo el omega y el solo asintió acercándose y besándolo con avidez.
Y la cena tuvo que retrasarse, porque Max fue directo al postre.
Algo que ambos disfrutaron.
Su vida era de esta forma, no había ninguna preocupación dentro de su relación, o eso creía Max.
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El martirio de Max comenzó cuando se enteró que habría un cambio en la línea de mando de la organización que había estado investigando arduamente.
Al parecer, el poder pasaría a uno de los hijos de la actual líder, durante este periodo de transición, ellos deberían aprovechar y desenmascarar a quien estaba atrás de esta organización, ya que en secreto sabían que están organizando envíos de drogas a todo el mundo.
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"Es ahora o nunca, debemos atrapar a quien sea el sucesor, eso los desestabilizara" le dijo Horner, el jefe de Max, y aunque no confiara realmente en él, sabía que debía seguir las órdenes.
"Debemos buscar cada pista, ya tenemos un rastro, pero es tu turno Max, debes hacer lo que mejor haces" las palabras de Horner eran claras, pero había un trasfondo, y Max sabía que le pedía morir.
Max solo asintió, él era un soldado nato.
Sabía que había mucho riesgo, pero si lograba tener éxito, podría regresar a casa y darle el anillo a Sergio, podía planear los cachorros, poner el estudio a su omega, tantos planes.
Justo ahora estaban recostados, disfrutando de una serie, mientras se ocultaban de la lluvia que caía afuera.
"Cariño, tengo un viaje de negocios, necesitan de tu alfa para reglar unos asuntos, son tan tontos que tendré que ir yo" mintió con facilidad, no sería la primera, pero esperaba fuera la última y la siguiente vez pudiera llevarlo de ese país.
"Oh, cariño, está bien, pero no debes tardar, que tenemos mucho que planear" dijo dulcemente el omega, mirando sus manos en su regazo.
"¿Todo está bien?" pregunto nervioso de ser descubierto.
"Mejor que nunca" le respondio con una sonrisa, y procedió a subirse a su regazo y besarlo lentamente, demostrando cuanto lo extrañaría.
Max era tan inocente y moldeable ante el omega y sus encantos.
El escuadrón de Max había sido descubierto, o más específicamente, el topo que tanto les costó infiltrar, fue descubierto.
Muchos datos se filtraron y ahora sus identidades estaban al descubierto.
Y Max estaba en una carrera contra reloj.
Habían recibido un video, era realmente lúgubre, parecía una sala elegante, con paredes color índigo, y suelo marmolado, en el centro se encontraba el chico que habían logrado hacer pasar como uno de Eso trabajadores, claramente lastimado.
Y sin remordimiento, alguien simplemente disparo directo al cerebro, sin escrúpulos ni titubeos.
"Ustedes serán los siguientes" fue la advertencia.
El video llego con otra cosa, una caja, donde lamentablemente sabían que se encontraba, algo típico de este tipo de mafias, la cabeza decapitada del topo fue enviada.
Era un espectáculo grotesco, pero era una clara advertencia.
"No se detendrán" les comunico Christian, que estaba más motivado. Max dudo por primera vez, no creyó ver esa brutalidad y por un momento temió, no por él, sino por Sergio, que no lo vería regresar y se enteraría que vida fue una mentira y que Max ni siquiera existía, tuvo miedo y eso fue sinceramente aterrador.
"Quiero muertos a esos tipos tanto como tú, pero no podemos hacer una redada, no tenemos los números" le comunico Max como forma de sugerencia.
"¿Dejaras impune la muerte de tu compañero? Él se sacrificó, algo que tú no hiciste, teniendo a un omega y fingiendo una vida de mentira" Max apretó los dientes, no le gustaba ese tono, se suponía eso era un secreto, pero sabía que su jefe tenía contactos en Inteligencia, al parecer no fue difícil saber qué es lo que hacía cada uno de los miembros de su equipo.
"No, pero no moriré en vano" replico
"Agente Verstappen, entonces tu serás el nuevo topo si asi lo deseas, tal vez cuando mueras tus compañeros si se apiaden de ti"
Max solo trago duro, no podía desobedecer las ordenes de su jefe.
Pero dejar impune la muerte de Liam le parecía algo terrible.
Necesitaba despedirse primero de Sergio, tenerlo entre sus brazos, probarlo por última vez, al fin y al cabo él tenía un deber, y su meta era clara, hacer pagar a esos bastardos.
Salió de las instalaciones, dispuesto a empezar el final de su vida, o al menos matar a tantos malvados como pudiera
Pero no llego muy lejos, pues de camino a casa una camioneta blindad se paró frente a él, y potras dos lo flanquearon, y una lo choco por detrás.
Ni siquiera tuvo oportunidad de sacar su arma cuando sintió como uno de los vidrios se estrellaba y una bomba de humo entraba por ahí.
Trato de cubrirse o defenderse, pero lo único que alcanzo a hacer fue marcar a Sergio.
"Amor ¿estas ahi?" dijo un muy tranquilo Sergio.
"¿Max? ¿hola?" pero Max ya estaba desmayado y siendo sacado por los hombres del jefe y su hijo.
"Él no está disponible" dijo el hijo mayor y colgó.
Sergio solo vio la pantalla anodinado.
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Max despertó con un cubetazo de agua helada.
Estaba temblando por el cambio brusco de temperatura y boqueando en búsqueda de oxígeno.
"Vaya vaya, hasta que despiertas cabron" un hombre que estuvo buscando durante 2 años le dijo.
"No te diviertas sin mi hijo" y el jefe estaba aquí. Max solo vio con horror la habitación donde se encontraba.
Era la misma habitación donde asesinaron a su compañero de escuadrón.
De pronto sus esperanzas de huir desaparecieron, sabía que este sería su fin, estaba frente a dos de los hombres más poderosos del crimen organizado.
"Los van a atrapar y van a morir" les escupió y ellos lo miraron con indiferencia, como si esperaran eso.
"Por favor, si tu no pudiste hacerlo, ellos menos lo harán" respondio el padre
"Horner los asesinara como asesinaron a mi colega y como lo harán conmigo" Max ya estaba empezando a resignarse.
"¿Esa rata?" rio el hijo, burlándose de Max.
"Niño, él trabaja para nosotros, solo era una fachada para que nos dejaran tranquilos"
ambos alfas miraban divertidos sus expresiones.
"Tu amiguito murió porque quería sobrepasarse con nuestro jefe, ni siquiera lo debió mirar" y ahora si vio un atisbo de furia en los ojos de estos alfas criminales.
Max que tenía la mirada gacha, esperando su destino alzo su rostro.
"¿JEFE?"
"Oh si, su topo no les informo ¿ verdad? Un hombre que se obsesiono con él, ahora nuestro jefe lo asesino en persona"
"¿Quién rayos es?"
"Oh, no vivirás para saberlo, morirás con la duda, tu solo eres un obstáculo, y créeme que tú te acercaste mucho, pero la familia es primero" el joven alfa le sonrió y cuando estaba por accionar el gatillo la puerta se abrió estruendosamente.
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Sergio había tenido un día estresante, asi que decidió regresar a casa con su familia, siempre era un alivio estar con ellos.
Max no había despertado junto a él de nuevo, aunque eso no sería posible ya que según estaba de viaje, suspiro y levanto su cuerpo para el día.
El clima era encantador, como para ir a jugar golf, tenía que ganarle a Toño si es que su hermano aparecía en algún momento,
Todos lo saludaban con respeto, y no tuvo que ir muy lejos, su carrito estaba estacionado cerca porque sabían que a él le encantaba el golf.
Estaba de racha cuando su celular sonó y le indico a alguno de los chicos que lo acompañaba que lo pasara.
Se alegro cuando vio el número de su lindo alfa.
Espero que el alfa hablara primero, pero no respondio y eso se le hizo extraño.
"Amor ¿estas ahi?" pregunto un poco preocupado, sabía que Max podía hacerse daño y no deseaba eso.
"¿Max? ¿hola?" ahora si ya se preocupó porque escucho ruidos como de forcejeos y no escuchaba la voz de su alfa.
"Él no está disponible" y esa pinche voz le respondio, lo mataria.
Hijo de la chingada solo pensó, ya se las pagaría, ahora debía ver cómo sacar a Maxie de esto, para nada las cosas salieron como lo planeo.
"Prepara el auto, y ya sabes que hacer" el asistente solo asintió y empezó a realizar las llamadas.
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Max estaba sudando, la punta de la pistola en su frente, y de pronto escucho como la puerta se abría.
Y su ángel entro por ella, vestido con ropa de golf y gafas de sol en la cabeza, haciendo una pose de hastió y varios hombres tras él.
"No amor vete" susurro en español y fue muy entendible para los dos alfas que solo miraron entre Sergio y Max, como si no pudieran creer lo que decía.
"Suéltenlo YA" Grito su omega, dando órdenes y el solo lo miraba confundido y aterrado de que algo le pasara a su pareja.
"Sergio, es un maldito agente" Toño le dijo y Sergio le giro los ojos
"Si y también tu cuñado" le reprocho.
"Hijo, ¿él es el alfa?" Sergio solo asintió y corrió a liberar a su alfa porque vio que nadie se movía.
"Soy el maldito jefe y lo debo hacer todo yo, muévanse y lárguense de aquí" los saco a todos de ahí, odiaba hacer este tipo de escenas.
"Checo" dijo Toño con la voz confundida, su hermanito estaba con un agente.
"¿Eres el jefe?" solo pudo preguntar Max que sentía que en cualquier momento podría vomitar, esto no estaba sucediendo,.
La persona que más amaba en el mundo no podía ser su objetivo.
Si, vomitaría en aquel instante.
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En cuanto Max se vio liberado y solos, se lanzó contra Sergio, y no, no de la forma amorosa que siempre lo hacía.
Lo empotro contra una pared, con una mano contra el delicado cuello del omega, sentía el pulso bajo sus dedos, y ni siquiera era acelerado, a comparación de Max, que estaba fúrico y confundido, se sentía engañado y usado.
"¿Max?" pregunto tranquilamente el omega.
"Dime quien carajo eres" exigió con un tono que el omega jamás había escuchado.
"Tu omega" respondio con tranquilidad, y el lazo que los unía ni siquiera flaqueo, era la verdad.
"No, mi omega no sería un mentiroso y no sería responsable de tanto dolor y mal" susurro aun mirándolo a los ojos
"No sabes de lo que soy capaz mi amor, hoy casi fui capaz de asesinar a todos, incluso a mi hermano si le hacía algo al padre de mi hijo" y Sergio le dedico una mirada triunfadora, porque con esas palabras lo había desarmado completamente.
Max lo soltó automáticamente, y fijo su mirada en el vientre del omega.
"Arruinaste la sorpresa al dejarte atrapar, pensé que tu entrenamiento evitaba que pasaras por estas situaciones" le dijo con molestia, como si fuera culpa del alfa que sus familiares alfas lo sobreprotegieran.
"No es mi culpa que tu familia me emboscara, Pérez"
"Oh, ahora me dirás por el apellido familiar, es tierno, pero no conoces nada Maxie, si crees que me ofenderás estas muy equivocado, llevo el apellido con orgullo, porque soy el líder, y lo gane a pulso, el primero omega líder, logrando negocios internacionales y haciendo que nuestro poder crezca" dijo con convicción el omega.
"Aplazas lo inevitable, te atraparan" el alfa era uno de los que planeaba la caída de la familia Pérez
"No lo creo mi amor, tu jefe trabaja para nosotros, y mientras tú crees que tu agencia es de lo más justa y benevolente, rescatando a la gente y dándoles seguridad, oh, cariño, estas tan equivocado" respondio como si hablara del clima,
"No entiendo cómo es que me engañaste" Max se tomaba la cabeza entre las manos, se sentía de lo más usado, ¿acaso su amor era real?.
Se sentó en uno de los sofá, no le quedaba de otra.
"No te engañe, solo omití contarte quien era, preferí hacerlo en el momento adecuado"
"¿Cómo ahora?"
"No, mi plan era mostrarte la porquería que tenías como organización, y mostrarte que mi lado no es del todo malo, solo nos dedicamos a las drogas, el tráfico de personas no es lo nuestro"
"No eres bueno" Sergio sonrió indulgente.
"Tú tampoco, ¿matarías a alguien que me haga daño?"
"Obviamente" respondio sin pensar"
"Bueno, tu colega se intentó sobrepasar y tuve que asesinarlo, pero Horner lo manipulo, él es el malo, asi que si quieres conocer todo, debes aceptar liderar conmigo, no somos malos, solo tenemos un imperio de sustancias" la honestidad era tan brutal
"No te conozco" Bufo Max.
"Lo harás" Max quería salir de ahí, no podía procesar lo que acababa de suceder.
"No te iras a ningún lado, eres mío Max Verstappen" dijo tiernamente Sergio, y ahi estaba el omega del que se enamoró a primera vista en aquella tienda, vaya, pensaba si eso no fue planeado.
Y Max fue guiado de nuevo al ático donde vivían y que ahora sabia que pertenecía a Sergio y no lo arrendaban, no imaginaba cuanto debió costar.
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La luz tenue del atardecer se colaba por las amplias ventanas del ático, proyectando sombras largas sobre los muebles modernos. El aire estaba cargado de tensión, pero también de algo más profundo: una mezcla de decepción, amor y, sobre todo, incertidumbre. Max estaba de pie, con los brazos cruzados y la mandíbula apretada, mientras Sergio, sentado en el sofá, acariciaba distraídamente su vientre con una mano, como si buscara consuelo en el pequeño que crecía dentro de él.
Habían pasado dos dias desde que Max había descubierto la verdad, pero ninguno de los dos había dicho mucho. Hasta ahora.
"¿Por qué no me lo dijiste?" preguntó Max finalmente, con la voz firme pero no agresiva. Su mirada estaba fija en Sergio, esperando una respuesta que hiciera todo más comprensible.
"Porque sabía que si lo hacía, te perdería" respondió Sergio con suavidad, levantando los ojos para encontrarse con los de Max.
"Tú eres un agente especial, Max, toda tu vida se ha construido alrededor de la idea de que los míos son el enemigo. ¿Cómo podía esperar que me entendieras?"
Max respiró hondo, intentando controlar el torbellino de emociones que lo invadía. Lo que más lo frustraba no era solo la traición de no haber sabido quién era realmente Sergio, sino el hecho de que aún lo amaba, a pesar de todo.
Y eso complicaba aún más las cosas.
"No te voy a mentir, Sergio, todo esto va en contra de lo que siempre he creído. He dedicado mi vida a luchar contra el crimen, y ahora resulta que la persona que amo es el jefe de una de las organizaciones más grandes del país."
"Lo sé" interrumpió Sergio, con la voz más firme ahora. "Pero, ¿alguna vez te has preguntado si el lado en el que estás es realmente el correcto? Tú crees que estás luchando por la justicia, pero dime, Max... ¿cuántas veces has visto a tus superiores cerrar tratos con criminales porque les convenía? ¿Cuántas operaciones han terminado mal porque alguien del 'lado bueno' estaba vendido?"
Max frunció el ceño, sin poder refutarlo. Había visto demasiadas cosas que no encajaban con el ideal de justicia que una vez había tenido. Pero había aprendido a ignorarlas, a justificar que era un mal necesario para un bien mayor.
"Eso no significa que lo que haces esté bien" respondió Max, aunque su voz sonó menos segura.
Sergio se levantó del sofá y se acercó lentamente a Max. A pesar de la situación, el vínculo entre ellos seguía siendo innegable, una fuerza que los unía más allá de cualquier conflicto.
"No te estoy pidiendo que dejes de creer en la justicia, Max, lo que te pido es que veas el mundo tal como es, no como te lo han hecho ver, mi familia controla el tráfico porque, si no lo hacemos nosotros, lo hará alguien peor, alguien que no se detendrá ante nada para ganar más poder, incluso si eso significa destruir comunidades enteras, nosotros mantenemos un equilibrio, no somos santos, pero tampoco somos los monstruos que te han hecho creer."
Max se quedó en silencio, procesando cada palabra. Sabía que había verdad en lo que Sergio decía, aunque admitirlo le resultaba complicado. Su mundo se estaba desmoronando, y ahora debía decidir qué hacer con las ruinas.
"¿Y qué esperas que haga? ¿Que simplemente me quede a tu lado mientras continúas con esto?" preguntó Max, sin esconder la mezcla de frustración y dolor en su voz.
Sergio se acercó más, tomando una de las manos de Max y colocándola sobre su vientre. El gesto lo desarmó por completo. Sentir el calor del cuerpo de Sergio, el latido de una nueva vida que compartían, lo hizo recordar que, más allá de sus diferencias, lo amaba.
"Espero que te quedes a mi lado y me ayudes a encontrar una manera de cambiar las cosas, no será fácil ni rápido, pero juntos podemos hacer algo diferente, podemos encontrar una forma de proteger a los que amamos sin destruirnos a nosotros mismos en el proceso."
Max dejó escapar un suspiro, largo y pesado. Era una decisión que cambiaría su vida para siempre, pero, por primera vez, estaba dispuesto a considerar que quizás la justicia no era tan simple como le habían enseñado.
"Está bien" dijo finalmente, mirándolo a los ojos. "No sé cómo vamos a hacerlo, pero confío en ti, por nuestro hijo, por nosotros intentaré ver las cosas desde tu perspectiva."
Sergio sonrió, aliviado y agradecido. Se inclinó hacia Max, y sus labios se encontraron en un beso suave, lleno de promesas no dichas. Ambos sabían que el camino sería complicado, pero mientras estuvieran juntos, había esperanza.
"Gracias, amor, no voy a decepcionarte."
"Más te vale, corazón" respondió Max con una sonrisa leve. "Pero si vamos a hacer esto, será a nuestra manera, nada de más secretos, ¿de acuerdo?"
"De acuerdo" asintió Sergio, apretando su mano con fuerza.
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Los meses transcurrieron, Max deserto, o bueno, realmente no había equipo al cual volver, Sergio se encargó silenciosamente de ello.
Y ahora poco a poco se adapto a la familia y rutina de su esposo, asi que el ya tenia un cargo.
La sala de reuniones estaba en completo silencio, salvo por el suave murmullo de algunos de los hombres de confianza de Sergio. Max se encontraba de pie, con una expresión seria y los brazos cruzados, observando a cada uno de ellos. Aunque no había sido fácil para él adaptarse a este mundo, lo había hecho por Sergio y, sobre todo, por la vida que estaba creciendo en su vientre.
"No estamos aquí para debatir, señores" dijo Max con voz firme.
"La decisión ya fue tomada por el patrón, y mi función es asegurarme de que todos la cumplan."
Algunos de los presentes intercambiaron miradas incómodas. Sabían que Max no solo era un ex agente especial, sino el alfa de su jefe. Y lo más importante: todos sabían que Sergio confiaba plenamente en él.
"Si alguno de ustedes tiene un problema con eso, pueden decírmelo ahora" añadió Max, dejando clara su autoridad. Nadie respondió.
Con un asentimiento final, Max se dio la vuelta y salió de la sala, satisfecho de haber cumplido con su papel.
Al llegar al despacho de Sergio, lo encontró sentado detrás de su escritorio, revisando unos documentos. Sergio levantó la mirada y sonrió suavemente al ver a Max.
"¿Cómo te fue mi vida?"
"Todo bien. No creo que alguien se atreva a desobedecer tus órdenes después de esto" respondió Max, acercándose para dejar un beso en la frente de Sergio.
"Solo te preocupas por ti y por el bebé. Yo me encargo del resto."
Sergio tomó la mano de Max, apretándola suavemente. Aunque Sergio era el líder, en esos momentos sentía que Max era el verdadero pilar de su vida.
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Era una tarde tranquila y ambos querían tranquilidad asi que estaban en el atico, Sergio estaba recostado en el sofá, con una manta cubriéndole el vientre prominente mientras Max se movía por la cocina. El aroma de la comida llenaba el ambiente, y Sergio cerró los ojos, disfrutando del momento de paz.
"¿Cómo te sientes?" preguntó Max, asomándose desde la cocina.
"Cansado, como siempre" respondió Sergio con una sonrisa. "Pero bien."
Max apareció con una bandeja de comida y se sentó a su lado, colocándola frente a él.
"No quiero que te levantes, ¿de acuerdo? Hoy voy a consentirte todo el día."
Sergio río suavemente, dejando que Max lo mimara. Había algo reconfortante en ver cómo el alfa que una vez vivió para perseguir criminales ahora vivía para cuidarlo a él y al hijo que esperaban.
"No tienes que hacer todo esto, Max" dijo, aunque su tono no era de reproche.
"Sí, tengo que hacerlo. Porque te amo, y porque quiero que este pequeño nazca sano y feliz" respondió Max, acariciando el vientre de Sergio con ternura.
Sergio suspiró, apoyando su cabeza en el hombro de Max. Habían pasado por mucho, pero momentos como ese le recordaban que todo valía la pena.
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La noche era cálida, y una suave brisa soplaba en el jardín de la mansion que compartían. La luna llena iluminaba el cielo, creando un ambiente perfecto. Sergio, con el vientre ya muy abultado, caminaba lentamente junto a Max, disfrutando del aire fresco.
De repente, Max se detuvo y se giró hacia él, tomándole ambas manos. Sergio lo miró, curioso por el gesto.
"¿Qué pasa?"
Max respiró hondo, como si reuniera todo su valor, y luego se arrodilló frente a Sergio, sacando una pequeña caja del bolsillo.
"Sé que nuestra vida ha sido complicada, no fue lo que imaginé cuando te conocí, pero ahora no puedo imaginarla de otra manera eres mi todo, Sergio, tú y nuestro hijo son lo más importante para mí, y quiero pasar el resto de mi vida a tu lado."
Sergio llevó una mano a su boca, sorprendido y emocionado mientras Max abría la caja, revelando un anillo de oro sencillo pero elegante.
"¿Quieres casarte conmigo?"
Las lágrimas brotaron de los ojos de Sergio mientras asentía rápidamente.
"Sí, Max. Quiero casarme contigo."
Max se levantó y, con cuidado, rodeó a Sergio con sus brazos, besándolo con amor. Ambos sabían que el camino que les esperaba no sería fácil, pero juntos podían enfrentarlo todo.
Mientras la brisa nocturna los envolvía, Sergio apoyó su frente en la de Max y susurró:
"Te amo."
"Y yo a ti" respondió Max, acariciando su rostro.
"Hasta el final."
Y así, bajo la luz de la luna, sellaron una promesa que ninguno de los dos rompería jamás. Una promesa de amor, lealtad y un futuro compartido, a pesar de los desafíos del mundo que los rodeaba.
Y Max acepto la recompensa del destino.
Su vida ahora era afortunada.
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