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Bajo El Muérdago
Mira, yo no quería enamorarme de mi mejor amigo.
Cualquiera que te hable de lo romántico y especial que es enamorarte de la persona que mejor te conoce y que tú mejor conoces, te está mintiendo y quiere que te arruines la vida como yo.
Porque no es fácil.
Es la tortura y placer más intenso que conocerás en tu vida. Es tenerlo todo al alcance de tu mano, pero sin poder tomarlo. Una montaña rusa entre la Felicidad, celos y miedo.
Si tu no estas dispuesto a cometer ese error (como hice yo, porque aparte de disléxico y con TDAH , soy idiota) adelante, sal de esta página de lectura y ve por otro fanfic.
Si eres igual de idiota que yo, y ya caíste ante los encantos de tu mejor amigo, ven y comparte mi desgracia.
Ríete conmigo del tonto Percy Jackson que se enamoró de su mejor amigo, Draco Malfoy.
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Percy Jackson recuerda su primer día de clases en la academia Pegasus, una academia internacional con diversos programas educativos de intercambio, actividades extracurriculares, y profesores capacitados en el manejo de todas las condiciones que causen dificultades de aprendizaje.
En su momento, no se encontraba nada emocionado por pasar otro año escolar lejos de su madre, menos ahora que su horror de padrastro (por fin) estaba fuera de la pintura y Percy pensó que podría pasar un año escolar “normal”.
Antes de que se cansarán de él y lo expulsaran de su escuela, como le ha pasado los últimos seis años de su vida académica.
Sin embargo, su padre decidió hacer aparición, con un cupo a la prestigiosa academía Pegasus y al ver la enorme cantidad de programas de apoyo para niños disléxicos y con TDAH su madre no pudo rechazar la oferta.
La oportunidad de su vida había dicho.
Cuanta razón tenía.
…
Percy empieza en primer año a los 11 años junto a otro grupo de chicos de su edad, están todos mezclados entre alumnos de años, nuevos y otros del extranjero.
Aunque dos chicos de años mayores, Luke de séptimo y Luna de quinto, le dan un tour rápido de los dormitorios hasta su edificio de clases, Percy se pierde y llega tarde el primer día.
Su profesor, el sr. Brunner, parece acostumbrado a estos incidentes y lo deja pasar con una sonrisa divertida.
Percy quiere pensar que es amable, pero avergonzado por estar frente al salón lleno y todos los ojos sobre él, bueno, cree que esta es la manera que el sr. Brunner castiga a los que llegan tarde .
—Mi nombre es Perseus Jackson…por favor, díganme Percy. —
Quiere insultarse cuando su voz tiembla, pero nadie se ríe y no sabe si es mejor o peor al silencio del aula.
—Bienvenido, Percy. Puedes tomar asiento, allá junto a Draco hay un lugar libre. — dice su profesor, y Percy pasa la mirada por el mar de rostros sin identificar al mencionado.
Aunque un niño, que mira indiferente por la ventana capta su atención, la forma en que su cabello rubio refleja y este choca contra su piel es… le hace ver muy bonito.
Le recuerda por un segundo a los protagonistas de las series que ve su mamá, rodeado de un aura brillante y mágica.
Casi puede escuchar la música dramática.
—Draco. — llama el señor Brunner nuevamente y varios en el salón voltean hacia el chico rubio, Percy inclina la cabeza confundido.
Draco no voltea, y el señor Brunner suspira exasperado.
—Joven Malfoy, levanté la mano, por favor. — vuelve a hablar el profesor, ahora en un tono más alto y autoritario, pero sin llegar a gritar.
Percy se sobresalta, ese tono le recuerda al mismo que usa su mamá para regañarlo y sabe rápidamente que no quiere ganarse un regaño del señor Brunner.
El niño platinado hace una mueca y deja de mirar por la ventana, sus ojos grises se posaron irritados sobre Percy y el chico siente algo extraño en el pecho, un cosquilleo intenso que le hace pensar en un gas.
Le tomaría años entender que fue realmente.
Cuando Draco levanta la mano, Percy camina en automático hacia él.
Se sienta un poco nervioso, enviando miradas de reojo hacia el chico que voltea su rostro para ignorarlo.
Trata de no desanimarse por esto.
—Hola…—Saluda con nerviosismo —Soy Percy. —
Vuelve a presentarse, porque no hay otra cosa que decirle a un extraño, y como si la incomodidad no fuera suficiente ya, Draco lo empeora con una mueca tras mirarlo de arriba abajo.
No dice nada, pero este chico no controla su rostro con las cosas que le desagradan y a Percy le ha quedado muy claro que él es una.
Frunce el ceño indignado.
Bien.
Que se joda.
El tampoco le agrada ahora.
Bufa, acomodándose en su asiento para ver el pizarrón.
…
Percy se hace amigo de Annabeth, la líder de clase, y Grover con bastante rapidez. El resto del salón también se agrupa, chicos conociéndose y otros que ya lo hacen incorporan a los nuevos.
Es agradable.
Excepto…
Voltea curioso hacia Draco, han pasado semanas del inicio de clases y mientras todos parecen adaptarse y hacer amistades, él está solo.
Draco siempre está solo.
—No le des mucha vuelta a eso, Percy. — sugiere Annabeth, sabiendo su línea de pensamientos. Bufa por ser descubierto, pero es imposible ocultarle algo a ella, parece tener ojos en todos lados (aunque en realidad, Percy solo es muy predecible) .— Draco está solo porque así lo prefiere.
—A todos los que se le acercan, los despacha. — dice Grover, suspirando pesadamente. — Ni idea porque es tan arrogante …no es el único chico rico aquí, no tiene que tratarnos como…como…
—¿Insectos?
—Iba a decir algo peor, pero si…— se queja Grover, revisando sus apuntes de matemáticas. Annabeth continúa jugando con su cubo Rubik, respondiendo las dudas de Grover sobre la clase de hoy y resolviendo problemas en los que ambos se enredan un poco.
Percy debería prestarles atención, aprovechar esta oportunidad para estudiar con Annabeth (quien explica mucho mejor que la ogra de su profesora) pero no logra concentrarse en el tema.
Sus ojos se desvían cada cierto tiempo hacia Draco, una sensación rara en el pecho ante la soledad del niño.
Quiere pensar que es empatía, porque Percy también ha llegado a estar solo en las escuelas a las que va, pero es demasiado intenso para ser solo eso.
Su profesor de historia les pide volver a sus asientos cuando llega.
Percy descarta esas raras sensaciones. Su desafío ahora es tratar de no dormirse en historia.
No será fácil.
Pero los héroes nunca tienen misiones fáciles, o eso dice él Sr. Brunner.
…
Percy decide tomar asiento junto a Draco durante el almuerzo.
Draco le da la misma mirada que le daría a una cucaracha sobre una manzana podrida y llena de moho.
Percy trata de no ofenderse por eso.
—¿Qué haces aquí, Jackson? —cuestiona irritado, pero Percy continúa con su almuerzo e ignora la mirada irritada de Draco.
—te acompaño a almorzar. — dice con ligereza, dándole una mordida a su sándwich. —Siempre comes solo y eso está feo, así que te acompaño.—
Percy se encogió de hombros, restándole importancia. Aunque Draco tiene una expresión rara en el rostro con la que no se puede decir si está enojado, irritado, asqueado, incrédulo o fastidiado.
Es una expresión nueva, piensa Percy, nunca lo ha visto así. Su expresión de fastidio, molestia o arrogancia ya las tiene memorizadas ante lo común que son en él.
¿Esté chico no sabe sonreír con sinceridad?
Cuando Draco endurece la mirada, sabe que uno de sus comentarios ácidos con marcado acento británico está por salir, y se prepara mentalmente para los insultos ingeniosos.
Solo que estos nunca llegan.
En su lugar, una mano masculina se posa en el cabello de Draco y hace que se incline hacia adelante en un empujón algo brusco, aunque juguetón.
Percy parpadea y mira curioso a Luke, quien se apoya en el espaldar de su banca. Su sonrisa ladina y burlona mientras mueve la cabeza de Draco de un lado a otro.
—Aw…eso es muy amable de tu parte, Percy. — dice Luke, aunque sin apartar su mirada de Draco— ¿No deberías agradecer, pequeño Draco?
—¡Suéltame!
—Nope — Luke ensanchó su sonrisa — Ya el Sr. Brunner me contó que te está “costando” adaptarte a tu salón de clases y Luna está preocupada de que te están aislando… ya vi que eres tú quien se aparta, pequeño bribón.
Percy pestañea mientras lo ve interactuar, algo perdido en la confianza que se muestra y de forma irónica, él es quien se siente dejado de lado.
Había escuchado que Draco era nuevo, llegó unas semanas antes para el programa de verano, pero era su primer año en Pegasus como la mitad de su salón. Aunque la confianza que se muestra con Luke no podría ser algo de pocas semanas ¿O si?
Cuando está por preguntar el movimiento brusco lo detiene.
—¡No me interesa llevarme bien con ustedes, montón de inadaptados sociales! — es la exclamación de Draco, quien se aleja de ambos a paso marcado.
Incluso dejó su almuerzo a medias en la banca.
Percy observa la espalda del chico alejarse, sin saber qué pensar o hacer. Quiere estar molesto por la actitud de Draco cuando él solo quiere ser amable y alejarse, pero otra parte de sí le pide acercarse al niño solitario de ojos grises.
Qué dilema.
Es muy joven para estos problemas.
El suspiro de Luke hace que voltee y deje de mirar en la dirección que Draco se fue. El chico, prácticamente adulto, tiene una expresión de cansancio mientras sigue mirando al frente.
—Es una reina del drama. —comenta Luke, su voz aburrida aunque Percy noto cierta decepción en sus ojos. — Sé que un grupo grande es un reto mayor, pero realmente esperaba que su experiencia en vacaciones le hubiera ayudado. —murmuró el mayor distraído, tomando asiento junto a Percy.
—¿Experiencia? —murmuró el pelinegro, Luke no contesto y solo recogió el almuerzo de Draco con cuidado. Percy pensó que al ser ellos cercanos, Luke sería quien le devuelva la comida a Draco.
Sin embargo, el rubio dejó la bandeja sobre sus piernas.
Lo miró confundido y Luke sonrió, esa sonrisa ladina y aburrida que hace suspirar a varias chicas de su clase cuando lo ven pasar.
Siempre se quejan de que tiene novia.
Igualmente, eso no las detiene de sonrojarse cuando lo ven pasar.
Percy también se siente algo abochornado.
—Te encargo que le devuelvas esto a Draco… y te encargo al mismo Draco. —dijo en un tono juguetón — Es un niño difícil, algo… bueno, muy berrinchudo. Pero es bueno en el fondo, solo necesita relajarse un poco pero tiene cabeza dura y no parece entender por las buenas.
Luke suelta un suspiro, bastante dramático con la imagen de hermano mayor agotado sobre él.
Percy observó la bandeja de comida, luego a Luke y pensó en esa parte de sí mismo que quiere acercarse a Draco, ser su amigo y apartar esa mirada solitaria en sus ojos. Ahora con Luke abogando por él, lo entiende mejor.
Quiere conocer el lado amable Draco.
Como cuando por fin entiende un tema de matemáticas y siente la cabeza más ligera, la revelación se siente como una ola de energía que le hace sonreír sinceramente a Luke.
—Si, cuenta conmigo, Luke. —-
Las mejillas de Percy se calientan cuando Luke, sonriendo divertido, le agita el cabello de forma suave y juguetona.
…
Percy se tomó en serio las palabras de Luke sobre encargarse de Draco.
Casi, casi convirtiéndose en la sombra del niño rubio, arrastrando consigo a trabajos en equipo o siendo su compañero durante las excursiones.
Por supuesto, Draco no lo hizo fácil. Los primeros meses estuvieron llenos de insultos y terminaron más de una vez en detención por pelearse en los pasillos.
Luke solía guiarlos de regreso a sus dormitorios, riéndose cuando le explicaban los motivos de su pelea cada vez. Cuando Luna los acompaña, Draco y Percy se divertían viendo a la joven regañar a su novio por divertirse a costillas de sus peleas.
Tenían un pacto silencioso de pedir por Luna y Luke para que los escoltaran después de detención. Así podían burlarse del mayor, quien finge una actitud ruda pero parece demasiado suave ante su novia.
Azotado había dicho Draco entre dientes, Percy tuvo que morderse la mejilla para no soltar la carcajada.
Sus primeras interacciones no-conflictivas iniciaron así.
Las vacaciones de navidad les dio un tiempo libre para calmar sus aires y al regresar, Draco parecía más dispuesto a huir de él que confrontarlo.
Lastima por él, Percy tenía más energía y siempre lo alcanzaría cuando saliera corriendo al receso.
Tomó meses que Draco aceptara su destino como amigo de Percy. Pero un día, simplemente se quebró.
Fue durante sus últimos días de primer año, una mañana en la que Draco tomó asiento junto a Percy y comenzó a quejarse de la cena anterior sin que él pelinegro empezara la conversación.
Voluntariamente, sin muecas o fastidio en sus ojos.
Solo un amigo quejándose con otro sobre el sandwich que le dio cólicos toda la noche.
Puede que la sonrisa de Percy fuera tan amplia como para hacer creer a Draco que se burlaba de su mala noche, pero no pudo contenerla.
Más cuando Annabeth entra a los pocos minutos, los observa en silencio y luego suspira con resignación. Sus ojos divertidos al hablar.
—finalmente lo conseguiste.
…
Cualquiera podría decir que Percy forzó aquella amistad, pero nadie negaría la forma en que creció y se fortaleció con los años. Draco y Percy crecieron junto al otro, pilares para las dificultades, pañuelos para el dolor, cómplices de sus locuras y confidentes de sus secretos.
Percy piensa en Draco como su otra mitad, y sabe que es igual para el rubio.
Mejores amigos.
Almas gemelas.
Se pertenecían mutuamente.
Draco era de Percy, Percy era de Draco.
Así es como debía ser, no había nada más que decir al respecto.
Y Percy lo pensó así mucho tiempo, contento con la idea de que sin importar cuanta gente entrara a la vida de Draco, él siempre sería su número uno. No importaba con que chicos Draco saliera, ni el fantasma de esa antigua amistad fallida con un tal Potter (que Percy odia profundamente, la verdad), Percy era su prioridad.
Su número uno.
Tal vez debió darse cuenta de que ese nivel de posesividad en una amistad no era normal.
Que siempre buscara contacto físico con Draco, que tomara en cuenta sus exigentes gustos en cualquier circunstancia, o como sus ojos y atención siempre se desviaba al chico a la menor oportunidad debió haberle dado señales de que sus sentimientos iban más allá de algo platónico.
Fantasear más de una vez con besar a su mejor amigo no era… tan común como Percy quería pensar.
Annabeth tenía razón, era un cabeza de algas.
Tardar 6 años en darse cuenta de que estaba enamorado de su mejor amigo, probablemente desde la primera vez que lo vio, debería ser un patético récord histórico.
Hasta salir con su otra mejor amiga, Annabeth, en una extraña confusión de afectos y negación no hicieron las cosas mejor. Por suerte, terminaron bien después de un par de meses porque Annabeth, como la chica inteligente que es, se dio cuenta de sus sentimientos primero que él.
Que Draco empezara a salir con otro chico (de forma seria, a diferencia de los demás) poco después puede que haya sido el disparador que Percy necesitaba para darse cuenta de lo que sucedía en su corazón.
Como pasar un suiche de luz, de repente todo era demasiado para controlarlo y muy poco para sentirse satisfecho.
Una vez que entendió sus sentimientos, simplemente no hubo vuelta atrás para Percy.
…
—¿Me estás escuchando, Percy? — dijo Draco, sentado al otro extremo del ventanal y su mirada llena de sospecha sobre él.
El pelinegro ahogó un gemido de pánico, no sabe cuánto tiempo estuvo observando el perfil de Draco, pero había sido el suficiente para que el chico terminara de quejarse de su nuevo profesor de arquería y Percy no se diera cuenta.
—Ah…¿Si? — murmura en lo que parece más una pregunta que una afirmación, Draco lo observa con una perfecta ceja pálida arqueada y sabe que no le ha creído nada. — Lo siento, me distraje un momento…—Sonríe con nerviosismo y Draco suspira con pesadez.
En defensa de Percy, no es que quisiera ignorarlo. Le encanta hablar con Draco, escucharlo desahogarse o bromear es un recordatorio constante de la comodidad que siente el chico con él.
Un agradable contraste a todos esos meses que ni los buenos días le dirigía, muchas gracias.
Es solo que a veces, se distrae viendo su rostro. Como un insecto hipnotizado por la luz Percy es atrapado por la forma en que los ojos de Draco brillan o la luz nocturna se refleja en su pálida piel, como sus mejillas y nariz se tornan de un rosa suave por el frío.
—Estás distraido de nuevo. —Draco vuelve a hablar, lo mira con algo entre el cansancio y la molestia y Percy ensancha su sonrisa nerviosa.
—¿Lo siento?
—Muy bien, escúpelo— Draco se ve exasperado, no es buena señal para él— ¿Qué te está pasando? Eres distraído, pero esto es demasiado, incluso para ti. —
Hay firmeza en la voz de Draco, Percy sabe que no tiene escapatoria pero a la vez quisiera tener una porque no sabe cómo decirle dónde anda su mente. No hay manera de explicarle a Draco que se distrajo en su rostro, pensando en tomarle las mejillas, besar su frente, morder sus labios y…
¿Y esa campana?
El suave tintineo de una campana hace a Percy levantar la mirada, notando un pequeño muérdago colgando en el marco de la ventana sobre sus cabezas. Se queda mirando fijamente la pequeña decoración mientras sus mejillas se calientan.
Annabeth y Grover le habían recomendado actuar en este secreto a voces, incentivandolo a confesarse por más renuente que Percy se mostrará al respecto.
Tal vez fuera el miedo al rechazo, pero Percy siempre pensó en esperar el momento adecuado, Annabeth le aseguro que tal cosa no existía y él mismo debería crear su oportunidad.
Sin embargo ¿no sería este un buen momento?
Están solos, cómodos en esta sala donde han compartido tantas cosas los últimos 6 años casi 7, lugar que los vio crecer y de alguna forma vio a Percy enamorarse de este chico profundamente, si hubiera un lugar en el cual cerrar el capítulo.
¿Esté no sería el mejor?
Escucha a Draco refunfuñar sobre Connor dejando muérdagos por todos lados y cuando sus ojos se encuentran, Percy siente aquel mismo cosquilleo de la primera vez solo que más intenso, más fuerte.
Porque al igual que ellos, ese sentimiento creció.
Ve a Draco subirse al mueble con intenciones de quitar el muérdago, las cuales Percy decide interrumpir en un movimiento que puede ser una fuga de valor o una explosión de impulsividad.
Le apuesta a la segunda.
Antes de que Draco pueda acomodarse por completo, Percy sujeta su muñeca y tira de este. Draco no se lo espera y cae de forma tosca sobre Percy, su codo se enterrándose en el costado del pelinegro.
Karma instantáneo.
joder, que duele.
—¿Qué mierda Percy? — gruñe Draco adolorido, su rodilla se ha llevado la peor parte del impacto y cuando trata de apartarse, Percy lo rodea con sus brazos y piernas, manteniéndolo atrapado contra su pecho.
Pestañea, su cara enterrada en el hombro de Percy.
Pestañea nuevamente, los dedos de Percy aferrados a su espalda parecen temblar.
Pestañea dos veces y se estremece, el aliento de Percy en su oreja.
Esto es preocupante.
—¿Percy? — le llama con suavidad y deja de empujarlo, correspondiendo el abrazo ligeramente. Draco piensa sus palabras con cuidado, recuerda los últimos días, semanas, meses y trata de encontrar algún momento malo que pudiera estar afectando a su mejor amigo.
Percy suspira de forma entrecortada, como si tuviera un nudo en la garganta y Draco ya está pensando en matar a alguien cuando la voz suave de Percy le sorprende.
—Eres mi mejor amigo ¿Lo sabes no? —
La voz de Percy está cargada de emoción, suave y dulce pero también nerviosa y asustada. Es extraño, Draco frunce el ceño pero decide no presionar y esperar a lo que Percy desea decirle.
Si sale con una estupidez, lo matara.
—Lo sé, Percy. Tu eres el mío…
Draco espera que hablar en un tono suave le permita a Percy relajarse, su confusión solo aumenta cuando siente al chico sonreír contra su cabello.
—Te voy a decir algo…que tal vez te parezca loco y no me vas a creer…
Percy se separa levemente, mostrando una expresión cálida y tranquila que hace el corazón de Draco latir con nerviosismo. Pocas son las veces que ha visto esa expresión en él, siempre dirigidas a una persona de su profundo afecto, Draco pocas veces la ha recibido.
O eso cree él.
Recuerda cada vez que Percy estaba para él, cada ocasión que recalcó lo importante que era y Draco siente su cerebro fundirse; no puede pensar correctamente con Percy tan cerca, mirándolo así.
Trata de poner su mejor expresión de molestia.
—Percy,te juro que…
—Me gustas.
Draco detiene su amenaza, su expresión de asombro puro.
—¿Qué?
Percy ensancha su sonrisa, tan brillante y bonita que algo en el pecho de Draco se quema, pero no de forma dolorosa. Es cálido como la mano de Percy en su mejilla o los labios que se presionan contra la opuesta.
—Me gustas, Draco…desde…hace mucho de hecho. — Percy se ríe suavemente, nervioso y avergonzado. No es fácil abrirse así, ni siquiera para él que siempre ha sido tan expresivo con lo que siente. Todavía se siente nervioso, todavía tiene miedo de que esto marque una diferencia en su amistad.
Solo que no podía callarlo más tiempo.
—Tal vez más de lo que yo mismo fuera consciente, ya sabes que soy medio idiota para estas cosas y…yo…solo…—
Traga con nerviosismo, porque Draco no dice nada, ni bueno ni malo. Solo lo observa con esos brillantes y sorprendentemente suaves ojos grises que hacen a Percy sentirse atrapado, pero de una forma que no quiere escapar.
El asunto ahora es si Draco quiere conservarlo.
Continúa balbuceando sin darse cuenta, riendo nerviosamente y preparándose para un rechazo cuando Draco le interrumpe.
—¿Desde cuándo? — pregunta el rubio en tono firme y su entrecejo fruncido. Percy sonríe de forma torcida.
—¿No lo sé? —murmuró, pero la mirada descontenta de Draco le hace seguir hablando. —Tal vez desde finales de quinto, cuando Potter por fin se largo al final del intercambio…— Percy hace una mueca — sería el momento que me di cuenta, pero… probablemente me gustabas desde antes, y yo…
—Maldita sea, Lavender tenía razón.
Percy se calla ante el murmullo irritado de Draco, se siente confundido por la repentina mención de Lavender. Está por preguntar que tiene Lavender que ver con su conversión cuando es silenciado por unos labios suaves sobre los suyos.
Un sabor a manzana y un toque de menta lo deja paralizado, aunque sus ojos no se apartan del rostro de Draco.
Lo está besando.
Draco lo está besando bajo el muérdago.
Después de que Percy confesara lo que siente.
Ahora es él quien siente sus mejillas ardiendo y le toma unos segundos reaccionar correctamente. Cuando Draco comienza a mover su boca contra la suya, Percy le toma del rostro y suspira gustoso.
Los labios de Draco son suaves, pero su actitud no es dócil incluso en un beso tierno como este. Quiere tomar y controlar a su paso, tan autoritario como siempre suele ser que Percy no sabe si reír o deleitarse con esto.
Sus dedos se deslizan en el sedoso cabello platinado, tiene el pequeño impulso de jalar de éste que debe controlar hasta que rompen el beso jadeantes y sonrojados.
Ambos se sonríen, sus frentes unidas mientras sus alientos se entrelazan.
Las manos de Draco descansan en sus hombros.
Una mano de Percy se dirige a la cintura de Draco.
Besos ligeros son esparcidos en el rostro del rubio, quien ríe suavemente.
—Supongo que…¿Soy correspondido? —pregunta Percy con una mezcla extraña de nervios y felicidad.
La risa que Draco suelta parece una caricia suave en su pecho.
—Invítame a una cita y averigualo
