Work Text:
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Chocolates Azules
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Draco sabe que tiene una vida cómoda. Sus padres, Lucius Malfoy y Narcissa Malfoy, dos exitosos abogados y herederos de dos pudientes familias, lo han criado en un hogar amoroso, elegante y repleto de comodidades.
Las responsabilidades mínimas, todos sus caprichos infantiles satisfechos.
Una vida privilegiada de la que no era consciente hasta que la realidad lo arrolló como un autobús naranja con el diseño de un pegaso en el costado.
Porque ingresar a Pegasus fue una experiencia arrolladora para Draco, ya que la academia tan prestigiosa como es, carecía de una buena cantidad de comodidades (lujos, le habían llamado Percy y Leo) y poseía una inmensa diversidad cultural en el cuerpo estudiantil que causaba dificultad de adaptación al principio.
Aun con el programa adaptativo al que Draco asistió, había algo abrumante en estar en otro país, rodeado de gente nueva y en una escuela para la que no estaba mentalizado, toda su vida pensó ir a Hogwarts, como sus padres pero terminó en una academia diferente, al otro lado del mundo, sin sus amigos de infancia o una cara conocida.
Todo simplemente es demasiado.
Luego aparece Percy Jackson y Draco quiere subirse al primer avión a Londres.
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Draco es orgulloso y por eso lleva su día a día con la mente en alto, interactuando lo menor posible con sus compañeros para no agotarse antes del primer ciclo de clases, pero en días que nada es suficiente y todo le agobia.
Bueno,Draco tiene sus maneras de bajar su estrés.
Quejarse con su guía designada, Luna Lovegood, es la más fácil y cómoda de hacer. La chica debe tener una paciencia infinita, porque escucha a Draco quejarse de todo y refunfuñar por horas hasta sentirse libre y solo lo observa con brillantes ojos grises, mientras peina su cabello para relajarlo y cuando Draco termine, Luna le brindara una sonrisa que parece la de alguien recién despertado.
Es rara. Determina con rapidez.
También tiene una rara creatividad que de alguna forma calza con su aura suave y tranquila a la que Draco no duda en sacarle provecho cuando su día simplemente es una mierda.
A veces, Luna traerá alguna tarea o actividad para mantener sus manos ocupadas. También habrá días que traerá comidas o postres caseros que compartirá con Draco, aunque el chico no dirá cosas agradables sobre la apariencia o el sabor, pero siempre le comparte.
Lo deja quedarse.
Cuando nadie lo soporta en su clase (Percy no cuenta, Draco es quien no lo soporta), Luna tiene un espacio disponible en la grama para él.
—Me agrada tu compañía.— dice una tarde, entregando una galleta verde con base de jugo de arándanos y naranja. No es una combinación a la que Draco está acostumbrado, pero sabe que no es lo peor que Luna puede hacer.
Se estremece al recordar las galletas de calabaza y papas cocidas.
—Deberías dejar de hacer estas combinaciones culinarias…son un crimen al buen gusto. —dice, pero le da otra mordida a su galleta.
Luna ensancha su sonrisa y continúa haciendo su tarea de historia.
—Me gusta probar cosas nuevas y compartir con mis amigos…hacer postres es una manera de hacer las dos cosas juntas. —se explica de forma distraída. — También es una manera de demostrarles mi cariño, las cosas hechas a mano y con esfuerzo son regalos muy especiales ¿No crees? —
Draco pestañea y diablos, a veces se le olvidan las dificultades de otras clases sociales, no pueden simplemente ir y comprar algo bueno,caro y bonito en una tienda como regalo. Mira a Luna con algo similar a lástima y está por decir algo cuando siente un agarre firme en su cabeza.
Se sobresalta, pero no necesita voltear para saber quien es.
—Dices eso y me haces pensar que los aretes de estrella que te regale no son tan especiales para ti. —Es la queja divertida de Luke, cuya mirada de advertencia se mantiene sobre Draco porque lo conoce y sabe el comentario clasista que estaba por soltar.
Draco insiste que él no es clasista, los demás son pobres.
Luke debería entenderlo, también viene de cierta comodidad gracias a la empresa de paquetería de su padre y el imperio de su abuelo, pero la mala relación con ambos hombres parece nublar su juicio.
Americanos.
Draco sigue comiendo las galletas de Luna, porque es la mejor manera de callar sus comentarios y evitarse un coscorrón del sobreprotector de su novio. También porque es una de las raras ocasiones en que sus abominaciones en realidad tienen buen sabor.
Luna le sonríe a su novio con dulzura y procede a decir la estupidez más cursi que Draco ha oído.
—Luke se esforzó en diseñarlos y busco un trabajo para costearlos él mismo, claro que son especiales. — Luna ensancha su sonrisa mientras juega con la estrella entre sus dedos. — hay esfuerzo y dedicación detrás de cada regalo, tanto a mano como comprado y Luke hizo las dos cosas pensando en mí, es el regalo más especial que podría recibir.
Draco entrecierra los ojos cuando Luna termina de hablar y al ver a Luke, el idiota tiene un fuerte sonrojo en su rostro que trata de esconder en el cabello de su novia.
—Tu honestidad me va a matar un día de estos. —se queja el rubio en un murmullo, Luna se ríe.
—Amas mi honestidad.
Draco amaría que dejaran de ser unos melosos frente a él, vino por terapia gratuita no para ser testigo de su amor juvenil. No se queja en voz alta porque:
Uno, a Luke no le interesan sus quejas
Y dos, el idiota podría decirle a Percy donde se esconde y no quiere perder su único lugar de paz.
Draco sabe elegir sus batallas.
Las galletas se acaban.
Decide irse y no seguir observando a la parejita hacerse ojitos.
Que asco.
…
Draco no vuelve a pensar en las palabras de Luna sobre los regalos en mucho tiempo, pero estas vuelven a él cuando recibe un regalo de la chica en Navidad, un lindo gorro verde con la cara de un dragón.
Es llamativo, mucho, casi al punto de vulgar, pero Draco ama los dragones y no hay manera que se deshaga del gorro que su amiga tejió para él.
“Espero te ayude con el frío, escuche que el invierno en Londres está especialmente feo este año. Usa el gorro para cuidarte de las arañas de nieve, no se te vayan a meter en los oídos.
Feliz navidad”
-Luna
Pd. Luke dice “Hola” ”
Otra nota, más pequeña y que parece guarda a las prisas dice
“No, no lo dije”
Draco sonríe y acaricia el gorro entre sus dedos, se siente suave al tacto y admite que Luna tiene talento tejiendo.
Cuando su madre entra y lo encuentra probándose el gorro frente al espejo, dice con vergüenza que es el regalo de una amiga.
Se siente cálido al decirlo.
Su madre dice que se ve adorable .
Draco guarda el gorro el resto del invierno, porque tiene 11 años y es un niño grande que no debería ser calificado como “adorable”.
Igual le envía una carta a Luna para agradecerle y le recomienda dedicarse más a tejer que cocinar.
Luke le da un potente zape cuando regresan de vacaciones.
Delicado.
…
Draco no entrega regalos hechos a mano.
No tiene ninguna habilidad para hacer un regalo a mano, así que se esfuerza en comprar algo que siempre sea significativo para sus amigos.
Porque a pesar de su rechazo inicial, empieza a hacer amigos en su clase y otras gracias a una persona.
Percy Jackson.
Después de que se resignará a la compañía y amistad del niño pelinegro, fue como si Draco hubiera abierto una puerta y todo el mundo se quisiera acercar.
Era culpa de Percy,totalmente su culpa por ser un imán de personas.
No lo llamaría una mariposa social, sería más como un cachorro de Golden retriever que llama la atención y gana el cariño de todos a su alrededor, arrastrando a Draco siempre en sus locuras.
Draco se queja de su exceso de energía, y bromea mucho con replantearse su amistad.
Aunque no lo haría, nunca.
Percy lo sabe y sonríe cada vez más divertido,siguiéndole el juego sobre un divorcio falso.
No sabe en que momento se vuelven mejores amigos, pero Draco sabe en que momento exacto se dio cuenta de estar enamorado de Percy.
Cuando en una navidad que decidieron pasar en la academia, su segunda navidad como amigos, Percy le entrega su regalo con una sonrisa emocionada y una mirada ansiosa que hizo brincar el corazón de Draco.
Tal vez serían las luces
Tal vez las galletas que envió la señora Sally
O el hecho de que Percy estaba a su lado después de una pelea realmente mala con su padre.
Draco no lo sabe.
Pero al sacar el collar de su caja, Draco siente algo explotar en su pecho al ver las dos conchas de mar decoradas en tonos suaves de verde y azul similares al mar. Una con una “D” y el otro con una “P”, sujetadas con una argolla a una pequeña perla blanca y de ésta a una cadena dorada reluciente como la arena pura de la playa.
—¿Te gusta? — Percy es un libro abierto, su cuerpo, su rostro y mirada demuestra lo nervioso que está y Draco se siente igual, aunque por un motivo diferente.
Sonríe al tomar el collar con la “D” entre sus dedos, se siente suave al tacto y refleja la luz de una forma tan bonita como el mar en las tardes.
Si, es un detalle precioso. Una combinación de colores encantador y con un significado hermoso que hace el corazón de Draco cosquillear.
—¿Tú los hiciste? — pregunta al ponerse el collar con la “D”. Percy lo observa fijamente al hacerlo, hay algo extraño en sus ojos que Draco no identifica y arquea una ceja confundido. —¿Percy?
El chico se sobresalta y parece sonrojarse, pero Draco no puede confirmarlo por la poca luz de la sala. Rasca su mejilla y murmura algo entre dientes que Draco no alcanza a entender, pero le resta importancia cuando el chico vuelve a su expresión emocionada.
—Si…fui a la casa de Playa con … mi papá… —Percy hace una mueca, como si la palabra fuera extraña en sus labios y Draco entiende de donde viene, porque con todo el corazon amable de su amigo es difícil hacerle un espacio a Poseidon.
Draco en lo personal, no lo haría. Ese hombre esta en su lista negra de por vida.
—Cuando paseamos por el pueblo, vi muchos puestos de joyeria así y…
—¿Los compraste?— pregunta por reflejo y Percy parece abochornado antes de tomar el collar con la “P” y colocarselo.
—Los hice… hable con una señora de los puestos, me explico como hacerlo y compre los materiales. — explica con Percy con una sonrisa divertida. — Me costo bastante…las primeras las pinte muy feo y luego hacer el corte para colocar la argolla fue dificil, se me rompían y…
Percy toma asiento junto a Draco, parloteando sobre la cantidad de conchas que rompió, pinto mal, no espero el suficiente tiempo para cubrirla con barniz y Draco solo puedo observarlo con un extraño vacío en el pecho que parece querer tragar al chico y atraparlo dentro de él.
Fue dificil para Percy hacer estos collares, Percy lo intento varias veces hasta obtener tan bonito resultado
Percy se esforzó por darle un regalo.
Aquella sensación cálida que experimentó con el gorro de Dragón regresa por primera vez en años, mucho más intensa y fuerte.
Como una ola del mar caribe, agua calida rodeandolo por completo hasta robarle el aire.
Draco siente sus ojos picar, un nudo en su garganta que se alivia mientras juega con el collar entre sus manos. Como un fantasma, las palabras de Luna sobre los regalos hechos a mano llegan a sus oídos y Draco sonríe suavemente con sinceridad.
Ahora lo entiende mucho mejor.
—Gracias, Percy…es un regalo muy especial.
…
Sus amigos siempre bromean de que Draco y Percy se complementan de una manera que se nota hasta en los regalos.
Percy da regalos hechos a mano, buscando una expresión del amor y aprecio que tiene por sus amigos de forma constante.
Draco da regalos prácticos, pensando siempre en las necesidades de sus amigos y como facilitarles su día a día o sus sueños.
Cuando empiezan a salir (todavía le parece un poco indignante como sus amigos no se sorprendieron, aparentemente, eran demasiados obvios) su primer regalo es justo como acostumbran.
Draco le dio un regalo práctico, que puede usar en su hobbie favorito: una tabla de surf nueva, con el diseño de un dragón marino y una camisa de baño con un dragon blanco bordado.Mientras que Percy le entregó un regalo muy sentimental, una preciosa caja llena de fotos de ambos y brazaletes de cuero azul y verde hechos a mano con una “P”de plata en el suyo.
Hablando de posesividad
Son tal para cual.
Draco se encuentra bastante cómodo con este equilibrio, al menos, hasta que Percy empieza a trabajar.
Le parece raro cuando una tarde, a inicios de año, Percy le dice que consiguió un empleo en las tardes después de clases y de repente, Draco tiene poco tiempo con su novio entre las clases, su club de arquería y el trabajo de Percy.
A veces piensa que su vida es un chiste.
Años al lado de su mejor amigo, enamorado de éste sin remedio y cuando por fin empiezan a salir, no tienen tiempo para verse.
Se siente un poco solo, sensación que aumenta cuando la decoración de San Valentin comienza a inundar los pasillos de la academia, recordándole que tiene novio pero que no pasa mucho tiempo con él.
Maldición.
—¿Por qué no tratas de distraerte con otras cosas? — Le sugiere Lavander una tarde, mientras Draco se queja con la cabeza en su regazo, la chica juega con su cabello mientras le sonríe divertida.— Faltan unos días para San Valentín… ¿Ya tienes su regalo?
Draco frunce el ceño, recordando la cita que había planeado para ambos ese día. Percy le aseguro que estaría libre de su trabajo y lo pasarían juntos, y esta bien para Draco. Un día entero con su novio y mejor amigo suena bien, está seguro que Percy disfrutará la salida al acuario, pero Draco siente que falta algo.
Es su primer San Valentín juntos.
Debería resaltar algo, debería hacer algo…
—¿Alguna vez pensaste en hacer un regalo a mano? —
Lavander le pregunta con cierta diversión, y debe notar algo en los ojos de Draco, porque ensancha su sonrisa.
Draco recuerda la cálida sensación cuando sus amigos le dieron regalos a mano, cuando Percy le dio aquel collar de concha que mantiene en su cuello como un amuleto de buena suerte, o aquella caja llena de recuerdos de ambos.
¿Percy sentiría lo mismo si Draco le entrega algo hecho a mano?
Seguramente.
Sonríe con una idea mental.
Es brillante.
…
Fue una mala idea.
Fue una pésima idea.
¿Por qué siguió adelante con ésta?
Draco quiere golpearse la cabeza contra la pared hasta quedarse inconsciente, porque ahora se encuentra en una situación que no sabe cómo manejar.
Había investigado todo tipo de regalos hechos a mano: los decorativos no le interesaban, las manualidades eran imposibles debido al poco tiempo, y las cartas se sentían demasiado profundas para él en este momento.
En un futuro tal vez, pero ahora no.
Draco optó por unos chocolates
Es tradicional, y bastante sencillo según los videos que estuvo viendo. Leche, cacao en poco, manteca y algún aditivo según lo que quisiera hacer. En general, una receta simple y deliciosa.
Así que quiso subirle a la dificultad porque es un idiota arrogante y piensa poder hacerlo todo bien a la primera.
Busco recetas un tanto más complejas, agregando frutas u otros complementos.
Decidió hacer chocolate blanco con arándanos azules para que alcance el color azul que tanto le gusta a su novio.
Simple pero bonito.
SI tan solo le hubiera salido bien.
Draco tuvo que salir a comprar los materiales varias veces estos días, porque cada bandeja de chocolates parecía quedar peor que la anterior y solo su terquedad evitó que se rindiera, aunque igual se sintió humillado por la dificultad que le presentó hacer una simple bandeja de chocolates.
Perdió la cuenta de cuantas tuvo que desechar.
Ingenuo él por pensar qué hacer chocolate es fácil.
¿Este será su karma por criticar a Luna y sus habilidades culinarias?
Que mierda.
Una bandeja.
Sólo una bandeja de chocolate le había quedado “decente” y “comestible”. Tuvo que renunciar a los moldes de formas complejas, así que ahora solo tenía una bandeja con 20 cuadritos de chocolate azul con trozos de arándano.
Debería botarlo y comprarle a Percy los chocolates más caros de la ciudad.
Debería hacer una fogata y quemar todos esos insultos culinarios a los que trata de llamar chocolates.
Debería…
Toma los bombones con cuidado, colocándolos dentro de la caja azul que preparó para los chocolates y la guarda con cuidado en su nevera privada.
Primero limpiará
Luego se deshará de ellos.
…
No lo hizo
Ahora se arrepiente profundamente.
¿Para que los trajo en primer lugar?
—¿Qué escondes ahí? — es la pregunta divertida de Percy, mientras trata de revisar su costado y Draco trata de apartarlo.
Hace rato regresaron a la academia, pero decidieron pasar la noche en la habitación de Draco. Para compensar los días que estuvo tan ausente, había dicho Percy con las mejillas rojas que hicieron a Draco sospechar que traía algo entre manos.
No es el único, piensa, recordando la pequeña caja que escondió apenas entraron a su habitación.
Draco suspiró con pesadez.
—Yo…intente hacer chocolates. — confiesa, sacando la caja rectangular con un moño azul. Sus mejillas arden de vergüenza y Draco quiere tirarse de cabeza por la ventana— Estupido, lo sé. Nunca he cocinado y pensé que sería fácil pero…—
Destapa la caja de los postres. Pequeños cuadros azules con trozos de fruta aparecieron a la vista. Éstos habían sido los que mejor quedaron en apariencia y sabor, pero no significaban una delicia al paladar. Estaban duros al morder, no la contextura blanda de un buen chocolate, y aunque Draco prefería el chocolate negro, aún para ser un chocolate blanco era demasiado dulce.
—Parecen una piedra. Más un caramelo que un chocolate. — se burla de sí mismo, tomando uno de los cuadros y golpeando el suelo con este. Sonríe burlón, aunque se siente profundamente frustrado.
Se siente como una derrota.
Draco odia perder.
El suave toque de Percy, aunque sus manos sean ásperas por la esgrima, sacan a Draco de sus pensamientos.
El rubio levanta la mirada confundido, sonrojándose por la enorme y cálida sonrisa de Percy. El chico toma entre sus manos la caja de chocolates y Draco lo voltea a ver extrañado, pero su expresión cálida y llena de emoción hace a Draco apenas en su sitio.
—Hiciste…chocolate para mi. — murmura Percy con suavidad y ternura, profundamente conmovido. — Hiciste chocolate azul para mí…— dice y por su voz, parece al borde de llorar.
Draco se siente en shock, no puede entender cómo algo tan patético para él puede causar tan lindas expresiones en Percy. Su pecho cosquillea, algo emocionado que se vuelve pánico cuando ve a Percy llevarse un chocolate a la boca.
—¡Espera! ¡Te dije que no estaba bueno! —exclama, pero Percy parece ignorarlo para sonreír.
—Sabe bien.— dijo Percy con una sonrisa divertida— un poco dulce…pero, sabe bien. Es chocolate blanco con arándanos ¿ no? —
Percy no borra su sonrisa, y mientras habla, se escucha como mantiene el chocolate en su boca en lo que se derrite.
Degustando.
Deleitándose con el feo chocolate de Draco.
Draco solo lo observa con las mejillas calientes, un raro cosquilleo en el pecho por verlo comer tan agusto. Es una sensación diferente a cuando lo ve usar los regalos que le compra, es más como un nerviosismo con alegría que una satisfacción y felicidad.
Percy come un par de chocolates más antes de poner la caja junto a él, lejos del alcance de Draco, como si temiera que tratara de quitarlos nuevamente y voltea su cuerpo hacia el rubio.
—También tengo un regalo para ti…— dice con las mejillas calientes. De su chaqueta, una pequeña caja rectangular blanca con un lazo verde, muy elegante y delicada.
En su interior descansaba dos cadenas plateadas brillantes, un dije de letra en cada cadena y al tomar la “d” entre sus manos Draco puede notar su peso y el pequeño grabado en la parte baja del dije.
Su aniversario.
Una cadena de plata y un dije de su inicial.
—Es…es un Rosen…— murmura Draco con un nudo en la garganta, reconoce esa linea de joyería. — Percy…
—Tuve buenas propinas. —dice el chico con suavidad, tomando el collar con la P y por un segundo Draco piensa que es Percy quien se lo va a poner, pero el chico se acerca a él y rodea su cuello con las manos.
Draco le observa en silencio, su expresión tranquila y concentrada mientras le pone el collar.Las mejillas le arden con cada choque de la respiración de Percy contra su piel y cuando se aparta con una sonrisa satisfecha, Draco tiene que usar mucha fuerza mental para no besarlo.
—¿Sabes? Cuando te di el collar de concha…quería que tu usaras la P. —dije Percy inclinándose hacia el cuello de draco y dejando un beso donde los dos collares se tocan. Draco se estremece por la cálida sensación de sus labios contra su piel fría. — Pero este…se te ve precioso.
Draco cree que el corazón se va a salir de su pecho. La forma que Percy le mira y su sonrisa suave, la luz tenue en su rostro y el collar de D plateada en su cuello.
Maldita sea
Como ama a este idiota.
Toma sus mejillas y une sus labios en un beso profundo y emocionado, donde trata de demostrar la felicidad que le desborda en este momento, del amor que siente. Percy debe entenderlo, porque corresponde con la misma emoción y al tomar lo de la cintura, hace que se siente en su regazo.
Se percata de un sabor dulce y crítico en la boca de Percy, posiblemente debido al chocolate y al deslizar las manos por su cuello, sonríe al sentir el fresco de la cadena de plata.
Percy se resiste a romper el beso y vuelve a acercar su rostro, pero Draco lo detiene con un pico suave.
—¿Entonces te buscaste un trabajo para comprarme un collar de “P” ?
—Debía marcar territorio. — dijo Percy juguetón, sus ojos brillantes. — Tú tampoco eres muy sutil poniendo un Dragón blanco en cada suéter o camisa que me das.
—¿Eso es una queja?
—Para nada.
Draco ensancha su sonrisa divertido y vuelve a besar al pelinegro en lo que parece el inicio de una larga sesion de besos.
Tal vez de un poco más
Draco no se quejaría
