Work Text:
Will Solace se considera a sí mismo una persona inteligente.
No es un genio académico como Annabeth o alguien con una astucia afilada como Draco, tampoco un genio de la mecánica como Leo, pero…se considera inteligente.
No por nada es de los primeros lugares en sus clases de preparación para la universidad de medicina.
El sistema nervioso es su preferido para estudiar, mencionar la cantidad de nervios principales y su ubicación es su manera de contar ovejas para dormir.
No quiere presumir, pero no cualquiera puede hacerlo. Su profesor admira esta capacidad de memorización y análisis rápido que Will ha desarrollado durante sus clases.
Aunque también tiene su talón de Aquiles.
Además de su nulo talento para la música (Irónico, siendo que sus dos padres son músicos) Will tiene un severo problema con los idiomas.
Por más que intenta aprender un idioma, no se le da. Quiere culpar a su dislexia, pero varios chicos de su academia también lo son y hablan hasta 5 idiomas.
Entonces Will solo asume que no es lo suyo y se resigna, de cualquier forma no tenía una necesidad urgente de aprender un idioma.
Luego escucha a Nico hablar italiano.
Y la percepción que tenía sobre los idiomas cambia drásticamente.
La manera en que la voz de Nico parece agravarse, como la “r” parece deslizar de sus labios y cuando pronuncia la “z”.
Cielos.
Will nunca se había sonrojado tanto por una conversación que no lo incluía, especialmente al no entender ni media palabra
Pero se escucha bonito, le gustaría escuchar a Nico hablar italiano más seguido.
Tristemente, no es posible cuando nadie en su círculo habla italiano y Nico no está interesado en usar su lengua madre con nadie aparte de su hermana.
Ahí es cuando Will puede decir que es algo terco, porque toma sus opciones y una tarde, mientras se acurruca en el pecho de Nico y el pelinegro juega de forma distraída con sus dedos presenta su inocente propuesta.
—¿Me enseñas italiano? —preguntó con una sonrisa suave, la que ensancha cuando Nico deja de jugar con sus dedos y baja la mirada hacia él claramente confundido.
Él conoce su talón de aquiles.
—¿De verdad? — pregunta con voz suave, a lo que Will ensancha su sonrisa y asiente.
Un brillo suave y cálido en sus ojos le demuestran a Will que antes de siquiera decirlo, Nico ya ha aceptado.
Un mini Will mental levanta los brazos victorioso.
.
.
.
Mini Will mental se arranca el cabello desesperado.
Le cuesta, sabía que le costaría y Nico también lo sabía pero eso no lo hace menos frustrante.
Maldita sea ¿Porque nadie le dijo que las lenguas romances eran tan complicadas?
Un mes y apenas puede dar los buenos días, todavía confunde pronombres y hay palabras que son un simple “no” en pronunciación. Siente que no avanza nada, más bien retrocede en cada sesión.
Terrible.
Sabe que Nico lo ama mucho cuando lo mira con ganas de arrancarle la cabeza cada que Will malogra su lengua madre (sin intención), pero en vez de pegarle un libro en la cabeza Nico solo suspira profundo y le dice que tome un descanso.
Luego sale de la habitación y Will hace un puchero porque él no se encuentra cansado, sino que es Nico quien necesita apartarse por paciencia.
Es frustrante enseñar y que no te entiendan, por eso Will dejó de ser tutor.
Tal vez debería renunciar a estas sesiones, pero la mirada de orgullo en los ojos de Nico cuando aprendió sus primeras palabras lo hacen detenerse.
Esto hace feliz a su novio,Will tomaría el sol en sus manos si eso hace feliz a Nico.
Aprender italiano no es imposible.
—Debo esforzarme más. — se dice a sí mismo antes de dejarse caer sobre la cama de Nico.
Will solo quería descansar la espalda (y acurrucarse en las sábanas que parecen impregnadas con el olor de su novio y su perfume) pero el sonido de algo quebrarse bajo su peso le hace abrir los ojos horrorizado.
Oh no.
Will se levanta rápido y descubre las mantas para buscar el objeto roto. Se relaja, es un simple lápiz, pero al recogerlo nota un papel mal doblado junto a este.
Parpadea y curioso lo toma entre sus dedos.
Es una carta, hecha por Nico y que parece estar a medio terminar.
Reconoce la letra, pero no entiende mucho.
“Querido Will” “días” “bueno” “idiota” son las pocas palabras que logra comprender y no son suficientes para el mensaje en una carta de dos párrafos.
Solo sabe que está dirigida hacia él.
En un idioma que no entiende.
El sonido de la puerta abrirse hace que Will voltee, viendo a Nico ingresar con dos bolsas de botana para ambos. De repente, Will se siente en medio de una travesura sin saber si el atrapado fue él o Nico.
—¿Me hiciste una carta en italiano? — pregunta con un deje de diversión y ternura en su voz, mientras le muestra la carta hacia su novio.
Nico, quien había vuelto con una expresión tranquila y relajada, se tensó y su rostro se deformó en una expresión de pánico. Rápido como el ataque de una serpiente toma la carta en las manos de Will y la esconde en su bolsillo.
Esta reacción preocupa al rubio, más aún ante la interrogante firme del mayor.
—¿Dónde la encontraste? —pregunta, sus hombros tensos y sus labios apretados, en una postura claramente defensiva que Will nota de inmediato.
Sonríe apenado, tratando de apaciguar los nervios de Nico, por mucho que su reacción dispare la vena curiosa en él.
—No estaba husmeando. —aclara rápidamente y hace su cuerpo a un lado, mostrando la cama desordenada. Nico lo observa fijamente, luego al pasar su atención a la cama toma unos segundos para que sus hombros se relajen, como si entendiera por completo lo sucedido.
De igual manera, Will procede a explicarse con más detalle.
—Me dejé caer sobre la manta y terminé rompiendo el lápiz, me asusté por el ruido y cuando levanté la manta, encontré la carta…— Will habla en tono suave y relajándose a la par de Nico, quien suspira pesadamente después de unos segundos en silencio.
Lo oye murmurar algo entre dientes, pero no alcanza a entenderle y un cosquilleo extraño nace en su garganta ante la expectativa de una discusión.
Esto no sucede.
Nico simplemente guarda la carta en una gaveta de su escritorio y antes de que Will pueda murmurar una disculpa, Nico le toma la muñeca con suavidad. El rubio se siente un poco nervioso, pero esa sensación se disipa cuando Nico dejá besos suaves en la punta de sus dedos. Algo que siempre hace para animarlo, aunque nunca le ha dicho el porqué.
Mordisquea el interior de su mejilla, pero sonríe suavemente cuando Nico lo hace.
—Era una carta privada ¿Sabes?
—Lo siento.
—Está bien, no lo sabías…y fue mi culpa por desordenado. — la sonrisa de Nico se vuelve incómoda, es el color rojo de sus orejas lo que evita que Will entré en pánico.
Nico está avergonzado.
—¿Qué tanto entendiste? —pregunta el pelinegro en un murmullo que Will apenas alcanza a escuchar.
El rubio parpadea, repasando la pregunta en su mente un par de veces antes de que la respuesta lo convierta a él en el avergonzado.
—No mucho, la verdad. —confiesa y con su mano libre se rasca la mejilla —Se que estaba dirigida a mí porque arriba decía “querido Will” pero dentro de la carta solo entendí “días”, “bueno” y una que otra palabra…—
Las mejillas de Will se calientan mientras Nico le mira fijamente, sus oscuros ojos marrones parecen mirar dentro de su alma y Will de repente se siente como el niño de primer año que chocó con aquel chico italiano de tercero en el pasillo.
¿Cuánto ha pasado de eso?
¿Siete años?
—Estás peor de lo que pensé. —dice Nico después de un rato en silencio, sonriendo de esa forma perezosa que debería ser ilegal.
Es demasiado sexy para el bienestar de Will.
Incluso si acaba de reírse porque su italiano es más malo de lo que pensó.
—Vamos a dejarlo hasta aquí por hoy… —sugiere Nico, entrelazando sus dedos antes de tirar suavemente de su mano para guiarle hacia la salida. Will se deja arrastrar un poco perdido, pero devuelve su apretón. —¿Quieres ir por un helado? —
Nico le sonríe de forma suave, esa que relaja su rostro y le hace parecer más joven que su expresión gruñona de siempre. Esa sonrisa que solo está guardada para sus seres amados y Will siente su corazón derretirse mientras le corresponde de forma más amplia.
Asiente y para dejar el tema de la carta de lado, Will comienza a hablar sobre el último episodio de una serie que estaba viendo. No quiere pensar más en la misteriosa carta o la recelosa reacción de Nico.
Si él quisiera entregarle esa caja, lo habría hecho hace rato.
Si no fue así, es porque no quiere hacerlo y Will no va a presionar el tema.
…
Will dijo que dejaría ir el tema de la carta.
No he dejado de pensar en ésta desde que dejó la casa de Nico.
Quiere preguntarle a Nico por la carta, pero se contiene al recordar lo tenso que estaba cuando le vio con la susodicha en sus manos.
No quiere presionarlo y que se vaya a incomodar.
Por otro lado, realmente tiene curiosidad.
Suspira pesadamente, qué dilema.
—Ahí estás.
La voz de su novio lo hace sobresaltar, estaba tan metido en sus pensamientos que ni siquiera le escuchó acercarse. Esta parte del patio suele estar sola y Will necesitaba un momento para pensar lejos del asunto de la carta, aunque su cerebro traidor tuviera otros planes.
E invocara a su novio en el proceso.
—Hola neks.— saluda sonriente, levantando el rostro hacia el pelinegro. A pesar de sus turbulentos pensamientos está genuinamente feliz de ver a su chico.
Su guapo, mandón, emo y malicioso chico.
Quien tiene una caja de madera oscura en sus manos. Will observa ésta con curiosidad, también por lo llamativa que es. La tapa y el frente se encuentran tallados con figuras de flores, en cada esquina tiene unos adornos protectores que brillan en dorado con el sol, el seguro descansa hacia abajo, listo para recibir el candado que le cierre.
—¿Y eso? — pregunta, la curiosidad es una virtud y un defecto que tiene y no ha logrado controlar con los años.
A veces le sirve, a veces lo condena.
No todo es bueno en la vida.
Nico debe pensar igual, porque se muestra pensativo y refunfuña algo entre dientes antes de sentarse frente a él en la grama.
¿Es tonto amarlo más por esto?
Nico odia la grama, le causa picazón y se pega en su ropa. Pero a Will le encanta pasar el rato sentado a la sombra de un árbol y jugar con la grama entre sus dedos.
Y sólo por eso, Nico se muestra dispuesto a tolerar la molestia verde y tomar asiento junto a él.
—Es…son…— Nico balbucea sujetando el pequeño cofre entre sus manos, claramente incómodo y avergonzado por su contenido. Está luchando por abrirse, lo que sea que haya en ese cofre es importante para él y quiere compartirlo con Will.
Le toma de la mano tratando de darle calma y cuando Nico lo mira con sus ojos irritados, Will sonríe para darle ánimos.
Parece funcionar.
Nico lo observa, puede ver la duda en sus ojos, pero no retrocede y en su lugar, suspira pesadamente. Luego extiende el cofre con ambas manos hacia Will, ofreciéndolo.
El rubio lo recibe confundido.
—¿Para mí?
—No. — responde Nico al instante, casi brusco aunque vuelve a hablar en un tono más suave. —no…bueno, si…tu ¿Recuerdas que estuve en terapia un tiempo?—
Nico desvía la mirada, el tema demasiado sensible a pesar del tiempo transcurrido. Will mordisquea su mejilla, indeciso en que hacer o decir. No quiere ir por el cliché de decir “te entiendo” porque no es posible, no es cierto. Así que en vez de palabras de consuelo vacío, apoya una mano en la rodilla de Nico y le da una caricia suave, una muestra física de que no está solo
Will está con él, está aquí para él.
Nico le sonríe de forma tenue, sin ánimos, pero apoya su mano sobre la de Will y le responde con un pequeño apretón. Luego desvía la mirada hacia la caja y suspira pesadamente, sus mejillas tomando de un ligero tono rosa.
—Parte de mi terapia era…escribir lo que sentía en cartas. — se explica y Will inclina su rostro confundido, antes de que la claridad llegue a su mente.
Oh.
Queriendo confirmar su teoría levanta el seguro, deteniéndose un segundo para apreciar la belleza del cofre. Se nota antiguo, pero está en perfecto estado y le demuestra lo mucho que Nico ha cuidado de esta posesión.
Sus dedos se deslizan sobre el nombre tallado bajo el seguro
“ Maria Di Angelo ”
La madre de Nico.
El corazón de Will se hace chiquito en su pecho, sabiendo al instante lo preciada que es esta caja para Nico solo por ser un recuerdo de su madre.
Su delicadeza es similar a la de quien cuida un tesoro cuando la abre.
El interior de la caja está cubierta por un precioso y bien cuidado terciopelo verde, pero Will no puede apreciar mucho de este debido a la cantidad de cartas en el interior, tantas que parece apunto de desbordarse. Puede ver su nombre en varias cartas, escrito en la caligrafía cursiva que Nico solo usa para el italiano (el chico insiste en que ese tipo de caligrafía solo se ve bonita en lenguas romances, para Will se vería bien en cualquier idioma) y Will confirma sus sospechas con una vergonzoso cosquilleo en su vientre.
Son para él.
Nico le escribió cartas.
Muchas y por mucho tiempo si el color amarillento de algunas cartas dice algo.
Toma una entre sus manos y al revisar, sonríe con nerviosismo al ver las palabras en italiano.
El mini-Will en su mente se tira al suelo haciendo un berrinche .
Como no es de sorprender, no entiende nada más que dos o tres palabras.
Nico sonríe ladinamente, como si a través de su expresión pudiera ver el berrinche del mini-Will y se divierte por esto.
Es un idiota.
Un guapo idiota emo.
—Esas cartas…las escribí cada vez que algo se sentía muy fuerte o demasiado…de la forma buena. — Dice Nico, mientras desliza sus pálidos dedos dentro del cofre y recoge las cartas. — tenía tiempo pensando entregartelas… que encontrarás una en mi cuarto, bueno… me motivó a dar el paso.
Will nunca se había sentido tan feliz de ser un poco (muy) curioso, porque ha incentivado a su novio a tomar un paso importante y se siente feliz porque se esté abriendo. Quiere gritar que eso es maravilloso, que Nico lo enorgullece y está feliz por él.
Cada paso, pequeño o grande es importante en el progreso.
Sin embargo…
—¿Por qué guardas mis cartas? —pregunta, indignación en su voz cuando Nico guarda las cartas en su bolso.
Le ha dejado unas pocas, dos o tres, incluyendo la que Will tiene en sus manos.
El rubio hace un puchero, el pelinegro ensancha su sonrisa socarrona.
—No tiene mucho sentido entregartelas cuando no entiendes lo que dice allí ¿No?— dice Nico, levantándose de la grama. Balancea sobre su hombro la mochila donde tiene las cartas de Will como rehenes.
Este idiota.
Will quiere protestar, pero Nico apoya un pulgar sobre sus labios y el rubio queda paralizado por segundos. Sus mejillas se calientan cuando Nico se inclina, sus labios tocando el oído de Will cuando susurra:
“Si empiezas a mejorar a tu italiano, te entregaré una a una cada carta”
Will casi lo pierde allí, estremeciéndose de pies a cabeza.
Observa a su novio enderezarse con una arrogante en sus labios, el cabello recogido en una semi cebolla despeinada y la forma que la luz hace contraluz en su espalda.
Cielos.
¿Por qué este chico está tan caliente?
No es justo para los simples mortales como él.
— Nos vemos en mi casa, mio caro Sole.
Y se va.
Dejando allí a Will con su sonrojo, sus tres cartas que no entiende, y una fuerte necesidad de follarse a su novio en el primer baño que encuentren.
…
Si alguien pensó que Will se rendiría con el italiano, subestimaron su curiosidad y la inteligencia de su novio.
Porque en retrospectiva, el sistema de recompensas funcionó de maravilla; un par de semanas y Will pudo leer oraciones de cinco palabras.
Los adjetivos y nombres seguían siendo un problema, pero Will encontró comodidad en las más comunes de la carta:
"Radiante" y "Sol"
Cada que vuelve a leer la carta, su corazón se estremece al reconocer esas dos.
'Estimado Will Solace.
Ya entiendo porque Draco te cuida tanto, sei così gentile e disponibile. Mi esaspera quando cerchi sempre di aiutare tutti.
...
No entiendo ¿Cómo puedes ser así?
... como un sol hecho persona, brillante todo el tiempo.
Positivo, amable, cálido.
Radiante.
Usaré lentes de sol si vuelves a sonreír así
Tu sonrisa es hermosa, pero no quiero quedar ciego
Atentamente, Niccolo Di Angelo'
Will sonríe encantado, tal vez como un baboso enamorado, pero es inevitable cuando su novio escribió tan lindas palabras hacia él. Incluso cuando aún no salían, tal vez cuando apenas empezaron a ser amigos.
Las ansias por leer las otras cartas crecen y Will toma su cuaderno rápidamente, copia las frases que no entiende (porque ni loco daña la carta de Nico con un indigno resaltador) y guarda la carta en el mismo cofre que Nico le dio con absoluto cuidado.
No puede evitar acariciar el pequeño cofre con los dedos, delineando la madera tallada y el nombre en esta.
“Di Angelo”
¿Will Di Angelo?
Nicollo Solace
Will golpea su frente, apartando esos pensamientos al tomar su diccionario de italiano para trabajar en las frases faltantes.
No debería pensar en eso tan pronto.
Se siente indignado y divertido a partes iguales cuando entiende una frase bastante larga.
Se las verá con él.
…
Otro par de semanas, y 5 cartas más prueban lo bien que Will está avanzando con su italiano.
La pronunciación aún se le complica, pero Nico está feliz y orgulloso de cómo ha ampliado su vocabulario en mes y medio.
Le regala un libro, sencillo, pero un clásico fácil de leer.
“El viejo y el mar”
Will no debería emocionarse tanto porque su novio le regale un libro viejo para estudiar, pero al ver la letra de Nico (un poco más rústica y menos pulida) en la primera hoja entiende que este libro era de él.
Un regalo de su madre.
Will duda en recibirlo pero Nico insiste con esa sonrisa suave a la que el rubio no se puede resistir.
Entonces tiene un libro que leer, y cartas que traducir.
De alguna forma, el libro se siente tan cálido como las cartas cuando aprende que fue el primer libro que Nico leyó.
La cantidad de dibujos de calaveras en las hojas era adorable.
...
Sus amigos lo miran extrañados cuando lo ven cargar un diccionario de italiano de arriba a abajo, murmurando en sus ratos libres cuando lucha con la traducción de algunas cartas.
Draco le sugiere usar traductor google.
Will casi le arranca la cabeza de la indignación.
Nico se esforzó haciendo esas cartas, Will quiere ser recíproco en sus sentimientos y traducirlas con la misma emoción y esfuerzo.
Cuando llega a esta carta, sabe que su esfuerzo valió la pena.
“ Querido Will.
Vas a matarme un día de estos, porque pareces dispuesto a que me dé un infarto.
Tu pasión por la medicina y ayudar me conmueve, me recuerda que tienes un fuerte deseo de ayudar que no podría encajar de otra manera más perfecta contigo.
Como un sol cálido, un tacto saludable …
A veces me pregunto cómo se sentiría ser sanado por tus manos, sentir ese cuidado y esmero que le pones a tu trabajo.
Pero perdería la cabeza (si no la perdí ya) porque al más mínimo toque querré más.
Querré tomar tus manos, sentirlas en mi cabello, mi rostro, tomar tus muñecas y besar esos dedos suaves pero que son firmes al llamado del deber.
Las manos de un sanador.
No se qué has hecho conmigo
Me has deslumbrado como un sol radiante
-Tuyo, Nico Di Angelo”
Will sonríe ampliamente, leyendo la carta varias veces al entender con esta el gesto de Nico de siempre besar sus dedos.
Su corazón late con prisas y deja un beso suave en la pulsera que Nico le dio.
…
A Nico le tomo años escribir esas cartas, debería sentirse indignado cuando Will las traduce y entiende todas en unos meses.
Debería sentirse indignado.
Pero el orgullo que siente cada vez que Will le contesta una frase en italiano, le entiende una expresión o simplemente pasa la tarde con él leyendo los viejos libros de su madre
Si, Nico no puede enojarse con él.
—Will.—
Le llama con suavidad y él levanta la mirada de su texto, sonriendo de forma suave. Aunque su sonrisa se ensancha emocionada cuando Nico le acerca un papel doblado.
Otra carta.
La primera que recibe a tiempo.
Will comienza a leer emocionado, pero sus mejillas comienzan a teñirse de rojo a medida que avanza.
Nico sabe lo que dice, él mismo lo escribió.
“ Mi querido sol.
Radiante y brillante.
Tan cerca y lejos, porque demasiadas responsabilidades te ocupan y apartan.
Quiero tenerte conmigo, a mi lado sin preocuparme porque debas irte a estudiar.
Quédate conmigo.
Quiero arder contigo.
Quiero morder tus labios y besar cada extensión de esa piel bronceada, sentir esas manos sanadoras aliviar mis tensiones al deslizarse en mi pecho, espalda cuando acaricien mi…”
—¡ Nico!— Will chilla abochornado cuando Nico aprovechó su distracción y tomó asiento detrás de él, dejando besos lentos y húmedos sobre su nuca.
Lo escucha ahogar un sollozo cuando Nico desliza su lengua sobre la línea de su columna, ese punto sensible que lo hace estremecer y Nico lo sabe.
Sonríe cuando Will inclina su cabeza, dándole más acceso que Nico no va a desaprovechar.
—Tu querías recibir las cartas…que te parece si ahora…¿Hacemos real lo que está escrito en el papel?—ronronea mientras desliza una mano hasta su pantalón, soltando el botón con sus dedos de forma ágil.
Ventajas del violín.
Will las conoce bien.
—eres un calenturiento. —jadea y se estremece cuando los dedos fríos de Nico se deslizan dentro de su camisa y acarician la piel de su abdomen.
Cuando toma su miembro en una mano, Will deja caer su cabeza en el hombro de Nico, soltando un gemido suave mientras se derrite en las atenciones de su novio.
Nico acerca sus labios al oído del rubio, ronroneando con voz ronca.
—Mi riscaldi, mio sole
