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Karma

Summary:

Enzo y Julián tienen una conversación telefónica a fines de enero, un par de días después de verse en Madrid. Y, a esa altura del partido, Julián ya debería haber aprendido a no gastar a Enzo si no quiere consecuencias.

Notes:

Disclaimer: es todo ficción, pero en mi mente es canon (y lo que debería haber pasado si el mundo fuera un lugar justo). Vengo con un mes de delay.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Julián se había sentado en el sillón del living, con aquella extraña libertad que le daba tener toda la casa para él solo. Emilia había salido con una de sus amigas a cenar, por lo que el futbolista estaba sentado en el sillón de su hogar en Madrid en absoluto silencio. Tarzán lo miraba, echado en la otra punta del mueble, esperando que el castaño siguiera jugando con él. Julián dio una palmada al sillón para que el animal se acostara más cerca y comenzó a hacerle mimos en la panza. Estaba agotado de jugar, ese perro no se cansaba nunca. 

Cuando Julián le había dicho a Enzo que iba a estar solo en casa, el morocho le había preguntado si lo podía llamar. Era algo que solían hacer frecuentemente, en especial desde que Enzo se había separado y tenía más tiempo libre. Julián se sentía un poco mal por él, pensando que estaba solo en su enrome vivienda en las afueras de Londres, acompañado por las frías noches de invierno y sin nadie con quién hablar. Cuando se habían visto hacía unos días, ahí mismo en aquella casa, el jugador le había confesado que se sentía un poco solo y Julián se había puesto triste por él. No debía ser fácil. A veces odiaba que ya no estuvieran en el mismo país, donde la distancia podía resolverse con un viaje en auto o en tren. 

El castaño se había acostado a lo largo del sillón, con la cabeza en el apoyabrazos, y Tarzán pronto se había recostado a su lado. En realidad no tanto a su lado, sino más bien sobre él. Julián había acomodado el teléfono para iniciar una videollamada, dándose cuenta que el perro dejaba solamente visibles sus ojos y su flequillo al observarse en la pantalla. El cabello castaño, que ya estaba algo largo, le había quedado despeinado hacia arriba. 

—¡Hola, bola de pelos! —le había dicho Enzo cuando había tomado la llamada—. ¡Hola a vos también, Tarzán! 

Julián sonrió, tratando de mover un poco la cabeza del perro para que se le viera el resto de la cara. Tarzán dejó varios besos en su mejilla, pensando que quería jugar, y Julián frunció el ceño y arrugó la nariz cuando el perro le empezó a chupar la boca. Enzo se empezó a reír en la pantalla, aunque a Julián se le estaba dificultando observarlo. El morocho tenía puestos sus anteojos y se veían sus ojos achinados detrás de los cristales. Julián siempre lo cargaba por ellos, aunque en realidad le daban un poco de ternura. 

—Mirá que si me llamás para que vea cómo chapás con Tarzán y darme celos te corto, eh.

A Julián le agarró un ataque de risa cuando el perro se puso todavía más intenso y se le acostó encima, casi tirándole el teléfono de las manos, todavía chupándole la cara frenéticamente. Aunque Enzo había amenazado con cortar la llamada, parecía divertidísimo ante el padecimiento de Julián, que literalmente había quedado atrapado bajo el animal y estaba tratando de seguir enfocando con el celular. El perro había crecido tanto en el último tiempo que ya sacárselo de encima no era tan fácil como antes. 

—¿Qué le dan de comer, boludo? —preguntó el menor, mientras Julián conseguía calmar al animal, que se había puesto panza arriba sobre el sillón para que comenzara a hacerle caricias otra vez—. En cualquier momento te podés ir arriba de él a entrenar. 

El castaño se rio, todavía recuperando el aliento ante el forcejeo.  

—Sí, todo el mundo está diciendo lo mismo —murmuró, con una media sonrisa. 

—Y sí, si Emilia subió doscientas fotos del perro ese de mierda —le respondió el morocho haciéndose el malo, aunque el castaño sabía que se refería a Tarzán así en joda—. Con tal que dejaran de hablar de nosotros… —agregó, casi para él mismo. 

—No lo hizo por eso —dijo Julián, rodando los ojos—. La gente estaba insoportable igual. 

Enzo se encogió de hombros como si no estuviera tan de acuerdo. Julián sabía que al morocho toda aquella situación, en realidad, lo divertía. A Enzo le parecía entretenidísimo que hablaran de él, más desde que estaba soltero. Todo el mundo le inventaba rumores sobre parejas y chicas que estaba viendo y él se cagaba de risa. Hasta donde Julián sabía, el mediocampista no se estaba viendo con nadie pero ya lo habían vinculado con tres o cuatro famosas distintas. 

—Vos no sé de qué te reís, culiau, si te viven inventando novias —le dijo, haciéndole mimos al perro mientras volvía a acomodar bien la cabeza contra el apoyabrazos del sillón.

Novios, en todo caso —dijo Enzo, que parecía estar apoyado contra el respaldo de su cama—. Vos entrás en esa bolsa, eh, no te hagas el pelotudo. 

Julián rodó los ojos, aunque tenía una ligera sonrisa de lado. 

—Ni ahí. 

Enzo lo miró, con una expresión porfiada. 

—Vos sabés que todo el mundo piensa que cogemos, ¿no?

Julián alzó las cejas, mirándolo con reproche ante la elección de palabras, pero Enzo simplemente le sonrió. 

—Piensan que estamos juntos —corrigió el castaño, que siempre era un poco más diplomático, entrecerrando un poco los ojos y sin atreverse a decir en voz alta lo que la gente en realidad creía. Piensan que estamos enamorados, pensó, pero no dijo nada. 

—Y que cogemos —repitió Enzo, con total normalidad, haciendo un gesto con la mano como para restarle importancia—. Literalmente leí gente en Twitter diciendo que me había tomado un avión para ir a cogerte a tu casa y volver. 

Julián frunció el ceño, aunque en sus labios una sonrisa amenazaba con formarse. 

—Qué romántico —murmuró el cordobés—. ¿No era que no tenías Twitter vos? 

El morocho le dio una mirada al estilo del meme de Wanda y Zaira, esa de somos pocos y nos conocemos mucho. Julián se rio entre dientes porque era un caso perdido. Enzo era demasiado chusma como para no leer lo que decían sobre él en redes sociales, sin importar cuál fuera. Le encantaba saberlo todo. 

—Les tendría que dar un poco más de fanservice —dijo Enzo, frunciendo los labios mientras se llevaba una mano a la barbilla y pretendía que pensaba. 

Julián soltó una honesta carcajada ante la expresión, haciendo que su amigo sonriera también. 

—¿Qué decís, ridículo? —le dijo, estirando la última palabra, sin poder dejar de reírse—. Cuando llegaste a Londres no sabías decir ni good afternoon y ahora el tipo te tira fanservice —lo gastó el cordobés, acariciando la cabeza del perro. Estaba seguro que Enzo había escuchado aquella expresión de Rodrigo; no tenía pruebas pero tampoco dudas—. Dejá de hacerte del galán, dale, ‘já de joder que después te comés los mocos. 

—¿Qué?, ¿me estás midiendo?  —le preguntó Enzo lentamente, mirándolo desafiante a través de la pantalla de su teléfono. Toda su expresión cambiaba cuando había un reto en el medio de los dos.

Julián volvió a reírse, porque lo que más extrañaba de estar con Enzo eran sus conversaciones sin sentido y aquellos tontos desafíos entre ellos. El tono de sus conversaciones siempre, de alguna manera, terminaba yendo para ese lado. El chico de San Martín era la persona más competitiva e infantil que conocía, algo que Julián todavía tenía que tener más presente, aún a pesar de todos los años de amistad. El cordobés amaba seguirle la corriente y hacerle frente, incluso cuando después tuviera que lidiar con las consecuencias de ello.  

—Salí de acá, te hacés el malo y después arrugás —lo provocó Julián, divertido.

—¿Apostamos? —dijo rápidamente Enzo, siempre listo para un reto entre los dos. 

—No —replicó el castaño, tan rápido como había salido la pregunta de los labios del otro—. No hagas ninguna boludez que si no después se ponen peores —murmuró.

—Y se te enoja la jabru, ya sé —agregó Enzo, risueño.

Julián volvió a darle una mirada que pretendía ser reprobatoria, aunque realmente nunca tenía ese efecto. El gran problema que tenía el chico de Calchín era que Enzo sabía perfectamente que nunca podía enojarse con él. Sin importar lo que dijera o hiciera, las apuestas y los desafíos entre ellos o las veces que Julián perdiera o se metiera en quilombos por él, el futbolista del Chelsea sabía que siempre iba a salir impune cuando se trataba de Julián. El castaño estaba seguro que debía ser el karma, algo que alguien se le estaba cobrando de otra vida. 

Los dos chicos se quedaron hablando un rato más, sobre todo y nada en particular. A veces tenían aquel tipo de llamadas, en especial desde que Enzo estaba solo, y Julián las encontraba increíblemente reconfortantes. Enzo siempre había sido su casa, de alguna manera, a lo largo de los años. Hablar con él, estar con él, siempre lo hacía sentir un poco más cerca del lugar al que pertenecía. 

—Y no jodas, eh —le había recordado Julián, antes de despedirse—. No hagas boludeces, ¿me escuchaste?

—Sí, señor —le había dicho el morocho, con una amplia sonrisa. 

Ese sábado el Atlético de Madrid jugaba de local contra el Villarreal, en un partido que el equipo necesitaba ganar para mantenerse arriba en la tabla. Había sido un encuentro duro y los colchoneros habían conseguido solamente un empate, por lo que los ánimos estaban un poco caídos cuando habían vuelto al vestuario. Rodrigo y Julián se habían quedado algo rezagados, tomándose con calma la vuelta a casa y permaneciendo un rato más en el club. 

El Chelsea jugaba también aquella tarde y Rodrigo sabía que entre Enzo y Julián miraban los partidos del otro siempre que podían. Como todo lo que rodeaba a los dos, el mayor sabía que era mejor no hacer preguntas ni chistes sobre ellos. Por el contrario, siempre que Rodrigo y Julián estaban juntos y el ex-Racing sabía que Enzo jugaba, se ofrecía a ver el partido con él. Los dos futbolistas se habían quedado sentados lado a lado en el vestuario del Atlético y Rodrigo había sacado la tablet para poner el partido, mientras el resto de los jugadores del equipo se terminaban de preparar para volver a casa.

Esa tarde el Chelsea enfrentaba al Manchester City, equipo con el que Julián siempre tenía sentimientos encontrados. Enzo, por su parte, los odiaba profundamente —Julián lo sabía. Durante su charla telefónica, el morocho le había confesado que se moría de ganas de que los blues terminaran goleando. Julián ya había perdido la cuenta de la cantidad de apodos que Enzo había inventado para Guardiola, diciéndole de todo menos lindo e inteligente.

Después de los primeros diez minutos de partido, llegó el primer gol del Chelsea. Enzo estaba jugando un poco adelantado y, después de un centro espectacular de Pedro Neto, el morocho había tocado la pelota en dirección al arco. Nada había podido hacer el arquero cuando el tiro había pasado a toda velocidad por su derecha hasta sacudir la red. 

Enzo había empezado a correr y Julián pensó que no podía ser verdad cuando lo vio levantar las manos y hacer el festejo insignia del cordobés, ese que Julián había hecho tantas veces a su lado. El morocho tenía una expresión desafiante, mirando al banco de los ciudadanos como si supiera exactamente lo que estaba haciendo. Algunos de sus compañeros del Chelsea se unieron al festejo, imitando su gesto del Hombre Araña con las manos y abrazándolo luego. Cuando Enzo le había prometido a Julián que no iba a hacer ninguna boludez, evidentemente le había mentido con descaro. 

La carcajada que soltó Rodrigo llenó todo el lugar, retorciéndose de la risa exageradamente y dándole una palmada a la pierna de Julián. 

—¡Pero mirá lo que hace este hijo de puta! —exclamó Rodrigo mientras se reía y negaba con la cabeza—. Entre lo del vuelo y esto, no los van a dejar en paz —dijo, dándole una mirada de lado a Julián y volviendo después su atención a la pantalla—. Por favor, cómo lo quiero al gordo. 

Julián se llevó una mano a la cara, suspirando profundamente y pensando en las formas que tenía de matar a Enzo a la distancia. En su mente se habían empezado a formar todos los mensajes que le iba a enviar en cuanto terminara el partido. Era el karma en su máxima expresión. A esa altura de su vida y su relación, Julián tendría que haber sabido ya que gastar a Enzo nunca era una buena idea y siempre tenía consecuencias. Incluso cuando también siempre conseguía sacarle una sonrisa, que había decidido ocultar con la mano contra su cara. 

Notes:

¿Concentrarme en los capítulos que tengo pendientes o escribir boludeces nuevas? La respuesta no los sorprenderá. Decidí poner los OS en una serie, serán todos dentro del mismo universo e intentando respetar el canon dentro de lo posible (salvo cuando el Chelsea debería haber ganado con gol de Enzo, como todos estábamos esperando) para escribir delirios varios, que últimamente es bastante seguido.

El título siempre está inspirado en una canción, aunque acá en sí no tiene nada que ver: https://youtu.be/50RPrXkkRXo. En realidad todo esto fue pensando en la foto de Tarzán. Lo amo. Perdón.

Espero que les haya gustado :)

Nos leemos pronto 🧡
MrsVs.

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