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— Ya comí todo mi desayuno ¿puedo levantarme? — pregunto Senku con tono impaciente, ya que, Xeno lo obligaba a hacer sus tres tiempos de comida antes de poder seguir con sus experimentos pendientes.
— Claro solo levanta sus platos y puedes irte a seguir creando tu niebla casera — Xeno ya lo estaba despidiendo con una mano y mientras Senku jugaba con su kit de química improvisado, Xeno observaba vapor blanco salir del vaso de vidrio, recordado que debía tratar de un asunto importante con su esposo.
Estaba terminando de servir el té cuando volteó hacia Stan, quien estaba revisando unas herramientas en la mesa.
—Stanley —dijo Xeno con tono suave, pero firme—. ¿Podríamos hablar de algo?
Stan soltó un pequeño “tch” por lo bajo, sabiendo exactamente qué se venía.
—No es tan malo si se fuma al aire libre. Es mi único vicio —murmuró antes de que Xeno ni siquiera dijera la palabra “cigarro”.
—Sí, y también es uno de los peores. No quiero ese gas venenoso cerca de Senku —Xeno se cruzó de brazos, levantando una ceja con desafiante elegancia—. Ya se mete en suficientes peligros por sí solo.
Senku levantó la vista entre vapores.
—¿Están hablando de mí?
—No —dijeron los dos adultos al unísono.
Stan se apoya contra el mostrador, incómodo. No era que le gustara el hábito. Pero dejarlo de golpe era duro.
—Está bien. Lo dejaré. Por el niño —dijo finalmente, y bajó la voz—. Y por ti.
Xeno entusiasmado con satisfacción y se acercó a dejarle un beso corto en la mejilla.
—Gracias, amor. Es una buena decisión. Se que puedes hacerlo.
Senku respaldó el fondo.
— ¿Van a seguir teniendo momentos románticos ahí mientras manejo compuestos inestables?
— Correcto —respondió Xeno, sin inmutarse.
Durante la noche todo estaba tranquilo en casa, en silencio, solo quedaba el olor a libro viejo y té de jazmín. Xeno se encontró dormido al contrario de su pareja quien estaba inquieto sin poder conciliar el sueño, había pasado el resto del día sin fumar ni un cigarro y estaba llegando a su límite.
Decidió tomar una calada lo suficiente para soportar la noche y lograr dormir, nadie tendría por qué enterarse.
Stanley se apoyó en el alféizar del balcón, el encendedor brillando en su mano con un clic familiar. El cigarro colgaba de sus labios mientras exhalaba una bocanada lenta, como si el humo pudiera arrastrarse por sus pensamientos y disiparlos.
—Solo uno —murmuró para sí, casi como una disculpa al aire nocturno—. Solo esta vez.
La calada le quemó un poco la garganta, pero le calmó los nervios. Le habría gustado decir que no lo necesitaba, pero lo hacía.
—Sabía que eso olía raro —dijo una voz desde el umbral del balcón.
Stan se congeló.
Allí estaba. Senku. En pijama, con una bata un poco grande y el pelo revuelto como un plumero. Lo miraba con esos ojos afilados y brillantes que no perdían detalle.
—Estás soñando, niño. Vuelve a la cama —gruñó Stan, soltando el cigarro al piso y aplastándolo con el pie en un movimiento veloz.
—Eso fue nicotina, alquitrán y 70 químicos adicionales. Bastante difícil de ignorar —replicó Senku, cruzándose de brazos—. Además, prometiste dejarlo. Yo lo escuché. Xeno también.
—Mira, fue solo un... error de cálculo. No le digas.
—Hmm... No sé, no sé... Xeno está muy en contra de los gases venenosos. Especialmente si esos gases están cerca de mí. Imagínate si lo descubre... —Senku caminó en círculos, como evaluando un experimento.
Stan le lanzó una mirada fulminante, pero el pequeño ya sonreía.
— ¿Qué quieres, pequeño demonio?
—Un trato. Tú te salvas... si yo puedo usar el nitrato de amonio que Xeno me tiene prohibido.
— ¿Estás loco? ¿Eso y un cigarro en la misma noche? ¿Quieres matarnos a los tres?
Senku lo miró como quien ha ganado un premio.
—Sabes que no explotaría nada. Solo es para una reacción controlada en el patio. Quiero probar una fórmula de combustión rápida.
Stan apretó los dientes. Sabía que estaba siendo manipulado, y que Xeno probablemente lo mataría si se enteraba. Pero más aún, sabía que no podía soportar los ojos acusadores del niño genio durante una semana entera.
—Solo una vez —masculló—. Y me ayuda a limpiar después.
Senku le extendió la mano con una sonrisita encantada.
—Trato hecho.
— Eres odioso —dijo Stan, tomandole la mano.
—Eso le dice a todos los que te caen bien —respondió Senku con arrogancia, girándose para volver a su cuarto—. Y por cierto... el encendedor lo guardo yo. Por si acaso.
Stan se quedó en el balcón, suspirando.
—Pequeño gremlin. Me va a matar antes que el cigarro...
Xeno se despertó con ruidos en la cocina y el olor a café ya su té favorito. Era su día libre, así que, podía tomar su tiempo para levantarse y mientras se estiraba y acomodaba nuevamente en la cama pensó que estaba siendo una mañana tranquila.... demasiado tranquila, por lo que prefirió levantarse para asegurarse de que sus dos dolores de cabeza no se hubieran metido en ningún problema.
Senku se encontraba tarareando feliz en la cocina mientras revisaba una cajita de componentes que milagrosamente había conseguido y Stan leía el diario sin levantar la vista.
Xeno, sin embargo, tenía una mirada inquisidora.
—¿Por qué hueles a bicarbonato y vinagre? —le preguntó a Senku.
—Proyecto. Secreto —dijo Senku, sin levantar la cabeza.
—¿Y por qué falta un encendedor del cajón de emergencia?
—Tal vez se cayó al abismo cuántico de las cosas que desaparecen —intervino Stan sin mirar.
Xeno entrecerró los ojos, caminando por la sala con las manos a la espalda como un detective en bata.
—Hmm… curioso. También falta un paquete pequeño de nitrato de amonio. Que, si no me equivoco, estaba bajo triple candado.
Stan dio vuelta una página del diario con finida tranquilidad. Senku se deslizó lentamente detrás del sofá como si eso lo hiciera invisible.
—Alguien quiere té? —preguntó Xeno, girándose de golpe.
—Sí —dijeron ambos con una sincronización sospechosa.
Xeno frunció los labios y se sirvió una taza para él. Luego, con absoluta calma, dijo:
—Stanley, ¿fumaste?
Stan lo miró fijo. No dijo ni sí ni no. Solo dejó escapar un suspiro lento... culpable.
Xeno lo fulminó con la mirada, pero antes de que pudiera hablar, Senku apareció con su taza de té y dijo con una sonrisa:
—Técnicamente, rompió la promesa… pero yo gané un permiso para experimentar. Así que, ¿no es eso lo que cuenta?
Xeno lo miró. Luego miró a Stan. Se frotó el puente de la nariz y finalmente soltó una carcajada resignada.
—Estoy rodeado de criminales químicos y moralmente grises. No sé por qué me sorprendo.
—Porque nos quieres —dijeron Stan y Senku al mismo tiempo.
Xeno suspir y se deja caer en el sofá.
—…Demasiado para mi bien.
