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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-05-10
Updated:
2025-07-17
Words:
26,839
Chapters:
6/?
Comments:
8
Kudos:
57
Bookmarks:
4
Hits:
817

¡¿Todo por un helado?!

Summary:

Yelena luce deprimida a raíz de todas las críticas que ponen en duda los actos heroicos que su equipo realiza. Para animarla, Bob le sugiere ir por un helado para despejar su mente, sin pensar que ese simple acto desencadenaría una serie de acontecimientos que los llevarían a descubrir sus verdaderos sentimientos.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: ¿Me acompañas por un helado?

Chapter Text

¿Me acompañas por un helado?

 

Frustración. Irritación. Pesadez. Eran los sentimientos predominantes en Yelena desde que el tema con los “Verdaderos Vengadores” se había vuelto viral. 

Y ok, si, podía estar de acuerdo con Sam Wilson en que su equipo no surgió de la mejor manera. Y sí, también era cierto que la persona detrás de su integración, y posterior revelación, era alguien por demás despreciable. Su nueva familia surgió como una especie de daño colateral. Un mal chiste, con el único objetivo de encubrir las atrocidades cometidas por Valentina, en su incesante búsqueda de poder. Pero, aun así… ¡Ellos no eran unos oportunistas de mierda como gran parte de los simpatizantes de Sam Wilson querían hacer ver! 

Los Nuevos Vengadores (tal como los había nombrado Valentina), eran unidos. Aunque esa unión era explicada de forma sencilla, puesto que todos estaban rotos de alguna manera. El haberse encontrado fue una de las cosas más maravillosas que les pudo haber pasado dentro de una vida llena de malas decisiones. Así que sí, aunque odiaran la idea, ese lazo era lo único de lo que podían estar agradecidos con Valentina. 

Todos de verdad amaban ayudar a la gente, y en un mundo en donde los supervillanos surgían hasta por debajo de la mesa, toda ayuda debía ser valiosa, ¿o no? ¿Era acaso que ese racionamiento estaba mal?

—Necesito salir de aquí —dijo a la aparente nada. 

Se encontraba sola en el recibidor principal, donde por lo general conversaban sobre las misiones en turno. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, dando paso a las sombras que comenzaban a impregnar el lugar, dándole una sensación de desolación impropia. Afuera, las luces artificiales se abrían paso dentro de una ciudad que aparentemente no dormía.

Sintió que le faltó el aire, debía irse ya o perdería la cabeza. Dio un sonoro suspiro, mientras tomaba su chaqueta, dirigiéndose al ascensor mientras seguía pensando en una conversación que tuvo con Bucky unas horas atrás, en la mañana.

—Hay rumores sobre una nueva crisis espacial… Aunque parece que no somos lo suficientemente confiables para que el equipo de Sam nos brinde más información al respecto. 

—Deberías hablar con él —había aconsejado. No sería la primera vez que lo hacía. Yelena sabía que Bucky tenía una buena amistad con Sam, nada raro, dado la cercanía de ambos con el antiguo Capitán América. Parecía una amistad que se había fortalecido desde el nombramiento de Sam como el nuevo Capitán América. Sin embargo, fue bastante notorio el alejamiento que tuvieron. Supuso que esa incómoda tensión fue algo que se dio entre el nombramiento de Bucky dentro de los Nuevos Vengadores, y la iniciativa de Sam en formar de nuevo al antiguo equipo. 

Yelena sospechaba que Sam le había propuesto dejar a su equipo para unirse al suyo. No era algo que había expresado con palabras, pero dada la tensión entre ambos era algo descrito entre líneas. A veces se cuestionaba por qué Bucky había rechazado tal oferta, pero optó por no darle mucha importancia al asunto, a fin de cuentas era una decisión que solo le correspondía a él. 

Se escuchó de fondo el timbre del elevador, pero Yelena estaba tan centrada en sus propias divagaciones que no lo notó hasta que una voz familiar logró robar su atención. 

—¡Yelena!, que sorpresa, no pensé encontrarte por aquí a estas horas.

Y ahí, frente a ella, se encontraba Bob. Ese chico que aparentaba ser una persona común y corriente, alguien incapaz de dañar a una mosca. Una fachada en sí, ya que dentro de él yacía un poder increíblemente aterrador. 

—Podría decir lo mismo de ti.

Sus palabras lo tomaron por sorpresa, ya que hasta cierta medida resultaba ser cierto, y es que por lo general, cuando no había ningún tipo de misión en turno, todos los miembros del equipo tomaban el día libre. A Alexei le gustaba ir a alardear de su creciente fama en los centros comerciales, mientras que por el otro lado, Walker trataba de pasar el mayor tiempo posible con su pequeño hijo. Una vez llegó emocionado a la Torre diciendo que su hijo por fin había dicho sus primeras palabras. De eso ya habían pasado algunos meses. A pesar de sus esfuerzos, la situación con su esposa seguía siendo complicada. Por respeto a su privacidad, Yelena no había indagado mucho en ello, aunque de plática en plática se enteró de que estaban acudiendo a terapia de pareja, o algo así le llegó a comentar Ava. 

—Esta torre tiene una de las mejores vistas de la ciudad —replicó Bob, mientras encogía los hombros.

—Es un día libre. Pensé que estarías leyendo o algo así —desde lo ocurrido hace poco más de año, Bob había tomado un gusto particular por la lectura.

—Y no estás del todo mal —dijo, dejando entrever un libro que Yelena no había notado antes. 

—Oh, bueno. Te dejo entonces con…—enfocó la vista en la portada. Parecía uno de esos libros de autoayuda que había visto en más de una ocasión en alguna librería de paso— ¿Lieberman? No me gustaría interrumpirlos. 

Bob soltó una de sus risas tímidas, de esas capaces de descongelar el corazón de una persona fría, aunque…, no es como si Yelena le estuviera prestando la debida atención a eso. 

El timbre del elevador volvió a sonar mientras las puertas comenzaban a cerrarse de nuevo, siendo detenidas al instante por ambos, haciendo que sus manos chocaran. Ambos se quedaron en silencio mientras sus manos seguían una sobre la otra. Estando así, Yelena recordó la primera vez que sus manos habían rozado con las de él, en aquella misión que casi le costó la vida. No podría decir que se trataba de un recuerdo agradable, al contrario, distaba de ello, puesto que fue transportada a un lugar dentro de su mente que pretendía mantener en el olvido. Aunque lo cierto era que todo lo que vivió en su niñez estaba siempre presente con ella. 

Sin embargo, por alguna razón que no logró identificar, todo esa situación le produjo una especie de nostalgia, volviendo a caer en esas divagaciones que últimamente le agobiaban. 

Bob no dijo nada, solo se le quedó viendo por un momento. Desde que conoció a Yelena y al resto, su vida había mejorado notablemente. Los Nuevos Vengadores se habían vuelto su hogar, su nueva familia. Quizá eran una familia algo disfuncional, pero unida a fin de cuentas. Mientras más observaba a Yelena, más se percataba de que algo no iba bien. Por lo general la catalogaba como una persona alegre, de esas que iluminaban la habitación con su sola presencia. Pero en los últimos días sentía que esa luz se atenuaba por ratos. Quizá toda la presión del título que cargaban como equipo le estaba afectando. 

—Yelena…—la mención de su nombre la hizo sobresaltar un poco. 

—¿Sí? 

—Ummmm, no sé cómo decir esto, pero… —Yelena puso los ojos en blanco mientras apartaba la mano de golpe, alejándose de él. 

—Ya, escúpelo —Bob también apartó la mano, y asintió algo nervioso al ver el semblante de Yelena. Lo cierto es que esa mujer podía ser intimidante cuando se lo proponía. 

—¿Te… te sientes bien?

Una pregunta sencilla, pero a la vez difícil de responder. ¿Que si se sentía bien? ¡Pues claro! No es como si todo el peso de las expectativas y crítica constante por parte de la sociedad le estuvieran generando una nueva especie de crisis existencial. 

—Claro, ¿por qué lo preguntas? —Bob le miró consternado. Su respuesta no parecía del todo sincera, se podía notar por el ceño fruncido que se había plantado en el rostro de Yelena desde hace unos días. 

—Por nada en especial —respondió, apartando la mirada. 

—Bien, entonces… —en vista de que no se movía, Yelena pasó a un costado de él, entrando en el elevador y presionando el botón que daba a la planta baja. 

—¿Saldrás? —un cuestionamiento algo absurdo, puesto que era algo evidente la respuesta.

—Eso creo.

—Ya veo… entonces… ¿te gustaría ir al Central Park por un helado? —los ojos de Yelena se agrandaron ligeramente al escuchar tal propuesta, la había agarrado en curva por completo.

—¿Un helado? Pensé que te quedarías a leer un rato.

—¿Esto? Pfff, puedo hacerlo después —dijo mientras aventaba el libro en dirección a uno de los sillones de la sala. No dio en el blanco, por lo que el libro cayó de forma abrupta al suelo—. Luego lo levanto... Entonces, ¿qué dices? ¿Me acompañas? 

—Tenía pensado ir a comprar unas botellas y embriagarme por el resto de la noche, pero tú propuesta suena más interesante —“y más sana para mi hígado”, pensó. 

Bob ladeó ligeramente la cabeza, mostrando una leve consternación, a lo que Yelena puso los ojos en blancb. 

—Estaba bromeando. Ya dejé la bebida… —“un poco”, pensó para sus adentros. 

Bob optó por guardar silencio. Sabía de antemano que había algo de mentira en el intento de comedia voluntaria de Yelena, pero no tenía caso discutirlo, al menos no en ese momento.  

—Y bien, ¿qué estamos esperando? ¡Vamos!

Y así, Yelena tomó por el brazo a Bob, al tiempo que las puertas del elevador se cerraban tras de sí. Quizá un helado la distraería de los dilemas actuales que comenzaban a afectarle de modos que ni siquiera ella misma era capaz de imaginar.