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Bad idea right?

Summary:

Pansy ha tenido suficiente de la actitud de Draco y es por eso que decide planear su pequeña venganza: ir al baile de navidad con Harry Potter.

Para eso necesita ganarse la confianza del Gryffindor, ahora que media escuela lo odia por el fraude con la selección de campeones para el Torneo de los Tres Magos ella decide que es la oportunidad perfecta para acercarse a él y ofrecerle una mano.

Sin embargo, conforme pasan los días su interés por él se vuelve genuino y comienza a darse cuenta de que probablemente lo ha estado juzgando mal todo este tiempo.

Notes:

La historia estará enfocada principalmente desde la perspectiva de Pansy.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Mundial de Quidditch

Chapter Text

El Quidditch no era lo suyo, no comprendía el gran fanatismo que la mayoría de sus amigos tenían por dicho deporte. Draco y Blaise podían pasarse horas hablando de jugadas nuevas, estrategias más efectivas y un montón de otras cosas que a ella sólo le generaban dolor de cabeza. 

 

Su padre la había forzado a ser su acompañante esa noche, en consecuencia había tenido que asistir al aburrido Mundial de Quidditch, había gente gritando por todas partes, ella odiaba las grandes multitudes y sobre todo las ruidosas. Ahora que todo finalmente había terminado y se encontraba sola y en paz dentro de la carpa traída por su padre era que podía descansar, se encontraba comiendo algunas uvas cuando una conmoción proveniente de afuera llamó su atención. 

 

"¡Por Merlin, no pueden estar tranquilos incluso después del partido!"

 

Salió de la carpa con una expresión molesta sobre su rostro, pero se esfumó tan pronto como se dio cuenta de que las personas parecían huir de algo o alguien. Miró en todas direcciones en busca de su padre, pero no lograba distinguir a nadie, todos corrían con expresiones de pánico sobre sus caras, su varita seguía en su bolsillo. 

 

Todo se descontroló aún más, podía ver como las personas se empujaban con salvajismo, parecían animales. Uno de los grupos que pasó junto a ella terminó empujándola lejos de su carpa, no podía volver, era como nadar contra la corriente, a lo lejos pudo escuchar una voz que le resultó muy familiar. 

 

— ¡Harry! — Era Granger. Luchaba por moverse entre otra horda de personas. 

 

La perdió de vista rápidamente. Sus pies tropezaron con algo que la hizo caer al suelo, era Potter y parecía estar inconsciente. Se movió hacia un lado para evitar que un tipo la pisara ¿No podía dejarlo tirado ahí, verdad? 

 

¡Potter! — Lo llamó mientras golpeaba suavemente una de sus mejillas.— ¡Potter despierta! 

 

Decidió darle un golpe más fuerte, fue suficiente para hacerlo abrir los ojos con lentitud, parecía muy sorprendido de verla ahí junto a él. 

 

— ¿Parkinson? — Pronunció con confusión mientras se sentaba. 

 

— Si, Potter soy yo.— Se puso de pie y comenzó a sacudir su ropa, estaba llena de tierra.— Ponte de pie antes de que alguien más quiera pisotearte. 

 

Harry salió de su trance y se incorporó rápidamente, sacudiendo sus pantalones, estaba igual o más sucio que ella. 

 

— ¿Qué pasó? — Miró a su alrededor y notó que todo estaba destrozado. 

 

— No tengo idea, la gente comenzó a volverse loca o algo.— Todo quedó hecho un desastre. Carpas tiradas, pisoteadas y hasta quemadas. 

 

Harry notó a un hombre a lo lejos, no podía ver quien era, lo vio alzar su varita y conjurar algún tipo de hechizo que lanzó al cielo; una calavera y una serpiente en color verde pronto se hicieron visibles. 

 

— ¡Agh! — Se quejó de dolor mientras tocaba su frente. 

 

Pansy notó el cambio en el ambiente, una vibra fría la recorrió al ver la marca que ahora ondeaba sobre el oscuro cielo, aquel hombre misterioso que la había conjurado parecía haber notado la presencia de ambos, sacó su varita en caso de necesitar defenderse. 

 

— ¡Vengan por aquí! — Unas voces se escuchaban a lo lejos. 

 

El hombre misterioso huyó con rapidez al percatarse de que más personas se acercaban a la escena. Apenas pudo darse la vuelta cuando fue lanzada por Harry al suelo, les estaban lanzando hechizos de todos lados. 

 

— ¡Alto, deténganse! — Arthur Weasley intervino.— ¡Es Harry! 

 

Detrás de él, Ron y Hermione lucían igual de preocupados. Los ataques se detuvieron, pero los hombres que ahora reconocían como personas del Ministerio exigían respuestas. 

 

— ¿Quién la conjuró? — Los cuestionó con furia mientras seguía apuntándoles con la varita. 

 

— ¿Hablas enserio Barty? — El señor Weasley parecía muy ofendido por la simple suposición de que alguno de ellos fuera el responsable. 

 

— ¿Casi nos mata y ahora nos acusa de ocasionar esto? — Pansy dio un paso por delante de Harry.— ¿Así maneja el Departamento de Cooperación Mágica Internacional? Porque a mi padre le encantaría realizar una auditoría. 

 

Vio al hombre hacer una mueca de desagrado mientras apartaba la varita de ambos. Arthur se terminó interponiendo entre el grupo de adultos y los dos chicos. 

 

— Son sólo niños Barty.— Le recordó. 

 

El hombre no respondió, simplemente dio un paso atrás y se giró hacia el grupo de personas que lo acompañaban. 

 

— Continúen buscando.— Dio la orden al resto. 

 

— Espere.— Harry habló.— Vi a un hombre correr en aquella dirección, fue él quien conjuró la marca. 

 

— ¿Estás seguro? — Crouch lo miró fijamente. Harry sólo asintió como respuesta.— Bien ¡Vamos! 

 

Y sin más, se terminaron yendo en busca de aquel misterioso hombre que Harry mencionó haber visto. 

 

— ¿Ambos están bien? — Arthur se apresuró a preguntarles. 

 

— ¿Qué fue lo que pasó? — Harry miró a sus amigos. 

 

— Mortífagos.— Ron se limitó a responderle. 

 

— Esa es su marca, Harry.— Hermione se encargó de remarcar la para "su" entonces Harry entendió a lo que se refería. 

 

— ¡Pansy! — Una voz a sus espaldas llamó la atención. 

 

Un hombre alto y vestido con ropa que parecía costosa se acercó a ellos. 

 

— Papá.— Fue envuelta por los brazos de su padre antes de que pudiera preguntarle en donde había estado. 

 

— ¿Estás bien? ¿Te duele algo? — Le sostenía el rostro mientras la examinaba.— ¡¿Por qué saliste de la carpa?! 

 

Apartó las manos de su padre lejos de su rostro y lo miró con molestia ¿Ahora era su culpa? 

 

— ¿Yo? — Exclamó ofendida.— Fuiste tú quien me dejó sola. 

 

— No debiste salir.— La regañó. 

 

— En mi defensa, terminé arrastrada por la multitud.— Su padre suspiró con resignación. 

 

— Ah, Arthur ¿Tú encontraste a Pansy? — Por fin notó la presencia de los demás. 

 

— Damian.— Devolvió el saludo.— Se podría decir que si. 

 

— Nos salvó de perder la cabeza a Potter y a mí.— Señaló Pansy.— Esos tontos del Ministerio pensaron que nosotros hicimos esto. 

 

Harry notó como ahora el padre de Pansy se enfocaba en él, probablemente le diría alguna cosa hiriente, Malfoy y su padre no perdían ninguna oportunidad por demostrar lo mucho que les fastidiaba su sola existencia. 

 

— Señor Potter, creo que es la primera vez que tengo el placer de verlo en persona.— Los profundos ojos verde olivo del hombre estaban puestos en él.— Damian Parkinson.— Le extendió la mano mientras se presentaba. 

 

— Un gusto señor.— Harry respondió, estrechando su mano como saludo. 

 

— Papá, ya me quiero ir.— Pansy se quejó. 

 

— Por supuesto, cariño.— Le respondió con una sonrisa a su hija.— Yo me encargaré de los problemas con el personal del Ministerio.— Habló dirigiéndose a Arthur. 

 

— Te lo encargo.— Ambos hombres estrecharon sus manos antes de que Pansy y su padre finalmente se fueran. 

 

— ¿Qué hacías con Parkinson? — Hermione se acercó a él. 

 

— Ella me encontró inconsciente en el suelo.— Les contó a sus amigos, aún sentía pequeñas punzadas en la cabeza.— Al menos no dejó que me pisotearan. 

 

El señor Weasley se acercó a él, colocando su mano sobre su hombro, consolándolo con una suave sonrisa. 

 

— Vamos, debemos volver. 

 

Al final del día, el Mundial de Quidditch se vio opacado por el accidente con los Mortífagos. Todos recordarían el pánico, los destrozos ocasionados y la falta de seguridad por parte del Ministerio, esa parte probablemente sería la más señalada. 

 



 

──────────

 

 

 

— Aún no puedo creer lo que pasó.— Mencionó Hermione mientras leía la última edición de "El Profeta" — ¿Qué no había seguridad? 

 

— Mucha.— Respondió Ron.— Es por eso que en el Ministerio las cosas han estado algo agitadas, están preocupados. 

 

Harry permaneció en silencio, escuchando la conversación entre sus amigos. Su mente seguía repitiendo lo sucedido aquel día una y otra vez, el ataque de los Mortífagos, la marca de Voldemort y lo que todo aquello podría representar. 

 

La señora del carrito de golosinas apareció por la puerta de su compartimento, tan sonriente como siempre. 

 

— ¿Quieren golosinas? — Señaló al carrito, repleto como de costumbre. 

 

— Si, me da unas ranas de chocolate y... — Echó un vistazo a los pocos galeones que tenía en la mano.— Sólo serán las ranas. 

 

— No te preocupes, yo lo pago.— Harry intervino mientras se ponía junto a su amigo. 

 

— No, así está bien.— El pelirrojo desestimó su ofrecimiento y volvió a sentarse junto a Hermione. 

 

Harry continuó observando el carrito, en busca de algo para comprar. Tomó una caja de gomitas y más ranas de chocolate, estaba a punto de pagar cuando alguien llamó su atención. 

 

— Quisiera un pastelito de calabaza.— Era Pansy, junto a una chica rubia que Harry no identificaba. 

 

Hubo un rápido intercambio de miradas entre ambos, era la primera vez que se veían después de lo sucedido en el Mundial de Quidditch. Ni siquiera le había agradecido por haberlo salvado, muchas cosas pasaron y ella terminó yéndose poco después. 

 

— Yo lo pago.— Ofreció, aún con su mirada puesta sobre ella. 

 

— No es necesario, Potter.— Ella le respondió con extrañeza, era la primera vez que este tipo de situación se desarrollaba entre ellos. 

 

— Insisto, tómalo como un agradecimiento.— Tomó dos pastelitos en lugar de uno y se los extendió a al Slytherin.— Por ayudarme antes. 

 

— Bien.— Aceptó ambos postres y le dio una leve sonrisa. Se giró a ver a su amiga que la acompañaba y con un movimiento de cabeza le indicó que ya era hora de volver a su propio vagón. 

 

Dio un vistazo de vuelta a Harry y se topó con la sorpresa de que él seguía ahí, de pie junto a la puerta de su compartimento viéndola irse. Alzó la mano, dedicándole un último gesto de despedida antes de salir del vagón de Gryffindor. 

 

Entró de nuevo junto a sus amigos y le lanzó la caja de gomitas a Ron, el pelirrojo las atrapó sin problemas y le agradeció con una gran y sincera sonrisa. Se percató de la extraña mirada que Hermione le lanzaba, frunció el ceño lleno de confusión, ella parecía estar conteniendo una sonrisa. 

 

— ¿Qué? — Le preguntó. Ella sólo se alzó de hombros. 

 

— ¿Desde cuándo te embobas por los pastelitos de calabaza? — Había burla en sus palabras, Harry pudo notarlo sin problema. 

 

— Yo no me embobo por nada.— Se defendió de las absurdas palabras de su amiga.— Y mucho menos por pastelitos de calabaza. 

 

Ron los observaba a ambos con confusión, sentía que se estaba perdiendo de algo, pero su atención volvió a centrarse en los dulces que había sobre su regazo. 

 

— Sólo te faltó escoltarla hasta su vagón.— Hermione cubrió su expresión burlona usando el periódico, pero su suave risa la delataba. 

 

Rodó los ojos ante el comportamiento de Hermione y mejor se puso a jugar con Hedwig, no faltaba mucho para que llegaran a Hogwarts y prefería permanecer en silencio que tener que seguir escuchando las tonterías de Hermione. 



 

 

──────────

 




— ¿Qué fue todo eso? — Daphne preguntó con desconcierto.

 

— ¿Qué cosa? — Respondió sin importarle mucho, estaba más concentrada en abrir uno de los pastelitos de calabaza. 

 

— No te hagas la tonta Pans.— Se interpuso entre la puerta que daba al vagón de Slytherin, bloqueándole el paso.— ¿Desde cuándo Potter y tú son tan amables con el otro? 

 

La pelinegra rodó los ojos con fastidio ante la insistencia de su amiga por indagar en el tema. Sabía que Daphne no se callaría, insistiría hasta el cansancio y no quería lidiar con eso. 

 

— Algo pasó en el Mundial de Quidditch.— Se limitó a responder.— Lo ayudé con algo y eso fue todo ¿Ya puedes moverte? Estorbas. 

 

La rubia entrecerró los ojos, observando a Pansy con desconfianza, tenía el presentimiento de que su mejor amiga le ocultaba algo, pero hacerla hablar no sería tarea sencilla. 

 

— Bien.— Se hizo a un lado y abrió la puerta del vagón.— Busquemos a Millie, debe estar esperándonos. 

 

Respiró con tranquilidad ante el cambio de tema y la tomó del brazo, caminando en dirección al compartimento que habían tomado esa mañana. Cuándo llegaron, Millie alzó la vista de su libro y las observó a ambas, la gata sobre su regazo se movió entre los asientos, pareciendo incluso emocionada por la llegada de las chicas. 

 

— ¿Consiguieron los dulces? — Daphne asintió y le lanzó uno de los pastelitos.— ¿Sólo esto? 

 

— No te quejes, fueron gratis.— La rubia tomó asiento junto a ella, acariciando a la gata que ahora se encontraba sobre su regazo. 

 

Le restó importancia y se dispuso a comer el postre que su amiga le había lanzado. Pansy se apoyó contra el asiento y mantuvo la vista fija en la ventana, tratando de encontrar algo interesante en el plano paisaje. 

 

— Tengo el presentimiento de que éste año será más interesante.— Mencionó, llamando la atención de sus amigas.— No lo sé, mi intuición me lo dice. 

 

Daphne la observó con una pequeña sonrisa divertida marcada sobre su rostro, enfocó su vista en Pansy por escasos segundos antes de responder. 

 

— Tal vez tengas razón esta vez.— Pansy ignoró deliberadamente a su amiga. 

 

Su mente estaba enfocada en lo sucedido durante el Mundial de Quidditch. Su padre levantó una queja contra el inapropiado comportamiento que Bartemius Crouch tuvo con ella y Potter, poner en peligro la seguridad de dos menores por un error era algo que el Ministerio no podía pasar por alto. No estaba segura que tipo de consecuencias recibiría el hombre, pero esperaba que fueran lo suficientemente severas. 

 

Cuando finalmente llegaron a Hogwarts el banquete de bienvenida habitual ya los estaba esperando, todos hablaban de la aparición del enorme carruaje tirado por Abraxans y del inmenso barco que surgió de las profundidades del lago. Pansy notó como Dumbledore se ponía de pie, listo para dar alguna clase de discurso, el hombre se aclaró la garganta y todos guardaron silencio, atentos a él. 

 

— Sean todos bienvenidos a un nuevo año escolar.— Una ronda de aplausos se hizo escuchar.— En esta ocasión me complace informar que Hogwarts ha sido elegido como la sede de un legendario evento, el torneo de los tres magos. 

 

Murmullos comenzaron a escucharse por todo el Gran Comedor, algunos sabían de que se trataba y otros anticipaban algún tipo de explicación. 

 

— Tres son las escuelas que participarán y de cada una de ellas se seleccionará a un alumno o alumna que las represente.— Pansy pudo ver cómo todos se emocionaban aún más.— Debo señalar, que éste torneo no es apto para los asustadizos. 

 

El vitoreo disminuyó un poco ante la advertencia del director, el evento parecía ser mucho más serio de lo que aparentaba, en pocas palabras, no era un juego. 

 

— ¿Nos quiere animar o asustar? — Daphne se burló mientras apoyaba sus brazos sobre la mesa. 

 

— Debe avisar sobre los riesgos.— Respondió Millie. 

 

— ¿Crees que alguien de Slytherin quiera entrar al torneo? — Blaise se giró en dirección a Draco. El platinado se alzó de hombros restándole importancia. 

 

— Probablemente si alguien es lo suficientemente estúpido.— El moreno se rió ante la respuesta de su amigo.— Personas han muerto en torneos pasados, pienso que es ridículo morir así. 

 

— ¿No te gustaría entrar al torneo? — Le preguntó mientras apoyaba su mentón sobre la palma de su mano. Draco la miró con indignación. 

 

— Claro que no Parkinson.— Su rostro se torció en un gesto de desaprobación. 

 

Ella se burló de su reacción un tanto exagerada, como miembro de la familia Malfoy, Draco ya recibía suficiente atención por parte del mundo mágico, por eso dice no necesitar participar en este tipo de eventos. La realidad podía diferir un poco, probablemente no lo haría porque carecía del valor necesario. 

 

— ¡Demos la bienvenida a las bellas señoritas de la academia de magia Beauxbatons y a su directora, Madame Maxime! — Todos giraron sus rostros y enfocaron la vista a las puertas del Gran Comedor. 

 

Se abrieron dando la bienvenida a un grupo de chicas muy lindas que llevaban un elegante y bonito uniforme en color azul, ingresaron con una caminata y pronto realizaron una especie de coreografía, cuando terminaron, todos los chicos estallaron en aplausos y gritos de alabanza. 

 

— Que ridículos.— Murmuró Daphne. 

 

— ¡Ahora nuestros amigos del Norte, recibamos a los orgullosos hijos de Durmstrang y a su director Igor Karkarov! — Las miradas volvieron a posarse en las puertas. 

 

Otro grupo, está vez eran chicos altos y fornidos, daban la impresión de ser mayores. Golpeaban sus bastones contra el suelo, caminando en coordinación, entonces comenzaron a realizar acrobacias, saltaban y daban volteretas mientras otros escupían fuego. 

 

— Wow, eso sí que es un espectáculo.— Millie aplaudió con asombro. 

 

— ¿Qué talento tenemos nosotros? — Pansy preguntó a sus amigos.— Es decir, mírenlos. Unas hacen ballet y dan piruetas mientras que los otros dan saltos por todo el lugar para después escupir fuego. 

 

— Ni siquiera creo que seamos los carismáticos.— Se burló Blaise. 

 

Cuando las presentaciones de las otras dos escuelas invitadas terminaron, el banquete finalmente dio inicio. Los chicos de Durmstrang tomaron asiento en la mesa de Slytherin, no hablaban muy bien inglés, pero tampoco eran insistentes en hablar.

 

Para cuando el postre fue servido la atención de todos los presentes volvió a enfocarse en las puertas del Comedor. Cuatro hombres ingresaron cargado un artefacto grande y que parecía ser pesado, lo dejaron frente al director y se fueron sin decir nada. 

 

— ¡Atención! — La voz de Dumbledore se extendió por todo el lugar.— Todo aquel que desee participar en el torneo deberá escribir su nombre y depositar el papel dentro de este cáliz mágico. Sin embargo, hay una sola condición. 

 

Uno de los invitados en la mesa de profesores se puso de pie, caminando hasta Dumbledore y deteniéndose a su lado. Pansy lo reconoció como Bartemius Crouch, frunció el ceño levemente. 

 

— El Ministerio ha tomado la decisión de que sólo los mayores de edad serán capaces de aplicar para el torneo y... — Las palabras del señor Crouch fueron interrumpidas por abucheos y quejas de los estudiantes.— ¡Es por su seguridad! — Habló en un tono más alto, intentando resaltar entre el descontento de los alumnos. 

 

— ¡Silencio! — La profunda voz de Dumbledore fue la que finalmente los hizo callar. 

 

— Repito.— El señor Crouch retomó su discurso.— Que esto lo hacemos para garantizar su seguridad y nada más. Dicho esto, quienes deseen participar pueden empezar a poner su nombre dentro del cáliz a partir del día de mañana. 

 

Lo último interesante que pasó durante el banquete fue la llegada un famoso cazador, Alastor Moody, Pansy había oído hablar de él por parte de su padre, hacia un excelente trabajo para el Ministerio y aunque parecía ser muy antipático era buena persona. Escuchó como Daphne a su lado se quejaba del clima que posiblemente tendrían el día de mañana y suspiró con fastidio, alzó la vista de manera desinteresada y terminó topándose con la mirada de Potter. 

 

Él pareció sorprenderse al verse descubierto y apartó la vista con rapidez, enfocándose en decirle algo a Weasley que parecía más ocupado devorando una pieza de pollo que en ponerle atención a su amigo. Se rió de eso, al parecer el gran Harry Potter podía llegar a incomodarse sólo por un inofensivo intercambio de miradas.