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Category:
Fandom:
Character:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 9 of Antología de lo Paranormal
Stats:
Published:
2025-06-05
Words:
1,461
Chapters:
1/1
Kudos:
2
Hits:
9

El Misterio de las Catacumbas

Summary:

Para Louis Napoleón una noche de diversión no se le niega a nadie, más si se trata de una hermosa y seductora mujer.

Work Text:

El Misterio de las Catacumbas.

Era una típica noche de invierno en la ciudad de París y las calles lucían desiertas a esas horas de la madrugada, debido a que la temperatura era tan baja que casi nadie se atrevía a salir a sus calles, y los pocos que habían tenido la audacia o necesidad de hacerlo rápidamente corrían para abordar sus vehículos o ingresaban al interior de las casas para estar más cómodos y calientes. Pero eso era algo que no le importaba en lo absoluto a Louis Napoleón, cuando él estaba de malas prefería caminar que abordar un taxi o manejar su automóvil, pues para él éste era el mejor modo de controlar un poco el mal genio que le aquejaba, por lo que en este momento prefería caminar por una de las cientos de antiguas calles y callejones que la Ciudad Luz poseía desde tiempos inmemoriales.

Al atravesar una vialidad importante para luego adentrarse en una obscura, humedecida y empedrada calle que le acortaría su camino a casa, una ligera bruma comenzó a descender haciendo que las luces de los faroles se difuminaran creando con esto más sombras a su alrededor; Napoleón llevaba las manos metidas en los bolsillos de su chamarra mientras la bufanda que traía atada al cuello le ayudaba a cubrirse el rostro, por lo que no le inmutó en lo más mínimo la neblina; su mente se encontraba demasiado ocupada con los pensamientos que le traían de tan mal humor. Ese día, la selección francesa había tenido un partido amistoso y, sin embargo, a pesar de que él había metido dos goles en el encuentro, al final la prensa se había interesado más en los comentarios de su capitán que en darle el merecido protagonismo que él pensaba que merecía tener.

“Maldito Pierre, siempre queriendo llevarte todo el crédito”, pensó Louis, con enojo.

Napoleón iba tan ensimismado y renegando contra su compañero de equipo que no se percató en qué momento llegó a una zona en donde las farolas de la calle se habían distanciado tanto que apenas y se veía una lejana luz a cada cientos de metros; fue entonces cuando en una obscura esquina que unía la calle en la que andaba con una pequeña callejuela mucho más angosta y solitaria, vislumbró a una joven extremadamente bella, de larga cabellera obscura que se encontraba entretenida mirando alguna especie de mapa o algo similar.

Al mirarla con detenimiento, Louis pensó que se trataba de alguna chica gótica o “dark” pues usaba un corsé muy ajustado en color negro que amenazaba con sacarle a la luz su voluptuoso busto, llevaba puesto además una minifalda de volados y encajes en color negro dejando sus hermosas y bien torneadas piernas a la vista, y sólo ligeramente cubiertas por unas medias de red, terminando el atuendo con unas botas negras altas. Él no le podía quitar la vista de encima, era una mujer realmente hermosa con un cuerpo muy sensual y bien formado, además de que ese atuendo que traía la hacía ver mucho más atractiva a su vista. La lujuria pudo más que su razón por lo que decidió acercarse a la extraña joven para hablar con ella.

— ¡Hola! —exclamó Napoleón, acercándose a la esquina en cuestión—. ¿Te encuentras bien? —le preguntó a la joven—. ¿Es acaso que necesitas ayuda?

La dama al escucharlo se giró para verlo a la cara, sonriéndole con mucho encanto y atracción.

— Gracias, me encuentro bien— respondió la misteriosa mujer—. Sólo espero a alguien que quiera acompañarme a una fiesta clandestina, en donde te aseguro que habrá de todo tipo de experiencias —comentó con una voz sugerente—. Todo lo que mi acompañante desee y se pueda imaginar lo obtendría esta noche, si es que decide ir conmigo.

— ¿Y en dónde es esta supuesta fiesta? —preguntó Louis, comprendiendo al instante las palabras de la mujer y aumentando aún más su deseo—. ¿Esperas a alguien en particular?

— Puedes ser tú, sí así lo deseas —respondió la dama—. Y la fiesta es en las catacumbas.

— ¿Eres una cataphilée? —inquirió Napoleón, haciendo referencia al término con el que se les conoce a aquellas personas que se internan en las catacumbas por vías no oficiales para realizar fiestas y rituales en su interior.

— Puedes llamarme como lo desees —dijo la dama de negro—. La cuestión es, ¿me acompañarás o no?

El futbolista francés pensó que no le haría nada mal el pasar una buena noche con la joven y divertirse un rato para olvidar los desagrados que había tenido durante el día, así pues cuando la mujer comenzó a andar y lo invitó a seguirla, la lujuria pudo mucho más que la razón y accedió a acompañarla sin detenerse a pensarlo. La mujer comenzó a guiar a Louis a través de las callejuelas de París hasta llegar a un paso a desnivel en donde, a un lado de la acera, se encontraba un pequeña entrada oculta que daba acceso a las catacumbas. La joven no dudó en ingresar a través de esa entrada secreta y el jugador entró después detrás de ella.

Al entrar a las catacumbas, Napoleón pudo sentir un frío helado que recorría el estrecho pasillo en donde se encontraban, pero la joven pareció ser inmune a esta corriente de aire pues no se inmutó con ella y continuó con su andar a través de los túneles. En las paredes habían colocado algunas antorchas a cada determinada distancia haciendo que se pudiera visualizar a través del corredor pero la luz del lugar era escasa y apenas se podía ver a unos cuantos metros de distancia haciendo que las sombras que las antorchas emitían alargaran todos los relieves del lugar. La mujer llegó a una desviación y fue entonces cuando sacó de su bolsa un mapa muy extraño, el cual miró por algunos segundos.

— ¿Qué es eso? —preguntó Napoleón.

— El mapa que nos guiará hasta nuestro destino —respondió la mujer, guardándolo de nuevo en su bolso para continuar con su camino.

“Esta gente ya ha creado hasta sus propios mapas secretos”, pensó el francés.

Al ver los pasillos cubiertos desde el suelo hasta el techo por miles de huesos y cráneos que le miraban a su paso no pudo evitar sentir un escalofrío recorrer su cuerpo, no era un lugar muy agradable pero tampoco podía expresar miedo, ése no era su carácter ni forma de ser. Por un segundo se preguntó si haría lo correcto en adentrarse tanto en este lugar pero la fugaz silueta de la joven que iba delante de él le incitaba a continuar, prometiéndole grandes recompensas que le hacían olvidar al instante sus dudas y reservas. Pronto llegaron a una zona la cual parecía que no estaba abierta al público pues carecía de cualquier tipo de señalamiento en el área.

En el lugar se hallaban ya algunas otras personas reunidas, las cuales se veían tan desconcertadas como él se sentía, pues no se veía a su alrededor nada que pareciera indicar que ahí se celebraría una fiesta; de pronto, las luces de las velas que había en el lugar se apagaron de un solo golpe y todos quedaron sumidos en la obscuridad, escuchándose algunas exclamaciones de miedo, principalmente de las mujeres y el temor en la voz de los presentes se hizo latente, todos comenzaron a decir que sería mejor salir de ahí de una buena vez y fue entonces cuando comenzaron a sentir como alguien o mejor dicho algo se les acercaba y les tomaba por el hombro. En la obscuridad sólo se pudieron escuchar desgarradores gritos que después de algunos minutos finalmente cesaron para dar paso a un absoluto y sepulcral silencio.

Dos días después la prensa reportó la desaparición del delantero de “Les Bleus”, desde el último partido nadie lo había visto, Pierre incluso lo había buscado en su departamento y ahí no había datos de que él hubiera llegado ahí en algún momento, por lo que su desaparición era un completo misterio para las autoridades. Se le busco a Napoleón por todo París, e incluso por toda Francia, llegando a alertar a la Interpol por un posible secuestro, pero nadie podía comprender cómo es que había desaparecido sin dejar rastro alguno.

Algunos días después, cuando iniciaba un nuevo día en las visitas guiadas de las catacumbas, el guía que había ingresado para acomodar el lugar se halló con un macabro descubrimiento: en la entrada principal de las catacumbas, en donde rezaba el famoso letrero del inicio del Imperio de la Muerte, se encontraron varios cuerpos entre los cuales yacía el de Louis Napoleón. Su cara horrorizada sólo podía darles una pequeña idea a los Policías de la Gendarmería Nacional sobre los horrores que habría pasado en el interior de los laberintos durante sus últimos instantes de vida.

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