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Fandom:
Character:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 10 of Antología de lo Paranormal
Stats:
Published:
2025-06-06
Words:
1,618
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
14

El Médico de Poveglia

Summary:

Kojiro Hyuga viaja a Venecia de vacaciones encontrando lugares en donde el tétrico pasado cobra vida.

Work Text:

El Médico de Poveglia.

 

La histórica y milenaria ciudad de Venecia se caracteriza por ser uno de los más grandes atractivos turísticos de Italia, siendo visitada cada año por miles de personas provenientes no sólo del extranjero sino también de todos los rincones del país. Kojiro Hyuga, delantero del Reggiana en la serie B y de los Samurai Blue, había aprovechado algunos días de descanso que tuvo en su equipo para hacer un viaje de placer por esta antigua y maravillosa ciudad.

 

En el segundo día de su estadía, Kojiro decidió hacer un paseo por el Lido de Venezia, una franja delgada y alargada de tierra que separa el mar Adriático de la Laguna de Venecia, aunque a decir verdad el Lido era en sí ya una isla pues sus extremos a lo largo se encontraban separados del resto de la península de la ciudad. Al llegar a la isla, el delantero caminó largo rato por toda su extensión, admirando las antiguas casas, calles y puentes andando por un largo rato sin detenerse hasta que llegó finalmente a un pequeño muelle que se extendía, oculto de la avenida principal, sobre el lado de la laguna y en donde al parecer se ofrecían paseos en lancha.

 

            Hyuga se quedó por un momento admirando las aguas tranquilas del mar que reflejaban en ese momento los rayos incandescentes de sol, para luego desviar su mirada hacia la extraña isla de Poveglia, la cual se hallaba frente a sus ojos con su impresionante edificación, destacando esa gran torre en medio de los árboles y la naturaleza que la rodeaba y que era muy famosa por su lúgubre historia. Justo en ese instante, Hyuga se percató que había un grupo de turistas reunidos en el borde del muelle los cuales miraban con interés hacia el mar y la isla al tiempo en que escuchaban atentamente a un guía turístico que se encontraba mirándolos a ellos y de espaldas al mar, señalando la isla y narrando su historia. Quizás por curiosidad, quizás por aburrimiento, Hyuga decidió acercarse al grupo para escuchar parte de la narración.

 

— Se dice que en la isla murieron más de ciento sesenta mil personas en la época de la peste negra y que no es totalmente conocido el número de las que murieron torturadas en el hospital psiquiátrico —narraba el guía en ese instante—. Por lo que después de tan atroces crímenes, la isla quedó maldita y quien se atreva a pisar sus tierras podrá sentir de inmediato la presencia de estos pobres seres que claman venganza e incluso en algunos casos hasta pueden llegar a ver a alguna de las miles de almas que rondan por ahí. —finalizó la explicación el hombre.

 

— ¡Bah! —exclamó Kojiro con cierta arrogancia, en cuanto el hombre terminó con su relato—. Puros cuentos para asustar a la gente.

 

— Supongo que usted no cree en las leyendas —le dijo el guía al japonés.

 

— Creo en la historia que sucedió ahí —respondió Kojiro, con mucha tranquilidad—. Pero de eso a que anden diciendo que espantan y que hay seres espectrales matando gente, pues no, eso no lo puedo creer.

 

— Bueno, pues esperemos que jamás tenga que averiguarlo por su propia cuenta —comentó el guía, en tono burlón—. No querrá toparse con “La entidad o doctor de la Plaga”—agregó haciendo referencia a un supuesto ente que aterrorizaba dicho lugar.

 

—Ésos son cuentos para atraer a las personas que gustan de ese tipo de lugares —manifestó Hyuga, sin inmutarse y restándole importancia al asunto.

 

En ese momento, el delantero miró hacia la torre que se alzaba en la isla y por un instante le pareció ver que algo brillaba desde esa edificación, pero de inmediato lo descartó pensando que había sido sólo su imaginación pues se encontraba demasiado lejos como para ver algo similar, además del hecho de que sabía muy bien que todo ese complejo se encontraba completamente abandonado.

 

“Debió de haber sido el reflejo de algún objeto brillante que le pertenece a alguno de estos turistas, de seguro relució con el sol en un ángulo adecuado para que diera ese efecto”, pensó el japonés.

 

De pronto y sin previo aviso, el cielo comenzó a ponerse negro, amenazando con alguna tormenta que se acercaba a la ciudad pues obscuras nubes cubrieron el horizonte y se comenzaron a ver algunos relámpagos en la lejanía. Kojiro se dijo que sería mejor que regresara al hotel pues no deseaba que la tempestad le agarrara a medio camino mientras atravesaba alguno de los canales o el estrecho que lo llevaría de regreso al área peninsular. Así pues, comenzó a recorrer el camino que había andado con anterioridad para volver al sitio al que había llegado horas atrás pues era ahí en donde debía tomar la barcaza que le conduciría de vuelta a la parte continental, sitio en donde se encontraba hospedado.

 

Hyuga pensó que la caminata no le debería llevar demasiado tiempo si no se detenía en ningún lugar, por lo que decidido comenzó a andar por las estrechas calles que bordeaban los canales de la isla. La negrura de las nubes comenzaba a cubrir la isla,  lo que les daba un aspecto tétrico tanto a las callejuelas como a los canales; además, la gente del lugar comenzó a correr para esconderse, quizás debido al efecto de la próxima tormenta, lo que aumentaba aún más la ya de por sí misteriosa atmósfera del lugar.

 

De pronto,  Kojiro comenzó a sentir un gran escalofrío que le recorrió toda su columna vertebral para luego bajar por sus brazos y piernas, lo que le dio la enorme ansiedad de llegar a su destino lo más pronto posible. Él sentía que alguien lo venía siguiendo por lo que apresuró su paso para llegar a alguna plaza abierta y concurrida en dónde poder esconderse de quien sea que estuviera tras de él. De repente, en una esquina entre dos callejones, el japonés vislumbró una silueta negra que pasó rápidamente a unos metros de distancia de él, pero su mente racional de inmediato le dijo que se tranquilizara y que buscara una respuesta lógica a lo que había visto.

 

“Debió de ser un gato que busca refugio de la tormenta”, pensó de inmediato.

 

Hyuga continuó con su caminata pero luego de algunos metros más de andar, volvió a vislumbrar lo que ahora parecía ser una especie de pico de algún tipo de pájaro obscuro.

 

— Quizás sea un cuervo —se volvió a decir, aunque esta vez con cierta duda, negándose a creer en otro tipo de situaciones.

 

El japonés apresuró más su paso hasta casi comenzar a trotar, cada vez se sentía más incómodo en ese lugar por lo que realmente deseaba salir de ahí cuanto antes; él anduvo algunas calles más antes de que una terrorífica sorpresa llegara a su encuentro. De uno de los callejones paralelos a la calle principal en la que transitaba salió un hombre alto y corpulento vestido con la indumentaria de los médicos de la época de la peste negra; al verlo parado a sólo algunos metros de distancia de donde él se encontraba, Kojiro pudo sentir su intensa mirada sobre él a pesar de que este ser traía puesta la típica mascara que solían usar estos personajes.

 

            Hyuga no lo pensó dos veces antes de salir corriendo de ahí con la esperanza de que el extraño ser no le siguiera y luego de cierta distancia recorrida, el japonés se giró para confirmar que efectivamente el hombre ya no se encontraba a la vista, pensando que finalmente lo había perdido; sin embargo, al girarse de nuevo para ver al frente, de la obscuridad saltó el hombre enmascarado que con un ágil movimiento noqueó al delantero, dejándolo completamente bajo su poder.

 

Kojiro Hyuga despertó atado de manos y pies con viejas pero firmes correas de cuero que lo mantenían unido a una vieja y oxidada cama de hospital en lo que parecía ser una derruida torre de algún lugar siniestro, el japonés intentó inútilmente zafarse de sus amarres durante minutos que le parecieron eternos por lo que, cansado, decidió buscar a su alrededor algún objeto que pudiera serle de utilidad para liberarse. Fue entonces cuando vio una vieja mesa quirúrgica que se hallaba al lado de la cama, en donde había una charola metálica que tenía ordenadamente en su interior varios objetos sumamente viejos pero también muy perturbadores pues descansaban en ella instrumentos quirúrgicos del siglo XIX, como lo era un viejo taladro manual, una sierra, punzones y otros objetos punzo cortantes, lo que no le dio buena espina a Hyuga y nuevamente un escalofrío le recorrió el cuerpo.

 

Luego miró a su alrededor, en lo que parecía ser una especie de cuarto médico de principios del siglo pasado, pues había toda clase de instrumentales y mobiliarios en el sitio, aunque todos ya se hallaban en su mayoría enmohecidos y oxidados; en una placa empotrada en la pared se encontraba una sola palabra, que fue más que suficiente para atemorizar al delantero por más valiente que él se creyera, en dicha placa se podía leer la palabra “Poveglia”. Fue en ese momento cuando el hombre de la máscara de los médicos de la peste ingresó a la torre, llevando una capa negra que le cubría todo el cuerpo; el médico entonces tomó uno de sus instrumentos de la bandeja, preparándose para actuar. Kojiro, al ver ese extraño instrumento acercándose a él, no pudo evitar gritar aterrado con todas sus fuerzas, sin saber que nadie acudiría a su rescate.

 

Se dice que en la isla de Poveglia habita un nuevo integrante, un joven extranjero de cabellos negros y ojos obscuros que clama venganza por haberle sido arrebatada de manera tan horrenda su vida.

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