Actions

Work Header

Rating:
Archive Warnings:
Category:
Fandom:
Character:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 11 of Antología de lo Paranormal
Stats:
Published:
2025-06-07
Words:
1,441
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
6

La Nahuala de Xochimilco

Summary:

En la gran ciudad de México, Ricardo Espadas es sólo uno más de los miles de millones que habitan la urbe, pero pronto tendrá la desgracia de toparse con un suceso único.

Work Text:

La Nahuala de Xochimilco.

Hacía ya algunas horas que la noche había caído completamente en la Ciudad de México, una de las urbes más grandes y pobladas del mundo; Ricardo Espadas, portero titular de la selección mexicana de fútbol, finalmente se dirigía a casa después de un arduo y pesado día de trabajo. El trayecto a su hogar le llevaba más de dos horas de camino por lo que se sentía realmente agotado y lo único que él deseaba era llegar a casa, tirarse en el sofá de su sala para descansar y cenar mientras disfrutaba de sus programas favoritos en la televisión.

Después de finalmente poder descender del tren ligero, el cual terminaba su ruta en la estación de Xochimilco, Espadas aún debía caminar otras quince o dieciséis cuadras más para finalmente considerar que había llegado a la zona habitacional en donde él residía; era un trayecto que el joven guardameta debía hacer por lo menos dos veces al día por lo que era algo más que habitual para él recorrer esos caminos, siendo que no le representaba mayor molestia e inquietud que el hecho de sentirse demasiado cansado y con pocas ganas de caminar. Se dijo que bien podría haber tomado un taxi cuando descendió del tren ligero, pero el dinero que traía en su bolsillo ya no le alcanzaba para la tarifa mínima del servicio, por lo que no tuvo más remedio que suspirar derrotado y continuar con su camino a casa.

Las noches del mes de octubre en la ciudad comenzaban a ser frescas pero aún no lo suficientemente frías como para ser una molesta real en la caminata; sin embargo, aún cuando conocía bien la zona y era conocido por los diferentes grupos de gente que solían reunirse en ciertas áreas en específico, él no deseaba problemas con alguno de ellos pues éstos al calor del licor y los estupefacientes a veces no reconocían ni a su más cercano amigo, por lo que decidió que sería mejor cruzar por un solitario parque que tanto le acortaría el camino como le evitaría confrontaciones innecesarias.

Ricardo iba distraído escuchando música en su celular, al tiempo en que su mente se entretenía con el mundo futbolístico, pensando en las nuevas noticias del universo deportivo y sobre las estrategias que podría realizar en su próximo encuentro con el equipo rival de su escuadra, cuando de pronto, a unos metros de distancia frente a él, algo llamó su atención: una sombra que era de mediano tamaño, obscura y alargada pero muy ligera atravesó desde uno de los matorrales que se hallaban a su derecha, saltando por el camino de gravilla por el que él andaba para rápidamente ocultarse con un ágil movimiento en el otro extremo del camino entre los árboles del lugar.

— ¡¿Pero qué demonios?! —exclamó el joven, sorprendido y algo agitado, al tiempo que detenía su marcha.

Del lugar en donde la sombra se había ocultado salió un pequeño gato negro que le miraba atentamente con sus ojos verdes; Espadas al verle, suspiró aliviado comprobando que la sombra en cuestión debía de haberse tratado del felino, sin hacerle caso a su cerebro que le decía que la sombra había sido mucho más grande que un simple gato. 

— ¡Tremendo susto que me has dado! —le dijo Ricardo al pequeño animal, quien continuaba mirándolo.— Pensé que era algo peor.

El gato entonces se le acercó ronroneando e intentando restregar su cuerpecito entre sus piernas, pero el joven claramente molesto lo apartó, sin permitirle el contacto;  Espadas no era una persona partidaria de los gatos y no deseaba contacto con un animal que fuera callejero y que pudiera tener y/o transmitir algún tipo de enfermedad en la piel.

— ¡Vete a tu casa y déjame en paz! —comentó molesto. — Ya me has metido un tremendo susto —continuó diciéndole al animal, haciendo movimientos con las manos para ahuyentarlo. — ¿Qué más quieres de mí?

El gato se negaba a irse e insistía en querer acercarse al futbolista para que éste le acariciara, se notaba que el pequeño felino estaba decidido a que el guardameta le diera el cariño que andaba buscando y no pensaba irse de ahí hasta no obtener su cometido, pues por más que el joven intentaba alejarlo, éste simplemente no se iba.

Ricardo Espadas se sentía cansado y sin ganas de ser amable con los demás, mucho menos con un indefenso animal de la calle por lo que al ver que el animal no se iba decidió ser un tanto más cruel con él y darle una patada para que así finalmente el pobre huyera atemorizado del lugar; sin embargo, lo que sucedió a continuación fue algo que él jamás se llegó a imaginar, sino sin duda no hubiera sido tan imprudente. Efectivamente, el gato con la patada, que por cierto no llegó a atestarle el joven pues no era la intención lastimarlo, corrió apresurado hacia los arbustos más cercanos que se encontraban delante del jugador, pero segundos después, en ese mismo lugar, apareció una mujer de cabello obscuro y tez morena que se encontraba desnuda y que lo miraba fijamente.

“¿Y ahora qué?”, pensó Espadas, mirando con detenimiento a la joven.

No era desconocido para él que se solía decir en el barrio que, por las noches, algunas mujeres gustaban de drogarse y que se ocultaban entre los arbustos y árboles de ese parque para mantener relaciones sexuales con los miembros de las pandillas y grupos delictivos de la zona, por lo que él supuso que esta mujer desnuda que lo miraba con detenimiento era una de las tantas más que gustaban de estar con la gente que él había intentado evitar en un principio. La joven entonces salió de los arbustos hacia el camino de gravilla y caminó con paso firme hacia él.

— ¿Por qué razón me has agredido de esa forma? —le reclamó la misteriosa mujer, con un tono de voz claramente molesto. — Si yo lo único que deseaba era cariño de tu parte.

Espadas se quedó totalmente confundido y paralizado, no entendía bien de qué hablaba la joven, por lo que después de meditarlo un poco, supuso que ella lo estaba confundiendo con algún amante suyo y que por efecto de algún tipo de narcótico o por los efectos del licor no se percataba de su error.

— ¡O estás loca o creo que te has equivocado de persona! —espetó Espadas, fastidiado. — Será mejor que me dejes en paz, no quiero líos con tu gente.

— ¡Claro que te dejaré en paz! —respondió la misteriosa mujer. — En cuanto acabe contigo.

Acto seguido y frente a los ojos del mexicano, la mujer se transformó en una hermosa pantera negra a la cual le brillaban sus hermosos ojos verdes, que no se apartaban del joven, para después rugirle furiosamente al tiempo en que se lanzaba sobre él. Ricardo esquivó sólo por algunos milímetros el ataque de la pantera, y en gran medida fue gracias a los ágiles movimientos que solía tener por jugar soccer, de un saltó se levantó del suelo y corrió velozmente con una energía que antes no había tenido. Al mirar hacia atrás pudo ver cómo la pantera corría detrás de él y que si no se apresuraba pronto le daría alcance.

El portero salió despavorido del parque internándose entre las múltiples calles de la zona, hasta que llegó a uno de los muelles que daban acceso a los canales; al ver las trajineras que se encontraban ancladas en el sitio, Espadas pensó en averiguar si eran ciertas las teorías de que a los gatos no les gusta el agua.

“Una pantera es un gato al final de cuentas”, pensó rápidamente.

De un ágil saltó Espadas llegó a la trajinera más cercana y rápidamente la desató del muelle, empujando con su pie el asfalto para que ésta comenzara a navegar en el canal; pero para su desgracia la acción no fue tan rápida como él lo hubiera deseado pues la pantera saltó grácil sobre la trajinera que ya comenzaba a despegarse de la orilla del rio. Ricardo intentó apartarse lo más que pudo de su perseguidora y durante un segundo consideró la idea de lanzarse al agua para escapar y fue en ese instante que la tranquilidad y el silencio de la noche fueron interrumpidos por los rugidos de una fiera que se mezclaban con los gritos de pánico de un ser humano.

Al día siguiente, la trajinera apareció en medio del canal, sin que nadie se pudiera explicar cómo había llegado hasta ahí; ésta se encontraba completamente cubierta de sangre, que resultaría ser de Ricardo Espadas, pero de su cuerpo y de la Nahuala ni rastro había.

 

Series this work belongs to: