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Category:
Fandom:
Character:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 12 of Antología de lo Paranormal
Stats:
Published:
2025-06-08
Words:
1,464
Chapters:
1/1
Kudos:
2
Hits:
14

El Espectro de la Nieve

Summary:

Para Hikaru Matsuyama, la nieve siempre ha sido una amiga, pero en esta ocasión se puede convertir en su perdición.

Work Text:

El Espectro de la Nieve.

 

Era pleno invierno y la noche había caído en la región de Hokkaido en Japón; desde hacía un par de días atrás, fuertes tormentas habían azotado la región haciendo que las pistas de esquiar se tuvieran que cerrar de manera temporal por la seguridad tanto de los turistas como del personal que laboraba ahí, siendo que muchos de los visitantes de la región, ya fuera por aburrimiento o simplemente por conocer un poco más de la zona, habían decidido viajar a las ciudades aledañas para pasar el tiempo, a la espera de que pronto pudieran volver a las montañas a practicar el deporte que habían ido a realizar.

 

Hikaru Matsuyama, jugador profesional del Consadole Sapporo, se encontraba parado a las afueras de la estación de trenes de Furano, en donde llevaba ya un buen rato intentando coger un taxi que le llevara a su domicilio pues después del largo viaje que había realizado, se encontraba exhausto y deseoso de por fin llegar a casa. Luego de una serie de compromisos con los Samurai Blue, había volado desde Tokio al aeropuerto de Asahikawa, en la ciudad de Higashikagura, para luego dirigirse a la estación Nishi-seiwa en donde tomó la Furano Line que lo llevaría a su pueblo; sin embargo, Hikaru no había previsto que al llegar a su ciudad natal se encontraría con que el pueblo estaba atestado de imprevistos turistas, los cuales le dificultarían el último tramo de su viaje.

 

A pesar de que la noche ya se encontraba avanzada, la ciudad parecía refulgir pues muchos de los comercios aún se encontraban abiertos debido a los turistas que habían llegado, situación que no era muy común en el pueblo y que a su vez le imposibilitaba al defensor japonés tomar el tan anhelado taxi, ya que los pocos que existían estaban sumamente atareados por la gran demanda que había de sus servicios. Hikaru suspiró apesadumbrado, pues ya se había hartado de esperar por lo que levantó su mirada al cielo tratando de decidir qué hacer, no deseaba molestar a nadie de sus familiares y/o amigos para que le recogieran pero tampoco quería continuar parado en la estación, por lo que al final escogió caminar el último tramo que le faltaba.

 

Al salir a la calle, y una vez que recorrió unos cuantos metros de camino, el joven volvió a dirigir su mirada al cielo, prestándole esta vez mayor atención a las gruesas nubes y al viento que comenzaba a soplar en la ciudad, siendo que gracias al amplio conocimiento que Matsuyama tenía sobre el clima de la región, de inmediato supo que no tardando caería una nueva nevada, por lo que se dijo que debía andar con mayor rapidez, decidiéndose a cortar camino a través de callejones poco transitados y mucho más apartados de la zona con mayor algarabía, los cuales él conocía desde que era un niño.

 

“Debo apresurarme para llegar a casa antes de que comience a nevar”, pensó el joven.

 

Pronto se hizo evidente que el futbolista había tenido razón en sus especulaciones pues comenzaron a caer sobre él los primeros copos de nieve de la tormenta. Él deseaba con ansias llegar a casa y estar al lado de su amada Yoshiko, la cual seguramente ya lo estaría esperando con una bebida caliente y una reconfortante manta en donde ambos se acurrucarían abrazados a lado de la fogata hasta el amanecer. Matsuyama iba inmerso en sus pensamientos cuando de pronto se soltó una ventisca bastante fuerte que por un momento le dificultó completamente la visión y de la nada, frente a él, se apareció una mujer alta y hermosa, de piel muy pálida como la nieve y con largos cabellos plateados los cuales ondeaban y se camuflajeaban con la ventisca.

 

Matsuyama quedó muy impresionado con la aparición, pues esta parecía que se encontraba flotando sobre una densa bruma y debajo de ella los copos de nieve caían al suelo; la mujer miraba intensamente a Hikaru, quien quedó bastante desconcertado pues desde la distancia de donde él se encontraba parecía que la mujer no llevaba nada puesto o de llevarlo era completamente translúcido pues él sólo podía apreciar el contorno de su cuerpo sin ropa.

 

“¿O es acaso que su indumentaria también se está confundiendo con la bruma?”, pensó el joven.

 

La mujer entonces comenzó a avanzar hacia Matsuyama y parecía que ésta ondeaba sobre el suelo, pues los copos que caían debajo de ella iban dejando a su paso una fina alfombra helada detrás de sí.

 

— ¿Eres acaso una Yokai? —preguntó Matsuyama, haciendo alusión a la palabra japonesa que hace referencia a los fantasmas, espectros y otras apariciones de ese tipo, a lo que la mujer rio.

 

— Lo soy —respondió el espectro, con voz atemorizante—. Y he decidido que hoy tú te irás conmigo— amenazó la mujer.

 

— Lo siento mucho pero no puedo —respondió Matsuyama, intentando guardar la calma a pesar de que en su interior se encontraba más que aterrado— Me esperan en casa y debo llegar.

 

Ante esa respuesta la mujer rio sumamente divertida, pues nadie se había atrevido a contradecirla de ese modo, por lo que aceptó jugar un rato con el joven.

 

— ¡Está bien! —comentó la Yokai—. Si logras llegar a tu casa serás libre de estar con quien te espera pero si no lo consigues, tu alma se irá conmigo y vagarás a mi lado por toda la eternidad —sentenció el ente.

 

Después de eso, la mujer desapareció y Hikaru se quedó bastante confundido al respecto, estaba horrorizado de sólo pensar en qué había sido eso y qué significaban sus palabras, él por supuesto no deseaba morir, tenía una vida por vivir al lado de Yoshiko y sobre todo estaba su carrera profesional, la cual apenas comenzaba como para verla truncada de ese modo; además, tampoco le agradaba la idea de vagar por toda la eternidad con ese espectro, pero no sabía que pasaría, la mujer había desaparecido y todo volvía a la tranquilidad de la noche, entonces Matsuyama se preguntó si la Yokai se habría ido efectivamente o qué es lo que sucedería a continuación, obteniendo pronto su respuesta.

 

En ese instante una fuerte ventisca helada comenzó a azotar el callejón, encarando al jugador con la furia del ente de las nieves que se materializaba en ella, la mujer volvió a aparecer e impresa en sus ojos se notaba una verdadera cólera, lo que atemorizó por completo al futbolista; el espíritu se convirtió en una inmensa nube que comenzó a darle mayor fuerza a la ventisca transformándola en una poderosa tormenta invernal que azotaba con toda su intensidad a Matsuyama.

 

La nevada iba incrementando a cada minuto, por lo que al jugador no le quedó más remedio que comenzar a correr en dirección a su domicilio, con la esperanza de que, al llegar ahí, se viera liberado de este horrendo ser; conforme Matsuyama iba avanzando la nevada se iba haciendo más intensa convirtiéndose pronto en la más fuerte de las que habían caído durante esta temporada. Hikaru no podía ver ni a cinco centímetros delante de él, pero se decía que debía continuar sino perecería en el lugar; además, cada determinado tiempo la risa de la Yokai se escuchaba como el murmullo de la ventisca, recordándole a Hikaru el trato que él jamás quiso hacer.

 

Después de algunos minutos de lucha Matsuyama se sentía agotado, recordó los días en los que entrenaba en la nieve para fortalecer su cuerpo pero se decía que esto era demasiado, que la tormenta era muy fuerte y comenzaba a sentir entumidos sus pies y manos, lo que le dificultaba cada vez más el continuar; poco a poco la hipotermia empezó a hacer estragos en su cuerpo y por más que intentaba mantenerse en  movimiento, cada paso que daba se hacía más doloroso, pero su mente aguerrida no quería darse por vencida, Hikaru recordaba en su mente el rostro de su amada Yoshiko y se decía que debía llegar a su lado; sin embargo, sus fuerzas se fueron minando hasta que cayó sobre la densa capa de nieve que ya había sobre el suelo.

 

— ¡Perdóname, Yoshiko! No podré verte ya —exclamó Hikaru, con suma tristeza al tiempo en que cerraba sus ojos por última vez y se escuchaba nuevamente la terrorífica risa del espectro.

 

Al día siguiente se encontró el cuerpo del jugador a sólo dos casas de distancia de su hogar, al parecer había caído muerto de hipotermia pero lo que nadie se explicaba era cómo había sucedido eso, pues nadie en el vecindario había escuchado nada y su prometida aseguró, entre un mar de lágrimas, que estuvo gran parte de la noche parada junto a la ventana mirando a la calle y esperando el retorno de su amado, quien jamás logró llegar.

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