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Character:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 14 of Antología de lo Paranormal
Stats:
Published:
2025-06-10
Words:
3,230
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
11

La Dama Vengativa

Summary:

Durante la grabación de un comercial en un antiguo castillo, Karl Heinz Schneider tendrá un encuentro muy poco afortunado.

Work Text:

La Dama Vengativa.

 

El Castillo de Neuschwanstein, situado en la ciudad alemana de Schwangau, era sin lugar a dudas el más famoso e icónico de los castillos que existían en todo el país; esta maravillosa y emblemática fortificación se localiza en la región de la Baviera, al sur de la ciudad de Múnich y muy cerca de la frontera con Austria, y a pesar de tener una edificación de aspecto medieval, lo cierto era que dicha construcción databa apenas del siglo XIX, siendo el castillo mandado a construir por el rey Ludwing II de Baviera, quien era conocido como el Rey Loco y el cual lamentablemente jamás llegó a ver terminado su palacio.

 

La visión que este magnífico e impresionante castillo daba, situado imponentemente sobre la cima de la montaña y rodeado por los bosques de los Alpes que cubrían toda esta región, lo convertían en un auténtico castillo de fantasía, digno de cualquier cuento de hadas que se pudiera imaginar todo aquél que tuviera la suerte de verle de cerca, haciendo volar de inmediato la creatividad y convirtiéndose en el objeto de deseo e inspiración para innumerables sesiones fotográficas, grabaciones de filmes, documentales y comerciales, así como también para la realización de todo tipo de eventos en el lugar.

 

Era ésta la razón primordial por la que el departamento de mercadotecnia y publicidad de una prestigiosa marca deportiva e internacional, la cual era patrocinadora oficial del equipo de fútbol Bayern Múnich, había escogido dicho castillo como la locación perfecta para la nueva campaña publicitaria que estaba por lanzar, siendo que ese día se llevaría a cabo, en el patio superior del castillo, la grabación de las tomas necesarias para la realización del comercial principal de su campaña, así como también se haría una sesión fotográfica con los jugadores del equipo para sus carteles publicitarios.

 

Dicho comercial iniciaría con una vista aérea y panorámica del castillo, proporcionada por los modernos drones que se tenían para tal efecto, para luego hacer una toma de los jugadores del Bayern Múnich llegando a la puerta fortaleza para ingresar al castillo y terminar en el patio superior del mismo, en donde se encontrarían con la corte del Rey Loco y para salir de ahí tendrían que luchar por sus vidas pero de una manera que sólo a la marca deportiva que los patrocinaba se le habría podido ocurrir, es decir con un encuentro de época.

 

Este encuentro consistiría en un partido de fútbol soccer contra los caballeros del rey, siendo que éstos serían animados por la nobleza de la corte de Bavaria para que vencieran a los jugadores campeones de la Bundesliga, la DFB Pokal y de la Champions League de ese año; los cortesanos serían interpretados por actores y los caballeros serían futbolistas de ligas inferiores del mismo equipo, quienes estaban más que gustosos de ayudar a sus compañeros de la máxima división de la Bundesliga.

 

Fue así como, después de la grabación exitosa de algunas escenas, el equipo de filmación decidió tomar un breve descanso para que tanto actores como jugadores pudieran descansar y refrescarse; sin embargo, para algunos de los jugadores esto no fue posible pues tuvieron que ir al interior de la edificación a tomarse algunas fotografías que requería el equipo de producción en sitios emblemáticos de la fortaleza, como lo eran la Sala del Trono o la de los Cantores, entre otras. Aquellos que habían tenido la suerte de no ser requeridos, habían aprovechado su tiempo libre para recorrer este magnífico lugar, dispersándose por todas sus áreas y pisos, mientras que el resto de las personas que participaban en la grabación, ya fueran actores, jugadores o personal de producción, se habían retirado al interior del edificio principal del castillo o a cualquiera de sus torres o áreas anexas, en busca de algún sitio fresco en donde pudieran descansar y deshacerse por un rato de los pesados atuendos que tenían que utilizar, por lo que en cuestión de algunos minutos el patio principal se quedó completamente solo.

 

Como Karl Heinz Schneider ya había visitado el castillo en otras ocasiones y no había sido llamado por la producción para las fotografías que se encontraban tomando, prefirió no ir con los demás, decidiéndose mejor a dirigirse a la puerta fortificada, que era la impresionante edificación que daba, o en su caso le negaba, el acceso a los terrenos del castillo, siendo que más allá de la fortaleza había un hermoso mirador a donde el joven deseaba llegar para disfrutar desde ahí la hermosa vista panorámica que se tenía de los alrededores y, quizás si tenía algo de tiempo, tomar algunas fotografías con su celular.

 

Schneider comenzó a andar rumbo a la entrada, pero cuando había avanzado poco menos de la mitad de la longitud del patio superior, creyó ver de reojo que, por unas de las escalinatas ubicadas al fondo de aquél, la cual daba acceso desde el segundo piso al área en donde él se encontraba, descendía rápidamente una esbelta silueta; creyendo que se trataría de alguna de las personas que se encontraban en el interior y que había salido en busca de algo olvidado, no le dio mayor importancia al asunto, ni se preocupó en verificar quién era, continuando su camino con tranquilidad y llegando a las escaleras que le conducirían al patio inferior.

 

Cuando llevaba descendido poco más de la mitad de las escaleras, Karl sintió como si alguien estuviera detrás suyo, parado en la parte superior de las escalinatas y mirándole fijamente, pero al girarse para comprobar la identidad de la persona, vio que en el lugar no había nadie más que él; un tanto confundido y creyendo que había sido sólo su imaginación, decidió continuar con su camino, ignorando nuevamente el suceso. Así pues, pasó sin que se presentara ningún otro incidente al patio inferior y atravesó la edificación que era la muralla de acceso, llegando finalmente al mirador en donde se entretuvo un buen rato. Finalmente cuando creyó que ya era tiempo de volver, al darse la vuelta para regresar le pareció volver a distinguir algo, aunque esta vez estaba un poco más definido que las situaciones anteriores, pues parecía ser una figura femenina ataviada en color blanco, la cual había cruzado de lado a lado la puerta de acceso al otro lado del edificio.

 

Karl intentó nuevamente darle una respuesta lógica a su mente sobre lo que acaba de presenciar, aunque algo en su interior comenzaba a hacerlo sentir realmente inquieto; de repente, sintió una atmósfera pesada en el lugar y sus pensamientos comenzaron a traicionarlo, dándole todo tipo de ideas acerca de quién pudiera ser esa persona. El alemán se dijo que debía controlarse y dejarse de tonterías, que muy seguramente se trataría de algún actor, que al igual que él, aprovechaba su tiempo libre en recorrer el lugar por lo que seguramente se lo encontraría en su camino de regreso, ya fuera que este personaje saliera a donde Karl se hallaba o cuando él mismo entrara de nuevo al castillo, pero al regresar al patio inferior no se topó con nadie en ninguna parte.

 

“Quizás regresó arriba o ingresó en alguna de las múltiples habitaciones que hay por aquí”, pensó Schneider, viendo a su alrededor.

 

El alemán finalmente regresó al patio superior y al ver que aún no había nadie en el lugar, se decidió ir a averiguar en dónde se encontraban los demás, pues a su parecer ya había pasado demasiado tiempo desde que se dio el descanso y no parecía haber rastro de otra persona aparte de él, pero justo cuando se disponía a irse, del ala ubicada a su izquierda, que habían sido los aposentos destinados a las Damas, salió una hermosa y misteriosa mujer, quien llevaba puesto un amplio vestido en color marfil, de organza de seda, con una ligera cola que arrastraba por el suelo y con un delicado encaje sobre el faldón; en la parte superior sus mangas eran ligeramente más amplias para estrecharse y quedar pegadas en los antebrazos, su escote era recto con encajes en el pecho, lo que delineaba su figura. La mujer llevaba además una chalina de seda y un collar de perlas con una enorme y brillante gema que colgaba en el centro de su pecho, además de portar varias joyas más, que claramente lucían muy valiosas, en sus manos y en el tocado del cabello, el cual lo traía parcialmente recogido en una especie de peinado de época.

 

La joven en cuestión había llamado mucho la atención del joven emperador, pero no por su belleza sino más bien porque ésta parecía estar realmente muy bien caracterizada como una noble, fina y rica dama de la corte del rey Ludwing II.

 

“Es un buen vestuario, realmente parece de aquella época”, pensó Karl.

 

Fue entonces cuando el delantero recordó lo sucedido momentos atrás en la entrada del castillo y llegó a la conclusión de que seguramente ella había sido la persona que había visto pasar, por lo que feliz de encontrar una respuesta lógica, decidió no darle mayor importancia al asunto; sin embargo, la mirada de la mujer era demasiado insistente y no se apartaba del jugador, y sin saber bien porqué Karl se sintió realmente perturbado, había algo en ella que en verdad le hacía sentir muy incómodo, por lo que desvió rápidamente su vista de la joven. En ese momento, Schneider recordó a sus compañeros de equipo, los cuales seguían sin aparecer, por lo que se distrajo por completo con ese asunto, preocupándose en verdad y llegando a creer que quizás se habían ido y lo había dejado ahí abandonado.

 

—¡No! — se dijo al instante —. Eso no puede ser, pues yo estaba en la entrada, los hubiera visto salir.

 

Al descartar esa posibilidad su mente le surgió una nueva teoría, quizás podría tratarse de algún tipo de broma idiota orquestada por Sho, Levin o Wakabayashi, ellos seguramente se estarían escondiendo de él para gastarle esa mala e infantil broma.

 

“Eso es más probable y sería muy típico de ellos”, pensó Karl, bufando con fastidio.

 

Schneider entonces se decidió a ir a buscar a los demás y cuando comenzó a andar rumbo al interior del castillo, la joven que lo había estado observando en silencio durante todo este tiempo comenzó a seguirle a prudente distancia. Karl buscó en los sitios cercanos para ver si encontraba a alguien pero por más que se asomaba a las habitaciones, los pasillos, las torres y las salas, simplemente no veía a nadie cerca, parecía como si la tierra se hubiera tragado a todos y lo peor de este asunto era que la mujer continuaba siguiéndole, siempre a la distancia y sin pronunciar palabra alguna, lo que finalmente terminó por molestar al joven.

 

— ¿Qué no me piensa dejar en paz? —se preguntó Karl, algo fastidiado de la intensa mirada que la joven le daba.

 

Después de un rato el alemán se encontraba más que cansado y fastidiado por el asunto, estaba comenzando a desesperarse y un inexplicable temor comenzaba a apoderarse de él pues no hallaba a nadie en el lugar; desde hacía rato había descartado la idea de la broma pues no sólo no encontraba a sus compañeros de equipo sino que tampoco hallaba ni a los jugadores de ligas inferiores, ni a los actores, ni al personal técnico, todos, absolutamente todos parecían haberse esfumado en el aire y sin explicación alguna.

 

Él miró con cierta desesperación a su alrededor y ahí estaba ella, esa mujer que había estado siguiéndolo por todos lados sin decidirse a hablar o terminar de acercarse de una buena vez, y ésa era otra cosa que le estaba desesperando, el hecho de que no se atreviera a hacer algo lo estaba volviendo loco, por lo que decidió ser él quien se acercaría a encararla, si era una fan, le daría el autógrafo y la foto que deseaba y que no se atrevía a pedir y asunto solucionado, para que finalmente lo dejara en paz y se pudiera concentrar en su problema mayor. Así pues, Karl caminó con paso firme hacia la dama.

 

— ¡No sé quién eres! —le dijo Karl, una vez que la tuvo lo suficientemente cerca—. Pero, ¿por qué razón me has estado siguiendo? —le preguntó finalmente.

 

Al tenerla tan cerca, el alemán se percató de un detalle que había pasado por alto y que en verdad le heló la piel: a la misteriosa mujer no se le veía la parte baja del vestido y en vez de eso una bruma cubría la parte inferior de su cuerpo, haciéndola flotar como a unos quince centímetros del suelo. Schneider aterrado se quedó paralizado sin saber bien qué hacer.

 

—¿Por qué me sigues? —volvió a preguntar el joven, con evidente nerviosismo ante el temor por la posible respuesta.

 

— ¡Eres de la casa de Wittelsbach! —afirmó la mujer, pronunciando sus palabras con enojo.

 

—¿Qué? —respondió Karl, sin entender de qué hablaba el espectro.

 

A estas alturas el Káiser se encontraba más que aterrado, por lo que intentó lentamente retroceder para escapar de ahí, pero sus piernas parecían estar pegadas al suelo pues no respondían a sus pensamientos.

 

—¡Eres descendiente de los Wittelsbach! —volvió a decir la mujer.

 

No era una pregunta la que el espectro hacía, ella estaba segura de sus palabras y sólo le hacía ver a Schneider que lo sabía tan bien como él. Karl entonces se obligó a reaccionar, comenzando a dar algunos pasos hacia atrás intentando retroceder lo suficiente como para que en la primera oportunidad que tuviese pudiera poner en práctica el mejor sprint de su vida, pero la mujer pareció adivinar los pensamientos del joven emperador pues en cuestión de segundos se movió cual ráfaga de viento, cayendo sobre él sin que éste pudiera más que cubrirse con los brazos ante el evidente choque.

 

Dentro del castillo, algunos de los miembros del equipo muniqués se encontraban preparándose para iniciar la sesión fotográfica que les tocaba, mientras otros más intentaban decidir en qué dirección podían comenzar con su recorrido de las instalaciones, cuando de pronto escucharon un fuerte y aterrador grito proveniente del patio superior y cuya voz pertenecía a la de Schneider. Tanto Wakabayashi como Levin y Sho al escuchar el grito de su amigo salieron corriendo para saber que sucedía, encontrando al Káiser tirado en el suelo, cubriéndose el rostro con sus brazos.

 

Sus brazos y piernas se encontraban completamente ensangrentados por las múltiples heridas que presentaba en ellos, pero sobre todo, en el lado izquierdo de su pecho tenía una enorme herida sobre el borde superior de las costillas, parecía como si una fiera o un gran felino lo hubiera atacado, dejándole sus garras marcadas, o quizás como si alguien le hubiese querido sacar el corazón con sus garras. Sus amigos rápidamente pidieron auxilio y una ambulancia, mientras Karl yacía en un charco de su propia sangre.

 

La nación quedó sumamente consternada con la noticia pues su gran ídolo había sido atacado, dejándolo seriamente lastimado; las autoridades buscaron incesantemente al responsable pero la investigación jamás dio resultados, buscaron por todo el lugar y cuestionaron a todo aquél que se hubiera encontrado en los alrededores en el momento del ataque, pero nadie tenía idea de quién pudo ser el agresor pues no habían pasado ni cinco minutos desde que todos habían ingresado al interior del castillo hasta que el joven había gritado. Las cámaras de seguridad del lugar tampoco fueron de utilidad ya que jamás mostraron a nadie entrando o saliendo del área en cuestión y, curiosamente la cámara que estaba localizada en el patio había fallado minutos atrás.

 

Tanto el equipo muniqués como los representantes de la marca deportiva exigieron una explicación oficial a la administración del castillo, pues su mejor jugador y estrella se encontraba gravemente herido en una situación que jamás debió haber sucedido; los directivos del museo se negaron a dar explicación alguna más que nada porque no tenían la menor idea de lo que realmente había sucedido y porque la teoría que ellos pensaban que era la adecuada no podría ser creída por nadie más que aquellos que ya lo habían presenciado con sus propios ojos.

 

Extraoficialmente, un guardia del castillo que era gran fan del Káiser de Alemania, queriendo ayudarle de algún modo se decidió a contar lo que a su parecer había ocurrido, enviando una carta a la directiva del equipo en donde contaba lo que sabía y pidiendo ser mantenido en el anonimato por su propia seguridad. En dicha misiva se podía leer lo siguiente:

 

“Existe una leyenda en el castillo de Neuschwanstein que cuenta que, en la época del rey Ludwing II, vivía en este palacio una hermosa dama de una respetable y adinerada familia de la región y quien residía en los aposentos destinados para las damas; cierto día, en una de las reuniones que acostumbraba a tener la corte con el rey, ella conoció a un apuesto caballero de rubia cabellera, el cual pertenecía a la distinguida dinastía Wittelsbach, siendo de este modo pariente lejano del rey.

 

La joven cayó perdidamente enamorada del valeroso caballero que se encontraba apostado en la Casa de los Caballeros, un área dedicada para los nobles varones y la cual se sitúa justo al cruzar el patio superior, en la ala opuesta del castillo, de donde se encuentra la Casa de las Damas. El noble hombre comenzó una relación amorosa con la hermosa dama, siendo que su amor continuó con dicha y felicidad hasta el día en que el caballero le confesó a la mujer, de una cruel e innecesaria manera, que iba a contraer nupcias con una distinguida condesa del Imperio Austro-Húngaro, la cual le convenía más como esposa y siendo que, de ese modo, terminaba en ese momento su relación con la joven.

 

La mujer, sumamente dolida, le reclamó al amor de su vida por su vil traición, siendo que la dama habría perdido la vida en ese mismo patio a manos de su traidor amante, el cual había salido ruinmente impune gracias a su parentesco con el rey, robando además todas las joyas y posesiones de valor que la joven habría tenido en sus aposentos, para luego desaparecer del castillo y jamás volver a verse por aquí. Por lo que desde entonces se dice que la joven dama vaga por el castillo clamando venganza e intentando matar a todo aquél atractivo hombre soltero que ose pisar el lugar.

 

Muchos de nosotros, como guardias del lugar, la hemos llegado a ver pero jamás ha interactuado con nosotros de ese modo, supongo que el Káiser representó algún tipo de visita especial para ella, quizás le recordó a su antiguo amor y eso la perturbó por completo, siendo ésta la razón de su ataque.”

 

La carta fue mostrada a todos los involucrados en el caso, incluyendo al agraviado, pero tanto autoridades policiales como la directiva del club desestimaron esta narración de inmediato por considerarla inverosímil, siendo que la teoría de una posible fan loca y obsesiva se hizo más latente aún, sin que jamás se pudiera resolver el caso; sin embargo, para Karl Heinz Schneider, quien lentamente se recuperaba de sus heridas, el asunto estaba más que resuelto, él estaba seguro de lo que le había sucedido ese día por más que no le quisieran creer y jamás podría olvidar su encuentro con lo que una mujer puede llegar a hacer por la sed de venganza por un amor traicionado.

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