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Language:
Español
Series:
Part 16 of Antología de lo Paranormal
Stats:
Published:
2025-06-13
Words:
2,311
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
7

Fiesta Espeluznante

Summary:

Sho Shunko y Stefan Levin deberán asistir a una fiesta de Halloween en la que serán la atracción principal para algunos invitados inesperados.

Work Text:

Fiesta Espeluznante.

 

Corrían los últimos días del mes de octubre y el otoño ya se hallaba presente en todo el hemisferio norte; el frío polar proveniente del ártico comenzaba a descender por Europa, bajando la temperatura considerablemente en la región de Baviera y su capital, la ciudad alemana de Múnich. Se acercaba el Día de Brujas y una de las más importantes compañías cerveceras del país, que además era patrocinadora oficial del equipo de fútbol Bayern Múnich, se preparaba para realizar un gran evento ese día, pues su representante Bernard Brunt, quien había vivido durante muchos años en los Estados Unidos, amaba con locura esta festividad, por lo que había organizado una enorme fiesta para celebrarla, teniendo como invitados VIP a diversas personalidades tanto del espectáculo, el deporte y la cultura, así como también del campo de la política y los negocios; además, se aseguró de que los jugadores del Bayern asistieran al ser invitados obligatoriamente gracias al contrato que el equipo tenía con la empresa.

 

Para Sho Shunkô, mediocampista del conjunto muniqués, quien no conocía muy bien esta tradicional festividad debido a que en su natal China la costumbre para ese día consistía únicamente en realizar ofrendas y regalos a los espíritus más que ser una celebración de diversión terrorífica, ésta era una nueva experiencia que esperaba con ansías pues muchos de sus compañeros ya le habían hablado sobre el tema por lo que se encontraba muy intrigado al respecto. Por su parte Stefan Levin, mediocampista también de la escuadra alemana, si bien conocía con antelación dicha festividad pues en su país sí se celebraba desde hacía más o menos unos veinte años atrás, al igual que sucedía en Alemania, no se consideraba muy partidario de la celebración pues consideraba que esto era algo infantil ya que en su país sólo los niños pequeños y los adolescentes solían disfrutarla, por lo que no le agradaba mucho la idea de tener que ir a un evento de este tipo.

 

Genzo Wakabayashi, portero titular del equipo, no asistiría a la dichosa fiesta gracias a que el japonés había solicitado un permiso especial para ausentarse durante algunos días de sus obligaciones laborales, ya que debía realizar un viaje exprés a su país natal pues tenía que resolver algunos asuntos de carácter personal, siendo que de ese modo el joven se había salvado de tener que asistir a un evento en el que claramente no le habría gustado estar; en cuanto a Karl Heinz Schneider, capitán y jugador estrella del conjunto muniqués, de ningún modo podría asistir al evento pues un accidente, ciertamente de consideración, lo mantenía delicado en cama por lo que no era ni pensable que acudiera, siendo además que el joven emperador no se lamentaba para nada el no poder hacerlo. Brunt al enterarse de estos inesperados inconvenientes, comentó con despecho que los jóvenes se perderían de una épica fiesta que todo mundo recordaría durante mucho tiempo, sin saber que sus palabras se harían realidad.

 

                El día tan esperado por muchos finalmente llegó siendo que la fiesta se efectuó en la Haus der Kunst, o Casa de Arte, un antiguo museo de más de ochenta años de existencia y que fue construido durante el Tercer Reich, el cual se localiza en plena zona céntrica de la ciudad, en los limítrofes del Jardín Inglés, que es el parque más grande de Múnich. Gracias a los múltiples contactos que Brunt tenía, el hombre había logrado que le prestaran el museo para realizar su famosa fiesta, logrando además que ese día los invitados fueran recibidos por una enorme escultura del esqueleto de un caballo, la cual estaba iluminada de manera bastante espeluznante que ocasionaba uno que otro susto en la concurrencia; dicha figura era una obra de arte muy valiosa, siendo que la administración, a base de presiones políticas y en contra de su voluntad, se había visto obligada a tener que dejarla en el sitio durante la realización de la fiesta, demostrando así el poder que el hombre tenía.

 

La recepción transcurrió sin ningún contratiempo, siendo ésta muy extravagante y fastuosa, al a cual asistieron personalidades de todo tipo, desde políticos, intelectuales, cantantes y modelos, sin mencionar a los jugadores del Bayern, los cuales asistieron en su mayoría; los invitados tuvieron una velada muy divertida con excepción de cierta modelo que no vio realizado su deseo de pasar la noche al lado de una de las estrellas del equipo, por lo que en cierto punto del evento hizo un berrinche innecesario y le exigió a Brunt que la llevara a casa. Al hombre no le quedó más remedio que dejar por un rato su evento y partir con ella, pidiendo que por lo menos dos de los jugadores del Bayern se quedaran hasta el final para que fungieran como anfitriones sustitutos de la celebración, siendo que Sho Shunko y Stefan Levin habían sido los perdedores del sorteo que hicieron los jugadores para determinar quiénes serían los castigados.

 

Cuando la fiesta finalmente terminó y ya sólo quedaba uno que otro invitado perdido, el cual se disponía a retirarse del lugar entre grandes risotadas de felicidad y un andar errático pues a estas alturas de la noche la mayoría de los invitados habían terminado completamente ebrios, Sho y Levin, que no habían bebido tanto, se encontraban muy aburridos y deseaban irse a su casa pero el anfitrión real de la fiesta aún no regresaba, por lo que no sabían qué hacer para entretenerse mientras Brunt volvía.

 

—Creo que ya se tardó demasiado —exclamó Sho, bastante fastidiado, aventando pequeños pedacitos de papel a un vaso—. ¿Cuánto tiempo le puede llevar ir a botarla?

— Puede ser que no sólo haya ido a dejarla —le respondió Levin, con cierta malicia en su expresión pero igual de aburrido que su amigo.

De pronto, los jóvenes escucharon un fuerte ruido proveniente de la parte posterior del salón, a las afueras del museo, parecía como si algo grande y pesado hubiera chocado con alguno de los autos o contenedores de basura que se hallaban en el sitio pues se había escuchado algo metálico abollarse, lo que llamó mucho la atención de los jóvenes por lo que, sin otra cosa mejor qué hacer, se aventuraron a salir para ver de qué se trataba, abandonando el edificio por una de las múltiples puertas que daban acceso al largo corredor que el museo tenía en su parte posterior y el cual desembocaba en unas escalinatas para finalmente llegar al estacionamiento en donde se hallaban los contenedores de basura. Los jóvenes caminaron por el pasillo sin ver ni oír nada y desde las escalinatas se asomaron hacia el sitio en donde yacían los contenedores pero no vieron algo fuera de lo normal.

 

— Creo que sólo fue nuestra aburrida imaginación —comentó Sho, con burla.

 

— Pueda que tengas razón —dijo Levin — Será mejor que volvamos al interior.

 

                Minutos después de que los futbolistas regresaron al salón, se volvió a escuchar el mismo ruido de antes, pero esta vez proveniente del corredor ubicado al frente del museo, por lo que en esta ocasión sólo Levin decidió salir. Al asomarse a través de la puerta principal, lo primero que Stefan pudo ver fue que la escultura del caballo se hallaba derribada y hecha pedazos, lo que le sorprendió muchísimo pues ésta no era tan liviana ni frágil como para que alguien normal la hubiese tirado con un simple golpe y saliera de ahí sin ningún tipo de lesiones por lo que, decidido a averiguar de qué trataba el asunto, salió al pasillo y caminó a través de éste buscando una respuesta lógica que le diera las explicaciones que él deseaba saber. Sho estaba a punto de ir en busca de su compañero cuando éste regresó corriendo, sumamente pálido y con una expresión aterrada. Stefan, al ingresar de nuevo al salón, cerró con fuerza la puerta por donde había entrado, colocando el cerrojo y buscando una mesa con la cual atrancarla para luego comenzar a cerrar con mucha rapidez todas las puertas y ventanas aledañas.

 

                — ¡Ayúdame, rápido! —gritó Levin, desesperado sin detenerse de su actividad.

 

                Sho obedeció sin entender bien qué era lo que estaba sucediendo pero el semblante de su amigo le decía que primero actuara y después preguntara; una vez que ambos jóvenes terminaron de cerrar puertas y ventanas, el sueco se alejó de ellas para quedarse en el centro de la habitación, mirando con terror hacia el exterior.

 

— ¿Qué demonios es lo que pasa? —preguntó Sho, alarmándose al ver la expresión de su amigo.

 

— Algo que en verdad no querrás ver —respondió el sueco, muy serio.

 

De pronto, una enorme silueta obscura brincó hacia uno de los ventanales de la entrada principal, golpeando con fuerza el cristal y haciendo saltar a los jóvenes en el interior. Sho al principio no supo qué era esa cosa hasta que ésta volvió a golpear la ventana y fue cuando pudo verla con mayor claridad, era una enorme bestia peluda que parecía una mezcla entre un enorme lobo y un oso, tenía unos dientes enormes y afilados que mostraba al rugir con furia, sus gruesas y pesadas garras rascaban la madera de las ventanas y sus ojos parecían estar impregnados de sangre. El animal saltaba y se golpeaba con furia sobre las protecciones de los ventanales en un intento de derrumbarlos para ingresar al salón, y su gruñido era tan aterrador y sobrenatural que no parecía pertenecer a ningún animal que ellos hubieran visto antes, por lo que los jóvenes se hallaban aterrados de sólo pensar que en cualquier momento la bestia podría romper el cristal para entrar y destazarlos.

 

— Si esto es parte de las costumbres de esta fiesta, mejor me quedo con mis tradiciones —comentó Sho, claramente apanicado.

— No creo que esto sea parte de la fiesta —comentó a su vez Levin, deseando que la bestia no lograra derribara la puerta—. Si bien creo que sí es costumbre asustar a los invitados, considero que esto ya es demasiado, además ya todos se fueron.

Fue entonces cuando escucharon otro fuerte golpe, proveniente de la parte posterior del museo y al mirar hacia la dirección desde donde se había oído, vieron que otra bestia, igual a la anterior, intentaba hacer lo mismo por ese lado.

— ¿Hay más de uno? —preguntó Sho, atónito.

 

— ¡Yo sólo vi a uno! — comentó Levin—. ¡Pero al parecer si hay más! —agregó, sin poder creer lo que veía.

 

Las bestias hacían uso de todo su peso y fuerza para querer derribar las puertas y ventanas, las cuales parecían que en cualquier momento podrían ceder, cuando se escuchó un fuerte silbido.

 

— ¿Y ahora qué? —preguntó Shunko, claramente desesperado.

 

Los monstruos parecieron reconocer a su “amo” o lo que fuera con ese sonido, pues de pronto se detuvieron y miraron hacia un sitio en específico en la arboleda que se hallaba en el jardín contiguo y en donde después de algunos segundos se pudo ver que aparecía de entre las sombras un extraño y macabro ser, el cual se quedó parado en el límite del parque durante algunos segundos que a los futbolistas les parecieron eternos, durante los cuales fueron llegaron más bestias y seres obscuros a su lado.

 

Los seres que acababan de aparecer rápidamente comenzaron a rodear el museo, siendo que se colocaron en cada una de las puertas y ventanas que el lugar tenía, comenzando a golpetear los cristales para intentar ingresar como lo habían estado haciendo las otras dos bestias con anterioridad; estos nuevos personajes tenían un aspecto muy macabro, vestían completamente de negro, eran altos y se veían muy delgados, sus manos eran como garras huesudas con uñas afiladas y cubiertas de tierra que arañaban la madera y el cristal, y aunque su rostro no se alcanzaba a distinguir debido a las capuchas que portaban, era obvio que no tenían buenas intenciones para con los jugadores.

 

Sho y Levin, completamente aterrados, decidieron no saber más del asunto y salieron corriendo despavoridos en busca de un lugar que pudieran considerar seguro para esconderse, siendo que encontraron una pequeña bodega en la planta superior del inmueble en donde se encerraron con llave para bajo ningún motivo abrirla hasta que no comprobaran que era seguro hacerlo.

 

Al día siguiente, cuando finalmente se animaron a salir con la luz del día, los jóvenes pudieron apreciar con gran horror la masacre que había ocurrido la noche anterior a las afueras del museo; al caminar por el largo corredor que los llevaría al estacionamiento vieron en su camino los cuerpos sin vida de varias personas, muchos de ellos parecían simples transeúntes de la zona aunque también se encontraban algunos invitados a la fiesta, incluyendo a los últimos que habían salido del lugar así como también los directivos de la compañía, entre ellos Bernard Brunt y la modelo que le había acompañado al salir del salón.

 

Parecía ser que las víctimas habían sido masacradas en los alrededores sin darles oportunidad a nada pues algunos habían quedado cerca de sus autos, otros dentro del área que comprendían los jardines y otros más en el corredor que llevaba al estacionamiento; había manchas de sangre por todo el lugar y algunos de los cuerpos parecían haber sido desgarrados por las bestias que ellos habían visto la noche anterior pero otros más parecían como si les hubieran drenado la sangre y otros tantos más habían sido decapitados.

 

Sho y Levin salieron despavoridos de la zona y no quisieron volverse a parar en ese parque bajo ninguna circunstancia, la policía investigó el caso y quedó archivado en el apartado de los casos inexplicables y sin resolver pues las cámaras de seguridad del lugar y de los alrededores no pudieron aportar ninguna pista que les ayudara a determinar qué eran esas bestias y más aún, qué eran esos seres tan espeluznantes que así como aparecieron así se desvanecieron frente a las cámaras y sin dejar rastro alguno.

 

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