Chapter Text
Los dos días que siguieron al rescate fueron una locura total. Todos querían entrevistar a los chicos, tocarlos y abrazarlos. Una señora insistió en acercar a su bebé a los brazos de Carlitos para que él le diera la bendición y el pequeño se curase.
Coche estaba siendo evacuado en una ambulancia, acompañado por su hermano. Antes de llegar, este le preguntó de qué se habían alimentado. Coche le respondió y su hermano, al borde del desmayo, adquirió una palidez casi verdosa. Apenas podía sostenerse sobre sus piernas. Entonces, Coche intercambió lugar con él, cediéndole su camilla. Cuando la ambulancia se abrió, los médicos pensaron que Coche era el familiar del paciente que llegaba de los Andes, y no al revés.
Nando se encontraba descansando en su habitación del hospital cuando escuchó los gritos de Graciela. Detrás venían sus padres y Juan, su cuñado.
Apenas vio a su hermano, Graciela comenzó a llorar, pero tuvo que dar espacio a Xenia, quien abrazó a su hijo con todas las fuerzas de su corazón mientras también lloraba. Don Seler esperaba ansioso el momento de abrazar a su hijo, aquel muchacho que siempre había parecido tan despreocupado y que terminó siendo un héroe para todos sus compañeros.
—Qué delgado estás, mi amor —susurró Xenia.
Nando no podía hablar de la emoción. Y tampoco hacía falta preocupar a sus padres comentándoles lo mal que lo habían pasado allá en la montaña. Ya habría tiempo para explicar todo. Por el momento, simplemente se dejaba querer.
—Gracias por volver, hijo mío… y gracias también por salvar a tu hermana y a todos tus amigos. Estamos muy orgullosos de vos —le susurró su padre.
Roberto recibió la visita de sus padres y de Lauri, que los acompañaba. Al comienzo, se asustó, porque pensó que vería a su novia recién en Montevideo, y le resultaba extraño sentirla tan perfumada y maquillada. Es más, fue Lauri quien lo reconoció incluso antes de verlo, mientras buscaba la habitación correcta dentro de ese pasillo.
Un médico estaba explicando el estado de salud y mental de los sobrevivientes. Como siempre, recordaba a los familiares y amigos que debían tener cuidado en cómo tratarlos y hablarles. Lauri apenas podía entender las palabras del profesional: estaba concentrada en encontrar a Roberto. Hasta que reconoció sus piernas a través de una puerta entreabierta… y se lanzó sobre él.
Pedro recibió la visita de sus hermanos menores cuando ya tenía a su madre acompañándolo, alcanzándole los alimentos allí en el hospital. Se sintió contento de verlos y los saludó alegremente; luego, siguió comiendo, lo que sorprendió a los chicos, porque su hermano mayor siempre había sido muy cariñoso.y ahora acababa de saludarlos con un simple “Hola”, como si los hubiese visto el día anterior y no después de dos meses de estar perdido.
La abuela de Tintín estaba completamente segura de que él volvería y discutía con los padres de su nieto cuando ellos ya se habían resignado. Así que, para ambos, fue una sorpresa verlo regresar con vida. Pero para ella no: era la confirmación de su fe.
Carlos hijo estaba con Carlos padre, y no se separaron más. Pronto llegarían su madre y sus hermanas, pero su papá, como buen artista y casi un mago, tenía una sorpresa adicional: un cachorro maltés llamado Copihue en honor a la flor nacional de Chile y en agradecimiento por el apoyo brindado a los jóvenes uruguayos y a sus familias. Carlitos ya había dejado a otra mascota antes de su viaje, pero esta había muerto antes de su regreso, así que se encariñó rápidamente con el diminuto Copihue.
Los muchachos se habían convertido en celebridades muy a su pesar. Y, por supuesto, algunos pensaron que podían aprovechar un poquito de esa fama para conseguir más comida, pero los doctores y las enfermeras fueron inflexibles: primero tenían que estudiar qué les había pasado.
Carlitos y Roberto convencieron a Pancho para ir a la cocina del hospital durante la madrugada y recoger comida. Llegaron al punto de robarse el pastel de cumpleaños de una enfermera. Los médicos se rindieron y dieron la orden de servir una comida completa a los revoltosos pacientes uruguayos que mostraban mejor estado de salud.
Sara de Strauch abrazaba a su sobrino Daniel mientras miraba, extasiada, a su hijo Eduardo, feliz de tenerlos otra vez con ella. Coche, en su cama de hospital, recibió la amorosa visita de su madre y de Soledad, su prometida.
Roy presentó serios problemas de salud porque cuando los rescatistas llegaron a la montaña pudieron comer muchas cosas y sus cuerpos no estaban acostumbrados a tanta variedad y cantidad después de dos meses de limitarse a ínfimos trocitos de carne humana. Ya en el avión era evidente su estado de caquexia, pues llegó a Chile pesando 38 kilos, cuando antes por su estatura y excelente estado físico había pesado 85; pero después de todo lo que comió, especialmente luego del pastel de cumpleaños que Roberto y Carlitos le robaron a una enfermera, le sobrevino una diarrea que afectó aún más su frágil estado. El estrés agudo y la desnutrición hicieron lo suyo, pero la posterior diarrea lo deshidrató, provocándole una baja importante de potasio en su organismo y Roy presentaba un ritmo cardíaco irregular que lo descompensó.
En el hospital estaban muy preocupados por su estado, al punto de que uno de los médicos se dedicó personalmente a cuidarlo y estabilizarlo. Habría sido una ironía insoportable: sobrevivir tanto tiempo para morir ya en el hospital. Eso no lo iban a permitir. Así que Roy permaneció internado en el área de cuidados intensivos 15 días adicionales antes de poder regresar a su país.
***
Los médicos ya tenían claro de qué se habían alimentado los sobrevivientes, entonces dieron órdenes estrictas al resto del equipo: protegerlos a toda costa.
Los acontecimientos se desarrollaban a toda velocidad.
El 24 de diciembre casi todos habían recibido el alta hospitalaria, excepto Roy, Javier, Vasco, Liliana, Numa y Susy.
El mismo 24 por la noche los sobrevivientes que ya habían sido dados de alta celebraban la Navidad junto a sus familiares en el Hotel Sheraton de Santiago. Muy cerca de allí, en el hotel Crillón, se hospedaban los padres de los fallecidos.
Marcelo decidió no salir de su habitación del hotel Sheraton.
El 26 de diciembre, estalló la noticia.
Para muchos, dejaron de ser los héroes y protagonistas de un milagro para pasar a convertirse en "los caníbales".
Cuando Gustavo se enteró de la filtración de la noticia, estaba junto a sus padres, quienes lo habían acompañado a comprar zapatos. Lo primero que hizo fue llamar a uno de los rescatistas.
—Buenas tardes, profe Sergio. Se destapó todo. ¿Qué pasó? Nosotros confiábamos en ustedes.
Sergio no podía creer lo que escuchaba.
—Hijo, les puedo jurar que yo no fui. Para ninguno de nosotros es conveniente que ahora se sepa la verdad.
—Pero ustedes tomaron fotografías —le increpó Gustavo.
—Te juro que no las publiqué ni ofrecí a la prensa y puedo asegurarte que ninguno de mis compañeros tampoco.
—¿Está seguro? Porque yo recuerdo que casi todos ustedes fueron muy buenos con nosotros allá en la montaña, pero uno de ellos nos miraba con cara de pocos amigos, tenía frecuentemente una pistola en la cintura y no perdía oportunidad de mostrarla.
—Ya sé a quién te refieres... Y ahora que lo pienso, lo conozco muy poco. No te puedo asegurar que sea una persona confiable, pero de los demás miembros del equipo sí puedo dar fe de que son buenas personas.
Gustavo se quedó un poco más tranquilo y luego habló con sus compañeros que se preparaban para volver a Montevideo.
—Chicos, el profe dijo que no fue él y yo le creo.
—Pero claro que te iba a decir eso... —respondió otro de los muchachos.
—En serio, yo le creo. Y no solamente porque me lo haya dicho —contestó Gustavo, con voz firme—. En la montaña, su mirada era la de una buena persona, así que yo SIEMPRE le voy a creer al profe Sergio. Y si alguien se atreve a dudar, que venga ahora y nos medimos a trompadas.
Nadie se atrevía a dudar, porque Sergio había sido como un padre para ellos en los peores momentos de sus cortas vidas y sabían que era un hombre sincero y bondadoso. Pero entonces, y como suponía Gustavo, la filtración de la noticia había llegado por otro lado.
