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Venid a casa, golondrinas

Summary:

Cada verano desde que se encontraron, volvían a casa juntos

 

Era su espacio natural. Un lugar que se sentía tranquilo, seguro… como un refugio.

 

Su hogar de verano.

Notes:

Me llamo Vero y soy de España.

Este es mi primer fic (y seguramente el último).

No he escrito nada desde mis años en la escuela de arte dramático, pero estaba inspirada por las golondrinas que llevan viniendo a mi casa durante los últimos tres veranos. Empezó como una historia tierna y reconfortante, pero terminé volcando mi corazón en ella.

P.D. Todo lo que pasa con las golondrinas, ha pasado en la vida real.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: 2024

Chapter Text

                                   venid a casa portada

 

 

 

 

Cada verano desde que se encontraron, volvían a casa juntos

 

Era su espacio natural. Un lugar que se sentía tranquilo, seguro… como un refugio.

 

Su hogar de verano.

 

Había una ola de calor y estaban exhaustos, sedientos y jadeantes por el largo vuelo a casa. Estaban viendo desde el árbol del patio a dos personas dentro de la casa.

 

-¡¡Colin, mira!! ¡¡Están aquí otra vez!!

 

-¿De verdad? -dijo Colin sorprendido y emocionado, mientras soltaba el cuchillo en la encimera y caminaba hacia la puerta de cristal.

 

-Sí -suspiró Penelope con una mirada amorosa en sus ojos.

 

-Guau… Es increíble que hayan vuelto otra vez este año -dijo él asombrado, mirando al árbol del patio.

 

-Bueno, dicen que las golondrinas son muy leales a su lugar de anidación. Y a su pareja -señaló ella.- Pero… oh, dios mío… están incluso jadeando por el calor. Pobres bebés, han volado durante seis semanas para llegar aquí y se encuentran en medio de una ola de calor.

 

-¡Oh! ¿Eres experta en golondrinas ahora? -le dijo en tono burlón, alzando una ceja y sonriendo traviesamente.

 

-Bueno, cuando vinieron el año pasado, quise saber más sobre ellas -encogió los hombros.- Voy a ponerles un platito con un poco de agua en la mesa del patio en caso de que quieran beber o refrescarse.

 

Mientras su mejor amiga hacía eso, Colin volvió a cortar las verduras para la cena. El viaje hasta la casita de verano no fue largo, pero la ola de calor los volvió un poco irritables y estaban cansados. Sólo querían cenar e irse a dormir.

 

Incluso aunque su familia siempre pasaba el verano en Aubrey Hall, ellos siempre querían quedarse unas semanas en esta casita de campo y unirse a la familia más tarde.

 

Querían poder tener unos días de paz y descanso del caos de sus vidas y familias. Disfrutar la presencia del otro, hablar de sus vidas, contarse historias de sus trabajos y aventuras, como se sentían…

 

Desconectar del mundo y ser solo ellos. Colin y Pen. Haciendo nada y todo al mismo tiempo. Encontrar la paz el uno con el otro y con ellos mismos. 

 

Es el único momento del año al que él se niega a renunciar bajo ninguna circunstancia. No importa cuán lejos estuviera, no importa lo importante que fuese su próximo encargo o cuánto dinero le ofrecieran. 

 

Es el único momento del año en el que ella no se siente ansiosa. No importa cuántas veces Eloise le pidiera pasar el verano entero con todos ellos (pasaba con ella el resto del año). Y ella necesitaba la paz que Colin le daba, necesitaba la manera en que le hacía reír.

 

Es el único momento del año en el que pueden estar físicamente juntos. El resto del año, hablaban, se enviaban mensajes, hacían videollamadas, pero no es lo mismo.

 

Sirvieron la cena en la mesa del patio para disfrutar la brisa, la naturaleza y observar a las golondrinas mientras comían. Hacían esto cada año, pero desde que la pareja de golondrinas llegó por primera vez el año pasado, añadía más magia al tiempo que pasan juntos. 

-Se ven mejor ahora -observó Penelope.

 

-¿Han bebido del plato que les has puesto? -como estaban comiendo, el plato estaba ahora en una silla frente al árbol.

 

-No -hizo un puchero.- Ni siquiera han intentado acercarse.

 

-Es algo nuevo para ellos. Quizás no se fían o no lo sienten lo suficientemente seguro.

 

-Se han sentido bastante seguros con nosotros desde el primer momento. Como si confiaran en que no vamos a molestarlos o a hacerles daño -sonrió radiante.

 

Colin estaba mirando a la golondrina macho, con un precioso plumaje azul brillante, mientras este miraba a la hembra, más esbelta que estaba colocando su cabeza bajo el ala.

 

-Mira, Birdnelope ya se ha quedado dormida -dijo agarrando el brazo de Penelope.

 

-Oooh… Me encanta como bajan a dormir aquí desde su nido cada noche a dormir en un sitio más fresco -dijo ella soltando su tenedor en el plato al terminar de comer.

 

-Mi madre me dijo que cuando mi padre y ella se quedaban aquí, también veían una pareja de golondrinas venir cada verano -su expresión se volvió triste y suspiró.- Pero el año que mi padre murió, ella volvió aquí ese verano y las golondrinas no regresaron -se quedó en silencio por un instante y luego sonrió, pero no alcanzó sus ojos.- Se puso muy contenta de saber que otra pareja ha elegido este sitio para anidar durante el verano después de todo este tiempo.

 

Penelope le cogió la mano con un apretón reafirmante y le sonrió. Colin le devolvió la sonrisa y le besó la mano.

 

-Vamos, vamos a quitar la mesa y vamos a dormir -dijo él levantándose. 

 

-Sí, parece que Cuckoolin también se está durmiendo. Dejémosles dormir tranquilos. Lo necesitan. 

 

                                                                                                -------------------------------

 

A las 6 de la mañana, Penelope se despertó por el sonido de las golondrinas cantando. Abrió los ojos y los vio a través de la ventana volando desde el árbol al tejado, donde hicieron su nido el año pasado. 

Se levantó sonriendo y abrió las puertas francesas de su balcón. Había algo en poder observar de cerca el día a día de una familia de animales tan pequeños, ser parte de su mundo íntimo, que le llenaba el pecho.

 

Era similar a la manera en la que se sentía por Colin.

 

Desde que se conocieron siendo niños, siempre estaban juntos. Eran inseparables, excepto por las veces que El se metía en medio y se la llevaba. Pero siempre encontraban la forma de volver al otro. 

 

Penelope bajó a preparar el desayuno. Quería hacer algo por Colin, ya que él fue quien condujo hasta la casita e hizo la cena anoche.

 

Siempre ha sido tan amable, cariñoso y generoso. El tipo de hombre en el que siempre puedes confiar, siempre cuidando de las personas a las que ama. 

 

Y con ella, siempre ha sido tan protector. Cuando salían a un festival o a una discoteca, se quedaba cerca de ella, tomándole la mano, protegiéndola de cualquier tipo raro que intentase pasarse de la raya con ella mientras estaba bailando. Cuando su madre o hermanas hacían comentarios crueles sobre ella, él salía en su defensa y las ponía en su lugar.

 

Incluso la protegía de sí misma, cuando se sentía insegura y a veces decía cosas malas sobre sí misma o cuando la ansiedad empezaba a aumentar. Colin siempre se aseguraba de decirle lo hermosa, inteligente y valiosa que era, o calmaba su ansiedad agarrando su mano y haciéndole respirar con él. 

 

Los pensamientos de Penelope se vieron interrumpidos por dos fuertes brazos abrazándola por detrás y estrechándola fuerte. 

 

-Buenos días, Pen -dijo Colin en voz baja, con un tono soñoliento y ronco, aunque ella podía notar que estaba sonriendo. 

 

Pen se sonrojó. No es que ella no estuviera acostumbrada a que Colin hiciera eso, él era muy afectivo, pero no podía evitarlo. Estaba enamorada de él.

 

-Buenos días. Pensé que ibas a dormir más rato.

 

-El olor a café y tortitas me han despertado -sonrió

 

-Qué extraño en ti -dijo ella sarcásticamente.- Hay fruta también -dijo mientras Colin cogía una fresa.

 

-Hmmm, delicioso -dijo con la boca llena.- ¿Has encontrado el nido de las golondrinas?

 

-No, no he salido, pero las vi volando hacia el tejado y, como llegaron ayer, supongo que van a usar el que hicieron el año pasado.

 

-Sí, quizás solo lo están reparando -dijo.- ¿Te gustaría un picnic en el prado? -preguntó después de unos momentos de silencio. Ella lo miró sonriendo, ladeando la cabeza y levantando una ceja.

 

-Sabes que siempre quiero.

 

Aunque la ola de calor no se había ido todavía, era un día más fresco. 

 

Desayunaron y desempacar las maletas, estaban muy cansados para hacerlo anoche. Después prepararon todo para el picnic y se dirigieron al prado.

 

Colocaron la manta debajo del árbol en el que se sentaban cada vez que venían, a la sombra de él. Dejaron la cesta del picnic a un lado para más tarde y se sentaron.

 

-Entonces, ¿cómo está yendo el nuevo libro? -preguntó Colin de forma casual. Penelope tragó saliva y empezó a arrancar margaritas de alrededor para calmar su ansiedad

 

Normalmente su conversación mientras conducían a la casita era ligera y trivial. Preferían dejar los asuntos más serios para cuando estuviesen en ese pequeño refugio. Se sentía más seguro porque nadie estaba allí y no podían escuchar los secretos que solo compartían el uno con el otro. Solo ellos podían acceder a la parte más profunda de su alma y mente.

 

-Todavía estoy atascada. Este bloqueo del escritor es serio. El peor que he tenido -dijo ella mirando abajo.- Han pasado cinco meses ya y no parece que se vaya a ir pronto.

 

Colin la miró durante unos momentos mientras ella seguía arrancando margaritas, evitando su mirada.

 

-¿Por qué? -le preguntó. Penelope lo miró con una mirada interrogante.- ¿Por qué crees que estás atascada? ¿Son los personajes? ¿La historia? ¿O eres tú?

 

-Soy yo -dijo sin dudar, mirando a algún punto del padro, pensando.- El equipo editorial me presiona porque no estoy escribiendo y necesitan la segunda parte… Estoy trabajando tanto editando libros para otros autores de Danbury que cuando llego a casa me siento frente a la pantalla, solo… me quedo en blanco -empezó a llorar.- Y luego mi ansiedad empieza a aumentar porque hay demasiado en mi cabeza, y no puedo escribir nada, pero si no escribo, el equipo me presiona y eso me bloquea la mente y pienso que perderé mi creatividad y no seré capaz de volver a escribir -dijo en una sola respiración con la voz temblorosa. De repente, sintió las manos de Colin en sus mejillas. Él le limpió las lágrimas y le dio un suave beso en la nariz.

 

-Mírame, Pen - le dijo él suavemente. Ella lo hizo, todavía sollozando.- Eres talentosa, creativa e ingeniosa y esa grandeza no desaparece -dijo mirándola con intención.- Sabes con seguridad que mientras llueve, el sol todavía está ahí, incluso si no lo puedes ver en ese momento, ¿verdad? -dijo después de una pausa. Ella asintió con su cara todavía en las manos de Colin.- Tú eres como ese sol, Pen. Y tus historias están ahí contigo, solo están bloqueadas por todo lo que está pasando en tu vida. Pero saldrán al final. No se pueden esconder para siempre, porque es quién eres -él le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, solo que la suya era más pequeña, pero podía ver en los ojos de él, la honestidad en sus palabras.- Ven aquí.

 

Colin se tumbó e hizo que ella se tumbara con su cabeza en su pecho. Penelope puso su mano en su cintura. Se sentía más calmada, como si pudiera respirar de nuevo.

 

-¿Qué puedes hacer que te ayude a escribir de nuevo? -Penelope intentó pensar en algo, pero no veía una salida.

 

-Te aseguro que no lo sé -dijo ella tristemente.

 

-Has dicho que todavía estás trabajando en editar libros para Danbury. ¿Por qué? ¿Por qué sigues haciendo eso si lo que quieres es escribir los tuyos propios y el equipo necesita que escribas también? No necesitas ese estrés adicional.

 

-Porque Danbury siempre ha dicho que soy su mejor editora. Y cuando escribí y publiqué mi primer libro, pensé que podría manejar ambos porque pude con el primero. Y no quería dejarla tirada.

 

-Pen… A Agatha no le importaría que dejaras la posición de editora, estoy seguro de ello -dijo Colin en una voz suave mientras pasaba los dedos por sus cabellos.- Mira, todavía seguirías trabajando para ella, pero solo como autora. Ella quiere que sigas cumpliendo tus sueños como escritora y disfrutar del proceso y del crecimiento que obtendrás de ello. Lo más importante, ella no querría ver tu salud mental afectada por hacer algo solo porque piensas que puede satisfacerla. No lo hará. Le hará sentirse mal ver que no eres feliz y que estás batallando por su culpa. A ella le importas y ama tu mente y el mundo que creas con tus historias -sonrió de medio lado y acercó la cabeza a su oreja. Como si fuera a contarle un secreto, susurró.- Como yo.

 

Ella se rió con todo su corazón por primera vez desde hace un rato. Escondió su rostro sonrojado en su pecho y aspiró su aroma. ¿Por qué tenía que ser tan dulce y amable? ¿No se daba cuenta de que la haría enamorarse más de él?

 

-Hmm… Supongo que no pierdo nada por hablar con ella.

 

A veces cuando no ves la luz al final del túnel, alguien con un punto de vista diferente podría ver una solución simple que tu mente no podría contemplar para nada.

 

-Esa es mi chica - dijo él felizmente.- Ahora vamos a intentar algo con esa mente brillante tuya -dijo mientras se sentaba. Colin empezó a rebuscar algo en la bolsa que trajo con él (la cuál no sabía qué contenía) mientras ella lo miraba curiosamente. Sacó un paquete hermosamente envuelto.- Te he traído algo y es el momento perfecto para usarlo -le pasó el regalo.- Ábrelo -le dijo sonriendo emocionado.

 

Penelope arrancó el papel y soltó un fuerte grito ahogado al ver el objeto en sus manos. Era un bello y elegante diario de cuero marrón con mariposas en relieve formando un árbol, en el que el tronco era una costura en relieve también. El diario estaba cerrado por un cordón de cuero que terminaba con un dije de mariposa. Grabadas en letras doradas estaban sus iniciales  ‘P. F.’

 

Todavía con la mandíbula caída, Penelope miró a Colin quién tenía una mirada nerviosa y sonreía ampliamente.

 

-Lo vi en Francia en la tienda vintage donde siempre compro los míos, y me recordó a ti. Solo les pedí que grabaran tus iniciales -ella no pudo evitar que se le llenasen los ojos de lágrimas.

 

-Colin… Esto… Oh, dios mío… Esto es precioso -dijo pasando los dedos por la portada, sintiendo cada mariposa en las yemas y en su estómago. 

 

-¿Te gusta? -dijo él con una sonrisa, mordiéndose el labio inferior y con los ojos brillándole. En lo profundo de ellos, había algo raro que había visto múltiples veces, pero no sabía lo que era.

 

-Me encanta, Colin -sonreía radiante, una lágrima deslizándose por su mejilla.

 

-Lo compré para que puedas apuntar cualquier idea, donde sea que estés. Quizás escribirlo a mano puede ayudarte, a mí me funciona. Y no te sentirás forzada a escribir solo cuando te sientes frente a la pantalla, escribe cuando te venga a la mente lo que sea.

 

Ella seguía mirándole, las lágrimas llenándole los ojos, sin poder articular palabra. 

 

-Ven, vamos a intentar algo -dijo Colin, sentándose con la espalda apoyada en el árbol y separando las piernas.- Siéntate aquí -Penelope hizo lo que le pidió y se sentó entre sus piernas. Su cuerpo entero alrededor de ella, su aroma llenándole las fosas nasales.- Abre el diario -cuando lo hizo, encontró un elegante bolígrafo dentro.- Ahora, escribe lo que sea que te venga a la mente. 

 

-Colin, no es tan fácil -se quejó.

 

-¿Por qué? -preguntó. Ella suspiró. Parecía que para él era lo más fácil del mundo.

 

-Colin… -ella cerró los ojos fuertemente e intentó hablar.- ¿Cómo voy a escribir una novela de romance cuando no he tenido una cita en casi un año?- soltó finalmente.

 

Colin se quedó en silencio unos momentos. Ella sintió como el cuerpo de él se tensaba.

 

-Eso no es importante -dijo él con voz tensa cuando finalmente habló.- Todo lo que necesitas está en tu mente y en tu corazón -Colin colocó sus manos en la cintura de ella y susurró.- Cierra los ojos… Respira hondo… Ahora, escucha cada sonido. Siente todo lo de tu alrededor. Deja a los personajes hablar. 

 

Penelope hizo lo que le dijo. Escuchó a los pájaros, algunos piando, algunos cantando. Escuchó el zumbido de las abejas. Sintió la brisa contra su piel y moviendo suavemente sus rizos. 

 

Olió la suave y almizclada colonia de Colin. Sintió su cuerpo entero, sintió su respiración y sus latidos, ambos calmándola. Se sentía en casa.

 

Y su mano comenzó a moverse. 

 

                                                                                                -------------------------------

 

Los días siguientes pasaron igual. Desayunaban, iban al prado, hablaban de todo y nada, reían y comían lo que preparaban por la mañana y llevaban en la cesta de picnic. Penelope estaba escribiendo todos los días, tanto cuando iban al prado como cuando estaban en el patio viendo a las golondrinas después de terminar de cenar.

 

Esa tarde se quedaron durmiendo abrazados en el sofá después de ver una película. Colin se despertó con el olor a piña invadiendo sus fosas nasales, la cabeza de Penelope en su pecho y su brazo alrededor de su cintura. Él sonrió. Se sentía en el cielo. Sabía que era su mejor amiga, pero, dios, como deseara que no lo fuera.

 

Quizás era un cobarde, pero no podía soportar el dolor en el pecho cada vez que la veía, sabiendo que ella no estaría con él. Pero, al mismo tiempo, no podía estar lejos de ella. Él aceptó el trabajo en la revista de viajes cuando ella estaba saliendo con Debling y él no podía soportar verlos juntos. Así que huyó. Pero era egoísta y la necesitaba para él solo, al menos por unas semanas al año.

 

Ella era hermosa, inteligente, ingeniosa, divertida, amable, dulce… Era perfecta. Lo era todo. Y él era… solo Colin. Colin el encantador, Colin el errante, Colin el parlanchín, Colin el sin propósito, Colin el desapercibido.  

 

Ella merecía más. Penelope se merecía el mundo.

 

Y ella lo veía solo como su mejor amigo. Siempre hablaba de salir con otros. Nunca había hecho nada romántico que tuviera que ver con él. Y él lo intentaba, coqueteaba. Como el otro día en el prado cuando él le susurró que también la amaba y a sus historias. Pero ella solo se rió y, no mucho más tarde, le habló de salir con otros hombres. Sintió un pinchazo en el pecho en ese momento. Dolía tanto saber que quería tener citas, pero nunca con él.

 

Colin oyó el aleteo de unas alas y, asustado, giró la cabeza para mirar a las puertas francesas. Se quedó atónito ante la vista que tenía frente a él. Encima de las puertas abiertas, estaban las golondrinas, dentro de la casa.

 

Lentamente, intentando no espantarlas, Colin apretó suavemente el brazo de Penelope para despertarla.

 

-Pen -dijo susurrando. Ella se movió ligeramente.

 

-¿Qué? -dijo con voz soñolienta, todavía con los ojos cerrados.

 

-Las golondrinas están dentro de la casa -explicó, todavía susurrando.



-¿QUÉ? -dijo más alto, inmediatamente abriendo los ojos, mucho. Se sentó y se giró para ver donde Colin estaba mirando.- Oh, Dios mío. 

 

-No quería moverme mucho para no asustarlos, pero ni siquiera se han movido con tu grito -dijo, intentando contener la risa.

 

Ambas golondrinas permanecieron quietas, simplemente mirándolos. Colin miró a Penelope con aire soñador, que estaba mirándolas a ellas.

 

Ella estaba muy cerca de él y él no podía apartar los ojos de ella. Solo verla sonreír con los ojos brillantes, deleitada por las pequeñas cosas de la vida, lo hacía feliz. No necesitaba nada más, solo ella a su lado disfrutando de la vida.

 

-Deberíamos empezar a hacer la cena, pero no quiero que se vayan -dijo, girando la cabeza para mirarlo. Ella se quedó un poco sorprendida de verle tan cerca de su cara, pero no se apartó. Se quedaron en silencio por unos momentos con Penelope mirándole a los ojos, Colin mirándole a los labios. Sus alientos bailando juntos, sus latidos acelerándose…

 

-Ahhm… -él se aclaró la garganta y apartó la mirada, evitando besarle los labios y joderlo todo.- P- podría- podríamos intentar movernos como hacemos siempre, pero sin acercarnos mucho a ellos o hablar muy alto -tartamudeó. ¿Tenía sentido siquiera?

 

-Okey -suspiró. Colin frunció el ceño ante su mirada de decepción.

 

Se levantaron, manteniendo la vista en las golondrinas, solo en caso de que se asustaran y salieran volando. Pero nada. Fueron a la cocina y ellas se quedaron pacíficamente encima de la puerta.

 

-Okey, parece que se sienten a gusto aquí con nosotros -dijo Colin y soltó una carcajada.

 

Empezaron a cocinar una pasta fresca de verano con burrata y tomates. Mientras Colin picaba cebollas, ajo y hierbas, Penelope cogió dos copas de vino y las llenó con vino blanco.

 

-¿Cuando vas a dejarme leer uno de tus diarios otra vez? ¿El de este año, quizás? -preguntó ella, dándole a Colin una de las copas. Él dio un gran sorbo y tragó con dificultad. 

 

-Sabes que lo haría, Pen, pero el diario de este año es un desastre. Tengo que editarlo mucho para hacerlo legible. Además, debes estar aburrida de escucharme parlotear sobre mis viajes.

 

-Ja -resopló burlonamente.- Nunca me cansaré de escuchar tus historias, hablas tan apasionadamente cuando las cuentas -puso una olla con agua en el fuego.- Y me encanta leer tus historias en papel. Describes todo tan bien que puedo imaginarme a mí misma estando allí. Cuando me las cuentas, es genial. Es increíble oírlas desde tu punto de vista , pero cuando las leo, puedo sentir y oír cada pequeña cosa. Siento que las estoy viviendo, como si yo fuera parte de la historia también -Colin se enrojeció y miró hacia abajo avergonzado.

 

Nadie le había dicho nunca que les encantaba su parloteo y su escritura. Nadie excepto ella. Por supuesto, nadie más ha leído su diario, cuando él hablaba de sus viajes, la gente se hartaba y le decían que se callase, así que no iban a estar interesados en leerlas. 

 

Sin embargo, su Pen siempre las escuchaba fascinada y le hacía preguntas sobre ellas, mostrando interés en ellas. Así que un día en esta misma casita, él le habló de sus diarios y su amor por  la escritura. Ellos se lo contaban todo y esto era una parte importante de él, una que él mantenía escondida. Pero confiaba en ella con toda su alma. Ella ahogó un grito y, con sus brillantes lagunas azules y pupilas dilatadas, le pidió si podía leerlos.

 

Y Colin no pudo evitar ceder. Estuvo de los nervios todo el tiempo mientras esperaba a que ella lo leyera. Aunque él quería que le gustasen y que lo viese valioso, también quería que le diese su honesta opinión y crítica constructiva. Ella lo hizo y le ha estado pidiendo leer cada año su nuevo diario desde entonces.

 

-Vamos a hacer un trato. Mañana cuando vayamos al prado, editaré mi diario mientras tú escribas. Y después de cenar, te daré esa parte para que la leas -dijo, ladeando la cabeza.

 

-Trato -dijo ella entusiasmada con una amplia sonrisa. Él volvió a picar la comida y Penelope dio otro sorbo y se apoyó contra la encimera. Lo miró, mordiéndose el labio y entrecerrando los ojos. Respiró hondo y dijo.- ¿Has pensado alguna vez en publicarlos? -Colin giró la cabeza con los ojos llenos de sorpresa y confusión.

 

-¿Mis diarios? -ella asintió.- ¿Quién querría leerlos? - resopló, poniendo los ojos en blanco ante tal absurdez.

 

-Oh, no lo sé -dijo sarcásticamente.- Gente que ama viajar, gente que quiere conocer el mundo, diferentes culturas y tradiciones… -dijo como si fuera obvio.- La misma gente que lee tus artículos -Colin negó con la cabeza mirando abajo. 

 

-Pen, ni siquiera a mi familia le importan mis historias, ¿cómo les interesaría a otra gente?

 

-Precisamente, es tu familia. Vosotros estáis siempre intentando molestaros los unos a los otros, picándoos, bromeando… Es lo que hacen los hermanos. Pero eso no significa que no te apoyen o que no les gusten tus libros, si decides publicarlos. De hecho, incluso les ayudaría a conocerte mejor -Colin podía ver que realmente lo creía. 

 

-No te prometo nada, solo… Hablaremos de ello cuando leas este último diario.

 

Penelope chilló de alegría y le abrazó por detrás.

 

-Eso es todo lo que pido -dijo y le besó la espalda. Colin sintió su estómago revolotear donde estaba la mano de ella. Sus mejillas se volvieron rojas, un escalofrío recorriéndole la columna. Se sentía vivo con ella.

 

Cenaron en la mesa del patio como cada noche. Únicamente que salieron, las golondrinas salieron con ellos y se posaron en el árbol como cada noche.

 

Penelope gimió al saborear la sabrosa pasta.

 

-Dios, esto está delicioso. Me encanta cuando le añades chili.

 

-Lo sé -Colin dijo presumidamente.- Lo sé todo de ti.

 

Ella sonrió nerviosa.

 

Estaba enamorada de él. Y eso es lo único que nunca le había dicho.