Actions

Work Header

Lo Que Tus Ojos Jamás Vieron

Summary:

Extras de “¿Qué clase de novela es esta?”, donde pondré algunos extras de diferente largo sobre las escenas en las que Lancelot no estuvo presente.

La pareja principal será Persiens y de pareja secundaria LanTris.

Esta historia es la cuarta parte del universo alternativo de Primera Ilusión.
Soulmate!AU

Notes:

Hola!! Ya volví ٩̋(ˊ•͈ ꇴ •͈ˋ)و y aquí traigo el primer capítulo de los extras (que se suponían iban a ser cortos) de “¿Qué clase de novela es esta?”.

Espero que los otros que tengo planeados no me salgan tan largo jejejeje (•‾⌣‾•)و

No todos estos extras serán sobre Persiens, pero según lo que tengo pensados la mayoría si lo serán, En el siguiente estaba pensando poner los primeros 3 capítulos de la parte 3 del universo de Primera Ilusión desde la perspectiva de Tristán o de Ban, o algo así.

Para los que siguen interesados en “¿Qué clase de novela es esta?”, aun no comienzo a escribir el capítulo ( •̀⤙•́ ) pero me gustaría saber si prefieren la conversación de Percy y Lance en la historia principal o como un extra de esta nueva parte ahora que ya mostré como será más o menos el formato.

En el caso de este capítulo, si será Persiens, aunque no soy muy buena escribiendo romance, pero espero que esta parte les guste ( •̯́ ^ •̯̀)

Y para los que no recuerdan, este primer capítulo está directamente ligado al capítulo 7 de ese mismo fanfic, donde Nasiens fue por él en lugar de observar la puesta del sol solo como en el canon, , creo que debí empezar por ahí ( ⁍᷄⍜⁍᷅ )

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Una Promesa Eterna - Persiens

Chapter Text

— ¡Necesito hacer caca! — habló Percival con voz afligida, distrayéndolo del herbolario que había caído completamente agotado al suelo. — Lo sentí durante toda la batalla — decía mientras se balanceaba de un lado para el otro.

El jinete de la muerte salió corriendo en cuanto escuchó la voz exasperada de Donny indicándole una dirección aleatoria donde podría esconderse, manteniendo su acto de saltar de un lado para el otro con fingida urgencia.

Podía sentir la mirada de sus amigos en su espalda mientras desaparecía en entre los arbustos que rodeaban la mansión, pero no vacilo por tan sólo un segundo en su caminar ni permitió que las lágrimas que hacían arder sus ojos escaparan.

Poco a poco, cuando estuvo lo suficientemente lejos de todo y de todos, pudo sentir como sus piernas comenzaban a ceder, dejándose caer sobre el frio suelo con la mirada perdida hacia el frente.

El recuerdo del hombre a quien ahora reconocía como su padre llegó a él sin previo aviso, provocando un leve temblor en sus labios para luego dar paso a incontrolables sollozos que llenaron el silencio de aquella noche.

— ¡Abuelito! — habló sin poder contenerse, encogiéndose sobre si mismo mientras llamaba a la única persona que podría consolarlo. — ¡Abuelito, ¿por qué…?! — gritó con voz ahogada, a sabiendas de que esa persona no vendría por él.

… de que jamás podría volver a hacerlo.

Atrás quedaron los años en donde su abuelo correría en su ayuda en las raras ocasiones en que el niño lloraba, consolándolo y distrayéndolo con historias de sus increíbles a aventuras de juventud.

Un quejido escapó de los labios del joven de cabellos verdes, quien hacia su mejor esfuerzo para intentar abrazarse a si mismo en busca del calor que alguna vez le brindo la persona a quien más admiraba.

Dejo caer su cabeza hacia adelante, restregando su frente contra el suelo mientras negaba una y otra vez con la cabeza.

— ¡¿Por qué…?! — repitió una vez más, intentando conjurar el recuerdo de su amable abuelo, pero lo único que aparecía en su mente era el amargo rostro de Ironside. — ¿… por qué…? —.

¿Por qué es igual a ti?

¿Por qué tuvo que volver?

¿Por qué te sacrificaste por mí?

La muerte de su única familia y la mirada llena de odio de aquel hombre idéntico a su abuelo eran lo único que seguía repitiéndose en su cabeza, provocando que su llanto aumentara cada vez más.

— ¿… por qué te fuiste sin mi …? — preguntó al aire con voz quebrada y débil. — ¡… no quiero estar solo…! — dijo finalmente en un susurro ahogado mientras se acurrucaba sobre sí mismo, intentando hacerse cada vez más pequeño para ocultarse de todo lo que le rodeaba.


En algún momento se había quedado dormido, y, para cuando despertó, no tenía la menor idea de cuánto tiempo había pasado.

Se levantó del lugar en el que se encontraba y dio un par de golpes en sus mejillas para intentar volver en sí, mirando hacia los lados con la esperanza de que nadie hubiese visto lo que había ocurrido.

— Aun es de noche… — murmuró mirando hacia el cielo. — Todos deben estar ayudando en la mansión — dijo para si mismo, dando media vuelta para dirigirse hacia el lugar… o al menos ese era el plan, hasta que intento limpiar su rostro con su capa.

Sintió la tela en sus manos, notando como esta se encontraba empapada por sus propias lágrimas en algunas partes, haciéndolo recordar todos aquellos momentos en los que su dulce abuelo usaba aquella tela para limpiar sus ojos y nariz cada vez que lloraba, envolviéndolo en ella como si de esa forma pudiese esconderlo de todo mal.

Una nueva ola de lágrimas lo atacó, forzándolo a morder su labio inferior en un intento por detenerlas.

Podía recordar las manos su abuelo sosteniéndolo en lo alto mientras jugaban, su figura alta y bonachona mientras cocinaba sus platillos favoritos, e incluso los entrenamientos que tenían, pero… el odio en el rostro y voz de Ironside era lo único que lograba ver al intentar recordar las facciones de su abuelito…

Por más que se esforzase en recordarlo, no podía hacerlo…

Fue así como terminó ocultándose en una pequeña roca que sobresalía de un acantilado, cubierto de pies a cabeza con su capa mientras miraba hacia el este, a la espera del amanecer. Un ritual que solía realizar con su abuelo cuando vivían juntos en el Dedo de Dios.

Aún no se decidía a volver.

No quería preocupar a sus amigos, ya suficiente tenían con todo lo que había pasado aquella noche como para preocuparse por él también. Además… le sería imposible ocultar su voz rasposa y ojos rojos de su equipo.

— ¡Ya lo verán! — gritó una vez estuvo más calmado, alzando el puño y con una mirada de determinación. — ¡En cuanto me recupere iré a ayudarlos! — no quería que sus amigos lo viesen en ese estado.

— Estoy seguro de que serás de gran ayuda — volteo la cabeza sorprendido, encontrándose con su compañero castaño, quien bajaba con dificultad por el acantilado para llegar hasta donde se encontraba.

El herbolario dio un paso en falso, soltándose de la pared de roca y cayendo sobre algo con un grito ahogado.

— ¿Estas bien, Nasiens? — preguntó con un quejido el chico de cabello verde, quien se encontraba boca abajo con el castaño sentado sobre su espalda.

— ¡Percival! — gritó el joven mientras rápidamente se paraba de su lugar, arrodillándose a su lado e intentando inspeccionar al otro mientras lo ayudaba a sentarse. — ¡¿Estas bien?! ¡¿Qué ocurrió?! ¡Lo lamento! ¡Lo lamento! — se disculpaba una y otra vez sin siquiera darle tiempo a contestar.

— Me tropecé — le contestó el chico con una sonrisa, enseñándole su capa que ahora se encontraba enredada entre sus pies. — ¡Pero no pasa nada, no me lastime! —.

— ¡Por su puesto que no estas bien! — respondió Nasiens con voz exasperada. — ¡Tu rostro esta lleno de tierra! ¡y tu nariz esta roja! — decía el castaño, intentando limpiar su rostro con la manga de su bata, encontrándose frente a frente con los ojos atentos y sorprendido de su amigo. — ¿…Percival? —.

Pudo ver como el ceño del niño comenzaba a fruncirse a la vez que sus labios comenzaban a temblar y, antes de que pudiese siquiera darse cuenta de que ocurría, el chico se lanzó a sus brazos, ahogando sus sollozos contra su pecho.

El herbolario pudo sentir como el calor comenzaba a subir hacia su rostro, siendo incapaz de formar una frase coherente y moviendo sus manos en el aire sin saber dónde ponerlas.

— ¡Perdón! ¡Perdóname, abuelito! —… pero todo eso fue olvidado en cuanto escucho esas palabras salir de Percy.

Con calma y sin saber como reaccionaria el jinete ante sus acciones, una de sus manos comenzó a acariciar los cabellos del niño mientras la otra dibujaba pequeños círculos en su espalda, con la esperanza de tranquilizarlo.

El herbolario no entendía que era lo que ocurría, pero, al sentir las lagrimas de su conejillo de indias mojar lo que quedaba de su camisa y sus manos aferrándose a él como si su vida dependiese de ello, supo que no era momento de preguntar.

Lentamente y de forma tranquila, comenzó a mecerse levemente sin dejar de consolar a su compañero, escuchando cada uno de sus lamentos y comprendiendo poco y nada de lo que el chico balbuceaba.

Poco a poco, el jinete de la muerte liberó su agarre a la vez que sus sollozos cesaban, reduciéndose a un ocasional sonido del sorbeteo de su nariz, hasta que finalmente se separo del castaño, manteniendo la mirada baja.

— … ¿ya te sientes mejor? — preguntó Nasiens con cautela, viendo como el chico apretaba los puños sobre sus rodillas y negaba levemente con la cabeza.

Quedaron un rato más en completo silencio, uno frente al otro metidos en sus propios pensamientos, hasta que el herbolario notó como su acompañante le lanzaba algunas miradas tentativas para luego abrir y cerrar la boca como si quisiera decirle algo.

Pero ninguna palabra salió de Percy, quien parecía frustrado consigo mismo, inflando sus mejillas y miraba hacia abajo nuevamente, intentando disimular que su mirada seguía cada movimiento del herbolario, abriendo los ojos con sorpresa al notar como el rostro de su amigo se ponía cada vez más y más rojo.

— ¡¿Estas bien? ¿estas enfermo?! — preguntó mientras sujetaba los hombros de Nasiens y comenzaba a sacudirlo, provocando que su sonrojo se profundizara aún más si eso era posible.

— ¡S-Si! ¡Estoy bien! ¡Completamente bien! — respondió apresuradamente, sintiendo como su mundo comenzaba a dar vueltas e intentando enfocar su atención en cualquier otra cosa que no fuese el chico frente a él. — ¡El atardecer! ¡Mira, ya se va a esconder el sol! — grito señalando hacia la noche.

Sus palabras parecieron sorprender al jinete lo suficiente como para darle un respiro.

— Aun es de madrugada, Nasiens — soltó sin más Percival, avergonzando al herbolario por su evidente error. — ¡Pfff! — el de cabello verde intento contener su risa, pero al ver a su calmado amigo tratando de justificarse desesperadamente, no pudo evitar estallar en carcajadas.

El castaño podía sentir como su rostro estaba a punto de estallar en llamas, y apretó los dientes con frustración al ver como Percy se reía de él, sólo para segundos después unirse a las risas de su amigo.

— No es tan gracioso — dijo después de un rato, empujando levemente con su hombro al jinete de la muerte, quien comenzaba a recomponerse. — Ordo y yo solíamos ver el amanecer desde lo alto del barranco, a veces mi hermana y las hadas se nos unían — contó mientras miraba hacia el este, por donde el sol pronto comenzaría a aparecer.

— Yo y mi abuelo… Yo y mi abuelo hacíamos lo mismo — respondió el más bajo con voz melancólica, llevando sus rodillas hasta su pecho. — … tengo miedo de olvidarlo — confesó finalmente una de las tantas cosas que lo atormentaba.

Desde su último encuentro con Ironside no podía evitar pensar en eso; en como la memoria de su adorado abuelo sería manchada por el amargo semblante del hombre que lo asesino. Quería olvidarlo, pero, a la vez, quería volver a ver a su padre, sabiendo que esa sería la única forma en la que volvería a ver el rostro de su abuelito.

— Lamento tener que molestarte con esto… — dijo Percy luego de contarle sus preocupaciones al castaño, restregando su rostro para secar sus lágrimas. — Tú también te separaste hace poco de tu familia… también debes extrañarlos mucho… —.

El herbolario lo miró de reojo por algunos segundos, compartiendo la tristeza del miembro más optimista y alegre de su equipo.

— Ordo siempre- Ordo siempre fue muy sobreprotector conmigo — pausó por un segundo como si no supiera que decir a continuación. — Nunca me dejaba alejarme demasiado y siempre me cargaba o me dejaba descansar en la carreta cuando viajábamos, incluso me hizo este sombrero para cubrirme del sol y poder dormir a gusto durante el día — habló mientras jugueteaba con el ala de su sombrero.

Con esas últimas palabras, giró sus rostro hacia su acompañante, notando que tenía su total atención.

— Mi abuelo es y siempre será una de las personas más importantes de mi vida, por eso, siempre que pueda, hablare de él con cada persona que quiera escucharme. Me gusta creer que, de esa forma, el vivirá por siempre en cada una de mis palabras y jamás será olvidado si algo llegase a ocurrirle — terminó de decir con un nudo en la garganta al pensar en ello.

A pesar de su nerviosismo por las lágrimas que estaban por derramarse de los ojos de Percy, extendió su mano hasta tomar delicadamente una de las del contrario.

— Es triste, pero… incluso si no recuerdas su rostro o su voz, cada una de las cosas que vivirán juntos perdurara por siempre en tu corazón… — con esas palabras, los hombros del más bajo comenzaron a temblar y, con firmeza, tomó la mano de Nasiens entre las suyas, acercándola hasta su rostro, recargándose en ella y dejando que sus lágrimas cayeran mientras asentía.

— Yo… — hizo una pausa antes de continuar, tragando saliva para contener el nudo que sentía en la garganta. — ¿Esta bien si te habló de él? — preguntó con voz baja e insegura.

— ¡Por supuesto! — respondió con entusiasmo, dedicándole una sonrisa contagiosa. — ¡Desde la primera vez que lo mencionaste he querido saber más de él! —.

— Su nombre era Varghese — habló Percy con una sonrisa. — Era un caballero sacro y pues… era mi abuelo — dijo con simpleza, sin saber que más contarle, provocando la risa de su amigo.

— ¿Y como era? ¿Qué le gustaba? — le preguntó Nasiens, animándolo a continuar.

— Era muy alto y fuerte… recuerdo que siempre me alzaba y fingíamos que yo sabía volar. ¡Como lo hago yo con Shin! — habló con entusiasmo, brincando en su lugar y soltando la mano de Nasiens en el proceso. — ¡Recuerdo que me alzaba y luego se echaba a correr! ¡El viendo se sentía impresionante! ¡¿crees que Shin sienta lo mismo cuando yo lo hago?! ¡Aunque en el Dedo de Dios había mucho más viento! — siguió explicándole mientras movía sus manos de un lado para el otro.

— Estoy seguro de que si — respondió con una sonrisa al ver la alegría del niño. — Pero no le vayas a preguntar — dijo rápidamente, sabiendo la respuesta que el zorro daría.

— ¡También solía enseñarme algunas canciones! ¡Algunas contaban historias sobre viajeros y monstruos y un montón de cosas más! —.

El herbolario escuchaba atentamente como Percy relataba cada una de sus memorias con su abuelo, viéndolo mover sus manos con alegría y emoción con cada nuevo recuerdo que llegaba a él.

Los entrenamientos, los juegos que ambos se inventaban, cuando le enseño a cocinar y cuando le contaba sobre sus propias aventuras.

Todas y cada una eran memorias atesoradas en lo más profundo de su mente y corazón, desde la más mundana hasta la más significativa, todas eran un tesoro que guardaría para siempre con él.

— … ¡Siempre se reía de todo de lo que hacíamos! ¡Y su sonrisa era-! — su entusiasmo llegó a su fin al recordarlo. — Era la más cálida que jamás haya visto… Siempre me miraba con una sonrisa, incluso la última vez que lo vi — dijo bajando la mirada y volviendo a sentarse junto al herbolario.

— Él… debió ser muy feliz el tiempo que pasaron juntos, ¿lo sabes verdad? — preguntó mientras frotaba la espalda de su conejillo de indias.

— Si, lo se. Y, aun así, él me contaba sus historias con la esperanza de que yo saliera de aventuras algún día — dijo con una leve risa que no alcanzaba sus ojos. — Nasiens —.

— ¿Mmh? —.

— No quiero estar solo — dijo sin más.

— ¿Qué quieres decir con eso? —.

— Yo sí quería irme del Dedo de Dios, pero mi abuelo sólo me tenía a mí y yo sólo lo tenía a él — respondió, hundiendo la cabeza entre sus brazos. — No quiero volver a estar solo —.

El herbolario fue incapaz de contestarle de inmediato, sin encontrar las palabras que lograran calmar al chico.

— Donny, Shin e incluso tú. En algún momento nos separaremos ¿verdad? — dijo Percy con la voz entrecortada, aún sin atreverse a mirarlo. — Pero sería egoísta pedirles que no se fueran, ¿no es así? — preguntó nuevamente entre sollozos apenas audibles.

— Yo- ¡Yo me quedare contigo! — respondió sin pensarse dos veces, sorprendiendo al muchacho, quien levantó la cabeza para mirarlo fijamente para luego soltar una sonora carcajada.

— ¡Las caras de Nasiens son muy divertidas! — dijo el chico sin parar de reír, incluso ante los reclamos del castaño.

— Me alegro de que mi desesperación te entretenga — le respondió fingiendo molestia, pero sonriendo al ver que Percy también lo hacía. — Sabes, incluso si en algún momento llegamos a separarnos, seguiremos siendo amigos —.

— ¿Lo dices enserio? — preguntó con los ojos brillantes, deslumbrando a Nasiens.

— Lograste que alguien como Shin se encariñara contigo, e hiciste que el idiota de Donny volviera por ti — hizo una pausa para luego poner una expresión de enfado. — Eso me recuerda que debemos- —.

— ¡No! — lo interrumpió el de cabello verde, dejándolo desconcertado. — ¡No podemos decirle nada a Donny! —.

— ¿Y por que no? — preguntó con voz neutra, tratando de ocultar su enojo.

— ¡Por que el volvió por nosotros! ¡Se sentirá mal si se lo reclamamos! — el herbolario podía sentir como su ojo comenzaba a saltar por la respuesta que recibió y, aún así, luego de un tira y afloja que no duro por mucho tiempo, un simple “Por favor” y la amenaza de nuevas lágrimas fue todo lo que necesitó para ceder.

— Como te decía — dijo luego de desvirar la mirada, cubriendo su boca con su puño para disimular su sonrojo. — Estoy seguro de que esos dos no te abandonaran ni dejaran de verte como un amigo, aunque nos separemos —.

— Me alegra escuchar eso — dijo cerrando los ojos con una sonrisa, sintiendo como los primeros atisbos de luz comenzaban a asomar, brindándole calor. — “Hay alguien esperando por ti allí afuera, la marca en tu pecho es prueba de ello” — citó en voz alta las palabras que alguna vez escucho de su abuelo, apretando la ropa encima de su pecho. — Me pregunto si algún día podré encontrarla —.

La voz soñadora y contemplativa que uso Percival en esa última frase debería haberlo hecho feliz, pero Nasiens no pudo más que ocultarse bajo su sombrero con la sensación de un vacío inundando su pecho.

—* … y cuando eso ocurra, ¿que pasara conmigo? *— pensó, consiente de que no era una cuestión de azar, sino de tiempo hasta que alguien con la suerte de Percy encontrase a su alma gemela.

— ¿Te gustaría saber el nombre de esa flor? — preguntó con un nudo en la garganta, pero manteniendo la compostura.

— ¡¿Lo sabes?! — preguntó el de cabellos verdes con los ojos brillantes. — Yo siempre le digo florecita o petalitos — murmuró, descubriendo su pecho para mostrar nuevamente la marca a su amigo.

— Se llaman Damas Blancas — dijo con un sonrojo, volteando hacia el otro lado para evitar ver aquel dibujo. — Significa amor eterno y suerte en el matrimonio — estaba casi cien por ciento seguro de que las hadas del barranco le habían mentido, y de que ni siquiera ellos sabían el significado de aquella flor, pero si con eso podía darle un poco de felicidad a su héroe…

— … ¿matrimonio es como una boda o no? — preguntó Percival luego de un largo silencio, ganándose una mirada de incredulidad por parte de su amigo.

— Bueno- Mhh -… algo así — respondió Nasiens mientras apretaba su sombrero contra su pecho para ocultar su rostro.

— Mi abuelito también me habló de eso, pero jamás he visto una — habló mientras se removía incomodo en su posición, pensando en como formular su siguiente pregunta.

— Quizás veamos alguna en nuestro camino hacia Liones — respondió sin darse cuenta del nerviosismo de su compañero. —* … si es que Shin lo permite… *— después de esta aventura, estaba seguro de que todos se irían con un regaño por algo que le molestase al pequeño zorro.

El silencio volvió a reinar entre ellos dos, sentados uno al lado del otro sin pronunciar palabra alguna mientras miraban hacia el horizonte.

Nasiens aún se encontraba arrodillado en el suelo, abrazando el sombrero que su abuelo había hecho para él, sin atreverse a estirar sus piernas ni moverse un sólo centímetro por miedo a llamar a atención de su acompañante, y sin notar que ya había fallado en lo que se proponía.

Percy miraba de reojo cada una de las acciones del castaño, por más pequeña que esta fuese. La respiración entrecortada que soltaba de vez en cuando el castaño, el vapor que escapa de entre sus labios con cada uno de sus suspiros por el frio del lugar en el que se encontraban y el leve temblor de sus manos que sujetaban el sombrero.

—* ¿Debería tomarlas yo también? *— pensaba el chico, recordando la suavidad en las manos de Nasiens cuando intentaba consolarlo.

El de cabellos verdes se removió nuevamente en su lugar, acercándose un poco más a su amigo sin que este lo notase.

— … ¿lo decías enserio…? — se atrevió finalmente a pregunta, buscando la mirada del castaño. — ¿De verdad… de verdad te quedaras conmigo? — preguntó con voz insegura mientras sentía como su pecho se apretaba.

La pregunta tomó totalmente por sorpresa al herbolario, dejando caer su sombreo y fijando su atención en el muchacho mientras cambiaba de posición para quedar arrodillado en su dirección.

— Tanto como me necesites, y por tanto tiempo como tú quieras — respondió con una voz dulce, extendiendo su mano para acariciar el cabello del más bajo. — Prometo estar contigo —.

La salida del sol había quedado totalmente en el olvido para Percival, quien miraba totalmente quieto la figura de Nasiens frente a él.

— ¡¿Por-Por siempre?! — gritó mientras se paraba apresuradamente de su lugar, sosteniendo la mano del castaño entre las suyas.

— Por siempre y para siempre, yo estaré a allí para ti — una sonrisa calmada y un poco melancólica apareció en el rostro de Nasiens al momento de responder su pregunta con seguridad. —* Incluso cuando la encuentres, yo estaré allí *— y, aun así, a pesar de su tristeza, no vacilo en entregarle felicidad con esas sencillas palabras.

… sin notar el brillo en los ojos del muchacho, quien observaba con fascinación como la luz del sol acariciaba suavemente el rostro sonrojado del herbolario, resaltando todas y cada una de sus facciones; desde sus dorados ojos y largas pestañas, hasta los labios de melocotón que acababan de pronunciar una promesa que para él sería eterna.

—* ¿Qué es esto? *— pensó para si mismo mientras llevaba sus manos aún unidas hasta su pecho, donde se encontraba el alocado palpitar que apenas estaba iniciando, sólo para luego levantar ambas manos hasta su rostro, sintiendo un leve hormigueo donde la piel de su amigo conectaba con la suya.

— ¿Percival…? — preguntó Nasiens con algo de miedo al ver la extraña actitud de su compañero, despertándolo de su trance.

El muchacho de cabellos verdes negó rápidamente con la cabeza, sin soltar la mano del contrario mientras mordía sus labios para acallar su propio nerviosismo; atreviéndose a mirar nuevamente a aquellos ojos dorados que lo hacían temblar.

Con un sonido ahogado y cerrando los ojos, sin poder aguantar el flujo de emociones que sentía, Percival se dejo caer frente a su amigo, escondiendo su rostro entre los muslos del herbolario, como si de una almohada se tratase.

— ¡Espera-! ¡No-! ¡Ya detente! — gritó avergonzado Nasiens al ver como el joven seguía negando con la cabeza, sólo deteniéndose cuando sintió como la mano que sostenía escapaba de su agarre.

Aun sin levantar su rostro, el jinete de la muerte tanteo a su alrededor buscando la mano del herbolario, y cuando finalmente la encontró, la puso sobre sus cabellos, dando una claro indicio de su petición.

El infantil y tierno comportamiento de Percy provocó una alegre risa por parte de Nasiens, quien, sin siquiera esperar alguna otra indicación, comenzó a correr sus dedos por el cabello del jinete de la muerte.

Las caricias mezcladas con aquel dulce sonido que retumbaba con el latir de su corazón, provocaron el revoloteo de mil y un pájaros Roc en su cuerpo, forzándolo a acurrucarse sujetando su estómago para que no escaparan.

— El aroma de Nasiens es el mejor — volvió a hablar mientras buscaba su otra mano a tientas, para acariciarla con su pulgar. — Espero que las manos de mi Dama Blanca sean tan suaves y cálidas como las tuyas — fue lo último que dijo Percival, dejando atrás a un muy sonrojado Nasiens para sumergirse en el mundo de los sueños.

— ¡EEEEHHHHH! ¡Espe-Espera! ¡No te duermas ahora! — gritaba el herbolario, sacudiendo el cuerpo de su amigo sin lograr despertarlo. — ¡¿Cómo se supone que escalare eso yo solo?! — lloriqueo mientras miraba frenéticamente entre el chico dormido y la gran pared rocosa por la que había llegado.

Sin duda, ese sería un largo viaje de regreso a Sistana.