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«Los cigarros favoritos de Chuuya tienen mal sabor. Ya veo que tu mal gusto no solo aplica a los sombreros que usas, sino también a esta mierda», eso fue lo que pensó Dazai tras darle varias caladas al cigarro.
Se sentía ridículo, ¿cómo esperaba que tuviera buen sabor? Ni siquiera era la primera vez que los probaba y no era como si no hubiera olido el humo antes. Cuando vivía junto a Chuuya, él a veces fumaba en su presencia, pero Dazai no decía nada. No era algo que le importara, solo se aseguraba de abrir la ventana y de advertirle a su ex novio de que lo hiciera con moderación. Aunque si recordaba bien, no fumaba tan seguido. Solo cuando se sentía estresado o cuando quería entretenerse con algo.
«Sabes que yo puedo ser tu mejor entretenimiento»
Un pensamiento que no dijo en ninguna ocasión. Se iba a sentir demasiado ridículo, además, conociendo a Chuuya, le parecería algo sin sentido y ya hasta podía imaginar su posible respuesta: “Idiota, ¿de qué demonios estás hablando?”
Estaba pensando de manera frecuente en Chuuya a pesar de que habían pasado dos meses desde que dio por terminada la relación. La razón era por estar aterrado de lo que sentía. No esperaba que aquella relación que comenzó siendo sexual se convirtiera en el inicio de algo más. Y como una manera de recordar aquellos momentos que podría considerar como “felices”, tomó una caja de cigarros, una botella de vino que pertenecía a su colección más preciada y un perfume.
Un vino que tenía guardado en un lugar importante en su apartamento y un perfume que era el que usaba regularmente. Debía considerarlo como una forma de seguir recordando esos momentos que los pudo haber considerado como felices. Y si que lo fueron, todavía estaban muy presentes esos días en los que platicaba con Chuuya y podía pensar que nada malo podía pasar entre ellos. Solo que eso era esperar demasiado, Dazai decidió irse una vez que supo que se estaba enamorando.
¿Y cómo no lo haría? Estaba conviviendo muchas horas con él, vivían en la misma casa y tuvieron misiones juntos. Eso no cambió cuando decidió dejar la mafia, fue un tema del que ya habían platicado, por lo que no hubo ninguna sorpresa. Compartieron besos y noches apasionadas dónde los dos terminaban con marcas rojas en sus cuerpos,
Chuuya no lo detuvo, solo le dijo que hiciera lo que quisiera. Fue como si tuviera muy claro que entre ellos no tenía que haber nada de amor, lo dijo con seguridad y con una mirada que no ocultaba dolor. Dazai tuvo que mirar esos ojos azules por última vez, realmente no estaban cristalizados.
«¿Acaso ni una vez pensaste en un “para siempre” entre nosotros, Chuuya?»
Una pregunta que le hubiera gustado hacer, aunque de su boca no salió ninguna palabra. Ni siquiera podía estar seguro de que la haría si tuviera la oportunidad de volver a verlo. Las cosas en Yokohama estaban tan tranquilas que no había necesidad de una alianza entre la mafia y la agencia. Dazai esperaba que las cosas se mantuvieran así por un largo tiempo.
—Dazai, ¿qué haces aquí?
Cuando escuchó la voz de Atsushi le había dado una calada al cigarrillo, lo tiró después de haber exhalado el humo. Ni siquiera sabía por qué estaba fumando en la esquina de la calle. Pudo haberse dado una vuelta por los alrededores y luego volver a la agencia con el aroma del perfume de su ex novio y del tabaco.
Una combinación que quizás no era tan buena, pero Dazai ya estaba acostumbrado.
—¡Oh, Atsushi! ¿Qué tal? —dijo con el tono alegre de siempre, a pesar de los recuerdos que llegaron a su mente.
Eran agridulces, de una época que ya no va a volver. Decir que estaba enamorado de Chuuya era algo que no podría decir, ni aunque esa fuera la solución de todos sus problemas. Definitivamente no podía.
—Acabo de entregar unos informes que me pidió Kunikida.
—¿Ah, sí? —preguntó, un poco interesado por la respuesta de su subordinado. Sabía que había salido, pero no estaba seguro del motivo.
—Sí, ¿Y tú ya hiciste tu trabajo? Kunikida me dijo que…
—Mmm, me parece que hoy es un buen día para dar un paseo —interrumpió, cambiando de tema.
Había avanzado en sus reportes, pero después inventó una excusa para salir. El motivo no lo tenía claro, quizás estaba cansado de estar frente a la pantalla de la laptop y no tenía ganas de leer, ni de escuchar música. Eso le haría pensar, y si pensaba, recordaría a Chuuya, y si lo recordaba, tendría ganas de llamarlo o de deshacerse de esos objetos personales que estaban en su apartamento. Tenía sentimientos contradictorios, no tenía muy claro lo que quería hacer. Así que en un intento de tranquilizarse, sacó la caja de cigarros de su gabardina y empezó a fumar.
—Dazai…
—Puede que no lo creas, Atsushi, pero estuve trabajando.
Por supuesto, Atsushi no le creyó nada. Eso era porque cuando él se fue, Dazai solo estaba sentado sin escribir sus reportes.
—No lo sé, es difícil de creer.
Una respuesta demasiado predecible. Dazai sonrió y colocó su brazo por los hombros de Atsushi, una acción que lo tomó desprevenido e hizo que se tensara.
—Ah, sabía que dirías eso, ¿no quieres tomar un café conmigo?
Qué manera para cambiar de conversación, como si quisiera deshacerse de todos esos pensamientos en torno a Chuuya. Lo mejor hubiera sido no tomar esa cajetilla de cigarros en primer lugar.
Atsushi no respondió de inmediato, miró a Dazai y luego ladeó su cabeza.
—Pero tú… —empezó a hablar y luego se detuvo.
—¿Qué es lo que estás pensando?
Él quitó su brazo. Quería escuchar la respuesta que le daría, aunque ya podía darse una idea.
—Que tú… —De nuevo una pausa, quizás estaba inseguro. Sí, Atsushi desvió la mirada—. Que tú no tienes dinero…
Eso no borró para nada la sonrisa que había en el rostro de Dazai. Quiso reír, pero se mantuvo en silencio.
—Oh, ¿así que esa es tu preocupación? —Asintió. Él le dio unas palmaditas en su espalda—. ¡De eso no tienes que preocuparte! Puedo pedirle a Kunikida que pague la cuenta.
O dejar que la hermosa camarera lo anotara en su enorme deuda. Sin embargo, ella conocía bien a Dazai y sabía que no iba a pagar nada.
—No, solo es eso —volvió a hablar Atsushi—. Pienso que lo mejor sería que fueras a cambiarte, hueles a cigarro.
Solo escuchar que olía a cigarro le hizo cambiar la expresión que había en su rostro. Ya no estaba sonriendo, soltó un suspiro y miró a Atsushi de una manera nostálgica.
—Atsushi, ¿te gustaría escuchar una historia?
…
Los dos se encontraban frente a frente en una mesa de la cafetería Uzumaki.
Ninguno de los dos había pedido nada de beber, solo estaban ahí para pasar el tiempo. Esto era porque sabía que no tardarían mucho tiempo hablando. Dazai le tuvo que enviar un mensaje a Kunikida diciéndole que Atsushi y él se encontraban en una misión importante que no podía ser pospuesta. También añadió que no debía de preocuparse, que estarían bien y que esto era parte de su responsabilidad. Algo que no se lo tomó bien, le preguntó qué era aquello tan importante como para desaparecer.
«Es información confidencial, Kunikida».
Eso era lo que decía el último mensaje que le envió y luego guardó su celular para empezar la conversación.
—Hace un tiempo terminé una relación con alguien.
¿Qué estaba diciendo? ¿Era de verdad una buena idea que Atsushi supiera lo que le estaba contando? Claro que habría información que omitiría.
—¿Una relación con alguien? —preguntó, él lucía desconcertado. Si veía a Dazai como alguien incapaz de mantener algo serio con otra persona, no estaba nada alejado de la realidad.
—Sí.
—No creo ser la persona más adecuada para escuchar eso.
No era algo que no hubiera pensado antes, pero había una parte de él que quería hablar de ese tema con su subordinado.
—Cuando decidí salir del apartamento de esa persona, tomé su caja de cigarros —ignoró su respuesta anterior para seguir con lo que le estaba contando—. No hubo una gran razón detrás, supongo que quería molestarlo.
«Y mantener algo de Chuuya conmigo», pensó. Aún cuando se acabara el último cigarro, sabía que no tiraría la cajetilla, la guardaría como algo valioso a pesar de que muchos lo podrían considerar como basura.
—Probablemente se dio cuenta…
—No lo dudo —contestó, mirando hacia la ventana.
De repente habían personas que caminaban por el lugar, lo que demostraba que era un día demasiado tranquilo. Por eso sabía que no tenía por qué ser un gran problema si los dos estaban en la cafetería pasando el tiempo, solo cambiaba el lugar.
Después de eso hubo silencio, Atsushi miraba hacia los alrededores. Se levantó y pidió un café latte. Dazai se sorprendió por eso, luego sonrió. No mencionó para nada el tema de si tenía dinero o no, podía ser que también dejara su cuenta en nombre de Kunikida.
—Dazai, ¿terminaste en malos términos con esa persona?
—Me estaba enamorando.
—¿Y eso era malo?
No podía creer que escuchó esa pregunta de Atsushi, era como si ya hubiera dejado atrás la incomodidad y decidiera resolver sus dudas. Estaba bien, para Dazai hablar de este tema le podía dar una perspectiva nueva de las cosas.
—Dijimos que no nos enamoraríamos.
—Creo que… —Se detuvo en cuanto vio a la camarera acercarse para dejar el latte, él agradeció y siguió—. Creo que haber terminado fue lo mejor entonces…
Atsushi hizo una pausa y le dio un sorbo al café latte.
—No lo sé —respondió Dazai, apoyando su brazo sobre la mesa—. Me siento confundido.
«Creo que te estoy entreteniendo mucho tiempo» pensó. De nuevo ninguno de los dos dijo algo, no tenía ningún problema con eso. Quería pensar, era increíble que en los temas relacionados con el amor de le hacían tan complicados y lo dejaban en una situación en la que se sentía encerrado en un laberinto en el que no veía la salida.
—Supongo que entre nosotros no existía el “para siempre” —murmuró, esta vez se había recargado en el asiento y estaba mirando el techo hasta que volvió a acomodarse en su asiento y le dedicó una mirada a Atsushi—. Siento hablarte de temas complicados.
Era extraño para él que dijera “lo siento”, pero había mucha sinceridad en esas dos palabras. Ahora que lo pensaba, quizás la sinceridad era algo que le faltó junto a su relación con Chuuya.
¿Y si hubiera dicho cómo se sentía? Se llevó una mano a la frente, no es como si uno de ellos se hubiera confesado y eso daría inicio a una historia de amor. Era poco probable que así se hubieran desarrollado las cosas.
—Está bien, si te ayuda a sentirte mejor, puedo seguir…
—Lo extraño —confesó en voz baja.
Ni siquiera encontraba satisfacción en tener ese vino, la caja de cigarros y el perfume si estaba lejos del propietario de esos objetos. Por supuesto, dejaría que todo siguiera como estaba. En Chuya y él no existía el para siempre. Una afirmación que tenía que aceptar aún cuando dolía. Suspiró y se levantó de la mesa, Atsushi no tardó en hacer lo mismo. Su subordinado había escuchado parte de la historia, por lo menos sentía que fue buena idea revelar unas cuantas cosas. Al parecer no se sentía preparado para contar toda la historia, era como si a una herida abierta le echara alcohol. El resultado era el ardor y detestaba el dolor.
—Mmm, aunque resulte difícil decirlo, creo que esa persona debió ser importante para ti.
Los dos se encontraban cerca de las escaleras para subir hacia donde estaba el piso de la agencia. Dazai ya se encontraba incapaz de avanzar, solo su mano sostuvo el barandal y después se quedó congelado. Miró a Atsushi, completamente desconcertado. Él bebía del latte como si no hubiera soltado algo que Dazai se negaba a aceptar.
—¿Qué?
—No hubieras tomado su caja de cigarros si no te importara, querías mantener su recuerdo.
Lo sabía perfectamente, pero que otra persona lo dijera era de gran impacto para Dazai. Él no respondió, levantó su brazo y acarició el cabello de Atsushi, había una pequeña sonrisa en su rostro.
—Se nos hace tarde, tenemos que subir —dijo, cambiando de tema y empezando a avanzar.
Chuuya era importante para él, sentía algo por su ex compañero de la mafia. Solo que era demasiado orgulloso como para confesarlo. Además, el pensamiento de que no podían estar juntos no lo iba a dejar tan fácil, mucho menos si los objetos personales en su apartamento lo hacían más difícil.
