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Hacía unos días desde que Atsumu tenía la idea de que había algo raro en Kiyoomi.
Lo empezó a notar cuando Kiyoomi se mantenía alejado de él, había dejado de corresponder a los abrazos y besos que Atsumu quería darle. No es como si su novio fuera la persona más cariñosa del mundo, pero esta vez sabía que las cosas no andaban bien entre ellos. Lo notaba cuando pasaba menos tiempo en casa, cuando a pesar de dormir en la misma cama ya no lo abrazaba y casi no tenían ninguna conversación. Era como si de repente empezara a convivir con un extraño.
Atsumu nunca se detuvo en pensar en un posible fin en su relación, pero ahora lo veía tan probable que cada día se iba preparando para cuando Kiyoomi dijera que lo mejor era que se separaran. Prefería que fuera sincero antes de seguir alargando el sufrimiento.
Esta vez los dos estaban sentados en la sala, casa uno en un extremo. Si miraba de reojo, podía ver que Kiyoomi estaba viendo hacia otro lado, tenía apoyada su mejilla en la mano. Atsumu podía estar seguro de que se encontraba aburrido, él también lo estaba; pero no sabía qué decir para romper el silencio. Quizás podría encender la televisión para que hubiera un ruido de fondo, un pensamiento que pronto desapareció de su cabeza. No tenía que haber ningún distractor si alguno mencionaba el tema que ya no podían seguir posponiendo.
—Oye, Kiyoomi, si quieres terminar la relación, ¿por qué no lo dices?
«Kiyoomi», eran muy pocas las veces en las que Atsumu lo llamaba por su nombre completo y no por el apodo “Omi”, apodo que le causó molestias al principio y que fue cuestión de tiempo para que lo aceptara.
—No he pensado en eso.
Y no lo estaba mirando, seguía volteado. Quería decirle que lo mirara, pero estaba tan agotado por su indiferencia que ya no podía decir nada. Él sentía que en cualquier momento las lágrimas podían empezar a caer y las estaba reprimiendo porque quería evitar una escena tan patética frente a él. Si lloraba, no iba a haber nadie quien le pudiera limpiar las lágrimas con la mano, ni quien lo abrazara a la vez que le susurrara palabras de aliento que le aseguraran de que dolería al principio, pero después las cosas mejorarían.
—¿No… no has pensado en eso? —preguntó Atsumu, mirando a Kiyoomi.
—Atsumu —dijo, volteando. Se enfocó en observar su rostro, en esos ojos negros que lo estaban mirando de una forma fría y en los que se podía percibir cierta tristeza. Podría animarse porque dijo su nombre; pero era más fuerte la sensación de dolor por lo que pasaría después—. Te mentí, si lo he pensado.
Al escucharlo, en su mente la frase “te mentí, si lo he pensado” se reproducía en bucle. Por supuesto que era verdad que lo había pensado, se había aferrado a una pequeña esperanza de que todo estaría bien. Era un idiota, un estúpido y muchas palabras de odio a sí mismo por creer en eso.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace una semana.
«Una semana», repitió. Desde hace una semana y Atsumu apenas empezó a notarlo desde hace unos días, sí que estaba bastante aferrado a que Kiyoomi seguía sintiendo lo mismo que él.
—No puedo creerlo —murmuró. Esta vez fue su turno de voltear. Se mordió el labio con tal de mantener su mente ocupada para no dejar que las lágrimas salieran—. ¿Por qué no dices que quieres terminar la relación.
—Estaba pensando en una manera de decirlo sin lastimarte mucho.
—Eres un idiota, Omi —dijo Atsumu, se esforzó en que su voz no se quebrara—. Fingir que todo está bien me iba a doler… y no sé por qué sigo aferrado a ti, quería convencerme de que todavía sentías algo por mí.
Atsumu no dudó en decir lo que estaba sintiendo, esta vez ni siquiera hizo nada para ocultar las lágrimas que estaban cayendo por sus ojos, las limpió y miró a Kiyoomi. No se veía para nada afectado, no, ¿cómo iba a estar afectado siendo él quien quería terminar la relación? Respiró profundamente, intentó mantener su mente en blanco, algo que no pudo lograr porque su mente se llenó de momentos felices junto a Kiyoomi. Esos momentos que estaba seguro que Atsumu era el único que los recordaba.
«No importa, no importa». Vaya mentira. Le importaba demasiado. Si tuviera el valor suficiente, Atsumu ya le hubiera dicho a Kiyoomi que empezara a arreglar sus cosas, porque ya no lo iba a querer volver a ver. No, no, no podía imaginar esa situación.
—Miya, no somos compatibles —cada palabra de Kiyoomi se sentía como una apuñalada, ¿por qué no le decía que mejor dejara de hablar? Porque no podía decir nada.
—¿Así que estás tratando de decir que todo este tiempo estuviste fingiendo?
—Piensa lo que quieras.
No le gustó para nada esa respuesta. «Vete a la mierda, Kiyoomi», pensó. Esta vez fue el turno de Atsumu para voltear hacia otro lado, no quería ver a la persona que lo estaba dañando. Quería insultarlo, qué esfuerzo era el mantener el silencio que le resultaba insoportable. Se armó de valor y lo miró. Su novio, si es que todavía se podía referir a él de esa manera, tenía sus ojos sobre él.
—¿Cómo que piense lo que quiera? ¿Olvidaste lo “directo” que decías ser y no puedes decir “Miya, nunca te amé”?
Se tapó la boca por lo que dijo, sus lágrimas salieron y se tapó la cara. No quería ver la cara de Kiyoomi, quería pedirle que lo dejara solo. Tal vez lo mejor era levantarse y encerrarse en la habitación, así podría llorar hasta quedarse seco. Qué dolor estaba sintiendo, era como si su vida fuera a terminar en cualquier momento. Sin embargo, había cosas de las que todavía tenían que hablar.
—No aguantarías que te dijera la verdad, Atsumu.
No le gustaba que lo llamara por su nombre, lo decía de una forma tan seca. Parecía una forma de burlarse de él.
—¿Es tan terrible?
—Intenté amarte —habló después de un rato Kiyoomi—, quería intentar tener una relación contigo, pero no puedo seguir fingiendo algo que no siento…
—¡Ya es suficiente! ¡No quiero seguir escuchando más!
Eso lo tuvo que decir entre lágrimas, ya que no se detuvieron. Atsumu había quitado sus manos de la cara para mirar a Kiyoomi, sin importarle lo mal que se veía en este momento. Su relación estaba mal, su apariencia era lo de menos.
Kiyoomi se sorprendió, intentó extender la mano hacia su rostro. Una mano que apartó. Acababa de decir algo que fue tan doloroso, palabras que iban a quedarse en su cabeza por un largo tiempo. Quizás siempre las recordaría, como ahora que estaba recordando las pocas muestras de afecto que le dio Kiyoomi. Atsumu estuvo tan cegado, ¿cómo fue que no se dio cuenta de que él siempre era quien se esforzaba para que la relación funcionara?
«Es porque Omi no es alguien tan expresivo» fue lo que se dijo a sí mismo una vez para intentar justificar cada vez que él no le daba mucho cariño. Ahora sabía que se había conformado con las migajas de amor que le daba.
—Acaba con esto, Kiyoomi —dijo Atsumu una vez que ya se había tranquilizado un poco.
Kiyoomi no respondió. Si lo veía a la cara, podía saber que seguía sin estar afectado.
—Estuve fingiendo todo este tiempo porque no quise rechazarte. —No podía creer que todavía pudiera decir ese tipo de cosas con mucha normalidad, como si ya no le importara cómo se sintiera—. Y ahora lo sabes, Miya, no quiero seguir contigo.
El día de hoy el corazón de Atsumu recibió tantas heridas de parte de la persona de la que estaba muy enamorado. No tuvo ganas de responder, lo único que hizo fue levantarse e ir a la habitación. Se quedó apoyado en la puerta, por tanto llorar los ojos los empezó a sentir cansados y su cabeza empezó a doler. No fueron cosas a las que le diera importancia, se acostó en la cama. Ese lugar en el que habían pasado muchas cosas entre ellos.
Él volvió a llorar, así estaría por el resto del día. Había terminado con Kiyoomi y ahora estaba asustado por cómo serían los días siguientes. Definitivamente le tendría que pedir que se fuera y dejar que él tiempo pudiera sanar el dolor que estaba sintiendo.
