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“¡Gi-hun, hagámoslo!” pidieron los ojos brillantes en emoción del joven empresario, y padre de su bebé, Hwang In-ho. Un apuesto alfa de apenas veinticuatro años de edad, y que parecía el hombre más feliz en la tierra ante la fortuna de ser padre.
Seong Gi-hun creía que la idea era una MUY mala idea.
Pero tampoco sentía que tenía el corazón para romperle la ilusión a ese bobo que era once años más joven que él.
Todo había empezado con una pregunta dentro del consultorio del ginecólogo Yoo Byeong-gi, en el último ultrasonido al que habían asistido.
“¿Quieren saber el sexo del bebé?” preguntó el Doctor Byeong-gi mirando a ambos padres que parecían emocionados de ver la imagen del pequeño en la pantalla.
Además, era sorprendente la diferencia entre la pareja de polos opuestos. Siendo el alfa ligeramente más bajo, aunque con una energía que imponía elegancia y una presencia con vitalidad características en alguien joven que apenas pasaba de los veinte años.
Por otro lado el omega aunque más alto y claramente pasaba de los treinta años, era de complexión más delgada y femenina; contrario a sus manos que parecían haber trabajado arduamente ante los cortes y los callos en ellas a pesar de su segundo género.
Gi-hun se mostró emocionado al abrir la boca y pedir que supieran el sexo del bebé cuanto antes, cuando la mano izquierda de In-ho tomó su mano derecha con firmeza pero calidez. Gi-hun se giró a mirar al alfa confundido.
“¡Gi-hun, déjame hacer una fiesta de revelación de género a nuestro cachorro!” pidió In-ho con una emocionada sonrisa.
El mecánico se sintió conmovido al recordar como In-ho era tan joven para apenas empezar a trabajar o salir de la universidad en otras circunstancias. Y sin embargo, ahí estaba actuando como un alfa protector para él y el bebé de ambos.
Un bebé que había nacido como producto de un celo inducido por el afrodisiaco introducido dentro de su bebida sin su consentimiento, por parte de los clientes de Gi-hun en Dragon Motors: Im Jeong-Dae.
“¿Quieres qué?” preguntó Gi-hun con una mueca preocupada al saber perfectamente lo populares que eran las fiestas de revelación de género al ser un éxito entre celebridades, como ser el escándalo viral ante las desastrosas reacciones que los cibernautas calificaban como entretenimiento.
“Una fiesta de género, ya sabes… con globos de colores, o podemos pedir que el pastel tenga el betún del color de nuestro bebé,” admitió In-ho pensando en voz alta.
Gi-hun quiso decir que no, que todo le parecía muy exorbitante.
Pero In-ho ya estaba sacando el celular de su bolsillo, aun sin soltar su mano. Y abrió su red social sobre videos para mostrarle. Gi-hun asintió a pesar de sentir incluso el peso de la mirada del doctor. Casi, como si fuera un espectador más ante algo tan íntimo como saber sobre el futuro bebé.
“Si sé de qué hablas,” suspiró Gi-hun sintiendo inseguridad ante la energía que desbordaba el alfa. “Pero parece mucho gasto—”
In-ho interrumpió mirando a los ojos con decisión a su omega. “¡Yo pagaré todo, hyung! Podemos hacer algo bonito, temático con nuestros colores favoritos. Comida deliciosa, y un evento para ir uniendo nuestras vidas, eh, es decir, las de nuestro bebé.”
Lo último lo había comentado In-ho bajando la mirada un poco dado que ya antes le había declarado que se casaran. Gi-hun había dicho que no, que un bebé no era motivo para unir sus vidas por siempre. Pero que toda la vida, su bebé sería de In-ho.
Gi-hun sabía a qué se refería el último comentario de In-ho, sintiendo culpa en forma consciente. El omega que ya sentía el peso de sus decisiones eran por algo, se limitó a suspirar y mirar nuevamente a su bebé en el ultrasonido.
“No serán muchos invitados, ¿cierto?” preguntó Gi-hun para regresar su vista y tomar con suavidad la mejilla de In-ho, apenas como un roce.
In-ho sintió su corazón latir desbocado al sentir esa cálida mano de su omega tocarle, para alzar los ojos, conectándolos con esa mirada que lo volvía loco. En forma adorable e infantil negó con la cabeza, soltó su celular en su regazo para desplazar su mano derecha a tomar la mano contraria que apenas tocaba su piel.
“No, tengo personas importantes en mi trabajo que quiero invitar, pero serán sólo personas en quienes trabajo muy de cerca. Saben que seré padre pronto, y es mi intención presentarlos y darles su lugar a ti y al bebé por una extensión mía.”
Gi-hun tragó saliva bajando un poco su rostro cohibido ante la intensidad de esa mirada en In-ho. En un suspiro de resignación decidió aceptar, después de todo In-ho seguía mostrándose tan atento y cariñoso con él a pesar de negarle tantas cosas. “Hagámoslo, In-ho. Hazle su primera fiesta a nuestro bebé.”
El alfa de apenas veinticuatro años de edad miró al omega y padre de su hijo con un brillo emocionado en los ojos para abrazar a Gi-hun. “Gracias, hyung! Te prometo que todo será lo más tranquilo e íntimo posible.”
O al menos eso era lo que había dicho In-ho antes del mes de preparación para la fiesta.
“Creí que querías un baby shower tranquilo. ¿Ahora me dices que tu sugar daddy quiere hacer una fiesta masiva de revelación de género?” sonrió Jung-bae riendo ante las constantes llamadas y mensajes de su amigo pidiendo ayuda sobre cómo luego de decirle que sí a la fiesta de revelación de género, Hwang In-ho había hecho una cita con una organizadora de eventos para llevar a cabo todo.
Gi-hun suspiró agotado luego de haber llegado a casa después de decidir el color de las invitaciones para el evento, el color de los manteles, y los arreglos florales que se estaran adornando el lobby y la zona de fotografía. “Siento que estoy planeando una fiesta de presentación de mi bebé. O mi propia boda.” se lamentó Gi-hun quitándose las pantuflas para prevenir caminar descalzo, sintiendo los pies hinchados.
Su amigo que aún trabajaba para Dragon Motors, no dejaba de reírse ante las quejas de Gi-hun. “Entonces ya dale el sí a tu alfa miniatura. Si desde ahora le da todo a su cachorro, ¿cómo se pondrá cuando cumpla años?”
Gi-hun hizo gesto de cansancio acariciando sus párpados, desplomándose en el sofá luego de estar discutiendo la diferencia entre los tonos de morado y lavanda. “No me estés espantando, Jung-bae. Creí que sí sería algo pequeño, unas cincuenta personas en total.”
“...¿y cuántas han sido invitadas? Dime que al menos yo recibiré invitación en el evento del año,” se quejó Jung-bae comiendo su almuerzo con tranquilidad antes de regresar a trabajar.
“Creo que van más de ciento cincuenta invitados, In-ho me pidió mi lista de invitados, que son dos mesas a lo mucho. Es muy-”
“¿Pues cuantos podrían ser invitados a la fiesta de un bebé?” Jung-bae arqueó una ceja confundido al oír como Gi-hun se quedaba callado pero aún se oía su respiración. “¿Gi-hun?”
El futuro padre miraba más que confundido una maceta que estaba en medio de un mueble, cuando él la dejaba más a la izquierda. “Te llamo después, Baebae. Voy a comer algo,” dijo en forma despistada para colgar.
El corazón de Gi-hun había comenzado a latirle con miedo, tratando de recordar si la puerta estaba cerrada con llave. ¿Había cajones abiertos?
Alguien había estado en su casa.
Y podría ser que AÚN hubiera alguien dentro de casa.
Con paso apresurado pero con calma, tomó nuevamente su mochila, sus llaves y el celular, para calzarse los zapatos desde el recibidor lo más rápido que podía.
Al abrir la puerta se sobresaltó al ver a In-ho que cargaba algunas bolsas de ropa y parecía que estaba a punto de tocar el timbre. “¡Gi-hun hyung! Olvidé darte esto que compré hace unos días.”
Gi-hun no parecía verlo, para cerrar de golpe la puerta detrás de él, tratando de controlar su respiración.
El joven alfa se sintió confundido para acercarse un paso más al omega, tratando de ver sus ojos. “¿Gi-hun?”
En forma sorpresiva, Gi-hun se arrojó a los brazos de In-ho, temblando y llevándose una mano a su vientre en forma protectora. “Creo que alguien estuvo en mi casa. Encontré unas cosas fuera de su lugar.”
Ese sólo comentario activó una mirada fría en In-ho, mirando de reojo a No-Eul y Dae-ho que estaban detrás de él. Dae-ho cargaba unas cajas con una nueva carreola, y No-Eul también llevaba el peluche de una ballena gigante. “Entren y encarguense,” ordenó In-ho a sus escoltas más leales que en seguida bajaron las cosas de bebé al suelo, colocando el peluche sobre la caja para que no se manchara, y entraron al departamento con paso firme, llevando sus manos a sus armas ocultas dentro de la chaqueta de su uniforme formal.
“¡In-ho, no! Es peligroso, debemos llamar a la policía. Que no entren,” pidió Gi-hun angustiado, tratando de moverse para detener el ingreso de los guardaespaldas de In-ho.
Sin embargo In-ho no cedió, incluso se abrazó más al hombre más alto y que olía en forma tan deliciosa para él: el aroma de una fruta cítrica, dulce en el otoño. Además del dulce de la miel de las Dalgona con un ligero picor de canela, ahora se acompañaba del olor de leche materna al estar encinta. Un completo éxtasis para In-ho cada que tenía una oportunidad de otro en abrazar al omega que amaba.
“Shhh, Gi-hun. Por algo les pago para cuidarme, y con ello a ti. Sólo van a revisar, y llamarán a la policía en caso de ser necesario. Vamos afuera, no es seguro que estés aquí.”
Gi-hun negó tratando de ser razonable en como actuaba In-ho tan calmado cuando el intruso que podría seguir dentro, llevar un arma y herir a No-Eul o Dae-ho. “In-ho, llama a la policía entonces.”
In-ho le miró con frialdad para poner una mano protectora sobre el vientre abultado de Gi-hun. “¿Y nuestro bebé? Piensa en su seguridad. Déjame ponerlos a salvo. Mis hombres están entrenados y saben cuidarse las espaldas. Por favor.”
Ese último comentario angustió a Gi-hun para asentir, comenzando a caminar fuera de ahí, siendo guiado por In-ho, quien no liberó el contacto en su espalda baja, ni su vientre mientras los guiaba fuera de ahí.
“Sí, eso sería todo. Gracias, No-Eul,” suspiró In-ho mientras colgaba la llamada con su guardaespaldas y regresaba su atención a Gi-hun que aun seguía sentado en la sala de su casa, mirando el té de hierbas que había perdido su calor, sin haber bebido un poco del mismo. “No había nadie en tu casa, y no faltaban cosas.”
Gi-hun se sintió aún más ridículo ante esa afirmación, bajando la cabeza, y queriendo esconderse en un agujero. “Tal vez me equivoqué, no sé…”
In-ho entrecerró los ojos notando como el labio inferior del omega temblaba en un gesto de vulnerabilidad, para caminar dejar su celular sobre un librero, y estar tan cerca de Gi-hun, que se agachó quedando en medio de sus piernas. Con la confianza de un hombre joven y galante, tuvo la osadía de poner su mano en la rodilla derecha del omega, en un acto de hacerse notar y ofrecer apoyo.
“Yo te creo, Gi-hun. Si dices que algo no estaba bien, te creo. Y no pienso ignorar algo que hayas notado antes de que pase algo.”
Los enormes ojos expresivos de Gi-hun que eran tan parecidos a los de un venado, miraron al joven alfa que parecía tan seguro y con esa mirada tan intensa que le hizo sentir el mismo calor de sentirse protegido por el otro. “No quiero que nada le pase al bebé. Si algún ladrón quiere robar, que lo haga y ya. Pero no quiero que me pase algo hasta no dar a luz a nuestro cachorro.”
In-ho frunció el ceño molesto. “Tu también eres importante para mí, no sólo el bebé. Permíteme protegerlos a ambos.”
Gi-hun tragó saliva ante esos ojos tan oscuros pero con tantas emociones reflejados, negándose a apartar la mirada de In-ho. “¿Qué tienes en mente?”
In-ho sonrió con seguridad por primera vez, agradecido de que su omega confiara en que los protegería. Su corazón latía desbocado, tratando de reprimir las ganas de acortar la distancia y besar a Gi-hun, demostrarle cuánto lo amaba. Y que aquello que los unía no era sólo por el bebé que habían engendrado juntos. No. In-ho lo amaba desde la primera vez que lo había visto.
“Tengo algunas ideas, pero, de todas, la que me gustaría ofrecerte es más una petición.” admitió In-ho para tomar valor y sólo decirlo. “Quiero que te quedes aquí en esta casa, conmigo.”
Gi-hun se sorprendió ante esa petición, para abrir la boca en empezar a enlistar todo por lo que no podría funcionar.
In-ho enseguida notó la nota amarga en el aroma de Gi-hun para levantarse un poco más e insistir. “Sólo será hasta que des a luz a nuestro bebé. Cuando nazca, te conseguiré una casa que esté en un mejor vecindario que dónde vives.”
Gi-hun frunció una ceja y ladeó su cabeza hacia la izquierda más que inconforme. “In-ho, yo aún puedo trabajar para comprarme otra casa. En cuanto dé a luz, pienso regresar a trabajar en Dragon Motors, ya lo hemos hablado.”
In-ho sintió un enojó ante la negativa del omega de rechazar siempre toda buena intención que tuviera. Finalmente él fue quien rompió el contacto visual, y también se levantó para alejarse del regazo de Gi-hun. “Puedes hacer uso de mi casa en lo que necesites. Tengo dos habitaciones de huéspedes que están del lado derecho, subiendo en la segunda planta. Mi habitación es la del fondo a la izquierda, estaré en el estudio por si necesitas algo.”
Gi-hun sabía que el alfa estaba enojado al notar el semblante apagado y el claro tono más serio en su voz. “Espera, ¿no vas a cenar?”
“No tengo hambre, hyung.” fue toda respuesta de In-ho antes de que se marchara, dejando a Gi-hun lamentando una más de sus palabras en haber herido al alfa más joven.
Toda la casa de Hwang In-ho parecía sacada de una revista de celebridades. A pesar de su edad, In-ho parecía tener buen gusto por el estilo moderno, en tonos opacos y elegantes.
Si bien la casita que alquilaba Gi-hun no estaba en un mal barrio en Ssangmun-dong, era pequeña y modesta a comparación del palacio donde In-ho vivía.
Mientras Gi-hun caminaba por el pasillo buscando alguna de las dos recámaras de invitados, Gi-hun se dio cuenta de que a In-ho le gustaba tener una buena apariencia desde su porte al vestir y su arreglo personal, hasta su oficina o su hogar.
Y no, Gi-hun no envidiaba para nada a In-ho. él más que nadie sabía la importancia del trabajo duro. Aunque, si bien el mecánico aún no estaba seguro de que trabajo podría tener alguien que ganara tanto dinero para tener el rol que tenía.
Por otro lado, Gi-hun… no era nadie.
Al pasar caminando por una puerta cerrada, el omega notó un espejo que parecía elegante con detalles de ébano.
Y en cambio sus ojos le devolvieron la apariencia de un hombre que estaba acabado.
Seong Gi-hun tenía treinta y cinco años. Estaba en permiso de maternidad con siete meses y medio de embarazo del padre que tuvo que hacerse responsable de él por no haber sido más fuerte en resistir el celo de su cuerpo. Ahora, Hwang In-ho, que era mucho más joven que él, estaba amarrado por un bebé con él.
In-ho no lo amaba, sólo tenía un alto sentido de ser un padre responsable para su cachorro.
Y Gi-hun no quería arruinarle la vida al atarlo con alguien con poco valor.
Tal vez si hubiera sido tan inteligente como su antiguo amigo de la infancia, Cho Sang-woo, podría decir que tenía un título universitario. Que podía tener un empleo bien pagado, y tal vez… sólo tal vez, podría aceptar la situación en la que estaba.
Gi-hun no soportó ver su apariencia frente al espejo mucho tiempo. Se sentía poco agraciado, todo el tiempo quería ir al baño, tenía hambre o estaba cansado. Tenía dolor constante en sus piernas y sus pies, la espalda le pesaba, y ya era incómodo dormir, así normalmente daba vueltas en su cama buscando la mejor posición si es que el insomnio era amable en permitirle unas horas de sueño.
Era un completo desastre.
Y luego estaba In-ho, tan joven y hermoso ante los ojerosos ojos de Gi-hun. Inalcanzable galante, con la sonrisa más suave y gentil hacia él. Siempre siendo él quien lo atendía antes de que siquiera Gi-hun supiera que necesitaba.
El intento de robo en su casa había sido extraño, pero In-ho le había creído y ahora le ofrecía un refugio para él y el cachorro de ambos.
‘¿Por qué es tan difícil tener que decirle que sí? Si no lo merezco,’ se maldijo Gi-hun tratando de darse consuelo.
Y aun si nunca lo mereciera, Gi-hun quería creer que tal vez un día podría ganarse al menos su amistad una vez que el bebé naciera. Poder estar cerca de ese hermoso astro brillante, como la Luna misma.
In-ho se encontraba revisando las cámaras de seguridad del edificio de Gi-hun mientras estaba recostado sobre la cama del segundo cuarto de invitados. Y sin sorpresa, las cámaras realmente se habían descompuesto cincuenta minutos en todo el edificio, sin posibilidad de identificar los hechos.
Para no asustar más a Gi-hun, In-ho se limitaría en decirle la verdad que pudiera alterarlo más, estando cerca de su periodo de alumbramiento.
No-eul se mostraba reacia a aceptar que un ladrón hubiera entrado a mover una maceta. Dae-ho era más amable diciendo que tal vez Gi-hun había movido la planta y le había dado ‘amnesia de embarazo’.
Pero no, In-ho le creía a su bonito omega.
Gi-hun era alguien listo, y notaba detalles, he de ahí que el alfa hubiera confiara sus automóviles al omega en un trabajo dominado por alfas como era Dragon Motors.
Así que si Gi-hun decía que alguien había entrado a su casa, moviendo una maceta, era un mensaje para In-ho. Alguien se estaba metiendo con su amado, y con su bebé, sus tesoros más grandes que la vida le había regalado.
Y él haría todo para protegerlo incluso si llegaba a dar su último aliento con tal de ponerse a salvo a Seong Gi-hun.
De pronto su nariz alcanzó a distinguir el aroma de comida recién hecha. Y no comida saludable, o peor aún, procesada. No. Olía a comida casera.
De un salto se levantó siguiendo ese olor que le hacía agua la boca, e hizo rugir su estómago que reclamaba la última vez que In-ho había probado un bocado.
Casi trastabilla el joven alfa al bajar las escaleras de dos en dos, hasta dar con la vista más divina que sus ojos hubieran visto antes: su Sol estaba cocinando.
Gi-hun tenía su negro cabello recogido en una coleta baja, y sin el sueter blanco que usaba desde la mañana, la playera de cuello V color amarillo le daba una luz cálida. Gi-hun incluso sonreía mientras portaba su delantal negro, y por una vez se maldijo haber tirado el delantal blanco con olanes que le había regalado en broma el Reclutador Kim Shin en la navidad pasada.
“In-ho, lo siento. He usado tu cocina y algunos de tus víveres,” Gi-hun se mostró apenado por haberse tomado una libertad que In-ho le había dado.
“Pareces un ángel,” admitió In-ho sonrojándose sin dejar de contemplar al omega.
“... ja, bromeas, ¿cierto? Parezco un barril a punto de estallar,” se quejó Gi-hun tragando saliva nervioso ante la dedicada mirada de In-ho sobre él.
“Sigues siendo un bonito barril. Y un ángel,” negó In-ho con una sonrisa embelesada para arremangarse las mangas de su camisa negra, dispuesto a ayudar en la cocina. Cuando el alfa se acercó a probar la comida desde la cacerola, se perdió el instante en el que Gi-hun había transformado su rostro en completo embelesamiento al ver la piel de los brazos, casi pensando que Superman había entrado en la cocina a ayudarlo.
“Ay Dios, ” se lamentó Gi-hun tratando de controlar el calor repentino que sentía en su rostro y su estómago al darse cuenta de que In-ho incluso se había desabrochado tres botones de su camisa negra, dejando ver el cuello y pecho del hombre más joven.
“Mmmm. ¡Está delicioso, hyung!” celebró In-ho sonriendo de par en par al haber probado la sazón de su amado.
Gi-hun agitó su cabeza para tratar de distraerse y regresar su atención hacia el alfa, antes de reír, notando como se había manchado el rostro, cerca de sus labios. “Te has manchado, In-ho.”
Ante eso, el alfa sacó la lengua tratando de lamer la mancha de la salsa de tteokbokki. “¿Dónde?”
Gi-hun se rió de la ternura que le daba el joven CEO, para acercar su mano derecha y limpiar con el pulgar la mancha, que estaba cerca de de sus labios.“Listo~”
In-ho se había perdido ante esa sonrisa, y la atención tan materna que daba su Sol en atenderlo. Incluso en forma cómica, In-ho había abierto la boca en gesto de sorpresa. “...”
Gi-hun tosió, rompiendo el contacto visual. Sintiéndose un omega atrevido, incluso coqueteando con alguien que estaba fuera de su liga. “Sé que dijiste que no querías cenar, pero quise agradecerte por ayudarme.”
In-ho asintió para sonreír un poco. “Siempre, hyung. Siempre voy a estar de tu lado.”
Gi-hun empezó a quitarse el mandil, notando que se había manchado la playera. Peor aún el pensamiento preocupante de no tener ropa con que cambiarse dentro de la casa de In-ho le hizo sentir incómodo.
Y como si el alfa le leyera el pensamiento, In-ho le sujetó con suavidad su muñeca derecha. “Hyung, antes de comer. Quisiera mostrarte algo.”
Gi-hun admiró esa decisión en el alfa, para sonreír un poco, asintiendo para dejarse guiar.
“Creo que no habías elegido un cuarto, ¿cierto?” preguntó In-ho mientras caminaban por el pasillo de las habitaciones en el hogar del joven CEO.
“Uh, no. Me distraje un poco, y luego quise ponerme a cocinar,” admitió Gi-hun en forma cohibida ignorando el espejo que le había revelado su apariencia actual, que deprimía aún más al omega en su continuo tren de pensamientos rondando su cabeza.
“Jeje, por suerte, me tomé la libertad de elegir la mejor habitación. Es la que es un poco más amplia, del mismo tamaño que la mía, de hecho.” anunció In-ho para detenerse y señalar con la mano la habitación del fondo, en el lado izquierdo. “Esta es mi recámara, por si necesitas algo. A lado está mi estudio.”
Antes de que Gi-hun retomara la conversación de que no podía quedarse para no interferir con su trabajo o su vida misma, In-ho abrió la puerta de la recámara que se iluminó por tener focos con sensor de luz. Al principio la habitación se veía elegante con una cama queen size, aunque con un edredón carmesí que contrastaba y le daba vida entre tantos colores sobrios. La habitación contaba con una televisión de plasma y un escritorio. Y en lugar de uno de los dos sillones, estaba casi oculto gracias a un librero acomodado estratégicamente…
“Un nido,” susurró Gi-hun mirando el espacio que parecía un pequeño fuerte, con un colchón, almohadas, sábanas y algunos peluches de animales marinos, sobresaliendo el de un calamar rosa con ojos saltones. Sin querer, sus ojos notaron una bandeja de esencias junto a un humidificador, además de un reproductor de música que aún estaba en su caja.
“Ven, pasa. Quiero saber si te ha gustado, o tengo que cambiar algo… no sé mucho sobre omegas, pero el internet y los consejos de Dae-ho al tener hermanas me ha ayudado,” admitió In-ho sintiéndose nervioso al ver como Gi-hun caminaba de un lado a otro examinando todo.
“Es perfecto,” admitió Gi-hun conmovido, tomando el peluche del calamar, abrazándolo. Sus ojos se desviaron hacia In-ho que parecía un perrito esperando un veredicto final. “No sé que decir, nunca tuve un nido así de lindo.”
In -ho sonrió orgulloso, inflando su ego al haber logrado su objetivo. “En realidad, lo había estado arreglando desde semanas atrás por si un día aceptabas venir cuando se acercara la fecha del parto. Sólo he acomodado algunas cosas mientras cocinabas,” admitió rascando su nuca en forma satisfecha por lograr el brillo en los ojos del bonito omega.
“No tenías porqué hacerlo,” admitió Gi-hun sin saber que decir, Incluso en vergüenza apretó aún más el peluche del calamar.
“No, pero quería hacerlo por ti,” confesó In-ho en forma romántica dando otro paso, para tener el valor de poner las manos con suavidad encima del dorso de las de Gi-hun.
“Gracias, In-ho,” sonrió Gi-hun sonrojándose para alzar el peluche, rompiendo el contacto visual, y alcanzando a oler el perfume de In-ho sobre ese peluche. Incluso las pupilas de Gi-hun se habían dilatado ante ese aroma tan propio del apuesto alfa. En su nido.
“Bueno, vamos a cenar. Que muero de hambre, mi dulce hyung. Merezco el festín que has preparado para nosotros,” celebró In-ho queriendo darle espacio a Gi-hun. Siempre se ponía a recordar que no fuera tan impulsivo, como su recepcionista Jang Geum-ja le recordaba.
“Uh, claro,” dijo Gi-hun nervioso depositando con cuidado el peluche en el nido, pensando que ese aroma ciertamente completaba su espacio seguro.
“Ah, puedes cambiarte también de ropa. Como dije, ya había preparado algo de ropa para ti, hyung. Había un par de pijamas, y prendas nuevas en los cajones. No-Eul me ayudó a elegir ropa bonita según tu talla y tus colores favoritos,” confesó In-ho sin querer tocar el tema de cuanto sabía de su Sol.
“Espera, ¿cómo sabes mi talla?” preguntó Gi-hun confundido.
“¡Si, bueno, a comer!” alzó la voz In-ho para darse la vuelta y hacerse el loco para no responder esa pregunta.
“In-ho, espera,” le detuvo Gi-hun ante el joven alfa que ya estaba por salir de la habitación. El alfa se detuvo, y se giró expectante de todo lo que dijera o hiciera su omega favorito.. “Gracias de verdad, no esperaba esto. Y, si te parece, podemos conversar sobre tu idea de quedarme aquí hasta dar a luz al bebé. Realmente me has sorprendido con el nido.”
In-ho sonrió satisfecho, asintiendo. “Claro, me encantaría que te quedes conmigo. Esta casa siempre será de ustedes. Pero podemos hablarlo en la cena, ¿de acuerdo?”
“Hecho,” sonrió Gi-hun conmovido para ver a In-ho cerrar la puerta del cuarto, dando privacidad al mecánico que pensó en ponerse algo más cómodo para cenar juntos. Y claro, In-ho espero hasta dar algunos pasos lejos del cuarto de Gi-hun, además de dar saltitos de felicidad, en forma animada al hacer feliz al amor de su vida, y brindar un refugio para él y el bebé que tendrían juntos.
FIN.
