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Language:
Español
Series:
Part 6 of ACT II: #RISS 🦑 Inhun Semana 2025 - Yuzunny -, Part 3 of El tesoro del jefe AU (Baby Inhun Age Gap AU)
Stats:
Published:
2025-08-07
Words:
7,193
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
24
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2
Hits:
291

Eres a quién necesito a mi lado

Summary:

A sus 23 años, Hwang In-ho es un alfa decidido, poderoso y con más responsabilidades de las que cualquier joven debería cargar. Líder de una mafia peligrosa, cree tener el control de todo, hasta que un accidente lo deja varado en medio del campo, sin señal y con una tormenta acercándose. Lo último que esperaba era que un desconocido apareciera para ayudarlo... y mucho menos que ese desconocido fuera un omega.

Seong Gi-hun, mecánico de 35 años con un corazón más grande que su caja de herramientas, solo quería disfrutar del paisaje antes de volver al trabajo. Pero el destino le tenía preparada una sorpresa. Entre la lluvia, un Camaro averiado y una comida derramada, nace una conexión inesperada que crece entre silencios, risas y gestos pequeños. A veces, el amor comienza con un accidente y florece donde menos se espera.

 

--

O, El inicio de su historia: el alfa Hwang In-ho (23) queda varado y termina siendo ayudado por Seong Gi-hun (35), un omega con corazón de oro que no duda en rescatarlo en más de un sentido. Lo que comienza como ayuda... pronto huele a destino.

[𝘼𝘾𝙏 𝙄𝙄: 𝙍𝙚𝙬𝙧𝙞𝙩𝙩𝙚𝙣 𝙞𝙣 𝙎𝙤𝙣𝙣𝙚𝙩𝙨 & 𝙎𝙬𝙤𝙧𝙙𝙨 .ᐟ Semana 2 de Inhun -
Día 5 - Actos de servicio, Omegaverse AU]

Notes:

Siempre creí que mi fanfic de mi omega Gi-hun de 35 años con problemas de autoestima y mi alfa In-ho sobreprotector de veinticuatro sería ignorado entre tantas otras maravillosas historias In-hun.

Y me equivoqué.
No tengo palabras suficientes para agradecerles por devorar los dos oneshot que hay sobre ellos. 🥺💗💗💗
Y esta es la tercera historia, y la última antes del fanfic como tal.

Estoy creando una historia con casi TODOS los personajes de la serie, cambiando sus historias y sus orígenes, pero tratando de conservar lo más posible sus personalidades para evitar que sean OOC.
Por favor espérenlo próximamente, estoy muy emocionada de poder compartir ese fanfic que promete drama y muchos secretos con ustedes muy pronto.

 

Yang Mal-bok - es la jugadora 453 de la primera temporada, que muere en el puente de cristal.

 

Un agradecimiento con mucho cariño porque gracias a Eliya, ElifRoe78529, me comentó que el nombre más usado para el Reclutador en el fandom es el de Moon Kiyong. Y lo amo. Así que es el que empezaré a usar en mis fics empezando por éste.

Un agradecimiento especial a littlecatto por leerles mis fanfics Inhun anteriores, y dejarles comentarios a cada uno de ellos. Tus palabras de aliento me inspiraron mucho en las notificaciones mientras mientras escribía más fanfics.
¡Muchas gracias de verdad!

 

Sin más que decir comenzamos, inhunies!
🦑💗

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:


 

"Te amo porque el universo entero conspiró para ayudarme a encontrarte."

- Paulo Coelho

 




Hwang In-ho lo tenía todo a sus veintitrés años.

Y aun así el joven alfa quería comerse al mundo porque sentía que aún tenía mucho por conquistar.

 

Como el joven líder de la mafia ‘Squid’, sobre él dependían cada una de los diez distritos a su cargo, lo que a veces implicaba tener que atender sus mínimas exigencias.

Y según el carácter de cada uno de diez líderes tenía que aprender a tratar con personas que incluso eran mayores que él, y no pasaban de desconfiar de su liderazgo.

 

“Namdongsaeng, respira,” sonrió Jun-ho a través del teléfono al oír como su medio hermano In-ho pedía a su ama de llaves, la Señora Yang Mal-bok, empacar su almuerzo porque tenía que salir.

 

“¿Cómo quieres que me calme si ese idiota de Moon Kiyong exige que sus bodegas tengan un mantenimiento cada seis meses, así como incluir que sean a prueba de ruido? ¿Qué clase de perversiones maneja ese loco?” preguntó In-ho tratando de mantener la calma mientras salía de la cocina hacia el garage y poder elegir su coche para hacer una visita exprés ante las exigencias del ‘Reclutador’.

 

“Créeme, no querrás saber, hermanito,” sonrió Jun-ho con pena.

 

“... bien, lo dejaré en que es un lunático ninfómano", se quejó In-ho respirando cansado para llamar con la mano a sus guardaespaldas para que estuvieran listos para salir en cinco minutos. “Al menos tú no eres nada exigente, hyung. Creo que eres el más educado de todos en sus solicitudes.”

 

Jun-ho suspiró con una sonrisa de paciente ante su hermano menor. “Eres paciente, y resuelves rápido todos los problemas eficazmente, no tengo quejas con eso.”

 

In-ho sonrió un poco al oír esas palabras de quien consideraba su modelo a seguir y una de las personas que realmente creían en él. “Ojalá fueras así para confesarme con quien estás saliendo últimamente. No creas que no me entero de las cosas.”

 

Jun-ho tosió de forma incómoda sin querer responder eso. “Eso no debería de ser algo de tu importancia, mocoso.”

 

In-ho arqueó una ceja para tomar el almuerzo que le ofrecía la señora Yang en su lonchera, además de comentarle que tenía que tener cuidado con el envoltorio. In-ho asintió agradecido tomando la lonchera y arrojándola sin cuidado sobre el asiento del copiloto en su Chevrolet Camaro 1968 color rojo. “Lo es si eso evita que cumplas con tus responsabilidades, así como llegar tarde a las reuniones.”

 

Jun-ho hizo una cara de indignación y burla. “Sólo llegué cinco minutos tarde de que habías iniciado, no tienes que ser siempre tan estricto.”

 

“La puntualidad es una virtud, hyung. Te haría bien practicarla,” se burló In-ho dándole una lección a su hermano mayor mirando a sus escoltas asentir para cuidarlo en el camino. “Tengo que irme, pero no creas que se me ha olvidado que debes contarme sobre tu misteriosa conquista y si tengo que preocuparme por el futuro de tu distrito, Líder Hwang.”

 

“Jaja, que gracioso,” Jun-ho rodó los ojos sin creer que su hermano menor quisiera meterse en sus asuntos. Con cansancio sacó dos tazas para servir el café, además de acercar el azúcar y miel para preparar algo más dulce para su compañía de la noche anterior. “Como nunca te has enamorado, estoy comenzando a creer que tu único amor es el trabajo.”

 

“Cómo debe ser, hyung. El amor es una distracción. Y en nuestro medio, e incluso una debilidad,” gruñó In-ho sintiendo repentino calor en su nuca, para rascarse incómodo. Tal vez se había lastimado la tarde anterior durante su rutina de ejercicio.

 

“Ay, hermanito. Buena suerte con eso. Eres un joven alfa que le falta experimentar el amor. Deja que conozcas a la persona ideal y luego hablaremos,” se rió Jun-ho pensando en cómo deseaba ver a su hermano enamorado en el futuro para poder sobrellevar la carga de liderar a diez distritos a su cargo.

 

“No gracias. Hyung, hablamos más tarde, no quiero hacer esperar a Moon,” dijo para echar también su portafolios, notando como la señora Yang había doblado un suerte en el asiento en forma amorosa, haciendo que In-ho agradeciera el detalle maternal de la omega.

 

“No, no me llames. Estaré ocupado hasta más tarde.”

 

In-ho hizo un gesto de sorpresa escuchando otra voz de fondo dando los buenos días a su hermano mayor. “¡Lo sabía, tienes a alguien más ahí contigo! ¡Dime quien es, hyung!”

 

“Bye, namdongsaeng,” sonrió Jun-ho para colgar y atender a su invitado, siendo una de las cualidades que tenían los Hwang en ser caballerosos con sus parejas.

 

In-ho miró su celular ofendido ante su hermano por colgar, para resignarse, colocarse sus lentes de sol. Y encender su automóvil para encaminarse al mismo Demonio en persona.







Y Satán no estaba en casa.

 

“¿Cómo que no puede atenderme?” preguntó In-ho tratando de respirar hasta el numero ciento treinta y dos ante la noticia de que el demente ‘Reclutador’ que lo había citado desde días atrás para resolver un problema que era vital para que él pudiera llevar a cabo sus operaciones diarias.

 

“Lo siento, Señor Hwang. El señor Moon no se encuentra aquí, y no dejó ningún aviso de su llegada,” se disculparon los empleados del distrito de ‘Ddakji’, negándose a permitirle la entrada sin su Líder presente.

 

“Está bien, gracias,” dijo In-ho tratando de mantener la cabeza serena para volver intentar llamarle sin éxito. En frustración, se dirigió hacia su coche para darle una fuerte patada en la puerta, haciéndole un doblez en la puerta del vehículo.

 

Sus guardaespaldas lo miraron con preocupación de que pudiera lastimarse.

 

“¿Señor Hwang? ¿Qué hacemos ahora?” preguntó confundido uno de ellos.

 

In-ho negó con la cabeza molesto por la pérdida de tiempo que tenía, además había apartado casi toda la mañana y media tarde para atender los caprichos de Kiyong. “Nada, regresen a casa.”

 

“¿No va acompañarnos?” preguntó nuevamente el mismo guardapaldesa que tenía el ceño fruncido pero dispuesto a aceptar las órdenes de su jefe.

 

“No, voy a tomar un desvío. Los llamaré si necesito algo,” ordenó In-ho para ver a sus hombres subir a los tres vehículos que lo acompañaban más no arrancaron hasta ver al líder de Squid encaminarse. Y es que a pesar de ser aliados, los hombres de Moon podían tomar ventaja del joven alfa ante una oportunidad de subir escalones en la jerarquía de la mafia.

 

In-ho subió a su coche para tomar la misma dirección que habían tomado, encender la radio y disfrutar de la sensación de manejar. De ser un hombre libre que simplemente manejaba con el calor del Sol sobre su piel, el viento acariciaba sus cabellos castaños en forma rebelde, mostrando que aun con el poder que tenía, era un joven que tenía pequeños placeres en la vida.

 

De pronto mientras manejaba decidió tomar un desvío en lugar de regresar a casa, alejándose por fin de sus guardaespaldas. Decidió que quería contemplar el mar.

Ni siquiera In-ho podía recordar la última vez que había pasado tiempo libre que no fuera entrenando o cumpliendo misiones antes de ascender posiciones hasta llegar a donde estaba.

 

Y para completar su viaje, necesitaba un poco de whisky. Así que mientras conducía, revisó que no viniera nadie por la tranquila carretera alterna y poco concurrida en el campo, para agacharse a la guantera del coche. Al lograr abrirla aun con la mano en el volante se agachó para tomar la botella de whisky con éxito.

 

“Ven con papá,” celebró In-ho entre dientes para volver a incorporarse y regresar su vista al frente.

 

Sin embargo era muy tarde, para ver un gran árbol enfrente, por lo que volanteo en forma rápida para esquivarlo, pero igual se había impactado su coche contra el árbol.

Al ser un automóvil clásico, In-ho no temía por dañarlo, o incluso haberse hecho daño él mismo.

 

In-ho suspiró cansado ante ese día tan malo que estaba teniendo, para desabrocharse el cinturón, dejando a la culpable botellita de whiskey sobre el asiento del copiloto, para volver a encender el coche que no parecía responder ante el acelerador.

 

Y el Camaro no reaccionaba.

 

In-ho respiró hondo entre dientes para volver a intentarlo. “Vamos, enciende.”

 

Y contrario a sus órdenes, el coche parecía negarse a moverse. Lo intentó tres veces más antes de rendirse para evitar dañar el motor.

 

“Bien, todo está bien. Puedo llamar a una grúa,” se dijo In-ho hablando en voz alta para sí mismo, para tomar su celular y descubrir que no tenía señal.

 

“...”

 

In-ho quería gritar y volverse loco al estar varado en medio de la nada sin casas ni nada que pudiera ayudarlo a regresar a la civilización, ¡las cosas no podían ser peor, ¿cierto?!

 

Un rugido en su estómago le recordó que se había perdido el almuerzo. Y enseguida recordó el almuerzo de su ama de llaves favorita.

 

“Gracias,” murmuró emocionado de ver un kimbap envuelto junto a cubiertos y su salsa picante favorita. Además de haberle incluido en forma amorosa un jugo de limón bebible. 

 

Debido al hambre que tenía y la tensión de pensar en cuánto tiempo podría estar varado, In-ho abrió el kimbap en forma apresurada, destrozando el papel de aluminio. Sólo para caerse casi toda la comida a sus pies dentro de uno de sus coches favoritos.

 

“...”

 

Oficialmente estaba teniendo un mal día.

 

Y a pesar de la ira y desesperación que sentía, tragó saliva amargamente decidido a ser valiente y tomar lo mejor de su situación. Tomó la salsa picante para echarlo sobre lo que restaba de su almuerzo. Y así que pudo comer los únicos tres pedazos de kimbap que habían sobrevivido al haberse quedado en el agarre de su mano izquierda.

 

“Esto no puede ser peor, ¿cierto?” bromeó In-ho en un cansado suspiro tomando el jugo de limón para beber un poco una vez que hubiera acabado su comida.

 

El sonido de un trueno cercano fue su respuesta a una pregunta que había sido arrojada con ironía ante lo malo de la situación.






Seong Gi-hun estaba teniendo un buen día a pesar de tener que haber salido a entregar unas refacciones para un cliente leal de Dragon Motors por años.

Ante el cercano celo de su jefe alfa, el taller era una pesadilla.

Y no porque su jefe fuera en contra de los omega, después de todo Gi-hun tenía la oportunidad de trabajar ahí. además de que su jefe el Señor Kim confiaba en su trabajo.

Pero el celo de un alfa implicaba también alterar el humor, se volvía neurótico, exigente y con escaso margen para los errores.

 

Así que su amigo Ali Abdul y él, quiénes eran los únicos omegas en el taller, trabajaban más arduamente ante la sensibilidad que tenían debido a su segundo género.

Así que mientras Ali se había quedado en la oficina haciendo reportes para escapar de la ira del Señor Kim, su mejor amigo, el beta Park Jung-bae lo había encargado de ésa entrega.

 

Montándose en uno de los modestos coche de la empresa, Gi-hun había partido y entregado su pedido con éxito. Ahora el omega de trenta y cuatro años regresaba tomando una vía secundaria de la carretera. Gi-hun quería ver los campos llenos de flores, y aspirar aire puro antes de regresar a la ciudad.

 

O eso pensaba hasta que le atrajo la atención ver un Chevrolet Camaro 1968, estacionado contra un árbol, y al avanzar un poco más vio a un joven que le hacía señas pidiendo ayuda. Lleva un suéter blanco a rayas negras sobre los hombros encima de una camisa negra que parecía costosa. Sobre su cabeza llevaba lentes de rol sobre sus cabellos cafés. Tenía facciones de ser joven, así como la quijada ligeramente marcada.

 

En seguida Gi-hun redujo la velocidad hasta detenerse. Casi podía escuchar en su cabeza a Jung-bae regañarlo por confiar en los demás.

pero Gi-hun sabía que la camisa de ése chico debía costar más que el valor de las llantas del coche que conducía.

 

“Hola, gracias por detenerte. Eres el primer automóvil que pasa en dos horas,” In-ho admitió al acercarse agradecido, para recargarse en la ventanilla del coche. Y fue cuando Gi-hun pudo detectar que el chico era un alfa que olía demasiado bien para su gusto. 

Y es que mientras Gi-hun no solía apreciar el olor de los alfas debido a su trabajo, el joven alfa a su lado olía a romero, madera quemada, y un tono que no sabía identificar.

Además de que el omega pudo identificar el aroma a alcohol en el aliento del chico, mas no lo suficiente, apenas era sutil.

 

‘Está asustado,’ pensó Gi-hun al darse cuenta del nerviosismo que tenía In-ho al apoyar sus manos temblorosas en la ventanilla de su coche.

 

“¿Has esperado dos horas aquí? Lo siento mucho, entre semana es difícil que alguien pase por aquí,” admitió Gi-hun con pena.

 

“Sí, lo he notado con esta experiencia,” sonrió In-ho confiadamente, haciendo sonreír un poco a Gi-hun ante el tono que podría parecer altanero o irrespetuoso debido a su edad. Pero Gi-hun pensó que era adorable, incluso algo coqueto ése chico.

 

“¿Qué haces varado aquí?” preguntó confundido Gi-hun para saber cómo podría ayudar a ese chico.

 

“Tuve un accidente con mi coche de camino a la playa,” admitió In-ho con algo de vergüenza.

 

“Uh, entiendo. ¿Quieres que revise tu coche? Soy mecánico, así que tal vez puedo ayudar,” admitió sonriendo Gi-hun pensando que no podía dejar a ese joven alfa en medio de la nada.

 

“¿En serio eres un mecánico? ¡Claro, por favor! Te pagaré por tu ayuda,” suspiró aliviado In-ho alzando las manos al cielo en forma dramática, haciendo reír a Gi-hun. “Deja me estaciono, espera.”

 

In-ho asintió felizmente para regresar a lado de su coche, arreglando un poco su desorden al haberse aburrido esperando por ayuda.

“Bien, veamos que tiene este bebé,” dijo Gi-hun acercándose con su caja de herramientas, tomando las llaves que In-ho le ofrecía, para subirse al lado del conductor. In-ho se puso a lado del Camaro sin subirse. Al bajar la vista al acelerador, Gi-hun notó la comida en el suelo para sonreír apenado. “¿Tuviste un accidente o qué pasó aquí?”

 

“Uh, tenía hambre,” confesó In-ho con las orejas coloreadas por tener que revelar cómo había perdido su única comida en un rato debido a no ser más cuidadoso.

 

“Espero tu coche no tenga algo grave para que puedas volver a casa pronto para comer algo rico,” prometió Gi-hun con seguridad para intentar arrancar el coche y no reaccionaba. “¿El coche sólo se detuvo? ¿O qué fue exactamente lo que pasó? No adornes la historia, necesito saber que pasó para ayudarte, ”

 

In-ho suspiró pensando que era mejor ser honesto ante Gi-hun que revisaba lo poco que podía obtener del vehículo para entender. “Me agaché por algo, y cuando me di cuenta iba a chocar. Así que giré el volante del coche, pero igual pegué contra el árbol.”

 

Gi-hun hizo una mueca de seriedad, mordiendo su labio en forma pensativa, In-ho siguió el movimiento en forma inconsciente de esos labios que podrían sonreír en forma tan cálida. “Entiendo, namdongsaeng. Creo que el motor debió moverse al golpear el árbol.”

 

El ruido de más truenos alertaron a In-ho al pensar que la lluvia estaba cerca de ellos. Incluso podía alcanzar a distinguir el aroma de la lluvia en el ambiente.“Espero que puedas arrancarlo, no quiero que la lluvia esté encima de nosotros.”

 

Gi-hun contempló esos ojos estilizados estaban preocupados por la lluvia. “Haré lo posible para arreglarlo. En caso de que no se pueda, podemos ir con mi coche a una gasolinera cercana para pedir una grúa,” dijo para salir del coche, y rodear al Camaro, abriendo la capota para hacer una inspección. 

 

Ante esa propuesta, In-ho se puso a la defensiva negando. “No voy a dejar mi coche aquí.”

 

Gi-hun empezó a revisar todo lo que pensaba que podía ser, desde el motor a los cables eléctricos. “Si empieza a llover, no será bueno que estemos aquí, puedes ponerle el toldo a tu coche, anda, empieza a ponérselo o se mojarán los asientos de piel.”

 

In-ho asintió rápidamente para hacerlo en forma manual ante la poca respuesta de su coche. Sin embargo quiso insistir en la propuesta de Gi-hun. “Pero no, no voy a dejar mi Camaro aquí. Es muy importante para mí.”

 

Gi-hun negó con la cabeza ante la terquedad del alfa. “Escucha, chico…”

 

“In-ho. Soy Hwang In-ho,” se presentó In-ho mirando con determinación y enojo al beta que ciertamente era mayor a él, y que no quería ser grosero con su salvador pero parecía negar lo que le pedía.

 

“Seong Gi-hun,” se presentó Gi-hun igualmente frunciendo sus cejas ligeramente para volver a bajar la mirada, sin encontrar el problema. “Escucha, no puedes quedarte aquí solo, No puedo prometerte que no le pasara nada a tu coche. Pero tampoco puedes estar aquí en exponer tu vida ante la tormenta que se acerca, o en espera de que alguien te ayude a obedecer lo que quieres,” se quejó Gi-hun para empezar a notar las primeras gotas de lluvia. El mecánico cerró el capó del coche, para volver a guardar sus herramientas. “Creo que es algo eléctrico pero es mala idea que pase corriente eléctrica a tu coche desde el mío con la tormenta encima de nosotros.”

 

In-ho que no esperaba esa respuesta, miró las llaves del coche de Gi-hun para tomarlas en sus manos en forma de precaución. “¿Y entonces?”

 

Gi-hun suspiró para inclinarse al interior del coche de In-ho a buscar sus coches, confundido sin poder verlas. “Subiremos a mi coche, toma lo que sea de valor. Cierra tu coche e iremos a la gasolinera a pedir ayuda, In-ho.”

 

In-ho se alejó de su coche unos pasos negando. “No voy a hacer lo que quieres,” gruñó entre dientes, negando a dejar su coche.

 

Gi-hun suspiró cansado para ver el brillo de las llaves en las manos de In-ho, acercándose a él en paso autoritario. “No sé por qué actúas como un crío en recibir ayuda. Dame las llaves.”

 

In-no entrecerró sus ojos molesto, negando ante la ira de semejante beta terco. “¡NO, ALTO!”

 

Ese grito congeló a Gi-hun al haber sido un comando, tratando de respirar, para dejar caer su caja de herramientas al piso, haciendo que se abriera y se expandiera.

 

In-ho entendió al ver a Gi-hun congelarse e intentar respirar. El hombre que creía que era un beta por no oler a nada, en realidad era un omega dada la sensibilidad de su reacción. “Oh no, lo siento. Uh, respira, puedes moverte, Gi-hun.”

 

El mecánico inhaló aire en forma aliviada justo al momento en que comenzaba a llover copiosamente sobre ellos. “... las llaves, In-ho,” pidió Gi-hun en forma rasposa.

 

Pero In-ho a pesar de lo que había pasado, se negó, alejándose unos pasos.

 

“¡In-ho!” le alzó la voz Gi-hun angustiado al notar como empezaba a empeorar el clima, alcanzando a sentir granizo sobre ellos.

 

“¿Quieres las llaves? Ve por ellas,” se quejó In-ho para tomarlas y lanzarlas hacia el campo de flores delante detrás de ellos.

 

Fue entonces cuando la lluvia pareció no tener piedad, empezando a mojarlos por completo.

 

“Maldición,” se quejó Gi-hun para mirar el campo que no parecía muy alto, para correr y empezar a buscarlo.

 

“Gi-hun, es peligroso,” se quejó In-ho tratando de no sentir culpa ante su impulsividad.

 

“¡Entonces ayuda, tonto!” le regañó Gi-hun buscando el color metálico de las llaves contra el verdor de la hierba.

 

In-ho puso sus piernas en marcha para acercarse y ayudar.

 

“Sigo molesto contigo, pero apresúrate a encontrar las llaves para entrar al coche. No iremos a la gasolinera, sólo quiero alejarme de la lluvia,” pidió Gi-hun tratando de quitarse el cabello de encima al tenerlo largo.

 

In-ho asintió para moverse con rapidez hasta encontrar las llaves y miró a Gi-hun para hacer una promesa. “Cumple tu palabra de no dejar mi coche.”

 

Gi-hun suspiró cansado. “Sí, si. Nos quedaremos en mi coche, hasta que pase la lluvia y pueda pasarle corriente a tu auto.”

 

In-ho asintió para pasarle las llaves, a lo que ambos corrieron para entrar al coche de Gi-hun a esconderse de la lluvia.

Una vez dentro, agradecieron un techo seco lejos de la fuerte lluvia.

 

“No puedo creer que quiero ayudar a alguien y casi podría morir por neumonía o un rayo sobre mi cabeza,” se quejó Gi-hun para quitarse la chaqueta mojada de su uniforme. Al voltearse vio su mochila del trabajo, para jalarla hacia adelante. Sacó un par de chocolates, ofreciéndole uno al terco del alfa que los había metido en ése problema. “Come, te ayudará a calentarte, In-ho.”

 

El alfa tomó eso agradecido para asentir. Fue entonces que gracias a la lluvia, se había diluido el supresor en el perfume que usaba Gi-hun.

Y entonces se dio cuenta del aroma que emanaba era lo más delicioso que había olido nunca.

 

Gi-hun olía a un campo completo de una fruta dulce y jugosa en el verano. Alcanzaba a distinguir una nota cítrica, y a algo parecido a la manzanilla.

“Hueles a un día soleado,” admitió In-ho antes de avergonzarse de lo que había dicho. “Uh, es decir…”

 

Gi-hun miró el gesto de vergüenza en In-ho para soltar una risa ante lo ridículo que era el chico más joven que él. “Hablar no se te da.”

 

In-ho se inclinó en reproche. “No es mi culpa, además, hueles a bien… espera…,” admitió alcanzado a distinguir otro aroma en las prendas de Gi-hun para acercarse al omega, invadiendo su espacio personal.

 

“¿In-ho?” preguntó Gi-hun nervioso al sentirlo tan cerca, tapando con su mano sobre su cuello para evitar que In-ho quisiera reclamarlo con darle su aroma, o peor, morderlo y marcarlo como suyo.

 

“Hueles a bebé,” admitió In-ho para volver a alejarse, mirando con curiosidad a Gi-hun. “¿Por qué hueles a un bebé?”

 

Gi-hun creía que In-ho sin duda debía ser el alfa más extraño, terco, y con nula habilidad de leer el ambiente en una situación. “Mi compañero Ali tiene un bebé de ocho meses que a veces lleva al trabajo. Hoy cargué a su bebé al alimentarlo con su biberón, debe ser por eso.”

 

In-ho ladeó la cabeza como si fuera un cachorro curioso. Sus ojos no dejaban de admirar con intensidad las palabras que salían de la boca de Gi-hun, a la vez que lo admiraba. “¿Entonces no tienes pareja? Pero hueles muy bien, yo no me cansaría de abrazarte para tener tu aroma todo el día conmigo.”

 

Gi-hun enrojeció ante las palabras saliendo de la boca de In-ho. “¿Qué edad tienes? Sin duda soy mucho mayor que tú.”

 

“Tengo veintitrés.” 

 

Gi-hun hizo un gesto de sorpresa, era más joven de lo que creía. “Vaya, si te llevo algunos años. Así que ten más respeto a tu hyung, In-ho.”

 

“¿En serio? ¿Cuántos?” preguntó In-ho con un brillo emocionado por saber.

 

Gi-hun miró hacia otro lado confundido porque de pronto el alfa ahora actuaba como un hiperactivo cachorro sin filtro, para notar los vellos de los brazos de In-ho erizados. Al levantar la vista, reconoció el brillo en los ojos rojizos del alfa. “¿Estás en tu celo?”

 

In-ho abrió sus ojos confundidos para sacar cuentas con sus dedos. Gi-hun bufó entre dientes ante lo tierno qué era el alfa más joven. “Aún no, falta una semana al menos.”

 

“¿Y para eso necesitabas contar con tus dedos?” preguntó divertido el omega.

 

“Uh, agoté la batería de mi celular en lo que esperaba… y olvidé cargar la pila externa anoche, hyung,” confesó In-ho con algo de pena por parecer alguien irresponsable ante su salvador. 

 

“No soy quien para juzgarte, In-ho. A mí me pasa seguido olvidar cargar mi celular. Incluso a veces olvido mi cargador en casa,” Gi-hun asintió para hablar en base a su experiencia por su celo cómo omega. “Ser olvidadizo también debe ser alguno de tus síntomas, además de alterarse o sentir ira.”

 

In-ho bajó la mirada avergonzado. “Hyung, sobre antes, no quise usar un comando contra ti. Me disculpo por ello.”

 

Gi-hun se encogió de hombros para buscar algo más de su mochila, sacando su almuerzo. “Sé que no lo hiciste a propósito, así que no tienes que disculparte. Estás cerca de tu celo, y eres joven, con el tiempo uno puede controlar más los cambios que tenemos en forma biológica sin poder evitarlo.”

 

In-ho bajó la cabeza en gesto desanimado y sintiendo ira hacia sí mismo. Él no era alguien que perdía el control tan fácilmente dada su personalidad y su línea de trabajo. Gi-hun estaba viendo lo peor de él en ése día. “Normalmente no soy así, hyung.”

 

Gi-hun sintió cariño por el chico más bajo para empujar su hombro con suavidad, haciendo que In-ho le mirara sorprendido. “Basta de lamentaciones, compartiré mi comida contigo porque te has disculpado con tu hyung. Abre,” le dijo para ofrecerle un poco de tteokbokki que él mismo había preparado la noche anterior.

 

“...” In-ho le miró con sorpresa, como si estuviera anonadado, obedeciendo para abrir su boca, y que Gi-hun le alimentara con una enorme sonrisa. Al probar el primero bocado sintió sus papilas gustativas bailar ante la comida hecha en casa. Si bien In-ho apreciaba la comida de su ama de llaves, la Señora Yang… la comida de Gi-hun era de otro mundo.

 

“Lo siento, casi no como picante, así que puede estar dulce para tu gusto,” se disculpó Gi-hun pensando en las críticas que había recibido de sus compañeros durante las celebraciones y tenían que llevar comida para compartir. 

 

In-ho tomó con ambas manos la mano de Gi-hun que sostenía los palillos. “Por favor sal conmigo si así cocinas delicioso. Llegar a casa con tu aroma, y esta comida debe ser el cielo.”

 

Gi-hun enrojeció ante el comentario tan directo de ese mocoso, mirando a otro lado lejos de la intensidad del alfa siempre que lo miraba con atención. “Eres un coqueto, Hwang In-ho. Guarda eso para los omegas más jóvenes que te crean eso.”

 

In-ho frunció el ceño en un puchero. “No suelo ser de ésos alfas. Mi hermano mayor me regaña que sólo tengo el trabajo como mi amante. Pero no he tenido a alguien que me llame la atención para dejar mi trabajo.”

 

“Te ves muy joven para hablar así,” admitió Gi-hun aun sin soltar su mano, pero entendiendo que In-ho tenía otro trasfondo en su vida.

 

“Soy el jefe a cargo de muchas personas a mi cargo, que a su vez tienen a varios trabajadores que dependen de ellos. Así que no tengo tiempo de citas,” suspiró In-ho para soltar finalmente la mano de Gi-hun con pesar. “¿Qué hay de ti, hyung? Debes tener a cientos de alfas tras de ti, además si puedo decirlo, también eres lindo.”

 

Gi-hun bufó con gesto entristecido sin querer hablar de ello. “Tampoco tengo a nadie. A veces las cosas no se dan con una persona, y tienes que hacer tu vida lejos de quien no te quiere. Así que supongo que eres afortunado por no conocer el desamor.”

 

In-ho quería saber más notando como el aroma de Gi-hun se agriaba. Sin duda alguien parecía haberle roto el corazón al bonito omega que era mecánico, bueno con los niños, cocinaba delicioso y era cariñoso al grado de ayudar a un extraño en problemas. ¿Qué clase de persona dejaría ir semejante hombre de su lado?

 

A pesar de ser joven y curioso, In-ho quiso ver más de la sonrisa de Gi-hun, deseando sacar otro tema.

 

“¿Qué hay de bebés? Seguro te verás aún más lindo estando encinta con un bebé,” admitió In-ho para tomar la muñeca de Gi-hun, y acercarlo al tteokbokki para que Gi-hun sonriera ante lo inteligente que era el pequeño alfa en comer más de su comida. Eso le hizo sentir feliz de que a alguien le gustara su forma de cocinar.

 

“¿Cómo pasaste de alabarme a hablar de que me veía bien con una pancita de embarazo? ¿Acaso eso le dices a todos los omegas? ‘Te verías bien estando de encargo’. Pensaba mejor de ti, Hwang,” se rió Gi-hun comenzando a entender que el joven líder realmente no tenía filtro.

 

“No, no se lo digo a todos. sólo a los omegas mecánicos, lindos, que me rescatan en medio de la nada porque Carmen decidió no arrancar más,” admitió In-ho saboreando el segundo bocado de comida con una sonrisa.

 

“¿Carmen es el Camaro?” preguntó Gi-hun sólo para confirmar mientras In-ho miraba por la ventana en gesto desanimado.

 

“Carmen era el coche de mi mamá. Lo compró cuando estaba embarazada de mí, porque no quería depender de mi padre para llevarla a todos lados. Así que aprendió a manejar meses antes de que yo naciera,” admitió In-ho con nostalgia mirando el coche. “por eso no podía dejar que dejáramos a Carmen al ir a pedir ayuda. Es de las pocas cosas que me quedan de ella luego de morir.”

 

Gi-hun se sintió conmovido por esa historia para entender completamente las razones del joven alfa que valoraba las cosas materiales a pesar de usar ropa de marca.

Había entendido completamente mal a In-ho, alejándose de poder conocerlo realmente gracias a que la lluvia los había atrapado.

 

“Bueno, come más. Tengo suficiente para ambos en lo que esperamos por la lluvia a que baje, y poder hacerle un diagnóstico completo a Carmen,” prometió Gi-hun para darle su almuerzo con los palillos.

 

In-ho sólo miró la comida, mirando a Gi-hun, torciendo ligeramente la boca en un desacuerdo.

 

Gi-hun suspiró sin entender a ese chico que en serio le recordaba a un cachorro prendado de él. “¿Y ahora qué pasa? Si tienes hambre puedes comerte todo el tteokbokki. Tengo un postre que puedo comer yo.”

 

In-ho abrió la boca en gesto infantil. “Quiero que mi hyung me alimente.”

 

Gi-hun le miró como si de pronto tuviera dos cabezas. No, realmente In-ho actuaba como un niño mimado con él. NO se había equivocado en la primera impresión que tenía de él. “Si fueras mi hijo o mi pareja si lo haría, pero si eres jefe a tu edad, claramente puedes alimentarte solo. Toma.” Insistió para poner la comida con los palillos encima de las piernas de In-ho.

 

El alfa le miró indignado para no rendirse al ver una lógica. “¡Entonces acepta salir conmigo en una cita! Así podrás alimentar a tu guapo novio, hyung!”

 

“Jajaja, créeme que no soy del gusto de nadie. Soy muy terco para el gusto de otros alfas,” admitió Gi-hun negándose ante esa petición.

 

“Por mí está bien, hasta ahora me has gustado bastante. Anda, sal conmigo y dame de comer, me duele la mano,” fingió In-ho dolor en su muñeca izquierda en gesto falso de causar lástima.

 

Gi-hun sonrió ante semejante farsante. “Come ya. O te dejaré sin almuerzo por mentiroso.”

 

Con eso In-ho hizo un puchero para comer a pesar de la sonrisa que quería salir de sus labios ante cada bocado que era un pedazo de cielo.







Al parecer la lluvia no quería parar por un par de horas más, en las que habían tenido que aguantar entre pláticas, e improvisaron jugar Ggongi con los tapones de bicicleta que encontraron dentro de la guantera del coche de Dragon Motors.

 

Gi-hun estaba adormecido ante la lluvia que parecía no ceder, reclinando el asiento hacia atrás, igual que In-ho. Un vistazo a su reloj le reveló que pasaban de las seis de la tarde. Y por el contrario, se sentía tranquilo estando con el omega de rizados cabellos oscuros, enormes ojos que reflejaban tristeza debido a secretos que parecía no querer revelar para no poner triste a los demás. Y la sonrisa más dulce que hubiera conocido en un hyung, aparte de su hermano Jun-ho.

Aunque el sentimiento era diferente, porque Jun-ho era su hermano de sangre, y Gi-hun…

 

El sonido de unos golpecitos sobre la ventanilla del coche, lo alertó, pasando su mano a la pistola Glock en su bolsillo del pantalón derecho.

Todas sus alarmas sonaron en su cabeza para poner un brazo contra el omega que parpadeaba confundido.

 

Gi-hun se levantó adormilado, para bajar la ventanilla, dándose cuenta que la lluvia se había detenido hace algunos minutos atrás..

 

Del otro lado, una patrulla de policías de camino, lo miraron fijamente para ver a In-ho que parecía un novio protector, además de la comida, calcetines y una chamarra echadas en el asiento trasero del coche.

 

“¿Sí, oficial?” preguntó Gi-hun confundido y aún algo dormido.

 

“No pueden estar aquí causando indecencia pública, señores,” les regañó el oficial Lee que se leía en su placa.

 

“¿Indecencia?” preguntó Gi-hun sin entender.

 

“No pueden estar cogiendo en vía pública. Para eso hay moteles rosas,” suspiró el oficial de policía para sacar su libreta a hacerles una multa.

 

Los colores se encendieron en Gi-hun que abrió la puerta en forma desesperada, para salir del coche, e intentar explicarse. “S-señor oficial. Nosotros no hemos hecho nada malo. Soy mecánico, pasaba por aquí hace unas horas, cuando me topé con el señor Hwang. Su coche, el Camaro de allá se descompuso. Y… empezó a llover, así que nos refugiamos de la lluvia. Sólo comimos y charlamos para pasar el tiempo en lo que dejaba de llover.”

 

El oficial de policía que era claramente un alfa arqueó una ceja antes de empezar a escribir la multa, para ver a In-ho. “¿Es eso cierto?”

 

In-ho miró el gesto de pánico de Gi-hun rogando porque lo ayudara ya que como algunos alfas en la sociedad moderna, no se fiaban de la palabra de un omega ya que creían que engañaban a alfas para salirse con la suya.

 

“Es cierto, oficial. El señor Seong me quiso ayudar y terminamos atrapados por la lluvia,” admitió para ver el alivio en el rostro de Gi-hun. “Además, intenté que aceptara salir conmigo pero  aunque es realmente lindo, my hyung es más terco que una mula.”

 

“¡In-ho!” le reclamó Gi-hun con la cara roja por hablar de más.

 

El oficial Lee suspiró guardando su libreta. “Bien, tórtolos. Les creo porque apestan a tensión sexual acumulada y aceite de bebé alfa con esa cara que traes,” dijo el oficial de policía para la burla de Gi-hun. “¿Qué necesitan para irse a casa y yo no tenga que hacer un reporte sobre ustedes?”

 

“Tengo que pasarle corriente al coche,” explicó Gi-hun para pedirle las llaves de Carmen a In-ho, que se las dio y siguió a ambos hasta el Camaro. El oficial Lee buscó en su cajuela, sacando cables para pasar corriente desde su patrulla. 

Gi-hun abrió el capó de Carmen, para inclinarse a conectar los cables en Carmen.

 

In-ho notó con furia y desagrado como el oficial Lee ladeaba su cabeza para contemplar con deseo a SU omega mecánico.

 

Finalmente Gi-hun tenía razón, Carmen se había descargado, arrancando apenas había tenido carga la batería.

El omega le agradeció al oficial con una enorme sonrisa. In-ho se quedó detrás, para agradecerle, con un apretón de brazos y un billete de alta denominación.

 

El oficial Lee vio eso con alegría para aceptar tomar su mano, pero cuando lo hizo, la otra mano de In-ho, su mano izquierda que era la dominante, sujetó al oficial con fuerza.

 

“Oficial Lee, espero que tenga cuidado con esos ojos dispersos ante omegas como mi Gi-hun. O créame que podría acabar con su carrera.”

 

El oficial Lee pareció ligeramente asustado dada la joven edad del otro alfa, pero al encontrarse los ojos oscuros de In-ho, realmente tuvo miedo.

Ni siquiera tomó el billete para irse a su patrulla y huir.

 

“Vaya, tal vez tuvo una emergencia,” susurró Gi-hun confundido para ver a In-ho sonreír feliz. “Carmen está bien y puedes ir a casa.”

 

“¿En donde dijiste que trabajas?” preguntó In-ho pensando que aun no quería alejarse de Gi-hun.

 

“Oh, claro,” dijo Gi-hun para sacar una tarjeta de su cartera, dándosela a In-ho.

 

“Gracias, hyung, por todo,” dijo In-ho agradecido mirando como Gi-hun ya había recogido todo, incluyendo sus herramientas de su caja, listo para irse.

 

“Bueno, tengo que irme. Seguro tendré que reponer las horas que estuve fuera, pero al menos fue divertido. Cuídate, Hwang,” sonrió Gi-hun para palmear el hombro derecho del alfa, subir a su coche.

 

In-ho pensó que aún no quería decir adiós a pesar de ver a Gi-hun ya comenzaba a arrancar su coche ya que tenía un horario de trabajo que cumplir.

 

De pronto el brillo de algo metálico en el suelo le llamó la atención para acercarse a recogerlo con una sonrisa decidida.

Con eso también subió en su Camaro, para ponerse en marcha, con un nuevo destino en mente.







“¿Y luego qué pasó?” preguntó Ali con la boca abierta mientras ambos cambiaban las balatas de un Porsche gris.

 

“Nada, no fui multado y no me pidió mi número,” se encogió de hombros Gi-hun al narrarle al día siguiente su experiencia a su amigo.

 

“¿Quieres decir que estuviste con un alfa joven, rico, guapo, que no dejó de alabarte tu comida, tu aroma y llamarte lindo?” preguntó Ali sorprendido y con una sonrisa enamorada en los labios.

 

“¡Pero no me pidió mi número! O alguna red social. Era solo un chico perdido, y no recordara nada de mí,” admitió Gi-hun pensando en su ex-novio, y cómo los alfas no sentía atracción por un omega fuera de lo tradicional: alto, sincero, terco y con un amplio sentido de la justicia, y ver por los demás. Además, de que Gi-hun amaba trabajar, no quería casarse a sólo dedicarse a tener hijos. Él quería más de la vida.

 

“Ay, Gi-hun,” susurró Ali en un gesto triste palmeando el hombro de su amigo. “Ya verás que todo mejorará. ¡Tal vez incluso entre un guapo y rico alfa, que sea quien te robe el corazón por esa puerta!”

 

“... ” Gi-hun sonrió con algo de melancolía.

 

Y de pronto por la calle, sonó una bocina con tres toques llamando la atención de los mecánicos en el taller. Venía una caravana de diez vehículos que parecían automóviles de revistas y exhibiciones en lo costosos que eran. Varios hombres de negro con una corbata rosa y diferentes pines con un diferente símbolo: un círculo, un cuadrado y un triángulo bajaron de los automóviles para acercarse al edificio, haciendo dos hileras.

 

“¿Pero qué demonios?” preguntó el Señor Kim sorprendido y aterrado de semejantes hombres que parecían ser de una mafia o algún político importante.

 

Los automóviles se habían estacionado sin bloquear el paso de la calle, por la que pasó un Chevrolet Camara rojo 1989, hasta estacionarse sobre la entrada.

 

Gi-hun abrió la boca en sorpresa al reconocer a Hwang In-ho bajar de su coche, vistiendo una traje formal gris oscuro, y lentes de sol. Con toda la seguridad de un alfa, el joven entró con los hombres detrás de él como si fueran sus guardaespaldas.

 

“És él,” susurró Gi-hun sin entender.

 

“¿Tu niño rico?” preguntó Ali para que Gi-hun intentara callarlo apenado por si alguien los escuchaba.

 

“Buenas tardes, señor. ¿En qué podemos ayudarlo?” preguntó el Señor Kim preocupado de los acontecimientos.

 

“Buen día, quisiera que le dieran servicio a todos mis vehpiculos que vieron llegar a mis empleados. Incluyendo mi Camaro rojo que es de las cosas más valiosas que tengo en ésta vida. Y sólo puedo confiar en que Dragon Motors pueda satisfacer mis necesidades.”

 

Al Señor Kim le brillaron los ojos de emoción. “¡Claro que sí, señor! ¿Cómo puedo llamarlo?”

 

“Hwang. Y quisiera que un mecánico sea quien esté a cargo de cada automóvil que traiga a reparar, o hacer cualquier servicio,” explicó In-ho para retirar los lentes y ponerlos sobre su cabeza.

 

“Eh, claro. Aunque todos nuestros mecánicos están bien preparados para cumplir lo que necesite,” admitió el Señor Kim confundido.

 

Los ojos de In-ho viajaron entre los empleados de Dragon Motors que se habían acercado, para que los ojos de Gi-hun e In-ho se conectaran.

Y el travieso alfa sonrió satisfecho al ver a su bonito omega mecánico vistiendo su uniforme.

 

“Quiero que el señor Seong Gi-hun sea quien de una revisión final a cada uno de mis once coches que hoy traigo a diferentes servicios. En  los días siguientes puedo traer más, ya que tampoco quise saturar su agenda,” explicó In-ho sin quitar los ojos de Gi-hun que parecía anonadado.

 

“Claro que sí, Gi-hun es uno de mis mejores empleados. Atención. ¡Necesito ayuda para atender al señor Hwang!”

 

“Mi asistente No-eul puede darles los detalles y con ella pueden revisar los costos,” dijo In-ho para que se acercara una alfa pequeña pero con una mirada de seguridad. 

 

In-ho caminó hasta Gi-hun sonriendo feliz. “Hyung, volvemos a vernos.”

 

“¿Acaso eres un acosador?” preguntó Gi-hun tratando de sonar casual a pesar de cómo latía el corazón del omega 

 

“Sólo con los omegas mecánicos que me salvaron el día anterior. Pero en especial uno que  me alimentó y cuidó de mí como un lindo novio haría,” explicó In-ho en forma coqueta.

 

“¡Deja de hacerlo sonar como si yo saliera a buscar tontos alfas infantiles en peligro!”

 

In-ho se rió para rebuscar en el interior de su saco, extrañando una llave de tuercas que ahora tenía un liston rosa, además de un sobre negro, ofreciendolos a Gi-hun. “Te dije que te pagaría por ayudarme ayer. Aunque mi Cenicienta escapó en su calabaza, dejando caer esta zapatilla de metal. El príncipe tenía que encontrarte de nuevo, Gi-hun hyung.”

 

Gi-hun tenía calor en sus mejillas, para tomar de mala manera ambos objetos, sin saber que decir. 

 

“En agradecimiento también puedo invitarte hoy a cenar,” se ofreció In-ho sonriendo felizmente.

 

“No hace falta,” dijo Gi-hun rápidamente para ver cómo el Señor Kim le llamaba para que se acercara a asignarle otro trabajo ante la llegada de In-ho.

 

“Bien, pero no creas que me cansaré fácilmente. Tal vez terminemos con un final feliz, con una boda y un par de cachorros.” 

 

“En tus sueños,” rodó los ojos Gi-hun para que el Señor Kim le señalara a Carmen, con un ‘encárgate’. No-eul parecía seguir en conversación con su jefe.

 

Gi-hun abrió la puerta del conductor, notando una lista de arreglos que quería sobre el coche, incluyendo remover un golpe que tenía el Camaro. Y debajo de la nota había un kimbap empacado como un almuerzo y una nota ‘Lamento comerme tu tteokbokki. Espero que esto compense que ayer pasaste hambre, hyung. -H.I.’

 

El omega suspiró con una sonrisa ante el mocoso no era tan malo.

 

“¿Entonces si salimos a cenar?” preguntó In-ho feliz de haberle cumplido a su omega en darle de comer, ofrecerle un aumento en su trabajo al confiar en sus habilidades como mecánico, además de dejarle una propina en forma de cheque con bastantes ceros por sus atenciones el día anterior. Y claro, la llave de tuercas que Gi-hun había perdido, ahora tenía grabado su número de teléfono, para que lo registrara.

 

Algo que In-ho sonreía emocionado de que Gi-hun gritara al ver eso.

 

“No salgo con mis clientes, pero podríamos ir a tomar un café alguna vez", admitió Gi-hun encogiéndose de hombros.

 

In-ho sólo sonrió feliz de que podían empezar con un café, después de todo, tenía toda la vida para enamorar a su bonito omega mecánico.

Y quién sabe, tal vez un día poder tener la dicha de casarse con él y hasta tener hijos juntos.



FIN.

Notes:

Terminamos por ahora esta historia hasta aquí. Me ayudaría mucho si me contestan algunas preguntas que tengo sobre el rol que quiero tomar para algunos personajes.

Para Jun-ho, sería un alfa o un omega. Y con quien les gustaría que lo emparejara: el reclutador o el mercenario Kim. También puede haber otra opción si me la mencionen.

De igual manera, el rol de nuestro hermoso pero psicopata reclutador favorito. Si quieren que sea alfa u omega, y quien les gustaría como su pareja.

 

Trataré de acabar en unas horas el día 7 que ya va a la mitad.
¡Gracias por estar aquí!
Su apoyo es invaluable para mí.
🥺❤❤❤