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Language:
Español
Series:
Part 45 of Giros de trama , Part 4 of Tony Stark en el mundo de ASOIAF , Part 18 of Las vidas en sangre y fuego
Stats:
Published:
2025-08-02
Updated:
2026-03-04
Words:
89,423
Chapters:
14/?
Comments:
718
Kudos:
1,986
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383
Hits:
63,172

Dama de Hierro

Summary:

Tony Stark renace como Aemma Arryn, la trágica primera esposa de Viserys Targaryen. Y cuando le dicen que debe ser una novia niña, comienza a conspirar para conseguir lo contrario, comenzando por elegir a su propio esposo... un desprevenido Daemon Targaryen.

Acompañemos a Aemma en su misión autoimpuesta: tomar a los Targaryen y Westeros por asalto.

Chapter 1: 92 d.C.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Aemma Arryn

Una novia niña.

Querían convertirla en una novia niña.

A ella, Aemma Arryn.

A él, Tony Stark.

Era tan absurdo que se echó a reír.

Su padre y hermano no rieron.

Detuvo su risa y miró fijamente a los hombres que creían tener el derecho a dirigir su vida (odiaba haber renacido en un mundo medieval y patriarcal).

—Dirás que no, padre —no fue una pregunta y no le gustó la severidad que adquirió el rostro del anciano, ni cómo su hermano desvió la mirada —. ¿Verdad, padre? ¿Verdad?

—Es una petición de la realeza —Rodrik Arryn no engañaba a nadie.

La realeza no hacía peticiones, daba órdenes.

Una lástima que Tony Stark no siguiera órdenes de nadie, algo que no cambió en su nueva vida como Aemma Arryn. Y su familia lo sabía muy bien. Elbert no la miraba actualmente a los ojos por vergüenza de arrastrar a su hermana bebé a un matrimonio indeseado y prácticamente pedófilo, sino que evitaba enredarse en la tormenta de mierda que ella iba a lanzar para lograr lo contrario.

—Me niego. No me casaré.

Había promesas en su voz y su padre debió reconocerlo porque se sobresaltó un poco. Era la misma voz que usó cuando decidió vincularse con el dragón que atormentaba los rebaños de ovejas, la misma voz con que se despidió antes de someter a los Clanes de Montaña.

Tony Stark creó una placa de circuito a los cuatro años.

Aemma Arryn montó un dragón y se lanzó a extorsionar montañeses a los nueve.

—No podemos desairar a la Corona.

Aemma soltó una burla —. ¿El precio que te ofrecieron por mí es tan grande?

—No se trata de eso, Aemma.

— ¿Ah, no? ¿Entonces por qué estás tan dispuesto a casar a tu hija de diez onomásticos?

—No te casarás ahora.

Sino dentro de un año, cuando tuviera once y Viserys Targaryen cumpliera la mayoría de edad de este mundo. Qué gran diferencia, volvió a burlarse.

—No insultes mi inteligencia, Lord Arryn —era obvio que no hablaba con su padre, sino con el líder de su familia —. Ahora dime, ¿qué obtienes de casarme con un príncipe que no forma parte de la línea sucesoria al trono? No es como si fuera a convertirme en reina o tus nietos en futuros reyes.

—La Corona no está contenta con un jinete de dragón que no les pertenece —Elbert intervino, ganándose una reprimenda de Rodrik.

Aemma se ablandó un poco, recordando la rapidez con que Aemon Targaryen voló al Valle para conocer a su sobrina recién convertida en jinete de dragón. Esa había sido la primera vez que un miembro de la realeza buscó a Aemma. El príncipe heredero había sido amable y cálido, pero fue evidente que su visita estuvo relacionada a averiguar si Aemma y, por ende, la Casa Arryn podrían ser una amenaza ya que era la primera vez que una Casa que no era la Targaryen poseía dragones (Casa Velaryon no contaba realmente ya que Rhaenys Targaryen seguía considerándose una Princesa de la Corona y heredera de su padre).

— ¿Te están amenazando, padre? ¿A todos nosotros, nuestra Casa?

—No exactamente —no hubo suspiro, pero sí hombros ligeramente hundidos.

No era un no rotundo y ella volvió a ver a su padre y no a Lord Arryn.

—La Bondadosa escribió que espera unir la sangre de la princesa Daella de nuevo a la Corona y que es su esperanza darle una vida sin dificultades a su nieta, la hija de su flor.

—Dificultades que tendría si no me someto a su redil, sin duda —era lógico inferir que si Aemma no se casaba con un Targaryen, no habría forma de que se casara con nadie, lo que no sería realmente contraproducente para nadie, excepto que como soltera seguiría bajo la directriz principal de los Arryn y no de la Corona.

Como persona y como jinete de dragón, el Trono de Hierro no tendría un poder absoluto sobre ella si no se unía por matrimonio a los Targaryen.

—Tu situación es sin precedentes, Aemma —continuó su padre —. No sabemos a qué podrían recurrir los Targaryen si no te tienen a su alcance.

—O si te llegan a considerar una amenaza —agregó su hermano.

La mente de Aemma estaba trabajando rápidamente, buscando alternativas, opciones que no significaran convertirla en una estadística del pasado, una tragedia a punto de ocurrir. Tony nunca fue un fanático de la historia, pero la conocía, tampoco fue un lector por afición, pero sabía de tropos y tramas; las novias niñas nunca terminaban bien.

También se negaba a volver a ser un tapete.

Porque no se hacía ilusiones de ser dueña de su vida si entraba en la familia real. Ni siquiera la reina, Alysanne Targaryen, se salvaba de ser más una herramienta y vehículo para su esposo que una compañera; un tratamiento que ambos replicaban en sus descendientes.

—Hay otro príncipe, uno más cercano a mi edad; organiza un compromiso con él —habló después de analizar la información que poseía —. No me casaré hasta cumplir la mayoría de edad —aunque considerara una tontería ese número —, con suerte encontrará a alguien más y no tendremos que casarnos.

—No eres así de ingenua, Aemma.

Se encogió de hombros —. Al menos me dará tiempo —y, adelantándose a la pregunta que su hermano estaba por formular, agregó —: Ya sea para escapar o matar a mi esposo en la noche de bodas sin ser atrapada.

—No harías eso.

Sonrió dulcemente a Elbert —. Sabes que sí —redirigió su atención a Rodrik —. Por eso, querido papá, asegúrate de comprometerme con Daemon Targaryen. De cualquier manera, ya me habías prometido tierras para construir la sede de mi imperio.

Tenía muchos planes para llevar Westeros a la modernidad… o tan a la modernidad como fuera posible. Y para eso necesitaba espacio para talleres y forjas, para que nadie se interpusiera en el camino de su genialidad al obligarla a dormir a horas respetables o comer a tiempo.

¡La invención no obedecía horas ni fechas!

Elbert palideció ante la implicación, como si temiera a los planes de Aemma. Lo que era muy grosero, ¿las arcas Arryn no estaban rebosantes debido a los trapiches y molinillos de mano que Aemma creó con el conocimiento de su vida anterior? Habían vendido a altos precios sus inventos a los nobles norteños, valenses y riverenses, así como a algunos comerciantes extranjeros.

Ella también comenzó a incursionar en la orfebrería, creando hermosas y únicas piezas de joyería para sus hermanas, cuñadas y sobrinas. Joyería que ya había comenzado a llamar la atención en el Dominio (donde Amanda se casó) y en las Tierras de las Tormentas (sede de Elys), y desde donde había recibido los primeros pedidos.

Y sólo podía imaginar el nuevo gran negocio que comenzaría una vez que Yorbert, su otro hermano y gemelo de Elbert, regresara del viaje a Essos en que Aemma lo embarcó con la misión de buscar cacao y café. Una vez que su hermano regresara victorioso, Aemma se apoderaría de Westeros a base de chocolate y cafeína. Anticipadamente, ya tenía elegido el terreno donde plantaría su fuente de oro, el mismo donde construiría su sede de poder.

A Tony nunca le había importado realmente el dinero, no como un tacaño o un Lannister. Siempre había pensado en el dinero como un medio para lograr sus fines, para conseguir el material de calidad para hacer realidad sus ideas. En este nuevo mundo, esta nueva vida, el dinero era más que una herramienta, era una verdadera necesidad, sobre todo al ser mujer.

Aemma Arryn nunca dependería de nadie, sobre todo no en cuestiones tan mundanas.

Nadie tendría poder sobre ella, empezando por recursos.

—El segundo hijo de un segundo hijo, príncipe o no, conseguirá más casándose conmigo de lo que conseguirá con alguien más —lamentablemente no había mujeres herederas y dudaba que los reyes quisieran que un nieto varón suyo perdiera el apellido.

Mentiras.

Estaba Rhea Royce, pero la niña sería la futura líder de su Casa y los Royce nunca dejarían su apellido por el Targaryen.

Aemma estaba dispuesta a hacer ese sacrificio por el bien mayor.

Además, los Royce no eran ni serían tan ricos como Aemma planeaba para sí misma.

—Lo mismo puede decirse para el príncipe Viserys. Y siendo él, el primogénito de su padre, por tradición deber casarse primero.

Tradición, cómo odiaba esa palabra.

En esa palabra se escudaba la gente para cometer los actos barbaros típicos del medievo.

—Por lo que he oído, Viserys Targaryen es un descerebrado sin carácter —se acercó a su padre, abrazándolo por un brazo y recurriendo a lo que había escuchado en Puerto Gaviota de los comerciantes que llegaron de la capital —. Papá, no quiero un esposo débil y complaciente.

—Daemon Targaryen es joven, pero ya se dice mucho de su mal genio y brutalidad en el campo de entrenamiento —¿de verdad, demonizar a un niño?

Los púberes eran diablos insoportables por principio.

—Prefiero un monstruo que pueda seguirme el ritmo, a un debilucho que no soportará mi genialidad.

—Hace falta un monstruo para reconocer a otro, ¿no?

Aemma sacó la lengua al gemelo más odioso mientras padre lo regañaba. Los separaba una década, pero Elbert siempre era el hermano que molestaba a la hermanita y Yorbert el que la consentía.

—Bueno, pues veremos de qué monstruo salen más correas.

—No digas eso, hija —Rodrik la tomó gentilmente de la barbilla para hablarle mirando a los ojos —. No sabemos en qué clase de hombre se convertirá el príncipe Daemon, en cambio, el príncipe Viserys ya es amable y obediente.

Obediente a su padre, a sus reyes, a su lugar en el mundo.

Esa obediencia era un problema porque un hombre, una persona así nunca podría ser un compañero para Aemma. La obediencia de Viserys Targaryen no sólo la asfixiaría, sino que ella tendría que cargar con su peso muerto. Si tenía que casarse, quería alguien con corazón y cerebro, no un lastre misógino y pusilánime.

Daemon Targaryen era mayormente una incógnita de persona, pero Aemma tendría tiempo de convertirlo en alguien tolerable para sus planes.

Ah, Pepper estaría orgullosa.

A decir verdad, Aemma había estado canalizando mucho a Pepper, su principal modelo femenino en ambas vidas.

—No quiero alguien obediente, quiero alguien que crezca conmigo —insistió con seriedad —. Además, entre Viserys y Daemon Targaryen, ¿quién tendrá más posibilidades de defenderme y protegerme?

—Nunca has necesitado que nadie sea eso para ti.

Fue lindo que su hermano pensara tan rudamente de ella, la niña con la mitad de su edad. Vaya que se estaba construyendo una reputación. Rhodey se sentiría exasperado.

—Es verdad, Bertie, pero no significa que no quiera a alguien a mis espaldas. Yo también me siento vulnerable a veces, ¿sabes? ¿Y por qué crees que hago todo lo que hago? Sé que tú y papá siempre están ahí para atraparme. Sería lindo que mi esposo fuera igual de capaz.

Fue sincera, aunque exagerada, y funcionó.

Rodrik la miró con dulzura y Elbert le pellizcó una mejilla con cariño reacio.

Tuvo suerte de haber renacido en una familia donde los hombres eran débiles con las hijas y las hermanitas. Y de conservar los recuerdos de su vida pasada, de lo contrario habría crecido como una damita obediente y piadosa (a decir verdad, no tenía nada contra la devoción religiosa, excepto cuando se volvía fanática y dictaba la vida de las personas).

—Haz la contraoferta, papá. Los Targaryen no tienen razones válidas para negarse, pues todavía me conseguirán para uno de sus príncipes y el jinete díscolo entrará a su redil.

Por supuesto, en los términos de Aemma.

 

 

El próximo cuervo que llegó de la Fortaleza Roja no fue una respuesta al compromiso, sino una invitación al funeral de Aemon Targaryen.

 

 

Daemon Targaryen

Miró sorprendido el odre de agua y el paño que le fueron ofrecidos en cuanto detuvo sus ejercicios. Siguió la mano pequeña, entonces el brazo flaco y finalmente el rostro regordete del que destacaban ojos azules.

—Gracias, prima —Aemma se balanceó sobre sus talones y sonrió con desenfado —. ¿No es temprano para que estés despierta?

Daemon tenía la costumbre de hacer ejercicios de fortalecimiento y resistencia una marca de vela antes del amanecer. Así tenía tiempo de entrenar con Ser Ryam y después atender sus deberes de escudero antes de que el campo de entrenamiento se llenara de ojos. A Daemon le gustaba la atención, pero no antes de perfeccionar aquello por lo que deseaba ser elogiado.

Se cortaría la garganta con una espada de madera antes que ser el hazmerreír de aquellos inferiores a él.

—Dices eso suponiendo que dormí —la sonrisa de Aemma se transformó en algo maníaco y Daemon notó las ojeras en su rostro.

— ¿Por qué no lo hiciste? —preguntó con genuina curiosidad, disfrutando de la quietud de la mañana y la quietud de Aemma, quien tendía a actuar como un duendecillo sobre estimulado.

Aemma Arryn llevaba una quincena en Desembarco del Rey, pero ya se había vuelto infame por sus costumbres poco convencionales. A Daemon le divertía el desconcierto que su prima despertaba en la reina. Alysanne Targaryen, como muchos, había esperado una dama delicada y recatada en la forma de su nieta, algo parecido a la princesa Daella, incluso si Aemma ya había demostrado lo contrario al unirse a un dragón salvaje.

—Demasiadas ideas en la cabeza, calabaza —ella se estiró, levantando los brazos sobre la cabeza y tronando el cuello.

Notó las manchas de tinta en los dedos y las arrugas en su vestido. No era la primera vez que la veía vestir la ropa del día anterior, ni lucir los vestidos sencillos que parecía favorecer para uso diario, tampoco el llevar peinados descuidados, pero sí el usar una bota en un pie y una pantufla en otro.

— ¿Tu sirvienta no debería estar preparada para tus excentricidades? —¿después de tanto tiempo?

—Moira sabe cuándo soy un caso perdido y cuándo no, y mientras no tenga que presentarme en un evento especial, no tengo que someterme a sus cuidados.

Aemma había sido la imagen de la pulcritud y elegancia cuando llegó con su Casa a la Fortaleza Roja, así como en su asistencia a las ceremonias funerarias del tío Aemon. Ella también vestía las piezas correctas y el nivel de opulencia adecuado en las cenas familiares que la reina había decidido tener. Daemon no había tenido oportunidad de confirmar el mismo compromiso en fiestas de té o reuniones nobles ya que toda actividad frívola se había cancelado hasta que el rey decidiera lo contrario.

—Lord Arryn es muy indulgente contigo.

Lo decían muchos y la mayoría con un deje de burla, sobre todo aquellos que no creían que Aemma era el cerebro detrás de la maquinaria que estaba enriqueciendo al Valle y que Lord Arryn le cedía el crédito por mimos.

—Soy su bebé, ¿qué esperabas?

—Un poco de columna vertebral, ¿qué hombre se deja mangonear por su hija mocosa?

Aemma no se ofendió, sino que avivó la burla.

— ¿Son celos lo que oigo? ¿Te habría gustado nacer mujer para tener al tío Baelon enredado en tus dedos?

Se negó a ser avergonzado, así que contraatacó apaciblemente como el tío Aemon le enseñó. Si no das la reacción que ellos esperan, los vencerás. Esas lecciones fueron dadas con su padre como ejemplo, Baelon cuyos chascarrillos contra Aemon morían cuando éste le respondía con la otra mejilla. (Poco sabía que esta disposición no llegaría a la adultez.)

—Sería una mujer muy hermosa, una por la que se pelearían guerras.

Aemma lo miró con ojos brillantes y una sonrisa que no era condescendiente ni burlesca.

—Sí que lo serías, muy hermosa —ella no se divertía a su costa, sino con él y pese a saberlo, Daemon no pudo suprimir un sonrojo —. Y mujer o no, creo que las guerras serían desatadas por ti, no a causa de ti. Tienes esa aura caótica a tu alrededor, ya sabes.

Tras esas palabras, Daemon logró superar el tonto bochorno y sonreír con suficiencia.

—Yo no empezaría guerras, yo las terminaría.

—Dime eso cuando no se te quiebre la voz.

Le lanzó el paño, el mismo que ella le había ofrecido y con que él se limpió el sudor, al rostro.

— ¡Que asco!

—Repite lo que dijiste si tienes el valor.

Daemon sabía que lo tenía, así que le tapó la boca con una mano.

Ella lo lamió.

— ¡Aemma! ¡Que asco! —se apartó y no apreció la risa de bruja loca.

Adiós tranquilidad.

Esa era la maldita mocosa que quería casarse con él.

 

 

No me casaré con Aemma, ¿verdad, padre?

Un par de semanas antes de que el tío Aemon falleciera, Daemon había escuchado a sus abuelos discutir sobre los esponsales de Viserys. Más concretamente, había escuchado a la abuela quejarse de que Lord Arryn quería que Daemon fuera el esposo de Aemma, no Viserys.

Pensé que deseabas una novia valyria —padre lo miró con las cejas alzadas.

Ambos estaban cabalgando hacia el lugar de descanso de Vhagar para salir en un vuelo, el primero que padre daría desde que el tío fue asesinado un mes atrás. Daemon se sentía cálido por ser quien padre eligió para compartir ese momento.

Sí, pero no Aemma.

¿Entonces Gael?

Su tía era valyria y hermosa, no obstante,  Daemon no era tonto, la abuela nunca lo dejaría casarse con ella. Gael no se casaría con nadie. Eso también lo había escuchado de boca de sus abuelos durante el mismo espionaje involuntario durante una incursión en los túneles de Maegor. Gael estaba destinada a permanecer como la sombra de la abuela, la reina lo había decidido y por eso mismo ella no había sido elegida como esposa de Viserys, como habría sido lógico suponer al ser ambos los Targaryen mayores y solteros de su generación.

Quiero una novia valyria como mamá.

No sólo hermosa, sino fuerte y valiente.

Nunca habrá otra mujer como tu madre, valyria o no —los ojos de padre brillaron con devoción como cada vez que pensaba en Alyssa Targaryen.

Una devoción que no aminoraba ni moría, al contrario, una que crecía pese a la muerte y al tiempo transcurrido.

Daemon deseaba sentir una devoción así algún día y, Catorce Llamas mediante, ser receptor de una devoción igual. Ser inspirador y merecedor de un amor así era lo que deseaba más que el estatus valyrio en su cónyuge.

Sin embargo, no significa que no puedas encontrar una dama maravillosa para ti —una pequeña sonrisa divertida se abrió paso en el rostro de su padre —. O ser encontrado por ella.

Cualquiera menos Aemma —se quejó.

¿Qué tienes contra esa dulce niña?

¿Dulce? ¡Aemma no tiene nada de dulce! ¡Es ridícula y tiene hábitos extraños! ¡Le pone apodos a todos y habla más de lo que piensa! ¡Tiene ideas extrañas sobre armaduras, negocios y sociedades! ¡Canta cosas extrañas y habla en esos idiomas inventados suyos! ¡Y lame a la gente!

Hasta donde sabía, sólo lo había lamido a él y tal vez a sus hermanos, y sólo fue una vez en su caso, pero seguía siendo una queja válida.

Sabes, hijo, yo también pensaba que Alyssa era una molestia cuando éramos niños —comentó padre con cariño y diversión.

Daemon entendió la implicación, no era idiota.

Y no la aceptaba, así que decidió no dignificarla al aparentar no haberla escuchado.

Y definitivamente algo está mal con ella si no quiere casarse con Viserys. Mi hermano es más agradable que yo, más gentil y estudioso, más bueno.

Daemon, no debes compararte con tu hermano. Ah, ah, ah —padre detuvo sus réplicas —. No me engañas, sabes que eres un libro abierto para mí, como sabes que no hay dos estrellas iguales y es en esa diferencia donde reside su belleza. Y aunque me alegra que tengas en alta estima a tu hermano, no debes verlo y encontrar fallas en ti, sino reconocer las fortalezas de ambos y complementarse en consecuencia. Como hermanos, como familia, son la fuerza del otro.

La familia es lo más importante —conocía el credo de su padre y su tío desde que tenía memoria —. Lo sé, padre. Siempre apoyaré a Viserys y él siempre me apoyará a mí.

Padre le sonrió con orgullo.

Y también debes saber que tal vez Aemma prefiere tu tipo de fuerza a la de Viserys y por eso te quiere —él tarareó alegremente —. Mi sobrina tiene buen ojo.

Fuera la mueca que haya hecho, fue suficiente para que Baelon el Valiente se echara a reír como un burro rebuznando. Daemon se dividió entre enorgullecerse por ser la fuente de la risa sincera de su padre por primera vez desde que el tío falleció y entre molestarse por ser la fuente a cuya costa se divertía.

Despreocúpate, hijo —padre paró de reír finalmente —. No habrá compromisos o esponsales reales hasta que termine el luto, estás a salvo por un tiempo.

— ¿Y después?

Después confío en que Aemma te clavará las garras y no podrás hacer nada al respecto. No me mires así. Reconozco un dragón en cacería cuando lo veo y tú, mi amado hijo, eres la presa de esa sobrina mía.

Aemma no es un dragón.

Dragón o halcón, ¿qué tanta diferencia hay? Un ave rapaz también es implacable.

 

 

—Me gustaría quedarme con mi abuelo.

Miró con desconfianza a Aemma, ella nunca hablaba con mesura.

Su voz avivó la tensión que se había instalado en el cenador. Sus abuelos habían estado en desacuerdo desde una semana atrás, cuando el rey eligió al padre de Daemon como su heredero. Esa misma mañana la reina había decidido mudarse a Dragonstone para acentuar su descontento y ahora, durante la cena, se había presentado para solicitar la compañía de Aemma.

Alysanne Targaryen era hábil en sus maquinaciones.

En lugar de reunirse en privado con Lord Arryn, decidió acorralarlo en la cena donde se vería presionado por la presencia del rey y el nuevo príncipe heredero. Pese a que habían pasado dos meses desde que los Targaryen conocieron a Aemma Arryn, la Buena Reina seguía creyendo que Lord Arryn había educado mal a su hija y no que Aemma era como era por naturaleza.

La abuela seguramente también pensó que Aemma no tendría el valor para contrariar a sus mayores, a su reina.

Aemma acababa de demostrar lo contrario.

—En un momento tan doloroso, me confortaría tener a mi hija y mi nieta menor conmigo.

Daemon compartió una mirada con Gael. Todos los presentes, excepto Viserys, sabían muy bien que la reina estaba yéndose por la nueva disputa con el rey, no por luto. Rhaenys y tía Jocelyn ya se habían ido con sus Velaryon y Baratheon, y las mujeres se reunirían con la reina en Dragonstone, donde supurarían en descontento sin nadie que las molestara.

—Mi abuelo también está de luto, abuela. Me gustaría hacerle compañía mientras tú y mi tía Gael no están.

¿Aemma acababa de insinuar que la reina prefería ser mezquina a superar el dolor de la pérdida juntos? No, ella no era maliciosa en ese sentido. Aunque, dada la expresión de la abuela, lo consideró un golpe.

—Tu abuelo tiene a su hijo y nietos con él —si la abuela no fuera tan digna, habría mascullado. ¿Qué había dicho la abuela esa misma mañana? ¿Que se iba porque el rey no necesitaba mujeres?

Aemma asintió solemnemente —. No obstante, ellos son demasiado varoniles para darle una atención cariñosa —ella dirigió sus grandes ojos azules a Jaehaerys Targaryen, quien había estado presenciando todo sin impresionarse —. ¿Puedo quedarme contigo, abuelo? ¡Te daré muchos abrazos y besos!

Y ahora estaba actuando como una niña tonta.

— ¡Soy la mejor cuidadora! En casa, cuando mi padre o mis hermanos enferman, me quedo con ellos hasta que se sienten mejor. ¡Les doy medicina, les cuento historias y me aseguro que no se aburran! ¡Díselo, padre! ¡Dile a mi abuelo que soy una gran cuidadora!

Lord Arryn parecía desear estar en cualquier lugar excepto ahí con ellos, aun así complació a su hija.

—Lady Aemma es muy útil en momentos difíciles, Majestad.

— ¡Soy útil, abuelo! —Aemma se levantó de su asiento y se acercó al rey, tomando su mano como una nieta amorosa —. Te cuidaré muy bien hasta que la abuela regrese, lo juro.

El rey miró a su nieta menor por un largo momento silencioso, de esa manera penetrante que ponía nerviosos a los receptores. Aemma no se acobardó; mantuvo la expresión expectante y la sonrisa suave, incluso comenzó a juguetear con los dedos del Conciliador.

Daemon no recordaba haber sostenido alguna vez la mano de su abuelo.

—Puedes quedarte, niña —aceptó finalmente el rey.

— ¡Sí! ¡Gracias, abuelo! —ella se lanzó a abrazarlo.

¿Fue por toda esa osadía que Jaehaerys Targaryen complació a su nieta contra los deseos de su esposa?

La reina no estaba contenta, era evidente, pero, una vez más, no pudo decir nada ante una decisión tomada por su rey y esposo.

Notes:

1. Para quienes no lo sepan, Daemon y Aemma están separados por un año. Mientras Aemma es menor por cinco años a Viserys. (Libro).

2. Esta historia está pensada para ser más sobre travesuras y risas, que algo profundo y oscuro, porque ya tenemos suficiente dolor y tragedia en el canon. Y, además, se me da mal escribir cosas lógicas y profundas.

3. La historia se desarrollará rápido, aunque no puedo decir lo mismo de las actualizaciones.

¡Gracias por leer!