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Efectos Mariposa

Summary:

Muchas cosas cambian cuando la Reina Alysanne concerta el matrimonio de la princesa Rhaenys y el príncipe Viserys Targaryen.
Más cosas cambian cuando el príncipe Aemon Targaryen vive y se convierte en rey.
Lo único que no cambia es el destino de Rhaenyra Targaryen como Heredera al Trono de Hierro y futura reina gobernante.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

—Felicidades, hijo, Lady Alicent —el príncipe Baelon sonrió al bebé acunado en sus brazos —. Es un niño hermoso y robusto. Que crezca bien.

—Heredó mucho de su madre —comentó la princesa Rhaenyra, inclinándose un poco desde detrás del sofá que su abuelo ocupaba.

No era una crítica maliciosa, no obstante, Lady Alicent la sintió como tal. Su primogénito era una varón saludable y fuerte, cuya única falta era haber nacido a semejanza de su madre en rasgos. Un niño de rasgos Hightower y color Targaryen, muy diferente a su media hermana mayor, la princesa Rhaenyra que era toda líneas y coloración Targaryen.

— ¿Qué nombre han elegido para mi nieto?

—Aegon, padre —respondió el príncipe Viserys con orgullo —. Aegon Targaryen.

Si el príncipe Viserys esperaba una ovación por tal elección, no la recibió. Su hija mantuvo la vista en el recién nacido y su padre suspiró.

—Dadas las circunstancias, Aegon no será un nombre bienvenido.

—El rey no envidiaría un nombre tradicional a un niño inocente —Lady Alicent se irguió en la cama, alejando la espalda de los almohadones que le habían brindado comodidad tras el parto estresante.

—No presuma saber las reacciones del rey, Lady Alicent —reprendió el príncipe Baelon con dureza.

La dama se mordió la lengua y bajó la mirada, soportando la humillación.

—Mi esposa no pretendía extralimitarse, padre —el príncipe Viserys se apresuró a calmar las aguas —. No pensamos que el nombre de nuestro hijo resultara en una ofensa. Elegí el nombre por mi difunto hermano.

Viserys Targaryen no podía creer que el nombre de su hijo primogénito fuera cuestionado. ¿Cuándo acabarían los desaires contra él y su familia? ¿Tan grave fue volver a casarse tras la muerte de Rhaenys? ¿Tan imperdonable era amar a una mujer de su elección?

Él y Lady Alicent habían hecho todo bien. Habían respetado el luto, incluso cuando el rey dictaminó una duración de un año, incluso cuando el príncipe había estado en todo su derecho como viudo de contraer nupcias tras seis meses de luto. Ambos habían respetado a la princesa Rhaenys y obedecido las órdenes reales. No se tocaron hasta la noche de bodas, incluso cuando el príncipe Viserys deseó tomar la mano de su amada durante meses.

Piadosa Lady Alicent, que lo había consolado junto a Ser Otto al inicio del luto. Virtuosa Lady Alicent, que mantuvo la distancia cuando notó la atención del príncipe sobre ella. Prudente Lady Alicent, que le aconsejó esperar para obtener la bendición del rey y de los dioses una vez que aceptó sus atenciones. Obediente Lady Alicent, que acató la orden del rey.

Admirable y fuerte Lady Alicent, que soportaba desaires que ninguna consorte real tuvo que soportar antes.

Sin título real, sin ser llamada princesa, sólo dama.

Sin séquito.

Y sus hijos, los hijos de Viserys Targaryen, también sin títulos. Destinados a nacer sólo como lores y damas, no como príncipes y princesas.

Sin embargo, Viserys Targaryen no era un príncipe de la línea principal y existían privilegios que no tenía porqué poseer si el rey así lo decidía.

—Y aprecio la intención, hijo, sin embargo, debes recordar que en nuestra familia los nombres deben tratarse con cuidado dada la influencia política —Baelon Targaryen se levantó y entregó el bebé a los brazos de su padre —. Podrás nombrar Aegon a un segundo o tercer hijo.

La princesa Rhaenyra se acercó para dejar una caricia delicada en la mejilla del niño.

—Podrías darle un nombre Hightower, en honor a su sangre materna. O uno Florent, ya que parece que el rostro de su abuela se manifestó con fuerza.

Lady Alicent Hightower se enorgullecía de ser su madre renacida, según palabra de Ser Otto, así como de haber heredado la mente ágil de su padre.

—Apreciamos el consejo, hijastra, pero mi hijo es un Targaryen.

—No sería el primer Targaryen con un nombre que honra su sangre materna —la princesa clavó sus sobrenaturales ojos lilas en la mujer que compartía su edad, diecisiete onomásticos —. Los nombres de mi abuela y mi tío, Alyssa y Daemon, son tradicionalmente Velaryon. Mi hermano no… desentonará entre sus parientes, si es lo que le preocupa, Lady Alicent.

La princesa se alejó de su padre y hermano, aceptó el brazo de su abuelo para ser escoltada fuera de la habitación. Tras las despedidas y antes de que el abuelo y la nieta llegaran a la antecámara, el príncipe Viserys hizo una pregunta más.

— ¿Habrá huevo de dragón para su cuna, padre?

—Ya conoces la respuesta.

Días después, el primer hijo varón de Viserys Targaryen fue presentado ante el rey Aemon Targaryen y su Corte. Fue anunciado como Lord Aelyx Targaryen.

 Y ningún huevo de dragón fue colocado en su cuna.

 

 

La boda de la Princesa Heredera Rhaenyra Targaryen con Lord Aenar Targaryen, hijo del príncipe Daemon y la princesa Gael, fue considerada la celebración más grandiosa de las últimas décadas, superando la famosa Boda Dorada de la Reina Viuda Alyssa Velaryon con Lord Rogar Baratheon.

La Reina Consorte Jocelyn Baratheon no escatimó en gastos, dispuesta a darle a su única nieta la boda más memorable, una que sabía su hija, la difunta princesa heredera Rhaenys, habría deseado para su amada niña.

Catorce días de celebración, en honor a las Llamas de Valyria, divididos en dos bloques de tiempo para honrar a los Siete de la Fe; siete días de torneos y siete días de eventos (cetrería, carreras de caballos y barcos, obras de teatro, danzas exóticas por bailarinas traídas de Essos y conciertos por diferentes músicos del mundo conocido). Festines cada noche, servidos a la nobleza y al pueblo llano. Un banquete nupcial de veinte platos, amenizado por los mejores músicos de Westeros. Una ceremonia en el Gran Septo, bendecida por los dioses ándalos, y otra ceremonia, más privada, en Dragonstone bajo la bendición de los dioses valyrios.

El príncipe Viserys escoltó a su hija hacia cada altar, conmovido y orgulloso. Él también tomó su mano para el baile tradicional nupcial.

El nuevo príncipe consorte, Aenar Targaryen, abrió el baile con su madre, la princesa Gael. Cuando llegó el momento de cambiar de pareja, de honrar a la familia del otro, la princesa Rhaenyra bailó con el príncipe Daemon, no como tío, sino como suegro; el príncipe consorte, en cambio, eligió a la reina consorte, pasando por alto a la madrastra de su esposa.

Un desaire más contra Lady Alicent Hightower, ¿pero realmente lo era?

La dama había salido de las sombras, hija del Maestro de Leyes, hermosa, educada y devota de los Siete, pero nada más. Ella no había sido considerada apta para formar parte del séquito de la, entonces, presunta princesa heredera Rhaenyra; había sido una sugerencia del príncipe Viserys, quien quiso hacer un favor a su amigo Ser Otto, no obstante, la princesa Rhaenys y la reina Jocelyn no aceptaron.

¿Por qué concederle un privilegio y honor tan importante a la hija de una rama secundaria? ¿Pasando por alto a Lady Bethany, hija de Lord Hightower? ¿Qué ventaja traía a la princesa Rhaenyra y la Corona, que no se obtuviera ya por el cargo que Ser Otto ocupaba en el Consejo? ¿Por qué elegirla, cuando había damas más virtuosas y competentes, provenientes de Casas más merecedoras?

Preguntas que seguían resonando, pero ahora centradas en su estatus como esposa de un príncipe Targaryen.

Había supuestos, claro.

De ella, la constante sombra de su padre, acompañándolo en reuniones con el príncipe Viserys durante el luto. ¿Dónde estuvo ella antes de eso? ¿En el septo y la biblioteca? ¿Qué hizo durante las reuniones, leer? ¿Ser Otto la prostituyó, manteniendo una vigilancia directa? Debía ser eso, ya que la boda ocurrió un mes después del término del luto por la princesa Rhaenys.

¿De otro modo, por qué ella? ¿Por qué Alicent Hightower?

La dama era hermosa, sí, de una manera tenue, común. No era conmovedora o despampanante como muchas damas ándalas, y estaba lejos de alcanzar la belleza sobrenatural de las mujeres valyrias. ¿Qué había dicho el príncipe Daemon?

Supongo que es bonita para estándares ándalos, pero para los valyrios ella es… sencilla. ¿Y esa personalidad? Aburrida. Una cortesana más. Sólo tú te fijarías en una mujer tan insípida, hermano. Bien podrías estarte casando con una oveja.

Era bien sabido que el príncipe Daemon tenía en baja estima a Otto Hightower, sentimiento que dirigía a su prole, ¿pero eso significaba que se equivocaba?

Lady Alicent no era impresionante en ninguna medida, sino más bien una noble codiciosa más.

Lo primero que la dama intentó tras su boda fue hacerse cargo de la educación de la princesa Rhaenyra. Por supuesto, la reina no lo permitió.

Después, intentó influir en sus amistades, sugiriendo qué personas eran inadecuadas y a quiénes debería dar la bienvenida a su séquito. La misma princesa le puso un alto.

Cuando los sutiles comentarios entrometidos continuaron (sobre vestimenta, sobre modales, sobre los vuelos en dragón, sobre el lugar y los deberes de las mujeres), culminando en un intento de manipulación para que la princesa le sirviera durante su gravidez, no sólo el príncipe Daemon la calló con amenazas de perder la lengua, sino que el rey Aemon la exilió a una mansión en la ciudad hasta que aprendiera su lugar.

Los Targaryen habrían dado la bienvenida a Lady Alicent, podrían haber dejado de lado los rumores maliciosos, de no ser por esa actitud.

 

 

— ¿Jacaerys? ¿No es un nombre Velaryon? —Lady Alicent pasó suavemente la esponja por los brazos de su esposo.

Él había regresado de la cámara de parto de la princesa Rhaenyra, apestando a sangre y sudor por el tiempo que tardó dentro, arrullando a su primer nieto.

—Rhaenyra lo eligió para honrar a nuestros antepasados Velaryon, Aenar también lo quiso así para mantener la tradición que comenzó con su abuela Alyssa, mi madre —el príncipe sonrió suavemente —. Y, a fin de cuentas, nombres Targaryen o Velaryon, también Celtigar, son de origen valyrio.

La dama forzó una sonrisa de labios apretados —. Entiendo.

Ella cuestionaba internamente la elección de nombre del heredero de la princesa Rhaenyra. ¿Por qué vetaron el nombre Aegon para su hijo con el príncipe Viserys, si iban a llamar al heredero presunto con un nombre Velaryon sin significado? Una disuasión que también los hizo elegir un nombre sin distinción tradicional para su hija; un nombre que no era valyrio, sino una adaptación del de la madre de Lady Alicent, Helen. Al príncipe Viserys no le importó nombrar como tal a su segunda hija, pero Ser Otto sugirió darle una grafía valyria. Helaena fue el resultado final.

—Mi amado —Lady Alicent bajó la mano, limpiando las zonas más íntimas de su esposo —. ¿Has pensando en el futuro de nuestra niña? ¿Sobre su matrimonio?

—Mmhh —el príncipe ya tenía la vista nublada por la promesa de placer —. Helaena es muy joven, ni un onomástico ha cumplido. Tenemos mucho tiempo para pensar en su matrimonio.

—Nunca es demasiado temprano asegurar el porvenir de los niños, príncipe mío. ¿No fueron comprometidos mi hijastra y Lord Aenar en la cuna? Y mira lo felices y prósperos que son ahora.

Alysanne la Bondadosa había concertado ese compromiso con su último aliento, un movimiento más para asegurar la herencia de su nieta mayor y su linaje.

—Eres sabia, mi amor —el príncipe abortó una respiración cuando sintió los dedos de su esposa y no la esponja.

—Agradezco tu estima, esposo —ella se acercó para besarlo suavemente en los labios —. Podrías proponer un compromiso entre nuestra Helaena y el príncipe Jacaerys.

—Eso no será posible, querida. Es altamente probable que la Corona busque un matrimonio entre mi nieto y una dama del linaje de mi prima Aemma.

— ¿Una chica salvaje del norte? —espetó ella, deteniendo todo movimiento.

— ¿Alicent?

—Disculpas, amado —la dama le acarició el rostro —. Simplemente me sorprendió que la Corona esté dispuesta a mirar tan lejos, cuando nuestra Helaena está aquí, dulce y perfecta.

—El rey desea traer de vuelta la sangre Targaryen que fue entregada lejos de casa —el príncipe tomó la mano de su esposa, comenzando a besar sus dedos uno por uno mientras hacía que su otra mano lo acunara bajo el agua —. No lo tomes como un desaire personal. Esta vez no es así.

— ¿Y por eso no debe importarme? ¿Importarnos? —se mantuvo inmóvil, aunque no se apartó —. Ya estamos tan relegados.

El príncipe suspiró —. Mi hija, mi Rhaenyra, será reina. Mi nieto será rey después de ella. Mi sangre se sentará en el Trono de Hierro por generaciones. No tengo nada que reprochar o envidiar.

Lady Alicent se mordió con fuerza el interior de la mejilla; ¿pero mi sangre, esposo? ¿Dónde se sentará, dónde quedará mi sangre?, fue su amargo pensamiento.

 

 

—Tres hijos y una hija, todos sin dragones.

—Viserys es demasiado cobarde para insistir al rey —Lady Alicent tomó asiento frente a su padre en sus aposentos privados —. Y patéticamente orgulloso para implorar, incluso a su propio padre.

— ¿Y tú, Alicent? ¿Por qué no insististe a la princesa Gael por su ayuda? ¿Por qué no te arrodillaste frente al rey y rogaste como una madre angustiada? —el rostro de Otto Hightower era engañosamente sereno.

—Gael Targaryen es amable conmigo, pero nunca intercedería por mí en un asunto ya zanjado por el rey. ¿Y crees que Aemon Targaryen se conmovería por mis lágrimas, padre? ¿El hombre que se mantuvo inexpresivo cuando presenté a mi hijo, mi Aemond, quien me aconsejaste nombrar en su honor para apelar a su simpatía? —una mueca agria se apoderó de la boca de la dama —. Él no creería mi acto, ¿pues qué madre se angustia por la falta de dragones para sus hijos? Casi puedo oír lo que me habría dicho; que los dragones son privilegios, no derechos. Que mis hijos no necesitan dragones para vivir.

—Aemon Targaryen siempre ha sido inteligente, precavido —comentó cáusticamente el padre.

—Precavido, dices ahora, ¿qué hay del temor del que te burlaste antes?

—Me equivoqué, lo admito —él no apartó la mirada de su hija, digno en sus derrotas como en sus victorias —. Le di demasiado mérito a Viserys, pensé que sus inseguridades y envidia jugarían a nuestro favor.

Lady Alicent bufó feamente.

—Puede que Viserys resintiera a la princesa Rhaenys por ser la heredera, por verse humillado a ser un consorte, pero es diferente con Rhaenyra. Se siente inferior sin ninguna duda, pero su amor por la putita es más fuerte —la dama clavó las uñas en el brazo de la silla —. Se enorgullece de ser el padre de la futura primera reina gobernante de Westeros, le importa más verla sentada en el trono que ponerse a sí mismo ahí.

—Pensé que tener un hijo, un preciado varón, lo haría pensar diferente.

—Viserys ama y mima a nuestros hijos, pero Rhaenyra es especial —espetó con amargura —. No ve a nadie más que a ella en el trono. Y aunque no fuera así, no importaría. Nunca tuvimos una oportunidad, padre. Te equivocaste.

—Tú te equivocaste, Alicent —el rostro de Ser Otto se transformó en una burla fría —. Fuiste tú quien decidió ir por más. Te dije que debíamos ser pacientes, jugar el juego largo. El plan era posicionarnos para ganar influencia poco a poco, para asegurar la introducción de nuestra sangre en la sucesión, fuera por hijos o por nietos tuyos como consortes. Con Aemon y Baelon vivos, con Daemon al acecho y la maldita Jocelyn vigilando, no había otra manera. ¿Pero qué hiciste? Te apresuraste. Trataste de hacerte un lugar y a tus hijos de una manera que los Targaryen no toleraron, una de la que incluso Viserys no se cegó. ¿Dónde quedó la astucia que te inculqué? ¿La sutileza de la que te enorgulleciste?

—Pensé que podría deshacerme de ellos —dijo ella, con obstinación fuera de lugar —. Estuviste tan cerca una vez, padre, que pensé que podría completarlo. Estaba segura de hacerlo.

—Chica estúpida —Ser Otto dijo, incrédulo —. ¿Te atreviste a… —calló de golpe, mirando hacia la puerta de su habitación, de repente alerta por cualquier oído errante.

No había nadie cerca para escuchar.

—No tuve oportunidad —la dama apartó la mirada —. Los catadores…

— ¿De esa manera lo habrías hecho? Qué pregunto, por supuesto que a eso recurrirías.

—Te emulé, padre —intentó culpar.

Él chasqueó la lengua, desaprobatorio —. Lo hice cuando no había catadores en la Corte, fue por mi intento que la realeza comenzó a utilizarlos, chica insensata. Incluso entonces no actué solo, Runciter estaba en mi bolsillo y lancé chivos expiatorios al fuego.

Cocineros y mozos de cocina fueron pagados por Otto Hightower, mediante un intermediario del que un asesino comprado se deshizo más tarde, para envenenar la comida del príncipe Baelon. Ser Otto intentó asegurar su muerte con la complicidad de Runciter, quien no se esforzó por curar al príncipe.

Para su decepción, el príncipe Aemon no había dudado en volar a la Ciudadela para conseguir más maestres que pudieran ayudara su hermano, entre los que destacó Vaegon Targaryen.

El príncipe Baelon fue salvado y el rey Jaehaerys, en cuanto supo que su hijo fue envenenado, ordenó una investigación. Los mozos y cocineros fueron ejecutados, la participación de Runciter no fue descubierta, pero más tarde el mismo Hightower se aseguró de acabar con su vida para no dejar cabos sueltos y no volvió a intentar algo tan arriesgado.

Había jugado para hacerse más indispensable para el príncipe Viserys, pero, más importante, para ocupar posiciones más importantes en el Consejo. El príncipe Baelon había ostentado el cargo de Justicia Mayor, cargo que le fue otorgado cuando el príncipe Aemon se convirtió en Mano del Rey tras el fallecimiento del Septón Barth.

Como Justicia Mayor, Ser Otto habría tenido oportunidad de extender una red por todas partes, le habría dado más poder sobre la ejecución de las leyes. Podría haber edificado un camino directo hacia Mano del Rey. Y, tal vez, envalentonado de haber tenido éxito, se habría deshecho del príncipe Aemon.

Pero fracasó.

La seguridad alrededor de la Familia Real aumentó.

Y Vaegon Targaryen fue posicionado como nuevo Gran Maestre.

—Actuaste sola, puedo verlo escrito en tu cara. ¿Qué te pasó, hija? Eres lo suficientemente inteligente para saber el límite de tus posibilidades, de tu poder.

Cosas inexistentes para la dama, quien sólo era la esposa de un príncipe sin verdadera influencia.

—Debiste enfocarte en construir influencia en la Corte, en entrar en las buenas gracias de los Targaryen, en ganarte el corazón de la princesa Rhaenyra.

— ¿Cómo, padre? ¿Cómo? Desde el principio estuvieron contra mí. Todo fue difícil.

—Difícil, dices. ¿Por eso te asustaste y te olvidaste de flotar? ¿Por eso te ahogaste, apenas pataleando?

—Pensé que-

—Pensaste que podrías imponerte —el padre la interrumpió —. Podrías haberlo hecho, si no hubieras tenido que lidiar con tantos dragones. Olvidaste tu lugar, Alicent. Olvidaste el plan. Y, a menos que vuelvas a pensar con la cabeza fría, tendrás que conformarte con las migajas que los dragones te den.

Notes:

1. Spoiler: Alicent no consigue nada para sí misma ni para sus hijos, excepto su supervivencia (tal vez).

2. Había/hay tanto que analizar de lo que sería del personaje de Viserys en esta historia, pero al final decidí no profundizar y dejarlo como un conformista. Principalmente porque Viserys es un cobarde y aunque realmente se pensara como "verdadero" futuro rey por ser hombre (y ojo, sólo después de Baelon), no tendría el valor de mover ni un dedo porque Aemon y Baelon viven. Rhaenyra posee un apoyo inmenso que él no y obviamente él no es el que lleva la batuta como en canon.

3. Pretendía escribir una Alicent mezcla del libro y el show, pero al final resultó algo estúpida. Es obvio que ella no es la mujer con el título más grande ahí, ni con el esposo con el título más poderoso, no posee ningún control y aún así quiso imponerse en Rhaenyra.
Les juro que quise tratar con justicia al personaje, sólo por la Alicent!Book, pero detesto tanto a la Alicent!Show que inconscientemente la llevo más al lado caricaturesco sin oponer resistencia.

3. Investigué sobre los títulos reales; google me dijo que las esposas de príncipes recibían títulos reales orgánicamente, pero también podía haber excepciones a consideración de los reyes.
Y, bueno, en canon, Laena no tenía título de princesa, Baela y Rhaena sólo fueron damas, pese que fueron esposa e hijas de Daemon. Especulo que se debió a que Daemon no pertencía a la línea gobernante de turno, pero también Viserys pudo ser mezquino u otra manipulación Hightower, ¿quién sabe?
Aquí, fue una mezcla; Viserys sólo es un sobrino del rey, el yerno viudo que no se casó irrespetando el luto sólo porque sabía que sería quemado vivo y la tercera persona en la línea de sucesión. En pocas palabras, Aemon fue inteligente, extra precavido, un poquito paranoico y mezquino.

4. Rhaenys murió de la forma más macha posible. Tal vez participó en la guerra de los Peldaños de Piedra con Daemon. Cayó valientemente, consiguiendo las islas para que un día las herede su nieto Lucerys.

¡Gracias por leer!

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