Work Text:
No tiene idea de por qué está corriendo.
Mucho menos cuánto tiempo lleva haciéndolo o siquiera dónde está.
Solamente sabe que el cuerpo le duele demasiado y, aun así, no puede dejar de correr.
Atravesando un camino de un solo sentido, pisando con fuerza el asfalto, paredes de ladrillo a cada lado, con la pintura descascarada y cubiertas de graffitis inentendibles; Kaiser no reconocía nada, pero sabía perfectamente que quería alcanzar esa luz bendita al final, si es que había un final.
Para él, aquel resplandor le provocaba al inicio una calidez sutil en el pecho, como caricias tímidas en su piel que exploraban suavemente cada parte, para después convertirse en un fuego desenfrenado, un calor que tira de su corazón hacia adelante y se lo quiere quitar, arrancar de su coraza de huesos y carne..
Lo peor es que lo disfruta, lo enloquece de la mejor forma. Se olvida del dolor, del desconcierto y nada más quiere llegar ahí, que ya la siente cerca, tan cerca de sus manos, en la punta de los dedos, si es que extiende el brazo y…
Cayó de bruces al asfalto y se raspó el labio. Una caída demasiado patética.
La rabia arrasó invasora en su mente, pero no logró pronunciar palabra, nada más gruñidos escaparon de su boca y eso solo consiguió enfurecerlo aún más.
Levantó la mirada, apenas elevando su cuerpo al apoyarse de los antebrazos, y descubrió que el escenario había cambiado. Ahora se encuentra en Blue Lock, vistiendo el uniforme del Bastard, en el campo donde se jugó el último partido. No quiere pensar en todo lo que ocurrió ese día, pero le es inevitable y el agrio sabor de la furia le asquea el paladar…
Sin embargo, la luz que tanto deseó sigue ahí, frente a él.
- ¿Alexis..?
La voz le salió rota y seca sin que él lo quisiera de ese modo. Aquel chico se encontraba parado delante, apenas dos pasos de distancia, la misma ropa, observándolo con esos grandes ojos de ciervo que siempre brillaron ante su presencia, pero que ahora son opacados por la intensa luz artificial del techo que precisamente es semi cubierta por la cabeza de Ness, otorgándole una corona solar blanca, una imagen demasiado… sagrada.
Casi como si Ness fuera… un dios.
Kaiser no supo cómo sentirse al respecto, lo cual era bastante extraño, teniendo en cuenta que odiaría con toda su sangre saberse rebajado ante alguien y, aun así…
Aún así… Ness le sonríe y le extiende una mano.
Y Kaiser siente que es humanamente imposible negarse.
Con una rara dificultad, extiende también su mano hacia él y, cuando está a punto de rozar sus largos y finos dedos…
Despierta.
El sonido de la alarma le cae lo mismo que un balazo en la sien y el pitido de ambos tímpanos se sincroniza para taladrarle el cerebro. Quiere vomitar, quiere que todo deje de darle vueltas, quiere matar a Ness (por alguna razón), sin embargo, sabe que nadie más le ayudaría en estos momentos.
Pasados unos segundos en los que se aseguró de no vaciar el estómago en la cama, logró coger el celular de encima de la mesita de noche, apagar el monstruoso despertador y hacer lo único razonable que se le ocurre bajo tanto sufrimiento.
- Hola, Kai-
- Dolor de cabeza. Pastillas. Ahora - y cortó la llamada
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- ☆ -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
La segunda vez que despertó, ya no fue con ningún sobresalto, al contrario, su mente reaccionó despacio, casi contando sus propias respiraciones para salir de la oscuridad, poco a poco abrir los ojos y asumir la realidad. La temperatura de su cuerpo estaba alta, sus nuevos pensamientos se encontraban diluidos, pesados, tardó en comprender su entorno a pesar de que sabía que seguía en su cama y el malestar de antes todavía le aplastaba el cuerpo. Aún así, pudo percibir algo ligeramente frío y húmedo en su frente, y algo tan delicado como fibras de algodón frotándole la mejilla…
- ¿Kaiser..?
Aclarando su vista con un par de parpadeos, reconoció al dueño de esa voz imposiblemente dulce, sentado cerca de él.
Kaiser se incorporó algo torpe, pero tan rápido como los mareos le permitieron para que Ness deje de acariciarle el rostro. Ese movimiento le hizo darse cuenta de que tenía un paño en la frente cuando este cayó en su regazo.
- ¿Qué haces aquí? - le preguntó hoscamente, tratando de limpiarse los restos de agua con los dedos
- Tú me llamaste recién, idiota - aunque su voz sonara a un reproche, no dejó la suavidad por completo - Y mira como te encuentro, estás hecho un desastre
- Ya, ya, solo dame las pastillas
- No, esta vez no hay pastillas - dicho esto, se levantó y el otro hombre lo siguió con la mirada hasta la silla que Kaiser usa para dejar abandonada su ropa sucia, justo donde, encima de camisetas y pantalones, Ness había colocado una mochila algo grande y abultada, y se la señaló con una sonrisa -. Me voy a quedar contigo estos días para cuidarte hasta que te recuperes.
No es la primera vez que lo hace. Compartir habitación durante su tiempo en la academia del Bastard provocó que algunas (muchas) veces Ness se hiciera cargo de él tal como una madre abnegada con su malcriado hijo. Kaiser creía genuinamente que “imponerle” esa responsabilidad era otra forma de manipularlo, pero los comentarios burlescos de sus anteriores compañeros le hicieron darse cuenta que solo estaba siendo bastante cómodo y le prohibió al chico ciervo que lo siga “tratando como a un inútil”.
Esa fue una discusión… ridícula.
Y la primera vez que lo hizo llorar.
- Maldición, Alexis… - se cubrió el rostro con las manos y suspiró frustrado, harto, más por el recuerdo que por otra cosa, pero obviamente que no diría eso -. Solo haz lo que te pido. Cómprame las jodidas pastillas, ¡ahora!
- ¡No!
Esta vez sí que elevó la voz y se cruzó de brazos. Kaiser no tenía por qué sorprenderse, ya lo había escuchado un montón de veces tener esa reacción “rebelde”, para que un segundo después esté obedeciendo sin más, pero, quizás por la fiebre o el dolor de cabeza, ese tono… ¿molesto? Le pareció algo serio y diferente a lo que se había acostumbrado.
- ¡Estás matando tus defensas con tanto abuso de medicamentos! - oh, ese regaño le provocó otra punzada en la sien a Kaiser - Luces absolutamente miserable y apenas tienes una gripe común. Tu cuerpo no está preparado para protegerse a sí mismo porque le metiste demasiadas drogas que entorpecieron a tu sistema inmune. Estás muy mal, Kaiser, y eso te deja débil frente a otra cantidad de enfermedades-
- Pues, disculpa por no poder hacer otra cosa mientras intentaba sobrevivir - lo interrumpió y con eso se volvió a acostar, dándole la espalda a Ness y cubriéndose por completo con las mantas
- Eso quedó atrás, no puedes seguir obligándote a revivirlo todo el tiempo…
El tono de Ness disminuyó gradualmente. Un chico sensible no puede dejar de serlo, incluso si se siente enojado, pero sí logró controlarse y no regresar a su lado.
- Será como te dije esa vez en Blue Lock - intentó recuperar su firmeza y medianamente lo consiguió -. Ya no voy a seguir lo que tú quieres, sino lo que mi ego me dice, y eso será ayudarte a sanar, quieras o no.
Kaiser se quedó tan quieto en su cama que el sonidito molesto que hizo Ness (similar al de un cachorro furioso) y la puerta cerrarse le confirmaron que fingir dormir le había funcionado.
Al menos, por esa vez.
Quién sabe cuánto tiempo tendrá que hacerlo…
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- ☆ -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
“Yo… Yo solo quería ayudarte a sanar…”
“Y eso será ayudarte a sanar, quieras o no”
Casi la misma frase. Un espacio de tiempo considerable. El mismo Ness…
¿O no?
Aquel día, Kaiser ignoró a Ness lo que restaba de las actividades, se apartó mientras recibían las indicaciones de juego, no recibió sus pases, lo evitó al finalizar las prácticas y se saltó la cena para encerrarse en su habitación desde antes. En su mente, esto también funcionaría como parte del plan para que Ness se aferre más a él. El acto de “ignorar” (dentro de un vínculo, lo que Kaiser suponía que Ness veía en él) activa la corteza cingulada anterior, la parte del cerebro que detecta el dolor físico. Esto provoca ansiedad, estrés y baja autoestima, por consecuencia. Al día siguiente, cuando vuelva a hablarle, automáticamente provocaría que ese “perro” tenga un shot de dopamina y se comporte mejor para que se esfuerce el doble durante los partidos y no vuelva a perder su atención. Sería beneficioso para los dos, de alguna forma…
Entonces, cuando escuchó los pasos de Ness (pisadas suaves, como alguien que también experimentó lo que es guardar secretos dentro de espacios grandes), Kaiser se apresuró en envolverse con las mantas y fingir que dormía, pero en el tiempo justo para que Ness presencie esa acción y sepa que lo hizo a propósito.
Creyó que eso bastaría para que el chico ciervo se rinda y decida nada más dormirse.
Pero, los pasos se acercaron a su cama. Escuchó los leves quejidos que Ness quería tragarse y como eso mismo le lastimaba el nudo en su garganta, notó la respiración accidentada, incluso podría jurar que los latidos rotos también eran audibles y por un segundo le pareció impresionante como Ness no se había desmayado ya con tanto dolor conjunto dentro de su frágil cuerpo. Pero, con una voz claramente herida, eso fue lo último que dijo:
- Yo… Yo solo quería ayudarte a sanar…
Kaiser no pudo dormir esa noche.
El llanto de Ness ni siquiera era ruidoso, solo… condenadamente triste.
Al amanecer, cuando los despertadores sonaron, Kaiser apenas había dormido dos horas, tal vez, y completamente utilizó eso como justificación, el cansancio, para explicar el por qué se acercó a la cama de un Ness de ojos hinchados para pedirle que le tiña el cabello.
Oh, bueno, hay otra razón…
Sin duda, la vida con Ness en la academia era más fácil. El estrés de Blue Lock lo destruyó, LOS destruyó. Su perro sí que solía mostrar los dientes cuando alguien se atrevía a retar al emperador, pero al punto en el que Ness lo hizo con Isagi, fue algo ligeramente aterrador, si es que no lo conociera.
¿Y realmente lo conoce?
Al final de la Liga Neo Egoísta estaba demasiado seguro que, habiendo roto toda la fantasía que había construido de su imagen solo para que Ness se quede a su lado, aquel chico ciervo finalmente se alejaría molesto, asqueado y decepcionado. Kaiser ya esperaba su despedida, la esperaba con ansias para que sea el último clavo de su ataúd y así dejarse hundir en todo lo que evitó de sí mismo y que en ese momento le apuñalaba la cabeza…
Sin embargo…
- No. No seguiré haciendo lo que tú digas - su voz había abandonado cualquier rastro de la dulzura con la que solía hablarle en la academia, por no decir que la había destrozado - No eres una mierda. Eres de carne y hueso, como cualquier otro ser humano - Kaiser deseó tanto callarlo de un golpe, pero no se supo capaz - Mi ego quiere que hechice tu alma rota.
Ese Ness no era SU Ness.
Ese Ness no era el que formó pacientemente para que sea su centrocampista perfecto.
Ese Ness no era el que manipuló minuciosamente para que le sirviera de lacayo y viviera solo para complacerlo.
Ese Ness no era el que rescató de la soledad…
Para que no lo deje solo a él…
Han pasado días desde aquel partido. Tendría que haber viajado ya a España para esa oferta de La Real, pero decidió pudrirse el tiempo necesario dentro de un departamento alquilado en Japón y así ya no tener que pensar en otra cosa cuando vuelva a jugar. Se había decidido, de nuevo, en concentrar toda su vida solamente para el fútbol y ya no ser ese niño asustado que quería huir de su pasado.
Que buscó la idea absurda de ser amado…
Y si es que Ness quería seguir con él, pues Kaiser dobló la apuesta de la ley del hielo, lo obligaría a darse cuenta de que su unión impuesta se había terminado y no existía forma de “arreglarla”, que Ness se quede en Alemania y busque a alguien mejor, más digno para seguirlo como el perro que siempre será, ¡incluso lo bloquearía y borraría su número!
No lo hizo.
O quizás lo olvidó.
No importa, ahora le duele mucho la cabeza y no quiere pensar en eso.
Pero… ¿por qué Ness sigue en Japón? ¿Qué o quién lo retuvo aquí?
Una persona en específico le cruzó por la mente y un mareo horrible le provocó unas náuseas igual de agresivas, casi sintiendo que la garganta se le quemó en ácido y lo obligó a toser dolorosamente, retorciéndose en la cama.
No… Isagi ya tiene dos perros, o eso es lo que vió durante los partidos. No es posible que Ness esté con él, ¿cierto?
Una suave melodía, proveniente de la sala, se coló repentinamente por su habitación. Violines se lucían majestuosos junto a un piano amable, todos compartiendo un baile de notas que perfectamente serían el soundtrack de una película de fantasía blanda, donde solamente importa disfrutar el momento y la ambigüedad.
Aun así, Kaiser se había vuelto experto en distinguir la voz y pasos de Ness por encima de cualquier otro ruido. Era una habilidad producto del trauma, pero odiaba verla de ese modo, por lo que Kaiser solo lo llamaba “intuición”, aunque no tuviera mucho sentido.
Su intuición percibe que Ness está tarareando aquella música ausente de palabras, mientras cruza la sala, deteniéndose cada dos o tres pasos, seguramente moviendo cosas.
¿Qué cosas serán? Es tan entrometido. Más le vale que no las cambie demasiado y después tenga que preguntarle dónde están qué y qué cosa.
Ahora barre. Ness tiene las manos ásperas, algo callosas. Ojalá que la fricción del palo de madera no le raspe y le haga doler… ¿¡Y por qué le importa eso!?
Estornudó.
Kaiser dijo “salud” mentalmente.
Alexis Ness es así…
Le hace olvidar fácilmente lo que estaba pensando.
De hecho, esto le recordó a que, durante los descansos en la academia, mientras Ness ordenaba la habitación y luego pedía usar el escritorio compartido para sentarse a dibujar casi toda la noche, Kaiser se dejaba absorber por la presencia de Ness y podía concentrarse en su lectura mejor de lo que antes lo hacía solo.
Así que tomó el libro que hace poco empezó y abandonó en su mesa de noche, se acomodó en la cama, la almohada protegiendo su espalda baja, los lentes ya puestos, el cuerpo relajado, y retomó la historia.
Fuese por causa de la música, de la voz de Ness, de algo más…
Kaiser suspiró y se sintió tranquilo.
En paz.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- ☆ -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
“Quiero que dejes tu huella en mí. Quiero que se note que también te pertenezco”
Palabras no dichas lo obligaron a despertarse bruscamente. Kaiser luchó por recuperar el aliento que estaba perdiendo mientras dormía, como si acabara de salir de una pesadilla de persecución. Su frente estaba perlada de sudor frío, su camiseta un poco húmeda, el libro se había caído en algún momento al suelo y era de noche…
¿Noche? ¿En qué momento?
Pero, su propio cuerpo le recordó tortuosamente que sigue enfermo y el dolor de estómago le azotó furiosamente en todos los sentidos. Se estaba desintegrando por dentro, la acidez se convertía en un árbol que se ramificaba hacia arriba y le provocaba la sensación de que su pecho se abría y cada costilla se le clavaba en la carne…
Hambre.
Hace tanto que no la sufría, pero jamás olvidará cómo se siente.
Ness es tan cruel por no alimentarlo…
- ¡Alexis! - gritó furioso, soportando la agonía en lo que se salía de la cama - ¡Tengo hambre, Alexis! ¿Por qué mierda no me llamaste para-? ¡Ah!
Cuando abrió la puerta, Ness ya estaba parado ahí, mirándolo con una clase de odio que Kaiser solamente había visto en videos de chihuahuas.
Se aguantó la risa.
- Kaiser… - tiene la voz un poco ronca, un perrito gruñendo - Son las tres de la mañana, te pido, por favor, que tus exigencias las hagas como una persona normal, ¿entendiste?
- Tengo hambre - repitió sin inmutarse, al menos no por fuera - Debiste despertarme
- Te dejé dormir porque eso ayuda a que tu sistema inmunitario se fortalezca. Concentras todas tus energías en recuperarte y combatir el virus - Ness respondió mecánicamente después de soltar algo de su enojo tras presionarse el puente de la nariz, aunque mantuvo su firmeza -. Pero, okey, ven a comer - y, sin más, le dio la espalda y se alejó.
- Si lo vas hacer con esas ganas-
- ¡Que vengas he dicho!
Fastidioso. Completamente fastidioso.
Kaiser lo siguió hacia la mesa del comedor que comparte espacio con la cocina. Se sentó en una silla y observó a Ness sacar una olla mediana del refrigerador, servir sopa en un plato hondo y luego calentarla en el microondas, con algunos bostezos de por medio.
Un vistazo al reloj de pared le confirmó que, evidentemente, eran las tres de la mañana.
Volteó hacia atrás y descubrió una manta arrugada en el sofá de la sala. Ness estaba durmiendo ahí y Kaiser lo despertó con sus gritos.
Vaya…
- Aquí tienes - recuperó su atención cuando colocó cuidadosamente el plato delante de él - Sopa de verduras con pollo. Vitaminas A, B, C, te aliviará la molestia en la garganta y-
- Ya, no tienes que explicarme todo. Es molesto… - lo interrumpió sin apartar la vista de la comida, como si quisiera identificar cada verdura o como si no creyera que es real
- Lo hago para que comprendas porque las pastillas son lo último en lo que debes pensar cuando te enfermas así
Lo había dicho antes y lo sostiene. Así tal cual el cansancio obligó a Kaiser a pedirle a Ness que lo cuide de nuevo, el cansancio es lo que obligó a Ness a acariciar la mejilla de Kaiser con ternura cuando apenas hace diez segundos lo quería matar.
Maldición.
Kaiser empezó a comer para que se aparte.
Y eso le hizo tener un cambio súbito de sensaciones y hasta de humor, porque al probar la primera cucharada, el sabor fue lo mismo que si comiera después de años: una experiencia única.
La sopa estaba caliente, pero no demasiado, las verduras suaves, el pollo en su punto justo de sal y muchas cosas que ya solo puede resumir a una exquisitez divina, un platillo hecho por un ángel, magia en su máximo esplendor.
O solo es el hambre, quién sabe.
- Me alegra que te guste
No se había dado cuenta de que Ness seguía ahí, ahora sentado a su lado, con una taza de leche entre las manos. Su sonrisa reflejaba un agotamiento profundo y sus grandes ojos magenta tenían un brillo suave de pequeñas lágrimas contenidas después de otro bostezo.
Otra vez, no es una imagen extraña para Kaiser. Ness trasnochaba cada que podía y esa frágil mirada le deseaba las buenas noches cuando por fin había alcanzado su límite. Sin embargo, lo hacía por sus pasiones y lo podía entender, pero esta noche no.
- Vete a dormir, se nota bastante que te caes de sueño y yo no voy a cargarte a la cama - dijo Kaiser una vez terminó hasta la última gota del caldo, aunque casi se atore al final por darse cuenta de su error -. Digo, al sofá.
- Estoy bien, quería acompañarte - bebió un sorbo de su leche tibia, también casi acabada - y asegurarme de que comieras todo.
- Pues ya me viste. Gracias
Recogió el plato con la cuchara y se dirigió a lavarlos.
El agua fría le arrancó un espasmo de las manos, lo que le obligó a chasquear la lengua para evitar quejarse y que eso atraiga la atención de un Ness que ya iba por su octavo bostezo…
Idiota. Perdiendo horas de sueño por las puras…
Estómago lleno. Cuerpo despierto. Desgraciadamente para él, podía pensar de más.
Como que Ness sigue siendo insoportablemente bueno, a pesar de todo.
Dejó el departamento impecable, al menos lo que podía ver de la cocina y la sala. No es que Kaiser sea alguien tan descuidado, pero no puede negar que estos días solo se levantó de la cama para comer algo ligero e ir al baño. No se sentía capaz de hacer más por sí mismo. En realidad, ni siquiera recuerda cómo es que sobrevivió solo, ¿qué pasó? ¿A dónde se fue todo ese tiempo?
¿A dónde se fue su mente?
Ah… patético, inmensamente patético.
No puede estar solo
Que miserable
Que estúpido
- ¿Kaiser? - Ness eligió el peor (¿o el mejor?) momento para volver a usar su dulce voz cerca del emperador. Pero, el chico ciervo se había preocupado al notar que Kaiser parecía temblaba frente al fregadero y creyó que le había subido la fiebre, por lo que quiso colocarle una mano en la frente para comprobarlo, recibiendo un repentino manotazo que le dolió más allá de la piel
- Eres un mentiroso… - Kaiser siseó con la mirada baja. Todos los pensamientos se le amontonaron pesados en el pecho y le aplastaron el corazón de una forma que nada más sintió de niño cuando todavía guardaba la esperanza de que existía algo mejor para él y que ni siquiera su padre podía hacer que la perdiese…
Esperanza…
Que palabra tan extraña
Y perder…
Kaiser se enderezó y miró a Ness con odio, el mismo con el que deseó cerrarle la boca aquel día en Blue Lock, un odio especial con que el que quería obligarlo a confesar tantas cosas que sabía que le dolería conocer, pero que por fin terminen con la absurda obra de teatro que ese chico se montó en su tonta cabeza fantasiosa.
No sabe si se refiere a Ness o a sí mismo…
- Dijiste que seguirías a tu ego, entonces - lo agarró bruscamente de la ancha camiseta y acercó sus rostros, actuando como un animal salvaje que estaba desesperado por desesperar a su presa -, ¿por qué sigues aquí? ¡Responde!
- Y-Ya te lo dije - su voz reflejó miedo al principio, pero se repuso de inmediato - Voy a sanarte, así sea lo último que haga
- Eres tan estúpido, Alexis - se burló, incluso se atrevió a reirse, aunque ni siquiera estaba midiendo sus palabras, solamente escupía el veneno que todavía le quedaba en la garganta - Eres un cerdo, un perro, eres de lo peor - lo soltó con fuerza y se cruzó de brazos, forzándose a no fijarse en si Ness había tropezado o no (no lo hizo) -. Deja de usarme como tu consuelo solo porque te sientes inútil, ¡no tienes nada que hacer aquí! - la voz empezó a traicionarlo, la furia y un poco de pérdida de la razón se combinaron para empezar a romperle el tono - Soy un caso perdido, Alexis, soy una mierda que jamás curarás con tu maldita magia. Solo… Solo ríndete de una vez y piérdete
- No lo voy a hacer - se volvió a acercar, una mano en el pecho, por alguna razón. La misma pose de ese horrible día, la misma mirada buscando imponerse y borrar la pequeña diferencia de alturas - Ya no voy a hacer lo que tú dices
- ¡Ya, pareces un disco rayado! Deja eso
- ¡No y mil veces no! Estoy haciendo esto porque quiero, Kaiser. Yo decidí estar contigo hasta el final y no me vas a sacar cuando se te dé la gana, ya no más.
- ¿Por qué? ¡No tiene sentido! - el pecho comenzó a dolerle, las punzadas de las sienes se trasladaron a su tórax - Me humillaron en esa prisión frente a todo este puto país y quien sabe cuantos más, ¡el maldito mundo entero se burló de mí mientras ese japonés de mierda me llamaba payaso!
- Pero lograste que La Real se fije en ti, conseguiste la oferta
- ¿Y qué hago con eso, Alexis? ¿Qué hago..?
Tarde se dio cuenta de que se había clavado las uñas en la piel, dejando marcas ardorosas y rojizas que ignoró para solo sentarse en el piso y apoyar la espalda en el horno de la cocina, de repente sintiendo que le faltaba la respiración…
No demasiado, nada más para saber que su mente funcionando a mil por hora era la que le quitaba el oxígeno. Ya había tenido suficiente.
Ness se arrodilló delante de él. Su cabeza casi choca con el borde de la mesa, pero el perro lo evitó con una elegancia que no correspondía a su expresión de preocupación y algo de tristeza genuinas.
Kaiser lo sabía bien. Ness sería incapaz de mentirle, lo construyó para eso, después de todo. Pero, en ese preciso momento, le jodía bastante tener esa mirada compasiva encima de él y que, para su desgracia, quisiera tenerlo aún más cerca.
- Kaiser… - tono suave, tan suave como la seda y lo detesta - No tienes que hacer nada, ¿sí? No ahora
- Cállate, por favor… Cállate y déjame - tenía la mirada en el piso entre sus piernas, negado por completo a rendirse frente esos grandes ojos
- Matarme sería la única forma en la que logres alejarme
- No me des ideas, Alexis
Entonces, la sensación áspera de los dedos de Ness le presionaron las rodillas, penetrando la tela del pantalón de chándal o quizás es solo que Kaiser ya era sensible al tacto del chico ciervo. No levantó la mirada, lo dejó ser, lo dejó abrirle un poco las piernas y que gatee hasta quedar en medio de estas. Kaiser se mantuvo con cada brazo a cada lado de su cuerpo, la posición de un muñeco de trapo maltratado y abandonado, pero que ahora volvía a ser recogido y observado con…
¿Ternura?
Ness lo tomó de la barbilla y elevó su cabeza con una delicadeza digna de usar solo con piezas frágiles históricas o con pedazos gruesos de vidrio roto y raspado. Ness no le temía a mordidas, escupitajos, arañazos, golpes o cualquier tipo de ataque, porque Kaiser no tenía las fuerzas para hacerlo, pero también porque Ness no le teme a las bestias…
Ness nunca le tuvo miedo.
Oh.
Ness nunca lo odió, trate como le trate.
Oh.
Ness sigue aquí.
Ness es demasiado fuerte. Mucho más fuerte que él.
- Kaiser… - le sostuvo las mejillas con cuidado, aunque sin poder evitar que las yemas cortadas le cosquilleen en esa zona, sin que signifiquen una molestia, al contrario - El mundo te espera. Nada cambiará de un día para otro, nada se romperá si te detienes esta noche o hasta que te recuperes. Alemania, España u otro país al que decidas ir, todos ellos te adorarán apenas pongas un pie en sus tierras. Estarás en boca de todos y serás tan amado como siempre lo quisiste. Te lo prometo
- ¿Por qué..?
- Porque confío en ti. Porque yo te espero a ti detrás de todas las puertas, en el silencio de todas las habitaciones donde descanses alrededor del mundo y durante todo el tiempo que quieras mantenerme en tu mente. Porque yo quiero ayudarte, porque mereces felicidad, porque mereces cuidados… uh…
Si alguien más estuviera ahí y le preguntara a Kaiser el porqué sus manos se movieron hacia la cintura de Ness y la presionaron con una fuerza amorosamente posesiva, definitivamente Kaiser lo negaría todo, diría que fue culpa de la gripe y que no le gustó el diminuto gemido que Ness soltó, casi interrumpiendo sus palabras.
- ¿Qué dices? No entendí lo último
- Te digo que mereces paz - siguió acariciando las mejillas ajenas una vez que se recuperó de aquella sensación, conociendo a la perfección el valor inmenso de tener a su emperador así de dócil -, mereces tanto amor como quieras, equivocarte cuanto puedas y no creer que debes ser necesariamente castigado por ello. Los humanos fallamos, lloramos y sangramos, y eso precisamente es lo que nos hace humanos.
- ¿Y si me desangro en frente tuyo? ¿Qué harías?
- Te ayudaría a limpiar el desorden, por supuesto - le sonrió, atreviéndose a ser algo coqueto -. O lo bebería
- Que asco, Lexi - pero, Kaiser dejó escapar una risita que pareció haberse contenido durante mucho tiempo, ya que le quitó un doloroso peso que no había comprendido tener en los hombros hasta que por fin los sintió relajarse - Eres un asco y tienes suerte de que no te he empujado ahora mismo.
- No puedes hacerlo - Ness se movió un poquito, nada más en la parte de su cintura, para comprobar que las manos de Kaiser seguían ahí y sí que lo estaban e incluso lo presionó más - No te vas a deshacer de mí tan fácil
- Oh, ¿en serio? - le devolvió la sonrisa pícara, moviendo ligeramente sus dedos para engañarle con la insinuación de querer levantarle la camiseta - ¿Y qué es lo que pretendes conseguir a cambio por tantas atenciones? Porque sé muy bien que tampoco eres un santo, Alexis
El chico ciervo le rodeó el cuello con los brazos y se acercó lo suficiente para que las puntas de sus narices se toquen, sonriéndole de una forma mucho más… inocente, adorable, escondiendo estrellas en su mirada.
- Te quiero a ti, Kaiser. Siempre te voy a querer a ti y nada ni nadie más que a ti
Una confesión.
Una confesión en el piso de la cocina de un departamento alquilado, en un país raro y ajeno para ellos. Kaiser es todo un desastre febril, desaliñado y con varios días sin bañarse; Ness tiene ojeras de mapache, se nota que ha adelgazado por como se le marca la clavícula y cabe la alta probabilidad de que se contagie si es que sigue estando tan cerca de su emperador.
Los dos son apenas y los restos de la magnificencia que desbordaron en Blue Lock. Estás desechos, rotos y agotados.
Y están juntos.
Ness sigue aquí.
Ante esto, Kaiser suspiró y decidió dejarse llevar por el calor que empezaba a acumularse en su estómago, su pecho y su rostro, esa fiebre invasiva y poderosa que lo tenía tan cansado…
Cansado de todo.
Todo lo que no sea Alexis Ness.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- ☆ -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Para Jean-Jacques Rousseau, el ser humano nace con una bondad natural, pero esta es corrompida por la sociedad. En su obra, "Estado de naturaleza", los individuos son pacíficos y desinteresados, libres y en igualdad; sin embargo, el desarrollo de la propiedad privada y los deseos materiales son los que generan la desigualdad, el egoísmo y la maldad en la sociedad, desviando al ser humano de su bondad original.
¿Y qué es, específicamente, la “bondad”?
La inclinación de hacer el bien, una virtud que implica la compasión, la generosidad y la búsqueda del bienestar de los demás sin esperar recompensa. Martin Luther King la describe como una forma de activismo y de sacrificio a favor de los demás, algo que requiere valentía y perseverancia.
Pero, ya que el “bien” es algo relativo, Kaiser resumió todo lo que leyó en una frase sencilla:
“La bondad es la capacidad de sentir como propio el padecimiento de los demás y esforzarse en remediarlo”
Patético.
Aún así, a pesar de que jamás conoció a esa dichosa “bondad” de niño (en base a los recuerdos que más ruido le hacen en el cerebro), tras pensarlo mucho, podría decir que sacar a Ness de su soledad fue un acto bondadoso en sí mismo, aunque para él fuese algo únicamente parte de un plan para construir al lacayo perfecto. Esto contradice la teoría de la bondad innata, pero reafirma a la vez que esta virtud es mucho más importante para la evolución humana de lo que se cree.
En cualquier momento siempre se necesitará del “otro” para la supervivencia, para obtener algo que la naturaleza no dio en un principio a unos, pero si a los demás. Tiene sentido cuando observa que, precisamente, años de discriminación entre grupos es lo que ha provocado grandes desastres artificiales históricos, todo por culpa de la insistencia en las diferencias y en resaltar que los “otros” merecen ser eliminados.
Y los “otros” pasan a ser deshumanizados para que su erradicación sea menos conflictiva.
Pensarlo le fastidia.
La bondad será natural, pero no es un instinto lo suficientemente fuerte.
Guiado por todo lo que aprendió para sobrevivir, Kaiser no tenía idea de cómo reaccionar frente a la bondad cotidiana que nuevos individuos podían ofrecerle. Esa “bondad” suele tener otras intenciones ahí afuera y eso era todo lo que él conocía. Nadie merecía que sus heridas sean expuestas para que comprendan su forma de ser. Nadie merecía que él se rebaje a explicarse, pedir ayuda, pedir paciencia, pedir compasión, claro que no.
Solamente haría lo que tenía que hacer.
Entonces, Ness llegó a su vida y Kaiser lo obligó a quedarse.
Pero, un adolescente seguía siendo un adolescente.
Y por mucho que Kaiser se esforzó por mantener una actitud insensiblemente manipuladora frente a su “perro”, Alexis Ness derribó aquellos muros de ladrillo una y otra vez con una facilidad casi mágica, inmediata…
Una facilidad destinada, innata.
“Bondad innata”
Por mucho que se mostrara como un verdadero irresponsable, colérico, quisquilloso y claramente repulsivo para todos sus compañeros, quienes susurraron entre ellos palabras de satisfacción el día en que Kaiser resbaló a la mitad de una práctica y se dobló el tobillo, Ness fue el único que lo ayudó a llegar a la enfermería y estuvo con él todo el tiempo que le duró recuperarse completamente.
Incluso le colocó un curita a un tonto raspón que se hizo durante la aparatosa caída.
Kaiser le regañaba por sus atenciones, por sus faltas a los entrenamientos, por preguntarle todos los días si es que se encontraba bien. Kaiser no soportaba tanta amabilidad… ni lo que provocaba eso dentro de él.
Sonreír.
Sentirse… querido.
Un adolescente sigue siendo un adolescente. Un humano herido sigue siendo un humano.
“La bondad puede hacer mucho. Como el sol que derrite el hielo, la bondad evapora los malos entendidos, la desconfianza y la hostilidad”, dice Albert Schweitzer.
¿Ya se le había derretido el corazón aquel día que, como una forma de limpiar simbólicamente las lágrimas que Ness derramó por su culpa, le pidió que le corte y tiña el cabello?
Probablemente no del todo…
Aún así… ha pasado el tiempo y ya no puede negar más sus pensamientos de ese día, mientras las manos de Ness interferían con su identidad, con aquello que hasta ahora es lo que más cuida para protegerse del mundo, de su pasado.
- Quería que dejes tu huella en mí. Quería que se note que también te pertenezco
- ¿Uh?
Ese sonidito le pareció bastante similar al de un cuy y le provocó una sonrisa que Kaiser ocultó restregando su rostro aún más en el pecho de Ness.
El chico ciervo había perdido el sueño, el emperador tenía el estómago lleno y eso le impedía dormir. Una vez que ambos cedieron al impulso, Ness se dejó guiar por Kaiser hacia la habitación y acabaron recostados en la cama, inmediatamente siendo Alexis retenido por unos fuertes brazos y piernas como si Michael se estuviera asegurando de que Ness no se iría por nada del mundo.
Y se quedaron en silencio un rato…
Las manos ásperas acariciaron el cabello y el cuello de aquel animal salvaje que reaccionaba solo suspirando, un felino total.
El corazón de Ness latía tanto que se podía establecer un ritmo y, por un segundo, creyó que eso molestaría a Kaiser, pero solamente recibió una pequeña caricia en la espalda.
Se sintió dentro de un sueño…
Entonces, su emperador habló y lo sacó de la fantasía.
- Ese día en la academia, que te quedaste dormido llorando por mi culpa… - su voz estaba amortiguada por el cuerpo de Alexis, pero se podía escuchar bien - Yo no pude dormir, me sentía horrible y no tenía idea de por qué ni qué cosa me hizo decidir que acercarte aún más era la solución - otro suspiro, otro cosquilleo en la piel de Ness -. Hasta ahora…
Una sonrisa siempre dispuesta a él. Una mano que ayuda y acaricia.
Bondad innata.
Lo piensa más y le duele más.
Pero, es un dolor placentero. Es como romper un disfraz hecho completamente de cemento. Hiere, quema, cada pedazo desgarra un poco de su cordura, y a la vez lo sumerge en una paz… mirando al cielo, mirando a la luz, por primera vez.
- Me di cuenta que, mientras más quería formarte a mi manera, en realidad eras tú quién me cambiaba. Tú… tú y tu tonta bondad - se aferró a la camiseta de Ness por la espalda. Seguía luchando contra estas emociones para que no lo desborden y odiaba la sensación de no poder tener el control de ello -, era lo único que esperaba sentir cada día que no tuviera que ver con el fútbol.
- Kaiser…
- Shh, estoy hablando - aunque se negaba a dirigirle la mirada y parecía querer fundirse con el pecho de Ness -. Así que, pedirte que me cambies el cabello era mi manera de agradecerte por eso y… pues, demostrarle a todos que eres parte de mi vida.
Ness quiso morirse y llorar, pero se aguantó. Este momento era demasiado y si hacía o decía algo incorrecto, lo perdería. Mejor guardó silencio y mantuvo las caricias en aquel cabello que ahora significa mucho más para él que cualquier cosa en el mundo.
- De paso contarte lo que quería hacer para el futuro. Debiste pensarlo también, creo que fui demasiado obvio.
- ¿E-En qué..?
- En que quiero que estés conmigo para siempre…
Kaiser quería gritar, pero se estaba conteniendo.
Ness quería gritar, pero se estaba conteniendo.
Ninguno puede controlar lo que esta exposición de sentimientos les hace explotar dentro de sus mentes.
- Por eso… lo siento. Lamento todo lo que te dije en Blue Lock…
- No es necesario-
- ¡Sí lo es, joder! - lo interrumpió y lo apretó más en el abrazo - Ese lugar fue un infierno y el estúpido de Isagi me arruinó la vida, y su estúpido país de mierda se burló de mí y todos son una mierda y yo fui una mierda y todo era una mierda y-
Gritó. Por fin lo hizo. Gritó contra el pecho de Ness. Gritó todo lo que la fiebre le permitió. Gritó hasta lastimarse la garganta y hacer sentir a Ness el mismo dolor en su corazón, pero, maldición, él es tan fuerte que en ningún momento lo soltó ni dejó de suavizar cada mechón con cariño. Ness sintió su cuerpo vibrar, uñas clavarse en su piel a través de la tela, y no dijo nada, solo lo dejó ser porque sabía que lo necesitaba.
Hasta que Kaiser empezó a temblar y su voz rota ya no podía justificarse con nada más que no fuera un llanto liberador…
Tocar la luz…
- Tenía miedo… de perderte a ti también…
De perder la única esperanza que le quedaba para todavía sentirse humano.
- Pero… no sé que es querer o amar… no sé qué se debe hacer… - sus lágrimas humedecieron todo el pecho de Ness - Solo… solo sé que lo mereces y yo quiero dártelo, pero…
- Kaiser, mi Kaiser…
Con un poco de esfuerzo, logró que Michael se separe y así Alexis pudo tomarlo de las mejillas, suaves, enrojecidas y manchadas de llanto. El alma de Ness se estrujó ante esa escena. Ni la oscuridad de la habitación impedía que los hermosos ojos de su emperador brillen tan divinamente. Tan angelical, tan perfecto…
- Te juro que este momento es el acto de amor más grande que me puedes dar
- No es-
- Shh, mi amor - le dijo suavemente mientras le limpiaba las marcas con los pulgares -. Sí lo es, es más que amor, es algo absolutamente sagrado y si no me ves llorando también es porque me estoy resistiendo para poder seguir sosteniéndote - aún así, un ligero temblor se asomó en su voz -. No sé como agradecerte por tanto, pero si quiero que sepas que cada cosa que hice y seguiré haciendo por ti es con todo mi ser, con todo lo que tengo… Mi Kaiser… Eres precioso - no pudo contenerse más y le besó la frente - Te prometo que de ahora en adelante estaremos siempre juntos, incluso si te vas a España, encontraré la forma de que todo esté bien.
- Ya hiciste demasiado… - su voz se convirtió en un susurro, adolorido y un poco mareado - Yo también quiero esforzarme, pero… no será perfecto
- Ya es perfecto si viene de ti, mi amor
- No. Sé que tengo mucho qué hacer y mucho que cambiar. Si me das la oportunidad…
- ¡Claro que sí!
De repente, Ness le besó los labios, un piquito tierno y muy alegre, como el besito de un cachorro. Uno, dos, tres besitos en las mejillas, en la punta de la nariz, algunos en el cuello, de nuevo en sus labios y Kaiser quiso intentar que se quede ahí y le capturó el rostro, como Ness lo hace con él…
Y lo besó
Y se besaron
Lento, despacio, torpe e inexperto, pero con una gran felicidad llenándoles cada parte del cuerpo, limpiando poco a poco las heridas y transformando un ambiente de caos y desastre en algo hermoso.
Bello y natural. Sin máscaras, sin mentiras, sin esconderse de la vida.
Tan natural como lo que Kaiser sentía en los besos de Ness, como algo que debía ser, pero que le faltó durante mucho tiempo para finalmente poder respirar tranquilo.
- Ya no llores, no me importa tu pasado - Ness susurró encima de la boca de Kaiser, tarareando dulcemente una canción desconocida para el otro - Si yo te amo… Perdóname a mí por llegar tarde a lo que Dios me ha mandado
- ¿Qué es eso? - preguntó con una sonrisa y dejando otro beso después - Suena bien
- Te la mostraré cualquier otro día - Ness lo imitó, aunque él dio tres besos más
- Okey, pero no te olvides
Una promesa de futuro es todo lo que Kaiser necesita para ser feliz, para saber que todo estará bien.
En algún momento se quedaron dormidos.
Michael Kaiser despertó con los rayos del sol iluminando toda la habitación y un cuerpo y mente mucho más livianos, como nunca se había sentido antes.
A su lado, despeinado y con los labios hinchados, se encontraba el responsable de todo eso.
Alexis Ness seguía ahí.
