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El punto débil de Stan

Summary:

Stan solo quería un proyecto para compartir con Senku, pero subestimar lo fácil que cae ante los ojitos de cachorro del pequeño genio puede traer consecuencias incomodas.

Notes:

Hola:) sé que paso tiempo, pero el trabajo y otras ideas que tengo no me dejaban continuar este, pero en compensación he traído un capítulo largo.

 

Se que en el capítulo pasado Stanley es quien puso orden, pero quería hacer un capítulo donde el cayera por los encantos de Senku, así que salió esto. Espero les guste ♡

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Stan no tenía ni cinco minutos de estar en casa cuando su celular vibró sobre la mesa, haciéndolo retumbar contra la madera.

Era Brody.

—¡Stan, la tengo! —la voz de su amigo retumbó fuerte al otro lado de la línea, sin darle espacio para saludar continúo emocionado—. La última vez me dijiste que te avisara cuando me llegara una, y seguro querrás echarle un vistazo a esta.

Stan arqueó una ceja, medio divertido por el entusiasmo en la voz de Brody.

—Perfecto, gracias. Iré por ella ahora.

Colgó y deslizó el móvil en su bolsillo trasero, se levantó con decisión. No esperaba que apareciera tan pronto; tendría que apresurarse si quería que el mocoso la encontrara al llegar de la escuela.

Cuando Senku llegó a casa esa tarde, lo primero que llamó su atención fue la figura estacionada en medio del patio.

Una moto.

Se acercó de inmediato, movido por una mezcla de curiosidad y sorpresa. A primera vista, parecía un modelo antiguo, con el encanto de esas reliquias que han visto demasiadas carreteras. El chasis y el carenado estaba pintado en un negro mate que absorbía la luz, resaltado por detalles plateados que aún conservaban cierto brillo. Los asientos, de un café ya desgastado, mostraban la piel cuarteada por el paso del tiempo; el cuero parecía a punto de ceder. Algunas piezas colgaban torcidas, como si estuvieran sujetas por pura voluntad, pero a pesar del deterioro, Senku no pudo evitar pensar que era una moto bastante elegante como decía Xeno.

Nunca había sentido un gusto particular por las motocicletas, pero su hambre de conocimiento no hacía distinciones. Si podía aprender, entonces valía la pena explorarlo, y la mecánica era un campo demasiado jugoso para dejarlo pasar. Se inclinó hacia un costado, observando cada detalle con mirada curiosa, como si ya estuviera pensando en desarmarla pieza por pieza.

La voz ronca de Stan lo sacó de su concentración.

—Es una Yamaha XS650.

Senku se giró hacia él, arqueando una ceja con escepticismo.

—¿Te compraste una moto? —preguntó—. Es bonita… pero no creo que a Xeno le haga mucha gracia.

Stan soltó una risa breve, casi burlona.

—No es mía. Solo pensaba ayudar a Brody a repararla. ¿Te interesa? —inquirió, levantando una ceja de forma desafiante.

—Me gusta aprender de todo, lo sabes.

La sonrisa torcida de Stan fue suficiente para sellar el trato.

—Bien. Me ayudarás después de la escuela. Empezando hoy. —Ya iba encaminándose hacia la cochera cuando añadió— Apúrate y ve a cambiarte.

Senku no necesitó que se lo repitieran dos veces, salió corriendo escaleras arriba.

Un par de horas después, el taller improvisado estaba invadido por el olor a grasa y metal. En medio de destornilladores y piezas oxidadas, Stan y Senku trabajaban hombro con hombro, quitando los componentes dañados con paciencia y cuidado mientras Stan explicaba el funcionamiento de cada una. Fue entonces cuando Xeno apareció en la entrada de la cochera, su silueta recortada contra la luz del pasillo. Tenía los brazos cruzados y el gesto crispado.

—¿Qué es esto, Stanley? —preguntó con un tono que oscilaba entre la incredulidad y el horror.

Senku, con los ojos brillantes, se adelantó a responder.

—Es una Yamaha XS650. ¿No es genial, Xeno? Stan me está explicando cómo funciona cada pieza. El plan es dejarla como nueva.

La reacción de Xeno se suavizó apenas al ver el entusiasmo genuino del pequeño científico. Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa.

—Me alegra verte tan entusiasmado con tu nuevo proyecto, Senku. —Luego, sus ojos oscuros se posaron en Stan—. Stan, ¿podemos hablar?

Stan dejó a un lado la herramienta, se limpió las manos manchadas de grasa en sus pantalones y lo siguió sin rechistar hacia la casa.

—¿Sucede algo, Xe?

—Stanley, no quiero ver a Senku subido en esa tumba sobre ruedas —acusó, su voz más firme de lo que sus ojos preocupados dejaban ver.

Stan suspiró, encogiéndose de hombros.

—Lo sé, Xe. No pensaba subirlo en ella. Solo vamos a arreglarla, nada más. Al fin encontré algo en lo que pasar tiempo con el mocoso.

Xeno no pudo evitar que su expresión se ablandara. Había visto la frustración de Stan buscando una actividad que lo conectara con Senku, y aunque no le agradaba la idea de que una motocicleta estuviera involucrada, tampoco quería arrebatarle lo que tanto busco. Si Stan le prometía que no subiría a Senku, confiaba en que lo cumpliría.

Las semanas pasaron sin incidentes. Cada tarde, Senku regresaba puntual de la escuela y se unía a Stan en la cochera. Senku absorbía como una esponja cada explicación, cada detalle de cómo funcionaban las piezas y las herramientas, mientras Stan disfrutaba viéndolo con esa mezcla de fascinación y ambición que tanto lo caracterizaba y le recordaba a Xeno. La conexión que había buscado por fin florecía entre el olor a aceite y el sonido metálico de los engranajes.

Al fin, tras horas incontables de esfuerzo, la motocicleta parecía estar lista. Lucía impecable, como si hubiera rejuvenecido varias décadas de golpe. Nadie creería en el estado deplorable en que se encontraba cuando llegó.

Y, sin embargo, Stan sentía una punzada extraña. Un vacío. Tal vez decepción. El proyecto que lo había mantenido ocupado junto al mocoso estaba terminado, ahora solo faltaba probarla. Había prometido que no subiría a Senku, así que decidió que sería él quien la probaría, acompañado por Brody desde su auto.

No era tan estúpido como para tentar la paciencia de Xeno de forma tan descarada o eso pensaba hasta que Senku, con esos ojos brillantes y esa lengua venenosa, insistió más de la cuenta.

—Vamos, solo una vuelta corta. En línea recta. Con casco. Vamos, papá Stan, no seas anticuado.

El rubio lo miró como si hubiera pedido la luna. El pequeño gremlin sabia donde atacar, desde el viaje al campo de tiro Senku usaba “papá” cada vez que esperaba salirse con la suya y para desgracia de Stan funcionaba.

—Ugh… ¿y si Xeno se entera?

Senku sonrió con la seguridad de haber ganado la discusión.

—¿Quién le va a decir?


 

Y allí estaban, recorriendo las calles con el viento golpeándoles en la cara, Senku al frente, encorvado sobre el tanque riendo con emoción. Stan detrás, con las manos firmes en el manillar, sintiendo esa mezcla de orgullo y una puntada de vértigo que le daba la emoción de conducir una motocicleta. Brody los seguía en su camioneta con la caja de herramientas dando pequeños golpecitos en la caja, un ruido familiar que parecía la banda sonora de su pequeña aventura.

La vuelta había sido como habían acordado corta. En línea recta. Sin excesos. Incluso Stan iba más lento de lo normal. Y aun si sabía que estaba desobedeciendo a Xeno la sensación de libertad que le daba el viento lo divertía.

Pero justo cuando redujeron la marcha en un semáforo en rojo… la tragedia.

Un auto negro se detuvo a su lado. El motor ronroneo un instante y luego calló. Stan sintió un escalofrió que le subió por la columna antes que su cabeza comenzará a girar en cámara lenta. No podía creer que la vida pudiera odiarlo tanto.

El aire alrededor pareció hacerse más denso.

Xeno estaba en el asiento del conductor. Inmóvil. El mundo que lo rodeaba —la calle, los otros coches, el crujido de la caja de herramientas en la camioneta de Brody— se redujo a la presencia de Xeno. Miraba directo a Stan. No había nada efusivo en esa mirada ni una mueca, ni siquiera la menor señal de sorpresa. Solo una mirada afilada, perfecta y fría. Stan tragó saliva y notó cómo su pulso se aceleraba, no por la adrenalina, sino por la acusación silenciosa que tenía enfrente.

Por un instante, todo lo demás se volvió ruido de fondo.

Xeno, con esa calma que asusta, levantó apenas una ceja. Sus labios se movieron en un susurro casi inaudible— pero Stan lo leyó sin esfuerzo, como se leen los subtítulos de una película conocida.

—Hablaremos en casa.

La frase no prometía nada agradable. Stan se quedó inmóvil.

Senku, sin saber que más hacer hizo lo que su costumbre infantil le dicto, saludó a Xeno levantando una mano.

—Hola, Xeno —dijo, con voz rápida y un poco culpable —La moto nos quedó increíble ¿no crees?

Xeno respondió con una sonrisa. Pero no era una sonrisa casual ni despreocupada; era demasiado recta, demasiado contenida, como si fuera una máscara colocada con cuidado. El contraste la hacía más terrible; demasiado educada para ser sincera, demasiado perfecta para ser inocente.

Stan, sentado en la moto, sintió que el mundo le hacía una broma pesada. Quiso morirse.

Brody paso a su lado —Bueno, eso es tener mala suerte — y con esto siguieron su camino.

Cuando llegaron a la casa Stan vio como las luces del atardecer se reflejaban el auto negro de Xeno estacionado enfrente de la casa.

—Parece que ya llego a casa, me retiro. Espero sobrevivas esta noche amigo —Brody se despedía de Stan riéndose un poco por lo mal que le había salido todo.

—Estoy muerto. Literalmente muerto. —murmuro con suspiro pesado.

—No pensé que Xeno llegaría temprano hoy —replicó Senku, con una naturalidad casi insultante—. Pero si te disculpas, seguro te perdona.

El mocoso hablaba con calma, sin comprender lo que Stan había visto en aquellos segundos frente al semáforo la clase de furia contenida con la que no hace falta gritar. Senku no alcanzaba a imaginar cuán enojado estaba Xeno, ni que aquella sonrisa demasiado amable era peor que una amenaza.

Bajó a Senku con cuidado de la moto, le quitó el casco y lo sostuvo en una mano, forzando una media sonrisa.

—¿Por qué no vas adelantándote? Quiero guardar bien la moto y después hablamos sobre lo arreglos que le faltan.

Senku brillo con entusiasmo, completamente ajeno a la tormenta que se avecinaba.  

—¡Obvio! ¡Ya quiero modificarle el encendido! —dijo Senku, antes de salir corriendo hacia la casa con el cabello despeinado.

Stan se quedó un instante quieto, respiró profundo, como un criminal arreglándose la corbata antes de entrar al juicio. Guardó los cascos, cubrió la moto con una lona, bajó la puerta del garaje y escuchó el eco metálico del cerrojo cerrarse detrás de él.  Cada crujido del piso era equivalente al redoble de tambores de un pelotón de fusilamiento.

Se dirigió a la habitación que compartían y al abrir la puerta, lo encontró.

Xeno. De pie en medio del cuarto, tan erguido que parecía una estatua tallada en mármol. Los brazos cruzados, una mano descansando en su cintura. Sus ojos lo taladraban con una firmeza que ni los entrenamientos más severos habían conseguido.

Stan ni siquiera esperó.

—Sé que me dijiste que no. Sé que prometí no subirlo. Pero fue una vuelta, muy lenta—

—¿Stanley? — la voz de Xeno lo interrumpió.

—¿Sí? —Stan tragó en seco.

—Cierra la puerta. Vas a necesitar privacidad para esta conversación.

Stan obedeció, tragando tan fuerte que sintió que le raspaba la garganta. El clic del cerrojo retumbó en sus oídos como sentencia.

—¿Quieres decirme qué parte de “no quiero ver a Senku subido en esa tumba sobre ruedas” fue la ambigua?

Stan levantó ambas manos.

—Xeno… cariño… escúchame. Brody estaba ahí. Senku tenía casco—

—Me prometiste que no lo subirías y, sin embargo —Xeno dio un paso adelante, cada palabra golpeando más fuerte— te vi. En una moto con nuestro hijo.

—No es un bebé…—intentó debatir Stan, torciendo la boca.

—¡Tú tampoco y aun así no te importo la promesa que me hiciste! —la voz de Xeno subió apenas, pero el filo estaba ahí. Se llevó los dedos al puente de la nariz, respirando hondo, intentando contener la avalancha—. ¿Sabes lo que se me vino a la cabeza cuando los vi? Accidentes. Fracturas. Escenarios donde terminábamos en la sala de urgencia de un hospital.

Stan se calló. Lo entendía. Xeno siempre había sido más del tipo “prevenir mil veces antes que lamentar” cuando se trataba de Senku.

—¿Y si hubiera pasado algo? ¿Y si alguien no frenaba? ¿Y si una llanta reventaba? ¿Y si se caían? ¿Sabes lo que me hubiera pasado si uno de ustedes...?

La voz de Xeno se quebró un poco, apenas un segundo, pero fue suficiente para que Stan sintiera la culpa apretarle el pecho.

—Lo siento. —dio un paso, pero Xeno levantó la mano.

—Esta noche no dormirás aquí.

Stan lo miró como si le hubieran disparado.

—¿¡En serio!?

—¿Quieres seguir discutiendo y convertirlo en todo el fin de semana?

Stan abrió la boca, la cerró y bajó los hombros. —…No. El sofá está bien.


 

Senku bajó a la cocina temprano la mañana siguiente, frotándose los ojos, en pijama y con el cabello todavía más alborotado que de costumbre.

Se detuvo en seco al ver a Stan dormido en el sofá, doblado en un ángulo incomodo, con una pierna colgando y una manta apenas cubriéndolo.

—¿Stan?

—Mmgh… hola, genio —murmuró, abriendo un ojo con esfuerzo.

—¿Qué haces ahí? ¿Xeno te castigó?

Stan no respondió. Solo suspiró como un condenado.

Senku parpadeó terminando de despertar.

—¿Por lo de la moto?

Stan asintió sin fuerzas.

—Y encima ronco cuando duermo así. Me desperté con mi propio ruido.

Senku bufó una risa.

—Voy a arreglarlo —anunció, con esa seguridad absoluta que tenía cuando trataba de convencer a sus cuidadores.

—Buena suerte. Xeno enojado puede ser muy terco.

Senku se encamino a la cocina, preparó café como sabía que a Xeno le gustaba, exactamente 92°C, sin azúcar. Subió las escaleras con la taza humeante con la seriedad de un emisario en busca de paz.

Encontró a Xeno sentado en la cama, ya vestido, revisando documentos. Senku dejó la taza junto a él con una sonrisa cuidadosamente inocente.

—Café de disculpa de parte de mí y Stan.

Xeno lo miró de reojo sin dejar caer la compostura.

—Estoy perfectamente bien. Entendí no vuelvo a subirme a una moto. —apresuro a decir Senku

Xeno tomo la taza y bebió un sorbo.

—Fue Stan quien rompió la promesa.

—Pero insistí. Le insistí mucho. Usé los ojitos. Lo arrastré conmigo. —Senku se encogió de hombros—. Técnicamente, fui cómplice.

Xeno suspiró, el aire saliendo lento como si quisiera llevarse la rabia con él.

—Agradezco el café.

—¿Y Stan? ¿Puede volver a la cama? —pregunto Senku con una mezcla de ternura y descaro.

Xeno lo miró como si fuera adorable pero completamente inútil en materia de negociación.

—Vamos a dejar que piense un poco más en sus decisiones —contesto Xeno mientras le acariciaba la cabeza suavemente, dejando en claro que no estaba enojado con él.

Senku salió sacudiendo la cabeza.

—Papá Stan, tendrá que comprarse un colchón ortopédico si esto sigue así.

Stan, desde el sofá donde había escuchado todo respondió —Y aprender a no caer por esos ojitos de perrito abandonado.

—Pfft, buena suerte intentándolo —indico Senku asomando la cabeza desde el pasillo.


 

Esa noche, Stan volvió a mirar el sofá como si se tratara de una máquina de tortura.

Tenía una cobija demasiado corta, una almohada flaca y la firme convicción de que su espalda no aguantaría otra noche en ese intento de colchón. Se acostó con un suspiro dramático que hizo crujir los resortes.

Cinco minutos después, Senku apareció en pijama, con el cabello desordenado como siempre.

—¿Aún estás despierto?

—¿Parezco dormido? —rezongó Stan, con la manta envuelta hasta el cuello.

Senku rodó los ojos.

—Puedes dormir en mi cuarto si quieres.

Stan lo miró.

—¿No decías que nadie puede entrar en tu habitación lleno de experimentos?

—Ahora soy más permisivo. Y me das lástima.

—Eso último sobró, genio.

—Acéptalo o no. Estoy dejando que duermas en una cama —dijo mientras se giraba hacia el pasillo—. Asegúrate de no patear nada que haga explotar la casa.

Stan lo pensó unos segundos y luego se levantó a regañadientes, llevando su almohada y cobija con la dignidad rota.

A la mañana siguiente, Xeno se despertó temprano, como siempre. Fue al baño a cepillarse los dientes, aún algo dormido, y al salir se detuvo frente al sofá.

Vacío.

Parpadeó. Volvió a mirar.

Nada. Ni una manta fuera de lugar.

Bajó las escaleras con una sensación de intriga y un toque de preocupación. ¿Se habrá ido a dormir al auto? ¿Al laboratorio?

Pero al pasar frente al cuarto de Senku, se detuvo.

La puerta estaba entreabierta.

Y lo que vio lo obligó a cubrirse la boca para no reír en voz alta.

Por un instante, Xeno pensó que había retrocedido veinte años en el tiempo y que veía a dos niños durmiendo después de una pijamada.

Stan dormía de lado en el borde de la cama de Senku, completamente cubierto por la manta de estrellas. Estaba a la orilla del colchón a un hilo de caer de la cama, como si temiera invadir más espacio del que debía. Su brazo estaba apoyado sobre una almohada de repuesto. Senku, estaba hacia el otro extremo de la cama, dormía boca abajo, con el cabello alborotado cubriéndole la cara.

La escena era absurda, y también enternecedora.

Xeno se apoyó en el marco de la puerta y los observó en silencio. Stan, que había sido castigado, ahora dormía como un niño cansado, en la cama de su hijo casi adolescente. Xeno no pudo evitar tomar una fotografía.

Una vez tomada suspiró con una sonrisa y bajó a la cocina para comenzar a preparar el desayuno.

Un rato después, Stan bajó las escaleras desperezándose y rascándose la nuca, con el cabello despeinado y marcas de almohada en la cara.

—¿Dormiste bien? —preguntó Xeno sin mirarlo, revolviendo los huevos en la sartén.

Stan se detuvo, desconcertado. Xeno ya le hablaba con normalidad y se dio cuenta que estaba preparando el desayuno para los tres.

—¿No estás molesto?

—Claro que lo estoy. —Xeno volteó a verlo—. Pero me conmovió ver a un hombre de tu tamaño intentando no caerse de la cama por evitar invadir el espacio de su hijo.

Stan se pasó la mano por su cuello adolorido, incómodo.

—Bueno… fue más cómoda que el sofá. Pero no lo suficiente para repetirlo.

—Entonces —dijo Xeno sirviendo el desayuno—, si quieres evitar otra noche en el exilio, más te vale seguir mis reglas la próxima vez.

Stan se acercó y lo besó en la mejilla.

—Prometo pensarlo… al menos.

Xeno levantó una ceja.

—Parece que dos noches no fueron suficientes.

—¡Estoy bromeando!


 

A pesar de todo, Stan y Senku habían logrado arreglar los detalles que faltaban de la moto. Y aunque Stan no estaba dispuesto a arriesgar otra noche en el sofá tenía que probar la moto otra vez.

Cuando Xeno llegó de trabajar estaba agotado, como siempre después de lidiar con colegas insufribles. Solo quería relajarse. Pero al entrar notó algo extraño no había olor a comida, ni ruidos de sartenes. Que extraño, considerando que Stan a esa hora ya tendría lista la cena.

Al pasar a la sala, se encontró con la niñera jugando con Senku. Xeno siempre se preguntaba cómo seguía aceptando ese trabajo después de todas las rarezas que había visto, pero lo cierto es que ambos se llevaban bien.

—Buenas noches, Dr. Xeno —lo saludó la chica.

—Buenas noches… ¿Stan no está en casa?

—Hola, Xe. —La voz inconfundible de su esposo lo sobresaltó desde las escaleras. —llegas justo a tiempo.

Stan bajaba con paso seguro, vestido con pantalón negro ajustado y una camisa del mismo tono que se pegaba demasiado bien a su pecho. En sus manos, una chaqueta de cuero. Xeno se quedó sin aire, incapaz de apartar la mirada.

—¿Para qué? —atinó a preguntar, temiendo haber olvidado una fecha importante.

—Para una cita —contestó Stan con toda la naturalidad del mundo, plantándose frente a él y besándole la mejilla—. Vamos, ve a cambiarte. Tenemos que salir pronto.

Antes de que Xeno pudiera replicar, ya estaba camino a su cuarto, todavía confundido.

—Ponte algo cómodo, cariño. Te espero afuera —añadió Stan con un guiño.

El sonrojo en las mejillas de Xeno fue inevitable.

Cuando salió, lo encontró en la entrada, subido en la moto reparada. La escena lo dejó completamente cautivado por Stan, con una pierna apoyada en el suelo, fumaba mientras exhalaba una nube de humo que se deshacía con el viento. Sus labios, pintados de un morado oscuro, parecían más tentadores de lo que Xeno quería admitir. Los pantalones marcaban perfectamente sus piernas y el trasero, y la chaqueta le daba un aire rebelde irresistible.

Tal vez las motos no eran tan horribles después de todo. Xeno se quedó embobado hasta que Stan, divertido, rompió el silencio.

—Aunque me encanta que me veas así, Xe, debemos irnos.

—Es tu culpa por vestirte de esa manera —refunfuñó Xeno.

—Mi culpa, lo siento—rió Stan, apagando el cigarrillo con un gesto despreocupado.

El casco voló hacia Xeno, que lo atrapó por poco.

—¿En serio piensas que voy a subirme a eso? ¡Stan, esas cosas son peligrosas!

—Lo sé, lo sé. Y no volveré a dejar que Senku se suba. Pero vamos, al menos una vez tengo que probarla para saber que todo quedo bien, solo imagina que soy tu novio rebelde que te secuestró por una noche. ¿Qué dices?

Xeno lo fulminó con la mirada, aunque la comisura de sus labios temblaba, traicionándolo.

—Que estás loco y me voy a arrepentir de esto. —Se colocó el casco con un suspiro resignado.

Stan sonrió triunfante mientras Xeno, aún temeroso, se acomodaba detrás de él y rodeaba su cintura con los brazos.

Cuando Stan se acomodó para encender la moto la chaqueta de cuero crujió suavemente, Xeno desde atrás podía oler el tabaco en ella.

—Agárrate fuerte —le advirtió antes de arrancar.

El rugido del motor sobresaltó a Xeno, que instintivamente apretó los puños contra la camisa de Stan y pegó su cara a su espalda. El viento frío le golpeaba el rostro, haciéndole cerrar los ojos con fuerza, los nervios se arremolinaban en su estómago, y la única certeza que tenía era que no pensaba soltarlo jamás.

Stan, sintiendo el agarre desesperado y la calidez de Xeno a su espalda, solo sonrió de medio lado.

La moto tomó la primera curva y Xeno soltó un jadeo audible incluso con el rugido del motor.

—¡Stanley Snyder, si aceleras más me bajo ahora mismo!

—Tranquilo, Xe, ni siquiera voy tan rápido —Stan sonrió, disfrutando molestar un poco a su esposo.

Xeno se apretó más contra él, casi escondiendo la cara en su espalda.

—¡No me importa! ¡Te juro que si muero esta noche voy a volver a jalarte de los pies todas las madrugadas!

—Romántico como siempre —bromeó Stan, subiendo un poco la velocidad solo para provocarlo.

Xeno chilló, apretando con tanta fuerza que Stan tosió.

—¡Por todos los cielos, Stanley, desacelera o tu nueva habitación será la sala!

—Esa es una amenaza seria —rió él, inclinándose ligeramente al tomar otra curva—. Pero admítelo, Xeno ¿no te sientes un poquito vivo?

Xeno golpeó su hombro con la palma abierta, sin soltarlo ni un segundo.

—¡Lo único que siento es el ataque cardíaco que me estás dando!

Stan no pudo evitar reírse, encantado.

—Bueno, si me abrazas así de fuerte es difícil bajar la velocidad.

—¡Cállate y conduce derecho! —gritó Xeno, aunque el temblor en su voz lo delataba.

Stan, divertido, bajó la velocidad finalmente y condujo con calma. El viento ya no rugía, solo era una brisa helada. El agarre de Xeno seguía igual de fuerte, aún pegado a su espalda, tan tenso como un resorte, pero también cálido, confiándole su miedo. Stan estaba disfrutando de tenerlo así, aferrado a él como si fuera lo más seguro del mundo.

Cuando Xeno bajó de la moto, lo primero que notó fue el aire fresco de la carretera y el paisaje que se extendía frente a él. A lo lejos, las luces de la ciudad parecían reflejarse en un mar oscuro, como si las estrellas hubieran descendido a la tierra.

Se quitó el casco con un resoplido de alivio, y algunos mechones rebeldes se escaparon de su peinado.

—Tengo una razón mas para odiar las motocicletas. Que poco elegante. — Xeno replico mientras trataba de peinarse de nuevo.

Stan soltó una pequeña risa al verlo intentar devolver todos los cabellos en su lugar, lo que hizo que Xeno frunciera el ceño de inmediato.

—¿Qué? —preguntó irritado.

—Nada —respondió Stan, sonriendo de medio lado mientras le ayudaba a acomodar los mechones con sus dedos—. Solo que me acabo de dar cuenta de que no importa cómo luzcas… siempre serás el hombre más guapo que he visto.

Xeno sintió que el calor le subía a las mejillas, y antes de que pudiera replicar, Stan ya lo había tomado por la cintura, acercándolo aún más. Estaban tan cerca que podía sentir el aliento tibio de su esposo. Era absurdo ponerse nervioso. Era Stan, lo conocía de pies a cabeza. Y, aun así, algo en la ropa, la moto, la adrenalina… le hacía sentir como si estuvieran en una primera cita.

Los labios de Stan se acercaron hasta rozar los suyos. El beso empezó suave, lento, lleno de cariño, pero en segundos ganó intensidad. Xeno lo correspondió con la misma urgencia, enredando los dedos en su cabello sedoso, arrancándole un gemido bajo a Stan que lo apretó más contra sí. El sabor del cigarro todavía estaba ahí, ese que tanto odiaba, pero en ese momento no importaba, lo quería de todas formas.

Hasta que Xeno, con esfuerzo, se separó jadeando.

—Stan… estamos en un espacio público. Si seguimos así, terminaremos en la cárcel.

Stan rio contra sus labios, sin soltarlo del todo.

—Sí, tienes razón. Pero Xe me has tenido castigado desde ese día y ya pasaron semanas — respondió Stan con un puchero.

—Tu te lo buscaste —aun si Xeno parecía no tomar importancia el también se encontraba deseando más.

Stan le dio un pequeño beso rápido y lo tomó de la mano, guiándolo más cerca del borde del mirador—. Mira. Quería enseñarte esta vista que encontré por casualidad. La próxima vez podemos venir en el auto, traer a Senku y el telescopio.

Xeno sonrió, relajado por primera vez en toda la noche.

—Eso me encantaría.

Stan, sin embargo, apenas miraba la ciudad. Su atención estaba clavada en la expresión feliz de su esposo.

—Xeno en serio lamento haber roto la promesa.

—Lo sé. No estoy realmente molesto —dijo él, soltando una risa suave—. Te perdoné desde la mañana que Senku me llevo el café. Se que es difícil resistirte a Senku cuando usa sus habilidades de persuasión, pero tenía que castigarte un poco.

—¿Un poco? —bromeó Stan.

—Además, ya te lo cobraste con este “chistecito” de cita en moto. Y te lo advierto, no pienso volver a subirme a esa cosa. Aunque… debo admitir que tu ropa de motociclista no te queda nada mal. Bastante elegante debo decir —Xeno alzó una ceja y dejó que su mirada lo recorriera de pies a cabeza con toda la calma del mundo.

Stan sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Xe, ya basta… la abstinencia me está matando y lo estás haciendo peor.

—Créeme, yo también he sufrido con esto. Y creo que ya llegué a mi límite. —Con un tirón en la cinturilla del pantalón, lo atrajo hasta tener sus labios a centímetros de los suyos—. Así que, volvamos rápido a casa.

Stan sonrió, inclinándose para besarlo otra vez, pero justo en el último segundo, Xeno se apartó.

Stan se quedó a medio camino, engañado, mientras Xeno reía abiertamente y caminaba hacia la moto.

—Eres imposible —murmuró Stan, sonriendo al verlo de espaldas. Y sin más, lo siguió, dispuesto a que esa noche tuviera un cierre mucho mejor en casa.

Notes:

Me estoy dando cuenta que aunque mi personaje favorito es Xeno disfruto mucho escribir a Stanley.

Como siempre cualquier comentario es bienvenido y si quieren alguna idea en especifico que deseen leer pueden pedirlo, los estare leyendo :D

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