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Scorpius nunca había llegado tarde a ningún lado. Jamás. La puntualidad era algo que casi podía tocar, que lo definía de maneras que él mismo no entendía del todo, pero esta vez no fue su culpa. Si estaba corriendo por las calles de Londres como si lo persiguieran dementores, y tal vez sí hay un par de policías muggles que lo miran extrañamente cuando pasa corriendo entre la multitud, era porque culpa del maldito de Teddy.
Debería haber sabido que no podía confiar en él para algo tan simple, piensa Scorpius mientras esquiva a una mujer con carriola que le grita algo que no logra escuchar por encima del ruido del tráfico.
Se suponía que Teddy iba a ayudarlo llevando su auto al mecánico y arreglar lo que sea que tuviera el motor que había estado haciendo ruidos extraños durante la última semana. Era un plan simple: Teddy recogería el auto temprano, lo llevaría al taller, y Scorpius tendría tiempo de sobra para llegar a su graduación porque todos esperan que sea responsable. Pero por supuesto, nada salió según lo planeado.
Scorpius está llegando tarde a algo que debería ser uno de los momentos más importantes de su vida, y debe llegar a tiempo porque, después de todo, se está por graduar de la universidad y él debe dar un discurso como el estudiante con las mejores calificaciones de su promoción. Es algo muy importante y algo irónico también, porque debería haber estado en el auditorio desde hace horas, preparándose, revisando sus notas una última vez, calmando sus nervios. Otra vez es culpa de Teddy por no cumplir con algo tan simple como llevar un auto al mecánico.
Dos años de terapia para aprender a no culpar a otros por todo, y aquí estoy, piensa mientras salta sobre un charco que amenaza con arruinar sus zapatos de vestir. Pero esta vez realmente es su culpa.
Pero el llegar tarde ya es algo a lo que Scorpius se está acostumbrando desde hace años, no porque él quiera, claro está, siempre son otros factores que influencian eso, circunstancias que están fuera de su control y que conspiran para complicar lo que deberían ser situaciones simples. Por ejemplo, aquella tarde cuando llegó tarde a la exposición de un trabajo importante en la universidad porque debía ir a San Mungo para su chequeo rutinario semanal con la sanadora especialista en trauma cerebral.
Scorpius recuerda vívidamente cómo su padre Harry no solo rompió el Estatuto Secreto al aparecer ambos dentro de la universidad inmediatamente después de la cita médica, sino cómo los estudiantes muggles se quedaron boquiabiertos viendo aparecer a dos personas de la nada en medio del lugar. Harry había tenido que modificar tantas memorias esa tarde que llegó a casa con una jaqueca que le duró tres días.
"Lo siento, hijo," había dicho Harry esa noche mientras se sostenía la cabeza entre las manos. "Sé que odias llegar tarde, pero era importante que te viera la sanadora."
"No es tu culpa, papá," había respondido Scorpius, aunque por dentro se sentía frustrado por la atención constante que requería su recuperación.
O aquella otra vez memorable cuando Scorpius llegó tarde a su reunión quincenal con el grupo de apoyo porque Teddy no lo quería dejar de abrazar y menos de terminar su cita en el parque cerca de Grimmauld Place. Habían estado sentados en una banca bajo los árboles, hablando de cosas sin importancia, cuando de repente Teddy lo había abrazado con una intensidad que los había llevado a perder completamente la noción del tiempo.
Esas fueron épocas más simples, piensa Scorpius mientras el semáforo cambia y puede cruzar la calle corriendo. Cuando lo más complicado en mi vida era llegar tarde a las citas.
Claro que también habían veces como aquella durante el primer aniversario de la muerte de Aster, una fecha que se acerca cada año como una tormenta inevitable que oscurece todo a su paso. Scorpius había intentado tomarse una fuerte dosis de pociones sin sueño, una cantidad que sabía que era peligrosa pero que en ese momento le había parecido la única manera de silenciar el dolor que lo consumía desde adentro como ácido.
Harry, quien no le quitaba la mirada de encima durante las fechas difíciles, había logrado impedirlo justo a tiempo. Había entrado al baño y había encontrado a Scorpius con el frasco en las manos, temblando no de miedo sino de necesidad desesperada.
"Por favor, no," había suplicado Harry con lágrimas en los ojos. "Por favor, no me hagas pasar por eso otra vez."
Harry había logrado convencer a Scorpius de practicar rutinas físicas leves bajo la supervisión constante de Teddy en lugar de recurrir a las pociones. Habían empezado con caminatas cortas por el jardín, luego ejercicios de respiración, y eventualmente pequeñas rutinas de yoga que Teddy había aprendido específicamente para ayudar a Scorpius con la ansiedad.
Papá siempre sabe qué decir, piensa Scorpius mientras muestra su carnet de estudiante al guardia de seguridad de King's Business School. Incluso cuando estoy en mi peor momento.
Por supuesto, esa no fue la última recaída de Scorpius. Hubo más, muchas más de las que le gustaría admitir. Algunas asustaron a toda su familia hasta el punto de que Harry no durmió durante días enteros, manteniéndose despierto en una silla junto a su cama. Otras recaídas asustaron al mismo Scorpius cuando se daba cuenta de lo cerca que había estado del borde, de lo fácil que sería simplemente dejarse caer.
Había momentos donde se aislaba completamente de todos, donde no quería ni respirar el mismo aire que otras personas porque se sentía como si fuera tóxico para cualquiera que se acercara a él. Y otros momentos donde los necesitaba desesperadamente, donde se aferraba a Harry o a Teddy como si fueran los únicos pilares que lo mantenían de pie en un mundo que se tambaleaba constantemente.
Los días buenos y los días malos, piensa mientras corre por el pasillo de la universidad hacia el baño más cercano.
Mientras Scorpius abre su mochila buscando sus cosas no puede evitar recordar esos días de energía, esos días brillantes donde parecía que iba a salir adelante completamente, donde creía con todo su corazón que superaría todo el dolor y se convertiría en la persona que Aster habría querido que fuera. Y también recuerda los días grises, esos días oscuros donde se derrumbaba sin previo aviso, donde lloraba hasta quedarse sin lágrimas, gritaba hasta que su garganta se volvía áspera, y se lastimaba a sí mismo porque el dolor físico era más fácil de entender que el emocional.
De manera involuntaria, su mano va hasta detrás de su oreja izquierda, donde aunque no puede ver el tatuaje puede sentir las letras bajo sus dedos como si fueran relieve. El nombre de Aster está ahí, escrito en una tipografía elegante que el tatuador había recomendado, permanente como el amor que siente por él.
Scorpius recuerda vívidamente cómo imaginar a Aster llegando a la mansión Malfoy le había provocado una de sus recaídas más fuertes y peligrosas. Había estado en su habitación, mirando por la ventana como siempre hacía, cuando de repente había visto una figura que se parecía a Aster caminando por el sendero del jardín. Por supuesto, había sido su imaginación, una alucinación producto del estrés y la medicación, pero en ese momento había sido tan real que Scorpius había intentado saltar desde su balcón, convencido de que Aster lo estaba llamando desde abajo.
Fue la primera vez que realmente entendí lo mal que estaba, piensa mientras abre más su mochila para sacar su toga de graduación. Cuando papá lloró y me suplicó que no lo dejara.
Esa había sido la primera vez que Scorpius fue completamente consciente de lo grave de su situación mental, cuando vio a Harry llorando de una manera que nunca había presenciado, suplicándole que no lo dejara solo en el mundo. Scorpius había aceptado la ayuda profesional en ese momento, había aceptado recibir tratamiento intensivo y había comenzado el arduo trabajo de aprender a vivir con el dolor en lugar de ser consumido por él.
Después de meses de arduo trabajo con terapeutas, psiquiatras y sanadores especializados, Scorpius había dejado de ver a Aster en lugares donde no podía estar. Las alucinaciones habían cesado gradualmente, reemplazadas por una comprensión más madura de lo que significaba el duelo y la pérdida. Había tomado la decisión de retomar sus estudios universitarios, lo cual había requerido más tiempo y evaluaciones hasta recibir la aprobación de todos los profesionales involucrados en su cuidado.
Valió la pena cada sesión dolorosa, piensa mientras se pone la toga sobre su traje. Cada lágrima, cada momento de querer rendirme.
Lo que más nostalgia le produce ahora es recordar cómo después del primer día de regreso a la universidad, Scorpius fue con Harry, quien lo había recogido puntualmente, a un estudio de tatuajes en el centro de Londres. Había sido una decisión impulsiva pero necesaria, algo que había estado considerando durante meses.
"¿Estás seguro de esto?" había preguntado Harry cuando Scorpius le explicó lo que quería hacerse tatuar.
"Completamente seguro," había respondido Scorpius con una determinación que sorprendió a ambos.
Scorpius había sonreído cuando Harry intentó convencerlo de hacerse otra cosa, tal vez algo más abstracto o simbólico, pero había mantenido su decisión. Harry había dejado de insistir eventualmente, entendiendo que era algo que Scorpius necesitaba hacer por sí mismo. Incluso se había hecho dos tatuajes ese mismo día: uno con el nombre de Scorpius en su muñeca izquierda y otro de Draco en la derecha.
"Si tú puedes llevar su nombre contigo," había dicho Harry mientras el tatuador trabajaba en su piel, "entonces yo puedo llevar los nombres de las personas más importantes de mi vida."
Pensar en su papá Draco ahora ya no es tan doloroso para Scorpius como solía ser. Ha aprendido a separar los recuerdos traumáticos de los momentos hermosos que compartieron después de todo el horror con Zabini.
Scorpius saca de la mochila los apuntes de su discurso. Caminando por los pasillos los repasó, con nervios desbordándolo, con la certeza de que todo su cuerpo estaba hecho de vidrio a punto de romperse, se detiene afuera de las puertas del auditorio, siente los nervios familiares con más fuerza revoloteando en su estómago como mariposas frenéticas. Repasa su discurso en voz baja, las palabras que ha memorizado y practicado hasta que fluyen naturalmente, mientras abre la puerta ligeramente y echa un vistazo al interior.
Suspira con alivio al ver que aunque ya ha iniciado la ceremonia, todavía tiene tiempo de decir su discurso. El rector está dando la bienvenida a los familiares y hablando sobre los logros de la promoción. Con cuidado y sutileza, Scorpius entra y busca su asiento reservado en la primera fila.
Por un momento logra mirar hacia atrás, donde están sentados los familiares en las últimas gradas. Puede ver a Harry claramente, su rostro iluminado por la sonrisa orgullosa que Scorpius conoce tan bien. Sus hermanos James, Albus y Lily están sentados a su lado, aunque Lily parece estar discutiendo con Teddy sobre algo mientras Teddy, nervioso como últimamente parece estar, no deja de tocarse el cabello castaño claro que se oscurece ligeramente en las raíces.
Aunque ningún asiento está vacío físicamente, Scorpius siente que faltan dos personas importantes ahí, dos ausencias que siempre van a ser parte de cualquier celebración familiar. Pero cuando su abuelo Lucius logra verlo entre la multitud y le da una sonrisa que es feliz y a la vez un regaño por la demora, Scorpius solo le sonríe de vuelta, al igual que a su abuela Narcissa que le manda un beso discreto.
Se sienta en su lugar asignado y vuelve a tocarse detrás de la oreja, donde el tatuaje de Aster le da ánimos silenciosos. Es como tener una parte de él siempre presente, un recordatorio de que el amor no muere solo porque la persona ya no esté físicamente presente.
"Scorpius Potter-Malfoy," anuncia el rector con voz clara que resuena por todo el auditorio, "estudiante destacado de nuestra promoción, nos dirigirá unas palabras."
Mientras camina por las pequeñas escaleras hacia el estrado, Scorpius mira al público y nota inmediatamente cómo James ya tiene la cámara encendida, enfocándolo con la dedicación de un profesional. Scorpius espera verse bien en el video, que cuando se lo enseñen más tarde a su papá Draco, este se sienta orgulloso y no triste por no haber podido asistir a su graduación en persona.
Pero yo fui quien más le insistió que no viniera, piensa mientras ajusta el micrófono a su altura. No valía la pena el riesgo.
Aunque su papá Draco está infinitamente mejor que al inicio, mucho mejor de aquella época horrible cuando Scorpius lo vio bajo los efectos del filtro de muertos en vida, pálido como un fantasma y perdido en algún lugar profundo de su propia mente, Scorpius no quiere ponerlo en riesgo. Las multitudes y los espacios cerrados aún lo ponen nervioso, y Scorpius no soportaría ser responsable de otra pérdida más en su familia.
Se toca una vez más detrás de su oreja, donde el nombre de Aster le da la fuerza que necesita, e inicia su discurso mirando directamente al frente. Su mirada se dirige hacia el lugar que, en otra vida, en otro mundo paralelo donde las cosas fueron diferentes, Aster habría ocupado durante su graduación. Un mundo donde estarían celebrando juntos este momento, donde Aster estaría en primera fila con esa sonrisa que hacía que todo valiera la pena.
"Queridos compañeros de clase, profesores, y familias que nos acompañan," comienza Scorpius con voz clara y firme, "hoy no solo celebramos el final de una etapa académica, sino el comienzo de nuestras vidas como profesionales preparados para cambiar el mundo."
Su discurso habla sobre perseverancia, sobre encontrar propósito en medio de la adversidad, sobre cómo los momentos más oscuros pueden enseñarnos las lecciones más importantes. Habla sobre la importancia de la familia, del apoyo mutuo, y de nunca rendirse incluso cuando todo parece imposible.
Cuando termino, el auditorio exploto en aplausos y vítores que resuenan por todo el espacio. Scorpius sonríe genuinamente, porque lo logró, porque está vivo, porque después de todo lo que ha pasado está aquí, de pie, graduándose con honores de una de las mejores universidades de Londres.
Lo logré, piensa mientras saluda al público. Contra todo pronóstico, lo logré.
Aunque nunca vaya a superar completamente la falta de Aster, aunque jamás pueda dejar de sentir ese vacío específico y único que su muerte dejó en su vida, Scorpius ha logrado algo que una vez pensó que era imposible: ha sobrevivido. Más que eso, ha aprendido a vivir con el dolor, con las heridas que nunca van a sanar completamente pero que ya no lo definen por completo.
Ha aprendido que se puede amar profundamente a alguien que ya no está y al mismo tiempo construir una vida que vale la pena vivir. Ha aprendido que el dolor no desaparece, pero se puede transformar en algo que no sea destructivo. Ha aprendido que, aunque nunca se lo haya dicho directamente, esto era exactamente lo que Aster habría querido para él: que viviera, que creciera, que encontrara maneras de ser feliz incluso en su ausencia.
Y por primera vez en mucho tiempo, esa certeza no le pesó.
El eco de los aplausos aún resonaba en los muros del auditorio cuando Scorpius bajó del estrado con el diploma apretado en su mano. Cada paso era liviano, como si sus pies apenas rozaran el suelo, aunque su pecho ardía con una mezcla de orgullo, nervios y un vacío extraño que se negaba a llenarse. Apenas había avanzado unos metros cuando James lo embistió como una ráfaga de entusiasmo, abrazándolo con fuerza, casi sofocándolo, mientras hablaba a mil por hora.
"¡Scorpius! ¡Fue increíble! ¡Tu discurso fue perfecto! ¡Todos estaban llorando! ¡Grabé todo! ¡Draco va a estar tan feliz cuando vea el video!" dice James sin parar para respirar, apretando el abrazo hasta que Scorpius siente que va a quedarse sin aire.
Lily no demora ni un segundo en unirse a la celebración, prácticamente saltando sobre ambos hermanos para crear un abrazo grupal que es más caótico que afectuoso. "¡Mi hermano es un genio! ¡Eres oficialmente la persona más inteligente de toda la familia!" grita con su voz aguda que se eleva por encima del ruido general del auditorio.
Aunque Harry intenta acercarse y calmar a sus hijos para que dejen de asfixiar a Scorpius y poder abrazarlo él mismo, sus hermanos no le hacen el menor caso, demasiado perdidos en su propia emoción como para notar las señales desesperadas de su padre.
"James, Lily, denle espacio," dice Harry con voz que trata de sonar autoritaria pero que está teñida de diversión. "Yo también quiero felicitar a mi hijo."
Albus es el siguiente en sumarse al caos, empujando a James y Lily para hacer espacio mientras abraza a Scorpius con una intensidad que habla de meses de preocupación finalmente liberada. "Sabía que lo lograrías," murmura contra el oído de Scorpius. "Nunca dudé ni por un segundo."
Finalmente, después de lo que se siente como una eternidad de abrazos fraternales, Harry logra empujar a Albus para tener su momento. Abraza a Scorpius, lo alza completamente del suelo, y lo hace girar en el aire como si fuera un niño pequeño otra vez, sin importarle que estén rodeados de cientos de personas o que Scorpius lleve una toga de graduación.
"Estoy tan orgulloso de ti," dice Harry con voz quebrada por la emoción, y Scorpius puede ver las lágrimas que brillan en sus ojos verdes. "Tan, tan orgulloso de todo lo que has logrado."
Scorpius siente como si su corazón fuera a explotar de felicidad y dolor mezclados.
Sus abuelos, Lucius y Narcissa, son los siguientes en acercarse para felicitarlo.
Lucius puso una mano firme en su hombro, mientras decía con voz grave para no llorar: “No soy digno de ser tu abuelo, Scorpius. Hoy has honrado a toda la familia.”
Narcissa lo abrazó después, más tierna, acariciándole el cabello como si aún fuera un niño. “Mi pequeño, estoy tan feliz de verte así.”
Scorpius nota que Teddy está parado atrás del grupo, claramente nervioso y aún sin acercarse a felicitarlo.
A su alrededor, las familias celebran a sus recién graduados en escenas que se repiten por todo el auditorio. Hay flores siendo entregadas, abrazos que duran minutos enteros, llantos de alegría y risas que resuenan por todo el espacio. Hay fotografías siendo tomadas, palabras de felicitación gritadas por encima del ruido, y una energía de celebración que es casi tangible.
Pero Scorpius solo puede ver a Teddy, porque él lo mira con una profundidad que va más allá de una simple felicitación. En esos ojos avellana que conoce tan bien, Scorpius ve nerviosismo evidente, pero también algo más, algo que ha estado notando en Teddy durante los últimos meses sin poder identificar completamente qué es.
El corazón de Scorpius dio un vuelco. No, no ahora, no aquí.
Aun así Scorpius toma la decisión de dar el paso, es quien se mueve hacia Teddy en lugar de esperar a que él se acerque. Es quien camina a través de la multitud celebrante, aunque su dedo encuentra instintivamente el lugar detrás de su oreja donde está el tatuaje de Aster, aunque algo profundo dentro de él le dice que no avance, que se quede donde está, que huya de lo que sea que está a punto de pasar.
Pero Scorpius no hace caso a esa voz interior, y Teddy lo recibe con una hermosa sonrisa que transforma completamente su rostro nervioso, con esos ojos cálidos que lo han acompañado durante los momentos más difíciles de su recuperación.
Scorpius sabe instintivamente lo que Teddy le va a decir antes de que abra la boca, puede leerlo en su postura, en la forma en que sus manos tiemblan ligeramente, en la intensidad con la que lo está mirando.
James, siempre preparado para capturar los momentos importantes, alista la cámara con movimientos rápidos y eficientes. "¡Esto no me lo pierdo!" susurra con emoción evidente.
"¡James, apaga esa cosa!" protesta Albus, claramente incómodo con la idea de que este momento íntimo sea grabado para la posteridad.
Lucius los silencia a ambos con una sola mirada autoritaria que habla de décadas de experiencia controlando situaciones sociales. "Silencio. Este es el momento de su hermano."
Lily chilla de emoción pura, saltando ligeramente sobre sus pies como si no pudiera contener la energía que corre por su cuerpo. "¡Esto es mejor que las películas!" grita sin importarle quién la escuche.
Narcissa sonríe emocionada, sus manos entrelazadas frente a su pecho en una postura que habla de años esperando este momento específico.
Harry mira directamente a Scorpius en lugar de a Teddy, claramente esperando una señal de si esto es algo que su hijo realmente quiere o no. Sus ojos verdes buscan en el rostro de Scorpius cualquier signo de incomodidad o dudas.
Scorpius sonríe, dándole a Harry la señal silenciosa que está buscando, y entonces Teddy se arrodilla frente a él sobre el suelo frío del auditorio. El ruido a su alrededor parece disminuir como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo, y Scorpius acaricia inconscientemente el tatuaje detrás de su oreja, buscando la fuerza de Aster para lo que está por venir.
Teddy empieza a hablar con voz que tiembla por la emoción y los nervios. "Scorpius, empecé a amarte aún sin conocerte realmente, desde que eras solo historias que Harry me contaba sobre su amado hijo. Tu perseverancia, tu fuerza, la forma en que has luchado por salir adelante después de todo lo que has vivido."
Las palabras de Teddy fluyen como agua, hablando sobre su espera paciente a que Scorpius mejorara lo suficiente como para estar listo para una relación, sobre cómo nunca perdió la esperanza incluso en los momentos más oscuros.
"Te esperé," continúa Teddy, y hay tanta sinceridad en su voz que hace que el corazón de Scorpius se contraiga. "Esperé porque sabía que valía la pena. Esperé porque te amo de maneras que ni siquiera sabía que eran posibles."
Teddy se le confiesa completamente, le habla de amor verdadero, de oportunidades de construir algo hermoso juntos, de una nueva vida que pueden crear lado a lado. Son palabras tan hermosas, tan perfectas, tan llenas de promesas de felicidad que Scorpius cierra los ojos instintivamente.
Con los ojos cerrados, Scorpius se permite desear, implorar e imaginar que al abrirlos vaya a ver unos ojos azules profundos que podían cambiar a negros bajo ciertas luces, cabellos negros y rizados que se movían constantemente con el viento, una sonrisa tan coqueta y alegre que hacía que todo el mundo pareciera más brillante. Un rostro que nunca logró despedirse, una voz que nunca pudo decir las palabras que Scorpius necesitaba escuchar.
Aster, piensa con un dolor que es tan familiar como respirar.
"Scorpius," dice Teddy con voz que se quiebra por la emoción, "¿quieres ser mi novio?"
Scorpius abre los ojos lentamente, siente las lágrimas que se han acumulado en sus pestañas como diamantes líquidos, siente el peso de las miradas de muchas personas: de compañeros de clase, de su familia, de profesores y desconocidos que han decidido detenerse a presenciar este momento íntimo.
Al ver el rostro iluminado y ansioso de Teddy, lleno de esperanza y amor genuino, Scorpius sonríe a pesar del dolor que siente en el pecho. "Sí," dice con voz clara que resuena en el espacio que los rodea.
Es lo correcto, se dice a sí mismo. Teddy me ama, y yo...
Teddy se endereza inmediatamente, lo abraza con una fuerza que habla de meses de tensión finalmente liberada, lo gira en el aire, y lo besa con una pasión que hace que las personas a su alrededor aplaudan y griten de alegría.
Hay ruido por todas partes, aplausos espontáneos, vítores de aprobación, sonidos de teléfonos y cámaras capturando el momento para la posteridad. La celebración los envuelve como una ola de calidez y aprobación.
Pero Scorpius cierra los ojos durante el beso, deseando desesperadamente que al abrirlos sea otra persona quien lo esté besando, que sean otros labios los que estén contra los suyos, que sea otra voz la que esté susurrando palabras de amor contra su piel.
Al abrir los ojos, es el rostro feliz y tan cálido de Teddy el que lo mira como si Scorpius fuera su todo, su universo completo, su razón de existir. Scorpius le sonríe de vuelta porque es lo que se espera, porque es lo que Teddy merece, porque es la única manera que conoce de ser amable con alguien que lo ama tan genuinamente.
Teddy es bueno, piensa mientras trata de convencerse a sí mismo. Teddy me ama de verdad, y eso tiene que ser suficiente.
Se toca detrás de su oreja otra vez cuando Teddy finalmente lo suelta para recibir las felicitaciones de la familia, que se acerca como una avalancha de emoción y aprobación.
James se lanza literalmente sobre Teddy y parece estar asfixiándolo en un abrazo que es más violento que afectuoso. "¡Bienvenido oficialmente a la familia!" grita con alegría que es genuinamente contagiosa.
Harry llega primero a Scorpius. Lo abraza suavemente y le pregunta al oído, en voz tan baja que nadie más puede escuchar, "¿Estás bien? ¿Esto es lo que realmente quieres?"
Scorpius mira a Teddy, que está tan feliz, tan radiante mientras recibe felicitaciones de todos lados, brillando con una alegría que es hermosa de presenciar. "Sí," responde, aunque no está completamente seguro de si está mintiendo o diciendo la verdad.
Pero al cerrar los ojos y dejar que el calor familiar de su padre lo envuelva como una manta protectora, Scorpius no puede evitar desear, anhelar con cada fibra de su ser que al abrirlos, Aster esté ahí con él, sonriendo con esa sonrisa que hacía que todo en el mundo tuviera sentido.
Al abrir los ojos, todo sigue exactamente como antes. Sus hermanos bromean con Teddy, que se ruboriza adorablemente por el sermón que Lucius y Narcissa le están dando sobre tratar bien a su nieto. Harry lo mira con esa mezcla de cautela paternal y felicidad genuina.
Y Scorpius se toca detrás de su oreja una vez más, buscando la fuerza silenciosa que el nombre de Aster siempre le proporciona.
Perdóname, piensa hacia el recuerdo de Aster. Perdóname, mi amor.
Al llegar a la mansión Malfoy, la fiesta por la graduación de Scorpius inicia oficialmente con sus llegadas. La casa se llena inmediatamente de ruido, voces alegres, y una energía celebratoria que transforma los espacios usualmente elegantes y silenciosos en algo vibrante y lleno de vida.
Scorpius recibe doble felicitaciones durante toda la noche: por terminar exitosamente su carrera de administración y gestión de negocios internacionales como el mejor de su promoción, y por su nueva relación con Teddy que claramente tiene la aprobación de toda la familia extendida.
Hay ruido constante de conversaciones superpuestas, hay risas que resuenan por el jardín, hay bromas que se hacen cada vez más elaboradas a medida que la noche avanza, hay música que flota en el aire creando una banda sonora perfecta para la celebración.
Cuando Scorpius finalmente logra escapar del centro de atención y se retira a la mansión para tomarse un momento de calma necesaria, ve a sus padres sonreírse en uno de los salones privados. De fondo puede escuchar su propia voz reproduciendo el discurso que dio esa mañana, y ve cómo Draco escucha con atención total, con una sonrisa orgullosa que transforma completamente su rostro usualmente reservado.
Scorpius ve a su papá Draco tan feliz, tan vivo, tan presente de maneras que no imaginaron fuera posible, y siente una mezcla compleja de felicidad genuina y dolor profundo. Se toca detrás de la oreja mientras se aleja discretamente para dejarlos solos en su momento íntimo de orgullo paternal.
Al menos papá está bien, piensa mientras camina por los pasillos familiares. Al menos él logró regresar completamente.
Pasa por uno de los baños de visita y, aun con la puerta cerrada, puede escuchar claramente un llanto femenino que es imposible de ignorar. No es necesario entrar para que Scorpius sepa que dentro está Victoire llorando, aún sin superar completamente la pérdida de Teddy, aún procesando el dolor de verlo enamorarse de alguien más.
Scorpius la comprende de maneras que le duelen hasta los huesos, pero también la odia un poco, porque si él fuera ella, si Teddy fuera Aster, él no estaría escondido en un baño llorando por la pérdida de su amor. Él estaría luchando por recuperarlo, estaría haciendo todo lo posible por cambiar la situación, por no rendirse jamás.
Pero Aster está muerto, se recuerda a sí mismo con brutalidad. Y los muertos no regresan, sin importar cuánto luches.
Ese pensamiento doloroso se desvanece abruptamente cuando, cerca de la entrada del jardín donde está desarrollándose la fiesta principal, se encuentra con Teddy, quien se acerca con esa sonrisa radiante que ha estado llevando toda la noche. Lo abraza inmediatamente, lo besa con cariño genuino, y lo lleva de vuelta hacia donde está el resto de la celebración.
Scorpius se deja guiar sin resistencia, permite que Teddy lidere el camino de vuelta hacia la multitud celebrante. Pero mientras los amigos de Teddy y los primos Weasley los ven acercarse y empiezan a molestarlos con comentarios sobre su nueva relación, Scorpius se toca detrás de su oreja una vez más.
Voy a intentar ser feliz, se promete a sí mismo mientras sonríe ante las bromas cariñosas. Voy a intentar ser la persona que Teddy merece.
Dentro de sí, Scorpius sabía que no había superado nada. Que seguía de luto por Aster, aunque nunca fueron pareja, aunque jamás hubo un beso. Para él, Aster lo había sido todo. Y ahora, en medio de la fiesta, en brazos de alguien que lo quería de verdad, se conformaba con un amor que no podía llenar el vacío. Porque Aster no estaba. Y nunca volvería.
Años después…
Scorpius nunca ha creído en la reencarnación, en la existencia de otra vida después de la muerte, ni en esas cosas espirituales que algunas personas abrazan como verdades absolutas. No creía en esas cosas, o al menos no las creía hasta que su mundo cambia para siempre. Ahora, mientras los sanadores se apresuran a su alrededor limpiándolo después del parto, cosiéndolo con precisión médica, Scorpius solo puede ver al pequeño ser que es cuidadosamente puesto en sus brazos por Teddy, quien tiene lágrimas de alegría corriendo por sus mejillas.
Scorpius solo puede sollozar y sonreír simultáneamente al ver a tan pequeño ser tan perfectamente formado, tan hermoso que le corta la respiración. Teddy dice algo emocionado sobre lo perfecto que es su hijo, pero Scorpius ignora completamente las palabras de su esposo. Hay voces de sanadores preguntándole cosas sobre cómo se siente, si tiene dolor, si necesita algo, pero Scorpius no les hace el menor caso porque su hijo ha nacido, su hermoso y perfecto hijo de cabellos negros increíblemente sedosos ha llegado al mundo.
Es él, piensa Scorpius mientras siente como si su corazón fuera a explotar de emoción. Es realmente él.
Scorpius llora inconsolablemente porque su hijo nació con los ojos completamente abiertos, algo que los sanadores comentan como inusual pero no preocupante, y Scorpius puede ver un azul perfecto en esas pequeñas pupilas, tan hermoso y familiar como los ojos que Scorpius ha soñado cada día con volver a ver durante todos estos años.
Teddy sigue diciendo cosas sobre lo increíble que es ser padre, sobre cómo no puede creer que sea real, pero Scorpius no lo escucha porque está completamente absorto viendo a su bebé llorar con esos pequeños pulmones que se expanden y contraen como un milagro de la vida. Su perfecto bebé que ha llegado para completar algo que había estado roto en su alma durante tanto tiempo.
Sabía que regresarías a mí, piensa mientras acaricia la mejilla diminuta con un dedo tembloroso. Sabía que encontrarías una manera.
Cuando los sanadores le quitan suavemente a su bebé para limpiarlo adecuadamente y hacerle los chequeos rutinarios, Scorpius casi se vuelve loco de pánico, sus brazos extendidos hacia donde se llevan al pequeño como si quisiera seguirlo físicamente. Pero se calma gradualmente porque su bebé llora con fuerza, demostrando que sus pulmones están sanos y fuertes, y él debe mantener la compostura para no alterarlo más.
Está bien, se dice a sí mismo mientras trata de controlar su respiración. Está perfectamente bien y va a regresar conmigo.
Teddy sigue hablándole sobre lo orgulloso que está, sobre cómo van a ser los mejores padres del mundo, pero Scorpius no puede procesar sus palabras porque toda su atención está enfocada en el lugar donde los sanadores están atendiendo a su hijo.
Cuando finalmente le regresan a su bebé, ya completamente limpio y cambiado con ropita, Scorpius está visiblemente más calmado y compuesto. Su propia apariencia ha sido arreglada por las enfermeras: no tiene rastros de sudor, de lágrimas o de cualquier líquido que se manchó al sostener a su bebé recién nacido. Se ve presentable para recibir a la familia que sabe que llegará en cualquier momento.
Hay considerablemente menos voces en la habitación ahora, la mayoría de los sanadores se han retirado después de confirmar que tanto Scorpius como él bebé están en perfecto estado de salud. Cuando escucha la voz familiar de Draco acercándose por el pasillo, preguntándole a alguien si ya puede entrar a conocer a su nieto, Scorpius solo puede sonreír porque está mejor que nunca en su vida.
Todo está perfecto, piensa mientras mira el rostro durmiente de su hijo. Finalmente, todo está como debería ser.
Harry entra a la habitación con una sonrisa radiante y pregunta inmediatamente por el pequeño Lucien, usando el nombre que habían elegido hace semanas durante una de las tantas cenas familiares donde discutieron opciones. Pero al escuchar ese nombre, el nombre que había parecido apropiado en su momento pero que ahora se siente completamente equivocado, Scorpius no puede evitar sentir molestia profunda, incomodidad visceral y desagrado absoluto.
Ese no es su nombre, piensa con certeza que no puede explicar racionalmente.
Por eso interrumpe a Teddy bruscamente, lo corta a media frase cuando estaba respondiendo a Harry sobre los detalles del parto, y anuncia como si fuera algo completamente normal, como si fuera un hecho establecido y no una posibilidad nueva, "Su nombre es Aster."
Scorpius corrige a Harry con voz firme y clara, diciéndole que su hijo se llama Aster, lo que no solo genera que Draco mire a Harry con nerviosismo evidente, sino que Harry mire a Scorpius completamente desconcertado por el cambio súbito de nombre sin previo aviso.
Pero Scorpius apenas los mira a los dos, porque está mucho más interesado en su pequeño Aster que reposa perfectamente en sus brazos como si siempre hubiera pertenecido ahí.
Mi Aster, piensa con una felicidad que no había sentido en años. Mi amado Aster está conmigo de nuevo.
Teddy se mantiene completamente callado al principio, procesando lo que acaba de escuchar, y a Scorpius eso no le preocupa en absoluto porque tiene a su Aster, su amado Aster que ha regresado a él de la manera más perfecta posible.
Por supuesto que los padres de Scorpius, especialmente Harry quien siempre ha sido más expresivo con sus preocupaciones, no toman bien el hecho de que Scorpius haya decidido unilateralmente ponerle el nombre de Aster a su nieto sin consultar con nadie.
"Scorpius," dice Harry con voz cuidadosa, "¿estás seguro de que quieres cambiar el nombre? Habíamos acordado Lucien en honor a tu abuelo."
"Su nombre es Aster," repite Scorpius sin apartar la mirada de su hijo.
Scorpius no les hace mucho caso a las objeciones sutiles que escucha, porque ya tomó una decisión definitiva y sabe que es la correcta. Cuando gira la cabeza hacia Teddy esperando que diga algo, que lo apoye en su decisión, que demuestre que no tiene problema alguno con nombrar al hijo de ambos con el nombre del hombre que Scorpius siempre va a amar, ve que Teddy lo mira herido y dolido de maneras que son dolorosas de presenciar.
Pero después de un silencio tenso, Teddy acepta y apoya la decisión de Scorpius con voz que trata de sonar normal. "Si ese es el nombre que quieres, entonces está bien."
Scorpius le sonríe genuinamente antes de enfocarse de nuevo por completo en su hijo, en su Aster que mueve sus pequeños puños como si estuviera soñando.
Gracias, piensa dirigiéndose a Teddy sin mirarlo. Sabía que entenderías.
El resto de la familia entra gradualmente al poco rato, en turnos organizados para no abrumar al bebé recién nacido. Algunos se confunden visiblemente con el cambio repentino de nombre, preguntando si escucharon correctamente. Otros, más sabios o más cansados, deciden no comentar nada sobre la decisión y simplemente felicitan a los nuevos padres.
Victoire tiene que ser sacada de inmediato de la habitación por su madre Fleur cuando le levanta la voz a Scorpius, reclamándole furiosamente por ponerle el nombre de su ex al hijo que tiene con Teddy. Sus gritos resuenan por el pasillo hasta que la puerta se cierra tras ella.
"¡¿Cómo te atreves?!" había gritado antes de ser arrastrada hacia afuera.
Scorpius la ignora por completo, como si sus palabras fueran ruido de fondo sin importancia. Su atención permanece completamente enfocada en Aster, quien duerme pacíficamente a pesar del drama que lo rodea.
Scorpius tiene que disculparse brevemente con su abuelo Lucius cuando le comenta sobre el cambio de último momento, ya que el nombre Lucien había sido elegido específicamente en honor a él. Su abuelo lo toma sorprendentemente bien, asintiendo con comprensión y diciéndole que lo importante es que el bebé esté sano.
"El nombre no importa tanto como la persona que se convertirá," había dicho Lucius con sabiduría acumulada durante décadas.
Después de algunas horas Scorpius se queda en la habitación con su hijo y Teddy, aunque su esposo no está cerca de la cama sino sentado en una silla junto a la ventana, claramente procesando todo lo que ha pasado.
Scorpius acerca a su bebé más cerca de su rostro para susurrarle suavemente, "Un día te contaré sobre el maravilloso hombre por el cual te nombre. Te contaré sobre lo especial que era, sobre cómo hacía que todo en el mundo fuera mejor solo con existir."
Scorpius solo sabe que Teddy escuchó cada palabra por la forma en que lo mira, dolido, herido, como si cada palabra hubiera sido una puñalada directa a su corazón.
Antes de que Teddy pueda recriminarle algo, Scorpius alza un poco la voz, pero cuidadosamente para no despertar a Aster, y le recuerda firmemente, "Tú estuviste de acuerdo con el nombre. Nadie te obligó."
Teddy se ríe para no llorar, un sonido amargo que llena el silencio de la habitación. "Sí, acepté," admite con voz quebrada. "Pero tú sabes muy bien que no puedo negarte nada."
Scorpius deja de mirarlo para concentrarse en su bebé y, más calmado ahora, le dice con frialdad que no tiene absolutamente nada que reclamarle. Eso hace que Teddy se enoje visiblemente.
"¿Nada que reclamar?" pregunta Teddy con incredulidad. "Somos esposos, Scorpius. Acabamos de ser padres. ¿De verdad crees que no tengo derecho a sentir nada?"
Scorpius sonríe con amargura que corta el aire y mira directamente a Teddy por primera vez desde que empezó la conversación. "No actúes como una víctima cuando sabes muy bien que mi hijo, tu matrimonio y yo solo estamos contigo porque no había otra opción."
Las palabras salen de su boca como cuchillos afilados, diseñadas para cortar profundamente.
Teddy retrocedió un paso, como si hubiera recibido un hechizo en el pecho.
“Yo nunca te obligué a nada. Te he dado todo lo que has pedido, cada capricho, cada…”
Scorpius lo mira con frialdad que podría congelar el agua y le da la razón con sarcasmo evidente.
"Tienes razón y te lo agradezco," dice Scorpius. "Pero aun así no te engañes cuando sabes perfectamente que al único hombre que amo y amaré por toda mi existencia es Aster."
Las lágrimas resbalaron por el rostro de Teddy mientras se acerca, sollozando. “¿Cómo puedes decirme eso? ¿Cómo puedes amar a otro teniendo a nuestro hijo en brazos?”
Scorpius se ríe ante la pregunta, y esa risa fría enoja y hiere aún más a Teddy.
"¿Cómo puedes…" continúa Teddy con voz cada vez más alta. "¿Cómo puedes aún después de años no superar a alguien que ni siquiera hizo lo que yo hice por ti? ¿Alguien que nunca te toco, que nunca te dijo que te amaba?"
Scorpius escucha todo lo que Teddy le reclama sin cambiar de expresión, mirándolo con una calma que es más perturbadora que cualquier grito. Cuando el bebé se mueve ligeramente por el ruido, Scorpius lo mece suavemente para calmarlo, sus movimientos son automáticos y protectores.
Cuando Teddy finalmente deja de hablar, respirando agitado después de haber soltado años de frustración acumulada, Scorpius pregunta tranquilamente, "¿Ya acabaste?"
Teddy lo mira dolido por la indiferencia, como si no pudiera creer que alguien pueda ser tan frío después de semejante declaración emocional.
Scorpius se acomoda el cabello cuidadosamente, tocando detrás de su oreja donde está el tatuaje que lleva el nombre de su ser amado, y le pide a Teddy que si eso es todo lo que tenía que decir, puede salir porque está molestando a su hijo.
Teddy ríe llorando, un sonido que es mitad histeria y mitad desesperación. "¿Cómo puedes ser tan cruel?"
Eso molesta genuinamente a Scorpius porque lo dice gritando, despertando por completo a Aster que comienza a llorar con fuerza. Scorpius mira a Teddy con frialdad absoluta y, sin ni una pizca de arrepentimiento en su voz, le dice, "Si tanto te cuesta aceptar la verdad puedes irte. O si tanto te duele lo cruel que soy contigo, puedo darte el divorcio y estoy seguro tu adorada Vicky te aceptará de regreso."
La mención del divorcio hace que Teddy se acerque inmediatamente a la cama. "No me interesa Victoire," dice con urgencia. "No hay que alterarnos y menos hoy que ha nacido nuestro hijo."
Scorpius se suelta del agarre de Teddy en sus manos, liberándose de su toque como si quemara. El enojo y los reclamos de Teddy se calman considerablemente por la mención del divorcio, y aunque ninguno dice nada más hiriente durante unos minutos, la tensión en el aire es palpable.
"¿No tienes dignidad?" pregunta Scorpius con crueldad. "¿No te cansas de vivir sabiendo que eres la segunda opción de alguien que ni siquiera te eligió por amor?"
Las palabras lo atravesaron de lleno. Teddy se quedó inmóvil, respirando agitado, como si buscara fuerzas para seguir luchando. Pero no encontró ninguna. Se dejó caer en la silla más cercana, con el rostro hundido en las manos.
Scorpius, en cambio, solo se recostó en la cama, acunando al pequeño contra su pecho. El llanto del bebé fue calmándose poco a poco, hasta quedar en un murmullo adormilado.
