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Sorprendido no es la palabra que busca, pero a falta de una mejor, decide quedarse con esa.
Si bien la oscuridad lo recibe, porque más que caer la tarde, está subiendo la noche, el pequeño ambiente está iluminado con unas pocas velas estratégicamente ubicadas. Hay algunos globos, todos de diferente color, casi como si los hubiera elegido así a propósito, alrededor de una cartulina, pegados en la pared.
Shin sonríe amplio, orgulloso de cómo lo recibe, pero Buki no termina de entender la situación.
—¿Nos cortaron la luz otra vez? —no puede evitar cuestionar con recelo, sus ojos entrecerrados. El otro mira un segundo al techo, como si evitara confirmarlo, pero termina riendo.
—No —Shin resopla una risita. Se acerca a él y abraza su cintura relajado—, ¡es por la fiesta! Para que sea más romántico o algo así.
No puede evitar suspirar una risa. Shin lo besa suave y se aleja, ansioso por mostrarle lo que hizo. Buki prende la luz y se reclina contra la pared, cruzado de brazos.
—Tengo una maravillosa decoración —comienza Shin, señalando la cartulina celeste con el feliz cumpleaños y los globos. Luego, señala la mesa—, sanguchitos de jamón y queso, y coquita fría.
—Me estás jodiendo que es en botella de vidrio —dice en un tono de fingido asombro, siguiéndole el juego.
—No sabés lo que tuve que recorrer para conseguirla.
—¿Cuánto?
—Eh, dos kioscos, ¡pero! —atraviesa la sala para abrazarlo otra vez, besando ruidosamente su mejilla—, hice el sacrificio pura y exclusivamente por vos.
Buki abraza el cuello ajeno, recibiendo los besos de Shin, suaves y cortos, arrancándole risitas.
Si bien mencionó como un dato de color que no tenía cumpleaños- una suerte de curiosidad, la expresión que Shin le había dado no había sido buena. No lo había tomado a la ligera, pero tampoco lo había expresado. Buki se había dado cuenta por sus gestos; tristeza oculta bajo curiosidad, pero delatada por su oreja torcida y el movimiento inquieto de su cola.
Luego de esa conversación, se imaginó que el otro sacaría el tema primero, le preguntaría más o le plantearía el elegir un día, pero, en verdad, que lo reciba un día random con una fiesta sorpresa le suena más a clásico Shin.
—No se me ocurrió qué regalarte —confiesa Shin con un aire de disculpa. Buki está por negar, restarle importancia al detalle, pero el otro levanta un dedo—, queda pospuesto. Para cuando se me ocurra algo.
—O sea, ¿nunca? —cuestiona con una ceja elevada y él le toca la punta de la nariz.
—¿Tenés hambre? —pregunta, ignorando la provocación.
Entrelaza sus dedos con los de Buki y lo guía a la mesa, donde lo sienta delante del cartel.
—Esto es… bastante agradable —dice sorprendido, con una sonrisa que comienza a asomar, pero que se borra por completo cuando el otro le pone un sombrero—. Me retracto-
—¡No seas así! —Shin suelta una risa mientras se coloca también uno. Es triangular, de colores estridentes y cartón, y Buki no duda que el que tiene entre sus orejas sea de los mismos colores o más ridículo—. Siempre lo veía en la tele de chiquito, pero mis abuelos no me dejaban usarlo.
—Tenían buen gusto.
—No te respondo solo porque es tu cumpleaños —refunfuña Shin, aunque no pierde el buen humor.
Buki eleva una ceja ante el argumento, pero no replica; prefiere llenarse la boca de sanguchitos de miga.
La frase permanece dando vueltas por su cabeza. No se siente como un día diferente, a pesar de que Shin se esfuerza en que sí, repitiéndolo sin cesar.
Yo te sirvo coca porque es tu cumpleaños, compré papitas también porque es tu cumpleaños, tenés besos extras porque es tu cumpleaños.
Es repetitivo y le cansa un poquito, pero no tiene el corazón para decirlo. No le molesta tanto.
La velada es linda. Supera sus recién descubiertas expectativas, que no son muchas, en realidad. No tuvo otros cumpleaños como para que haya parámetro de comparación.
Shin está feliz y lo demuestra con su cola, a pesar de fingir estar relajado y que esto no es la gran cosa. Se ve conforme con su gesto y eso le parece suficiente a Buki, porque no le importa mucho el cumpleaños.
No le importaba. Porque, ahora, se convierte en un suceso recordable, festejable, pero es un sentimiento nuevo, casi inesperado para él, porque uno nunca extraña lo que no prueba.
No es por los sanguchitos, la coca o la decoración; tampoco por el regalo pendiente. Todas son cosas que han hecho en otras ocasiones. Es por la combinación sumada a que Shin lo festeja a él. Celebra que nació y existe, porque está en su vida. Buki está agradecido por tenerlo en su vida también.
Cuando cree que todo está llegando a su fin, recibe una última sorpresa.
—Te hice una torta —dice Shin cuando regresa de la cocina, trayendo un plato, pero cuando lo deja delante del otro, Buki frunce el ceño en confusión—, pero me olvidé el bizcochuelo.
Son tres mitades de duraznos enlatados, en círculo, con crema en el centro. Buki no puede evitar reír un poquito.
Shin pone una vela celeste en el centro con cuidado, acomodándola por largos segundos hasta que se queda quieta en su lugar, la enciende y luego se apresura a apagar las luces.
—¿Vas a…?
—Por supuesto que voy a cantarte —Shin habla sobre él. Se para detrás suyo, poniéndole las manos en los hombros.
—No creo que sea necesario —insiste, pero el otro lo sacude apenas.
—¡Dale! Yo soy el especialista en cumpleaños, ¿o no?
—Debatible.
Comienza a cantarle, meciéndolo al ritmo, y Buki se deja hacer. Cuando termina la canción, se inclina a él y le susurra pedí tres deseos.
Se toma unos segundos, pensando seriamente en si hay algo qué desear, pero nada le llega a la cabeza. Sopla la vela mientras Shin festeja.
—Felicidades —murmura mientras lo abraza y lo besa. Se separa, sus manos en las mejillas de Buki y sus ojos en los ajenos—. ¿Te gustó tu cumple?
La cola de Shin está inquieta. Buki nota que se está esforzando en mantenerla estática, de que no delate los nervios que cargan las palabras, pero cuando sonríe y asiente, la cola se desata, aleteando con fuerza, casi haciendo viento.
Tuvo momentos de duda en que se le ocurrió que a Buki le molestaría el gesto.
Capaz no molestar en sí, sino que le haría recordar cosas tristes. Está feliz de que ese no fue el caso.
Están por dormir, pero se obliga a recordar de marcarlo en el calendario, veinte de febrero, para no olvidarlo más. Aunque, no está seguro de si podría.
Se acuesta junto al otro, abrazándolo con fuerza, hundiendo su rostro en el pelaje suave.
—¿Qué puntaje le darías a tu fiesta? —murmura y besa su mejilla.
—El mejor —suspira Buki. Shin no puede evitar que su cola se mueva un poco—, aunque nunca tuve otra fiesta como para competir.
Su cola se congela.
—¡Ey! —ríe apenas—, eso es malo.
—Es la verdad —Buki resopla una risita. Sujeta el rostro de Shin entre sus manos y lo besa suave—. Tengo sueño, vamos a dormir.
Esperaba una pequeña devolución sobre la fiesta, lo que le gustó, lo que podría mejorar para el próximo año, pero sus ojos pesan con somnolencia. Estuvo corriendo, en las pocas horas en que Buki estuvo fuera, para poder preparar todo, y ahora le cae en cansancio. Mañana puede preguntarle.
Se acomodan y Shin cae casi de inmediato, con la boca apenas abierta y roncando, pero siente que es poco tiempo. Siente que parpadeó y no se durmió, a pesar de tener la pesadez de sí.
Hay ruido y tarda un segundo en darse cuenta de que es Buki, jadeando con fuerza y sentándose en la cama. Estaba acostado encima de Shin, sería imposible que no lo despertara, pero él finge seguir durmiendo. Solo escucha con atención.
La respiración ajena es pesada y veloz, como si se hubiera asfixiado. Buki susurra bajo su aliento, está bien, está bien, como si se consolara solo y eso le estruja el corazón a Shin, porque está ahí, él mismo podría consolarlo.
Quiere darle su espacio, que lo llame si lo necesita.
Ah, capaz no lo hace porque no sabe que está despierto. ¿Debería hablar?
Abre la boca, pero Buki se escapa. Se desliza de la cama con la facilidad que solo él tiene, que Shin no puede ni imaginar, porque siempre es un terremoto, por más delicado que trate de ser.
Se escapa de él hacia el baño, donde permanece por pocos minutos. Luego, lo escucha dar vueltas por el departamento. Beber agua, robar otro sanguchito, tomar un poco más de agua. Regresa a la cama, acostándose en el borde, como si no quisiera perturbarlo.
Shin se gira, como quién no quiere la cosa, como si lo buscara entre sueños, hasta que lo atrapa entre sus brazos. Están acomodados otra vez. El sueño comienza a caerle más rápido que lento, pero Buki sigue inquieto. Su cola se mueve, acaricia las piernas de Shin, haciéndole cosquillas y causándole risitas que no puede soltar para no revelar que está despierto.
Su límite llega cuando Buki voltea a él, sus orejas demasiado cerca, tanto que le hacen picar en las suyas. Sacudirlas no alcanza, porque el roce sigue presente. Shin respira profundo y abre los ojos, encontrándose con los ocres del otro, casi negros en la oscuridad.
—¿No podés dormir?
—No sabés lo irresistible que es tu voz así.
—Ya sé, pero no cambies de tema.
Buki mira al techo un momento y después vuelve al otro, asintiendo apenas.
—Una pesadilla —confiesa—, bastante verga.
´—¿Qué pasó? —pregunta Shin veloz, pero de inmediato hace una mueca, corrigiéndose—, no, o sea- podés contarme, si querés.
Buki arruga la nariz y su oreja se mueve, rozando la ajena otra vez.
—¿A qué viene eso? —cuestiona—, no suena a vos.
—Sí, es verdad —él resopla una risita y sujeta la oreja del otro con la punta de los dedos—, así que, contame.
Lo pide con un aire de broma, de aligerar el ambiente, pero Buki desvía la mirada. Su oreja se escapa del agarre con la misma suavidad con la que él se escapó de la cama, pero en lugar de alejarse, se acerca más a Shin, recostándose en su pecho.
—Preferiría no hacerlo —murmura—. No fue… lindo. No quiero hablarlo.
El corazón de Shin se estruja por segunda vez en muy poco tiempo. Abraza a Buki, lo presiona contra sí y acaricia su espalda.
—Entiendo —dice contra su cabeza y lo besa en la coronilla—. Aunque, creo que te ayudaría eso- pero, ¿sabés qué ayudaría más?
—¿Qué cosa? —su voz es amortiguada contra el pelaje ajeno. Levanta la mirada a él.
—Besitos —responde en un beboteo ridículo que haría que Buki rodara los ojos en otro momento, pero ahora solo le provoca una sonrisa—, y abrazos.
—Ah, no podría pedirte tanto —bromea y Shin se estira hasta su boca.
—Estás de suerte, me siento dadivoso hoy.
Lo vuelve a besar y sigue haciéndolo a pesar de las risas reprimidas del otro- que no entiende del todo porqué lo hace, porque si bien es el medio de la noche, están solos, y no hay ninguna razón para que no hagan todo el ruido que quieran.
Lo abraza y gira a él, quedando casi encima, besando su cuello y acariciando sus costillas por debajo de la camiseta de pijama.
—¿Te sentís mejor?
—Un poquito.
—Entonces, tengo que seguir.
Tal como lo dice, lo hace. No sabe cuánto tiempo lleva regándolo con besos y caricias. El sueño está un poco lejos, la cabeza de Shin está ocupada con una idea que no puede terminar de formular.
Los besos se van apaciguando y las caricias se convierten en movimientos vagos, en un intento de volver a conciliar el sueño. Shin mira el techo. Buki está sobre su pecho, sus piernas y sus colas enredadas, respirando suave.
—¿Fue por el cumpleaños? —pregunta con un hilo de voz, inseguro de si prefiere que esté dormido o despierto, porque no sabe si quiere saber la respuesta a eso.
Siente a Buki levantar la cabeza y sus ojos se encuentran por escasos segundos, hasta que él se vuelve a acomodar.
—Nah.
—Pero, medio que fue mucha coincidencia, ¿no? —insiste y el otro vuelve a mirarlo.
—Es… Son cosas que pasan, Shin. A veces tengo días de mierda y no pasa; otras, la paso de maravilla y sueño estas cosas. No fue tu culpa, ¿sí?
No es que no le crea, más bien, siente que es algo inconsciente.
Buki casi puede leer la mente, y respira profundo.
—No me importa mi cumpleaños —confiesa—, nunca lo hizo. Es como… algo que nunca necesité.
—Siento que vas a decir algo más.
—Lo de hoy, lo que hiciste por mí, fue… me agradó- me gustó. Mucho —Buki sonríe y acaricia su mejilla—. Ahora, sí me importa mi cumpleaños y hasta me gusta, pero es porque a vos te importa. Me encanta importarte.
—¿Cómo no vas a importarme? —suspira una sonrisa—. Yo mataría por vos.
Buki rueda los ojos.
—Sabés que eso pierde peso cuando sé de qué trabajás, ¿no?
—Ah, pero no evita que haga el chiste- ey, sos el único que puede entenderlo.
Moriría por vos le parece más acertado de decir, pero siente que es un poco mucho para el momento. En otra ocasión.
Ah, mañana, mientras desayunan.
