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El grupo estaba reunido en el parque después de las clases, sentados en las bancas de siempre, rodeados de latas de soda, envoltorios de dulces y un par de cigarrillos no encendidos (de los de verdad y los de mentira, porque Konan y Rin tenían una estricta política anti-tabaco).
Deidara estaba medio tirado sobre Obito, con la cabeza recargada en su hombro y una sonrisa divertida en el rostro por todas las tonterías que decían sus amigos. Obito, por su parte, tenía las manos en los bolsillos de su chaqueta negra y la expresión neutral de siempre, fingiendo que no le importaba el hecho de que básicamente tenía a su novio encima.
Nagato, con su mirada oscura y suéter de manga larga a pesar del calor, fue el primero en notar algo. Ni siquiera venía al tema, pero una oportunidad para molestar a uno de tus mejores amigos nunca se desperdicia. —Obito nunca dice cosas cursis en público.
—Eso es verdad —añadió Yahiko, señalándolo con un dedo acusador—. ¿Te da vergüenza, eh?
Obito levantó una ceja. —No.
—Ajá, claro —dijo Hidan con una sonrisa burlona—. Entonces díselo aquí, frente a todos.
—¿Decir qué? —preguntó Obito, sin morder el anzuelo.
—Que amas a tu novio —soltó Hidan con diversión.
Obito puso los ojos en blanco. —No tengo que probarles nada.
—Ohhh, está evadiendo —dijo Yahiko con una sonrisa—. Se está poniendo nervioso.
—No me estoy poniendo nervioso —respondió Obito, cruzándose de brazos.
—Obito, vamos, sé un poco dulce —intervino Konan sin sonreír, aunque su tono tenía un dejo de burla.
Sasori se encogió de hombros.
—Si no lo dice, significa que no lo siente.
—¿¡QUÉ!? —Deidara se incorporó de golpe, mirando a Obito con una expresión dramática—. ¿¡Es verdad, hm!? ¿¡No me amas!?
—Dios mío —murmuró Obito, masajeándose las sienes—.
—Obito, estás en problemas. —murmuró Kakashi, que estaba hojeando un manga sin levantar la vista.
Rin decidió intervenir. —Obito, solo dilo. No es gran cosa —dijo con una sonrisa amable.
Obito cerró los ojos un segundo, como si estuviera invocando paciencia. Finalmente, miró a Deidara y, con su voz más baja y su tono más indiferente, dijo:
—Sabes que sí.
Hubo un segundo de silencio.
—¿Eso es todo? ¿En serio?—preguntó Yahiko, decepcionado. —. Ni siquiera lo dijo completo.
—Maldición, Obito, ¿qué clase de hombre eres? —bufó Hidan—. ¿Así piensas mantener a tu novio feliz?
—Estoy perfectamente feliz, hm —respondió Deidara con una sonrisa burlona, volviendo a acomodarse en su hombro, abrazándose de su brazo. Estaba sentado sobre la mesa del parque, balanceando los pies con diversión; Obito, de pie a su lado, recargandose en la misma mesa.
—No ayuda si lo consientes —lo regañó Konan.
—No lo estoy consintiendo, hm. Me gusta cuando se hace el duro.
—Entonces estamos perdiendo el tiempo —dijo Sasori, suspirando.
Obito negó con la cabeza, harto. Se levantó de la mesa, con la chaqueta negra ondeando tras él, y tomó a Deidara de la mano para irse. —Nos vamos.
La traición y el desconcierto cruzaron los ojos de Obito cuando volteo a ver a Deidara y este no se movió de su lugar, más bien, el rubio lo jalaba a la mesa, incitandolo a quedarse.
—¡Obito está huyendo, otra vez! —gritó Yahiko, señalándolo con dramatismo.
—¡No, cobarde! ¡Dilo bien! —se burló Hidan.
—¡Déjenme en paz! —respondió Obito, tratando de seguir tirando de la muñeca de Deidara. Al tercer intento se rindió y simplemente se dejó caer recargado en la mesa como su posición anterior, solo que ahora resignado a mirar a su novio con esos ojos suplicantes en búsqueda de una salida.
Konan, Nagato y Rin solo se rieron suavemente, viendo la escena. Kakashi levantó la vista de su manga.
—Mejor suerte la próxima vez, chicos.
—Obito es un cobarde.
—Lo es.
—No tiene agallas.
—Ninguna.
—Cállense —gruñó Obito, la paciencia colgando de un hilo. El rubio lo jaló más, abrazándolo, haciendo al azabache esconder el rostro en su hombro.
Nagato, Yahiko y Hidan lo miraban con sonrisas burlonas, mientras Konan, Sasori, Kakashi y Rin observaban con más calma, pero igual de entretenidos.
—Bueno, ya entendimos que te da vergüenza. Te ofrezco una mejor apuesta—dijo Yahiko, con un tono de voz que indicaba que estaba disfrutando demasiado la situación—. Si realmente quieres demostrar que no eres un cobarde, bésalo.
—¿Qué? —Obito entrecerró los ojos.
—No quiso decirle que lo quería, menos va a querer darle un beso.—se quejó Hidan.
—No es gran cosa —añadió Sasori con tono casual—. Si no tienes miedo, hazlo.
—No tengo miedo —respondió Obito automáticamente, apretando los dientes. —. Pero no tengo que hacer un show para ustedes.
—Obito, solo es un beso —intervino Rin con su tono dulce—. No te va a pasar nada.
—¿Sabes qué? —dijo Hidan—. Voy a empezar a pensar que no te gusta tanto tu novio.
—Sí, parece que no quiere tocarlo —añadió Yahiko con una falsa expresión de tristeza. —. Ni siquiera le está devolviendo el abrazo o algo.
—Yo digo que lo dejen en paz —dijo Kakashi sin levantar la vista de su libro. Obito casi da gracias al cielo por tener un mejor amigo tan bueno hasta que Kakashi volvió a abrir la boca. —. Si quiere ser un cobarde, déjenlo.
Obito sintió que su ojo temblaba.
—Ustedes son los cobardes —gruñó, levantando la vista hacia Deidara y, sin darle tiempo de reaccionar, lo tomó del rostro y lo besó con toda la actitud de “ahora véanse en esta”.
Deidara, aunque sorprendido, le correspondió de inmediato, aferrándose a la chaqueta de Obito y prolongando el beso más de lo que el grupo esperaba.
El silencio se alargó.
—Uh…
—No pensé que realmente lo haría.
—Bien por él, supongo.
Konan suspiró. —Lo retaron y él aceptó. Ahora ¿quieren dejar de mirarlos como pervertidos?
Obito y Deidara finalmente se separaron, y Obito los miró con una expresión arrogante.
—¿Feliz?
Nagato asintió con aprobación. —Te respeto un poco más ahora.
—Debí grabarlo —murmuró Yahiko.
—¿Cuándo van a entender que no soy un cobarde? —preguntó Obito, volviéndose hacia Hidan con una sonrisa satisfecha.
Hidan sonrió con malicia. —Oh, lo entiendo, lo que no entiendo es por qué tus orejas están tan rojas.
Obito sintió el calor en su cara y rápidamente se subió la capucha.
—Lárguense.
El grupo se rió y Deidara solo le dio un beso rápido de consolación.
—Eres lindo cuando haces el que no quieres, hmn. —le susurró.
Obito siseó. —Ey, te van a escuchar.
Obito sintió que quería morirse. Y sus amigos disfrutaron cada segundo de ello.
