Work Text:
(heartworm.
una relación o amistad que, aunque parece haberse debilitado, sigue viva e inconclusa.)
—Si no eres capaz de hacerlo, siempre puedes decirle a Dazai-san —comentaba una voz por el pasillo, otra voz lo hizo callar rápidamente.
—¿Acaso no recuerdas que Dazai se fue?
—Ah, sí, es cierto —su mirada se hizo más sombría—. Traidor.
Ambos cerraron la boca cuando vieron a Chuuya en frente. El joven se limitó a pasar junto al par sin decir ni una palabra y mirando siempre al frente. Durante estos últimos días, no había podido evitar las miradas, los susurros y uno que otro recuerdo constante de la traición de su compañero; aún más desde aquella vez que algún miembro de la Agencia lo había ayudado a escapar de su cautiverio.
La verdad, era que el mismo Chuuya lo había liberado, al caer presa de uno de los elaborados planes de Dazai. Era lamentable, absolutamente lamentable. Está seguro que la próxima vez que lo vea no saldrá vivo.
A lo mejor, si lo mata, el tipo muere con una sonrisa. No importa cuánto insista que ahora quiere morir junto a una bella dama, Chuuya está seguro que al menos estará contento con la mitad de su sueño.
—¡Chuuya! —exclama una voz desde alguna parte del interior de su cuarto, una vez el muchacho ha cerrado la puerta.
—¿Qué haces acá todavía? —pregunta Chuuya.
—Quería caminar un rato, nada más.
—Alguien te vio.
—Una o dos personas. Ninguno me reconoció.
Chuuya inhala y retiene el aire por unos segundos, antes de soltarlo en una larga exhalación. Dazai está acostado en su futon, lee una de sus revistas y, para colmo, ha dejado su abrigo tirado por ahí, como si de verdad estuviese de visita. Hojea con toda tranquilidad y de vez en cuando toma un sorbo de vino; Chuuya ni siquiera se atreve a reaccionar.
—Ojalá te descubran y te cuelguen —le dice. Se quita su abrigo y su sombrero, y los cuelga delicadamente en un perchero. Normalmente, se sentaría frente a su escritorio a terminar algún reporte o leer algún libro, esta vez, sin embargo, se queda quieto junto a su armario, su mirada fija en Dazai.
—¿En serio? —le pregunta Dazai y en un par de zancadas está lo más cerca posible de Chuuya. Al intentar retroceder, el joven estrella su espalda contra la pared, y se rinde inmediatamente, consciente que cualquier intento de huir de Dazai no tendrá un buen final.
Incluso considera usar su Habilidad, pero esto también sería una pérdida de tiempo, así que se queda absolutamente quieto, mirando a cualquier parte excepto a antiguo compañero.
—¿Quieres que me cuelguen, Chuuya? —pregunta Dazai. El usual humor en sus palabras está ausente y la forma en que trata de cerrar la distancia entre los dos aún más, le hace sentir miedo. Sin embargo, la expresión seria de Chuuya no cambia mientras responde.
—Sí.
—¿Crees que merezco morir?
—Sí.
—Porque lo abandoné todo.
—Sí.
—Porque dejé la mafia atrás en mi mejor momento.
—Sí.
—Porque soy un traidor.
—Sí.
—Porque te dolió.
—Sí —. Chuuya finalmente levanta la mirada hacia Dazai e intenta cambiar su respuesta. Es muy tarde, sin embargo; Dazai se aleja de él con los brazos cruzados y lo evalúa en silencio.
—No —responde Chuuya. Dazai sonríe.
—Ya no hay nada qué hacer, ¿cierto? Si hubieras estado ahí uno o dos días antes, nos habríamos fugado. Juntos. Pero no estabas y yo me fui solo. Claro está, nunca habrías aceptado irte conmigo.
"Quizás sí", quiere decir Chuuya. La respuesta que da, es diferente.
—No. Nunca.
La mafia es todo lo que ha conocido, desde que tiene memoria y hasta ese punto de su vida, todo lo que hay en su cerebro es sangre, muerte y guerras. Y, a pesar de todo, es su pequeño nicho, algo similar a un hogar; una enorme familia violenta y disfuncional, dispuesta a cualquier cosa con tal de lograr lo que quieren. Siempre pensó que dejaría el lugar metido en una bolsa negra, sin vida y quizá, con Dazai a su lado.
Ahora, no está tan seguro.
—Nunca —repite.
—Está bien, no esperaba nada menos de ti —responde Dazai y se aleja corriendo. Chuuya escucha sus pasos alejándose, las puertas que se abren y se cierran a su paso y no se esfuerza en seguirlo.
Prefiere dejarlo seguir su camino, que se pierda solo, que encuentre el desastre sin compañía. Y, de alguna manera, sabe que él llegará ahí; por pura coincidencia o por órdenes superiores. Por donde pase, Dazai levantará caos y Chuuya no podrá evitar llegar hasta allí.
Es la única parte del vínculo que comparten los dos y que no puede romper.
