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El señor de An Ding no había confiado completamente en Shang QingHua, ni siquiera cuando lo nombró discípulo principal.
Con la acusación de Shen Jiu sobre su conveniente y extraña supervivencia a un poderoso demonio, más la desconfianza natural del señor supremo de An Ding, este terminó tomando una medida drástica para asegurar la lealtad de Shang QingHua a la secta.
Le había dicho que no era la primera vez que se hacía, que era una costumbre antigua casi de la misma edad que la secta. Varias generaciones habían honrado esa tradición para fortalecer los lazos entre los señores supremos.
No importa qué tan bonito lo vendieran, Shang QingHua sabía lo que era: una cadena para mantenerlo atado a Cang Qiong.
No había nadie en An Ding que cumpliera los requisitos para convertirse en el nuevo señor supremo de la cumbre, y su actual señor supremo sabía que la lealtad de Shang QingHua no estaba en Cang Qiong, sino velando por sus propios intereses.
Un vacío se sentó en su estómago y sintió que su garganta se cerraba cuando el ultimatum fue sentenciado.
Shang QingHua se casaría con Yue QingYuan, el futuro líder de Cang Qiong, para fortalecer los lazos familiares entre los señores supremos.
Shang QingHua quería que el sistema abriera una enorme grieta en el suelo y se lo tragara. Morir era mejor que el tormento que le esperaba en esta segunda vida.
No se quería casar con Yue QingYuan, porque aunque no tenía nada en contra de él, no quería vivir en carne propia el error de sus padres de su primera vida.
Había miles de razones para explicar porqué era malísima idea. Primero, Shang QingHua amaba demasiado su privacidad y era una persona incómoda socialmente, estar casado falsamente sería un martirio. Segundo, sería más difícil ser el espía de Mobei-Jun.
Tercero, en vez de fortalecer lazos familiares entre sus hermanos marciales, los empeoraría. ¡Shen QingQiu lo querría degollar vivo!
Sin embargo, Shang QingHua no tenía voz ni voto en esa decisión. No si quería convertirse en señor supremo.
El anuncio fue recibido tal y como esperó. Yue QingYuan aceptó igual que él, resignado y manso. Shen Jiu casi quiebra su abanico por la fuerza con la que lo apretó y pronunció un par de palabras mordaces antes de ser callado por su shizun. El villano escoria se calló, se paró y se marchó para desahogar su furia en otro lado.
Shang QingHua le dijo adiós a cualquier gramo de paz que pudiera conseguir. Shen Jiu jamás lo perdonaría por encadenar a su Qi-ge en un matrimonio y se aseguraría de hacerlo sufrir cada segundo de su existencia.
Sus demás hermanos marciales lo tomaron con tranquilidad, los matrimonios arreglados no eran raros en ningún lugar. Era el pan de cada día, en cualquier rublo donde te desenvolvieras.
La boda fue grande y majestuosa, como debía ser para una de las mejores sectas de cultivo. Shang QingHua y Yue QingYuan eran grandes partidarios de los eventos privados y humildes, pero nada de esto había estado en sus manos y tuvieron que adaptarse al papel que les exigían fingir.
Shen QingQiu ni siquiera se presentó, soltó su habitual diatriba pasiva-agresiva y se esfumó de la secta por una semana.
Shang QingHua fue encadenado a la secta Cang Qiong de ese modo, sin que supieran que no era necesario porque el Sistema lo tenía obligado a convertirse en señor supremo.
Pese al matrimonio, jamás actuaron como uno real dentro de la secta. Yue QingYuan vivía en su cumbre y Shang QingHua en la suya, ni siquiera tenían una residencia juntos para disimular ante extranjeros.
Shang QingHua incluso llegaba a olvidar su matrimonio, hasta que tenía algún evento fuera de la secta y ambos debían desempeñar su papel de matrimonio de cultivadores inmortales. O hasta las reuniones mensuales de señores máximos, donde Shen QingQiu lo insultaba de mil formas hasta que Yue QingYuan lo silenciaba.
Sea como sea, Shang QingHua había logrado vivir relativamente normal todos estos años (si ignoraba el odio profundo de Shen QingQiu y sus insultos).
Sin embargo, había alguien más que estaba en desacuerdo con su matrimonio: Mobei-Jun.
Cuando Shang QingHua fue comprometido, su relación con Mobei-Jun era débil y llena de desconfianza. ¿Por qué debería contarle sobre su vida privada? Probablemente Mobei-Jun lo arrojaría a la primera bestia que se encontrara con tal de callarlo.
No fue hasta años después que se enteró.
Dormía plenamente en la cama de Shang QingHua mientras este llenaba documentación en la habitación del lado. Se despertó por la presencia de otro cultivador en la casa, quien tenía un qi agresivo y su voz estaba lo suficientemente elevada para escucharlo.
La habitación de Shang QingHua terminó llena de hielo cuando Mobei-Jun escuchó lo suficiente para entender que su espía humano estaba casado desde hace muchos años. Para empeorar las cosas, con el líder de secta.
Cuando la espada Xiu Ya se fue, Shang QingHua fue a su habitación para tomar un merecido descanso y se encontró con la peor situación que podía imaginar: las paredes, el suelo y toda superficie estaba repleta de hielo. En medio de la habitación estaba el responsable del desastre, visiblemente furioso.
El demonio no tardó en reclamar y el humano siguió el protocolo de tirarse sobre sus rodillas, suplicar clemencia y jurar lealtad.
Shang QingHua le aclaró cientos de veces que el matrimonio solo era para que nadie sospechara de su traición, pero para un demonio que ya estaba enamorado todas las excusas fueron insuficientes.
—¿Lo amas?
El cultivador frunció el ceño con extrañeza, pues jamás esperó oír una oración de esa clase del rey del Desierto del Norte. Como fuese, si la respuesta a esa pregunta iba a calmar al demonio y lograr que él viviera otro día, le respondería con toda la convicción que pudiera.
—No, mi rey, no lo amo. Nuestro matrimonio fue un acuerdo entre nuestros maestros. Nuestros sentimientos y opiniones jamás influyeron para el acuerdo—explicó con paciencia, pronunciando las palabras cuidadosamente para minimizar su ira. Su cabeza rozaba el suelo y se mantuvo así, sabiendo que no debías mirar a los ojos a una bestia salvaje.
La respiración de Mobei-Jun se estabilizó y Shang QingHua dio gracias por un día más de vida.
Varios días después fue la reunión mensual de señores máximos y Shang QingHua no estaba del mejor humor.
A pesar de la naturaleza de su matrimonio, Shang QingHua sabía muy bien su aniversario y lo tenía siempre presente. ¿Fue su voluntad? No, por supuesto que no. Yue QingYuan y él preferirían ignorarlo, pero Shen QingQiu no permitía que fuera así.
Año tras año desde que se casaron Shen QingQiu acosaba a Shang QingHua uno o dos meses antes de su aniversario para que consiguiera un regalo digno.
Fue por culpa del villano escoria que Mobei-Jun descubriera su matrimonio, por ir personalmente a su casa a recordarle.
Desde entonces, todos los días había recibido cartas amenazantes o aparecía Shen Jiu en persona a atormentarlo. Por supuesto que tampoco desaprovechó la reunión y los temas importantes habían sido dejados de lado en favor de las palabras mordaces de su shixiong.
No había sido la semana de Shang QingHua, de verdad que no. Un almacén de la cumbre Zui Xian se había incendiado y se había perdido muchísimo dinero en mercancía. Los discípulos que sufrieron quemaduras necesitaron una hierva específica y An Ding tuvo que dar de su propio dinero para costearla, ya que extendía el presupuesto de Qian Cao. Tenía tres días completos arreglando los reportes y documentos de Bai Zhan y nomás no podían quedar.
Todo eso mientras Shen QingQiu lo acosaba sin parar para que consiguiera un regalo digno y pusiera en riesgo su vida al exponer su matrimonio a Mobei-Jun.
Shang QingHua ya tenía pensado el regalo de aniversario y planeaba obtenerlo a través de Mobei-Jun, pero ahora que había sido expuesto presentía que no sería tan fácil.
Sus sienes palpitaban y sentía que su cabeza se apretaba mientras las palabras de su shixiong se volvían un eco estridente en sus oídos.
Miles de voces se arremolinaron en su cabeza. Desde Xu QingFeng borracho y frenético por el almacén quemado hasta Liu QingGe quejándose porque el papeleo no estaba listo, mientras Shen QingQiu seguía tachándolo de mal marido y Qi QingQi empezaba a quejarse del presupuesto de su cumbre.
Puede que el estrés de la semana finalmente lo haya alcanzado o puede que ese día se levantó con el pie izquierdo, pero sus emociones se desbordaron y se puso de pie después de estrellar el puño en la mesa.
El estruendo silenció a todos y los hizo prestarle atención.
—Si tanto querías casarte con Zhangmen hubieras arreglado su matrimonio antes, en vez de estarte quejando como una amante abandonada.
Con una última mirada llena de ira, Shang QingHua barrió sus cosas y se fue dando zancadas de la sala, dejando a todos sus hermanos marciales –incluido Shen Jiu– pálidos y con los ojos abiertos desmesuradamente.
*
Shang QingHua no sabía si agradecer o preocuparse por el hecho de que ninguno de sus hermanos marciales lo molestó después de lo ocurrido en la reunión. Así que decidió aprovechar para ir al Desierto del Norte y conseguir los ingredientes para el elixir que pensaba regalarle a Yue QingYuan.
Tal vez fue que todavía tenía la adrenalina subida a la cabeza, pero se sintió lo suficientemente seguro como para enfrentar a Mobei-Jun y pedirle ayuda para conseguir los ingredientes.
Cuando Mobei-Jun miró a Shang QingHua haciendo una reverencia después de hacer su petición, pensó en cómo dicho humano jamás le había pedido nada… Y ahora lo hacía en nombre de hacerle un regalo de aniversario a su esposo.
Mobei-Jun resistió el impulso de golpear el reposabrazos y romperlo en mil pedazos. En cambio, aceptó la petición de Shang QingHua y le hizo un gesto a un demonio para que se encargaran de reunir los ingredientes. Como nunca había pedido nada, Mobei-Jun no se podía negar.
La sonrisa de Shang QingHua había valido la pena. Lástima que le perteneciera a aquel estúpido líder de secta.
Dos días más tarde, la fortaleza de hielo celebraba un banquete con otros reinos y tribus del reino demoniaco.
Sha Hualing se sentó al lado de Mobei-Jun y conversó (prácticamente sola) aún a sabiendas del mal humor del demonio de hielo.
—Me enteré de que mandaste un grupo de demonios a una expedición para buscar un par de hiervas raras. Eso no es muy común de tu parte, Mobei. ¿Es para algo en particular?—su sonrisa se extendió mientras insinuaba— Tal vez algo que tenga qué ver con tu excelente humor en esta cena.
El demonio de hielo la miró con ferocidad, pero no refutó sus palabras. Sha Hualing rió con diversión y se inclinó sobre la mesa para hablar con más privacidad.
—Cuéntame—exigió, con el rostro reposando en su manos.
Sha Hualing no era del completo agradado de Mobei-Jun. Siempre había sido una demonio mimada, egocéntrica e incómodamente extrovertida. Pero hasta él sabía que era confiable.
Le contó del matrimonio de su humano sin disimular su amargura, pues ella ya sabía sus sentimientos (de hecho había sido su confidente desde hace varios años).
No esperaba una reacción tan exagerada de su parte, pero no pudo disfrutar su reacción porque estaba muy ocupado intentando ahogar sus penas en alcohol.
Sha Hualing tenía los ojos y la boca abiertos desmesuradamente, no era capaz de pronunciar ningún comentario audaz o cruel.
¡Ese humano debilucho estaba casado con el líder de secta! El famoso Yue QingYuan, ¡nada menos! Y no solo eso, ¡también tenía enamorado al principe y heredero del Desierto del Norte!
Sha Hualing nunca había sentido tanta envidia en su vida.
La demonio cerró la boca y se negó a mostrar su amargura, tomó su copa de vino y decidió seguir el ejemplo del demonio de hielo. Mientras bebía, una ingeniosa idea llegó a su mente para hacerlo pagar por atreverse a tener más fortuna que ella.
Pronto sería nombrada Santo Demonio y debía presentarse en sociedad, ¿no?
Sha Hualing rió entre dientes y se limitó a consolar al demonio de hielo. Era mejor tenerlo de su lado, así podría acercarse al humano y llevar a cabo su plan.
*
Si había algo que Avión Disparado Hacia el Cielo había respetado históricamente es que no había divorcios en PIDW.
Luo BingHe era EL semental por excelencia, los fanáticos no tomarían nada bien que alguna mujer del harén pidiera el divorcio. Si Luo BingHe era “perfecto”, ¿por qué querrían divorciarse de él?
Esto provocó que Shang QingHua no tuviera escapatoria alguna de su matrimonio, lo cual aceptó sin problemas desde el principio. Algunas personas no estaban contentas con eso, pero Shang QingHua y Yue QingYuan se ensordecieron sobre el tema (ambos eran expertos en ignorar a Shen Jiu).
Tal vez fue lo poco que pensó al respecto lo que hizo que se sorprendiera tanto cuando, en medio de la masacre en la Conferencia de Alianza Inmortal, Mobei-Jun reemplazó al Rinoceronte Negro Lunar.
Shang QingHua se acercó trotando, tropezándose por el estrés, hasta que estuvo lo suficientemente lejos para que no lo oyera Shen QingQiu.
—Mi rey, ¿qué haces aquí?
Fue más un chillido que un murmullo, pero Mobei-Jun no se inmutó. De hecho, cuando respondió estaba más tranquilo que quien habla del clima.
—Vine a matar al líder de secta, Yue QingYuan.
Shang QingHua soltó un chillido y casi se arranca el cabello, exasperado.
—¡Vas tras el líder equivocado! ¡Debes buscar a Lao Gongzhu, el maestro del Palacio Huan Hua! ¿No planeamos todo esto para que te vengaras de él?
El demonio apenas se dignó en regalarle un parpadeo, lo que no fue nada útil para su estado de “gallina sin cabeza”.
—Vine por la venganza y a matar a Yue QingYuan.
Shang QingHua casi le da un ataque cardíaco mientras gritaba.
—¿¡Por qué!?
Y Mobei-Jun respondió tan tranquilamente, con toda la magnificencia que un príncipe mimado podía:
—Para anular su matrimonio.
Shang QingHua escupió sangre del estrés.
—¡Mi rey, no! ¡No puedes anular mi matrimonio, ni hacerle nada a Yue QingYuan!
Lo siguiente que pasó es que Shang QingHua salió volando por los cielos hasta estrellarse en una roca, luego Mobei-Jun le dio una paliza a Shen QingQiu y le quitó el sello a Luo BingHe.
¡Fue una suerte que al final Mobei-Jun no le haya hecho nada a Yue QingYuan! ¡Además de que ya no era el único transmigrante!
*
Los años pasaron y pasaron, al igual que los aniversarios del matrimonio.
Shen QingQiu estaba muerto, Shang QingHua cuidaba su cuerpo-planta y se mantenía lo más alejado posible de Luo BingHe.
Por desgracia, Luo BingHe era por excelencia el personaje más inteligente del mundo. Shang QingHua fue convocado por él (sin la presencia de Mobei-Jun) y no le quedó de otra que rezar por salir vivo.
Luo BingHe era intimidante. Su amado shizun muerto, la influencia de Xin Mo y sus años en el Abismo Sin Fin solo añadieron leña al fuego. Luo BingHe hacía que te temblaran las rodillas del miedo con solo su presencia.
—¿Me llamabas, Junshang?
Fue un alivio que escribiera al protagonista como alguien que no se andaba con rodeos.
—¿Cuándo te volviste cercano a shizun?
Shang QingHua alzó la cabeza y lo miró sin poder disimular el ceño fruncido. Esperó muchas otras preguntas, la mayoría sobre el cadaver de Shen QingQiu, pero nunca la que hizo.
—¿Disculpa?
Luo BingHe se levantó del trono de oro que hace apenas unos meses pertenecía al viejo pervertido. Bajó las escaleras con una serenidad tan falsa como las sonrisas de atención al cliente de Shang QingHua y luego caminó hasta quedar frente a él.
—Shizun te odiaba por estar casado con Yue QingYuan. Te maldecía tan a menudo que incluso olvidaba que había personas alrededor escuchándolo.
La información fue como una cubeta de agua fría. No le sorprendía de Shen Jiu, pero no había imaginado cuán profundo era el odio.
Parece ser que lo que dijo aquella vez era verdad.
Por otro lado, las implicaciones detrás de esa declaración eran obvias. Luo BingHe escuchó innumerables veces como Shen Jiu lo maldecía porque era él con quién se desquitaba.
Shang QingHua sudó aún más, rezando que el protagonista no quisiera desquitarse con él por el abuso que sufrió por su culpa.
Luo BingHe empezó a caminar a su alrededor mientras retomaba la conversación.
—Después de sufrir la desviación de qi que afectó su memoria, te trató con desinterés pero seguía chasqueando la lengua cuando se te nombraba—se detuvo justo en su espalda y la habitación se llenó de un silencio tan sepulcral que Shang QingHua no dudó que los insectos hayan huido asustados—. Me voy unos años y cuando regreso son los mejores amigos del mundo. Por eso pregunto, shishu, ¿qué los volvió tan amigos de repente?
Shang QingHua ignoró el tono de burla en el honorífico en favor de su supervivencia.
Era un alivio que Shang QingHua haya perfeccionado su don para mentir al punto de hacerlo tan rápido que cualquier IA le quedaría corta.
—Fue tu muerte, Junshang. Ya sabes, Pepino… Shen-shixiong estaba totalmente devastado cuando caíste al Abismo Sin Fin y yo estaba cuando sucedió. Esa batalla nos unió. Ya sabes lo que dicen, “amigos de trauma”. Ja, ja, ja.
La expresión del protagonista era feroz. Cuando repasó la historia que había contado sintió que el alma se le iba a los pies.
¿Cómo Luo BingHe iba a creerle si fue Shen QingQiu quien lo arrojó al Abismo Sin Fin y sabía que todo el desastre de la Conferencia de Alianza Inmortal era obra suya?
Sorpresivamente, Luo BingHe siguió caminando y cambió la conversación.
—Sabes, shishu, siempre me pregunté cómo Sha Hualing supo que el líder de secta no estaba cuando fue a hacer su presentación.
Shang QingHua tragó saliva, sabiendo que no tenía más remedio que ser brutalmente honesto. Esta conversación era como el juego de su vieja computadora: el Buscaminas. Y ya había pisado una, no podía darse el lujo de fallar.
—Ciertamente Sha Hualing y este maestro se conocen desde más tiempo del que la mayoría podría suponer—respondió con toda la calma que pudo fingir—. Siempre ha tenido un gran carácter y este maestro uno más dócil. Naturalmente, se enteró que mi esposo y yo teníamos un evento importante lejos de la secta…
Debido a que le hablaba al protagonista desde su título de emperador, el discurso formal salió de manera natural a tal punto que su cerebro llamó “mi esposo” automáticamente a Yue QingYuan.
El maestro de An Ding no se percató de sus palabras, pero el protagonista sí y entrecerró los ojos mientras lo observaba con más atención.
El silencio volvió a extenderse por la habitación, haciendo que Shang QingHua se retorciera por los nervios y la pesada mirada del emperador.
Después de lo que le pareció una eternidad, en la cual se quedó con los ojos profundamente clavados en el suelo para evitar cualquier inconveniente, Luo BingHe le dirigió unas palabras antes de desaparecer por un portal de Xin Mo.
—Siempre serás una rata traicionera, Shang QingHua.
Y si los pies de Shang QingHua se negaron a moverse durante otra infinidad de tiempo, consumido por el terror y la miseria… bueno, nadie tenía porqué saberlo.
*
Cuando finalmente Mobei-Jun y Luo BingHe lo expusieron como un traidor de los humanos, sus hermanos de secta intentaron matarlo. Especialmente Qi QingQi.
Ella y Liu QingGe alegaron sobre la dignidad de Yue QingYuan, creyendo que le había sido infiel con Mobei-Jun. Shang QingHua les aclaró (secretamente con pesadumbre en su corazón) que nunca le fue infiel a su esposo, solo había traicionado a la secta trabajando durante décadas con los demonios.
La generación de señores supremos con el nombre Qing resultó ser especialmente sensible, porque aún así Qi QingQi lo persiguió hasta el delirio. Fue una suerte que pasaran tantas cosas en un instante y Shang QingHua haya podido huir de su espada.
Cuando volvieron al Palacio Huan Hua, Shang QingHua quería reclamarle a su rey por exponerlo pero fue imposible, porque Mobei-Jun estaba muy ocupado discutiendo con Luo BingHe por no haber podido matar a Yue QingYuan.
¿Podía su rey dejar de pensar en matar a su esposo por un solo momento? ¡Shang QingHua está al borde del estrés todo el tiempo por miedo a quedar viudo!
Cuando Mobei-Jun finalmente se desocupó, Shang QingHua se reunió con él para pedirle que por favor no matara a Yue QingYuan.
Shang QingHua pensó, mientras se acomodaba el hombro en su lugar, que tal vez Mobei-Jun se había desquitado lo suficiente con él y se olvidaría de Yue QingYuan.
*
Cuando las aguas se calmaron (cuando Pepino y Luo BingHe estuvieron casados) Shang QingHua citó a Yue QingYuan y hablaron las cosas.
Shang QingHua quería volver a An Ding y Yue QingYuan aceptó.
Yue QingYuan lucía demasiado cansado y Shang QingHua no pudo evitar sentir compasión. No solo se sentía culpable de la historia que escribió para él, además de saber perfectamente los verdaderos sentimientos que tenía por todo el embrollo de Shen QingQiu, sino que también había sido su compañero durante varias décadas.
Claro que le tenía cariño, claro que tenía un pedazo de él. Aunque su matrimonio siempre fue un acto para los demás, ambos se habían respetado y apreciado durante todo este viaje. Eso había hecho que las cadenas fueran menos pesadas.
Shang QingHua estiró la mano y acunó la mejilla del famoso líder de la secta más poderosa, porque Avión miraba lo que realmente era: un hombre roto, humilde, de gran corazón y el alma más fiel.
—Nunca te he sido infiel, ¿lo sabes? Fue mi traición la que nos ató todos estos años, pero jamás traicioné nuestro matrimonio.
Yue QingYuan sonrió con suavidad y puso su mano sobre la del otro, mirándolo con cariño y hermandad.
—Aunque pueda ser extraño de entender para los demás, sé que eres un hombre que cumple sus promesas, QingHua.
Shang QingHua intentó sonreír pero solo le salió una mueca.
—Nuestros hermanos marciales no van a estar de acuerdo con que regrese. Van a pensar que te estoy cegando.
—Realmente me duele que seas el responsable de la muerte de tantos discípulos, pero soy consciente de que en realidad nunca vendiste a Cang Qiong. Si hubiera sido así, sería cenizas desde hace décadas.
Los ojos de Shang QingHua se llenaron de lágrimas. Durante la mayoría de su segunda vida fue inconsciente con la vida de las demás personas y con cada muerte que vio se volvió más insensible.
No fue hasta que la historia concluyó que se dio cuenta que, si bien el Sistema fue el que lo obligó a ser sirviente de Mobei-Jun y a sabotear la Conferencia de Alianza Inmortal, muchísimas personas murieron por su culpa.
Nadie sabía del Sistema y a los ojos del mundo era el responsable. Aunque Avión lo sabía, aún así se culpaba.
Nadie era carne de cañón. Cada persona y demonio era un ser vivo con una historia, familia y destino.
¿Cuántas almas arrastraba Shang QingHua a cuestas?
Dos lágrimas traicioneras se deslizaron por sus mejillas. Shang QingHua hipó y juntó su frente con la de su esposo, cerrando los ojos.
—¿Me creerías si te digo que nunca fue mi elección? Nunca quise tener mis manos manchadas de sangre. Aquella vez que nos atacaron cuando era discípulo externo, yo realmente estaba aterrado. Vi morir a todos mis compañeros, pero aún así no pude matarlo.
No esperaba que lo perdonara, ni esperaba blanquear su imagen, solamente quería que alguien lo supiera.
¿Quién mejor que quien había sido su compañero por décadas?
Shang QingHua nunca olvidaría las palabras que escuchó aquel día, guardándolas como un tesoro en su corazón.
—Eso es porque el alma de QingHua es preciosa.
*
En esta vida dentro de PIDW, Shang QingHua se había llevado muchas sorpresas. Pero que Mobei-Jun estuviera enamorado de él desde hace años superó con creces todas las demás.
¡Y Mobei-Jun quería formalizar!
Aunque, claro, había un enorme problema. Uno con forma de dos hombres y un matrimonio.
Shang QingHua arrastró su rostro por la mesa y gruñó, sintiendo su garganta rasposa por el fuerte alcohol que había bebido. Shen QingQiu lo miró con asco desde arriba, sentado pulcramente aunque solo estuvieran ellos dos.
—No existen los divorcios en PIDW, ¡sería inaudito! Me condené sin saberlo, hermano. ¿Qué voy a hacer? El hombre de mis sueños y el amor de mis dos vidas quiere casarse conmigo, ¡pero estoy casado y no quiero que le pase nada a Yue-shixiong!
Shen QingQiu no se inmutó con las quejas, aunque parecía extrañamente pensativo.
—Cuando transmigré y me enteré que estaban casados, créeme que lo último que pensé fue en cómo se divorciarían.
—¡Porque los dos íbamos a morir!—chilló mientras se reincorporaba de golpe, todo su rostro arrugado en una mueca de terror.
El abanico de Shen QingQiu chasqueó el aire cuando intentó golpearlo, por suerte Shang QingHua era un experto en esquivar y se salvó del golpe gratis. La pequeña batalla hizo que la seriedad volviera a la mesa y ambos se miraron por un largo tiempo, siguiendo la línea de pensamientos del otro.
—Tienes que ayudarme a encontrar un modo de divorciarnos sin que nadie muera, lo invaliden o quede humillado.
Shen QingQiu hizo su famosa sonrisa de come mierda y lo miró con una diversión absolutamente sarcástica.
—¿Algo más, princesa?
—Y que sea lo más pronto posible, claro.
Con el alcohol más asentado en su cuerpo no pudo esquivar rápido y el abanico se estrelló en su cabeza con un fuerte “¡boing!”.
Uno esperaría un chasquido, pero Shang QingHua tenía la cabeza tan hueca como un crater.
—¿Por qué habría de ayudarte? ¡A mí qué me importa tu vida amorosa!
—Por favor, pepinillo, por favoooor. Ándale, querido pepino, ¿siiiii? Pepinillooooo.
Shang QingHua no dudó ni solo segundo en lloriquear y suplicar, para él era tan normal como respirar. Menos en esta situación, en donde el único que podía ayudarlo era el enorme cerebro friki de su hater número uno.
Shen QingQiu suspiró y meditó las opciones recargando el abanico en la barbilla, clavando la vista en algún lugar al azar. Pasó un shichen donde soltaron ideas al aire pero ninguna funcionaba. Ambos estaban desparramados por el suelo y las botellas vacías aumentaron.
—¡Claro! ¡Es tan fácil!
Shang QingHua se enderezó de un brinco y miró con emoción a su compañero. Lucía como un desquiciado, ya que su cabello estaba desordenado por todas las veces que pasó las manos por el estrés.
—¿Qué? ¿Cuál es? Dime rápido—lo animó.
Shen QingQiu se enderezó y adoptó su postura y aura de cultivador inmortal. Shang QingHua se abstuvo de mofarse, ya que le estaba haciendo un favor y el dramatismo siempre era bienvenido.
—Solo deben decir la verdad: que nunca consumaron su matrimonio—asintió con ese aire de sabiduría que exigía ser señor de la cumbre Qing Jing—. Y ya. No deshonran a nadie, no enojan a los dioses, ¡ni serán juzgados!
Se sentía orgulloso de ser tan inteligente y de que la solución fuera tan fácil, pero todo se desmoronó cuando miró a Shang QingHua y lo encontró tan callado, rígido y pálido como una estatua.
Pero lo que lo hizo gritar –para nada como un macho– fue cuando Shang QingHua desvió la mirada y se negó a mirarlo.
—¡Me estás jodiendo, Avión!—el nombrado abrió la boca para responder pero Shen QingQiu cayó en cuenta de sus palabras y lo interrumpió— ¡No, no te atrevas a hacer un chiste con lo que dije!
Shang QingHua cerró la boca y apretó los labios en una línea tensa. El silencio se plantó en la cabaña de bambú hasta que Shen QingQiu pudo procesar la información.
—¿Cómo es que tú y el líder…?
—Por dios, hermano. ¿Sabes cuántas décadas tenemos casados? Además, ¡estábamos deprimidos y alcoholizados!
Shen QingQiu quiso taparse las orejas con las manos y bloquear el mundo. Se sentía igual que en su vida pasada cuando sus padres empezaron a hacer chistes de sexo enfrente de él.
—Cállateeee.
Por desgracia el alcohol ya lo había entorpecido y su cuerpo era tan blando y débil como una hoja. Shang QingHua se inclinó sobre la mesa y destapó sus oídos.
—No nos deprimidos por nuestra boda, fue poco después de que transmigraras. Él estaba triste por Shen Jiu y yo porque Mobei-Jun me golpeaba.
—¡NooOoOo, déjame! No quiero oír tu cochina historia—se quejó mientras se sacudía fuera del agarre de su compañero—. ¡Asqueroso, sinvergüenza! Pervertiste a Zhangmen.
—¿YooOoOoO? Los dos estábamos muy metidos en ello. Más específicamente, él estaba muy metido en mi-
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHH! ¡QUÉ ASCO! CÁLLATE.
—¡Maldito closetero de mierda! ¡Como si no te jodieran cada tres días con el pilar más grande de los tres reinos, mustia rastrera!—insultó Shang QingHua mientras agitaba al otro hombre por los hombros con brusquedad.
—Suéltameeee, no me toques. ¡Cochino! ¡Blasfemo! ¡Corrupto!—se defendió golpeando el pecho de su compañero con cada insulto.
—Remilgada de mierda. Chupa-pollas. Come pitos—contestaba de vuelta Shang QingHua mientras tiraba del cabello de Shen QingQiu.
Un shichen después Luo BingHe y Mobei-Jun encontraron la sala de visitas hecha un desastre y a los dos cultivadores inmortales profundamente dormidos en el suelo, tan abrazados como un par de hermanos.
*
Después de la desastrosa reunión con Shen QingQiu, en la cual no llegaron a ninguna solución y terminaron borrachísimos, se volvieron a reunir para planificar.
Shang QingHua apareció en la casa de ocio de su esposo y se sentó con gracia enfrente de él en la mesa del té. Yue QingYuan frunció ligeramente el ceño, extrañado por el comportamiento del otro cultivador, aunque se mantuvo callado.
El maestro de An Ding sacó de su bolsa qiankun un par de pergaminos y los abrió con una maestría propia de su oficio, los giró y los acercó al líder de la secta.
—¿Qué es esto, QingHua?—preguntó con curiosidad, inclinándose para leer los pergaminos.
Shang QingHua lo miró fijamente mientras Yue QingYuan leía, sin dejar pasar ni la más mínima expresión.
Cuando llegó al final, los ojos de Yue QingYuan se abrieron desmesuradamente y un pequeño jadeo escapó de su boca. Shang QingHua no se inmutó y se acercó más.
—¿Qué quieres decir con esto?—lo cuestionó el líder de secta, mirándolo con las cejas fruncidas.
—QingYuan, tú y yo sabemos que tenemos un alma gemela, pero definitivamente no lo somos el uno del otro—sacó de la bolsa qiankun un objeto y lo dejó sobre la mesa con cuidado, sin dejar de ver a Yue QingYuan a los ojos—. Divorciémonos públicamente…
Los ojos de Yue QingYuan estaban clavados en el objeto sobre la mesa, con tanta intensidad que el ambiente se tensó por el qi opresivo que emanaba.
—… y yo te traeré a Shen QingQiu. Tu Shen QingQiu.
*
Un año y medio después, Shang QingHua se despedía de todos los invitados con efusividad y cariño. Estaba tan feliz y emocionado que ni siquiera las pesadas y finas túnicas rojas que portaba le impedían avanzar a toda velocidad del brazo de su nuevo marido.
El único hombre que había amado en sus dos vidas, al que le entregó su devoción y su vida: Mobei-Jun.
En las mesas más cercanas estaban sus hermanos de secta y algunos otros cultivadores más de Cang Qiong con los que se llevaba especialmente bien. Luo BingHe estaba en esa mesa también porque se negaba a estar lejos de su shizun y Shen Yuan se negaba a estar en otra mesa.
Cuando su mirada se cruzó con la de Yue QingYuan, ambos sonrieron con cariño y Shang QingHua rió entre dientes al ver cómo Shen Jiu apretaba su agarre en el brazo del líder de secta.
