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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-12-09
Completed:
2025-12-09
Words:
51,555
Chapters:
81/81
Comments:
5
Kudos:
79
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15
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2,179

Un Pajarito mi Pajarito

Summary:

Un pajarito, pensó Simon.
Pequeña, vivaz, aguda… y con esa mezcla de timidez y curiosidad que hacía que su corazón latiera con un ritmo que él no reconocía.

Chapter 1: 🌸 Capítulo I: La primera mirada

Chapter Text

El salón de baile de los Bridgerton resplandecía aquella noche. Candelabros altos, música viva, damas moviéndose como flores agitadas por el viento… y, sin embargo, nada logró capturar la atención del Duque de Hastings tanto como ella.

Penélope Featherington.

No la había visto nunca.
No así.
No con esa luz.

La joven avanzaba tímida, casi intentando volverse invisible entre los colores brillantes y los chismes que flotaban por el salón. Su cabello rojizo recogido con delicadeza hacía brillar cada mechón como si hubiese atrapado un rayo de sol. Sus ojos—grandes, verdes, inocentes y despiertos—lo golpearon directo al pecho.

Un pajarito, pensó Simon.
Pequeña, vivaz, aguda… y con esa mezcla de timidez y curiosidad que hacía que su corazón latiera con un ritmo que él no reconocía.

Un murmullo suave estalló a su izquierda.

—Vaya, vaya… —dijo Lady Danbury, apoyada en su bastón y mirando directamente al duque—. Si no supiera más, diría que una pelirroja acaba de dejarlo sin aliento.

Simon apenas reaccionó; no apartó la vista de Penélope.

—No la había visto antes —confesó él, bajo, casi ronco.

Lady Danbury soltó una risa seca.

—Quizás porque jamás se ha detenido a mirar algo que no sea su propio aislamiento, muchacho.

Simon ni siquiera se ofendió. Porque tenía razón.
Pero algo en la expresión de aquella joven, algo en la dulzura con que sonreía a una dama mayor cuando la saludaba, algo en la forma en que se acomodaba un rizo con torpeza… lo hizo estremecerse.

¿Qué era esa sensación?
¿Esa punzada cálida… peligrosa… dulce?

No muy lejos, la familia Bridgerton observaba la escena sin comprenderla por completo.

—¿Estás viendo lo mismo que yo? —susurró Benedict, deseando no llamar la atención.

—Que el duque está mirando fijamente a Penélope —agregó Colin, con incredulidad.
Su tono era extraño, como si lo sorprendiera y lo incomodara a la vez.

Anthony entrecerró los ojos, volviéndose protector al instante.

—Ese hombre es un enigma. Y no me gustan los enigmas cerca de jóvenes inocentes.

Daphne, por su parte, sonrió apenas.

—¿Y si sólo está… interesado?

Anthony frunció más el ceño.
Daphne rodó los ojos.
Eloise, desde más atrás, murmuró:

—Si Simon Basset mira así a Penélope, temo por la cordura de Londres entera.

Pero Penélope… no tenía idea.

Ella solo intentaba no tropezar con el borde de su falda.
No veía que el duque había detenido su conversación.
No veía que Benedict lo observaba divertido, ni que Colin tensaba la mandíbula, ni que Lady Danbury sonreía como un gato frente a un cuenco de crema.

Sólo sonrió al ver por la ventana un pequeño gorrión que se posaba en la baranda.
Y esa sonrisa—esa dulce, espontánea, real sonrisa—golpeó a Simon tan fuerte que sintió que el aire se le escapaba.

Por Dios… qué sonrisa…

Sin pensarlo, avanzó.

Su corazón protestó.
Su juramento se encendió como una cadena fría recordándole quién era:
Un hombre que jamás formaría un hogar.
Un hombre que jamás se casaría.
Un hombre que jamás amaría.

Pero sus pies siguieron moviéndose.
Y antes de que pudiera detenerse, ya estaba frente a ella.

Penélope levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron.

Un choque.
Suave.
Profundo.
Inesperado.
El tipo de choque que cambia una vida sin pedir permiso.

Ella abrió un poco los labios, sorprendida.
Simon inclinó la cabeza, sintiendo un calor extraño y nuevo que subía por su garganta.

—Milady… —murmuró él, su voz mucho más suave de lo que esperaba—. Creo que no hemos sido presentados.

Penélope tragó, torpe, adorable.

—Yo… n-no, no lo creo, su gracia.

Su gracia.
En su voz.
Simon sintió que el mundo entero se reducía a ese pequeño rincón del salón.

—Me temo —dijo él, inclinándose para tomar su mano con una reverencia lenta— que eso es un grave error que debo corregir de inmediato.

Al rozar su piel, un escalofrío los recorrió a ambos.
Penélope no se movió.
Simon tampoco pudo hacerlo.

Algo se había encendido.

Algo silencioso y brillante.
Algo que ninguna mirada ajena percibió.
Algo que crecía, cálido, en el espacio entre sus dedos.

El duque sonrió apenas, con una ternura que ni él sabía que poseía.

—Me llamo Simon Basset —susurró—. Y me temo que no podré apartar mi mirada de usted esta noche.

Penélope contuvo el aliento.

Lady Danbury, desde lejos, apoyó su bastón con un golpe satisfecho.

Y la historia comenzó.