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Compromiso Navideño Hoshimi

Summary:

Miyabi había sido invitada a la velada navidad principal de Nueva Eridu. Siendo organizada por el Alcalde, de presentarían personas importantes.

Cómo Void Hunter, Miyabi tenía el deber de representar a la casa Hoshimi. Sin embargo, tenía que conseguir a un acompañante que tomara el lugar de su padre.

No había nadie apto para esa tarea... a excepción de cierto Proxy que ella conocía. Una idea que podría terminar bien.

- Los personajes no son míos. Son propiedad de Hoyoverse.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

El día reflejaba muy bien la calidad y la tranquilidad con la que siempre se desea todos los días en Nueva Eridu.

Para Miyabi, esta era parte de su gran recompensa en su trabajo como Capitana de la División No. 6 y sobre todo, como una Void Hunter.

Ahora mismo estaban a mediados de diciembre, fechas en las que se respiraba el ambiente navideño y su familia no era la excepción de celebrarlo.

Antes era mucho más animado cuando estaba presente su madre. Su sonrisa era lo suficientemente cautivadora y calida para encontrarse feliz por estás fechas.

Miyabi seguía disfrutando de estabas fechas, por supuesto. Algunas veces lo hizo como el año pasado junto a su propio escuadrón y el de este año hace unos días: Yanagi con regalos para cada uno, y todo parecía bien para ella. Harumasa, intentando en ser un buen Santa Claus para ser quien entregará los regalos y luego estaba Soukaku, quien no sabía tanto de ente que de gran barba y atuendo rojo repartiendo regalos. Terminó golpeando a Harumasa al confundirlo con un vagabundo que quería robar en la oficina.

Yanagi tuvo que hacer lo posible para detenerla, mientras que Harumasa no pareció molesto —al principio si lo estaba al ser golpeado cruelmente por la pequeña—, pero luego parecía estar tranquilo, pidiendo necesitar días de reposo para recuperarse. Yanagi por supuesto, estaba algo en contra de eso, pero al ver qué él si estuvo lesionado, decidió en cuidarlo por ella misma, cosa que para él no pareció agradarle la idea... obviamente esto era para molestarlo de parte de la chica.

Miyabi solo los observó en ese momento y estaba feliz de estar rodeada por ambientes tan agradables como ese.

Realmente ahora mismo estaba bien con su vida. Tenía incluso a su padre y seguían siendo unidos... claro, cuando tenían tiempo juntos en casa y sin que sus responsabilidades estuvieran presentes.

Algo como lo que estaban haciendo ahora mismo.

En la mesa del comedor principal de la residencia Hoshimi, los platos estaban dispuestos con una precisión impecable. No había excesos, ni adornos innecesarios; todo respondía a la estética que Miyabi conocía desde siempre: elegante, silencioso, pero para nada incómodo.

Ambos siempre dusfrutaban de la compañía del otro. Por supuesto, los dos estarían mejor si estuviera la señora Hoshimi con ellos, pero ya habían logrado superar ese duelo y conseguían disfrutar de sus cenas sin problemas.

Miyabi comía con movimientos contenidos, la espalda recta, los hombros relajados solo lo justo para no parecer rígida. Usaba dos palillos para comer con moderación a las costumbres de su familia.

Frente a ella, su padre mantenía la misma compostura de siempre, revisando mentalmente asuntos que jamás necesitaban ser dichos en voz alta.

La atmósfera, pese a ser tranquila y dónde ambos estaban como siempre, algo parecía distinto. Su padre. Parecía estar más silencioso de lo normal y parecía estar preocupado por algo. Lo notaba en su mirada.

— ¿Padre? —rompiendó el silencio del ambiente, ella habló—. ¿Hay algo de lo que te preocupa?

Él la observó algo dudoso y parecía más nervioso de o que estuvo hace unos segundos, pero de igual forma él respondió con tranquilidad.

—Es sobre la velada navidadeña. ¿Te acuerdas de ella no?

—Por supuesto. Cada año siempre nos invita el alcalde a asistir, ya que somos de la familia Hoshimi.

—Eso es cierto, pero... —tragó saliva mientras dejaba sus propios palillos y juntaba sus manos—. Bueno, este año, la velada navideña... No creo que pueda acompañarte este año.

Miyabi alzó la vista con atención, con sorpresa visible.

— ¿No podrás? —repitió con suavidad.

—Si, no podré acompañarte.

La frase cayó limpia, sin dramatismo. Miyabi no reaccionó de inmediato; solo asintió despacio, aceptando la información como si ya la hubiera anticipado.

Él volvió a tomar una bocanada de aire y prosiguió a seguir hablando:

—A decir verdad, surgió algo y tengo que ocuparme con unos asuntos ese día. Lo cancelaría, pero no puedo en dejar mal a la familia Hoshimi. ¿Lo entiendes, no?

—Entiendo —respondió Miyabi—. Si se trata de un asunto importante, entonces no hay alternativa.

—No la hay —confirmó él—. Y precisamente por eso, debemos de mantener la imagen de la familia. Y eso significa que, tampoco podemos en cancelar en ir a la fiesta.

Miyabi sintió una ligera tensión en el pecho. Por supuesto que era algo que sería lógico de que no pueden echarse para atrás con sus compromisos. El nombre de los Hoshimi no podía dañarse. Tanto su padre como ella lo sabían bien.

Si las cosas estaban así, ella sin duda no tenía opción.

Sonó desalentador de que no pueda ir con su padre, pero entendía el deber como cabecilla de la familia.

—No te preocupes padre. Si estás ocupado, entonces le diré al alcalde de la razón de tu ausencia. Yo misma iré como representante de la familia.

Continuó comiendo, manteniendo la mirada baja.

—Miyabi, creo que no sería apropiado que asistas sola. No me gustaría que mi hija vaya con una imagen así.

— ¿Por qué no? —preguntó confundida.

—Pensar que te vayas sola, podría en querer aprovecharse en acercarse malos bichos.

Eso la puso de mal humor mientras una pequeña vena sobralía de su frente.

Si había algo que no le gustaba de su padre, era en esa faceta de un padre sobreprotector. Ella sabía bien de que él era consciente de su fuerza como Void Hunter, pero eso no quitaba el hecho de que su faceta de padre seguía en pie.

Lo entendía bien. Ella ya era una dama hecha y derecha, así que sabía bien de lo mucho de que, hombres —y hasta mujeres— suspiraban por ella. No por nada era muy popular, ya no solo por ser una Void Hunter, sino por ser Hoshimi Miyabi.

Además, también era consciente de su propio atractivo. Se sentía honrada de haber heredado la belleza de su difunta madre.

Miyabi levantó la vista con lentitud mientras suspiraba.

—Padre... —comenzó—. La familia Hoshimi ha enviado representantes antes. Así que si quieres—

—No esta vez —interrumpió él con calma—. Las circunstancias podrían ser diferentes.

«No lo entiendo. ¿En qué sería diferente?»

Miyabi lo observó con el ceño fruncido mientras solo suspiraba ante la negación de su padre.

—Mi ausencia, siendo la figura principal de la familia siempre es parte importante. Si solo estás tú, es que podrías ser víctima de gente que piense que quieres ir tras mi puesto.

—Padre... Creo que ya estás exagerando mucho con las ocurrencias que estás diciendo. —dijo Miyabi, entrecerrando los ojos malhumorada.

Su mirada estaba siendo efecto en el señor Hoshimi, y viendo que había surtido efecto su mal humor ante todo lo que él había dicho, él continuó hablando.

—Miyabi... —se aclaró la garganta al toser mientras proseguía con un tono medido—. A tu edad, ya no es extraño que la gente espere ver a tu lado a alguien...

Miyabi se tensó.

No lo miró de inmediato. Sus pestañas bajaron apenas, y el rubor comenzó a asomar de manera traicionera en sus mejillas.

El tema comenzaba a desviarse por una dirección que ella no estaba segura si quería seguir.

— ¿Qué estás diciendo? —preguntó, fingiendo neutralidad.

Ella sabía muy la respuesta y su padre lo confirmó:

—Un buen acompañante —continuó él—. Alguien capaz, y digno de que pueda ir contigo. Que sepa comportarse sin ser absorbido por nuestro apellido. Alguien que no tema estar a tu lado.

Miyabi dejó los palillos con cuidado sobre su tazón.

—Padre —dijo, ahora sí mirarlo—, no creo que esta sea una conversación apropiada para—

—Tranquila, no hablo de matrimonio. Eso es muy pronto —la corrigió—. Yo hablo de que se te mantenga estar en una imagen importante de la familia Hoshimi, pero también que se vea que ya andas "ocupada" con asuntos personales ante esa gente que quiera acercarse a ti.

Miyabi sintió el calor subirle al rostro, no por enojo, sino por una vergüenza incómoda que le resultaba difícil justificar. Su padre no había mencionado nombres, pero no lo necesitaba. Ella entendía perfectamente a quién se refería.
Y eso era precisamente lo que la ponía ansiosa.

—No deberías hablar de pretendientes como si fueran piezas estratégicas —dijo con voz controlada—. No es... correcto.

Su padre la observó con atención, como si ese rubor le confirmara algo que ya sospechaba.

Sonrió complacido y relajado mientras reía como un tonto. Así más o menos es como Miyabi lo describiría.

—No te preocupes, por suerte, mi hija ya tiene en su lista a uno que puede encajar bien para esta tarea muy importante —respondió—. Yo también pienso que es adecuado. Encaja sin esfuerzo. No se sienta forzado por nuestras tradiciones, pero que tampoco las desprecia.

Miyabi tragó saliva.

Cada palabra construía una silueta demasiado clara.

—Padre... —dijo con un hilo de voz más bajo—. No lo involucres.

Él arqueó apenas una ceja.

—¿Involucrar a quién?

Miyabi cerró los ojos un segundo, frustrada consigo misma. Al abrirlos, el rubor era imposible de ocultar.

—A esa persona de la que estás hablando —respondió—. Sabes perfectamente a quién te refieres.

El silencio que siguió fue largo, pero no incómodo para él y para ella. Sobre todo, para ella.

La persona a quien se refería ya había conocido a su padre. Su primera interacción fue en aquel incidente de hace un tiempo y en el que él era de los pocos que sabían el secreto de la familia Hoshimi y aún así, la ayudó en lo que pudo.

Pensar en ello solo le había calentado el corazón, haciéndola sonrojarse un poco más.

Aún no podía olvidar como aquella persona también había venido una vez a la casa junto con Yanagi y los demás luego de aquel incidente porque su padre quería agradecerle en persona.

Terminó fatal cuando él le mostró el álbum de fotos donde estaba ella de pequeña.

Ni los ataques de los etéreos en las cavidades habían sido tan dañinos que ver a él viendo fotos pasadas de ella.

—No he dicho ningún nombre. —comentó con una sonrisa.

—No necesitas hacerlo —replicó Miyabi, bajando la mirada—. Y eso es precisamente el problema.

Apoyó una mano sobre la mesa, recuperando compostura.

—Si lo involucras —continuó—, lo estarías arrastrando a asuntos políticos y familiares que no le corresponden. A expectativas que él no pide manejar. Eso podría ser... molesto para él.

Su padre la observó con calma, pero con una atención más profunda.

—Te preocupa su incomodidad —dijo con una sonrisa—. También me gusta que pienses así de él.

—Me preocupa ser injusta con el trato hacía él—respondió Miyabi de inmediato—. Le debo mucho y... No quiero arrastrarlo a problemas cuando él me ha ayudado.

La frase era honesta. Y aun así, algo en su interior se rebeló contra ella.
Porque, si era completamente sincera, no era solo admiración lo que sentía. Había algo más, algo que no quería nombrar.

Su padre apoyó los codos en la mesa, sin presionar.

—Miyabi —dijo con una expresión suave y sincera—. Para dejar en claro una cosa; no estoy tratando de querer usarlo... Bueno, si. Un poco.

Eso último, dejó con más mala cara de ella hacía su padre. Estaba por decir algo, pero él siguió hablando.

—Al igual que tú, le debo mucho a él y lo que hizo por nosotros al guardar parte del secreto de la fama y ayudarte. Por eso pienso que me sentiría más tranquilo si la noche de la fiesta, Wise-kun te acompañe.

Él sonrió apenas, con una mezcla de orgullo y simpatía.

—Supongo que tienes razón.

El rubor en las mejillas de Miyabi no desaparecía. Le daba cierta vergüenza de que su padre hablara de ese tema con tanta naturalidad. Nunca lo hacía porque no quería aunque ella tuviera alguna pareja o alguna relación en la que podría escalar a más. Él entendía que el deber de un Void Hunter era primero, aunque igual dejaba que ella hiciera lo que quería con su vida.

Pero ahora aquí estaba él, llenándola en su cabeza que se comprometa con asistir a una velada nocturna oficial e importante. Con un compañero que no era ni menos que Wise, el proxy.

Claro, nadie sabía de que él era un proxy, solo lo sabían, ella, su padre, el alcalde y otros de confianza. Personas cercanas a su círculo de amistad.

No lo sabía, pero en el fondo, no le resultaba del todo desagradable la idea de que él la acompañe.

Miyabi ya se había declarado en frente de él de que era su proxy. Lo mismo que le regaló algo que le pertenecía a su madre, eso ya decía mucho de lo que ella sentía por él.

Eso era lo que más la inquietaba.

—No quiero que piense que esto es una clase forma en la que quisiéramos amarrarlo —dijo en voz baja—. O que se le exige algo que no puede devolver.

Su padre la miró con una serenidad distinta, más suave.

—Wise-kun es alguien razonable y un buen chico —respondió—, estoy muy seguro que sabrá distinguir entre una invitación amistosa si se lo preguntas.

Miyabi apretó los labios. Ella se sonrojó aún más.

—Padre...

—Miyabi —la interrumpió—. No te estoy pidiendo que aceptes nada hoy.

El silencio volvió a asentarse, más pesado que antes.

Miyabi retomó los cubiertos, aunque apenas probó bocado. Su mente estaba lejos de la mesa, lejos del protocolo, lejos incluso de la lógica.

Pensaba en Wise, en cómo sería tenerlo a su lado en una noche de velada como esa. Y esa idea, lejos de incomodarla del todo, le provocaba un nerviosismo que no sabía cómo combatir.

—Piénsalo —dijo su padre finalmente después de minutos—. Y decide tú. Si quieres ir sola, lo respetaré. Pero si decides invitar a alguien... que sea porque confías en él.

Miyabi asintió sin levantar la vista.

—Lo pensaré.


La cena terminó poco después, sin más comentarios. Pero Miyabi sabía que la conversación no había terminado; solo había cambiado de lugar.

Ya en su habitación, frente al espejo, observó el rubor que aún persistía en su rostro. Apoyó las manos en el borde del tocador y cerró los ojos.

— ¿Señorita Miyabi?

Una de las sirvientas de la casa le llamó mientras iba entrando en su habitación con un ámbito de ropa para dormir.

Ella miró de reojo la ropa y luego a la sirvienta, la cual estaba con una expresión un tanto intranquila.

— ¿Pasa algo? —pregunró Miyabi.

—B-Bueno... no quiero sonar nada entrometida con sus asuntos, pero... no tiene que pensarlo tanto.

Miyabi la miró algo confusa con el significado de aquellas palabras que la sirvienta le soltó.

—No entiendo...

—A lo que me refiero es —interrumpió con arrepentimiento, pero siguió de todas formas—, que solo debe seguir su corazón. Si usted realmente no está disgustada con la persona que sea su acompañante, solo hágalo.

Se quedó un momento observando la nada de su habitación, manteniendo el silencio abrumadora entre ella y la sirvienta que le estaba ayudando a sus problemas personales.

Se sentía un poco mal por tener que preocupar incluso a una persona que trabaja en su familia.

No obstante, su rostro no había dejado de suavizarse mientras sus ojos se dirigían a la mujer con kimono.

—No es que no dude de su compañía, solo que... no quisiera en causarle problemas por cosas tan pesadas como una reunión formal con mi familia.

—El señor Wise solo ha venido una vez a la residencia Hoshimi, pero, perdone mi impertinencia, siento que es una persona de la cual no dudsria en tenderle la mano. No importa en qué clase de asuntos pueda meterse.

Miyabi lo sabía bien, así era Wise. En cuanto tuvieron que pasar por aquella cavidad ellos dos, él no la abandonó e incluso pese a su fuerza común, la intentó salvar de la maldición de su espada.

Pensar en eso y en como él siempre se disponía a comprometer su vida para ayudarla, no tenía límites en su cuerpo.

Ella solo sonrió ante aquellas imágenes que remarcaban mucho en sus recuerdos de Wise.

Volteó a ver a la sirvienta que seguía de pie. Le esbozo una dulce sonrisa llena de simpatía.

—Muchas gracias por tus palabras.

Recibió una reverencia y de un segundo después, aquella mujer salió de la habitación, dejándola sola mientras volvía su atención al espejo.

Aún tenía ciertas dudas con respecto a hacer esto, pero está vez no quería en arrepentirse en lo que su corazón le estaba diciendo.

Sabían que, el llamado que estaba recibiendo era en que mañana iría a ver a Wise, y le invitaría a ser su acompañante.

Y sin poder controlarlo, su corazón estaba ansioso de verlo.
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Continuará...