Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 2 of Amo estos dos y lo haré problema de todos
Stats:
Published:
2026-01-01
Updated:
2026-01-01
Words:
7,396
Chapters:
1/26
Comments:
14
Kudos:
34
Bookmarks:
3
Hits:
194

To be a dad

Summary:

"¿Sabes qué? A la mierda, sí. Vámonos antes de que piense mejor lo que estoy haciendo."

O simplemente Ace se vuelve padre primerizo al llevarse a Tama con él. ¡Y claro, incluyan al estúpido incordio del pollo y el abrazable Pops!

Ace nunca dijo que sería fácil, pero joder.

Notes:

Hice speedrun con este fanfiction, porque necesitaba subir algo en el cumpleaños de Ace:,))

Sí, esto está enfocado en Tama y Ace siendo padre e hija, pero el Marco/Ace lo desarrollaré a mi manera

Chapter 1: La ballena

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Hace exactamente un mes, Portgas D. Ace había realizado la mayor imprudencia de su vida. En su momento fue una pésima idea, porque había actuado por impulso y egoísmo. Pero ahora, definitivamente, fue la mejor imprudencia que pudo hacer. 

En resumen, Ace mandó a la mierda el sentido común y se llevó a Tama y Komachiyo al Spadille cuando se fue de Wano.

Simplemente ilustre, pero ya había pasado un mes desde su irrevocable decisión. 

En ese corto periodo de tiempo Ace dejó en claro que era todo menos material de padre. Era un D. y podía cocinar, así que su adaptabilidad era realmente buena, ¿pero un padre? Definitivamente no. La palabra no iba de la mano con Porgas D. Ace, y lo decía en serio. Cuando puso a Tama y Komachiyo en su habitación personal para que duerman mejor, se ganó muchas bromas por ser “sobreprotector”, pero los mandó a la mierda rápidamente. Después, cuando mandó al perro con Skull y a Tama con Banshee, ambos aprendices, pero sin ser un miembro oficial de pelea para los Spades, se ganó más bromas, solo que escalaron a ser “padre sobreprotector”. 

Ace ya no pudo seguir manteniendo su postura cuando Tama lo llamó papá. El cambio de aniki hacia papá sucedió no mucho después de otra broma sobre su sobreprotección con Tama. 

El pecoso simplemente no pudo decirle a la pequeña niña que no era su padre. Eso sería cruel y desalmado, aunque tampoco es que a Ace le suponga un problema ser su padre.

Entonces, en un mes de prueba y error —platillos quemados, tablones salidos y demás— Ace se convirtió en padre. No de la forma más normal posible, pero ahora era uno. 

“¡Papá, mira, mira!” 

Los gritos de Tama lo hacen levantar la cabeza de su mapa. Los dos estaban en la sala de navegación, Ace realizando un mapa sobre la isla pasada y Tama leyendo un libro de criaturas marinas.

“¿Qué sucede, cariño?” pregunta con curiosidad. 

Tama levanta el libro y señala el animal que había en la hoja. “¿Podemos ver una? Por favooooor.”

Ace resopla con una sonrisa al ver su puchero. “¿Quieres ver una ballena, Tama?” pregunta con la ceja levantada. “Tienes a Komachiyo, y hace poco vimos una manada de reyes marinos.”

Pero Tama resopla. “¡No, no! Mira, papá, acá dice que son inofensivas. ¡Y son enormes! ¿Cómo un animal tan grande puede ser inofensivo?” pregunta con la curiosidad propia de un niño. “Mira, dice que cantan. Es un animal enorme y canta.”

La lógica, bien estructurada de hecho, de Tama es válida. Ace no sabía hasta ese momento que las ballenas cantan, lo cual era, por donde se viera, interesante. Pero la única ballena que pudo conocer fue Laboon, y duda mucho que sea una buena idea volver a pasar todo ese dolor de cabeza con Tama a bordo.

“Podemos buscarlas, pero no estoy seguro dónde suelen vivir, cariño.” ofrece con una sonrisa. 

Tama arruga su nariz, mirando nuevamente su libro. “Acá no dice tampoco dónde viven…” farfulla con decepción. “¿Puedes comprarme un libro de ballenas en la próxima isla? ¡Voy a buscar su casa y luego iremos allí!”

Ace carcajea, encantado por la energía de su hija, y asiente. “Parece una buena idea. La próxima isla parece estar llena de todo, de seguro tienen un libro de ballenas.”

“¡Hurra!” Tama aplaude para luego volver a su libro, volteando la hoja para encontrarse con un tiburón panda.

Felizmente, a pesar de lo visualmente bonito que era el tiburón, Tama se había enamorado de las ballenas. 

Ace podía trabajar con ello. Cuando era pequeño tuvo que soportar dos horas completas diarias de datos curiosos de las mariposas monarcas, o de cualquier bicho en general, porque Luffy es un nerd en toda regla con los insectos.

Una ballena era mil veces más manejable.

.

Al llegar a la isla, Tama sale disparada del barco junto a Komachiyo.

“¿Le diste dinero?”

“El suficiente para su libro de ballenas.”

Deuce carcajea mientras le palmea la espalda a su mejor amigo. “La consientes demasiado.”

“¿Estoy escuchando una queja?”

“Que va,” el peliazul avanza con las manos entre los bolsillos. “Es un agradecimiento. Se lo merece.” 

“La pequeña Tama se merece más que un libro de ballenas.” interrumpe Banshee con una sonrisa. 

Ace asiente sabiamente antes de mirar a su cocinera. “¿Cómo va nuestra aprendiz?” 

“Oh, es natural.” elogia la mujer con emoción. “Sé que no ha podido probar todos los platillos originarios de Wano, pero tiene un don para lograr ese sabor diferente. Creo que está perfeccionando uno para dártelo, cap.”

“¿En serio?” pregunta con sorpresa en su voz. “No debió molestarse.”

“¡Oh, cállate!” gruñe Banshee, sonriendo. “Eres su padre, cap. Y ella te adora, te ve como el mismo sol. ¿En serio crees que no querría darte su primer plato preparado por ella?”

Ace se sonroja furiosamente. “No valgo tanto…”

Deuce le da un golpe en su cuello. “Lo vales, idiota. Deja de pensar que no lo haces.” advierte con ojo crítico. “Ahora busca a tu hija y a tu preciado perro. Nosotros nos encargamos de tus suministros.”

El capitán asiente, aunque deteniéndose un segundo. “No te olvides que la tinta-”

“Debe ser la de frasco de vidrio, tapa negra y de Yuu. No te preocupes, sé cómo te pones si no es de esa marca, Ace.”

El pecoso le muestra el dedo pulgar y salta del barco en búsqueda de su hija y perro.

“Tama lo está ablandando, ¿no?”

Skull silba.

“Ha desistido de matar a Shirohige, yo creo que ha hecho más que eso.”

.

Tama no termina con solo un libro, ella consigue cuatro. El primero es de tapa dura con una gran figura de una ballena, probablemente un cuento. El segundo es, como originalmente buscó, un libro de ballenas. Datos curiosos, características y todo lo que alguien aficionado con el animal podría desear. El tercer libro es una investigación sobre la comunicación de estos animales marinos, lo cual es un extraño, ya que ningún niño en su sano juicio leería una investigación, pero bueno. 

El cuarto, para sorpresa de Ace, es un libro con muchas recetas de la comida típica de Wano.

“¿Cómo lo conseguiste, cariño?” pregunta con interés, porque hasta donde se sabía, era un país con barreras cerradas. 

“Lo estaban rematando porque era muy viejo.” explica con una sonrisita. El libro lucía demasiado antiguo, pero extrañamente completo. “Ya lo ví y las recetas tienen algunos fallos, pero puedo guiarme de algunas comidas.”

Ace tararea. “Suena genial, pequeña chef. Ahora andando, Komachiyo está cansado.”

Tama asiente mientras su padre la posiciona en sus hombros. Luego sujeta todos sus libros con su mano derecha y a Komachiyo con la izquierda.

“Le dije que no corra tanto, pero no me escuchó.”

“Aún no se acostumbra a estar mucho tiempo en el barco, cariño. Es un animal, así que es natural que quiera correr tanto como pueda en tierra.”

“Mmm,” Tama asiente. “¿Se pondrá mejor?”

“Claro que sí, solo necesita dormir…” alarga la última palabra con burla. “¡Al igual que tú, pequeño bribón!”

Tama chilla cuando Ace salta hasta el Spadille y la hace rebotar sobre sus hombros. 

“¡Noooo!” grita entre risas. “¡No tengo sueño!”

El hombre levanta una ceja. “¿En serio? ¡Porque la luna está muy arriba!”

“¡No, no!” intenta decir, pero un bostezo escapa de su boca. “¡Quiero leer el cuento!”

Pero Ace hace caso omiso, avanzando hasta su habitación. El pobre perro ya se había dormido en su brazo y Tama no podía arruinar su rutina de sueño. Abre la puerta con su pierna y lanza a la pequeña sobre la cama mientras coloca con cuidado a Komachiyo.

“No tengo sueño…” vuelve a decir, pero su voz se va apagando. 

“Como tú digas, pequeña chef. Solo vamos a cerrar los ojos y descansar la vista, ¿qué tal?”

“Mmm,”

Mientras Ace acomoda a su hija en la cama, con Komachiyo a su costado como peluche peludo, tararea una canción de cuna que escuchó alguna vez de Makino. El pecoso los cubre a ambos con la sábana rosada que compró en su antigua parada, sonriendo al notar a su hija profundamente dormida.

Ace le besa la frente a Tama y su mano acaricia la cabeza de Komachiyo antes de salir de su habitación. Cierra la puerta con todo el cuidado que puede albergar en su cuerpo y reaparece en la cubierta. Sus nakamas hablaban amenamente, desparramados con botellas de sake entre sus manos, cuando lo ven.

“¡Cap! ¿Zarpamos ya?” pregunta Deuce mientras le lanza una botella que atrapa con facilidad. “¿O esperamos al alba?”

“Ahora es mejor.” dice antes de dar un sorbo al sake. “La próxima parada es importante, no crean que me he olvidado.” murmura con diversión “Un emperador,”

Todos sus nakamas escupen su sake y lo miran con horror.

“No me jodas, ¿sigue en pie lo de Shirohige?” gruñe Deuce, limpiándose el hilo de sake con su brazo. “¡Tenemos a Tama! ¿Vas a ser tan imprudente?”

“¿Qué? ¡No!” farfulla Ace. “Me refería a Shanks, idiota. ¡No puedo pelear contra Shirohige con Tama y Komachiyo a bordo! ¿Tan mal piensas de mí?”

“Pienso que eres un imbécil, y es lo natural si hablamos de ti.”

“Me siento muy atacado.”

Sus demás nakamas resoplan, aliviados de que el plan “acabar con Shirohige” sea algo del pasado. Aún no están seguros del punto de visitar a Akagami No Shanks, pero su capitán no había mencionado ninguna pelea, así que no podía ser tan malo.

“Voy a mi puesto.” recita Cornelia. “Me das la orden, Cap.”

Ace rueda los ojos, queriendo decir algo más, pero lo ignora. Armar alboroto a mitad de la madrugada no sería beneficioso si Tama se despertara. Y si quería llegar hasta el hombre que salvó a Luffy de pequeño, lo mejor sería ignorar al tonto de Deuce y moverse hacia el timón. Ace, como último acto de venganza, le saca el dedo corazón a su mejor amigo antes de saltar hasta su lugar designado. El capitán ve de reojo a Cornelia en las velas, listo para liberarlas a su orden.

“De nuevo, sigo enojado, pero como sea. ¡Cornelia, sueltalas!” grita hacia su nakama con una sonrisa, luego se gira a Skull. “¡El ancla!”

El hombre la saca con una destreza única y el Piece of Spadille retumba cuando el viento lo azota. 

Ace ríe con emoción al sentir el furioso viento morderle la piel, listo para empezar su nuevo destino. Por el rabillo del ojo ve a sus nakamas volver a sus posiciones, listos si algo salía mal —lo cual era muy improbable, por una sabia razón Ace iba tomando el título del mejor navegante de la Era

La luna iluminaba el camino y la libertad fluía por sus venas.

En realidad, Ace nunca se había sentido tan vivo.

.

“¿El señor salvó al tío Luffy?”

“Básicamente. ¿Quieres quedarte en el Spadille o vienes con nosotros?”

“¿Alguien se va a quedar conmigo?”

“Komachiyo.”

“¡Entonces no!”

Ahora Ace tenía una garrapata en su pierna derecha. El pecoso mira con una sonrisa a su hija aferrándose a él con fuerza. Tama no era precisamente una niña que se asuste fácil, pero tomaba tiempo acostumbrarse a vivir en un barco. Y si dicho barco estaba vacío —porque Komachiyo era uno con Tama—, lo más razonable era querer ir con todos.

En especial con su padre.

“Bueno,” la levanta con facilidad con su brazo izquierdo, escondiéndola con su capa. “Avísame si tienes mucho frío, ¿vale? No creo que tome mucho tiempo subir la colina.”

“¿Puedo avisarte yo si tengo mucho frío?” interrumpe Deuce, chasqueando los dientes por el clima. “Porque, realmente, me congelo.”

Ace carajea, divertido por su mejor amigo. “Subir la colina te hará entrar en calor, ya verás.”

“Créeme, lo dudo.”

“¿No puedo quedarme en el barco?” gimotea Saber. “Esta isla es un invierno literal.”

“Vamos, vamos. No sean así, ¡tengo que visitar a Shanks!” proclama con orgullo. “De todas formas, si alguien tiene mucho frío cargue a Komachiyo. Es extrañamente cálido.”

Segundos después de decir eso se desata una pelea por el animal. Ace mira todo con aburrimiento, ¿en serio se ponían así por un poco de frío? Antes de comer la Mera Mera ya toleraba bastante bien el frío, por lo que duda muchísimo que alguna vez se haya puesto así. 

Tras dos largos minutos de maldiciones, sale victoriosa Banshee. La mujer sostenía con una sonrisa socarrona al perro, abrazándolo con cuidado y absorbiendo el calor que emanaba.

“Banshee, tú toleras mejor el frío.” gruñe Deuce con dolor. “Por favor, dame a Komachiyo.”

“Tú lo has dicho, lo tolero. Y si lo puedo evitar, mejor.”

Ignorando el rostro traicionado de su segundo al mando, Ace se vuelve a girar hacia la montaña.

“¡Andando!”

Recibe un coro de quejas, pero él no va a parar, eso es seguro.

.

“¿Hablas de Luffy? ¡No sabía que tenía un hermano!” espeta con voz cantarina el yonkou. “¡Cuéntame más!” Shanks se gira a su tripulación y levanta su sake. “¡Chicos, una fiesta!”

Los gritos eufóricos resuenan en la cueva mientras Ace les hace señas a su tripulación para que dejen la postura tensa. Debió haber avisado que buscaba agradecerle a yonkou, no una pelea. De todos modos, Tama lo sabía. Ella decidió no hacerlo público, así que no fue su culpa.

Ace recibe con una sonrisa el sake.

“Vamos, vamos. Eres el hermano de anchor,” ronronea el hombre, dando un sorbo a su sake. “Siéntate, chico. Eres familia.”

El joven capitán obedece, situándose frente al yonkou. Antes de sentarse correctamente, Tama salta de su brazo y cae con delicadeza en el suelo. La niña mira al pelirrojo con intriga genuina.

“¿¡EHH!?” Shanks abre los ojos de par en par y acerca su cabeza a la niña. “¿Y tú quién eres?” 

“Soy Tama.” mueve su mano en forma de saludo. “Hija de Portgas D. Ace.”

“¿¡EHHHHH!?” 

El yonkou deja caer su sake y mira fijamente a la niña. Su rostro pálido causa gracia a Tama, pero le prometió a su papá portarse bien. Incluso mejor con los yon… yonkus… ¡Como sea que se llamen! Solo debía portarse aún mejor con ellos por alguna razón desconocida.

“Ah, sí. No lo he hecho público,” murmura Ace con nerviosismo. “Pero bueno, ella es Tama. Y el perro de allí es Komachiyo, son nuevos.” señala a Banshee, quien sujetaba al dormido animal. 

“Es tu hija.”

“Mmm,”

Shanks ladea su cabeza. “¿De dónde vienes, Tama?”

“¡Soy de Wano!” grita con orgullo. “Pero vivo en el Spadille desde hace… ¿desde hace cuánto, papá?”

“Un mes y una semana.”

“Eso.”

El pelirrojo suelta una carcajada sonora. “¿Tu papá te trajo a su barco? ¿O cómo sucedió todo esto, eh?” pregunta, mirando de reojo a Ace. “No es lugar para una niña tan pequeña, ¿lo sabes, no?”

“¡Uf!” Tama se cruza de brazos y mira con aburrimiento al hombre. De fondo se escucha una risa mal contenida de algún pirata del pelirrojo. “Papá ya me lo dijo cien veces. No necesito que alguien más me lo diga, señor Shanks. ¡Y papá me cuida muy bien, así que estoy a salvo, muchas gracias!”

El rostro de Ace se vuelve pálido mientras la tripulación de Akagami estalla en risas. 

“Vaya carácter,” traga Shanks. “Pero bueno, pequeña, debo confiar en tu palabra.”

“Claro que lo haces.”

Ace era del color de la nieve en ese momento.

“Tama, ¿qué te dije sobre Shanks?” murmura con el rostro entre sus manos. 

Su adorada hija lo mira con ojos brillantes. “Salvó al tío Luffy.”

“¿Entonces?”

“Debo tratarlo bien.”

¿Entonces?

Tama vuelve a mirar al yonkou, quien sonreía como un tonto, para luego volver a su padre. “Lo traté bien. A menos que el señor Shanks sea un llorón, lo cual no es, ¿verdad, señor Shanks?” se gira hacia el hombro con una sonrisita inocente.

El pecoso está a punto de corregirla, pero las carcajadas de Shanks lo interrumpen.

“Eso fue una delicia de ver, sin duda alguna. ¡Nunca pensé ver al novato Puño de Fuego corrigiendo a su hija, dahahaha!” Shanks palmea sus piernas con su mano, divertidísimo del intercambio. “Vamos, Ace, está bien. Dejad a los niños ser niños.”

“¡Ves, no es un llorón!” vuelve a chillar Tama con una sonrisa más grande. “Me caes bien, señor Shanks.”

“Llámame tío Shanks, Tama.”

La pequeña asiente varias veces y Ace pregunta qué clase de tíos iba adoptando su hija. 

“Bueno, como todo está arreglado, ¿pueden por favor hacer esa fogata más grande? Me congelo.” gruñe Deuce desde la distancia, apegado a Banshee como un koala.

“Dios santo, o eres tú o es Tama.” farfulla Ace, cansado.  “Shanks…”

“Lo tengo, Acey.” ronronea con una sonrisa. “Ahora… ¡cuéntame de Luffy y Tama!”

Ace se atora con su sake. “¿De Tama?” pregunta con recelo, oh, ya estaba escuchando las risas de su tripulación. “¿Por qué quieres saber de ella?” 

“Bueno, soy su tío.”

“Desde hoy, prácticamente.”

“Su tío a fin de cuentas.” tararea con una sonrisa estúpida. “Anda, deja la sobreprotección. Somos familia.” 

Mientras Ace mira con recelo al yonkou, Tama se sienta en su regazo, absorbiendo su calor corporal. Su hija se hace una bolita en su lugar, mirando con curiosidad a su nuevo tío.

No parecía una persona mala. Quizás un poco tonto, pero no le daba mala espina, así que su papá no debía ponerse tan sobreprotector. Al menos no con un tonto, cree ella.

.

“¿Qué es eso, papá?”

“Es la Vivre Card de tu tío.” explica con simpleza, guardándola en su sombrero. Ace mira de reojo la confusión en su hija. “Es un papel especial de cada persona. Indica cómo está, y también cómo encontrarla.”

Tama abre la boca como un pez. “¿Puedo tener una?”

“Eh,” Ace mira a su mejor amigo, quien también meditaba lo dicho por la pequeña. Al cabo de cuatro segundos, Deuce se encoge de hombros. “Claro, cariño. Veré cómo conseguirte una.”

“¡Yay!” 

Con eso, Tama corre hacia su zona predilecta del barco: la pequeña mesa que le hizo Saber junto a la cama movible de Komachiyo. Inmediatamente saca el segundo libro que compró, porque el primer cuento lo terminó en dos días.

Desde la distancia, Ace ve a su hija leer completamente entretenida su libro de ballenas. 

“Oye, Deuce.” susurra con voz grave. “Sé que solo ha pasado poco tiempo, pero…” se muerde el labio y mira a su amigo. “¿Lo estoy haciendo bien?”

Una mano cae en su espalda. El toque es firme, cálido y familiar. Lo llena de una forma que nunca antes pensó posible.

“Ace, eres un buen padre.”

El pecoso suspira, pesado. Aún mirando a su hija. “¿No crees que la someto a mucho peligro? ¿Hice bien en traerla? Si el mundo se entera de mi sangre, y luego piensan que ella…”

“Oye, no. Detente justo ahí.” Deuce le sujeta por los hombros con firmeza. “Está bien tener miedo, Ace. Es solo una niña en un barco de piratas, los peligros son infinitos. Pero estás tú, nosotros, Komachiyo y sus dos tíos locos. La vamos a proteger, no dudes de ello.” 

“¿Qué sucede con mi sangre?”

“No sucede absolutamente nada con tu sangre. Tú no eres él, ¿entiendes?” le golpea suavemente su cabeza. “Manda a la mierda a todas esas personas que dijeron eso de ti. Mereces vivir, mereces ser amado, y mereces amar. ¡Dios! Tienes una hija, idiota, ya estás demostrando que se equivocaron.”

Ace se ríe con lágrimas en los ojos. 

“Gracias.”

“Soy tu mejor amigo y segundo al mando, siempre estaré para ti.”

El peliazul lo abraza con fuerza mientras Ace suspira.

Merezco vivir, merezco ser amado, merezco amar.

.

Comenzando el tercer mes con Tama y Komachiyo a bordo, Ace sueña con ballenas.

Ballenas jorobadas, azules, espada —una deformidad de la naturaleza, si le preguntan—, panda, rosadas, martillo, gigantes, north común, east agresivas, de gran aleta, y de algún cruce raro con un rey marino y no tenía nombre como tal.

De alguna forma, con toda esa información, Luffy seguía siendo peor con sus bichos.

“Tama, cariño, princesa… ¿no tenías que ir con Banshee para practicar una receta de tu libro de Wano?”

La pequeña parpadea y hace una mueca. “Lo olvidé. ¡Me tengo que ir, adiós papá!”

“Adiós, cariño.”

Tama huye a la cocina, dejándolo solo en medio de la cubierta. Ace se tambalea hasta el nido de cuervos como puede, tenía los músculos tensos y ojeras adornando sus ojos.

Quedarse sin pastillas para la narcolepsia era un verdadero dolor de culo.

Ace se desploma contra la barandilla, mirando el amplio mar con aburrimiento. La última pelea divertida que tuvo fue hace dos semanas, con una tripulación prometedora, pero no a su nivel, por supuesto. Lo que más entretuvo al pecoso fue su habilidad con el kairoseki. No tenían balas como la marina, pero su destreza con las navajas lo entretuvo. Fue un buen momento para practicar su haki de visión, al menos.

El de armamento era un poco aburrido, siendo honesto; el de conquistador supone que estaba bien. Su control sobre él había mejorado, pero no le prestaba tanta importancia como al de visión. En algún momento balancearía sus cartas, no quería volverse como Katakuri.

Mientras mira, completa y dolorosamente aburrido, el tranquilo mar, se da cuenta de una isla. Ace ladea su cabeza, preguntándose por qué no la consideró una opción, hasta que sube su mirada y se encuentra con la gran bandera de Shirohige. 

Ah, ya me acordé.

Como estaban bien en suministros y el Spadille no necesitaba reparación alguna, Ace la tachó como opción. No buscaría llamar la atención por esa vez.

Sin embargo, la isla estaba sumida en caos absoluto. Columnas de fuego danzaban en el bosque mientras los gritos de las personas llegaban hasta su posición. Ace entrecierra los ojos, empezando a alarmarse. Mirando detenidamente el desastre, se encuentra con un barco pirata. 

Oh, genial. Otros idiotas siendo idiotas.

Ace era imprudente, no lo iba a negar, pero nunca se le había pasado por la mente ir a una isla protegida por un yonkou y destruirla. Eso superaba a creces su estupidez, gracias.

Suspirando, baja la vista a la cubierta. La mayoría de sus nakamas ya estaban mirando el espectáculo. 

Una de las labores más importantes de ser capitán era tomar la peor ruta posible.

“¡NOS MOVEMOS!” grita mientras salta a las velas, impulsando el barco con una ráfaga de fuego.

Escucha maldiciones desordenadas y golpes contra la madera, pero, en lo que a él respecta, avisó. 

.

Acabar con la tripulación idiota fue innesecariamente fácil. No poseían haki ni eran usuarios. Desconocían del kairoseki y su capitán era un imbécil a tiempo completo.

Ace absorbe el fuego del bosque y lo lanza hacia el barco invasor. No le toma mucho tiempo apagar el fuego. Desde la distancia ve a Komachiyo —de alguna forma ese perro se escapó del Spadille, y debía empezar a preguntarse cómo— lamer a un lince cachorro. No ve ninguna intención de deshacerse de su nuevo amigo, y como Tama ya había podido bajar del barco y vió al otro animal, sería imposible dejarlo en la isla.

Archiva ese problema para el Ace del futuro.

“Muchas gracias, hijo.” dice la alcaldesa de la isla con voz agradecida. La mujer sujeta su rostro con ambas manos, apretando sus cachetes como si fuera un niño. “No sabría qué hubiéramos hecho sin ti.”

“No fue nada, señora. Aunque… ¿no se supone que son una isla protegida? Ví la bandera.”

“Ohjojojo, eres un jovencito atrevido al ver la bandera y aún así venir a ayudar.” canturrea con esa sonrisa de abuelita que preparaba galletas. “Pero bueno, ¿cómo podríamos molestar a Shirohige-san de esa manera?”

“Creo que ese es el punto de ser una isla protegida…”

“Tonterías,” lo calla con voz divertida. “Se habían ido de la isla hace pocas semanas, no podía molestarlo tan rápido.” La mujer lo suelta con una sonrisa amable. “¿No están cansados, tú y tu equipo? Lamento que hayan tenido que luchar de imprevisto.”

“Oh no, para nada, señora. Estamos bien.” asegura con una sonrisa. “No se preocupe por nosotros, no tenemos ni un rasguño, se lo prometo.”

“¡Oh! Eres un chico de promesas, entonces. ¿Qué te parece darte algo en agradecimiento? Sé de primera mano lo testarudas que son las personas como tú, hijo.”

“Eh…”

“Lo que tu quieras, hijo. Tenemos comida, ropa, medicina…”

Ace se detiene al escuchar la segunda palabra. “¿Ropa?” repite, con voz tímida.

“¿Ropa, entonces?” pregunta, encantada. “¡Claro que sí! ¿Es para ti, alguien de tu tripulación en específico o…?”

“Para mi hija.” dice con voz cálida y un leve sonrojo. Es la primera vez que lo dice en voz alta a alguien que no sea su tripulación o Shanks. “Es de este tamaño, le gusta el verde-”

“¿¡Tienes una hija!?” interrumpe la mujer con emoción en su rostro. “¡Oh, hace tiempo que no tenemos niños!”

Ace se sonroja más, pero asiente. Levanta su cabeza hacia la pequeña mota verde con morado que jugaba con el perro y el lince adoptado.

“¡Tama, ven un segundo!” 

Su hija levanta la cabeza para buscarlo y corre hacia él cuando lo ve. Era adorable cómo Tama ignoraba el hecho de que era uno de los novatos con mayor recompensa y letales de la Era. Ignorando que rechazó una invitación para ser un Shichibukai. 

La señora, junto al grupo de chicas que lo rodearon, arrullan al ver a su hija. 

“Hola,” saluda con una sonrisa. “Soy Tama. Y él es mi papá.”

“¡Eres una ternura, querida!” arrulla la alcaldesa. “No te preocupes, aún tenemos un poco de ropa de tu talla. ¿Cuál es tu color favorito, por cierto?”

“El verde y el rosa.” dice, emocionada. “¿Puedo tener vestidos con flores? Por favor.”

“¡Claro que sí, pequeña!” La mujer levanta su cabeza y mira a una chica de cabello rizado. “¡Michelle, la ropa!” ordena con voz firme.

Ace ve cómo la chica corre hacia una cabaña y regresa en un pestañeo. Tenía varios vestidos de la talla de Tama, con diversos patrones y colores. 

“Acá,” dice con una sonrisa. “¿Cuáles te gustan, pequeña?” se dirige hacia Tama, poniéndose en cuclillas. 

Tama mira todo con brillo en sus ojos. Sus manos tocan con cuidado la tela. “¿Puedo escoger?”

“¡Claro que sí!” 

Su hija tiembla con emoción. A pesar de haberle comprado millones de conjuntos, desde vestidos hasta tiaras, aún se emocionaba al ver algún estilo similar al de Wano. Debido a lo cerrado que era el país, había muy pocas prendas originarias del país en el Nuevo Mundo, y las pocas que habían eran para adultos, así que Ace no le pudo conseguir lo que quería a su adorada hija.

Sin embargo, los vestidos que ofrecía la chica eran realmente parecidos a una yukata. El lazo en la parte de atrás era de buena calidad y los patrones eran delicados. Quizás el largo de los vestidos no era el correcto —un poquito debajo de las rodillas, cuando el que solía usar Tama era dos centímetros debajo de su rodilla—, pero eran perfectos.

Tama agarra tres vestidos, uno verde con patrón de pétalos rosados; uno amarillo con flores anaranjadas; y uno celeste con pétalos blancos. Ace se encargaría de conseguir la faja correspondiente en su próxima parada.

“Se te verán hermosos.” asegura la chica.

“Toda una princesita.” agrega la alcaldesa. 

Ace sonríe con cariño al ver a Tama sonrojarse.  “La princesa más linda del mundo.” se ve diciendo. 

Tama se sonroja más y esconde su rostro en las piernas de Ace. Las mujeres arrullan con ternura al ver el gesto.

Para evitar una divertida discusión, no se ríe. 

“Bueno, mejor partimos antes de que llegue Shirohige.”

“Oh, lo que faltaba. Shitohige-san no debería molestarse por estas cosas.” niega la mujer. “De todos modos, buen viaje, hijo. Cuida esa princesita tuya.”

“Es mi vida, señora.” promete con una sonrisa de oreja a oreja, recibiendo un asentimiento. Luego se gira hacia su tripulación. “Al barco, antes de que caiga la luna.” ordena con voz firme y avanza con Tama y sus vestidos entre sus brazos.

Ignora el hecho de que junto a Komachiyo sube el lince.

.

“¿Qué? No, espera. ¿Me estás…? ¡Tama!” Ace balbucea, con el rostro perplejo y llamas danzando en sus hombros. “¿Qué hice para merecer la ley del hielo?” gimotea, porque hasta donde recuerda, hizo todo bien.

Veamos: no se lastimó, no abusó de sus poderes, y no dijo malas palabras (este último le costó, pero pudo medir su vocabulario en ciertas batallas).

Tama hace un puchero y se cruza de brazos.

“Dejaste luchar a Komachiyo.” señala al animal, que dormía felizmente junto al lince. 

“¿Yo?” Ace se señala a sí mismo. “¡Se escapó del barco! No puedo estar vigilándolo todo el rato, cariño.”

La pequeña arruga la nariz, inconforme pero entendiendo el punto.

“No se vale, yo también quiero pelear. ¡Quiero ser parte de tu tripulación!”

Ace ahoga un grito.

“Tama, luz de mi vida, no. Estar en este barco ya es mucho peligro. No estás peleando nunca, ¿vale?” trata de decir con voz suave, pero se filtra ese leve enojo. Tama abre los ojos, nerviosa. “¡No lo dije así! Espera, déjame explicarte primero. Es mi primera vez siendo padre, dame tiempo. Estoy pensando, cariño.”

A su costado escucha a Skull ahogar una carcajada, el muy cabrón.

El pecoso sujeta las manos de su hija, poniéndose a su altura, y le habla con voz cálida.

“Mira, sé que todos estos meses han sido de locos. Dejar tu país para venir conmigo, las aventuras, peleas… Ha sido mucho, y entiendo que quieras ser más. Todos quieren serlo, pero debes entender algo.” Tama lo mira con esos ojos redondos brillosos. “Como tu padre, me preocupo por ti. ¡Y eres muy pequeña para pelear en mis batallas! No puedo pensar cómo me pondría si algo te pasa, Tama.”

“El tío Shanks dijo que fue un grumete. Y peleaba junto a su amigo Buggy.”

“¿Qué? Oh, ahora sí está muerto. ¿Sabes qué? Bloquearé su número, solo- ¡Ugh!” Ace maldice a Shanks y su bocota. “Bueno, eso es contraproducente… Como sea, hagamos algo, porque no seré hipócrita.” Ace se levanta y mueve su mano hasta su estómago. “Incluiremos entrenamiento suave, pero podrás pelear cuando seas así de grande.”

“Eso es demasiado.” se queja, viendo lo que debería crecer

Eso significa que aún eres una niña.” ronronea con astucia. “Pero bueno, Tama. ¿Qué dices? Es lo máximo que te puedo ofrecer hasta ahora sin ser irresponsable.”

Tama mira su mano aún a la altura de su estómago, luego inhala y asiente. “¡Voy a entrenar!”

“Suave.” repite Ace, mirando a sus nakamas, quienes asienten al ver la mirada penetrante de su capitán. “Y sigues siendo mi pequeña chef, ¿me oyes?”

“¡Seré una peleadora, chef, y princesa!” grita, eufórica. 

Ace suspira. “Eso suena mejor.”

“Pero aún debes hacer algo para disculparte, papá. ¡Descuidaste a Komachiyo!”

“Espera, ¿qué? ¡Es tuyo!”

“Dijiste que no puedo salir del barco.”

Esta. Niña.

Mata con la mirada a Skull, porque está muy cerca de reírse. 

“¿Qué debo hacer entonces, cariño?”

“Tenemos que ver una ballena.”

Oh, vamos.

Skull rompe en carcajadas y Ace pide fuerzas a su versión infantil, porque cómo demonios soportó a Luffy con sus bichos. ¡Sumando que estaban en un bosque, y debía pasar horas buscando un puto escarabajo!

Inhala, exhala.

Las ballenas estaban bien. Que vivan las ballenas.

“Puedo con ello.” dice más a sí mismo que a su hija. 

.

Encontrar una manada de ballenas era mil veces más difícil que encontrar una fruta del diablo. 

Durante otro mes Ace se encargó de visitar cada rincón del mar con mayor concentración de animales, pero no estaban las malditas ballenas. Al menos tenía como consuelo a Kotatsu, el lince que adoptó Komachiyo, pero quedó bajo custodia total de Ace.

El perro lo miraba con recelo, ¡pero, oye, no es culpa de Ace que se comporte más como un gato arisco que otra cosa! Quizás si Komachiyo entendiera el espacio personal y definitivamente un saludo no era un lametón, Kotatsu aún seguiría con él. Pero como no fue el caso, el lince rotaba entre la sala de mapas y el hombro de Ace. 

Tama no le prestó mucha importancia a los celos de su amigo canino, ya que Kotatsu también parecía gustarle la niña, solo que no tanto como Ace. 

Seis meses pasan volando desde que subió a Tama a su barco, y Ace trataba de hacerlo mejor cada día.

“¡Tierra a la vista!”

“Ya era hora.”

No habían tocado una isla desde hace tres semanas, y la ausencia de sake empezaba a hacerse notable. 

“Y tiene bosque…” murmura Deuce con estrés. “Ace, Tama, no hagan tonterías.”

“Eso es rudo,” farfulla el dúo con la nariz arrugada.

Deuce rueda los ojos. 

“Komachiyo, no los pierdas de vista, ¿vale?”

El perro ladra. 

“Buen chico.”

Ace sonríe al ver a Komachiyo presumirle a Kotatsu cómo lo llamaron, pero el lince en crecimiento solo se menea contra su rostro. Y con ese simple gesto se muestra el ganador, porque Kotatsu estaba al lado del capitán.

Tama carga al triste Komachiyo.

.

Al cabo de dos horas, el sol empezando a ponerse sobre el mar, Tama dirigía el camino hacia el barco. Aún en el bosque, la seguían, estrictamente en ese orden, Ace, Komachiyo y Kotasu, pero el lince seguía en los hombros de Ace, así que no contaba mucho.

Algo bueno de su hija era su memoria, porque recordaba cómo regresar al barco. Ace piensa que es lo esperado, porque si Tama recordaba toda la información de las ballenas entonces recordar el camino debía ser pan comido.

“Llegando necesitamos bañar a Komachiyo, se ha ensuciado su pelaje.” 

“¡Con burbujas! Debe ser un baño… ¡Papá!”

Ace da dos pasos grandes y queda al costado de su hija, con el ceño fruncido.

“¿Qué suce-”

“¡Un pavo en llamas!”

¿Eh?

“¡Y está herido!” 

Tama no espera un segundo más y sale disparada en dirección del ave, que Ace veía con intriga. En efecto, era un pavo. En llamas. Y estaba herido, por supuesto.

“¿Qué demonios…?” 

“¡Papá, tiene el ala lastimada!” chilla Tama con horror. “Mira, tiene algo atravesando su ala.” Su adorada hija sujeta con cuidado el ala herida, recibiendo un sonidito del ave. “Le duele.”

Ace asiente, acercándose por completo, para luego hacer una mueca marcada al ver al animal de cerca.

“Ah, solo es el pollo de Shirohige. Vámonos, Tama.”

“¿¡Qué!?”

Oh, ahora eso es interesante. Porque la misma palabra se escucha doble, y hasta donde Ace sabe, no se ha drogado.

Tama se gira en un salto, viendo al pájaro hablar.

“¿Me acabas de llamar pollo, yoi?”

El pecoso arruga su nariz. Su cabeza seguía repleta de ballenas, no quería sumar un problema más. No del tamaño de un yonkou, al menos.

Girándose hacia su hija, le hace unas señas. “Si puede hablar puede vivir, vámonos.”

“Pero papá,” arrastra la última vocal, aferrándose al pájaro. “Está herido. Hay que ayudarlo. Por favooor,”

Los ojitos de cachorro no deberían funcionar tras tantos meses, pero Ace era un hombre débil con su hija. 

“Solo…” resopla, con una mueca. “Mejor dámelo, cariño. Yo sujeto al pollo.”

Fénix, y estoy muy bien dónde estoy, gracias, yoi.” gruñe el pollo. “Puedes bajarme.”

“Sí, mira, no.” canta Ace mientras vuelve a seguir a su hija, quien cantaba alguna canción originaria de Wano. “No puedo, ¿sabes? Ella te quiere ayudar, y lo haré. No te preocupes, será rápido.”

“Si piensas que eso debería hacerme sentir mejor, no lo hace, yoi.”

“Felizmente no tenía esa intención.”

El pollo en llamas vuelve a gruñir y Ace siente un dolor de migraña crecer conforme se acerca al Spadille. No lo hace mejor cuando el maldito pollo sigue siseando que estaba bien y debería bajarlo.

Lo último que quiere Ace es lidiar con la decepción de su hija. Así que aguanta los reclamos del pájaro. 

Mira con una sonrisa a Tama, quien subía con habilidad al barco. A su costado Komachiyo escalaba con ayuda de sus garras por una cuerda. 

Y luego estaba Kotatsu, usando de resorte la cabeza de Komachiyo.

“De nuevo, déjame en el bosque, yoi.”

La mueca regresa. 

“Eres un verdadero incordio, ¿lo sabías, no?”

“Me llamaste pollo.

Ace se palmea el rostro. “Ustedes los zoan son muy resentidos, por Dios.” ignora la respuesta bien pensada del pájaro y salta hasta la cubierta. Ace busca con los ojos a su médico. “¡Deuce, mi mejor amigo! Ayúdame con este pollo. Tiene el ala rota.”

“Otra vez, cap, no soy un veterinario. Y no me vengas… ¿Qué carajo haces con Marco el fénix en tus brazos?”

El capitán sonríe con todos sus dientes. “Tama quiere ayudar al pájaro.”

Tengo un nombre, gracias, yoi.” gruñe el ave.

“Espera un segundo.” Deuce se acerca con paso ligero y mira la herida. “Ah, te atacaron con kairoseki impuro, ¿no?”

El pájaro —porque si no tenía dos piernas y dos brazos no lo llamaría Marco— asiente. 

“Es un dolor de culo esta tontería, yoi. Y el amable de tu capitán se ofreció en ayudarme, lo cual no aprecio.”

Deuce resopla, divertido. Luego mira al pecoso. “Tu problema, te encargas de él.” diciendo eso, se gira sobre sus talones y regresa a su antiguo lugar.

“¿QUÉ? ¡Oye, Deuce, no puedes hablar en serio!” gruñe con horror. “No sé curar heridas. Y por si lo olvidas… ¡Eres el médico de este barco!”

“Genial,” canta con voz burlona. “Gracias a Dios que él no es parte de nuestra tripulación. ¿Sabes? Es tu día de suerte: es un fénix. Tu idiotez será arreglada en el momento que quites esa flecha de kairoseki impuro.”

“¿¡Quieres que le quite la flecha!?” grita, horrorizado. “Lo mataré.”

 

“Me matará, yoi.”

Ni el ave ni el hombre parecían ver una solución óptima la sugerencia de Deuce. 

“Vamos, papá, tú puedes.”

La dulce voz de Tama interrumpe el pánico de los adultos. Ace mira con dolor a su hija, ¿por qué tuvo que aceptar ayudar al estúpido de Marco? Aún seguía buscando las ballenas. 

“Cariño, tu padre no es precisamente un médico como Deuce.” recita con voz quejosa. “¿No quieres dejar al pollo en el bosque, donde quiere estar?”

“Nu-uh. Está herido, hay que ayudarlo.” repite con vehemencia. “Sé que tú puedes. Solo necesitas jalar.”

Eso sonaba fácil. 

Ace vuelve a mirar el ala y la morbosamente enorme flecha.

En la práctica, no se veía fácil en absoluto. 

“¿Tienes una hija, yoi?” pregunta con voz divertida el ave.

“Si vuelves a usar ese tono de voz me aseguraré de que no recuerdes esa pregunta, pajarito.” gruñe con advertencia, logrando hacer sisear al ave. “Como sea, hagámoslo rápido.”

“Voy a perder mi ala a manos de un imbécil, yoi.”

“¡Mala palabra!” interrumpe Tama con el ceño fruncido.

“Tienes toda la razón, cariño.” ronronea Ace, mirando con burla al ave avergonzada. “Eso fue una mala palabra, ¿qué debe hacer ahora?”

“Disculparse. Y prometer no volver a decir una.” dice solemnemente. 

Ace disfruta ver al ave luchar por pronunciar las palabras. 

“Lo siento,” farfulla con voz baja. “No…” traga grueso. 

“¿Qué es eso?” canta, encantado.

El pollo lo mata con la mirada antes de volver a mirar a Tama.

“No volveré a decir…” resopla. “Una mala palabra.”

“¡Disculpado!” chilla Tama, volviendo a desenredar el pelaje de Komachiyo. 

El pecoso esconde una risa mientras coloca al ave en la mesa más cercana. Lo deja boca arriba, intentando examinar el daño, cuando la estúpida paloma grazna otra maldición.

“No seas bruto, voltéame, yoi.” sisea con desesperación. 

“¡Tengo que ver tu herida, animal!”

“Mi estómago está expuesto, ¡voltéame!”

Ace ladea la cabeza, estresado. “¿Y qué se supone que debe significar eso? ¿Quieres que te cure o no?”

“Es una parte débil de cualquier animal, ¡no puedes simplemente exponerla así, yoi!”

“¿Estás diciéndome que es una especie de cortejo? Si es así, me voy.”

“No seas imbé…” su voz se apaga al sentir la mirada fija de la mocosa sobre él. “No seas tarado, yoi. Mi estómago tiene mis intestinos, así que, de nuevo… ¡VOLTÉAME!”

“Komachiyo siempre me muestra su estómago para acariciarlo.” murmura mientras extiende el ala y rompe la punta de la flecha. “Quieto.”

“Es un perro.

“Como hay tanta diferencia…”

Marco sisea otra maldición cuando mueve la flecha.

“¿Por qué diablos lo estás haciendo tú y no tu médico, yoi?”

“Ya lo escuchaste, eres mi problema.” Lo cual también le molestaba, pero ya estaba metido en ello. “Así que cierra el pico.”

Marco gruñe mientras ve las inexpertas manos de Ace retirar la flecha. Es doloroso por donde se viera, y como Ace era un verdadero inútil, Marco solo podía soportar el infierno.

“Maldita sea, por algo eres Puño de Fuego. No toques a ningún herido con tu estupidez, yoi. ¡Uf!”

“Falta poco. Y créeme,  no es ningún placer curarte, lo hago por mi hija.”

El ave tararea. “Eso no lo sabe el mundo, yoi.”

“Una palabra y te lanzo al mar.” advierte con el ceño fruncido. “Ahora… no grites, porque no tengo ni idea lo que haré.”

“No puedes ser tan idiota, yoi.” 

“Eres un fénix.” tararea mientras sujeta con ambas manos, reforzadas con haki, la flecha. “Puedes con lo que sea que estoy haciendo.”

Marco abre los ojos de par en par.

“Trae al médico.”

“Uno…”

“Ace, el médico.”

“Dos…”

“¿Qué karma estoy pagando?”

¡Tres!

Maldita sea.

Ace sujeta la flecha con sonrisa victoriosa. Claro, tiene las manos manchadas de sangre, ¡pero logró el objetivo! Además es un fénix, se podía curar solo.

Llamas azules brotan de su ala y cierran la herida con rapidez. Ace está satisfecho con su trabajo.

Para ese momento el ave se transforma, dando paso a un hombre con cabello de piña.

“Nunca pienses en ser enfermero ni médico, yoi.” gruñe el hombre con voz ronca. “Joder,”

“¡Mala palabra!”

“Lo siento, pero tu padre es un tonto, yoi.” se disculpa con voz agotada, mirando de reojo a la pequeña. “Uf,”

Tama mira con los ojos entrecerrados al hombre, quien anteriormente fue el pavo en llamas.

“¿Cómo te llamas?” pregunta con una sonrisa. “Soy Tama.”

“Marco.”

“Hola,  señor Marco.”

“Marco está bien.”

La pequeña asiente con una sonrisa. “¿Eres un pirata?” vuelve a preguntar, ahora con curiosidad. “Papá te conoce.”

El rubio siente la mirada de advertencia del capitán pirómano, bueno, maldita sea, vaya padre sobreprotector. 

“Sí, pequeña.” murmura, agotado. “Y sí, soy un fénix, yoi.”

Tama arruga su nariz mientras Ace esconde una risa.

“No iba a preguntar eso,” farfulla con una mueca disgustada. “Te iba a preguntar si has visto ballenas.”

Marco se detiene en su lugar, tratando de entender si escuchó bien.

“¿Ballenas?”

“Ballenas.”

Mira al idiota de fuego en busca de ayuda, pero el imbécil solo se encoge de hombros.

“Creo que vi una manada de ballenas antes de que llegaran. Se quedaron unas horas para descansar, yoi.”

La pequeña abre la boca y Ace mira el cielo.

“Debes estar bromeando.”

Marco no entiende la profundidad de la aparición de ballenas, pero disfruta el sufrimiento del pecoso.

.

Siete meses. Siete. Meses.

No había ballena alguna, y Ace ahora tenía que preocuparse por encontrar a los animales y soportar los rumores sobre una supuesta alianza entre los Spades y los Barbablanca. 

Sabía que fue una mala idea salvar esa isla, pero no iba a dejar que se mueran las personas de allí. 

Al menos no se mencionó al incordio total que era Marco. Si Ace veía un solo artículo sobre su ayuda, desaparecería de la piratería por medio año. O quemaría el barco del viejo, pero no podría soportar escuchar algún rumor que lo involucre a él y a Marco, no señor.

Ace dibujaba un mapa de la isla en la que habían desembarcado para buscar suministros mientras Tama cantaba una canción de Wano, dibujando, para variar, una ballena rosada.

De alguna forma encontraría una puta ballena, Jesucristo. 

La suave brisa del mar junto al melodioso canto de Tama, Ace olvida por un momento que no estaba descansando, porque dibujar mapas era lo que más le gustaba.

Los minutos pasan lentos, repletos de un ritmo cálido y acogedor. 

Ace estaba firmando en la parte inferior izquierda cuando escucha a hija.

“Ballena.”

“Mmm,”

El pecoso contempla su trabajo.

“Ballena.” vuelve a decir, con voz emocionada.

“Te prometo que las encontraré,  cariño. Solo…”

Ballena.” 

Para la tercera vez, Ace deja el mapa y mira la dirección en la que se fijaba su hija. 

Había una ballena. Enorme.

Solo que, para su desgracia, no era una ballena como tal.

Es el Moby Dick.

Notes:

Bueno, haré lo posible para balancear la crianza, discusiones, y la familia caótica que tendrá Ace.

Tama es una versión de Luffy mucho más tolerable para Ace, pero ahora sueña con ballenas.

¡Y no te preocupes! Te prometo que ESE dúo flameante se seguirá llevando como la peste por un tiempo más<3

Series this work belongs to: