Chapter Text
La calma se había esfumado.
Cuando Nine despertó cansado ese día nunca estuvo en sus planes que su rutina ya deprimente en El Grim se viera interrumpida con un inesperado ataque del casi olvidado Consejo del Caos. Eso fue nuevo y refrescante, si era honesto, aunque no significaba que le gustara que lo asaltaran con agresión de la nada.
Para empezar, Nine creía que ya nadie iba a querer nada de él de nuevo. Mucho menos de su páramo desolado, cuya existencia se había reducido a ser el basurero de metal de todos los robots que quedaron de la batalla por el Prisma. Fuera de eso, no había nada más que otros pudieran desear quitarle. Desafortunadamente, al parecer, los Doctores tenían una opinión muy diferente a la de Nine.
Entonces, salir de su estupor mientras se mecía entre la inconsciencia y el sentido común en su hamaca, sólo para descubrir que ellos estaban terminando de robar algunas cosas de su laboratorio además de tomarse la molestia de atacar a Nine, porque por supuesto tenían que hacerlo, no debía ser tan sorpresivo viniendo del Consejo.
Nine les daba puntos por el factor sorpresa.
Su sucio laboratorio, o lo que ahora quedaba de éste después de que esos idiotas hicieron su desastre, estaba yaciendo tras la espalda de Nine mientras hacía el esfuerzo colosal de correr tras los Doctores, que estaban cada vez más cerca del que debía ser su objetivo.
Nine apostaba a que con sus colas habría sido capaz de llegar más rápido, sólo que considerando que lo habían… lastimado, él no podía darse el lujo de emplear sus miembros mecánicos sin sentirse adolorido. Correr ya le estaba provocando suficiente molestia y aún así debía seguir intentando usar sus estúpidas piernas temblorosas para acortar la distancia. Lo único que lo estaba ayudando a correr en medio de la fría tierra de El Grim era la adrenalina que se le disparó luego del ataque.
Ya casi estaba cerca, aunque dado que corrió a una velocidad penosamente lenta, el Consejo ya estaba dentro de la nave que al parecer habían reparado: la única que todos dejaron atrás después de volver a sus propios Shatterspaces. La Nave Nodriza.
Nine tensó la mandíbula cuando su mente le recordó la horrorosa posibilidad de que el Consejo había invadido su territorio sin que él se diera cuenta. Y no sólo eso, sino que volvieron y se tomaron la libertad de arreglar la nave, ¡en sus propias narices! Nine estaba muy furioso. Si tan sólo no se hubiera descuidado de forma patética gracias a los malditos pensamientos pesimistas que lo habían asaltado por mucho tiempo, tal vez el Consejo ni siquiera habría tenido la posibilidad de haber arreglado esa nave, para empezar. Si estuviera en su mejor forma, Nine no los hubiera dejado vagar por El Grim como si nada, incluso si él solo hubiera tenido que enfrentarlos sin armas.
Lástima que ahora ya no importaba. Era inútil arrepentirse.
Concéntrate, Nine.
Sus ojos vidriosos se fijaron en la única parte que esos idiotas lograron poner en marcha: justo la punta ovalada de la aeronave que tenía el estúpido bigote al frente. El resto de la estructura quedó debajo de la parte funcional como un montón de chatarra inútil.
Nine gruñó cuando la sección recuperada empezó a elevarse hacia el cielo verdoso. Y rápido. Si se iban ahora, él perdería la oportunidad de atraparlos. Sólo tenía un par de segundos para maniobrar su siguiente plan improvisado. Si fallaba, ya nunca los alcanzaría. Ya nunca saldría.
Con los dientes apretados, el zorro sacó su dispositivo amarillo. Apesar de que sus manos temblaban levemente, él consiguió enfocar con la mayor precisión posible su objetivo, disparando el gancho integrado en un movimiento rápido. La punta de metal voló por el aire con un sonido agudo para luego encajarse sólidamente a una de las salientes metálicas que quedaron destrozadas en la parte inferior de la pequeña nave. Un tiro perfecto y más que suficiente para alcanzar a los Doctores.
Nine sonrió con satisfacción.
Sin perder el tiempo, pulsó el botón lateral del dispositivo, activando el mecanismo de retracción. Nine se aferró con fuerza a su artefacto, sintiendo como el suelo bajo sus pies desaparecía y el aire comenzaba a golpearle en la cara por la velocidad obtenida, zumbando en sus oídos. No pasaron más de dos segundos sintiendo la ingravidez cuando Nine finalmente chocó contra la pared de metal con un sonido seco y agudo, haciéndolo gemir de dolor. Un mareo súbito casi lo hace vomitar el nulo contenido de su estómago. Aún con todo eso, él ignoró la sensación a favor de celebrar internamente al confirmar que estaba arriba, sujeto a la aeronave. Eso le arrancó a Nine una sonrisa de suficiencia fugaz.
Nunca lo subestimen.
Sus colas mecánicas se apresuraron a clavarse en la superficie, aferrándose con fuerza al vehículo volador para no tener el riesgo de caerse desde tal altura. Una vez seguro de que estaba bien anclado, Nine tuvo el camino libre para darle un vistazo a la herida que el maldito Dr. Deep le había causado momentos antes con su katana. Estaba en su costado izquierdo, formando un corte largo y horizontal que le dolía cada vez más, considerando que la adrenalina estaba bajando poco a poco.
Que molestia. Si Nine no hubiera estado tan distraído (o débil), habría prevenido ese resultado desastroso. La verdad fue muy lento para detener el ataque, pues ocurrió en segundos y, cuando Nine se dio cuenta, la hoja estaba clavada en el costado de su vientre, abriéndose paso entre la carne delgada. De no ser porque había usado sus colas para detener el avance de la mano del Doctor sobre el arma, éste habría enterrado la hoja más profundamente, posiblemente dañando algún órgano vital. La simple posibilidad le causó un escalofrío. Él no quería ni pensar en ese escenario, incluso si el actual ya era bastante malo, a decir verdad.
La herida no había parado de sangrar y su camiseta exhibía una horrible mancha oscura de marrón rojizo. Por suerte no lo había incapacitado, aunque Nine no podía entretenerse mucho analizando la herida. Además, ni siquiera contaba en ese momento con los insumos necesarios para tratarse, pues estaba encima de una maldita nave que estaba a nada de abandonar El Grim, si es que el sonido vagamente familiar de concentrar energía para abrir un portal le estaba diciendo algo.
Eso hizo que Nine se replanteara por un momento su impulsiva decisión al estar herido.
En su defensa, y para convencerse a sí mismo de que su situación no era tan mala, Nine adjudicó sus acciones al calor del momento después del ataque, al enojo y a las palabras de Mr. Dr. Eggman. Esto último es lo que lo hizo levantarse del suelo con una herida de arma blanca sangrando y decidir correr con sus escasas fuerzas hasta la nave. No fue su mejor momento (y tenía una larga lista de momentos peores), pero parecía una buena idea en ese instante.
Una que te sacaría de El Grim.
Nine sacudió la cabeza, sabiendo perfectamente en el fondo que cuando el Consejo dejó ver entre líneas que Sonic podría estar vivo, él no dudó dos veces en seguirlos. Y si tal vez había un pensamiento intrusivo en su interior que le susurró que era la oportunidad de escapar de la prisión que él mismo se puso, Nine iba a ignorarlo, todo por el bien de seguir aferrado al hecho de que su anterior estado fue algo que eligió por su cuenta. Además, nada de eso importaba cuando ahora tenía la posibilidad de saber que Sonic seguía vivo.
Que Sonic de verdad estaba vivo.
Su último deseo podría cumplirse.
Nine no diría en voz alta que saber que Sonic había sobrevivido, luego de que le extrajo toda la energía de Prisma, fue suficiente para recuperar parte del ánimo general que había ido disminuyendo mientras más días pasaba en El Grim. La emoción lo cegó tanto que se lanzó sin pensar dos veces a un destino que era incierto, pues ni siquiera sabía hacia dónde iban con la nave recuperada. Simplemente asumió que el Consejo podría ir a donde estaba Sonic a pesar de no ser un hecho fehaciente. E incluso así, ir con Sonic implicaba ir… a Green Hill.
Oh, bien. Vaya plan estúpido.
La situación era ridícula, y sus acciones no podían justificarse con las emociones que bullían en él hacia Sonic. Nine ni siquiera merecía sentirse esperanzado con esa alta posibilidad de que estuviera vivo. No cuando fue el mismo Nine el que provocó que el final del erizo fuera de ese modo, para empezar. No tenía derecho a ser tan egoísta, ni de querer dejar su ‘hogar’ perfectamente tranquilo y desolado. Él había dicho que quería estar solo en ese mundo. No había ninguna razón para desear lo contrario. Y, más que eso… Nine sentía en el fondo que merecía quedarse en El Grim, pudriéndose sin compañía luego de todo el incidente del Prisma.
Sin embargo, cuando mencionaron a Sonic…
Oh, Chaos. Era frustrante para Nine darse cuenta de lo mucho que su corazón todavía saltaba al oír simplemente el nombre del erizo. No terminaba de aceptar que su pequeña chispa de esperanza, esa a la que se había aferrado como una balsa que susurraba que Sonic estaba vivo, lo hacía sentir como si por fin podría ser capaz de enterrar la culpa que lo había estado carcomiendo cada que se iba a dormir desde que se quedó sin nada ni nadie. Una culpa aplastante y corrosiva, que parecía nunca parar de arañar su pecho.
Varias veces Nine se preguntó si alguna vez ese sentimiento se detendría. Si él tendría la fortaleza de detenerlo. Y la oportunidad parecía ser ahora. Gracias a esa confirmación indirecta de saber que Sonic estaba con vida luego de todas esas… ¿semanas?, ¿meses? Bueno, no importaba el tiempo. Si Nine pudiera confirmarlo finalmente y sin rango de duda, además de apagar el fuego que lo hacía gritar y despreciarse todas las ‘noches’ en El Grim, era más que suficiente.
Entonces, ¿porqué estoy en la nave si basta con saberlo?
Sonic estaba vivo, se recordó. Debía estarlo o los científicos no estarían haciendo todo ese desastre por nada. Y si este giro de los acontecimientos significaba que el erizo había sobrevivido, entonces debería ser más que suficiente escuchar eso. Desafortunadamente Nine, de forma egoísta, deseaba muy en el fondo verlo una vez más, incluso si no se había ganado ese derecho. Quería ver con sus propios ojos al erizo veloz desbordando vida para poder sentirse tranquilo de nuevo.
Sólo una vez más.
Necesitaba confirmarlo.
Aunque ahora…
Con el dolor extendiéndose por su costado y la sacudida repentina de pasar por un débil portal que los arrojó de El Grim al vacío negro entre los Shatterspaces, Nine volvió a preguntarse por qué demonios siguió al Consejo, aún cuando ya lo tenía claro. Nine debía admitir que su obstinación y negación eran persistentes.
Eso había sido una pésima idea. ¿Qué, en el Chaos, pensaba?
Parecía que siempre que se trataba de Sonic tomaba las peores decisiones. La primera vez que lo hizo terminó capturado por el Consejo. Y la siguiente…
Sí, era mejor no pensar en eso.
Nine exhaló lentamente al observar las rocas moradas flotando en el vacío mientras la nave avanzaba entre ellas, esquivando y disparando a cualquier cristal que se acercara demasiado al vehículo volador. Jamás creyó volver a ver los Shatterspaces, pues no se suponía que debiera hacerlo. Mucho menos pensó viajar a través del vacío de nuevo, así que no era sorpresa que se permitiera contemplar, así fuera un momento, ese viejo paisaje familiar. Seguía sintiéndose igual de inquietante e impresionante. Lástima que no podía seguir admirando el exterior por mucho tiempo más. Era peligroso seguir anclado ahí sabiendo que en cualquier momento algún trozo de cristal morado podría estrellarse contra la nave y herirlo estando tan expuesto. Ya era más que suficiente con la herida de su costado, no tenía ganas de agregar otra a su colección, gracias.
Él se preparó mentalmente y, con cuidado, ignoró el dolor de la puñalada para empezar a subir con ayuda de sus colas mecánicas a la coronilla de la nave improvisada. Si Nine tan sólo pudiera robar el control del vehículo podría ser capaz de sabotear lo que sea que estuvieran planeando los Doctores y luego regresar a El Grim. O al menos robar la nave cuando aterricen en New Yoke City. Claro, suponiendo que estuvieran planeando una parada en su antiguo mundo. Eso sería lo ideal. El problema es que si habían mencionado a Sonic…
Uf.
Como Nine ya había supuesto, el objetivo de los Doctores no podía ser nada bueno si ése era el caso. Además, cuando Nine notó que la aeronave avanzaba muchísimo más rápido de lo que esperaba del viejo vehículo destruido, sin desacelerar ni un poco, las cosas empezaron a encajar de a poco con su primera suposición. Y, a decir verdad, eso eran noticias aún peores.
Nine siguió con la mirada, y con un atisbo de ansiedad reprimida en su estómago, las entradas a los Shatterspaces de No Place y de Boscage Maze quedando atrás. El ritmo de la nave no estaba bajando ni un poco, así que los doctores definitivamente tampoco planeaban ir a New Yoke, cuya entrada era la próxima en la trayectoria. Ahora era muy obvio que su viejo mundo también iba a ser ignorado, dejando a Nine con la incómoda confirmación de lo que ya sospechaba y que le estaba costando mucho aceptar. Honestamente Nine sentiría más fácil y aceptable ofrecer sus disculpas a los rebeldes que enfrentarse a la situación actual donde estaba a nada de entrar al mundo restaurado de Sonic.
Fue estúpido e infantil pensar que el Consejo volvería a New Yoke City cuando la mina de oro estaba en otro lado. En serio debía estar muy agotado mentalmente como para no haber previsto mejor las consecuencias de sus acciones.
En fin. Ya no había marcha atrás.
Nine se obligó a ignorar el súbito hoyo de miedo y pánico en su estómago mientras continuaba subiendo hasta que por fin llegó a la parte más alta de la nave, jadeando por el esfuerzo y la constante pérdida de sangre. Desde ahí, sus ojos se posaron con fascinación y ansiedad, en partes iguales, hacia la entrada cada vez más cercana de Gho- Green Hill.
Era maravillosa y Nine empezó a sentirse dividido entre la parte racional de su cerebro que esperaba con fuerzas que ojalá la nave no pudiera pasar. La parte que quería que fueran rechazados por el portal para permanecer flotando en medio de la nada y, con suerte, volver mínimo a New Yoke.
Pero luego estaba la otra parte, ubicada al fondo de su mente. Pequeña, estúpida y emocional. Nine sabía que su corazón estaba secretamente anhelando más que nada poder ir al otro lado. Cruzar esa división insoportable y callar su mente abrumada una vez que fuera capaz de ver a Sonic de nuevo. No estaba seguro de si todo se arreglaría con sólo ver al erizo y, la verdad, a su sentimentalismo no le importaba mientras volviera a estar al lado de Sonic sin el miedo de perderlo de nuevo.
Y como si la vida decidiera escuchar por primera vez su pequeño deseo de un modo morboso y retorcido, la nave llegó a la entrada luminosa, deslumbrando lo suficiente como para que Nine cerrara los ojos cuando lograron atravesarlo. Sus colas metálicas lo anclaron al metal al sentir una sacudida repentina y una sensación de ser jalado hacia adelante con una energía tremenda. O tal vez es sólo que Nine estaba muy débil para sentir que el cambio de aires fue muy brusco. En fin, independiente de la causa, la fuerza de atracción se detuvo tan rápido como llegó, parando el movimiento brusco.
Cuando la superficie bajo él dejó de sentirse inestable, Nine se atrevió a abrir los ojos, tratando de acostumbrarse a la excesiva cantidad de luz que empezaba a quemarle las retinas, por lo que tuvo que cubrirse con una mano la cara para hacerse sombra. En New Yoke City nunca hubo un sol así de luminoso y, si lo había, las nubes de la contaminación jamás dejaron que se viera, así que no era raro para Nine sentir que su vista estaba trabajando duro para acostumbrarse a la cantidad de luz masiva, pues ni siquiera en El Grim existía una iluminación así.
Casi un par de segundos después Nine fue capaz de bajar la mano sin sentir que sus ojos lagrimeaban. Fue entonces cuando casi creyó, por un instante, que lo que tenía frente a él era otro de sus estúpidos sueños, esos donde dejaba atrás El Grim y volvía a ver a Sonic en medio de un bonito campo verde. Aunque esos sueños luego se deformaban en pesadillas y el escenario terminaba convertido en un montón de edificios oscuros, un cielo lleno de humo negro y una mirada verde llena de un odio profundo que a Nine le dolía verla.
Por suerte nada desapareció cuando parpadeó varias veces, todavía aferrado a la estructura metálica. Nine se quedó absorto al observar un cielo tan azul que parecía irreal. El sol brillante calentaba su delgado rostro pálido y el aire limpio y fresco agitaba sus orejas crispadas.
Era… simplemente hermoso.
Mejor que la primera vez que visitó ese lugar y sin duda mucho mejor que sus sueños. Una pena que su fascinación se desvaneció tan rápido como llegó.
Nine salió de su estupor cuando escuchó a través de algún altavoz de la nave la molesta y conocida risa de Mr. Dr. Eggman.
La pequeña burbuja de seguridad y maravilla que Nine creó con la última falsa esperanza de que todo eso fuera un sueño explotó en mil pedazos cuando por fin cayó en cuenta de donde se encontraba, siendo muy real esta vez y sin ningún margen de duda para que quisiera seguir mintiéndose a sí mismo y no aceptar que había terminado en el mundo de Sonic sin haber sido invitado.
Nine estaba en Green Hill.
Eres un idiota.
—Oh, por un… —Él siseó, con la ansiedad y el miedo empezando a surgir en la boca de su estómago, entumeciendo su cabeza.
Su corazón se aceleró al sospechar con facilidad a quién podría estarse dirigiendo el Consejo desde la seguridad de su patética aeronave. Y lo que es peor: Nine no sabía si quería ser visto o no por cierto erizo azul, cuya presencia podría estar a sólo unos metros de distancia de él. La idea hizo a Nine temblar de nervios, agradeciendo en silencio que estuviera en la parte trasera superior de la pequeña nave, lejos de donde sin duda se estaba desarrollando un encuentro no tan cálido, dados los involucrados.
Nine tragó duro cuando su costado volvió a punzar. Parecía que la herida quería recordarle de forma grosera e inoportuna que seguía perdiendo sangre, además de que lo seguiría haciendo si no la revisaba pronto. Como si Nine no pudiera darse cuenta perfectamente de que estaba en una situación complicada y nada favorable. Aunque, bueno, al menos si muere no será en las frías y solitarias tierras de El Grim. Pero… tampoco es que morir en el hogar de Sonic fuera el mejor de los consuelos para su estado actual. Simplemente estaba en el peor de todos los escenarios posibles.
Ah. Brillante, lo que le faltaba.
Con cuidado, Nine ajustó su férreo agarre en la superficie roja que brillaba bajo el día soleado. No se asomó demasiado hacia el costado, aún así logrando alcanzar a ver la cantidad de robots que estaban empezando a invadir gran parte del suelo sobre el que flotaba la nave.
Tal vez allá, en el viejo New Yoke, era normal ver esas cosas sin alma flotando e inundando el lugar sin ninguna apreciación por la vida natural. Era una ciudad insípida, después de todo. En cambio ahí, en un sitio vibrante y lleno de vida, Nine sentía mal ver las estructuras metálicas pisando el pasto verde sin ningún cuidado. Eso lo hizo fruncir el ceño hacia las máquinas con desprecio.
Esos robots, sin embargo, no eran los Eggforcers del Consejo. Lucían diferentes y a la vez algo similares en la clase de estilo de diseño. Si Nine tuviera que adivinar diría que eran del dichoso Dr. Eggman del que Sonic le había hablado, pues no había manera de que el Consejo hubiera guardado todo ese ejército metálico funcional en los restos de la Nave Nodriza. Aunque eso podría significar que el tal Dr. Eggman también estaba presente. Eso o que los idiotas del Consejo hackearon las máquinas desde el vacío a donde habían sido expulsados, pero la teoría, además de ridícula, era casi imposible en la ejecución. Así que…
Algo no cuadraba. O más que no cuadrar, la situación estaba mostrando una conclusión nada agradable.
Sus labios se apretaron justo cuando escuchó una voz, similar a la de Mr. Dr. Eggman, provenir desde un mecha enorme, presentando con tono ceremonial al Consejo del Caos como sus nuevos aliados y compañeros.
Nine se ahogó al escuchar eso, con un cuestionamiento resuelto y, en su lugar, con otros mil explotando ahora en su cabeza.
¿Cómo se conocían ellos? ¿Por qué estaban aquí? ¿Qué planeaban? ¿Cuándo se aliaron? Ni siquiera era buena idea tener al Consejo de vuelta, mucho menos que conocieran a su contraparte de Green Hill. Esto sólo podía significar problemas y, para su mala suerte, Nine fue y se metió de lleno en ellos.
Maravilloso, Nine.
¿No podía simplemente quedarse en su mundo vacío? ¿Lamerse las heridas nuevas e ignorar lo que estuviera tramando el Consejo? Fue sólo un estúpido impulso por desear saber algo de Sonic lo que lo tenía en su posición actual. Era un idiota. Un estúpido…
El rostro de Nine se contrajo cuando una nueva oleada de dolor llegó desde su costado, interrupiendo su patético discurso de autodesprecio.
Apenas alcanzó a ver la mancha de sangre que se había extendido al lateral de sus pantaloncillos cuando escuchó un grito por debajo de él, seguido del repentino caos en tierra. Eso sin duda atrajo su atención, pues una pelea había empezado a desarrollarse, y muy agresiva y ruidosa.
Nine no necesitaba hacer uso de su cerebro para saber quién peleaba contra quién, además, lo que atrajo de pronto su atención fue escuchar la plataforma lateral empezar a abrirse luego de un momento, dejando que la lucha abajo se asentara. La entrada estaba apuntando al costado derecho, justo en dirección a donde el mecha del Dr. Eggman había ido a refugiarse de la refriega. Nine bufó para nada impresionado de su cobardía. O de que simplemente dejaban que sus máquinas hicieran todo el trabajo, igual que el Consejo del Chaos. Y hablando de ellos…
La plataforma se abrió con parsimonia, como si quisieran hacer esperar a cualquiera que los estuviera viendo de presenciar lo que saldría del interior del vehículo volador. Desde su posición, Nine pudo ver al Consejo empezar a salir de uno en uno con algarabía, flotando en sus ridículas sillas para unirse al Doctor de Green Hill, que había sacado a relucir la mitad de su cuerpo en la cabeza del mecha. Varios robots los comenzaron a rodear, con una alta probabilidad de ser protegidos de la pelea. O de los amigos de Sonic.
Nine tragó pesado, prefiriendo observar mejor, y por primera vez, al sujeto del que Sonic habló y contra el que dicho erizo había luchado toda su vida. Para Nine, el Dr. Eggman parecía un poco más… experimentado que cualquier integrante del Consejo. En muchos sentidos.
Que suerte que al final ese sujeto no era su problema. Ni él ni el Consejo.
Nine sonrió de inmediato al ver que dejaron la nave flotando sola y con la entrada lateral abierta, viendo una oportunidad de salir del maldito embrollo en el que se metió a sí mismo. Si ingresaba a la aeronave desde ahí podría usarla para irse de ese lugar. Nadie sabría jamás que estuvo en Green Hill. Excepto tal vez el Consejo, pero ellos no contaban para nada. Y cómo Nine pudo explorar los restos de la nave (antes de ser reparada) cuando estuvo muy aburrido en el Grim, conocía perfectamente el camino hacia el panel de control, lo que le ahorraría tiempo valioso para salir de ese mundo.
Era el mejor plan para la situación.
Con el ánimo renovado, Nine se deslizó con cuidado por la superficie fría y metálica hasta llegar al costado de la nave. Debajo de él podía escuchar los sonidos de golpes y metal siendo destruido en varios trozos hasta que ya no representara una amenaza. Ese sonido le era familiar y no tan lejano en sus recuerdos, pues él mismo había…
No. Nine sacudió la cabeza, centrando su mente en su objetivo. Nada más debía importarle en ese instante. Todo el grupo de Doctores estaba ocupado regodeándose entre ellos, así que nadie notaría a un magullado zorro intentando colarse en la abandonada nave. Idiotas.
Sus pies por fin tocaron el suelo de la plataforma en el mismo momento que la nave pareció sacudirse por un instante corto. Nine se quedó quieto, con las extremidades rígidas. Él esperaba que ese movimiento no significara que el vehículo volador se había quedado sin energía para funcionar, así que cuando el temblor se calmó casi enseguida y la aeronave siguió estable mientras flotaba, Nine pudo soltar el aire que contuvo al saber que seguía a salvo y con su plan todavía en marcha.
El zorro de inmediato avanzó hacia el interior, recorriendo los pasillos conocidos con una cojera leve, lo cual era una mala señal sobre su herida. Por suerte pronto lo resolvería. Cuando volviera al Grim todo se resolvería.
Al doblar la esquina correcta, Nine encontró el panel de control y el vidrio panorámico de la nave resquebrajado, con las luces iluminando de forma pobre el lugar. Eso era sin duda una señal de la poca cantidad de energía que todavía conservaba la nave. Si la vida le sonreía por una vez, eso sería suficiente para irse.
Sin perder más tiempo, Nine se adentró, notando que desde ahí tenía una vista superior perfecta del escenario frenético frente a él: hordas de robots atacando cerca de la costa de lo que parecía ser una playa. Él no pudo evitar mirar la infinita cantidad de agua limpia que jamás en su corta vida había sido capaz de conocer. Bueno, excepto cuando estuvo en No Place por un corto tiempo, o casi, pues el lugar había estado siendo invadido de edificios y maquinaria cuando estuvo ahí, por lo que tampoco pudo contemplar bien la belleza de tener un cuerpo de agua inmenso brillando bajo el sol. Parecía tener vida propia.
Su intensa admiración se interrumpió cuando una figura rosa saltó en medio del caos, atrayendo su atención.
Ella golpeó con un martillo la tierra, creando una onda de fuerza que mandó a volar a varios robots. Esa debía ser la amiga de Sonic, la versión de Rusty en este mundo, si es que las similitudes y los colores le decían algo a Nine sobre su identidad. Y justo al lado de ella, salvándola de un golpe por la espalda, el idiota rojo de los puños. Nine casi podría decir que era idéntico a Renegade, salvo por tener menos cicatrices en la cara y brazos, aunque sí el mismo fuego en la mirada.
A la par que esos dos se estaban apoyando en tierra, Nine vio la silueta de la contraparte de Rebel caer con una patada perfecta sobre un robot volador, brindando ayuda aérea. Eso fue… impresionante. Nine admitía que era algo cautivador ver lo sincronizados que los amigos de Sonic estaban y lo bien que todos cubrían las espaldas del otro. Cada uno en lo suyo y a la vez cuidando de su compañeros.
Lástima que eso era irrelevante para Nine. Por mucho que sus maniobras fueran vistosas y envidiables, él tenía una misión entre manos.
Nine estaba a nada de ignorar esa sorprendente muestra de trabajo en equipo cuando lo vio.
Era él.
De verdad era él.
Una mancha azul fugaz.
Saltando de un robot a otro con la sonrisa más confiada y brillante que Nine había visto. O ya casi no recordaba su expresión sonriente y por eso sentía que brillaba igual que el sol.
Pero era Sonic. Realmente era Sonic.
Nine se atragantó, con el corazón saltando de alegría y yendo a mil por hora. Sintió una ola de inmenso alivio corriendo como una cascada caliente por todo su cuerpo, haciéndolo sentir más feliz que nunca, aunque un poco mareado por la excesiva satisfacción. Igual no importaba.
Sonic estaba vivo.
No pálido y traslúcido.
Vivo.
Sus ojos verdes brillaban y su energía era desbordante. Sus púas habían recuperado su color natural, alzándose orgullosas bajo la luz del sol y advirtiendo a cualquiera que quisiera tomar al erizo con la guardia baja de no acercarse. Todo en él gritaba vida, como si nunca hubiera estado al borde de desaparecer de la existencia por completo. Sonic… de verdad se había salvado.
Una risa temblorosa escapó de Nine. Sus piernas empezaron a llevarlo hacia el vidrio por pura inercia, deseando ver a Sonic más cerca. Mucho más cerca, por favor.
Quería verlo de frente, correr hacia él y abrazarlo. Quería decirle tantas cosas que no pudo decir la última vez que se vieron. Debía disculparse. O gritarle. Luego golpearlo y después abrazarlo de nuevo. No debía dejar que desapareciera. No de nuevo.
Sin embargo, Nine no dio más de dos pasos cuando se detuvo en seco, congelado por la nueva imagen del escenario bajo él que tomó lugar de un segundo a otro. Sintió como si lo golpeara en el estómago, expulsando todo el aire de sus pulmones de forma ruda.
Ahí, en medio de la batalla orquestada, Sonic fue rescatado de un ataque múltiple por él.
El otro zorro.
Eso fue rápido y coordinado.
El otro sujetó a Sonic de las manos y lo impulsó hacia el aire, apoyándose de sus propias colas gemelas para volar a salvo de los ataques terrestres. Él le gritó algo que sólo Sonic pudo oír, provocando que ambos sonrieran antes de que el otro zorro lanzara a Sonic en un ataque giratorio contra uno de los mechas más grandes que se había interpuesto en el camino de ambos. Casi enseguida él también se lanzó en un ataque giratorio, complementando el de Sonic en una sincronía que Nine posiblemente sólo podría soñar.
Que jamás podría tener con nadie.
Ni siquiera con Sonic. Él ya tenía su propio compañero.
Y eran perfectos juntos.
Él no te necesita.
Sonic recuperó su mundo. Llevaba semanas, o tal vez hasta meses, viviendo ahí desde el incidente con el Prisma. Era obvio que no lo necesitaría. Tal vez ni siquiera recordaría a Nine. Porqué pensar en Nine cuando Sonic había recuperado al mejor amigo que tanto deseó ver de nuevo, usando a Nine como sustituto. Su existencia era irrelevante.
No seas idiota, ya sabías que pasaría. Concéntrate, Nine.
Él ignoró el pesado nudo en la garganta y esa fuerte presión en el pecho que le hacía arder los ojos. Llorar ahora era estúpido, por no decir que hasta innecesario. Lo único que Nine quería era ver a Sonic vivo y ya lo había hecho. Eso era todo. Su deseo estaba cumplido y era hora de irse, no tenía por qué derramar lágrimas sobre la leche derramada. Nine ni siquiera tenía derecho a sentirse herido o traicionado. Nunca lo tuvo. No pertenece ahí, así que no valía la pena ponerse triste por algo que jamás fue suyo.
No.
Lo.
Merece.
Nine inhaló profundamente, ignorando el temblor doloroso en su pecho. Volvió a recomponerse, enterrando bajo llave cualquier emoción innecesaria del momento para continuar con su plan. Su rostro recuperó su expresión tranquila y sus latidos se normalizaron. Era hora de seguir.
Sin perder el tiempo, Nine regresó hasta la consola, notando de inmediato que la energía del vehículo, si bien era escasa, era suficiente para irse. Sólo debía descubrir cómo lograron los Doctores abrir un portal hacia el Grim, aunque de modo inverso, para poder salir de ese asfixiante lugar.
La pantalla se movió bajo sus dedos, mostrando los controles básicos, las armas y los niveles de poder que había actualmente. Todo era inservible. Nine ignoró la información superflua, chasqueando la lengua al no encontrar lo que quería entre las carpetas de datos desorganizadas. No tenía exactamente el tiempo para buscar de una en una, así que debía tratar de localizar cualquier cosa sobre el portal por palabras clave. Sin embargo, cuando la pantalla por fin mostró la fuente de energía para volver a acceder al vacío entre los Shatterspaces, Nine notó con inquietud una imagen escaneada de uno de sus propios robots Grim. Los que se suponía que yacían en su mundo, apagados.
Nine sintió que su estómago dio un vuelco producto de la incertidumbre, leyendo las notas cortas al lado del esquema del Alpha Grim Sonic que había creado hace mucho. Justo las que decían Poder prismático residual y Extracción completa eran, por mucho, las más llamativas.
Eso lo hizo pensar si… si acaso ellos… ¿también usaron algunos de sus viejos robots?
¡Pero se suponía que ya eran inservibles! Desde que el Prisma se restauró y desapareció del Grim, toda su tecnología prismática se volvió chatarra inútil. Sin una fuente de poder o de energía de cualquier otro tipo eran basura. A menos que…
Nine volvió a leer las brillantes palabras en verde que decían Poder prismático residual, comenzando a analizar las posibilidades de que sus viejos robots hubieran guardado alguna especie de marca o huella del Prisma luego de haber sido apagados. Si existía, podría estar muy escondida. E incluso si estaba escondida, parecía que seguía siendo todavía útil.
De hecho, ahora que Nine lo analizaba con detenimiento, había una tentativa posibilidad de que esta energía residual fuera posible, pues después de todo él empleó muchísimo poder prismático para hacer sus creaciones. Su existencia se basaba, principalmente, en un material ya existente y en el poder del Prisma para tomar la forma que Nine quisiera. En teoría estaban hechos del Prisma y, si de verdad había restos de su poder, debían tener una huella residual muy marcada como para que el Consejo pudiera saber de su existencia y que además la usaran para su beneficio.
Aún así… ¿Cómo era esta energía residual? ¿De qué forma se hallaba? ¿Y cómo fue que lograron extraerla?
Oh, maldita sea.
Había tantas opciones sin ninguna que Nine pudiera concretar. Y lo que es peor: el Consejo encontró primero la forma de manipular la energía residual y usarla para volver en grande. Eso era molesto y desmotivador.
Nine volvió a enojarse consigo mismo cada vez más por haber sido tan descuidado. Él tuvo todo este tiempo la posibilidad de recuperar poder Prismático y otros lo lograron antes que él. Su mejor arma, y la usaron en su contra gracias a su estupidez. Ahora el Consejo estaba reunido con su contraparte y quién sabe qué estaban planeando. De verdad… cómo pudo ser tan idiota. Dejó que esto pasara sólo porque…
Nine se congeló con un escalofrío en su espalda.
Su respiración se atascó cuando escuchó un ruido extraño detrás de él acompañado de un cambio de aire repentino. Una luz verde iluminó el área roja por un segundo con la súbita perturbación del ambiente. Nine sentía que su instinto le decía que ya no estaba solo. Y para cuando él se dio la vuelta, sólo un segundo después del raro cambio, se encontró de frente con dos penetrantes ojos rojos que lo miraban fijamente, crispando su pelaje con anticipación.
Era Shadow.
Estaba ahí, a pocos metros de él y luciendo claros rastros de lucha. Su rostro afilado se mostró sorprendido por un momento al verlo a él, de todas las posibles personas, parado cerca de la consola. Nine notó con ansiedad como esa sorpresa se desvaneció en menos de un segundo, sólo para dejar en su lugar que la furia se esparciera por los rasgos del erizo cuando recorrió la pequeña escena con la vista en un instante. Eso no eran buenas noticias.
Los músculos de Nine, con un miedo repentino en la boca del estómago. No tardó en darse cuenta de que su posición podía fácilmente malinterpretarse, dadas las circunstancias, y Shadow era la última persona que lo escucharía para explicarse. Bueno, si es honesto, Nine admite parte de la culpa al no tener el mejor historial con el erizo oscuro. De todas formas no quita el hecho de que él era el peor, de todos los amigos de Sonic, para haber entrado a la nave. Excepto tal vez…
Nine se puso en movimiento cuando Shadow cambió su postura a una más defensiva. Con la mayor velocidad que pudo reunir en su condición actual, Nine lo encaró, apresurándose a hablar.
—Espera. Yo no-
La luz verde de nuevo llenó su vista. Cuando Nine se dio cuenta, Shadow ya no estaba ahí, para su angustia y sorpresa.
Fue sólo un parpadeo después que Nine sintió un dolor agudo en su nuca, enfrentando ahora la vista repentina del suelo a la altura de sus ojos. Su cuerpo cayó con un ruido sordo, dejando salir un grito ahogado de sus labios en el instante que su herida se estrelló contra la dura superficie. La sensación le nubló la mente, sin poder enfocarse en otra cosa que no fuera el ardor afilado que surgía desde su costado, haciendo que su respiración se volviera pesada para tratar de regular el dolor intenso que lo estaba asfixiando.
Con mucho trabajo intentó levantarse lo más rápido que pudo al controlar su espasmo, fallando cuando la rodilla de Shadow encontró muy rápido su cuello, además de que también usó su mano derecha para apretar el brazo de Nine tras su espalda, aplastándolo boca abajo contra el piso frío. Nuevamente el dolor lo hizo temblar al no poder soportarlo tanto, forzándose a ignorarlo si quería quitarse al idiota de Shadow de encima antes de que quisiera tomarlo como prisionero o como sujeto a interrogar.
Nine gruñó con una furia forzada, pues su corazón estaba latiendo desenfrenado gracias al maldito miedo que le arañaba la garganta al estar en una posición donde el otro podría lastimarlo tanto como quisiera sin darle la oportunidad de defenderse. Y Shadow le dio la razón cuando apretó el agarre sobre su brazo, torciéndolo más. Eso causó que un latigazo agudo recorriera a Nine desde el hombro, haciéndolo jadear entre dientes. Se sentía mareado por la pérdida de sangre, y todas las fuentes de dolor diversas lo estaban haciendo muy lento para actuar y defenderse luego de la sacudida.
Al menos su espíritu de lucha debía permanecer intacto.
Nine inclinó la cabeza, con mucho trabajo, en el suelo. Lo suficiente para encontrar su mirada con la de Shadow. Desde ahí, Nine identificó el brillo de ira peligroso en esos ojos, provocando que casi se encogiera de miedo al verse en peligro. Factor clave: casi. En lugar de agacharse y bajar las orejas en señal de sumisión, Nine le mandó su mejor mirada furiosa desde su posición, atreviéndose a retar a Shadow y demostrarle que no le tenía miedo. Incluso si era mentira.
En respuesta, Shadow se inclinó, con el desprecio en sus ojos y los colmillos de fuera.
Su voz pesada resonó con ira pura sin esconder a la par que levantaba el puño izquierdo. —Sabía que no debíamos confiar en ti.
Nine abrió demasiado los ojos, con la respiración acelerada sabiendo lo que venía. Se forzó a controlarse, logrando concentrar su mente lo suficiente para enviar una de sus colas mecánicas contra el erizo oscuro en un corte rápido y filoso contra su costado. Shadow siseó cuando el metal puntiagudo le abrió la piel debajo de las púas, disminuyendo la presión en su cuello. Nine no desaprovechó la ventana de oportunidad para quitarlo de encima con otras dos colas mecánicas, lanzándolo lejos y logrando eliminar el dolor en su brazo. Una vez libre, usó el resto de miembros mecánicos para incorporarse, jadeando y alejándose una buena distancia. Su brazo zumbaba de forma horrible, pero esa era la menor de sus preocupaciones.
Él sentía su corazón latir con fuerza mientras un nudo le cerraba la garganta. Nine odiaba la forma en que sus manos y piernas estaban temblando, pues no lo hacían por la pérdida de sangre, para ser exactos. Se tuvo que dar una bofetada mental para concentrarse y no tener un maldito ataque de pánico en ese lugar y frente a ese enemigo.
No ahora. No entres en pánico.
Sabía que en ese momento no debía distraerse por nada del mundo, aunque también sabía que no podía darle pelea a Shadow en su condición actual. Eso era muy irritante de pensar. Nine no estaba en su mejor forma y, comparado con él, Shadow sería capaz de romperle el cuello en ese instante si quisiera. Eso no era motivador. Y menos ver que el erizo ya estaba cargando contra él de nuevo, así que, como medida drástica a falta de una defensa aceptable, Nine tomó el timón de la nave y la giró todo lo que podía en un sólo manotazo.
Casi de inmediato el metal entero crujió, con el piso inclinándose más hacia un ángulo donde estar de pie sobre la superficie plana ya era imposible. Nine gritó, sujetándose de la consola con sus colas y viendo a través del vidrio cómo la pelea que se desarrollaba afuera tomaba una perspectiva diferente. Además, se estaban acercando peligrosamente a tierra. Eso activó todas sus alarmas.
Nine debía salir de ahí. No sabía qué tan volátil era la nave, pero si tocaban tierra y explotaba, él no querría ser partícipe de un espectáculo de fuego. Sin embargo, ese instante de distracción analizando su huida fue suficiente para que Shadow volviera a aparecer a su lado en otro destello verde, de pie sobre la misma consola que Nine usaba de apoyo. La aparición sorpresa le provocó un grito que quedó atrapado en su pecho.
Con los dedos crispados, Nine buscó desesperado a tientas su dispositivo amarillo, ya que no quería descuidar su atención de Shadow. Lástima que, y para sorpresa de nadie, el erizo fue más rápido, tomándolo de la camisa. De inmediato pensó al instante en contraatacar con todas sus colas juntas y, justo cuando las sintió desplegarse, Nine se vió envuelto en un remolino. O al menos lo que sintió en ese momento fue como estar absorbido por un vórtice nauseabundo, jalado con fuerza hacia adentro. Su vista se oscureció un segundo y al siguiente notó que ya no estaban en la nave. En su lugar, el pasto verde y vivo se hallaba bajo sus pies, reemplazando el metal gris de la nave.
Apesar de estar al aire libre, Nine sintió cómo las náuseas volvieron peor que antes por esa extraña experiencia, provocando que sus piernas cedieran a su peso y cayera de rodillas sobre las hebras finas y verdes. No podía entender qué, en el Chaos, había sucedido, ni qué le hizo Shadow para sentirse así de mal. Lo malo es que también se le dio poco tiempo a Nine para pensar y analizar mejor los últimos minutos desde la aeronave hasta ahora cuando una fuerza brutal golpeó su cabeza por detrás, haciéndolo estrellarse contra el suelo.
Esta vez su visión se tornó negra por el golpe. Nine creía que el dolor era como si un martillo estuviera azotando de forma brusca su cráneo desde dentro, haciéndolo sentir muy enfermo y cansado. La batalla ahora se oía lejana, casi como si la escuchara con las orejas llenas de algodón, aunque eso ya estaba quedando en segundo plano en su atención. Su mente logró enfocarse de nuevo en esa molesta voz baja, que le hablaba con un tono de advertencia y molestia.
—Me encargaré de ti más tarde.
Nine quiso bufar, o al menos responder mordazmente. Tenía al menos cinco formas de hacerle saber al erizo lo muy poco que a Nine le asustaba su estúpida advertencia. Lamentablemente su lengua se sentía pesada, como si tuviera la boca entumecida. Y, además, Shadow ya había desaparecido de nuevo con su ridículo truco de magia barata.
Lo dejó solo y la idea provocó de inmediato en Nine la fuerte urgencia de huir, queriendo hacerle caso a su feroz instinto por sobrevivir. Pero su cuerpo ya no estaba respondiendo. Se sentía pesado, como si cada extremidad estuviera hecha de plomo y no le quedara más remedio que yacer ahí con la esperanza de que nadie más lo lastimara hasta que pudiera volver a levantarse. Hace años que no se sentía así y mucho menos que se dejaba terminar en una situación similar. Se suponía que ahora era capaz de defenderse y ya lo había vencido y abatido dos veces en ese día.
Que humillante.
Nine levantó levemente la cabeza, notando el montículo de tierra tras el que lo habían abandonado. No quería quedarse ahí, pero la pérdida de sangre y su pobre estado físico después de semanas sin comer ni dormir bien en El Grim le estaban pasando factura de la peor manera y en el peor momento. Nine casi quería reírse de sí mismo por terminar así. Por ser tan descuidado (y sentimental) como para acabar en esa situación. Una pena que ni siquiera tenía energía para hacer eso.
Al menos esperaba que Sonic no lo encontrara. No así. Aunque, si moría, igual ya no sabría si Sonic lo vio en su patético estado o no. Y estando muerto, qué más podría importarle a Nine.
La idea era un poco reconfortante.
Y mientras ese pensamiento sombrío pasaba por su mente, su vista borrosa alcanzó a registrar un destello rojo y blanco al ras del suelo acercándose lentamente.
Luego de eso, Nine se entregó de mala gana por completo a la oscuridad de su mente.
