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Escuchó cómo golpeaban la puerta, pero antes de que pudiera llegar a abrirla, la cara de Mirio atravesó la madera.
—¡Tamaaaaki! ¡Estamos aquí!
Tamaki se detuvo en seco y suspiró. — Si haces eso, no tiene sentido que toques la puerta… —murmuró mientras abría.
Mirio retrocedió medio paso, todavía riéndose a carcajadas, y finalmente quedó a la vista: traje de héroe impecable, sonrisa radiante y, sentado firme sobre su hombro derecho, su hijo igual de emocionado que su padre.
—¡Tamaki! —saludó Mirio, levantando un brazo.
—¡Hola, tío Tama! —repitió Ren con la misma energía, casi inclinándose hacia delante desde el hombro.
A su lado, Miho se asomó tímidamente desde detrás de su pierna, sus ojos azules muy abiertos por la curiosidad. Apenas reconoció a los visitantes, flotó sin pensarlo hasta quedar frente a él.
—¡Tío Mirio! —dijo, abrazándolo por la cabeza con sus bracitos.
—¡Miho-chaaan! —Mirio la atrapó con un brazo, levantándola un poco en el aire—. ¡Qué alto vuelas!
—¡Hola, Miho! —añadió Ren, agitando la mano con la misma alegría contagiosa.
Mientras los veía interactuar, Tamaki no pudo evitar pensar —una vez más— que el niño era prácticamente un clon de su mejor amigo: misma sonrisa, mismo brillo en esos ojos pequeños y redondos, misma energía explosiva. Lo cual era bueno...probablemente. Ciertamente era agradable ver que su amistad de años ahora también continuaba de alguna manera a través de sus propios hijos. Pero por otro lado… estaba el hecho de que ambos eran muy ruidosos. Y demasiado optimistas.
Como si el universo quisiera confirmarlo, la puerta del departamento vecino se abrió apenas unos centímetros. Por la rendija, un ojo irritado y una mano emitiendo un sonoro “shhh” les recordaron que el pasillo no era un parque.
—Por favor… entren de una vez —murmuró avergonzao, haciendo una inclinación de disculpa mientras empujaba suavemente a Mirio y Ren hacia adentro.
Mirio levantó el pulgar en señal de disculpa exagerada, Ren lo imitó al instante, y Tamaki solo pudo suspirar antes de cerrar la puerta detrás de ellos.
Una vez dentro, Mirio inclinó el hombro para que Ren pudiera deslizarse hasta el piso. El niño aterrizó con una risita. Miho, que todavía flotaba a la altura del rostro de Mirio, descendió suavemente para aterrizar junto a Ren. En cuanto tocaron el suelo, ambos corrieron hacia la sala, hablando entre ellos con una emoción casi explosiva.
Los vieron desaparecer por el pasillo, dejando atrás un rastro de risas infantiles. Por un segundo sintió que la atmósfera se relajaba.
—Gracias por cuidar a los niños, Tamaki —dijo Mirio, girándose hacia él con una sonrisa genuina—. Pero dime, ¿estás seguro de que estás bien con esto? Aún puedes ir al evento si quieres. Awata-san se ofreció como niñera, así que no habría problema.
Se congeló un instante. La sola idea del Hero Billboard Chart JP invadió su mente: héroes de alto rango reunidos, cámaras por todas partes, entrevistas, fans gritando, focos brillando directo en su cara. Sintió un pequeño torcimiento en el estómago.
—Estoy… perfectamente bien aquí —respondió con sinceridad, casi aliviado—. Prefiero cuidar a los niños que pararme frente a esa multitud.
Mirio soltó una carcajada suave, llevando las manos a la cintura.
—¡Qué lástima! Tenía muchas ganas de que los Tres Grandes hiciéramos una reaparición estelar.
—De todas formas, aunque quisiera, el evento es para los héroes del top diez… así que igual no podríamos aparecer juntos.
Lo dijo con naturalidad, pero en su cabeza el pensamiento se extendió un poco más: puesto doce. ¿Cómo había llegado tan lejos? A veces ni él lo sabía. Recordó el día en que FatGum le insistió (exigió) dejar de ser ayudante para independizarse dentro de la agencia. No lo había hecho para ascender. No buscaba reconocimiento, ni números, ni rankings. Y aun así… ahí estaba.
Tamaki respiró hondo. Estaba más que satisfecho de su posición actual.
Mirio le dio una palmada amistosa en la espalda.
—Bueno, supongo que este año me tocará brillar solo con Nejire… ¡pero te mencionaré cuando me toque hablar!
—Por favor no lo hagas… —murmuró horrorizado ante la sola idea.
Su amigo soltó una carcajada, exactamente igual que siempre.
—Ah, por cierto —añadió de pronto—. Ren está teniendo algunos problemas para controlar su don. A veces atraviesa el suelo sin querer o se queda atorado en las paredes.
Tamaki asintió despreocupado. Pocas cosas del don de Mirio lo sorprendían en este punto tras incontables momentos de verlo atravesar superficies de forma imprevista o quedar desnudo en público por accidente.
—Al menos ahora tenemos ropa a medida. No quiero que Ren ande por ahí mostrando su salchicha – comentó divertido recordando cómo en más de una ocasión se encontró semidesnudo en lugares inoportunos.
—Gracias a Lightly Labs por eso—concedió Tamaki.
Se escucharon pasos ligeros en el pasillo y, al girarse, vio a Nejire aparecer desde el dormitorio. Llevaba su traje de heroína impecablemente ajustado, el cabello azul ondeando detrás de ella con ese brillo característicos y en sus brazos, bien sujeto contra su pecho, un bebé de unos seis meses que chupaba un sonajero con total tranquilidad.
El niño tenía las mismas orejas puntiagudas que Tamaki, el mismo tono oscuro de cabello y esos ojos grandes y luminosos heredados de su padre. Aunque su carita redonda, su naricita pequeña y el cabello suave y sedoso eran puro Nejire.
—¡Mirio! —exclamó Nejire, radiante—. ¿Listo para brillar hoy?
—¡Nejire! ¡Claro que sí! —respondió Mirio con su entusiasmo habitual. Luego bajó la mirada hacia el bebé y sonrió—. ¿Y cómo anda el pequeño Tamaki?
—Por favor no lo llames así… —pidió Tamaki, sin poder evitar la incomodidad.
Mirio soltó una risita, sin mala intención.
Tamaki miró a su hijo y el bebé le regaló una sonrisa ancha, brillante, completamente relajada. Era un niño alegre. Sociable. Tan distinto a lo que él había sido a esa edad. Y esa simple sonrisa le aflojó el pecho.
—Está de buen humor, como siempre —dijo Nejire, acariciando la mejilla del pequeño—. Pero no quería dormirse, ¿verdad? Seguro sabía que iba a ver a Mirio.
Mirio acercó un dedo para que el bebé lo sujetara, encantado.
Tamaki observó la escena y pensó que, precisamente por eso, no quería que lo llamaran “pequeño Tamaki”. No quería que creciera bajo la sombra de sus defectos. Sus hijos merecían ser ellos mismos… no copias de nadie.
Nejire volvió su atención a Mirio con entusiasmo.
—Oye, oye. ¿Cómo está Kasumi-san? —preguntó con curiosidad—. ¿Verá el evento por televisión?
Mirio soltó un suspiro tranquilo.
—Tiene guardia en el hospital. Puede que no tenga tiempo, pero intentará verlo si puede —explicó—. También les envía saludos. Y exige que vaya pronto a cenar a casa.
Nejire abrió los ojos con exageración divertida. —¡Eso suena genial!
Su amigo había conocido a su esposa luego de ganar una pelea sumamente difícil a un villano especialmente peligroso que lo mandó al hospital para tratar sus heridas.
Cuando la doctora que lo recibió en urgencias se acercó, Mirio quedó sorprendido por su presencia tranquila y su belleza discreta. A pesar del dolor, no perdió la oportunidad de intentar una de sus bromas.
“Doctora, tenga cuidado de no pinchar uno de mis duraznos, de lo contrario no podré sentarme derecho” comentó señalando su trasero cuando la doctora tenía una jeringa en mano.
Para sorpresa de muchos, la doctora sonrió… y estalló en una risa genuina, brillante, completamente inesperada. Esa reacción terminó de derribar a Mirio. Desde ese momento, quedó perdidamente enamorado.
Se alegraba sinceramente por él. Mirio merecía la felicidad que tenía ahora.
Pero al ver la hora, su expresión cambió.
—Deberían darse prisa —advirtió, señalando el reloj—. O llegarán tarde.
—¡Es cierto! —dijo Mirio, dando un pequeño salto—. ¡Y un héroe siempre debe llegar a tiempo!
—¡Exacto! —asintió Nejire con determinación.
Con cuidado, ella acomodó a Yuuto y lo pasó a los brazos de Tamaki. El bebé se acurrucó de inmediato contra el pecho de su padre.
—Ya lo alimenté —comentó Nejire—, pero no conseguí que se durmiera. Seguramente tendrá sueño en un rato.
—No te preocupes —respondió Tamaki, ajustando suavemente la manta del bebé—. Yo me encargo.
Se inclinó y le dio a Nejire un beso en la frente, pero ella, emocionada, lo sujetó por las mejillas y le dio un beso en la boca sin pensarlo. Tamaki se puso rígido al instante, sintiendo cómo se le calentaban las orejas.
—N-Nejire… no frente a los niños… —murmuró, incómodo al notar la mirada atenta y curiosa de Yuuto.
Nejire soltó una risa ligera. —Perdón, perdón. Es que te ves tan guapo.
Mirio también rió suavemente mientras buscaban sus cosas para salir.
—Pórtense bien mientras no estamos —pidió con una sonrisa.
Los niños respondieron de inmediato:
—¡Los veremos por televisión!
…
Cuarenta minutos y un pequeño refrigerio después, estaba sentado en el sofá, con Yuuto recostado en su regazo.
El bebé mordisqueaba la manga de su camisa con absoluta tranquilidad, sin mostrar el menor indicio de sueño. Frente a ellos, en el suelo de madera, Miho y Ren estaban acostados boca abajo, con las piernas dobladas y moviéndose de un lado a otro mientras observaban la pantalla del televisor con total atención.
El Hero Billboard Chart JP había comenzado hacía unos minutos. El presentador hablaba con su energía habitual, preparando al público para la revelación del nuevo ranking. Tal como siempre, iban de abajo hacia arriba, mostrando un breve video de cada héroe antes de que apareciera en pantalla para dar un pequeño comentario o hacer algún gesto característico.
—En el puesto diez… ¡Shouji! —anunció el presentador.
Shouji inclinó la cabeza con seriedad, como era costumbre en él, antes de decir unas pocas palabras agradeciendo el apoyo.
—Número nueve… ¡Nejire-Chan!
Miho inmediatamente se incorporó un poco, apoyando las manos en el suelo.
—¡Mamá! —exclamó con emoción, agitando los pies en el aire—. ¡Ella es tan genial! ¡Pero debería estar mucho más arriba!
En la pantalla, Nejire hacía una pose elegante mientras saludaba con una sonrisa llena de energía. Miho imitó el movimiento con entusiasmo, aunque sin dejar de mostrar una ligera molestia por la posición.
Tamaki dejó escapar una risa suave, acomodando a Yuuto cuando este intentó darse la vuelta en su regazo.
—El próximo año seguro subirá —le aseguró—. Ha mejorado muchísimo.
Ciertamente Nejire era más fuerte que antes, más segura en su don, más rápida. Su habilidad había crecido enormemente. De no haber sido por su licencia de maternidad —y luego por el tiempo que dedicó al entrenamiento ligero antes de volver a patrullar—, probablemente habría superado a Kamui Woods este año.
Aun así, mantener el puesto nueve después de un embarazo, un parto y meses fuera del circuito era impresionante. Tamaki lo sabía mejor que nadie.
Yuuto balbuceó algo contra su pecho, levantando la vista hacia la pantalla justo cuando comenzaban a anunciar al puesto ocho.
Tamaki lo sostuvo con una mano mientras bajaba un poco el volumen para no sobreestimularlo.
Miho, sin dejar de mirar la pantalla, murmuró:
—Aún así, mamá es la mejor del mundo.
Ren asintió con energía, chocando su frente contra el piso sin querer y soltando un “¡auch!” que hizo a Miho contener una risa.
En la televisión, el presentador elevó la voz con dramatismo.
—¡Posición número cinco… Great Explosion Murder God Dynamight!
La pantalla estalló en un montaje de explosiones doradas y humo. Bakugo apareció frente a las cámaras con su expresión de siempre: el ceño fruncido, los hombros tensos y una mezcla de fastidio y orgullo imposible de ignorar.
—¡YA ERA HORA! —gruñó hacia el micrófono, como si el evento entero le debiera una disculpa— ¿Y por qué demonios no estoy más arriba!
Detrás de él, Best Jeanist —en su puesto número siete— apareció justo a tiempo para sujetarlo por el borde del traje, tirando de él hacia atrás con elegancia impecable.
—Mantén tu imagen, Dynamight —comentó Jeanist, sonriendo con serenidad—. Recuerda… fibra, forma y compostura.
—¡SUÉLTAME, ANCIANO! —bramó Bakugo, forcejeando.
El público se rió. El presentador también.
En el departamento, Miho y Ren observaron con los ojos muy abiertos.
—Es… ¿muy ruidoso, no? —comentó Miho, ladeando la cabeza.
—Y parece enojado todo el tiempo… —añadió Ren, encogiéndose de hombros.
Tamaki asintió en silencio.
Bakugo sigue exactamente igual… reflexionó mientras Yuuto le agarraba un dedo—. Si no fuera por su actitud, competiría seriamente por el primer puesto junto a Mirio. Tiene la fuerza… pero no la paciencia.
El evento continuó.
—¡Puesto número cuatro… Deku —anunció el presentador con emoción.
Izuku apareció en pantalla luciendo más maduro, con una sonrisa amable y un saludo respetuoso al público. Era evidente el contraste respecto a Bakugo: calmado, amigable, confiado sin ser arrogante.
Ren levantó la cabeza de golpe.
—¡Es el amigo de mi papá! —exclamó, emocionado—. ¡Y también amigo de Eri-neesan!
Miho asintió con entusiasmo, reconociendo al joven Midoriya.
—¡Espero que sea nuestro profesor cuando vayamos a U.A.! —dijo moviéndose tanto que terminó arrastrándose un poco hacia adelante por la emoción.
A medida que se acercaba al final, el presentador aumentaba el dramatismo.
—¡Posición número dos… Shoto!
La pantalla mostró a Shoto Todoroki con su porte sereno, el uniforme impecable y el cabello dividido en sus colores característicos moviéndose con la brisa. Saludó con una leve inclinación y una sonrisa tranquila. Ya nadie mencionaba a Endeavor; hacía años que Shoto se había ganado su propio lugar, su propio respeto y su propio legado, independiente de cualquier sombra familiar.
Miho comentó en voz baja:
—Shoto también es genial, ¿no?
—Ah, dicen que es uno de los héroes más confiables de todos —añadió Ren, impresionado.
El presentador respiró hondo, alargando el suspenso.
—Y ahora… ¡el héroe número uno del país! ¡El incomparable… el héroe cómico…Lemillion!
Las luces explotaron en un torbellino dorado. De pronto, Mirio emergió desde el subsuelo como un proyectil humano, hacia lo alto del escenario sin perder el impulso. Dio una voltereta perfecta en el aire, cayó de pie con fuerza calculada y extendió los brazos en su pose más característica.
—¡¡POWEEEEEER!! —exclamó, con la sonrisa más brillante del evento.
Del otro lado de la pantalla, Miho y Ren se levantaron de un salto.
—¡¡PAPÁAAA!! —chilló Ren, tan emocionado que su voz se quebró.
La emoción fue tanta que ni siquiera notó cómo el borde de sus pies empezó a desvanecerse. Su cuerpo perdió solidez… y de pronto, comenzó a hundirse en el suelo, tal como Mirio cuando activaba su don.
—¡Ah! ¡Tío Tamaki! ¡Me caigo! —gritó Ren, aterrado.
Pero Suneater reaccionó de inmediato. Su brazo se transformó en un tentáculo largo y flexible, que se lanzó hacia el niño y lo sujetó con firmeza antes de que atravesara por completo la madera del piso. Lo levantó con cuidado, ayudándolo a recuperar solidez mientras Ren temblaba ligeramente por el susto.
—Lo siento… —dijo el niño apenado
—Descuida—respondió Tamaki con suavidad
Lo colocó de nuevo en el suelo justo a tiempo para que escucharan las palabras de Mirio, quien hablaba con una energía vibrante:
“Un héroe no solo salva vidas… también protege la esperanza. ¡Mientras el mundo no pierda la sonrisa, siempre podremos seguir adelante!”
Miho y Ren miraron la pantalla embelesados… pero solo durante unos segundos. En cuanto el evento se enfocó en las estadísticas y anuncios posteriores, perdieron por completo el interés en la transmisión.
Pero no la emoción.
Ren se levantó de golpe y dijo:
—¡Voy a ser héroe y salvaré a muchas personas !
Miho rió, flotando unos centímetros sobre el piso.
—¡También yo!
En cuestión de segundos, ambos estaban jugando en el centro de la sala, fingiendo rescatar imaginarias víctimas y derrotar temibles villanos. Ren imitaba a Mirio con exageración, haciendo poses heroicas y saltos torpes pero entusiastas.
Miho, riendo, lo tomó de las manos y lo elevó apenas del suelo gracias a su habilidad. Ren gritó emocionado mientras ella lo llevaba “volando” por toda la sala. Sus risas llenaron el departamento de un eco alegre, puro.
Tamaki los observó desde el sofá, con Yuuto en brazos. El bebé, ajeno al alboroto, parpadeaba lentamente mientras luchaba contra el sueño, su pequeño puño aferrado al suéter de su padre.
Aunque el mundo hubiera cambiado y seguramente seguirá cambiando, la siguiente generación parecía lista para el desafío. Era un alivio saber que el futuro estaba en buenas manos. Los miró jugar con una sonrisa… que duró exactamente cinco segundos. Entonces, como siempre, llegó la realización sobre el futuro que les depara a esos inocentes niños. Porque ser héroe no era sólo capas, aplausos y rankings. Eran entrenamientos que dejaban moretones y huesos rotos. Prácticas cada vez más peligrosas, profesores exigiendo más, Plus Ultra.
Luego estaban los villanos, cada uno más peligroso que el anterior. Tamaki imaginó sirenas, explosiones lejanas, nombres que aparecían en las noticias… y el nudo en su estómago se cerró un poco más.
Y faltaba todo lo demás: burocracia, prensa, fama…
—¡Tío Tama, mirá! —gritó Ren—. ¡Salvé a diez personas!
—¡Y yo a veinte! —añadió Miho, orgullosa.
Levantó el pulgar, pálido antes de llevar la mano a su abdomen.
—Qué… bueno… —dijo, respirando hondo como si acabara de sobrevivir a una batalla—. Solo… intenten no destruir la casa.
Los niños volvieron a jugar sin prestar demasiada atención.
Tamaki se dejó caer contra el respaldo del sofá, cerró los ojos un segundo y pensó de dónde sacaría la fuerza para soportar los años de paternidad que todavía están por venir.
