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El mundo de los sueños era al parecer sinónimo de libertad, un lugar en que alguien podía actuar acorde a sus más íntimos deseos y aspiraciones, incluso cometiendo actos que en la realidad no se atreviera a hacer por las restricciones implícitas que se imponían en el mundo real. Cada sueño era diferente dependiendo de quien soñaba, reflejando un mundo en que no había una verdad absoluta, eso es lo que había entendido Silver con el pasar de los años cuando la magia que de su ser se desprendía le permitía entrar ocasionalmente en los sueños de otros.
Lugares inciertos que solía visitar sin ser consciente de ello y que al despertar olvidaba, un hecho que agradecía porque seguramente le invadiría una fuerte incomodidad al ver a esa persona en la realidad, solo para recordar el reflejo de su subconsciente en un sueño, cuyo contenido debía ser privado. Cuando sentía que la somnolencia empezaba a cerrar sus ojos trataba de disipar cualquier rastro de magia para no irrumpir en el mundo onírico de nadie, sin embargo, en esta ocasión no ocurrió. Silver daba un suspiro resignado cuando se deslizaba por ese corredor de los sueños, lo que advertía que se había quedado dormido profundamente y se dirigía al sueño de alguien más, al no poder detener esta acción inconsciente se dejaba llevar.
Un poco confundido se veía de pie en una habitación que pudo reconocer por una enorme gárgola en medio de la oscuridad, al instante su confusión se convirtió en vergüenza al darse cuenta que los sonidos que provenían del inquieto remover de las sábanas de la cama, no parecían ser de alguien quejándose de dolor como creyó al principio. No tenía mucho conocimiento sobre sexualidad, pero intuía lo que allí pasaba, un hecho natural de una pareja expresando su amor de forma física, a pesar del profundo significado era vergonzoso irrumpir este tipo de sueños, aún más al saber quien era el soñador.
A pesar de estar en una edad de curiosidad, no le llamaba la atención este tipo de temas, así que a diferencia de otros jóvenes que disfrutarían ser testigos de algo así, para su ingenua forma de ser le resultaba bastante incómodo y bochornoso. Su reacción inmediata al darse cuenta de la situación fue querer salir de allí con prisa antes que notaran su presencia, pero en su intento de escape no encontraba la puerta, ni siquiera una ventana, todo a su alrededor era una espeluznante pared de piedra. Estaba atrapado en una habitación sin salida junto a una pareja que hacía el amor de forma apasionada, lo sabía por los sonidos que hacían, tanto los que escapaban de sus bocas como lo que suponía era la unión obscena de sus cuerpos, junto al ímpetu de las sábanas al moverse en sincronía con el rechinar agresivo de la cama.
—Te amo, Silver… —Escuchó decir desde el escondite de los amantes bajo las sábanas, entonces no solo sus mejillas se tiñeron en un marcado rubor, su rostro entero se encendió al escuchar una respuesta igual de amorosa en lo que parecía ser su voz agitada. Al oírse gemir de esa manera, definitivamente pensaba que este sueño de alguna forma se había convertido en una pesadilla, ¿por qué Malleus-sama tendría este tipo de sueños con él?
Es decir, hace días había notado ciertas actitudes atentas de su parte, invitándolo a paseos más seguidos, iniciando charlas amenas que se extendían por largos minutos, esta cercanía no le resultaba nada molesta, porque no había nadie más sensato y agradable que su señor. Ese hada dragón temperamental de poderosa magia a quien la mayoría temía, pero que se equivocaban al juzgarlo por su temible apariencia, cuando en realidad era alguien muy cálido y de noble corazón, eso no evitaba el sentirse avergonzado al ver que se había convertido en el objeto de sus más bajos instintos, necesitaba salir de ahí de inmediato.
—Silver…
Escuchó su llamado repentino en medio de esos sonidos cargados de erotismo, en un principio creyó que no se dirigía a él, sino a su yo creado en este sueño, pero al sentir la mirada penetrante de Malleus desde la cama se paralizó. Cerrando los ojos con todas sus fuerzas trataba de despertar, sentía entrar en pánico mientras su corazón parecía saltarse del pecho en cualquier momento, no sabía en realidad a qué temía o huía.
—Lo siento por incomodarte, usualmente no tengo estos sueños contigo.
—Malleus-sama… Yo me disculpo por entrometerme así en un sueño tan íntimo.
Nervioso con los ojos cerrados decía sin saber qué hacer o qué más decir, Malleus sonreía al oír su disculpa, este era Silver siendo solo Silver, el chico tranquilo que ni siquiera parecía estar molesto a pesar de ser el profanado en un sueño lascivo. Entonces el joven se estremeció al sentirlo cerca suyo de repente, se negaba a abrir los ojos, su innata timidez persistía incluso en los sueños acentuándose más en uno de este tipo, a pesar de ser la primera vez que estaba involucrado en una situación así de intensa y bochornosa.
—Malleus-sama… Esto no es correcto. —Susurró al sentir su abrazo por detrás, estremecido se avergonzaba por cómo su cuerpo reaccionaba al calor de este contacto, o quizás influía el hecho de que él estuviera desnudo rozándolo, ¿se estaba excitando? ¿Por qué permitía este acercamiento?
—Es un sueño, todo está permitido.
—Lo sé, aún así…
— ¿Acaso no te gusto? —Cuestionó con severidad mientras en un rápido movimiento giraba su cuerpo para que lo viera y le diera una respuesta. Silver reaccionó fijando sus ojos en ese rostro que amenazante lo miraba, no pudo evitar también esbozar una sonrisa, este era Malleus Draconia siendo solo Malleus Draconia.
—Si, es solo que… —Acariciando su rostro afirmaba con sinceridad— Mi padre dijo que para hacer estas cosas debes estar casado. Es decir, deberíamos esperar a casarnos, ¿no?
—Tienes razón, Lilia me dijo lo mismo. Pero casarnos ahora sería complicado.
— ¿Entonces si quiere casarse conmigo?
—Por supuesto, quiero estar contigo por siempre.
Un muy embelesado Malleus por la dulce sonrisa que Silver esbozaba no pudo resistirse a besar sus labios, un beso que confirmaba la fuerte conexión entre ellos que no podían seguir ignorando. Aunque estaban inmersos en un sueño todo se sentía demasiado real, Silver correspondía su beso torpemente, sin mucha experiencia solo se dejaba llevar por esta sensación agradable que provocaba el sabor de su boca.
Besos que eran compartidos en un abrazo junto a firmes caricias incitaron que ambos llegaran a la cama y cayeran en ella, Silver no podía creer lo que estaba pasando, pero era un sueño así que podía hacer lo que quisiera, quizás era mejor así que hacerlo en la realidad donde todo se complicaría. El hada que lo había visto crecer le quitaba la ropa, era un poco extraño, pero no le molestaba, al sentirse enamorado y tener la cursi convicción de que si amabas a alguien se debía entregar todo, haría lo que él quisiera sin dudarlo. Malleus estaba rebosante de felicidad, un humano de inmaculada belleza estaba recostado en su cama dispuesto a ser suyo, y no era cualquier humano, era uno que despertaba sensaciones cálidas y profundas en su ser, pero ¿era realmente amor lo que sentía? En medio de su embelesamiento se cuestionaba, no se consideraba codicioso, aún así ahora deseaba todo de él.
—No debería doler porque es un sueño, ¿verdad? —Era la duda de Malleus al abrir sus piernas, contemplando sus genitales se relamía los labios, no era muy diferente de como había imaginado su cuerpo desnudo.
—Estoy acostumbrado al entrenamiento duro.
Malleus abría sus ojos con algo de asombro por tal respuesta, no la esperaba de alguien como Silver, o quizás dada las circunstancias, enseguida sus labios esbozaron una sonrisa porque también sabía que él era el tipo de persona que hablaba con una franqueza abrumadora, sin malicia alguna. Esto hizo que se emocionara más, veía como la mirada de Silver rehuía mientras se acomodaba entre sus piernas.
—Dudo que Lilia te entrenara para algo así. —Comentó para relajarlo un poco pues se veía algo tenso, lo que provocó el efecto contrario pues se tensó más al solo imaginar que su padre descubriera lo que hacía con quien no debía.
—No mencione a mi padre ahora, por favor.
—Si, lo siento.
Una descarada y coqueta disculpa dio sobre sus labios antes de besarlos nuevamente, a la vez que encima suyo estimulaban sus miembros en un roce firme que excitaba a ambos, al punto de sincronizar un vaivén que los hacía retorcer de placer. Totalmente extasiados de esta placentera sensación, embriagados de este sentimiento decidieron que estaban listos para volverse uno solo, uniéndose no solo en cuerpo, sino también en alma y corazón, aunque eran conscientes de que era un sueño querían hacer realidad este anhelo.
Los fuertes gemidos de Silver eran el estímulo para que Malleus siguiera invadiendo su interior con moderada fuerza en un movimiento incesante cuando ajustaron su ritmo, cada estocada llegaba profundo estremeciendo de placer sus cuerpos, que unidos no pretendían separarse. Todo fluía natural entre ellos, cada beso y caricia, incluso su respirar agitado se había acoplado, Silver se sentía feliz de ser amado de esta manera, al menos en un sueño podría tenerlo porque en la realidad todo sería complicado, como bien él advirtió, no era correcto que un vasallo estuviera con su señor en una relación amorosa.
Aunque era un sueño, sus sentimientos eran reales, un amor que había nacido en una calmada convivencia en la realidad se consumaba ardiente en este mundo de sueños. Silver se aferraba a su varonil cuerpo enredando sus piernas a su cintura, un movimiento instintivo que realizó para sentirlo más profundo, para que su interior sea deliciosamente sacudido por su miembro que atrevido parecía partirlo en dos, aunque dudaba que eso pasara porque él nunca lo lastimaría. Disfrutando del roce de sus pieles desnudas y estremecidas por esta entrega, se convencía en el romántico ideal de que el impulso para desatar este deseo eran los sentimientos que compartían.
Malleus por su parte pensaba lo mismo, mientras en esa posición no dejaba de ver cada gesto de placer en su bello rostro, convencido de que era el destino que a pesar de sus enredos es el que había permitido que sus vidas coincidieran para estar juntos en este momento. Impulsado por este sentimiento arremetía con ímpetu, haciendo sus estocadas más certeras, su miembro se estrujaba empezando a gotear, el temblor en sus cuerpos al sentir como una fuerte oleada de calor los invadía advertía que un sublime placer los consumiría pronto.
De forma simultánea un orgasmo sintieron a los pocos segundos, casi sin aliento sus cuerpos se tensaron por un instante mientras sus bocas que rozaban sensualmente emitían gemidos y gruñidos como respuestas de este placer intenso, Silver sentía que un fluido caliente bañaba sus entrañas de forma exquisita, a la vez que su esencia había salpicado entre sus vientres. Malleus no dejaba de moverse dentro suyo, estaba embriagado de esta sensación tan grata, no se sentía igual que hacerlo con una versión falsa de Silver, su imaginación no se comparaba con sus reacciones naturales.
— ¿Por qué lloras? ¿Te hice daño? —Cuestionó un preocupado Malleus al ver unas lágrimas derramarse de esos hermosos ojos de cálida belleza y rodar por sus sonrojadas mejillas, de inmediato salió de su interior pensando que lo había lastimado por su rudeza en esta primera vez.
—Estoy bien, estoy feliz. —Respondía esbozando una sonrisa entre lágrimas a la vez que enredaba dulcemente sus brazos a su cuello en un cariñoso abrazo— Me siento amado en todos los sentidos, no pensé que se sentiría así, ¿podemos hacerlo de nuevo?
—Si, por supuesto… También me siento feliz y satisfecho, fue mejor que hacerlo con tú yo falso.
Silver desviaba la mirada por tan innecesaria aclaración, no sabía por qué pero se sintió un poco celoso, incluso si era de sí mismo de quien hablaba, avergonzado por este confuso sentimiento se cubría el rostro. Malleus reía por su tonta reacción, después de todo lo que hicieron no se había cubierto el rostro ni una sola vez y ahora por una tontería sentía vergüenza, ¿cómo no amarlo? Entusiasmado de nuevo lo besaba para iniciar una nueva entrega, sin embargo al hacerlo la figura de Silver empezaba a distorsionarse, suponía que estaba a punto de despertar, este sueño maravilloso estaba por terminar.
—Lo siento, Malleus-sama, debo irme.
—Entiendo, ¿nos vemos después en un nuevo sueño?
—Sabe que no puedo controlar qué sueños visitar.
— ¿Quién crees que te guió hasta aquí? —Cuestionó con su tono jactancioso usual mientras sonreía como un niño que había hecho una travesura.
La sorpresa era evidente en el rostro de Silver, ahora que lo pensaba con claridad ciertamente era extraño que hubiera caído de repente en el sueño de Malleus, ya que él por su magia más fuerte no debería permitir que nadie invada su sueño. Si lo había guiado, entonces fue a propósito ponerlo en una situación tan incómoda al principio, ¿había sido su extraña manera de seducirlo? Una táctica que sin duda funcionó, pensaba un poco abochornado por tener estos lascivos pensamientos escondidos en su mente.
— ¿Te enojaste, Silver?
—No… Está bien, así debía ser. —Murmuró abrazándose con fuerza a él para no desprenderse de su lado, de alguna forma se sintió abrumado porque al despertar de este sueño quedaría en el olvido y quería recordarlo. Malleus pudo percibir su agobio, aún sintiendo que su figura se desvanecía entre sus brazos esbozaba una extraña sonrisa al despedirlo.
Silver en un sobresalto abría los ojos en su cama esa mañana, aturdido por el ruido de sus alarmas las apagaba antes de percatarse de la realidad, medio dormido sentía una extraña sensación de felicidad en su pecho y un cálido estremecimiento recorrer su cuerpo entero. ¿Era probable que hubiera tenido un sueño muy agradable? ¿Qué tipo de sueño era para hacerlo sentir así por primera vez? Entonces la imagen de Malleus cruzó su mente como un trueno potente que lo hizo sonrojarse, tocándose los labios y el rostro anhelando recordar el dulce sueño que posiblemente tuvo con él. Era la persona que provocaba un sentir acogedor en su pecho al tenerlo cerca, aunque a la vez lo sentía tan lejano, tan imposible de alcanzar que en silencio había decidido guardar estos sentimientos para sí mismo.
—Silver, estás actuando extraño hoy, ¿te incomoda estar conmigo? —Era la pregunta de Malleus esa tarde después de clases al reunirse en un lugar alejado, el que habían acordado visitar el día anterior.
—No es eso, es que… —Respondía un poco nervioso estando a su lado, sin saber el motivo de esta reacción, en realidad todo el día había estado distraído tratando de descubrir este extraño cúmulo de emociones, el que se profundizó al estar con él a solas ahora. Un bostezo interrumpía la charla, Silver sentía quedarse dormido aunque no deseaba dormir ahora, entonces en un instante muy despierto se deslizaba por el corredor de los sueños, mientras lo hacía parecía recuperar los recuerdos de ese sueño horas atrás.
—Malleus-sama… —En un murmullo lo llamó al verlo de pie en una habitación diferente a la de la escuela, por la elegante decoración suponía que era el castillo real en Valle de las Espinas. Acercándose lo abrazaba con fuerza, era un alivio aclarar su mente y llenar este vacío en su corazón.
—No debes ser tan formal dada nuestras circunstancias. —Susurró sobre sus labios mientras los rozaba dulcemente— Lamento que estuvieras confundido todo el día, no creí que te afectara tanto nuestro sueño juntos.
—No, me acostumbraré a esta sensación… Malleus…
Diciendo aquello enseguida besaba su boca de forma apasionada, tal vez era mejor estar juntos en este mundo donde nadie los juzgaría y podrían amarse libremente por ahora, preparándolos para enfrentar una complicada realidad al aceptar sus sentimientos frente a los demás. Malleus estaba de acuerdo y lo confirmaba al corresponder sus afectos, ser amantes en un mundo onírico no le parecía mala idea, era su plan inicial, mientras durara esta aventura amorosa lo disfrutaría, pensaba a la vez que quitaba con prisa su ropa para llevarlo a la cama, donde lo haría suyo una vez más.
