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Sentado al filo de la cama parecía darse ciertos aires de grandeza al tener a alguien literalmente a sus pies, después de todo era un príncipe y su arrogante naturaleza afloraba en detalles como este en la intimidad. Con jactancia veía desde esa posición como Ruggie, su tan servil compañero de dormitorio, sentado en el suelo quitaba las sandalias que usualmente utilizaba con su uniforme escolar. Sentía la calidez de sus manos suaves empezar a masajear sus pies una vez que quedaron desnudos, con el pretexto de dar alivio a su cansancio después de una extenuante jornada escolar que incluyó una sesión de entrenamiento del club de Magift, al que ambos pertenecían. Ese masaje era una excusa tonta porque sus pies no resentían ningún tipo de cansancio, Leona Kingscholar en el transcurso de ese día había holgazaneado incluso en el entrenamiento, solo le provocaba placer estar en esta posición.
—Leona-san, sus pies son tan suaves.
Adulaba un animado Ruggie masajeando sus pies con firmeza, sintiendo como Leona en silencio se excitaba, lo notaba por la extraña seriedad de su rostro, un gesto que reconocía al tratar de contenerse, algo absurdo cuando él mismo había pedido este servicio especial en esa tarde que empezaba a caer para dar paso a la noche.
—Deja de usar esa boca para adularme y…
—Ya sé, ya sé…
Murmuró antes de levantar uno de sus pies para deslizar sensualmente su lengua, una humedad que hizo estremecer a Leona, quien no sabía el motivo por el que hallaba placer en esta práctica inusual, era un fetiche al que le había encontrado cierta satisfacción. Sentía esa lengua traviesa jugar con ambos pies, saboreando su piel, dejando sutiles besos, junto a la mirada sumisa de Ruggie que estaba fija en observar los gestos que hacía. Acciones que lo provocaban más, encendían su cuerpo en este calor que deseaba sentir, emitió un leve gruñido cuando el dedo pulgar de su pie derecho era llevado a su boca para simular una felación.
Bajando sus pantalones y ropa interior dejaba ver su miembro un poco endurecido, al parecer estaba realmente excitado, un sonriente Ruggie se complacía al estar cumpliendo su propósito, esa era suficiente motivación para seguir con sus labores y llegar hasta el final, hacer que eyaculara preso de la excitación. Su mirada ahora se enfocaba en ese miembro prominente que era tratado con rudeza por sus manos, Leona se masturbaba mientras sus pies eran tratados con especial cariño, aunque consideraba este un trabajo por el que sería compensado al final no podía evitar que su cuerpo también empezara a calentarse por el estímulo visual.
¿Y si en lugar de usar la boca en sus pies pudiera hacerlo en su miembro viril? Se cuestionó internamente al ser tentado por la vista, la verdad era que le gustaba más la sensación de saborear su erección que sus pies, y suponía que él lo sabía, pero lo obligaba a hacerlo de esta manera. Ruggie se bajaba los pantalones también, en este punto tenía permitido hacer lo necesario para aumentar el deseo de su arrogante señor, al desnudar sus partes bajas se notaba su miembro erecto, permaneciendo sentado lo dejaba a su disposición. Tomando sus pies los acomodaba para que su erección quedara entre ellos, enseguida lo ayudó para que en un ágil movimiento estas partes de sus cuerpos al complementarse se estimularan con firmeza. Leona sentía la piel cálida de ese miembro erguido entre sus pies, su textura le daba una sensación agradable, era excitante así que no le molestaba que Ruggie se tomara tal atrevimiento, más si lo veía igual de extasiado, ambos como bestias hambrientas queriendo devorarse entre sí.
Su habilidad física le permitía sincronizar sus movimientos de manos y pies, era un disfrute total, su miembro empezaba a gotear por el fuerte estímulo, estaba por eyacular y no podría contenerse más. No era la primera vez que tendrían sexo, ese chico estaba a su disposición para cualquier tipo de servicio, por supuesto si había un pago al final.
— ¿Dentro o fuera? —Cuestionó Leona con la mirada cargada de deseo, sin dejar de masturbarse y de masturbarlo a la vez.
—No me pregunte, haga lo que quiera.
—No, tú decides.
Ruggie estaba tan excitado que sentía estar por eyacular también, los pies que antes besó y lamió eran bastante hábiles, no le sorprendía al saber lo impetuoso que era Leona en este tipo de actividades, un contraste de su actitud holgazana habitual al hacer otras cosas. Refunfuñando se levantaba del suelo para acomodarse en su entrepierna, abriendo sus propias piernas se aferraba a su cuerpo, mientras sus labios se unían en un lascivo beso se embestía por sí mismo al sentarse en su miembro erecto. No pudo evitar gemir por tan caliente intromisión en su cavidad anal, que fue invadida y llenada con una profunda estocada que los hizo temblar de placer, su entrada bastante dilatada le facilitaba el movimiento natural y frenético de dos cuerpos al unirse de esta obscena manera.
No pasó mucho tiempo para que en medio de unos gruñidos ambos alcanzaran el éxtasis, Ruggie malhumorado trataba de levantarse mientras sentía como su interior ardía por la profusa eyaculación que era removida por el miembro todavía endurecido de Leona, quien satisfecho continuaba moviéndose dentro suyo.
—Quita esa cara, o voy a pensar que no te gustó.
—Dudo que piense algo así —Susurró falto de aliento obligado a estar cerca de su boca al abrazarlo de la manera que lo hacían los amantes al estar juntos, sabía que jamás esa idea cruzaría su mente después de haberle provocado tanto placer— Me va a descontar dinero de mi paga por no haber terminado en sus pies.
—Oye, pero eso es compensado con el orgasmo que te provoqué.
—No puedo vivir de orgasmos…
Leona sonreía por el codicioso amante que se había conseguido, quien al parecer había elegido el placer sobre el dinero y ahora se lamentaba a pesar de haberlo disfrutado, cariñoso como solo podía serlo después del sexo rozaba sus labios a sus orejas para animarlo.
—Ruggie, te daré una buena propina, ya quita esa cara que me contagias tu mal humor.
— ¿En serio? —Cambiando su actitud amargada su mirada parecía iluminarse por la emoción de esa propina, sabía lo generoso que podía ser Leona cuando quedaba satisfecho así que al final no se había equivocado al elegir que el sexo terminara de esta manera.
—Si, si… Estoy pensando que debería ser yo el te cobre.
— ¡Claro que no!
—Está bien, voy a bañarme y tú prepara la cena, muero de hambre.
Decía quitándolo de encima en medio del grotesco sonido de sus cuerpos al apenas separarse, Ruggie sonrojado sentía un cálido y espeso fluido emanar de su interior al quedarse de pie, aunque era algo tarde sentir vergüenza ahora. No se sentía avergonzado por lo que se había convertido, alguien que cobraba por sexo, a pesar de que este servicio era exclusivo de Leona; lo que empezaba a molestarle era anteponer el deseo al dinero como lo hizo antes. ¿Acaso esta relación furtiva poco a poco dejaba de ser un negocio?
—Oye, no te quedes ahí parado ensuciando la alfombra.
—Si… —Masculló en voz baja en medio de un suspiro, entonces al disponerse a limpiarse y cumplir la orden dada sintió un abrazo por detrás que lo hizo salir de sus confusos pensamientos.
—La cena puede esperar, báñate conmigo, quiero tu servicio especial completo esta noche.
— ¡Si! —Respondió emocionado, no sabía si era porque pasarían la noche juntos disfrutando del buen sexo, o el dinero que eso representaba, de cualquier forma lo disfrutaría. Tomando su mano se dejaba llevar por ese príncipe cuyos gustos raros en la intimidad lo convertían en no solo su mejor benefactor, sino también en un amante excepcional que lo hacía delirar de placer. Para alguien codicioso como él mismo se consideraba, sentía no perder en ningún sentido al obtener todo lo que quería, placer y dinero a la vez.
