Chapter Text
| Prefacio.
Londres, Inglaterra.
28 de abril de 2011.
Una semana después de su llegada a Londres y a penas habiéndose instalado en el que sería su nuevo hogar de ahora en adelante, Abby pensó que las cosas iban a arruinarse como en Beacon Hills ante la aparición de un hombre de cabello negro y vestimenta elegante, musculoso y de mirada dura que se presentó con Jackson y ella como Ray Woods, diciendo ser un Alfa y ofreciéndoles formar parte de su manada por lo riesgoso que era ser omegas.
A pesar de haber estado bastante paranoicos luego de que muriera y regresara a la vida, sus padres les habían permitido salir solos para que comenzaran a conocer el vecindario y los alrededores. Definitivamente nunca esperaron ser abordados de esa manera, muchísimo menos por un Alfa.
El hombre frente a ellos no insistió mucho, percatándose de cómo la chica no dejaba de temblar y emanaba una alarmante cantidad de terror. Consciente de eso, Jackson decidió que sería quien manejara la situación.
—Acabamos de pasar por momentos horribles en nuestra manada pasada, ella todavía está un poco asustada —excusó vagamente, sin querer entrar mucho en detalles.
—Déjame adivinar. ¿Un mal Alfa?
—También tuvimos problemas con cazadores.
Ray hizo una mueca, comprendiendo entonces la actitud de la chica.
—Un par de chicos de mi manada también pasaron por algo duro como eso. Es normal que siga asustada —aseguró—. Les propongo algo. Vengan conmigo. Les presentaré a los miembros de mi manada y si ella sigue sintiéndose insegura, los dejaré en paz. ¿Les parece un buen trato?
—Somos nuevos aquí, no... no conocemos bien —murmuró Abby, aferrándose fuerte a la ropa de su hermano. Jackson estiró una mano hacia atrás y se la ofreció, haciendo que soltara la tela y en cambio lo sujetara a él.
—Bueno, entonces, ¿por qué no los traigo aquí? Si te asustan, siéntete libre de irte, ¿sí? —ofreció amablemente.
Abby asintió con la cabeza, encogiéndose en su lugar. El hombre se alejó de ellos unos pasos para tener privacidad al hablar por teléfono, permitiéndole respirar con calma y relajar su postura unos momentos, pensando que las cosas no podían ser peores que en Beacon Hills, ¿verdad?
Cinco personas llegaron un rato después, acerrándose a ellos y haciéndole sentir aún más nerviosa por estar rodeada de desconocidos. Un chico de cabello rubio era el que encabezaba el camino hacia el Alfa, una chica de cabello también rubio caminando un par de pasos detrás de él junto a una chica de cabello anaranjado, ambas ubicadas entre otro rubio y un peligro.
— ¿Qué pasa, Ray? —preguntó el rubio con ambas manos metidas en los bolsillos de su abrigo negro.
—Quiero presentarles a este par —respondió—. Se llaman... Lo siento por no haber preguntado antes, pero ¿cómo se llaman? —les preguntó curioso, girando a mirarlos.
—Jackson y Abigael —contestó el ojiazul, sosteniendo la intensa mirada del sujeto de cabello rubio.
—Abby —dijo la rubia, llamándole la atención—. ¿Puedo llamarla así?
Jackson le dio una mirada a su hermana por encima de su hombro, elevando las cejas como señal de pregunta. Abby asintió.
—Se-seguro —contestó ella temblorosamente.
— ¿Por qué está tan asustada? —cuestionó uno de los dos rubios, no el aparente líder del grupito. El pelinegro junto a él lo golpeó, diciéndole entre dientes que no le hiciera sentir incómoda con sus preguntas inoportunas.
—Ambos pasaron por cosas malas con su antigua manada y a causa de los cazadores —le contestó Ray—. Preséntense en orden y amablemente. La pobre chica ya parece a punto de sufrir un infarto sin tenerlos a ustedes gritando como siempre. Tyler, tu vas primero —indicó.
El chico del abrigo negro asintió.
—Tyler Grahams, un gusto —dijo secamente, pero no fue duro, solo serio.
—Yo soy Layla Grahams —se presentó la rubia sonriente.
Jackson enarcó una ceja.
— ¿Parientes?
—Hermanos —le contestó él.
—Nosotros igual.
—Cool.
—El que sigue —apremió Ray.
—Leah Simmons —saludó la pelinaranja con una sonrisa.
—Yo soy Maddox y él es Andrew —finalizó el pelinegro. El rubio restante alzó una de sus manos como saludo, sonriendo un poco—. Son nuevos por aquí, ¿no? ¿Hace cuanto llegaron?
—Una semana —respondió Abby bajito, comenzando a salir de su escondite detrás de Jackson, un poco más confiada—. ¿Cómo... como supo de nosotros? —preguntó a Ray con curiosidad.
El adulto se rio.
—No me trates de usted, me hace sentir como un viejo. Llámame Ray —le pidió. Abby asintió, comprendiéndolo—. Y respecto a tu pregunta, yo lo sé todo sobre los hombres lobo aquí. Me enteré que había dos nuevos y corren mucho peligro estando solos, así que vine a ofrecerles algo de protección. Usualmente no tenemos muchos problemas con cazadores u otras manadas, por si te preocupa, pero siempre es buena idea estar preparados, ¿no creen?
—Eso creo —asintió.
—No quiero presionarlos, así que los dejaré pensarlo. ¿Les parece bien una semana? En siete días, los veré aquí de nuevo y me darán su respuesta a mi propuesta de unirse a mi manada —ofreció gentilmente.
— ¿Y si decimos que no? —cuestionó Jackson.
—Igualmente mantendremos un ojo en ustedes —contestó Tyler—. Ser omegas hace que corran riesgo constante, así que, incluso si dicen que no, estaremos cuidándoles la espalda a ambos.
—Entonces, ¿una semana? —repitió Ray. Ambos asintieron—. Excelente. Ahora, voy a llevarme a este grupo de revoltosos de aquí antes que comiencen a gritar y asusten a la linda Abby. Los veré en siete días, chicos —se despidió alegro.
—Adiós —canturrearon Layla, Leah y Maddox al unísono, despidiéndose de ellos con la mano.
Abby se rió bajito, despidiéndose de ellos también, y Jackson alzó una mano con media sonrisa en su cara, pensando que eran interesantes.
🌙
Aeropuerto de Londres-Heathrow, Inglaterra.
8 de agosto de 2011.
Abby dejó de mover nerviosamente su pierna derecha de arriba abajo cuando la mano de Andrew se colocó sobre su rodilla, llamando su atención, viéndole sonreírle de una forma gentil que pocas veces veía en él.
—Tranquilízate, ¿sí, Abbs? Maddox va a perder la cabeza si tú te alteras y Jackson y yo no seremos capaces de calmarlos a ambos si lloran como bebés —se burló de manera juguetona.
—No lloraríamos como bebés —discutió Maddox de inmediato con el ceño fruncido.
Su novio asintió con una sonrisita burlona.
—Sí, creo que tienes razón. Llorarían peor que un bebé —insistió. Maddox resopló con fastidio y el rubio se rio, acariciando la cabellera negra de ambos—. Vamos, saben que solo bromeo. A medias —admitió.
—Aún me da miedo estar en un lugar con tantas personas —admitió Abby en un tono de voz bajo, tímida, encogiéndose en su lugar.
Maddox le sonrió, colocando una mano sobre las suyas, intentando brindarle un poco de seguridad.
—Todo va a estar bien, ¿de acuerdo? No te has salido de control ni una sola vez desde que se unieron a nosotros —le recordó orgulloso, mirando a Jackson sentado a unos cuantos lugares, conversando con Leah y Ray.
— ¿Y si lo hago allá? Ese lugar... me fui por una razón —musitó.
—Pero también tiene sus cosas buenas, ¿verdad? Como tus amigos y la gente a la que amas con ese corazón de pollo que tienes —la molestó Andrew. Maddox lo golpeó y le hizo una mueca para que se callara, pero decidió ignorarlo—. Sé que tienes miedo por lo que pasó, pero no eras tú, ¿bien? La Abby con la que pasé tanto tiempo estos meses es sensible, amable y le gusta dar regalos. No dejes que ese lugar de mierda se lleve lo que eres y te convierta en un cascarón vacío, ¿sí? Cuando llegaste, intentabas no llorar al pensar en todo, pero está bien hacerlo. Si lloras significa que todavía sientes —dijo convencido—. El cambio es aterrador, pero también es parte de crecer. Si vas a dar un paso atrás, que sea solamente para impulsarte y llegar más lejos.
—A veces dices cosas lindas, eso es una verdadera sorpresa —dijo Maddox.
—Cállate.
Abby se rio bajito al escucharlos, desviando la mirada a donde Jackson estaba, viendo a Leah peinarle el cabello con sus dedos mientras Ray contaba una mala broma que los hizo reír de lo terrible que era. Tyler estaba sentado a un par de asientos de donde ellos estaban, dejando que Layla jugara con su cabello mientras miraba su celular con dedicación, escribiendo sin parar. Curiosamente, el celular de Jackson vibraba de manera incesante en el bolsillo de su abrigo, siendo totalmente ignorado.
Todas las conversaciones y el constante tecleo del futuro Alfa de la manada pararon al escuchar a través de los altavoces el vuelo de los hermanos ser anunciado y recibiendo la indicación de a que puerta dirigirse para abordar.
—Bueno, parece que aquí nos despedimos —dijo Ray, levantándose de su asiento bajo la atenta mirada de todos—. Fue un verdadero gusto que pertenecieran a esta manada aunque fuera por poco tiempo. Si alguna vez deciden regresar, les prometo que serán bien recibidos —les dijo a los Whittemore.
—Gracias por todo lo que hicieron por nosotros —respondió Jackson, levantándose de su asiento también y empuñando fuertemente la manija de su maleta—. No tengo idea de que habría sido de nosotros sin ustedes.
—Yo sí —interrumpió Leah—, un desastre.
—Seguramente sí —coincidió Abby, riéndose, tomando su maleta igualmente cuando se puso de pie—. Gracias por... por ayudarme, aún sabiendo lo que hice.
—No fuiste tú, linda —le recordó el Alfa, mirándola cariñosamente como si se tratara de un padre—. Siempre serán bienvenidos en esta manada, cuando sea. Si California te lastima de nuevo o a Jackson, regresen. Nosotros nos encargaremos de repararlos las veces que sean necesarias. No están rotos, solo un poquito doblados. Y eso significa que todavía hay esperanza.
Ambos asintieron y se despidieron finalmente, comenzando a caminar a la zona donde debían abordar. Abby se detuvo en el umbral, luciendo insegura, una terrible pesadez instalándose en su pecho y oprimiéndolo dolorosamente al pensar en Beacon Hills y el infierno que vivió allí.
— ¿Lista? —le preguntó Jackson.
—Eso creo —contestó bajito.
El mayor asintió, dándole una sonrisita que intentaba transmitirle confianza, cruzando el umbral juntos.
🌙
PRIMERA PARTE:
LA MUERTE EN LA LOCURA.
Scott McCall ha hecho su mejor esfuerzo durante los últimos cuatro meses para ser una mejor versión de sí mismo: mejoró sus calificaciones, se volvió mejor en el trabajo y se impulsó a sí mismo a ser una mejor persona. Ahora que las cosas finalmente parecen estar saliendo a su favor, con un corazón roto medio curado y teniendo una mentalidad estable que le promete que este año puede ser mejor que el anterior, no hay nada que pueda salir mal.
O al menos eso se suponía.
Abby y Jackson están de regreso en la ciudad, desestabilizando con facilidad el suelo que Scott pensó que era firme y recordándole que su mundo perfecto podría caerse a pedazos frente a él, y Scott nunca imaginó que el regreso de la chica que le rompió el corazón sería el menor de sus problemas cuando misteriosos asesinatos azotan la ciudad nuevamente y poderosos enemigos amenazan a sus seres queridos.
Todos tendrán que tener cuidado, porque esto puede doler.
R e p a r t o.
KATIE MCGRATH como ABBY WHITTEMORE.
COLTON HAYNES como JACKSON WHITTEMORE.
GRANT GUSTIN como ALLEN STILINSKI.
WILLA HOLLAND como ANDREA MCCALL.
with
TYLER POSEY como SCOTT MCCALL.
DYLAN O'BRIEN como STILES STILINSKI.
TYLER HOECHLIN como DEREK HALE.
CRYSTAL REED como ALLISON ARGENT.
HOLLAND RODEN como LYDIA MARTIN.
DANIEL SHARMAN como ISAAC LAHEY.
MAX y CHARLIE CARVER como AIDEN y ETHAN.
and others.
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| bienvenida de nuevo a Beacon Hills, abby.
DONNA WILLIAMS fue encontrada muerta en el baño de su departamento después de una sobredosis de heroína por su hijo de quince años, Oliver Williams, el diez de febrero de 2002. Era una calurosa noche de sábado en la enorme ciudad de Los Ángeles, todas las ventanas del pequeño y mal cuidado departamento en donde vivía con su madre y hermana de entonces siete años de edad, Andrea, abiertas para que el aire corriera un poco.
La policía llenó el reducido espacio pronto, una mujer policía haciéndole unas cuantas preguntas al adolescente. Oliver les contó todo lo que sabía, comenzando por el hecho de que su madre se molestó cuando Andrea intentó abrazarla y la empujó lejos de ella para después ir y encerrarse en el baño, gritándole a él que se largara cuando intentó hablar con ella.
—Entonces, ¿sabías que tu madre se drogaba? —le preguntó la oficial, mirándolo con atención.
Oliver asintió con la cabeza, sujetando firmemente la pequeña mano de Andrea, quien miraba la punta de sus zapatos sin comprender que pasaba. Estaban de pie afuera en el pasillo, algunos de sus vecinos mirándolos curiosamente y comenzando a susurrar entre sí. Para la mañana, seguramente todo el edificio sabría que su madre finalmente había muerto por las malditas drogas y que ellos estaban solos.
—Consumía todo lo que pudiera conseguir. Pastillas, marihuana, heroína... —dijo con tranquilidad, ya acostumbrado a ello porque lo hacía desde que podía recordar.
La oficial asintió, anotándolo en su libreta, mirando luego a la niña para volver la vista al adolescente.
— ¿Tienen con quien quedarse esta noche? ¿Algún familiar?
Oliver negó, encogiéndose de hombros.
—Mi madre nunca habló de su familia —explicó—. Pero sí tenía un... amigo, por decir así —comentó con una mueca, afirmando su agarre en la mano de su hermana—. Sé el número.
—De acuerdo, acompáñenme a la estación. Se quedarán ahí hasta que contactemos al amigo de tu madre.
Oliver asintió, sonriéndole a Andrea cuando comenzaron a caminar, tratando de darle un poco de seguridad. Ella no habló ni una sola vez en el camino a la estación, sentada a un lado de su hermano en un pequeño sofá que tenían en la oficina donde les dijeron que esperaran.
Andrea no recordaba mucho de esa noche, habiéndose quedado dormida después de un rato porque ya era tarde y Oliver siempre la hacía dormir temprano. Despertó sola en la oficina, la puerta entreabierta, permitiéndole ver a un hombre alto y vestido con un traje hablando con la policía de antes y su hermano, luciendo frustrado, su ropa en evidente mal estado y arrastrando las palabras al hablar.
Cuando Oliver regresó a la oficina con ella, le explicó de la manera más clara posible la identidad de ese hombre desaliñado: Rafael McCall, su padre. Andrea no entendió bien a qué se refería, segura de que ella no tenía un papá porque nunca antes lo había visto en su corta vida, pero le creyó porque Ollie nunca le mentía.
A la mañana siguiente, sobrio después de algunos vasos de café y habiendo firmado la papelería necesaria, Rafael los retiró a ambos de la estación de policías y los llevó en un largo viaje al lugar donde vivirían de ahora en adelante.
Si Andrea tuviera que describir en una palabra como era su vida a partir del momento en que vio a Scott y Melissa por primera vez ese domingo por la tarde después de que estos regresaran del parque cercano, elegiría "colorida". Su madre nunca fue buena con ella o siquiera un poco cariñosa, entonces ¿qué podía esperar de una mujer que se enteró que su marido le fue infiel al poco tiempo de casados y que, además, ni siquiera tuvo los pantalones para reconocer a la niña?
Para su completa sorpresa, Melissa le dio la sonrisa más brillante que alguna vez había visto en alguien además de Ollie, sus manos acariciándole el rostro de manera gentil y hablándole suavemente cuando le dijo que fuera a jugar con Scott mientras ella y su marido hablaban en la cocina.
Scott le ofreció todos los juguetes que tenía, dejándola escoger el programa que verían en la televisión y contándole un montón de chistes que la hicieron reír. Oliver estuvo a su lado toda la tarde, revolviéndole el cabello juguetonamente a ambos y disfrutando de lo bien que le sentaba a su hermana convivir con más niños de su edad como pocas veces podía por la clase de vida que su madre llevaba. Claramente, no muchos padres de sus compañeros de escuela permitían que sus pequeños convivieran más tiempo del necesario con la hija de esa clase de mujer.
Rafael hizo todo lo posible por inscribir a Andrea a la misma escuela que Scott para así calmar un poco la furia de Melissa, quien no podía creer que haya sido tan idiota como para no darle su apellido a la niña. Scott no pareció molestarse en ningún momento a pesar de tenerla pegada a él todo el tiempo durante la primera semana en la que sería su escuela a partir de ahora, siempre gentil y animándola cuando la notaba demasiado retraída.
El lunes de su segunda semana en la escuela, finalmente se armó de valor para alejarse de él en el receso y acercarse a una niña de cabello negro y ojos azules a la que había visto sola todo ese tiempo. La niña, Abby, era tímida y callada, pero eso no representó un problema porque Andrea comenzó a contarle un montón de cosas y eliminó así el silencio ensordecedor que las rodeaba.
Pasaron juntas todos los recesos a partir de ese día, la castaña hablando sin parar mientras que la pelinegra comía en silencio y la miraba atentamente. Unas semanas después, fueron asignadas a un trabajo en equipo con un compañero de nombre Allen Stilinski. Él tenía el cabello castaño, las mejillas rosadas y regordetas y sus ojos verdes le encantaron a Abby, por lo que Andrea lo invitó con ellas ese receso con la excusa del trabajo.
Sus personalidades chocaron al instante, discutiendo por la decoración del cartel en el que trabajarían ese día por la tarde en casa de alguno de los tres, y Abby extrañamente se veía feliz entre el caos, sonriendo y riéndose bajito.
Desde ese día, se volvieron inseparables hasta que Abby se fue de la ciudad luego de la grandiosa fiesta de cumpleaños que ella y Jackson prepararon para ella. Y ahora, luego de casi cuatro meses, finalmente estaba de regreso.
—No es una cita doble —dijo Lydia, su voz llenando el interior del auto y la mirada en la carretera—. Es una cosa en grupo.
— ¿Y ellos saben que es algo en grupo? Porque ya te lo dije, Lydia, no estoy interesada en citas por el momento —le recordó Allison, sentada en la parte trasera del auto con una bolsa de papas fritas con especias en su regazo.
— ¿Estuviste en Francia durante cuatro meses y en serio no saliste con nadie? ¿Ni una sola vez? —preguntó Abby con impresión, mirándola por encima de su asiento con las manos ocupadas abriendo un paquete de gomitas.
— ¿Tu sí? —preguntó Allison—. Quiero decir, luego de...
—No digas su nombre —la cortó Andrea rápidamente, alejándose de la boca la botella de soda de naranja que bebía relajadamente.
La ahora castaña de cabello hasta los hombros alzó las manos en señal de paz, dejando incompleta su oración a pesar de que todas sabían de quien hablaba. Fueron contadas las veces que Abby supo de Scott durante el verano, principalmente oyendo su voz a la distancia al hablar con Andrea y escuchando sus pasos por el pasillo, pero habían sido meses enteros sin verlo de otra forma excepto por la pequeña fotografía que sacaron de la cabina en la pista de hielo y la cual todavía mantenía consigo.
—Por cierto, ¿él está bien? —se atrevió a preguntar, rebuscando entre las gomitas una de color rojo porque le gustaban más esas, tragando saliva pesadamente.
Andrea dudó un poco antes de responder, aclarándose la garganta.
—Sí, ya sabes, ha estado ocupado y eso —contestó vagamente, lanzándole una mirada a Allison en busca de ayuda.
—Entonces, Lydia, ¿cosa en grupo? —preguntó ella en un intento de cambiar el tema.
La rubio-fresa asintió.
—Sí, cosa de grupo —confirmó—. E incluso si fuera una cita doble, que no lo es, no se trata tampoco de una orgía. Sobrevivirán.
Abby se rio al escucharla, llevándose a la boca tres gomitas de color rojo mientras que el auto se detenía frente al semáforo.
🌙
—Amigo, menos mal me hiciste un dibujo.
Scott rio al escuchar el comentario sarcástico del tatuador, quien sostenía en su mano derecha el dibujo que le entregó al igual que el consentimiento firmado por su madre para tatuarse pues aún era menor de edad.
Era domingo por la noche y finalmente después de un largo tiempo esperando a que el gran día llegara, estaba en el estudio de tatuajes, sentado en el sofá individual forrado en cuero y esperando a que la tinta se adueñara de un espacio en su morena piel.
—Oye, Scott, ¿seguro de que no quieres algo así? —le preguntó Stiles parado a unos metros, mostrándole en el catálogo de tatuajes uno de un lagarto demasiado parecido al kanima. Scott lo miró mal—. ¿Todavía es demasiado pronto? Bien —murmuró y dejó el catalogo en su lugar con una mueca instalada en su rostro—. No lo sé, amigo, ¿estás seguro de esto? Estas cosas son bastante permanentes, ¿sabes?
—No cambiaré de opinión.
—Bien —consintió—, pero ¿por qué dos bandas?
—Simplemente me gusta.
—Pero, ¿no crees que el primer tatuaje debe tener un significado o algo?
—Hacerse el tatuaje significa algo —afirmó convencido.
—No creo que...
—Tiene razón —lo interrumpió el calvo de la barba; era el dueño del lugar y también el único trabajador según lo que podía notar—. Tatuarse se remonta a miles de años atrás. La palabra tahitiana "tatua" significa "dejar una marca". Como un rito de pase.
—Sí, ¿ves? Él lo entiende —comentó Scott con una gran sonrisa.
—Está cubierto de tatuajes, Scott, literalmente —argumentó mientras que se cruzaba de brazos, a la defensiva.
—De acuerdo, ¿estás listo? —preguntó el tatuador, ignorando al pálido chico parado a un costado. Scott asintió mientras se movía sobre la silla y se acomodaba en otra posición más cómoda, intentando relajarse un poco—. No tienes ningún problema con las agujas, ¿verdad?
—No —contestó sin creerse a sí mismo, apartando la mirada al otro lado.
El hombre calvo asintió, comenzando a pinchar su piel.
—Yo tiendo a ponerme un poco nervioso —comentó Stiles ansiosamente—, así que...
—Rayos —se quejó Scott en voz alta, haciendo una mueca ante el dolor que sentía en su brazo derecho y oyendo el ruido sordo que hizo el cuerpo de Stiles al caer al suelo cuando se desmayó.
— ¿Tu amigo está bien? —le preguntó el tatuador.
Scott asintió.
—Sí, despertará dentro de un rato, pero seguramente le duela la cabeza. El golpe sonó muy duro —contestó.
—No hay nada que una compresa fría no arregle.
Scott se rio, asintiendo, dedicándose a permanecer en silencio por el resto del proceso a excepción de bajos y ocasionales quejidos. Stiles despertó una vez que todo terminó, recibiendo una compresa fría para el golpe que recibió antes en la cabeza y saliendo del estudio de tatuajes junto a Scott para regresar de nuevo a su preciado auto.
— ¿Estás bien? —le preguntó a Scott una vez arriba, notando la mueca de dolor en su rostro.
—Quema.
—Sí, acaban de atravesarte la piel unas 100 mil veces con una aguja —comentó con un tono lleno de obviedad.
—Sí, pero creo que no debería sentir esto —insistió, quejándose ruidosamente cuando el dolor incrementó—. Dios. No, no debería sentir esto. Tengo que quitarme esta cosa —se apresuró a decir.
—No, Scott. Scott, para, por favor —suplicó Stiles mientras lo veía deshacer el vendaje alrededor de su brazo y dejar expuesta su piel rojiza y maltratada, viendo como la tinta se desvanecía—. ¡Vaya!
—No, ¿qué? No, por favor. Sanó —musitó desilusionado cuando la tinta despareció en su totalidad, el dolor yéndose con ella.
—Gracias a Dios. Lo odiaba —admitió Stilinski sin una sola pizca de tacto, haciendo una mueca ante la expresión desilusionada de su mejor amigo—. Lo siento.
—Sí, como sea —suspiró Scott resignado, acomodándose sobre el asiento y mirando a través de la ventana en silencio.
Su mirada de repente se perdió de la misma forma que hizo durante todo el verano, su apariencia ausente resultándole ya familiar pero nunca cómoda. Stiles encajó la llave en la ignición y la giró para encender el motor, sacándolos pronto del centro para ir de regreso a sus respectivos hogares.
El silencio de Scott ya era usual, pero aún no se acostumbraba completamente a lo tan decaído que lucía. Los últimos meses habían sido así, como si pasara el tiempo con el fantasma del que alguna vez fue su siempre alegre y positivo mejor amigo, y había una única (y bastante arriesgada) manera de traerlo de regreso a la vida aunque fuera durante unos minutos.
—Ey, ¿sabes si Abby volverá a la escuela? —preguntó lentamente, sintiendo la manera en la que sus manos comenzaban a sudar y ponerse pegajosas, nervioso.
Scott había estado luchando los últimos meses contra su corazón roto, haciendo todo a su alcance para dejar de ser el cascarón vacío que la ruptura y la partida de la chica lo volvieron. Sacar el tema de Abby a flote tenía dos posibles resultados: a) recordar los buenos tiempos lo animaría un poco y conversaría durante un rato; o b) lo deprimiría y no diría nada en lo absoluto.
Stiles rogaba que fuera la primera opción.
—No lo hará —contestó secamente.
Bueno, algo es algo.
— ¿Cómo lo sabes? ¿Hablaste con ella? ¿Andrea te dijo algo?
Scott negó con la cabeza.
—No.
—Entonces ¿cómo sabes que no va a volver?
—Después de todo lo que pasó, estoy seguro de que no volverá —comentó con total y absoluta seguridad.
—Yo creo que sí —discutió Stiles, sonando bastante seguro igual que él—. Diría que es definitivo. Cien por ciento.
Scott lo miró sin comprender, viéndolo señalar con la cabeza el carril derecho. Decidió seguir su mirada por curiosidad, su corazón oprimiéndose dolorosamente cuando vio a Abby riendo mientras miraba a Lydia, quien estaba detrás del volante y se reía con ella mientras que Andrea y Allison se encontraban sentadas en los asientos de atrás y se reían también. Todas se veían felices.
Dolió.
Cada segundo.
Desde el momento en que Andrea le dijo que Abby iba a irse de la ciudad hasta en el que oyó la ventana de su habitación cerrarse después de que terminaran, durante la fiesta de cumpleaños que ella y Jackson hicieron para su hermana y cada día desde su partida; cada uno de los momentos sin ella dolió como si le estuvieran arrancando el corazón del pecho y lo pisotearan cruelmente.
Múltiples veces deseó poder regresar el tiempo hasta antes de la mordedura y darse cuenta de cuánto la quería, deseando tenerla de nuevo entre sus brazos, oírla reír, ser la persona que hacía que sus preciosos ojos azules brillaran emocionados. Incluso si el final de su relación se quedara intacto, aún si ella se iba, el tiempo a su lado le serviría de consuelo en vez de torturarlo como hacía ahora, reprochándose no haberla besado más, no haberla abrazado más fuerte, no haberle dicho cuanto la quería.
Abby desvió la mirada cuando pareció percatarse de que alguien en el auto de al lado la miraba, su sonrisa desvaneciéndose en el preciso instante en que sus ojos azules se encontraron con los marrones de Scott.
—Dios mío —consiguió jadear el moreno sin aire, apartando la mirada lo más rápido que pudo, intentando encogerse en su asiento. Stiles alzó la mano como saludo hacia el grupo de chicas en el auto de al lado—. ¿Puedes conducir, por favor?
—Scott, está en rojo —le señaló con obviedad—. Deberíamos hablar con ellas. Decirles algo. Especialmente a ella.
—No, Stiles, vamos. Dios, amigo, no —suplicó avergonzado, viéndolo inclinarse sobre él para bajar la ventanilla y saludar.
— ¡Hola...! —gritó contento. Lydia no lo pensó dos veces y aceleró, dejándolos atrás en segundos—. Creo que no nos vieron.
Scott deseó morir en ese momento. El semáforo cambió a verde tras unos momentos y el auto volvió a moverse, avanzando por la carretera, yendo detrás de las chicas.
— ¿Qué estás haciendo? —preguntó alterado.
—Conduciendo —contestó Stiles con obviedad.
—Estamos detrás de ellas.
— ¿Ves alguna salida?
—No quiero que parezca que estamos siguiéndolas.
— ¿Qué quieres que haga?
—No sé, cualquier cosa —contestó nervioso.
Stiles tronó la lengua, pisando el freno y viendo como el vehículo se alejaba.
— ¿Ya estás feliz? —le preguntó a su mejor amigo de mala gana.
Scott no le respondió, viendo como el auto al frente frenaba también y mirándolo con extrañeza. Ambos saltaron en sus lugares cuando oyeron el fuerte estruendo que hubo a continuación y los agudos gritos de las chicas. El hombre lobo bajó del auto rápido y corrió con prisa hacia ellas, acercándose a Abby y su hermana mientras Stiles iba con Lydia y Allison.
—Ey, ¿están bien? —preguntó Scott preocupado, tomando a Abby por los brazos para hacerla mirarle. A su lado, Andrea boqueaba en busca de que decir, conmocionada por lo que acababa de suceder.
—Salió de la nada —dijo Allison a un costado.
— ¿Están heridas? —les preguntó el pálido.
—Chocó con nosotros —consiguió decir Andrea.
— ¿Se lastimaron? —insistió en saber el moreno.
Abby negó con la cabeza, mirándolo directamente a los ojos con el labio inferior preso entre sus dientes por el miedo. Scott pasó saliva duramente, tratando de fingir que no sufría en lo más mínimo por la cercanía y como sus respiraciones se mezclaban con cada inhalación y exhalación, sintiendo como su corazón latía al ritmo incorrecto.
—Vi sus ojos antes de que nos golpeara —dijo Lydia, angustiada. La ex pareja dejó de mirarse entre sí y retrocedieron, incómodos—. Era... era como si estuviera loco.
—No, estaba asustado —corrigió Scott, acercándose al agonizante ciervo que atravesó el parabrisas y colocando una mano sobre su pelaje—. De hecho, aterrado.
Allison intentó ayudar a Lydia a calmarse mientras que Andrea miraba atentamente al animal suicida, impresionada, y Abby intentaba acompasar su respiración agitada por el enorme susto que acababa de recibir.
Bienvenida de nuevo a Beacon Hills, Abby.
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SCOTT MCCALL
ABBY WHITTEMORE
STILES STILINSKI
THE DOOMED LOVERS!
I SHOULD HAVE SAVED YOU
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Clean (Taylor's version) by Taylor Swift
La lluvia cayó a mares
Cuando me estaba ahogando, fue cuando por fin pude respirar
Y por la mañana
Ya no quedaba rastro de ti, creo que por fin estoy limpio
A Little Bit Yours by JP Saxe
Me dejo quererte
Me dejo intentarlo
Me dejo enamorarme otra vez de tus ojos
Me dejo quererte
Me dejo esperar
Me dejo sentir cosas que sé que tú no sientes
Ya no eres mía
Pero sigo siendo un poquito tuyo
Seven by Taylor Swift
Y creo que deberías venir a vivir conmigo
Podríamos ser piratas
Entonces ya no tendrás razón por qué llorar
Forest Fire by Brighton
Cuando eras más joven, solías soñar con fuegos
Y gritar en la noche
Para encontrarme de pie descalzo a tu lado
Solía susurrar que todo estaría bien
Y recostarme a tu lado
Y tomar tus pequeñas manos en las mías
¿Y cómo iba a saber que no soy fuerte?
Debí haberte salvado
Y espero que sepas
Que eres mi hogar
Y ahora estoy perdido, tan perdido
Start of Time by Gabrielle Aplin
Tal vez podríamos ser el comienzo de algo
Estar juntos en el inicio del tiempo
Girls like girls by Hayley Kiyoko
A las chicas les gustan las chicas como a los chicos
Nada nuevo
Die with a smile by Lady Gaga ft. Bruno Mars
Si el mundo se estuviera acabando, quisiera estar a tu lado
Si la fiesta hubiera terminado y nuestro tiempo en la Tierra hubiera acabado
Quisiera abrazarte solo un rato
Y morir con una sonrisa
Apologize by OneRepublic
Dices que lo sientes
Pero no creíste que daría la vuelta y diría
Que es demasiado tarde para pedir perdón
Saturn by Sleeping At Last
Con tú último aliento, explicaste el infinito
Lo extraño y hermoso que es tan sólo existir
THE LONELIEST by Måneskin
Y no paro de pensar en cómo me hiciste sentir mejor
Y todas las locuras que hicimos juntos
Al final
No importa
Si esta noche será la más solitaria
