Chapter Text
| Prefacio.
Reserva de Beacon Hills, Beacon Hills, California, Estados Unidos.
21 de octubre de 1995.
El estridente sonido de disparos irrumpió en el aire, rompiendo el pacífico silencio en el que el bosque se encontraba sumergido al ser la mitad de la noche. Luna estaba corriendo por entre los árboles y se las arreglaba para saltar colinas, moviéndose tan rápido como podía en un intento por escapar de su inevitable final. Los cazadores iban a encontrarla y no había lugar al que pudiera correr para evitarlo.
El lodo entorpecía su carrera, sus pies deslizándose cada tanto y volviendo sus pasos pesados mientras que la lluvia pegaba su cabello rubio a su rostro. Su vista borrosa y pasos dudosos la hicieron caer, sintiendo sus rodillas golpear el suelo y protegiendo la parte superior de su cuerpo con ayuda de sus brazos.
No recordaba cómo había conseguido escapar de ellos en primer lugar hace unos días, pero sí recordaba su motivación para correr sin descanso: su bebé, su preciosa hija a la cual los cazadores matarían también si la encontraban. Aferró con fuerza sus brazos al pequeño cuerpo entre estos, mirándola con adoración. Su pequeña tenía los ojos de su padre, azules y brillante, y era tan hermosa y pequeña que no cabía en su cabeza la posibilidad de que los cazadores se atreverían a asesinarla siendo inocente y a penas una bebé de unos cuantos días, pero sabía que lo harían porque, después de todo, ella había asesinado a uno de los suyos y ellos la perseguirían hasta matarla y entonces matarían a su bebé, su hija, su mundo.
Los pasos apresurados resonaron en sus oídos, avisándole que el final estaba cada vez más cerca. Intentó levantarse y correr, pero el suelo resbaloso terminó por atraerla de nuevo. Su bebé lloró y entonces cerró los ojos, rindiéndose ante su destino.
Cuando ellos finalmente la atraparan y estuvieran por matarla, podría suplicar por la vida de su hija, rogar un poco de piedad. Su niña era un bebé todavía, no había pasado ni siquiera una semana desde su nacimiento y no merecía cargar con una condena de muerte desde tan pequeña; ella era inofensiva, inocente, débil. Sería humana hasta que la transformación sucediera y, si no heredaba sus genes licántropos, lo sería toda su vida. Ella no merecía morir, nunca su hija, jamás su bebé.
Luna soltó un sollozo lleno de dolor cuando percibió una presencia detrás de su espalda, asustada por su hija. Ella era tan pequeña y delicada, aún sin conocer el mundo. Merecía conocerlo, merecía crecer y ser una niña maravillosa, una chica fuerte y una mujer triunfadora. Tenía que vivir, debía hacerlo.
—Por favor —comenzó a rogar, temblorosa.
—Sigue corriendo —la interrumpió una voz masculina, tomándola por los hombros y ayudándola a levantarse—. Vamos, no te detengas.
Algo en su interior se sacudió cuando reconoció esa voz, sus pies nuevamente sobre el suelo. Sintió alivio de inmediato, tal vez, porque ahora veía una pequeña esperanza de que su hija sobreviviera.
Corrió tan rápido como pudo, manteniendo sus brazos sosteniendo firmemente a su pequeña para evitar que algo le pasara y sintiendo la ansiedad recorrer su cuerpo en el momento en que todo le pareció vagamente familiar. Quiso pensar que era porque había recorrido ese mismo bosque decenas de veces antes, pero había una alarma en su cabeza que le decía que algo andaba mal.
Un jadeo adolorido escapó de sus labios cuando una punta de flecha atravesó su pierna, enviándola al suelo bruscamente. El hombre a su lado también cayó, una bala dando en su muslo y otra en su brazo cuando intentó moverse. El miedo incrementó cuando escucharon pasos justo detrás de ellos y entonces miró a un costado, notando los emisores en la tierra.
Reconoció entonces que eso era lo que andaba mal, la razón por la cual la alarma de su cabeza no paraba de repetirle que algo malo sucedería; los cazadores los habían llevado a una trampa y no habían podido escapar de ella.
—Mátenlos. También al bebé —espetó uno de los cazadores, el líder quizá.
Ninguno podía verlos debido a que estaban de espaldas a ellos, tan incapaces de defenderse y correr. Mirando de reojo, pudo ver las heridas en el cuerpo del hombre sanar y, conociéndolo tan bien como lo hacía, supo que a diferencia de ella, él sí tenía la fuerza suficiente para salir corriendo y conseguir escapar.
Tomando una respiración inestable y oyendo las armas de los cazadores ser cargadas de balas, decidió actuar. Sujetó firmemente a su bebé con un solo brazo y con su mano libre tomó la muñeca del hombre, llamando su atención.
—Tómala, por favor —suplicó con los ojos llorosos, pasándole a la niña con cuidado de no ser vistos por los cazadores. Los seguros de las armas fueron retirados y tembló, anticipación recorriendo su cuerpo—. Iré detrás de ti, te lo prometo, pero no... no podré correr si la tengo conmigo. Cuídala, por favor. Es tu hija también.
Lo vio dudar, como si pudiera ver dentro de ella y supiera lo que estaba dispuesta a hacer, y sintió todo su interior estremecerse porque él era su última —y única— oportunidad.
— ¿Prometes que irás detrás de mí? —preguntó con preocupación.
Luna asintió. La mentira se sintió amarga en su boca y su corazón dolió cuando le entregó a su bebé con cuidado de que los cazadores no la vieran, pero no importaba que tan mal se sintiera porque todo terminaría pronto. Los hombres armados se acercaron y él se levantó bruscamente, sus heridas sanadas, corriendo lejos.
El líder del clan alzó la mano a sus hombres al instante, deteniendo sus intenciones de perseguirlo, curioso ante el hecho de que la chica a la que habían estado persiguiendo durante toda la noche ni siquiera se movió de su lugar, aún arrodillada en el suelo del bosque.
—Es a mí a quien quieren, ¿no? —preguntó, su voz temblando por el frío que comenzaba a calar en sus huesos y la sensación de su inminente muerte creciendo con cada segundo—. Estoy aquí ahora. Háganlo. Mátenme.
—Será un placer.
Un último estallido resonó en el bosque y entonces todo quedó en silencio, el cuerpo cayendo al suelo cuando la vida lo abandonó por completo; deteniéndose en su carrera en busca del camino lejos de los cazadores, todavía en el bosque, un lobo aulló desgarradoramente al sentir la pérdida azotarlo.
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PRIMERA PARTE:
LOS SECRETOS DE ABIGAEL WHITTEMORE.
Abigael Whittemore no es lo que todo el mundo cree, comenzando por el hecho de que no es una Whittemore en realidad. Ella, al igual que Jackson, su hermano, fue adoptada por el matrimonio cuando era bebé y fue criada como una princesa que se convirtió en una adolescente que lo tiene todo excepto la única cosa que sabe que jamás podrá poseer: el amor de Scott McCall, el chico de tez morena y para nada popular de quien ha estado enamorada desde el segundo grado y quien jamás ha demostrado el mínimo interés por ella. Y, además, está enamorado de la chica nueva en la ciudad: Allison Argent.
R e p a r t o.
KATIE MCGRATH como ABBY WHITTEMORE.
COLTON HAYNES como JACKSON WHITTEMORE.
GRANT GUSTIN como ALLEN STILINSKI.
WILLA HOLLAND como ANDREA MCCALL.
STEPHEN AMELL como OLIVER WILLIAMS.
with
TYLER POSEY como SCOTT MCCALL.
DYLAN O'BRIEN como STILES STILINSKI.
TYLER HOECHLIN como DEREK HALE.
CRYSTAL REED como ALLISON ARGENT.
HOLLAND RODEN como LYDIA MARTIN.
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| luna de lobos.
Beacon Hills, California, Estados Unidos.
9 de Enero de 2011.
ALLEN STILINSKI tenía una buena vida y estaba agradecido por todo lo que su tío Noah había hecho por él desde niño, adoptándolo después de la muerte de su madre cuando él todavía era un bebé, dándole una familia amorosa y un hermano con el cual creció y jugó durante montones de horas, siempre riendo y apoyándose el uno al otro.
Dinah Stilisnki era una mujer joven que enviudó un año y medio después de casarse con el amor de su vida, el médico Ian Palmer, y que murió a la temprana edad de veintiséis años, unos meses después del nacimiento de su primer y único hijo. Su tío lo había cuidado desde entonces, criándolo, y le gustaba la vida que tenía. Noah Stilinski se había hecho cargo de él desde entonces, siendo el mejor padre que pudo a pesar de las dificultades de la vida, y Allen sabía que no podía haber deseado una vida diferente aunque a veces la nostalgia lo golpeara y lo hiciera preguntarse cómo sería su vida si sus padres estuvieran vivos.
—Feliz cumpleaños, Allen —lo felicitó Andrea con una amplia sonrisa, acercándose a él cuando entró a su hogar. Allen la miró, notando que su cabello estaba recogido y no parecía estar usando maquillaje, pero lucía bien.
Detrás de ella, Scott McCall se acercaba con una sonrisa en su rostro y las manos en el interior de los bolsillos de su chaqueta. Allen le devolvió la sonrisa cortésmente para luego regresar la atención a la chica que se había detenido junto a él.
—Gracias por venir, chicos —murmuró con genuino agradecimiento.
—Nunca me perdería tu cumpleaños, lo sabes —le contestó Andrea—. Por cierto, de camino para acá llamé a Abby. Dijo que estaba saliendo de su casa, así que debe estar por llegar pronto.
—Sí, me envió un mensaje justo antes de que llegaran. Están a un par de calles de aquí —agregó, asintiendo con la cabeza—. Dime, ¿qué tal te fue en San Diego?
Andrea sonrió ampliamente antes de contestar.
—Fue asombroso. Oliver y su novia tienen un departamento encantador y la vista es lo más espectacular que he visto en mi vida —contó con emoción, contenta de haber ido a visitar a su hermano mayor, a quien no veía muy seguido desde que se fue a estudiar fuera de Beacon Hills y al graduarse de la universidad, decidió mudarse con su novia a San Diego—. Sería genial que Abby y tú me acompañaran la próxima vez. Sé que les gustará, sobre todo a ella. Además, Ollie realmente quiere verlos.
—Sí, sigue soñando —se burló Allen, revolviéndole el cabello y riendo cuando la oyó bufar, recibiendo un golpe en su mano para que la soltara, mirando hacia la puerta cuando oyó el timbre ser tocado—. Papá está en la cocina, así que me toca abrir. Ahora vuelvo.
Los hermanos McCall asintieron con la cabeza y Allen caminó por la sala de estar hacia la puerta con la intención de abrirla, tambaleándose a un lado cuando su hermano lo empujó sin cuidado para que no se acercara a la puerta, sujetándolo por uno de los brazos para evitar que cayera al suelo.
—Lo lamento, pero vete —ordenó Stiles rápidamente, ansioso, arreglando su atuendo mientras lo miraba—. ¿No me oíste? Vete, vete, vete. Largo, ahora —insistió, mirando a su hermano con impaciencia.
Allen lo miró con el ceño fruncido pero retrocedió, regresando al lado de los hermanos que lo miraban con extrañeza. Se encogió de hombros en cuanto estuvo de nuevo con ellos, sin saber que había sido eso, hasta que los tres descubrieron de qué se trataba al abrirse la puerta para dejar ver a la esbelta figura de la chica de la cual Stiles estaba enamorado desde que eran unos niños que cursaban el tercer grado.
—Andrea —exclamó Abby con emoción, caminando con rapidez hacia la chica cuando la vio después de saludar amablemente a Stiles en la entrada y dejarlo helado. Andrea le sonrió de vuelta, viéndola acercándose a ellos—. Te extrañé esta semana, ¿qué tal estuvo San Diego?
—Es genial. Te mostraré las fotos luego —le aseguró—. ¿Viniste sola? —preguntó con curiosidad, mirando el espacio vacío junto a ella donde usualmente se encontraba su hermano.
Abby negó con la cabeza.
—Nope. Jack está afuera hablando con Lydia. Seguramente entren en un minuto o dos —respondió.
— ¿Lydia está afuera con Jackson? —preguntó el cumpleañero, intentando lucir no tan interesado, pero su entrecejo hundido lo delataba.
—Sí, de hecho, vinimos los tres juntos. Lydia vino a mi casa como a eso de las diez de la mañana. No sé exactamente por qué "—le contestó, pronto dándose cuenta de cómo la expresión de su mejor amigo decayó al oírla"—. Dios, no. No tienes nada por lo qué preocuparte. Ellos dos solo son amigos. Todos sabemos perfectamente en quien está interesado Jack —comentó, mirando a Andrea al mencionar lo último.
—Lydia no termina de agradarme por completo —admitió Andrea, pretendiendo que no se dio cuenta de la mirada de Abby sobre ella, observando la estancia como si fuera algo interesante.
—No es como que tú seas la mejor persona del mundo —contraatacó Allen tan veloz cómo fue posible.
—Lydia no es tan mala —intervino Abby—. Deberías darle una oportunidad. A mí no me agradaba tampoco, pero es buena —afirmó.
Andrea asintió distraídamente, todavía sin mirarla. El timbre volvió a sonar y Stiles se encargó de abrir de nuevo pues seguía cerca, haciendo una mueca de desagrado al ver al tipo al otro lado de la madera: el hermano del amor de su vida y también el molesto capitán del equipo de lacrosse, Jackson Whittemore.
—Feliz cumpleaños, amigo. —El ojiazul ignoró a Stiles olímpicamente, dirigiéndose al cumpleañero. Stiles lo arremedó, fastidiado, oyendo la risita que Lydia Martin soltó y sonriéndole como saludo, cerrando la puerta detrás de ella—. No sabía que volvías a la ciudad hoy —agregó, mirando a Andrea.
—Las clases comienzan mañana, Jackson, debía regresar hoy —respondió con un tono sarcástico y evidente, mirándolo mal.
Scott hizo una mueca ante la respuesta de su hermana y el tono que utilizó, esperando un comentario grosero por parte del antipático capitán del equipo de lacrosse. Pero por el contrario, Jackson lo tomó totalmente por sorpresa al reírse.
—Tan agradable como siempre, ¿no es así? —bromeó, desviando después su atención a Lydia cuando se acercó a Allen para felicitarlo por su cumpleaños. Andrea los miró también, interesada—. Probablemente sea mucho pedir, pero se amable con ella. Es el cumpleaños de Allen —dijo con tranquilidad, sorprendiendo a Scott pues no tenía ni idea de que Jackson fuese capaz de actuar de un modo tan amable.
Andrea fue breve y clara al responder.
—Lo intentaré.
Stiles se acercó a ellos luego de un par de minutos, justo después de haber ayudado a su padre en algunas cosas en la cocina, ocasionando las risas bajas de Allen, Scott y Andrea ante la forma en la que el pálido casi se desmaya por la emoción cuando Abby le sonrió mientras les ofrecía un poco de ayuda en servir las cosas en la mesa. Jackson también ayudó, para la sorpresa de todos, siendo amable y luciendo totalmente dócil a diferencia de cómo siempre lucía.
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Ante la perspectiva de Allen Stilinski, Lydia Martin era la chica más preciosa de toda la ciudad, también era inteligente aunque la mitad del tiempo se esforzaba por ocultarlo y sabía que podía llegar a ser amable y cálida debajo de toda esa fea actitud de la que la mayoría de los estudiantes de la preparatoria hablaban. Ellos dos no eran amigos precisamente cercanos y le sorprendió mucho que ella asistiera a su fiesta, pero nunca podría quejarse porque estaba enamorado de ella casi desde el momento en que su hermano lo estaba de Abby.
—Feliz cumpleaños, Allen —musitó Lydia con una pequeña sonrisa, extendiéndole la pequeña caja envuelta en papel de regalo tapizado de estrellas.
—Muchas gracias Lydia —murmuró con las mejillas tiñéndose de rojo, sintiéndose como un niño y siendo consciente de las miradas de los demás puestas sobre ellos—. Estamos por comer, vamos a la mesa —indicó.
La chica asintió y caminó junto a él después de que dejara el regalo encima de la mesa de centro de la sala, sentándose a un lado de Jackson y sonriéndoles a los demás por pura cortesía. Las personas sentadas con ella en la mesa no eran parte de su círculo social y se preguntaba a sí misma porque había decidido ir a una celebración a la cual no estaba invitada, pero la respuesta llegó con el sonido de la risa de Allen y no se arrepintió de su decisión al verlo tan feliz en compañía de sus amigos: los hermanos McCall, los hermanos Whittemore, su familia y ella.
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Un rato después de la comida, el grupo de siete adolescentes estaban sentados en la sala de estar mientras veían una película. El alguacil Stilinski había decidido subir a su habitación después de que las chicas amablemente le ayudaran a recoger la mesa y los chicos acondicionaron la sala para que todos cupieran sin ningún problema, viéndolos a todos sentarse en el sofá de tres plazas y el suelo, cubiertos con mantas.
Andrea, Allen y Lydia estaban sentados en el sofá de tres plazas mientras que el resto se encontraban en el suelo, cubiertos con un par de mantas. Abby saltó en su lugar al oír un aterrador grito proveniente de la película de terror que se reproducía, sintiendo su corazón latir con fuerza.
—Oye, ¿estás bien? —le preguntó Scott, sentado a su lado izquierdo, hablando en voz baja para no interrumpir a los demás.
Abby giró la cabeza a un lado para mirarlo, admirando los preciosos ojos marrones del chico del cual estaba enamorada desde el segundo grado. Eran pocas las personas que estaban conscientes de ese hecho, su hermano y sus dos mejores amigos, y para su buena fortuna, no parecía que Scott lo supiera.
Cayendo en cuenta de que lo estaba mirando demasiado, la chica asintió y se aclaró la garganta.
—Sí, sí. Solo soy algo miedosa —justificó rápidamente, apartando la mirada de él.
Scott torció los labios en una mueca ante su repentino gesto, convencido de que no le agradaba demasiado a la pelinegra porque desde que podía recordar, ella siempre se veía incómoda cuando él estaba en la habitación, apartando rápidamente la mirada de él y a penas hablándole. Realmente estaba interesado en por qué no le agradaba pues no recordaba haber hecho nada que le molestara.
Abby volvió a saltar en su lugar cuando otra escena terrorífica apareció en la pantalla, abrazándose al brazo de su hermano. Jackson le acarició el cabello y le dijo algo en voz baja, mirándola con suavidad.
—Abby, cámbiame el lugar —le pidió Andrea con suavidad, inclinada hacia su mejor amiga para no hablar demasiado alto.
Abby no dudó en asentir y soltar a su hermano para que este pudiera vez la película en paz y se apegó a Allen una vez que estuvo a su lado, asustada, mientras su mejor amiga se sentaba entre Scott y Jackson.
—Creo que realmente no le agrado —le susurró Scott a su hermana, mirando de reojo a Abby.
Andrea quiso reírse al escucharlo, divertida por cuán tonto y ciego su hermano debía ser para no darse cuenta de que ella en realidad estaba enamorada de él, restándole importancia con un encogimiento de hombros. Scott suspiró al no obtener ninguna respuesta de su parte y concentró toda su atención en la película, notando la manera anhelante en la que Stiles miraba a su hermano abrazando a Abby, protegiéndola de todo lo que la asustaba y deseando ser él.
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Allen y Stiles se quedaron solos en casa al anochecer, después de que su padre se fuera a la estación de policías por un asunto importante; todos se habían ido una vez que el atardecer comenzó a suceder, dejando a los hombres Stilinski solos en su hogar, y los hermanos ahora estaban en camino a la casa de los McCall porque Stiles quería ir a investigar y, con la excusa de no dejarlo solo en su cumpleaños, arrastró a Allen con él.
—Papá va a matarnos cuando se entere —sentenció el de ojos verdes, viendo la casa de los McCall aparecer frente a ellos y oyendo el motor apagarse.
—Y es por eso que no va a enterarse —dijo su hermano—. Como Scott no contesta el teléfono y me matará si meto a Andrea en esto, tengo que hacerlo a las malas. Ahora regreso —avisó, bajando rápidamente del auto.
Allen siguió a su hermano con la mirada hacia el pórtico de los McCall, viéndolo subir al árbol a un lado de la casa y pasar al techo. Se acomodó mejor en su asiento y lo vio mirar por la ventana, sentándose cuando no pareció ver nada. Suspirando, bajó del Jeep celeste y comenzó a caminar con la intención de tocar la puerta principal como una persona normal, deteniéndose al ver a Scott salir de su casa con un bate y casi golpear a Stiles con este cuando se asomó hacia abajo, colgando de sus piernas.
Un grito de espanto se escapó de su boca ante los espantados gritos y pronto los tres dejaron de gritas, Scott y Stiles reconociéndose entre sí.
—Stiles, ¿qué demonios estás haciendo? —soltó Scott con la respiración agitada.
—No contestabas el teléfono —le dijo Allen, dándole la misma explicación que su hermano le dio a él, subiendo los escalones del pórtico para colocarse cerca de Scott.
— ¿Por qué tienes un bate? —indagó Stiles, señalando el instrumento deportivo en la mano de su mejor amigo.
—Pensé que eras un depredador.
— ¿Un depre...? —Stiles sacudió la cabeza, cortándose a sí mismo—. Mira, sé que es tarde, pero tienes que escuchar esto. Mi papá salió hace como 20 minutos. Lo llamaron. Están llamando a todos los agentes de Beacon, y hasta la Policía del estado.
— ¿Para qué? —preguntó Scott con curiosidad.
—Dos corredores encontraron un cuerpo en el bosque —contestó, soltando sus piernas del techo y aterrizando de manera segura en el suelo.
— ¿Un cadáver?
—No, un cuerpo de agua. ¡Sí, tonto, un cadáver! —exclamó con sarcasmo.
— ¿Quieres decir, lo asesinaron?
—Nadie lo sabe —confesó mientras subía los escalones del pórtico, colocándose junto a su hermano—. Solo que era una chica, probablemente de unos veinte años.
—Espera, si encontraron el cuerpo, ¿qué están buscando? —cuestionó Allen con confusión.
Stiles simplemente había aparecido en su habitación casi diez minutos atrás, tirando de su muñeca para que lo siguiera y explicándole a grandes rasgos que debían ir a buscar a Scott, por lo tanto, estaba tan confundido como el moreno.
—Esa es la mejor parte. Sólo encontraron la mitad —notificó su hermano, sonriendo con amplitud—. Iremos.
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Reserva de Beacon Hills: No entrar después del atardecer.
Allen bajó del Jeep color azul cielo que alguna vez le perteneció a su mamá una vez que el auto se detiene, el motor y las luces delanteras apagándose para dejar a los tres adolescentes en medio de la oscura noche. Stiles bajó del auto al igual que él, ambos esperando a que Scott lo hiciera también.
— ¿Iremos de verdad? —cuestionó Scott, cerrando la puerta una vez que bajó del auto.
—Siempre dices que en este pueblo no sucede nada —argumentó el pálido de corte militar, cruzando la cadena que los separaba del bosque.
—Quería dormir bien para la práctica de mañana —explicó el moreno, siguiendo a su mejor amigo en compañía del hermano del mismo.
—Sí, porque estar sentado en la banca es un esfuerzo atroz.
—No —dijo de mala gana—, porque este año voy a jugar. Seré titular.
—Así se habla —carcajeó Stiles—. Todos debemos tener un sueño, aunque no sea realista.
— ¿Cómo el tuyo de que Abby Whittemore algún día se dará cuenta de que son la pareja perfecta y van a casarse? —se burló Scott, divertido.
Stiles puso los ojos en blanco.
—Di lo que quieras, pero sé que así será. Solo que mi plan es un poco lento, pero será efectivo —aseguró Stiles.
—Stiles, solo por curiosidad, ¿qué parte del cuerpo buscamos? —interrogó Allen, distrayendo la atención de ambos de su mejor amiga.
Para su completa desgracia, Allen era bastante consciente del enamoramiento que su hermano tenía por ella tal y como ella lo tenía por Scott, y tenía la certeza de que nada bueno saldría de allí si alguno se enteraba de los sentimientos del otro; su hermano se desilusionaría completamente si se enteraba que la chica de sus sueños en realidad estaba enamorada de su mejor amigo, aquel que siempre ha estado allí para él cuando quiere hablar de cuán maravillosa es o de cuanto le gusta, y Scott seguramente se sentiría un mal amigo al ser el responsable (por decirlo de alguna forma) de que ella no corresponda los sentimientos de Stiles.
—No pensé en eso —admitió su hermano.
— ¿Y qué pasa si el asesino aún sigue aquí?
—Tampoco pensé en eso.
—Me reconforta saber que pensaste bien en esto con tu típica atención al detalle —dijo Scott con ironía, hablando con dificultad por el esfuerzo que hacían sus pulmones por obtener algo de aire mientras escalaba una pequeña —no tanto, pero tampoco era tan grande— colina de tierra y hojas. Apoyó su espalda contra un árbol cuando por fin terminó, sacando su inhalador—. Quizá el del asma severa debería ser quien sostenga la linterna —sugirió, hablándole directamente a Stiles.
El pálido lo ignoró y se lanzó al suelo cuando a la distancia se pudieron observar las luces de las linternas de los policías a varios metros, siendo seguido por su hermano y su mejor amigo, ocultándose.
— ¡Vamos! —apremió Stiles, levantándose del suelo y echando a correr.
Allen farfulló el nombre de su hermano y se levantó del suelo, corriendo detrás de él con la intención de alcanzarlo mientras que Scott se quedaba atrás debido a su pésima condición física a consecuencia de su asma, siendo el único del trío que la policía no atrapó cuando ambos hermanos cayeron al suelo, asustados por los fuertes ladridos de uno de los perros policiales.
— ¡Alto ahí! —gritó el alguacil, mirando a los dos chicos en el suelo e inhalando de manera profunda al reconocerlos—. Alto, alto —les dijo a sus oficiales—. Estos pequeños delincuentes me pertenecen.
Allen se quejó en voz baja al ser atrapados, poniéndose de pie y ayudando a su torpe hermano a hacer lo mismo.
—Papá, ¿cómo estás? —saludó casualmente, sonriendo.
—Stiles —nombró con seriedad, mirando al mencionado—, ¿escuchas todas mis llamadas?
—No —respondió rápidamente, no las aburridas,
—Stiles, mejor cállate —masculló su hermano, mirándolo mal.
—De acuerdo —soltó el alguacil, inconforme con la presencia de sus hijos en la escena de un crimen—. ¿Dónde está su habitual pareja del crimen?
— ¿Quién? ¿Scott? Está en casa —aseguró Stiles con inmediatez—. Dijo que quería dormir bien para el primer día de clases mañana. Estamos solos. En el bosque.
—Scott, ¿estás ahí? ¿Scott? —preguntó el alguacil en voz alta, revisando el área de manera parcial con ayuda de la linterna en su mano, apagándola cuando no recibió ninguna respuesta y tirando el cuello de la camiseta de ambos—. Bien, jovencitos, los acompañaré al auto —dijo entre dientes, molesto—. Y los tres hablaremos de algo llamado invasión a la privacidad.
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SCOTT MCCALL
ABBY WHITTEMORE
STILES STILINSKI
THE DOOMED LOVERS!
THE TRUTH HURTS, BUT SECRETS KILL
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Wow by Stray Kıds (Lee Know, Hyunjin & Felix)
Seamos amigos
Tú y yo
Eres diferente a cuando nos conocimos
Siento curiosidad por ti
El sentimiento que transmites ha cambiado completamente
Siento curiosidad por ti
No puedo entender cómo me siento
Hay un misterio en ti
Cuando me miras de esa manera
Me haces decir "wow"
You don't know by Katelyn Tarver
Estoy tan cansada
Sentada aquí esperando
Si escucho otro "solo sé paciente"
Siempre va a ser igual
Así que solo deja que me rinda
Así que solo déjame ir
Somebody that I used to know by Gotye ft. Kimbra
Pero no tenías que dejarme solo
Hacer como si nunca hubiera pasado y no fueramos nada
Y ni siquiera necesito tu amor
Pero me tratas como a un extraño y se siente tan mal
No, no tenías que caer tan bajo
Haciendo que tus amigos recogieran tus pertenencias y luego cambiar tu nombre
Supongo que yo no necesito esto
Ahora solo eres alguien que solía conocer
La de la mala suerte by Jesse & Joy
Quiero que el amor al fin conteste
¿Por qué siempre soy yo la de la mala suerte?
Line without hook by Rick Montgomery
Todas mis emociones
Se sienten como explosiones cuando estás cerca
Y encontré
Una forma de silenciar el ruido
Heather by Conan Gray
¿Por qué llegarías a besarme?
No soy ni siquiera la mitad de linda
Ex by Stray Kıds
Pretendo que estoy bien, pero no puedo mentir
Este anhelo me hace arrepentirme de todo
Fight song by Rachel Platten
Y todas esas cosas que no dije
Son como bolas demoledoras dentro de mi cerebro
Las gritaré fuerte esta noche
¿Puedes oír mi voz esta vez?
Esta es mi canción de lucha
La canción para recuperar mi vida
Princesses don't cry by CARYS
Sientes todo en tu interior
Pero limpia tus ojos llorosos
Porque las princesas no lloran
Prom Queen by Molly Kate Kestner
Dios salve a la reina del baile
Sueño adolescente
Solo otro corazón roto disfrazado
Dios salve a la reina del baile
Solo 18
Convierte sus lágrimas en diamantes para su corona
The view by Stray Kids
Me gusta este sentimiento
Y nunca lo dejaré ir
Me gusta la vista ahora mismo
Give me a kiss by Crash Adams
Nunca pensé que todos los caminos conducían a esto
Así que dame un beso
Promise by ATEEZ
No importa que tan profunda sea la oscuridad donde camines
Incluso si lo único que tienes es un camino sin salida
Recuerda las palabras que dije
Nunca dejaré que tu mano se aleje de la mía
Te lo prometo
BEWARE (Grrr) by Stray Kıds
Quiero que me entiendas
No sé qué podría pasar hoy
Pero creo que seguiré gruñendo
Grrr
No me hables
No importa quien seas
Te morderé y te desgarraré
Photograph by Ed Sheeran
Mantenemos este amor en una fotografía
Creamos estos recuerdos para nosotros mismos
Donde nuestros ojos nunca se cierran
Los corazones nunca se rompen
Y el tiempo siempre está congelado
Castles Crumbling (Taylor's Version) (From the Vault) by Taylor Swift ft. Hayley Williams
Los que amaba trataron de ayudar, así que los eché
Y aquí me siento sola detrás de muros de arrepentimiento
Que se caen como promesas que nunca cumplí
Before you go by Lewis Capaldi
Empiezo a reproducir cada momento nuestro
Pero en todo lo que puedo pensar es en ver esa mirada en tu rostro
(...)
Bueno, el tiempo puede sanar, pero esto no lo hará
Así que antes de que te vayas
¿Había algo que podría haber dicho para hacer latir mejor a tu corazón?
Si solo hubiera sabido que eras la tormenta al clima
Así que antes de que te vayas
¿Había algo que podría haber dicho para que todo dejara de doler?
(...)
¿Estaríamos mejor ahora?
Si dejo que mis muros se derrumben
Tal vez, supongo que nunca lo sabremos
Haunted by Taylor Swift
Vamos, vamos
No me dejes así
Pensé que te conocía
Algo salió terriblemente mal
Tú eres todo lo que quería
Vamos, vamos
No me dejes así
Pensé que te conocía
No puedo respirar cuando no estás
No puedo regresar ahora
Me atormenta
If you're meant to come back by Justin Jesso
Nadie sabe nada del mañana
Pero sé que te estaré esperando
Así que te dejaré ir a llenar el vacío que intentas llenar
Y si estás destinada a volver a mí, lo harás
