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Amore

Summary:

Cuando veo esos ojos, ahí es donde quiero vivir
Si me besan esos labios, ay, así quiero morir
Mi canción de amor ahorita, cuando me dices te amo
Quiero ver esa sonrisa en mi cama al amanecer
-Cuco

Un abrazo acogedor es el refugio de la vulnerabilidad del otro, o Lorenzo y Barou tienen su primera vez y esto es simplemente todo lo que pasa desde allí.

Notes:

Me inspire un poco en el AU Lorenbarou de Neo
(˶˃ ᵕ ˂˶)
(https://x.com/Neo777OMG/status/1998955396103549413?s=20)
El que ese AU no haya sido actualizado aún es un factor importante por qué gracias a eso escribí esto, disfruta (⁠っ⁠˘⁠з⁠(⁠˘⁠⌣⁠˘⁠ ⁠)

Work Text:

Lorenzo se encontraba tumbado en la cama de Barou, el sudor aun brillando en su piel. La calidez de la habitación parecía encapsular el momento, mientras sus corazones seguían latiendo con fuerza. Todo lo que habían vivido en los últimos minutos flotaba en el aire, y una mezcla de asombro y satisfacción invadía su ser, realmente habían cruzado esa línea en su relación, ya no había nada falso en esto, todo era demasiado real, demasiado vivido, como si el sol le pegara en la cara de forma agradable.
La tensión había estado acumulándose entre ellos. Desde miradas furtivas en los entrenamientos hasta aquellas conversaciones por texto y las citas que hacían que su estómago se revolviera. Pero nunca había imaginado que el momento exacto llegaría de una manera tan intensa, tan llena de significado, se sentía que todo llego en el momento justo. Ahora mismo mientras recupera el aliento y sabe que Barou esta haciendo lo mismo, están jadeando aun, ¿cuánto ha pasado?, un minuto, tal vez un par más. Esta calma se parece a la del mar, el sudor aun está en todo su cuerpo , entre otras cosas, se siente realmente como si se hubiera empalizado en arena pero en realidad no hay playa ni brisa salada, están en la cama recostados mirándose fijamente el uno a otra, Lorenzo realmente ama a Barou se da cuenta de esta realización por segunda vez en el día.
¿Deberían hablar? Lorenzo se lo preguntó internamente, es genuina curiosidad, ¿qué se hace en estos momentos? pero las palabras se sentían inservibles. En cambio, se permitió perderse en la contemplación de Barou, quien yacía a su lado, su expresión relajada, casi etérea. Era un espectáculo embriagador, como una puesta de sol sobre el mar que lo rodeaba.
Ninguno encuentra la palabra perfecta que tanto buscan, se acercan probablemente porque ninguno quiere separarse en ningún momento ahora mismo, pero aun así se separaron, antes de ahora mirarse fijamente esperando unirse nuevamente desesperados más de lo que admitirán jamás por la cercanía de otro, unirse ahora es vergonzoso pero es la afirmación que necesitan, se besan.
Sabe a sal pero está bien, se besan un poco mas, es reconfortante sin mayor intención, cada uno igual de salado que el anterior y Lorenzo se pregunta si se volveran dulces conforme se sigan besando o seguirán igual de salados, no se queja, le gusta igual, solo es curiosidad, están tumbados juntos y pegados, mientras siente que su mente viajaba a una playa distante. Los recuerdos de la sal en su piel y la brisa fresca lo envolvían. El tiempo parecía haberse congelado, como cuando se sumergía en el agua y la gravedad lo dejaba flotando. Así se sentía en ese instante, atrapado entre las oleadas de emoción y la paz que solo Barou podía proporcionarle.
Cada beso que habían compartido antes había sido una chispa, pero este era una oleada que lo arrastraba. Como si fuera una corriente que lo hacía sentir ligero y, al mismo tiempo, profundamente conectado a su novio. Un sabor salado persistía entre ellos, recordándole la pasión intensa que los había llevado a ese punto. Sonrió al pensarlo: ¿se volverían dulces con el tiempo?
La idea le causó una profunda curiosidad. Disfrutaba de ese sabor, de esa mezcla de sudor y emoción, y sabía que podía quedarse allí por siempre. La suavidad de la sábana contrastaba con lo que acababan de compartir; era un recordatorio de la intimidad que había florecido entre ellos, más allá de lo físico.
En ese instante, sintió las lágrimas en la comisura de sus ojos. Se había emocionado demasiado, y la vulnerabilidad lo abrumaba. No había nada que temer con Barou; había una conexión palpable, un entendimiento silencioso que proporcionaba consuelo. ¿Qué más necesitaba en ese momento que abrazarlo, aferrarse a él como si lo fuera a perder?
Cerró los ojos y se giró hacia él, buscando permiso para entrar más en su universo. Barou extendió un brazo hacia Lorenzo, atrayéndolo hacia sí. Esa cercanía era más reconfortante que cualquier otra cosa que pudieran haber experimentado, se sentía amado y sentía su amor ser correspondido.
La brisa fresca entraba por la ventana, elevando las cortinas y acariciando sus cuerpos. En ese refugio, con solo una sábana cubriéndolos, todo se sentía posible. Lorenzo se preguntó si alguien podría entender lo que sentía. Este momento, este abrazo, era más profundo que cualquier otra experiencia. Deseaba no soltarlo nunca, no separarse. No había inseguridad ni duda; solo el deseo de permanecer así, ama tanto a su novio que quiere extender este momento tanto como pueda.
No soltarlo nunca se siente como una opción viable ahora, tal vez se siente mas vulnerable de lo usual por eso ahora se pega como garrapata a Barou, por eso le sonríe mientras lo besa, mientras siente como si sal se metiera en sus ojos por lo sentimental que se ha puesto por algo tan simple como intimidad física, tal vez para el nada de esto es simple en absoluto y debería dejar de mentirse a si mismo, ama estar asi, esta realmente feliz y abrumado, de momento Barou no se queja probablemente también abrumado por todo lo que hicieron pero cuando salga de su letargo probablemente querrá limpiarse y tendrá toda la razón allí, este sudor es asqueroso, simplemente lorenzo quiere su cercanía ahora, limpiarse puede esperar cinco minutos más.
Se quedaron en un silencio que se sentía familiar, reconfortante. El mundo exterior había desaparecido, y en su burbuja íntima, su amor era todo lo que necesitaban. Limpiarse podría esperar, pensó Lorenzo, al tiempo que se aferraba más a Barou, disfrutando de la conexión que había surgido entre ellos. Flotar en esa corriente de amor y vulnerabilidad era lo único que importaba ahora, y no deseaba que el momento terminara.

 

Barou se encontraba tumbado en la cama, la habitación bañada en una calma abrumadora después de lo que había sucedido. Con la respiración entrecortada, no podía controlarla, seguía aturdido, como si su mente no pudiera procesar la magnitud de la experiencia. Miraba a Lorenzo, que yacía a su lado, y el brillo en sus ojos lo mantenía cautivado. Era como si estuviera en un sueño del que no deseaba despertar.
Era todo tan estúpido y mágico al mismo tiempo. La conexión que habían compartido era intensa, casi palpable, como si estuvieran entrelazados en el agua de un mar desconocido. Nunca había imaginado que algo así pudiera ocurrir, que pudiera sentir tanto por alguien.
El corazón de Barou seguía latiendo con fuerza. Su mente giraba en torno a lo que acababan de vivir. Las sensaciones eran tan profundas que apenas podía procesarlas. A su alrededor, el mundo había desaparecido, y todo lo que quedaba era él y Lorenzo, atrapados en su propio universo.
Observaba cada detalle: los ojos de Lorenzo, llenos de curiosidad y emoción; la forma en que su cabello caía desordenadamente sobre su frente. Había algo en esa imagen que lo hacía sentir seguro, como si pudiera perderse en ella y, a la vez, encontrar su verdadero yo. Se preguntaba cómo había llegado a sentir tanto. Tal vez quería quedarse en esa imagen para siempre, Lorenzo tenía ojos realmente hipnotizantes, morar siempre allí fue un deseo egoísta y profundo que afloro en ese momento, nunca se avergonzaría de un pensamiento así, pero por primera vez no estaba seguro de como expresarlo. Había estado atrapado en su propia burbuja, distante y reservado, pero ahora se sentía como si se hubiera sumergido en un océano de sentimientos que nunca había sabido que existían. Una ola de vulnerabilidad lo abrumaba; su corazón estaba expuesto, y se sentía bien, liberador.
La intimidad de ese momento era reconfortante, más que cualquier otra cosa que hubiera experimentado. Barou se permitió imaginar un futuro, una vida en la que siempre despertara al lado de Lorenzo, compartiendo risas y sueños. Esa idea lo llenaba de una alegría abrumadora, un brillo que iluminaba sus pensamientos. Quería besarlo, debería besarlo, simplemente extender sus brazos rodar mas cerca de su lado y dejar que suceda, también quería la cercanía de su calor.
Sin embargo, había una parte de él que también sentía miedo. Miedo de lo desconocido, de abrirse por completo y ser herido, era ridiculo, ¿por qué debería temer de la persona que amaba? Que pensamiento mas indigno pero esa preocupación se desvanecía cuando se centraba en la calma que Lorenzo le transmitía. La conexión entre ellos era más fuerte que cualquier temor que pudiera surgir.
Barou cerró los ojos por un momento, dejando que la brisa fresca de la ventana acariciara su piel. Aunque estaba abrumado, había una serenidad en su interior. Se sentía como si, después de una tormenta, el mar finalmente se calmara, dejándolo flotar en aguas tranquilas. La idea de estar junto a Lorenzo, de sostenerlo en brazos y no soltarlo nunca, se convirtió en su único anhelo. Quería esta cercanía, esta paz que solo él podía darle. Mientras observaba a Lorenzo mirarlo de regreso, quería escuchar sus te amo cada amanecer, quería ver su sonrisa todo el tiempo, se preguntaba si era posible que esa felicidad que sentía se multiplicara con el tiempo.
Estar ahí, en ese instante, significaba todo para él. El mundo exterior podía esperar. Solo quería disfrutar de esta conexión, de la promesa de un futuro lleno de nuevas experiencias. El abrazo de Lorenzo era su refugio, y en esa burbuja de amor, Barou sabía que había encontrado su hogar.