Chapter Text
Empinó la cerveza contra sus labios ya no sintiendo el amargo sabor.
Desde que Xiaolan le había dado la invitación de su boda, Maomao lo había releído una y otra y otra vez varias veces.
Siempre después de trabajar bebía con una rica cena, esa era su actividad favorita al terminar el día.
Pasó horas pensando en la invitación, en el papel blanco y elegante, en la caligrafía cuidada, en la fecha impresa. Al final, no tuvo ánimos de cocinar. Se conformó con ramen instantáneo y cerveza tibia comprada en la tienda de conveniencia.
Se sentía... rara.
¡Por favor! Xiaolan y ella eran amigas desde la facultad. Quizá su única amiga con la que aún salía de verdad, con la que, de vez en cuando, rompía su rutina. Incluso así, no era frecuente; Xiaolan conocía bien su personalidad desinteresada, y siendo una natural ermitaña.
Y ahora se iba a casar.
¿Con su novio de hace... ocho años?
Maomao frunció el ceño al pensarlo. ¿De verdad llevaban tanto tiempo juntos? Ni siquiera sabía que Xiaolan tenía novio.
Ella, en cambio, nunca había tenido uno.
Nunca.
Y ya tenía treinta.
Mientras otras mujeres parecían vivir enamoradas del amor, enlazando su vida a la de alguien más con una naturalidad que Maomao jamás había sentido, ella nunca se había detenido a preguntarse si también quería eso para sí misma.
Hasta ahora.
¿Estaba celosa?
¡¿Cómo podría estar celosa?! Nunca se le habría cruzado por la mente, y no había ninguna razón para que empezara justo ahora.
Soltó un gruñido al terminarse la lata. La aplastó con fastidio y la lanzó a un lado antes de tomar otra, empinándosela sin pensarlo demasiado.
Ahora que lo reflexionaba, tampoco había imaginado que su adorable vecina tuviera una vida sexual activa. Y mientras tanto, Maomao se había acostumbrado al arte solitario de complacerse a sí misma... aunque, siendo honesta, hacía ya bastante tiempo que ni siquiera eso le apetecía.
Seguramente, en esos momentos, Xiaolan podría estar—
—¡Ash! —se interrumpió, frunciendo el ceño—. Qué envidia.
Suspiró, derrotada.
Bien. Sí.
Sentía envidia.
Aceptaría su malestar como envidia, al menos en el aspecto sexual.
Observaba en la laptop el anime que se suponía estaba viendo, solo para darse cuenta de que llevaba varios minutos sin leer los subtitulos y ya no entendía ni en que episodio estaba.
Las imágenes pasaban frente a sus ojos sin dejar rastro alguno; su mente estaba en otra parte.
Rozó la lata contra los labios y tomó otro sorbo de cerveza. Quizá, si compraba algún... aparato, podría desviar sus frustraciones al menos por un tiempo. Nada como las compras anónimas por internet.
Detuvo el tecleo de golpe cuando un anuncio emergente invadió la pantalla.
—Otra vez... —murmuró con fastidio.
Claro. Todo por no pagar la suscripción y ver series en sitios ilegales. Cerró el anuncio con torpeza, solo para que apareciera otro, y luego otro más. Suspiró, resignada.
Sin embargo, hubo uno que la hizo detenerse.
El muchacho del anuncio la miraba directamente desde la pantalla. Ridículamente guapo.
Maomao ya los había visto antes: eran esos jóvenes conocidos como hosts, chicos que trabajaban en bares exclusivos de la ciudad y ganaban haciendo a sus clientas gastar muchísimo dinero para hacerlas sentir princesas o cualquier otra fantasía.
Un eslogan brillante parpadeó debajo de su rostro:
"El destino ha elegido a su doncella. ¡Elige a tu príncipe!"
Maomao soltó una risa seca por la nariz.
Recordó entonces aquella "cena" trabajo, cuando su jefa —como regalo de fin de año— les había obsequiado una noche en uno de esos bares. Solo beber, reír y estar rodeadas de chicos bonitos. A su jefa le fascinaban esos lugares.
Aquella noche, mientras todas sus compañeras fueron juntas, ella había vuelto a casa y festejado sola.
La curiosidad le cosquilleó en la punta de los dedos. Inclinó ligeramente la cabeza, dudó apenas un segundo... y dio clic en el anuncio.
La pestaña de la página oficial se abrió de inmediato. Un catálogo cuidadosamente diseñado llenó la pantalla: chicos muy bellos, organizados por distintos arquetipos. Debajo de cada perfil aparecían los precios, desglosados por horas, para pasar tiempo con ellos.
Maomao alzó una ceja.
—Cobran más que yo... y todo es por hora —murmuró, con la lata cerca de los labios, hipnotizada por las fotografías saturadas de color y el diseño excesivamente elegante.
Aquello tenía un aire sospechoso, casi ilegal. Y aun así, si vivían de su apariencia y cobraban así de caro, debía significar que el negocio iba bastante bien.
Deslizó el cursor sin prisa, observando rostros y nombres que pronto se mezclaron entre sí.
Hasta que uno la hizo detenerse.
Estaba en lo más alto de la lista, marcado con un número uno dorado, reluciente, como una insignia de prestigio. Su perfil destacaba incluso entre tantos rostros perfectos.
Maomao se inclinó un poco más hacia la pantalla.
—¿Y tú...? —susurró, sin darse cuenta.
Ka Zuigetsu.
Tipo príncipe. 1.89 de estatura. Tipo de sangre O.
☆ Star Host ☆
Su rostro era hermoso de una forma casi irreal, como el de una deidad femenina: facciones delicadas, cabello sedoso de un tono avioletado, ojos enmarcados por pestañas largas. Un sueño cuidadosamente diseñado para vender fantasías.
Le recordó a sus crushes ficticios de la infancia. Yue, el guardián de las cartas Clow. Sesshomaru, en su adolescencia...Admitía que los personajes esotericos y bonitos siempre le habían llamado la atención.
—Se ve que es famoso —murmuró Maomao, terminándose la cerveza mientras recorría con la mirada las fotografías del host.
Entonces vio el precio.
¿¥30,000 por hora?
—Mi codo me duele.—bufó, rodando los ojos mientras se abría otra cerveza.
Pero bueno...ahora que lo pensaba...quizás necesitaba una buena dosis de dopamina. Con el fin de terminar los desagradables celos.
¿No...?
