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Mensaje Oculto

Summary:

Hay tiempos en la vida en la que todos los problemas se amontonan en lo que solo se puede describir como una avalancha. La vida de Dick Grayson era relativamente tranquila, hasta que una nueva vecina se muda a su edificio.

Ahora, Richard Grayson debe encargarse de sus propios problemas y los de su ciudad. Solo hay que esperar que su corazón no decida entregarse por completo a alguien.

Notes:

Mis amigas me convencieron de escribir esto.

No sé mucho sobre Kory, entonces si hay algun error estoy abierta a sugerencias, pq mi fuente de info es la wiki del personaje y quiero hacerle justicia a tremenda dama.

Espero que les guste!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Durante las últimas semanas, los criminales de Blüdhaven habían decidido hacerle la vida imposible a Dick. O al menos eso parecía.

Richard ya había detenido más de diez robos, un intento de secuestro, y un círculo de contrabando. Estaba exhausto y nada más eran las 11 de la noche. Gracias al entrenamiento de Bruce, sentía la necesidad de esperar una hora más por algún otro crimen antes de irse a casa.

Dick pensaba que la paranoia era heredada.

Mientras descansaba en la azotea de un edificio, comiendo un sándwich que una viejita había tenido la amabilidad de darle, no pudo evitar pensar en todos los pendientes que tenía.

Se acercaba el cumpleaños de Jason y Alfred. Y había prometido llevar a Damian al zoológico pronto.

Además, ya casi tenía que pagar la renta. Y comprar más alimento para Haley.

Hm. ¿Cuándo iba a tener un nuevo vecino?

El apartamento frente al suyo llevaba vacío por más de dos meses. La administradora del edificio había echado al anterior ocupante porque no pagaba la renta y, por lo que había escuchado, había tomado la oportunidad para renovar el lugar.

Dick se había ofrecido a ayudar, pero la mujer había insistido en que no era necesario.

Tal vez era debido a haber pasado su infancia en un circo, pero Richard era una persona extremadamente sociable y colaboradora. Al contrario de algunos de sus hermanos (específicamente Jason y Damian), le molestaba no tener un vecino.

El piso se sentía solo y desolado. En parte le recordaba al cementerio en el que sus padres estaban enterrados.

Un escalofrío le recorrió la espalda y, al darse cuenta que ya había pasado una hora sin indicios de más crimen, se levantó y volvió a su apartamento, donde una tierna Pitbull con tres patas le esperaba.

 




Al ver el rostro enfurruñado de Jason, Dick no pudo evitar sonreír aún más, sabiendo que eso iba a molestar al menor aún más.

Había logrado convencer a Jason para salir a pasear el día de su cumpleaños. Al principio, él se había negado, pero Richard sabía usar sus encantos para conseguir lo que quería.

Ahora, ambos caminaban por las calles de Gotham lado a lado, en dirección a una tienda de libros a la que Jason insistió ir. El acróbata no se quejaba, pues era la oportunidad perfecta para comprarle un regalo a su hermano menor.

— ¿Y cómo te ha ido, Jay? — Preguntó con naturalidad, mientras observaba sus alrededores sin darle mucha importancia a lo que veía. Su concentración estaba completamente en Jason.

Pero era consciente de lo mucho que el contacto visual podía incomodar a Jason.

— … Normal. — Murmuró el más joven mientras metía sus manos en los bolsillos de su chaqueta. Dick se preguntó si tal vez necesitaba de una talla más grande por lo ajustada que le quedaba.

— Me alegra. — Respondió el ex-trapecista con una sonrisa mucho más tranquila que antes. Su corazón se sentía mucho más tranquilo al examinar el perfil de Jason y asegurarse de que no habían heridas nuevas

A pesar de que Jason ya era casi un adulto, y era incluso más grande que Dick, el mayor no podía evitar verlo como el niño pequeño que nunca dejaba de sonreír.

A veces extrañaba esa sonrisa alegre.

— ¿Y… Y tú? — Preguntó Jason después de unos minutos en silencio, con el mismo tono de nerviosismo que le indicaba a Dick que tenía miedo de arruinar la conversación.

— Bueno, las cosas han estado un poco alborotadas en Blüdhaven, pero nada grave. Eso sí, el apartamento que está frente al mío lleva un tiempo vacío. Sabes que no me gusta mucho estar solo en general.

El resoplido divertido de su hermano hizo que la sonrisa en su rostro se alargara.

— Quién lo diría. — Respondió con una pequeña sonrisa divertida. Richard soltó una risita antes de encogerse de hombros. Hubo unos segundos más de silencio antes de que Jason se aclarara la
garganta. — ¿Qué tan grande es?

Richard giró la cabeza para mirarlo con curiosidad.

— El apartamento. Tengo… Una conocida, que necesita un lugar donde quedarse cuando se mude a Blüdhaven.

Dick pestañeó, sorprendido. No tanto por la pregunta en sí, sino por la admisión de su hermano.

— Aww. ¿Ya tienes más amigos?

— Cierra la boca.

— Te estás volviendo muy sociable. Estoy muy orgulloso.

— Cállate, idiota.

— Ya eres todo un niño grande.

Richard soltó una carcajada cuando su hermano lo empujó con brusquedad, y negó con la cabeza.

— El apartamento es parecido al mío. Y no es tan caro.

Jason bufó, rodando los ojos, antes de asentir.

Dick lo tomó como un agradecimiento, antes de guiar a su hermano hacía la librería.

 

 


 

A pesar de que su relación con Kory había terminado hace un tiempo, Dick siempre se sentía como un adolescente al verla.

Negar la belleza de Starfire era como negar la belleza de un atardecer. Era físicamente imposible.

El cabello largo y rizado que cascadeaba por su espalda de una forma muy similar a la melena de un león, junto a su piel que brillaba bajo la luz del sol como una pieza de joyería dorada, y sus ojos verdes como esmeraldas eran suficiente para que todos la notaran de inmediato.

Y la sonrisa que se formó en sus labios cuando vio a Richard casi le da un paro.

— ¡Dick! ¡Hola! — Dijo con la alegría que la caracterizaba, saludando con su mano mientras se dirigía a él. — Espero no haberte hecho esperar.

— No te preocupes por eso, Kory. ¿Cómo te fue? — Preguntó con tranquilidad, mientras Kory asentía con la cabeza.

— ¡Muy bien! La ropa que me dieron era muy bonita. Y muy cómoda.

— Me alegra. ¿A dónde quieres ir a almorzar? — Richard observaba el rostro alegre de Starfire mientras caminaban juntos por la acera, sonriendo. La alegría de Kory siempre era contagiosa, al punto que Dick apostaba que lograría hacer sonreír a Batman.

— ¿Por qué no eliges tú? — Preguntó Kory con curiosidad, y Dick sintió su sonrisa ampliarse ligeramente.

— Es de buenos modales preguntarle a los invitados. Pero no tengo problema en escoger. — Lentamente, Richard puso su mano sobre la espalda baja de Kory para guiarla. — Ven, conozco un lugar que te va a gustar.

Mientras caminaban juntos, Dick escuchó atentamente todo lo que Kory tenía que decir. A pesar de que ya llevaba bastante tiempo en la Tierra, todavía se fascinaba con cosas que a Richard le parecían normales. Al hombre no le molestaba para nada, pues la hacía ver aún más adorable a sus ojos.

El acróbata se alegraba de que la tamareana había tomado la oportunidad de visitar Blüdhaven, incluso si era por trabajo.

A pesar de que se aseguraba de ver todas las fotos que Starfire se tomaba como modelo, verla en persona era mucho mejor.

Y, por suerte, la mujer se iba a quedar en la ciudad por unas cuantas semanas.

 


 

Después de algunos días, Dick había notado un nuevo aviso en el tablero de noticias para el edificio en el que vivía. Lo leyó detenidamente, y sonrió con emoción al terminar.

Al fin se había rentado el apartamento frente al suyo.

Según la información del aviso, el nuevo inquilino se mudaría en unas cuantas semanas, en horas de la tarde.

Tal vez esa era la única parte que no le emocionaba, pues al notar la fecha prevista para la llegada del nuevo inquilino, Dick se dio cuenta que ese día iba a estar con Damian en el zoológico, por lo que no podría saludar a su nuevo vecino en cuanto pusiera un pie en el edificio.

Con un suspiro, comenzó a subir las escaleras hasta su apartamento.

Al menos ya no iba a estar del todo solo.