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Momentos inesperados

Summary:

Por una extraña razón, Izuku se dio cuenta de que el regalo que era por parte de su padre, hacía algo completamente único.

Decide utilizarlo para hacer las cosas bien frente a Katsuki, de quien está enamorado en secreto.

Este fic participa en el día 9: Hipnosis/𝑉𝑖𝑎𝑗𝑒 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 del evento “Beyond The Veil: Realidad Fracturada” que realiza Miya 미래. En conjunto con Azue Yuuko, Fan2em, Lyra lzy y Mandy.Chan.Aki – FanFics en español para facebook.

El shipp es BakuDeku si no les es de su agrado, eviten leer la historia o dejar comentarios negativos, incluso insultos.

Los personajes no me pertenecen sino a Kōhei Horikoshi. Doy sus respectivos créditos.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

Izuku Midoriya no era un chico que fácilmente se haría resaltar, si no hiciera una torpeza frente a todos los de su clase.

Su cabello rizado y verdoso como el color de sus ojos, las pecas que adornaban sus mejillas, sería lo más notorio físicamente en él. Lo demás eran cualidades muy infravaloradas, siendo amable incluso con quien no lo merecía. Sonreír por más que se sienta triste y nadie lo note. Ese era Izuku.

Ni siquiera amigos tenía desde la secundaria, mucho menos ahora que comenzaba la preparatoria. Aislado de todos. Por más que intentara mantener una conversación con algún compañero, no duraba lo suficiente. Lo peor es que tenía un interés romántico por uno de ellos.

De cabello puntiagudo, rubio cenizo. Ojos carmesí. Mal hablado —pero dependía de la persona. Ocupando el pupitre justo a su lado. Cada suspiro ensoñador y miradas que duraban segundos para no ser descubierto, eran exclusivamente para él.

Jamás se atrevió a hablarle, su lengua lo traicionaría para comenzar a tartamudear. Prefería permanecer lejos, observando la facilidad en que los demás podrían charlar con él. La triste realidad.


El peliverde se quejó al escuchar sonar la alarma de su despertador. Con pereza sacó su mano de debajo de las sábanas para apagarlo. Dos intentos y logró hacerlo. Permaneció un minuto bajo la calidez de estar en su cama antes de levantarse.

Debía alistarse para ir a la escuela. Aunque deseaba no ir este día.

Vestido con el uniforme, salió de su habitación para bajar e ir directamente al comedor, donde ya lo esperaba el desayuno.

—Buenos días, Izuku— pronunció su madre al aparecer con un plato en la mano que dejo en la mesa antes de acercarse a su hijo y darle un beso en la frente.

—Buenos días, mamá— respondió con una sonrisa.

—Espero que durmieras bien. Lo siento, olvide algo— transmitió al marcharse apresuradamente.

—Claro. —Sin ánimo, se sentó en una de las sillas. Esperaría a que regresara la peliverde para empezar a desayunar, puesto que lo dudaba, quizás este sería otro día en el que volvería a estar solo.

—Aquí— pronunció ella, dejando una caja, un envoltorio y un sobre frente a Izuku. —Feliz cumpleaños— lo felicito abrazándolo.

—Gracias— comunicó con alegría, sin embargo, sabía lo que seguiría.

—Tu papá también te quería felicitar con una llamada, pero sabes que el trabajo lo tiene muy ocupado. Además, lamento que no pueda estar hoy contigo para festejarlo juntos.

—Lo entiendo— pronunció dándole unas palmadas a su antebrazo. —Y ya puedes irte, o llegarás tarde a tu vuelo.

—Oh Izuku. —Lo abrazó más fuerte sintiéndose mal por dejar solo a su hijo en su cumpleaños. —Cuando regrese lo festejaremos como es debido. Por si gustas, hay un pequeño pastel en el refrigerador. Es tu favorito.

—Muchas gracias mamá. Lo apreció mucho. —Inko le dio un último beso sobre su cabeza antes de separarse.

—De nada. Sabes que te queremos. Pasa un gran día, y regresa a casa temprano si vas a festejar con tus amigos. —Mentira que Izuku tuvo que decirle para que no se preocupara. —Tengo que irme.

—Ten un buen viaje. —Ambos se despidieron con un gesto de la mano, acompañado de ojos cristalinos. Hasta que se escuchó la puerta ser abierta y cerrada, el peliverde se permitió suspirar, limpiando con el dorso de la mano una lágrima qué logro escapar.

Nuevamente solo, como ya era costumbre.

Enfocándose en sus regalos, tomo el sobre para dejarlo a un lado. Abrió primero el envoltorio encontrándose con una camiseta que le había gustado mucho, regalo seguramente de su madre. Ella había notado como la había visto cuando fueron al centro comercial. La quería sí, pero estaba un poco cara.

Decidió dejar la caja para el final, abriendo el sobre.

Se trataba de una carta de su padre, quien le deseaba un feliz cumpleaños y que esperaba le gustara el regalo que había en la caja. Le contó que lo que había dentro, se lo regalo su abuelo cuando estaba cumpliendo la misma edad que él. Diciendo que era especial y que tuviera cuidado. Su abuelo tampoco le había explicado eso, es por eso que tuvo consideración al guardarlo.

Terminando de leer, Izuku le presto atención al último de sus regalos. Lo acercó para quitarle el envoltorio, mostrándole una caja blanca. Retirando la tapa, pudo observar que dentro había una caja musical. Tomándola entre sus manos, intento verla. Hecha de madera y barnizada. Había pequeñas flores grabadas por todas partes y la llave para darle cuerda a un costado.

Curioso por lo que podría mostrar, giro la llave. Una hermosa melodía comenzó a sonar. Poco a poco la caja fue levantando la tapa para mostrarle dos conejitos que parecían brincar y perseguirse uno al otro. Algo muy lindo de ver para el peliverde.

Al poco tiempo, la tapa fue cerrándose y la música dejo de sonar. Ambos regalos le habían fascinado, aunque era una lástima que no pudiera agradecerle personalmente a sus padres. Resignado, dejo todo a un lado para comenzar a desayunar.


Izuku llegaba tarde. El autobús que tomaría, se retrasó unos minutos. Ayudó a alguien que había tropezado y dejado caer sus libros justo a la entrada de la escuela. Estaba empezando con un mal día.

Era imposible asistir a la primera clase, tendría un severo regaño de su profesor cuando se tope con él. Al menos a la segunda hora podría ir.

Distraído viendo la hora en su reloj, no notó a quien estaba frente a él, chocando inevitablemente—. Lo lamento— se disculpó rápidamente alzando la mirada, arrepintiéndose al instante. Su rostro comenzó a enrojecer, como el intentar decir algo más, solo saliendo balbuceos de su boca.

—¿Te encuentras bien?— indagó el rubio. Cambiarían de salón en esta hora y había olvidado uno de sus libros. Todos sus compañeros se ofrecieron a compartir el suyo con él, pero se negó. De regreso tomo un atajo, intentando cruzar una esquina, sin haber previsto que se toparía con alguien.

El chico se veía nervioso frente a él, vagamente lo recordaba, únicamente su cabello lo identificaba—. ¿… Deku? ¿Cierto?

—I-Izuku— contestó en un ligero susurro bajando la cabeza. Se sentía feliz de que conociera su nombre, bueno, al menos que se acercara un poco al original.

—Correcto, disculpa. Por cierto, ¿acabas de llegar? No te vi en la primera clase. —El corazón del peliverde no dejaba de latir con rapidez. Creía que estaba soñando, debía de ser un sueño, era imposible que estuviera hablando con Katsuki.

Izuku asintió, no quería arruinarlo al tartamudear otra vez—. En ese caso, la clase va a ser en el aula multimedia. Te deseo suerte para que Aizawa-sensei no te regañe frente a todos. Nos vemos allá. —Comenzó a irse, pasando al lado de su compañero. Solo se detuvo por un momento para voltear a ver al peliverde. Fue entretenido encontrarse con él, posiblemente pueda entablar una conversación con él más adelante. Posiblemente, no se encuentre bien cuando el pelinegro lo regañe —ya ha estado ahí, lo soporta bien. Tal vez el chico no tanto.

Al oír que los pasos continúan sonando hasta alejarse, Izuku se permitió sostenerse de la pared mientras caía, sus piernas temblaban. No podía con tanta emoción dentro de él. Quería gritar y llorar de felicidad porque el rubio le había hablado.

Era surreal lo que le estaba sucediendo, a pesar de eso, lo tomaba como otro regalo de cumpleaños.

Tuvo que obligarse a levantarse, cuando recordó que todavía debía de ir a clases. Fue a su salón para dejar su mochila y dirigirse al aula correspondiente.

Pidió permiso a su profesor de entrar, temiendo que lo regañe, solo que no sucedió y le pidió que se sentara. Seguramente ocurriría al terminar esta clase. Avergonzado y nervioso de que la mayoría de sus compañeros estaba viéndolo, caminó hasta sentarse en uno de los pupitres de la esquina.

Se dedicó en admirar sus manos sobre la superficie de madera, esperando a que las miradas se fueran eventualmente.

—Comiencen abriendo su libro en la página 58— indicó Aizawa buscando en su computadora la presentación que le mostrará a sus alumnos.

El peliverde entró en pánico, había olvidado traer el libro correspondiente al horario. Mordió su labio inferior decidiendo si era buena idea pedirle permiso al pelinegro para ir por su libro. Fue tonto de su parte haber olvidado algo tan importante.

De pronto escuchó movimiento a su lado. Alcanza a ver que alguien acerca su pupitre junto al suyo antes de colocar la silla y que dicha persona se sentara.

—¿Te gustaría que compartiéramos mi libro? Al parecer también lo olvidaste. —Lentamente, Izuku giró su rostro para verificar que era verdad que había oído la voz de Katsuki. Efectivamente, se trataba de él.

El día solo iba mejorando para el peliverde. Sin palabras, asintió nuevamente. Admiró con la poca luz que brindaba el proyector, la media sonrisa del rubio. Izuku fácilmente podría morir feliz en ese instante.

Durante toda la hora, no presto demasiada atención. Su mirada podría estar fija en las páginas del libro en medio de ellos, por otro lado, realmente no estaba leyendo. Ni siquiera notó las miradas de sus compañeros, ya sea por curiosidad o por celos. Era el afortunado que logro estar cerca de Katsuki.

Todo lo lindo que sentía el peliverde se desvaneció cuando el profesor lo llamó al terminar las clases. No fue grato recibir sus regaños e incontables veces tuvo que pedir perdón. Por suerte no tendría un reporte, al ser la primera vez que se saltaba una clase, era un buen alumno.

El pelinegro le concedió un descanso de unos minutos al verlo llorar. Simplemente, le dio una palmada en el hombro antes de dejarlo solo.

—Tuviste suerte, no fue muy duro contigo. —Izuku se sobresaltó al escuchar la voz del rubio. Rápidamente se apresuró a limpiar su rostro, no quería que lo viera llorar. —Siento si te asuste.

—E-está b-bien— contestó en voz baja. Ahora seguramente se veía patético.

Katsuki carraspeo antes de acercarse hacia el chico. Se detuvo a unos pasos, tendiéndole algo en la mano. —Espero que no seas alérgico— comentó sosteniendo un cartón de malteada de chocolate. —Es para ti.

—N-no lo soy. G-gracias. —Alzó la mano que no cubría la mitad de su rostro para tomar el cartón, apartándola de inmediato al haber tocado por accidente al rubio.

Sin saberlo, Katsuki lo había visto y se dio cuenta de su sonrojo por lo que le permitía apreciar.

—De nada. —Un silencio siguió, antes de que el rubio comenzará a alejarse. —Creo que ya es momento que vuelva al salón o Aizawa-sensei me regañara. Nos vemos en clases, Izuku.

Por fin había pronunciado su nombre, y no era solo su imaginación. Incluso le había dado algo. Este día jamás iba a olvidarlo.


La sonrisa en los labios del peliverde no desapareció en todo el día. Estaba demasiado feliz por lo que había ocurrido como para dejar de hacerlo. Contento, ingreso a su casa. Sacó del refrigerador su pastel para comer un poco. Sabía tan delicioso y dulce. Pastel de chocolate.

Se lo llevó hacia el comedor para dejarlo al lado de sus regalos. Quitándose la mochila, la abrió para sacar el cartón de malteada, dejándola también al lado de todo. Decidió guardarla para beberla después. Todos sus regalos se veían bien, así que para que fuera más memorable, tomó la caja y giro otra vez la llave.

La música sonó y los conejos aparecieron. Lo que duro la hermosa melodía, cada cosa a su alrededor comenzó a distorsionarse. Al terminar, todo volvió a la normalidad. El peliverde seguía sentado frente a la mesa, no obstante, los platos del desayuno estaban en el mismo sitio que esa mañana.

Confundido Izuku, voltea a un costado, enterándose de que ya no estaba el pastel ni el cartón. Intrigado, sostiene la caja musical con una mano mientras intenta verificar la hora en su reloj: 7:40 am. Eso era imposible, la última vez que revisó eran las 3:15 pm.

Era como sí estuviera iniciando nuevamente el día para ir a la escuela.

Intentaba encontrar una explicación, mas no había ninguna. Comenzó a recordar todo lo que había pasado, hasta lo último que hizo; activar la caja musical.

La sostuvo nuevamente entre sus dos manos para colocarla frente a él. La giró con delicadeza y la observaba detenidamente para buscar algo extraño. No había absolutamente nada. Era una caja normal. Decidió que la dejaría por el momento, por más preguntas que tuviera.

Volvió a enfocarse en lo que estaba ocurriendo, y empezó a desayunar. Seguiría como lo había hecho esa mañana.

Lo que más lo desconcertó fue que estaba ocurriendo lo mismo. El retraso del autobús, la chica que tropezó y dejó caer sus libros. Está pasando todo exactamente igual. Solo faltaba algo más. Fue por el mismo camino que había tomado para ir al salón. Bajo la mirada para ver la hora: 9:20 am.

El choque llegó como aquellas inolvidables palabras: —¿Te encuentras bien? —Alzando la mirada se encontró a Katsuki.

En ese momento se dio cuenta de que volvió a revivir el mismo día. Justo en su cumpleaños.

Notes:

En realidad este no iba a ser un fic, esta historia formaría parte de la recopilación de “Extraños sucesos” con un máximo de 2 capítulos, sin embargo, me di cuenta de que excedería ese límite y me daría historia para más capítulos.