Chapter Text
El frío no daba piedad a quien estuviera afuera. Las calles parecían desoladas mientras nieve las cubría por completo.
Unos pasos a la lejanía hacían crujir la nieve bajo sus botas. Parecían tener prisa. El sol estaba por ocultarse en unos minutos, ellos querían llegar al punto exacto antes de que este se cierre y pierdan su oportunidad.
Sosteniéndose de la mano, el que iba más atrás intentaba seguirle el paso a quien estaba delante de él. Se aferraba para no separarse, no volvería a pasar. Soltando vaho a través de su cálido aliento, se sentían cansados por el gran esfuerzo que están haciendo al correr.
El más bajo y de cabello verde, alcanzó a escuchar pasos detrás de ellos. Tenía miedo de siquiera voltear para corroborarlo.
—Kacchan, ya vienen. —Estaba aterrado de que los atraparan los Agentes. De ninguna manera deseaba quedar en manos de ellos, esta vez llegarían a matarlos. No había duda de eso.
—Tranquilo Deku, ya pronto llegaremos, aguanta un poco más— aseguró dándole un ligero apretón para transmitirle seguridad, aunque él estuviera sintiendo lo mismo. Deseaba que nadie los volviera atrapar y separar, no cuando por fin se habían reunido nuevamente.
—¡Los encontré!— anunció uno de los agentes. Identificándolo fácilmente por su traje blanco y portando una máscara que cubría por completo su rostro.
Ambos jóvenes se detuvieron de pronto; el agente se encontraba unos metros frente a ellos. En tan solo un instante, dos hombres más aparecieron a su lado.
Katsuki desesperadamente comenzó a buscar alguna forma de escapar, debía hallar una salida. Encontrando su solución a un costado. Empezó a correr llevando a Izuku detrás de él—. ¡Intentan escapar! —Los tres se apresuraron a seguirlos, debían alcanzarlos.
Con facilidad el rubio atravesaba los estrechos callejones que eran como laberintos. Haber crecido en la calle le ayudaba bastante para no perderse, una gran ventaja. De pronto se detuvo, extrañando al peliverde por tan repentina acción.
—Por aquí, ven— indicó metiéndose en un estrecho callejón donde ambos lograron pasar sin problema. Pararon al llegar casi al final del otro extremo. Katsuki acercó a Izuku hacia su pecho, lo tranquilizaría su cercanía.
Claramente, se escuchaba el rápido latir de sus corazones. Un momento de descanso les vendría bien, sin embargo, se alertaron al oír pasos acercándose hacia donde ellos se encontraban. El peliverde estuvo por gritar, hasta que él mismo cubrió su boca.
—¡Tienen que estar por aquí! ¡No pudieron ir muy lejos!— expresó uno de los agentes. Los tres se encontraban a solo unos centímetros de ellos, un solo ruido y los descubrirían. —¡Si no los encontramos el Comandante se enojará con nosotros! —Prefería hallarlos por los medios que sea, antes de enfrentar la ira y castigo de su superior.
—Tranquilízate, los encontraremos— transmitió su compañero con voz suave. Comprendía su sentir, por otro lado, no dejaría salir sus emociones con facilidad. —Si llegan a la plaza entonces si será un gran problema para nosotros. —Opinión que molesto aún más al otro.
—¡Y crees que no lo sé! —Furioso lo tomó del saco. Sus palabras solo lo hicieron enojar más. —¡Es tu culpa que estemos en esta situación! ¡Tu trabajo solo era deshacerte de ese maldito chico antes de que fuera robada la llave! ¡Pero claro, ni siquiera puedes hacer algo bien!— bramó empujándolo con fuerza. Fue una suerte para el tipo lograr equilibrarse antes de que cayera.
—Kirishima cálmate, Shinso no tiene toda la culpa— intervino el tercero, quitándose la máscara para mostrar su rostro.
—¡Cállate Sero! —Retirándose de igual manera la máscara, viendo a ambos con odio.
Por otra parte, el rubio frunció el ceño intentando ni siquiera gruñir. Reconocía a la perfección la voz de aquel que una vez fue un gran amigo. Aquel que obtuvo una oportunidad y no dudo ni un segundo en traicionarlo, uniéndose a aquella organización por la que tanto lucho para destruirla.
—Ok, es cierto que me equivoqué— admitió con sinceridad Hitoshi. —Todos cometemos errores. —Intento remediar lo que había hecho, a pesar de eso, no se arrepentía de haber dejado con vida al peliverde. Si hubiera una mínima posibilidad de que cambie todo este mundo —como él le había dicho— enfrentaría cualquier castigo solo por volver a ser libre.
—¡Pero no como el tuyo pedazo de imbécil! —El pelirrojo iba a arremeter contra Shinso, si no fuera por la intervención del pelimoreno al colocarse en medio de ellos.
—¿Mejor por qué no seguimos buscándolos? —propuso esperando que funcionara. —Si seguimos aquí de pie, es muy probable que logren escapar. —Hanta tenía un punto. Kirishima le dio la razón al pensarlo mejor, así que soltando un gran suspiro volvió a colocarse la máscara.
—Pide que logremos encontrarlos— expuso viendo directamente a Hitoshi. —De lo contrario, yo mismo me encargaré de matarte por el error que cometiste— advirtió evadiendo al pelimoreno para regresar por el mismo camino. En ningún momento volteo a verlos, de ser posible hubiera preferido hacer esto solo.
Shinso suspiro, ya esperaba que el pelirrojo reaccionara de esa manera. Era algo inevitable.
—Es mejor seguirlo antes de que se enoje más— sugirió Hanta dándole una palmada al hombro del contrario. Siempre debía de intervenir cuando era necesario, en especial cuando se trataba de Kirishima. Su temperamento no era muy bueno y estallaba con facilidad.
Hitoshi le daba la razón al pelimoreno, era su trabajo. Sin embargo, antes de girar y dar el primer paso, volteó ligeramente su rostro hacia atrás. —Espero que cumplas tu promesa— señaló dirigiéndose a los fugitivos. Sabía de antemano que se escondían en aquel callejón, alcanzó a verlos con antelación, por esa razón intentó distraer a sus compañeros para darles algo de ventaja.
Izuku bajo la mano para contestarle: —Lo haré— aseguró con firmeza. Realmente estaba agradecido de que Shinso no lo hubiera matado en aquella ocasión, que comprendiera lo que intentaba decirle. Dándole al final una promesa que iba a cumplir.
—Entonces les deseo suerte. —Sin más palabras que decir, solo le quedo girarse hacia ellos inclinando levemente la cabeza a modo de despedida. No era necesario si lograban verlo, había cumplido con su deber, ahora en ellos dependía lo demás. Regreso de nuevo, caminando hasta alejarse lo suficiente del lugar.
Katsuki soltó un largo suspiro permitiéndose el relajarse un momento, apoyando la parte de atrás de su cabeza contra la pared helada tras su espalda. —Esto es más difícil de lo que esperé— confesó de pronto. Habían recorrido un camino demasiado complicado desde que se conocieron.
—¿Te arrepientes? —La voz del peliverde tembló al mencionarlo; temía que fuera así. El rubio lo notó, así que bajo la mirada para cruzarse con aquellos bellos ojos esmeralda. Los que siempre le hacían que diera todo por más cansado que estuviera.
—Nunca— admitió con una ligera sonrisa. Alzó una de sus manos para posarla sobre la mejilla de Izuku, encantándole que se inclinara hacia su tacto. Deseaba continuar con este dulce momento un poco más, pero no tenían mucho tiempo. —Vámonos, tenemos que irnos.
El peliverde asintió estando de acuerdo. Quizás más adelante podrían tener más tiempo para ellos.
Tomándose de la mano, continuaron con su trayecto hacia la plaza, estando pendiente a su alrededor. Debían estar alerta para huir si más agentes aparecían. Lo único que esperaban es que llegaran a tiempo, no saben cuánto habían perdido por el retraso que surgió.
Izuku llevó su mano libre hacia el bolsillo de su abrigo, sintiéndose aliviado al verificar que todavía llevaba la llave con él. La misma que les proporcionaría la salida de ese mundo hasta llevarlos a donde todo inicio.
Katsuki de inmediato se alegró al darse cuenta de que estarían por llegar a su destino, tan solo unos metros y todo esto quedaría atrás. La felicidad comenzó a derrumbarse cuando distinguió más pasos cruzando por la nieve, no estaban tan lejos de donde ellos se encontraban. Los oculto a ambos rápidamente tras un edificio.
Se giró para mirar al peliverde, esta vez sosteniéndole ambas manos. —Deku necesito que continúes sin mí. —Palabras que oprimieron con fuerza el pecho de Izuku. Rápidamente negó, intentando contener sus lágrimas.
—Pero tú…
—Tranquilo— pronunció con suavidad soltándolo para tomar su rostro entre sus manos. —Te había prometido que no harás este viaje solo. —Inclinándose le dio un beso sobre sus labios transmitiéndole la fuerza que seguramente necesitaba. —Sigue derecho, la plaza está a unos minutos. Te alcanzaré antes de que comience la carga— garantizó al separarse.
—E-está bien— comunicó agarrándolo del antebrazo. Detestaba la idea de separarse cuando están tan cerca, a pesar de eso debía de aceptarlo. Confiaba que regresaría a su lado.
El rubio limpió con su pulgar una lágrima rebelde que escapaba de los ojos del peliverde. —No llores— suplicó colocando su frente contra la de Izuku. —Esta vez estaremos juntos, ya lo verás— afirmó estando seguro de sus palabras. —Ahora ve, no pierdas más el tiempo.
—Cuídate.
—Eso haré.
Con dolor, el peliverde retrocedió unos pasos. Recorriendo su mano hasta la de él, dejando que la punta de sus dedos fueran las últimas en soltarse. Dio la vuelta para comenzar a correr, intentaba ir lo más rápido que sus piernas le permitían.
Rogando que todo saliera bien, que no hubiera nadie esperándolo en aquel sitio y que nada malo le ocurriera a Katsuki. Este por su parte, dio una última mirada a Izuku antes de dejar de ocultarse detrás del edificio, captando la atención de los agentes que estaban buscándolos—. Veamos si son buenos como dicen ser— mencionó con una sonrisa arrogante.
‹
›
El peliverde estaba cansado y sentía sus pulmones estallar, pero contento de ver que la plaza estaba desierta. Bajo el ritmo hasta llegar al centro, permitiéndose tomar un poco de aire frío, que quemaba, aunque le ayudaba.
Se detuvo para acuclillarse y apartar la nieve para ver con claridad parte de un círculo hecho de varias piedras naturales para hacerlo notar entre los demás. Metió la mano dentro del bolsillo del abrigo donde se situaba la llave. Una esfera hecha de titanio, que dentro contenía tantas piezas para hacer funcionar el mecanismo. Siendo de vital importancia para él, y codiciada para aquellos que sabían de su existencia.
Observo por un momento en la misma dirección en que había venido, esperando ver al rubio. Comenzó a preocuparse al notar que el sol estaba ocultándose. No teniendo más opción se levantó dejando caer la llave, pensó de inmediato en la fecha exacta a la que iría. El artefacto siguió su trayecto, deteniéndose antes de tocar el suelo.
Al flotar, pequeñas hendiduras se abrieron para dar paso a una luz azul. Muy familiar para Izuku. Cerró con fuerza sus ojos, quería que Katsuki apareciera, no deseaba ir solo de nuevo.
—¡Deku! —Abrió de inmediato los ojos para observar con felicidad que el rubio se encontraba a unos metros frente a él, algo malherido, pero bien.
Tomándose un momento para recuperar algo de energía, Katsuki se detuvo. Por fin todo acabaría y se iría con la persona que ama.
—Es momento de terminar esto de una vez por todas. —Al reconocer la voz de Kirishima, el rubio desvío la mirada a un costado. Lo vio desenfundar su arma, apuntando directamente al peliverde. Olvidándose de su cansancio, Katsuki corrió hacia el pelirrojo, derribándolo antes de que lograra jalar del gatillo. Sin dejarlo reaccionar, comenzó a golpearlo con fuerza hasta romper la máscara. El dolor y la sangre no importaban si debía de proteger a Izuku.
El peliverde había presenciado todo, incluso pretendía ayudarlo. Solo había dado un paso cuando el rubio le ordenó: —¡No vengas! ¡Quédate donde estás! —Alcanzó a distinguirlo y adivinar sus intenciones. Su deber era que se encontrara a salvo.
[—Iniciando carga.] —Izuku se sobresaltó al oír la voz proveniente de la llave. Volteó a ver que un holograma mostraba una barra de carga, empezando con el 0%.
Katsuki se detuvo de golpear a Kirishima, quien se esforzaba en respirar. Se levantó para ir a recoger el arma antes de regresar apuntándole directamente al pelirrojo. —Ojalá no me hubieras traicionado— pronunció aquellas últimas palabras antes de apretar el gatillo.
El sonido de la detonación sonó antes de quedar todo en silencio. El rubio no sentía ningún remordimiento por lo que había hecho. Kirishima había dejado de ser alguien importante para él. Ya no era un buen amigo que lo apoyaba o salvaba de situaciones peligrosas. Dio la vuelta para evitar seguir viéndolo, dejando caer el arma, no iba a necesitarla.
El peliverde suspiro al mirar que ya había acabado y Katsuki está a salvo. Notó que la barrera que creaba la esfera, estaba formándose, eso le daría el suficiente tiempo al rubio para ingresar al no estar hecha por completo. No obstante, Izuku ya no podía salir.
El pequeño momento de felicidad desapareció en un instante. Katsuki había dado unos pasos hasta que su pecho fue atravesado por el filo de una espada.
—¡Kacchan! —En unos segundos de vacilación la barrera estaba a la altura de su cabeza. Desesperado el peliverde se apresuró a intentar ir hacia el rubio, olvidando por completo que ya no podría salir. Al darse cuenta de que algo frenaba su camino, golpeó lo que había frente a él. Con sus manos lastimadas, continuo. —¡No Kacchan!
El grito desgarrador que Izuku dejó salir fue lo último que Katsuki escuchó al morir. La espada fue retirada y su cuerpo inerte cayó al suelo.
El peliverde paró de golpear la barrera para dejarse caer y patear la esfera. Por más fuerza que ejercía, la llave no cedía. Sus lágrimas seguían cayendo sin piedad sobre sus mejillas. Había un fuerte dolor alojado en su pecho. Esto no debió de haber ocurrido.
Devastado, se detuvo de intentar apartar la esfera de su sitio, ya era completamente inútil. Únicamente se permitió llorar por su pérdida. Recostó por completo su cuerpo contra el suelo, observando entre lágrimas que la barrera ya estaba terminada en su totalidad.
[—Carga completa. Iniciando transferencia de la conciencia.]
Izuku giró su cabeza a un costado para observar al asesino del rubio, despreciando la ligera sonrisa que mostraba. Algo que jamás olvidaría. Bajo la mirada para ver por última vez a Katsuki. —Te buscaré, lo prometo, y esta vez no dejaré que mueras— juró mientras el tono de su voz disminuía hasta apagarse, al igual que el latir de su corazón.
