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Estrellas

Summary:

"—Cuando vivía con mamá me quedaba viendo desde la ventana el cielo.—Owynn le cuenta una vez, mientras están explorando por las calles.

Ahora se la pasaban teniendo pequeñas aventuras en los lugares abandonados de la ciudad, donde ningún alma se atreve a caminar por las supersticiones.

Les da un pequeño sentido de seguridad saber más que el habitante promedio sobre la tormenta sobrenatural encima de todos, como si eso les protegiera de alguna forma de las inquietantes historias."

 

//Owynn y Fred ven las estrellas.

Notes:

Fnafhs pertenece a Eddochan. Fnaf pertenece a Scott Cawthon. Los personajes no son míos aunque si que están bien ocificados.

Prompt 1: Estrellas de la #OwedWeek2026

Tw//Trauma Religioso, Niños siendo pendejos, Vómito

Feliz Cumpleaños Owynn :D 🎂🍰

Work Text:

—Cuando vivía con mamá me quedaba viendo desde la ventana el cielo.—Owynn le cuenta una vez, mientras están explorando por las calles.

 

Ahora se la pasaban teniendo pequeñas aventuras en los lugares abandonados de la ciudad, donde ningún alma se atreve a caminar por las supersticiones.

 

Les da un pequeño sentido de seguridad saber más que el habitante promedio sobre la tormenta sobrenatural encima de todos, como si eso les protegiera de alguna forma de las inquietantes historias.

 

En el silencio humano, entre los sonidos de animales y el viento que choca contra el cemento viejo, es donde se confiesan con el otro. Y hablan de cualquier cosa, de sus vidas en general (aunque Fred no tiene mucho que decir realmente por lo que solo se dedica a escuchar y seguirle la conversación.)

 

—Solo teníamos una ventana en todo el cuarto y no había tele.—Owynn continúa contando, salta a una fila y comienza a balancearse con brazos abiertos.

 

Estrellas. 

 

La primera vez que las vio pensaba que eran gigantes mirándolo, con puntos blancos brillantes como no iba a confundirse si él mismo es igual. Tan deslumbrantes e incomprensibles.

 

—¿Fred? ¿Me estás prestando atención?

 

—¿No te parecen raras? 

 

—¿Umm? ¿Las estrellas?

 

—Eso, pero también.— Como puede mirarlo sin asustarse por su inmensidad. Por el tamaño, porque esos ojos te observen.—Solo están ahí, para siempre. 

 

—No lo había considerado así.—Owynn abre la puerta de un empujón, apoyando su hombro contra el metal.—Supongo que es porque siempre han estado. No noto la diferencia.

 

Suben por las escaleras del edificio abandonado, a cada paso la madera rechina por su peso. Hay marcas viejas de pisadas que tienen la pintura desgastada, algunos huecos donde alguien piso mal y el suelo tragó su pie. Las paredes tienen varias capas de pintura, en las esquinas hay hongos. Apenas son cuatro pisos, y a Fred ya le duelen las piernas por subir. 

 

Al llegar a la puerta que daba a la terraza le iluminó con su linterna para que Owynn abriera el seguro con sus pinzas. Owynn no se tarda mucho, soltando un pequeño ‘Perfecto’ cuando la perilla hizo un click.

 

La terraza le da la bienvenida a personas por primera vez en años. 

 

Owynn saca del estuche que carga en su espalda el telescopio.Fred trajo en su mochila una manta de cuadros y la desplegó en el suelo polvoriento, pudieron haber traído sillas…

 

—Como te decía... ¡Ahora donde vivo no se ven para nada!—Owynn continúa contando, aunque ya han pasado muchos minutos desde que habló. Pone el trípode con firmeza en el suelo.—Maldita polución.

 

Fred teme que de la fuerza lo vayan a romper, es alquilado y no tiene el dinero para pagarlo si se llegará a dañar. Owynn sí, sospecha que es rico en secreto.

 

—Por la casa se ven bien. 

 

La luna se eleva alta en el cielo, está llena, grande y blanca. Con una mancha de pintura blanca en el canvas negro que es el cielo. Las estrellas la acompañan como si fueran sus hijas, puntitos chiquitos tan lejanos. 

 

—Que suerte. ¿Crees que tú madre me deje quedarme?

 

—Pides mucho.— Pudieron ir a su casa, pero se nota que mamá no está cómoda con más gente en ella. Aparte, a Freddy le apena que entren a su cuarto. Nada se puede hacer con esos dos… 

 

Sin contar que Fred se fue de casa sin decirle a nadie. En plena madrugada. Para ver estrellas con Owynn.

 

Si mamá se enterara…

 

Ahora que lo piensa, no recuerda si Freddy lo notó. Bueno, Freddy siempre anda en las nubes. En su quinto sueño de la noche, a ese no lo despierta nada una vez que toca la almohada, no aunque le tomen el cuerpo prestado un ratito.

 

—Igual aquí es más calmado.—Concluye.

 

Owynn siempre encuentra los mejores lugares, aquellos solitarios donde ningún alma se atreve a entrar. Aunque Fred ha vivido en la ciudad toda su vida Owynn la conoce mejor, sus caminos extraños, sus historias curiosas y sus partes más desagradables. Parece que Owynn siempre tiene algo que contar, algún dato, alguna información nueva que aprender. Él es listo, muy listo, más que Fred al menos.

 

—La que parece una cuchara es la Osa Mayor —Owynn dice, ajustando apenas el enfoque del lente.— La reconoces fácil porque si sigues las dos estrellas del borde te llevan directo a la Polar—Se apartó un poco y giró el telescopio hacia él, dándole paso.—Mira.

 

Hizo una pausa mientras Fred observaba, y luego señaló otro punto del cielo.—Y esa es la Osa Menor. Es más pequeña, pero se nota porque ahí está la Estrella Polar. Es la que no se mueve.

 

—La de Belén.

 

—¿Supongo?—Owynn ladeó la cabeza.— No sé si era exactamente la misma estrella en esa época o si siquiera la ubicaban así.—Hubo un silencio corto, Owynn frunce los labios.—No me leí dos libros sobre astronomía para que vengas con cosas pseudocientíficas. 

 

—Ah… sí —Fred se le encogieron los hombros. No despegó la mirada del lente.— Es que en clases la llamaban así.

 

En esa escuela que Freddy iba a veces les decían que estaban mal, que todos nacen con esa marca. La gente estaba hecha de polvo, de tierra. Freddy no estaba atento a lo que decían, pero él siempre prestó mucha atención. En búsqueda de respuesta a lo que es. Respuestas a preguntas que no tenían claridad.

 

Muchos humanos creían que venían de la tierra sin importar la creencia, como si eso fuera algo que les uniera a pesar de la distancia. Dioses moldeando hombres, soplándoles vida cual artistas frente un lienzo. Algunos con un plan determinado en su infinidad, otros dejándolos a su suerte. Con inocencia creyó que le faltaba, que estaba incompleto por no ser tierra, no tener cuerpo. En el monte, saliendo de casa, escababa de noche acompañado únicamente de los sonidos de las cigarras. Entre sus manos la tierra se volvía una comunión secreta.

 

—No me digas que de verdad crees en eso.—Owynn remarcó la última parte. Con algo de asco. 

 

—Bueno… —Fred dudó—. La verdad no sé. Nunca me puse a pensarlo mucho… ¿Y tú?

 

Owynn tardó un segundo en responder, pensandole bien a sus palabras. El tema era un poco más personal de lo que se esperaba. Debió dejar pasar el comentario de Fred cuando pudo.—Creo que sí hay algo. Algo más allá. Un dios, o lo que sea. Pero no creo que sea bueno. No si permite que pasen tantas cosas malas.

 

Fred se mordió la lengua. Luego levantó la vista al cielo, sin mirar por el telescopio. Le quitaba un poco el misticismo de las estrellas poder verlas tan cerca.—No sé si eso de que creó las estrellas sea cierto—admitió—. Pero sí que son lindas de ver. 

 

¿Qué es un dios de todas formas?

¿Luz? ¿Algo que te de paz? ¿Que te entienda? ¿Que por las noches lo veas y admires?

Un dios es calido, es amable, es justo. Un dios te reconforta porque al final del día te recompensa. Si es así él tiene un dios. Un dios humano, frágil, que le puso un nombre por primera vez, más que su título. Aquel que por le ve como un ser sintiente, no algo que analizar y estudiar, no un fenómeno que ha de ser corregido. Como alguien que existe solo porque puede.

 

—Eso no te lo niego.—Owynn se ríe bajito. Cabello morado, ojos cálidos pero distintos. Y la forma en que le dice, en que le escucha. Este de aquí es su dios.

 

Le rezaba y entre cantos le alababa. Tanto le entrega de él mismo a su dios humano. Dios es egoísta: no te da nada a cambio, solo promesas. ¿Pero Owynn? Solo le pide confianza. La que se tienen el uno al otro es su único mandato.

 

Entre risas sabe que no se merece el afecto incondicional de un dios, menos aún de un humano. Las estrellas lo miran, brillantes en la oscuridad. Se burlan de él, recordándole siempre que no es de tierra. Que incluso ellas, ilusiones muertas, tienen más valor que un humano falso.

 

Esa noche, al llegar a casa, vomita lombrices.

 

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